Capítulo 34

Reuniones más que informativas

-Déjenme ver si entendí bien. ¿Me están diciendo que todo este tiempo, Byakuya, Renji y hasta el mismo Capitán Comandante Kyoraku siempre supieron dónde estaban? Y, sobre este otro mundo de los vivos, ¿también? A todo esto, ¿qué rayos estaban haciendo ustedes ahí, en una dimensión repleta de gente y sucesos desconocidos?

A su lado, el resto los seguía a cierta distancia. Se dirigían nuevamente a entrar en la enorme sala, pero ellos seguían siendo los únicos, aparte del juez, en todo el lugar.

-Entonces, ¿Ya no van a, coo, luchar hasta la muerte? –inquirió Coop en voz baja.

-¡Tienes razón, amigo! ¡Nos dejaron con ganas de una gran pelea! –dijo Roger, recuperando el color después de casi morir congelado con los demás-. ¡Ouch! Lina, ¿por qué fue eso?

-Por idiota. Y tú, Coop, será mejor que la cortes ahora, o tendré que darte el tuyo –la perrita se tronó los nudillos, y ambos se estremecieron-. ¿Es que no lo ven? ¡Yang detuvo una masacre!

Los Ryoka se apiñaron detrás de los amigos de Ichigo Kurosaki, con los conejos y Yuki al frente. Ella se apoyaba de tanto en tanto en uno de ellos para seguir en pie, Yin limpiando lo último de la nieve y la escarcha de sí misma y de su amiga, que seguía temblando.

-¿Están todos bien? –preguntó un preocupado Yang al grupo.

-Eh, supongo. Jobeaux, ¿sigues ahí? –Dave sacudía a su pequeño amigo, que permanecía inconsciente-. Uf, creo que podría estar enfermo.

-¿Tú? –espetó Vinnie, cruzado de brazos-. ¡Pero si eres un tocón! ¿No se supone que estás hecho para resistir todas las estaciones?

-En primer lugar, que sea un tocón no significa que me agrade cualquier clima –terció un Dave exasperado-. En segundo lugar, no estaba hablando de mí, ¡sino de jobeaux! ¡Creo que podría tener hipotermia!

-trae para acá –Yin elevó una mano y señaló al tocón-. A ver si puedo hacer algo.

-¡Buena idea!

EL tocón se acercó a ellos, resbalando sobre un trozo de hielo cual un par de patines, y depositó al goblin en la mano extendida de la coneja, que se apresuró a acunarlo contra su pecho.

-¡Florece, Shinobara!

-¿Qué estás haciendo? ¡Lo vas a derretir! –gritó Vinnie, siendo secundado por Roger y Coop.

-¡No voy a quemarlo vivo, montón de idiotas! –Yin carraspeó, ofendida-. A estas alturas, puedo regular la temperatura de mi Zampakutou como si fuera mi propia magia woo foo, ¿saben?

Cumpliendo con su palabra, la coneja rosa encendió su Shikai a una temperatura templada, envolviendo al goblin inconsciente en una capa de calor tenue. Su rostro, que se veía agitado, pareció relajarse entre sus brazos, a centímetros de la hoja de Shinobara. Una pequeña sonrisa floreció en sus rasgos, y su respiración pareció comenzar a normalizarse.

-Vaya, si yo fuera jobeaux, también estaría sonriendo... –susurró Vinnie, compartiendo unas risitas divertidas con Coop y Roger.

-¿Él estará bien? –le preguntó Yuki a la coneja en voz baja, lo justo para que sólo ellos tres pudieran escucharla-. Mi gigai es resistente a las temperaturas extremas, pero tu amigo...

-No te preocupes, Yuki, Jobeaux puede verse pequeño y debilucho, ¡pero es un chico duro! ¿Verdad, Yang? –ella le lanzó una mirada cómplice a su gemelo, que se encogió de hombros.

-Sip. Quiero decir, era un caballero woo foo en entrenamiento cuando éramos niños. Luchamos contra cosas peores que un resfriado.

-Un resfriado no es lo mismo que la hipotermia, Yang. –Yin suspiró, mientras negaba con la cabeza-. Claro, ¿cómo podrías saberlo?

-Eh, ¿señor Matsubara? –Orihime se colocó a un lado del anciano que dormitaba tranquilamente sobre la mesa, tocándolo suavemente con una mano-. Quizás debamos llevarlo a otro lugar, donde pueda acostarse y estar más cómodo. Chicos, ¿alguien sabe dónde tienen sus habitaciones u oficinas estos jueces?

-No me preguntes a mí, Orihime, nunca hemos tenido trato con ninguno de los anteriores miembros de la central de los Cuarenta y seis –acotó Rukia, sus ojos reflejaban todavía parte de la indignación por la "fuga" de sus amigos de la sociedad de almas meses atrás-. Mejor, concentrémonos en lo importante.

-Yo todavía creo que el anciano necesita descansar, sólo vamos a molestarlo con nuestra charla –dijo un dave aprensivo, recibiendo una sonrisa de agradecimiento por parte de la fullringer.

-Olvídalo, ya se despertará él solito –Vinnie apoyó ambos codos sobre la mesa, repentinamente serio.

-Tiene razón –terció Chad, apretando un puño-. Dejemos de perder el tiempo, porque está claro que lo de antes fue un enorme malentendido, ¿verdad, Rukia? Y hablemos sobre toda la situación con los Cazadores.

-Eh, por supuesto. Ya les dije que lo sentía, ¿no? –los Ryoka compartieron miradas dudosas, aunque al menos Coop, Vinnie y Roger asintieron de acuerdo. Cuando Yuki fue a levantar la cabeza en su dirección, agregó, endureciendo la mirada-: Eso no te incluye a ti, Minamoto. No me des esos ojos de cachorrito atropellado. Hasta que alguien pueda demostrarme que eres inocente, no creeré sino que eres responsable de todo este lío de alguna manera.

-¿Pero teniente! –Yuki se hizo hacia atrás en su asiento entre los conejos, que le arrojaban sendas miradas de advertencia a la shinigami veterana, cual un par de guardaespaldas-. ¡Ya se lo dije, no sé cómo aparecieron esas insignias en mi equipaje! ¡Rayos, ni siquiera recuerdo la mitad de mi vida! ¡Y admiro a la leyenda Kurosaki, jamás haría nada para lastimarlo a él o a sus seres queridos!

-Ajá. –Rukia le volvió el rostro, sin dignarse mirarla siquiera-. En cuanto a los demás, díganme, ¿es cierto que tú –señaló a yang- venciste tanto a Renji como al mismísimo capitán Zaraki?

-Eh, más o menos. ¿Por qué ahora eso importa tanto de repente?

-¿Y a mi hermano también? ¿Byakuya Kuchiki?

-¿Y eso qué? –Yang empezó a sentirse nervioso, escrutado por esos ojos oscuros que, hasta hacía unos minutos atrás, le habían regalado dos cuchillos helados en lugar de curiosidad-. Iba a llevarse a nuestra amiga, no podíamos quedarnos de brazos cruzados sin hacer nada.

-¿No lo ven? –Rukia paseó su mirada por la mesa, deteniéndose nuevamente en una reticente Orihime, su mano aún cerca del juez que roncaba-. Dime, orihime, ¿no me contaste que su entrada al seireikei ocurrió de la misma forma que cuando llegaron a la sociedad de almas por primera vez?

-Eh, Kukaku nos dio sus cohetes, así que, uh, ¿supongo que sí?

-Y también me dijeron que este tipo encapuchado y aterrador apuñaló a Jidanbo por la espalda cuando él estaba tratando de dejarlos pasar, ¿correcto?

-Ahora que lo dices, me hizo pensar en la misma situación de nuestra primera vez aquí –admitió Chad, rascándose el brazo izquierdo-. ¿Se acuerdan? Ichigo había derrotado al gran leviatán y, justo cuando estábamos por pasar, llegó este hombre y lo apuñaló por la espalda. Sí, fue exactamente así.

-Eh, pero en aquel momento, las cosas eran muy diferentes, ¿verdad? –terció orihime, inclinándose ligeramente hacia delante, pensativa-. Rukia, iban a ejecutarte injustamente, ichigo nos dijo que...

-Pero esperen un segundo, esto no tiene sentido –Uryu interrumpió a su amiga, con una mano en el aire para pedir su atención, antes de limpiar sus anteojos-. ¿No fue el capitán del Tercer Escuadrón el responsable de cortarnos el paso en ese entonces?

-Eh, sí, Gin Ichimaru. Dios, era tan aterrador... –Rukia se estremeció visiblemente, un recuerdo particularmente traumático del susodicho personaje acudiendo a su mente en un espejismo de memoria-. Pero murió, Aizen lo mató, al igual que al ex capitán Kaname Tosen.

-¿De quiénes están hablando ahora? No entiendo nada –Roger se cruzó de brazos a un lado de Vinnie, intercambiando miradas confusas con sus amigos.

-Algunas personas que ya no están por aquí –se adelantó Chad, inclinándose sobre la mesa-. Tres ex capitanes que resultaron ser un montón de traidores y conspiraron contra la sociedad de almas para dominar el universo: Gin Ichimaru, ex capitán del Tercer Escuadrón; Sosuke Aizen, del Quinto, y kaname Tosen, del Noveno. Aizen terminó en prisión, como recordarán –desvió la mirada cuando Yuki, aún calentándose entre los conejos, se estremeció ante la mención de su nombre-. En cuanto a los otros...

-¿Qué sucedió con los demás? –inquirió Dave, parpadeando con miedo.

-Aizen los asesinó –dijo Uryu, encogiéndose de hombros ante su estremecimiento colectivo-. Bueno, según lo que nos dijeron, el tal Ichimaru lo traicionó, y al otro ex capitán lo mató durante la batalla en la falsa Karakura; no nos dieron mayores detalles.

-Eh, ¿Shuhei no tenía una historia con él? –Orihime se acarició la barbilla, pensativa-. También con el capitán Muguruma si no recuerdo mal.

-Chiwa, ¡son demasiados nombres! ¿No pueden armar un resumen? –se quejó Vinnie, con un puchero.

-Eso no importa ahora –Uryu elevó sus manos en el aire, tratando de llamar su atención nuevamente-. Volvamos a la situación actual. Rukia, ¿qué estabas queriendo decir?

-¿Además de que me deben una muy buena explicación de por qué decidieron largarse por tres meses de aquí sin decírmelo? -terció ella, el sentimiento de traición fresco en toda su cara.

-Eh, sí, además de eso -Chad dio un suspiro culpable, y los tres humanos en la sala bajaron la cabeza, avergonzados.

-Así que no es sencillo ser amigos del tal Kurosaki ni de esta Rukia -susurró Vinnie, temeroso de que la susodicha lo escuchara decir esas palabras en voz alta.

-Ni que lo digas -dijo Lina a su lado, también en un susurro.

Mientras tanto, un grupo de conocidos cazadores de almas se hallaba en un lugar oculto a la vista de los curiosos. Acababan de reunirse para celebrar una reunión informativa.

-ya se tardaron –Eiji Fujiwara se paseaba de aquí para allá en una sala multicolor-. ¿Por qué tardan tanto?

-Ten paciencia, Eiji –a su lado, Sayuri Mizumura se mantenía serena, sentada en posición de loto en el suelo, en el centro de la habitación, de color azul marino-. Todo el mundo tenía alguna tarea asignada, ¿recuerdas?

-Ya. Seguro que habrán intentado lucirse para terminar metiendo la pata. ¿Qué tan complicado puede ser liquidar a un par de tenientes?

-Tú eres alguien para hablar. Luchaste contra un par de conejitos que subestimaste, y casi te matan a cambio –la chica menuda se incorporó de su posición, parándose al lado de su compañero, mientras estiraba las piernas con una voltereta-. Si no fuera porque andaba por allí, no estarías aquí.

-Cállate. ¡No me dejas pensar!

-Idiota.

Un golpecito en la puerta fue la indicación de que alguien acababa de llegar.

-¡Finalmente! Me pregunto quién es el primero en aparecer después de nosotros –Eiji se relajó, su sonrisa calculadora volviendo a su rostro inmediatamente. Al ir a abrir, ésta pareció vacilar-. ¿Tú? ¿Cómo estás aquí primero?

Eiji abrió la puerta, antes de volver sobre sus pasos, quedándose de brazos cruzados y con una mirada irritada ante una Sayuri intrigada.

-¡Sí, yo! ¡he vuelto! –Busshu Namekuji se arrastraba hacia ellos, bastante maltrecho-. ¿Me extrañaron?

-Ni un poco –escupió Eiji.

EL cazador regordete estaba cubierto de barro en varios lugares de su ropa, su corte de pelo de cactus semidesecho, y le salía un tufo a plantas y pantano mezclado con cenizas. Tenía un brazo cubierto con una especie de totora gigante, que goteaba una baba del mismo color verde característico del shinigami.

-Apestas –dijo su líder, mirándolo de arriba abajo con desaprobación, mientras se cubría la nariz con disgusto-. ¿Qué te pasó, te caíste en tu propio pantano de camino aquí?

-¡Eh, claro que no!

-¿Acabaste con la teniente Hinamori al menos?

-¿Claro! ¡fue pan comido!

Sayuri le lanzó una mirada incrédula, pero Eiji asintió.

-Ve a limpiarte. Si alguien más viene y sigues así, yo mismo te mataré.

Namekuji sonrió, sin tomar en serio su amenaza, y se arrastró hacia un cuarto al fondo de la sala subterránea que hacía las veces de un vestuario.

Dos minutos después, cayó la siguiente persona. Un hombre alto y musculoso, similar en complexión a Kenpachi Zaraki, con el hiakusho del Escuadrón Ocho, irrumpió sin ceremonias, dejando rastros considerables de agua con aroma a mar a su paso. Además del traje de su supuesto escuadrón, llevaba un conjunto acorde con su personalidad: un traje ajustado de marinero, votas rojas y camisa azul marino sin los tres botones superiores, mientras su akama tenía dibujos de delfines y barquitos de papel multicolor. Tenía un único ojo azul, el derecho, mientras un parche verde le cubría el agujero del izquierdo. Su cabello ceniciento estaba adornado por cuentas azules y plateadas y le caía en cascada por sus anchos hombros. En una mano, sostenía una especie de bola de nieve, pero en realidad lo que tenía adentro no era nieve, sino pequeños peces COI.

-¡Teihaku, amigo mío! –Eiji recuperó su sonrisa de marca registrada, pero el susodicho no pareció oírlo en lo más mínimo, con su único ojo fijo en su "mascota"-. ¿Hola? ¿Hay alguien en esa pecera?

Un minuto después, el shinigami marino se guardó la pecera diminuta en un bolsillo, la serenidad cristalina de su ojo pareció verlo por primera vez, y recorrió toda la habitación con la mirada. Sus pasos resonantes se detuvieron al lado del cazador matemático, mirando directamente al espacio delante de Sayuri, que parpadeó confundida.

-Sí. Eiji, se supone que el espía soy yo, pero no me queda –su voz grave y gastada, cual la de un pirata que ha visto mil aventuras y tragedias, resonó en la amplia sala-. Ya te lo dije, déjale este trabajo a Takahashi, él sabe cómo se hace mucho mejor que este viejo pirata.

-Pero amigo, Takahashi es un ninja. No confío en los ninjas, te prefiero a ti –Eiji colocó una mano amistosa sobre su hombro, teniendo que esforzarse para llegar a su altura, ya que le sacaba una cabeza-. ¿Qué tal?

-La gente de la sociedad de almas no tiene ni idea. En cuanto a los espíritus acuáticos, déjame decirte que están en buenas manos. Conmigo a bordo, no correrán ningún peligro.

-Te preguntó cómo te fue –terció Sayuri, su voz baja y peligrosa pese a su tono mesurado-. Tu trabajo es controlar a los espíritus acuáticos y ponerlos de nuestro lado cuando llegue la hora, no retozar en el acuario.

-¿Estás cuestionando mi método de trabajo, pequeña?

-No me llames así. ¿Hiciste lo que te pedimos?

-Afirmativo. Pero discúlpame, un viejo pirata sabe cuidar a sus amigos, no necesita que vayan por ahí diciéndole cómo navegar en los siete mares.

-Miren quién llegó –Busshu reapareció del vestuario en ese momento, con una toalla por encima de una capa de barro endurecida-. Teihaku y yo sabemos de qué se trata el negocio de las aguas de esta sociedad de almas de barro, ¿no es así?

-Sigues sin caerle bien, créeme –Sayuri le dio un codazo en las costillas, antes de mirarlo por fin-. ¿Eso es barro?

-¿Qué sabrás tú? ¡Tomé la recomendación de Logan! ¡pronto me veré como todo un galán de pantano!

-Claro, seguro que pareces algo salido de un pantano –Sayuri negó con la cabeza, para nada impresionada.

Dos figuras más atravesaron la puerta en medio de su discusión: eran las otras dos cazadoras del equipo, Sadashi Natsuyume y Matsuko Kazekumo, ambas con el cabello mojado como si acabaran de salir de la ducha y no hubieran tenido tiempo de secarse antes de llegar.

-¡Pero si son nuestras luchadoras! ¿Qué tal? –Eiji les regaló su más amplia sonrisa, a lo que ellas se limitaron a asentir como todo reconocimiento-. Vengan, siéntense, pónganse cómodas, aún falta gente.

EN cuanto cruzaron la distancia hasta el cazador de anteojos, se pararon a su lado, intercambiando un saludo marcial con Sayuri, que les regaló una pequeña sonrisa a cambio. Ellas, por su parte, no se la devolvieron.

-¿Cómo les fue, chicas?

-Lo que esperarías, Fujiwara –Matsuko fingió indiferencia, pero acabó abrazándose a sí misma, sacudiendo su negra cola de caballo sujeta por alfileres plateados, marcando un nuevo charco de agua; claramente, estaba afectada-. ¿Por qué no nos dijiste que los aposentos del Primer Supremo estaban rodeados por tres ríos? Fisher o Shirokawa habrían tenido mejor suerte que nosotras.

-Es cierto, gran genio –Sadashi le lanzó a su líder autoproclamado una mirada irritada-. Sabes tan bien como el resto cuán vigilados están los Supremos. ¡Podrían habernos visto!

-Pero no lo hicieron, ¿verdad? No estarían aquí si fuera el caso –terció Eiji, despidiendo su preocupación con un saludo burlón-. Y por lo que parece, se las arreglaron muy bien.

-¿Estás bromeando? –Matsuko dio un paso hacia él, golpeándolo en el pecho con su dedo índice-. Incluso burlando las cámaras con mis poderes, nadar se me da fatal, gran invécil. Tienes suerte de que necesite tu ayuda para vengarme, si no, te mostraría lo que se siente el dolor.

-Jeje... –Busshu se aclaró la garganta, recibiendo sendas miradas furibundas de sus tres compañeros-. Chicas, si tanto necesitaban evitar mojarse, me lo hubieran dicho, ¡estaría más que encantado en prestarles mis servicios!

-¿Y qué hubieras hecho para evitar que nos vieran? –inquirió Sadashi, cruzada de brazos; un huracán parecía estar formándose en sus ojos azul eléctrico-. ¿Usar una totora como bote? Te habrían hecho babosa asada en cuanto tocaras tierra.

-¡Claro que no! –saltó el cazador regordete, indignado, a punto de perder su toalla.

-Menos mal que puedo volar. Ésa fue la peor idea que pudo habérsete ocurrido, Eiji –la cazadora rubia desvió su furia al de anteojos, que dio un paso atrás para evitar ser golpeado por cualquiera de las dos mujeres-. La próxima vez, le diré a Ryo que te arroje allí, a ver si tu cabeza de nerd te salvaba. Además, él es mejor líder que tú.

-No me digas, Natsuyume. Y para tu información, por supuesto que me las habría arreglado sin problemas, soy más que capaz, ¿tengo que recordártelo?

-Sólo recuérdanos por qué tú eres quien está a cargo –terció la cazadora infiltrada en el Segundo Escuadrón, tronándose los nudillos con desafío.

-¡Hola, ya estoy aquí! ¿De qué me perdí?

Un resplandor blanco golpeó la puerta, abriéndola y cerrándola en segundos, antes de revelar a un sonriente Yusei Shirokawa, como era habitual; lo que no lo era, sin embargo, era su cabello revuelto y mojado, entre amarillo y turquesa, sin contar un corte profundo en su brazo izquierdo, por debajo del codo.

-Hola, Yusei –dijeron los demás a coro, en un tono general de indiferencia.

-En realidad, no te perdiste de nada importante –Eiji recuperó su típica sonrisa, antes de suspirar exageradamente-. Pero falta gente. Rayos, ¿por qué no compramos un reloj de pared?

-Excepto por una batalla inminente que detuviste, nada que decir –Sayuri no pudo evitar que una sonrisa de diversión curvara sus labios, evidentemente Yusei le agradaba mucho-. Vengan, vayamos ordenando las sillas.

De una sala contigua, Eiji, Yusei y Sayuri empezaron a traer sillas; Teihaku acomodó un viejo proyector y una cortina blanca sobre un pizarrón gigante en la pared opuesta a la puerta, golpeando levemente la parte superior trasera, que se sacudió como si un animal dormido que despiertan de una siesta. El armatoste semejaba un pequeño telescopio, con perillas y cables gruesos, similar a una cámara de filmación de los años 80 del mundo de los vivos. Detrás, Busshu arrastraba un carrito con platos y bocadillos.

-¿Por qué siempre soy yo quien termina con el carrito?

-No te quejes, ni que pesara tanto –Sayuri se burló, girando los ojos con exasperación.

Mientras Eiji instalaba un par de parlantes diminutos en forma de juncos sobre el pizarrón, cortesía de Namekuji, siguieron llegando cazadores. Taiga entró con una voltereta, seguido minutos después por Shinrin, que apareció cargando dos rosales amarillas en cada brazo en macetas; Luego, Logan Eviltrain, quien pateó la puerta por todo saludo.

-¿Alguien ha visto a Ryo? Nunca se tarda tanto –Eiji paseó su mirada por la habitación, pensativo.

-Quizás esté dándose una ducha refrescante en su sector –Teihaku se encogió de hombros, degustando una ensalada en un rincón sin cubiertos.

-¿Y apestar toda la Novena División? Es un zombi, grandullón. –Sayuri negó con la cabeza en su dirección, sin tocar su comida.

-¿Qué importa? El teniente Hisagi seguro ya es otra de sus marionetas sin cerebro ahora –a su lado, matsuko tragó sin ceremonias su comida, una carne rojiza y dura que crujió al desaparecer en su boca.

De repente, algo se estrelló contra la puerta, arrancándola de tres de sus bisagras, dejándola colgando de una esquina. Una cabeza deforme y que goteaba sangre por varios lugares atravesó el umbral, siendo seguida por un cuerpo esquelético.

-Ahí está, ya me decía yo que no se tardaba –Eiji no se levantó esta vez, sino que se limitó a dejar caer el tenedor y el cuchillo de plástico en su plato de cartón con pollo frito-. Bien, bien, ahora que estamos todos, Teihaku, ¿quieres hacer el favor de encender el proyector por mí?

Sin una palabra, el enorme cazador se levantó de su posición en el suelo, presionando una serie de perillas y botones ante su único ojo, que parpadeó varias veces en concentración. Una vez encendido el aparato, que comenzó a lanzar vapor por dos ventiladores con carretes que vibraban, imágenes en blanco y negro se deslizaron por la cortina sobre el pizarrón.

-No hace falta decir que nuestro presupuesto es limitado, y ahora más que nunca. Este armatoste es prueba de ello –Eiji se incorporó a un lado, extendiendo los brazos en un gesto que abarcó la sala, entre ruidos de gente masticando y murmullos molestos-. Ahora bien, para el descontento colectivo, la mayoría no consiguió realizar sus tareas. Por primera vez en una década, puedo contar con los dedos de una mano a quienes lo hicieron exitosamente. Kazekumo y natsuyume –levantó dos dedos de su mano derecha, señalando a las dos jóvenes con el puño izquierdo-, consiguieron cubrirnos ante los vejestorios de la Magistratura.

-Estás olvidándote de la escuela –Sadashi lo interrumpió, tras terminarse elegantemente su plato de ramen-: Los graduados y aprendices de los cuatro Supremos ahora están de nuestro lado. Nos debes eso también, Fujiwara.

-Ya, ya. Renja, al menos tú conseguiste cosechar el alma de la teniente Matsumoto, ¿verdad? No nos hagas pensar mal de ti, compañero.

-No hacía falta; ella no sabe nada, planté suficientes mandrágoras y adormideras, no debería recordar gran cosa de nuestro último... intercambio.

-A veces eres insoportable –masculló Namekuji, cruzado de brazos en su rincón.

-Rurokishi, el teniente Kira está fuera de juego, ¿correcto?

-Puedes estar seguro, Eiji.

-¡Mientes! –saltó Busshu, reacomodándose su toalla-. Puedo oler la cosecha de una nueva alma en cada uno de nosotros como el pan recién salido del horno, y tú no hueles así.

-Como dijo Shinrin, era innecesario. EL teniente Kira sabe que no es rival para mí.

-¡Eiji, haz algo!

-¿Te pregunté tu opinión, Namekuji? EN todo caso, todos ustedes tendrán una segunda oportunidad la próxima vez, y si bien aprecio que consiguieran atemorizar a los escuadrones, nos arriesgamos demasiado a ser delatados.

-¿Por esos idiotas? NO me hagas reír –Matsuko se miró sus uñas negras, recién acabada su manicura-. Los jueces jamás les creerán.

-¿Estás segura? Entonces, ¿qué es esto? –Eiji se volvió a la proyección, clavando un dedo en mitad de la película-. Teihaku, pon pausa y agranda la imagen. ¿Qué tenemos aquí?

EN efecto, en cuanto el cazador pirata hubo presionado los botones y perillas adecuados, se destacó la imagen de cierto juez en particular, que miraba a la pantalla sin saberlo. A un par de metros, el Capitán Comandante Kyoraku caminaba en la dirección opuesta.

-¿Qué, Matsubara? ¡Ese anciano no podría enfrentarse a una mariposa infernal solo!

-¿Qué te preguntó? –Eiji le lanzó una mirada escrutadora a la chica emo-. Kazekumo, se acercó a ti, explícate, ¿O prefieres que escuchemos la cinta en su lugar?

-Quería saber mis motivos para entrar en el Muken. Naturalmente, lo mandé a pasear.

-Él y Kyoraku parecen haber establecido algún tipo de contacto. SI hace falta, siléncialo.

-¿Los jueces y los shinigami hablando? –Teihaku habló en voz baja pero reverberante-. No me suena. Es más probable que los delfines hablen antes que eso ocurra, ¿no te parece?

-Preferiría que los tiburones se los coman a ambos, eso sí que nos convendría –por primera vez, el comentario de Busshu fue bien recibido, con carcajadas generales.

-Y Teihaku acaba de contarnos sobre su misión cumplida –finalizó Fujiwara, con su la palma abierta, cinco dedos hacia arriba-. Una racha terrible, pero mejorará rápidamente, si mis cálculos no andan errados –se presionó el puente de la nariz, ofuscado.

-¿Ah, sí? No estábamos aquí –terció Sadashi, señalándose a sí misma y a Matsuko con sus abanicos.

-Fue antes, llegó en cuarto lugar –aclaró el rubio con una raya naranja en el pelo-. Por cierto, Yusei, no cumpliste con tu tarea.

-¡Tú tampoco! –saltó el peliblanco, era difícil saber si su exclamación denotaba diversión o indignación-. Querías encargarte de esos ryoka tú solo; conmigo a tu lado, no habrían sido un problema.

-NO lo fueron –antes de que cualquiera de las chicas pudiera decir algo en contra, levantó una mano, en señal de alto-. Aunque admito que esos conejos resultaron ser más duros de lo que pensaba. Él era un tonto, pero ella me dio una golpiza al final, lo admito –asintió en dirección a Sayuri, pacificándola-. No importa, incluso con sus bankai recién adquiridos, no son rival para nosotros. Me sorprendieron antes, un pequeño error de cálculo, pero ya lo tengo resuelto.

Acarició el costado derecho de su akama, en cuyo cinturón morado se hallaba su Zampakutou en forma sellada, un conjunto intercambiable de escuadra, regla y compás de tamaño regular, encajados entre sí como en un juego de lego.

-¡Oye, Eiji, no me contaste! –saltó Busshu en el lugar, arreglando su peinado en su corte de cactus-. Terminé mi trabajo con éxito, ¿por qué no me señalaste?

-Déjame ver, ajá –con un gesto, Teihaku Fisher avanzó la cinta hasta un momento en particular-. Aquí. Si no fuera porque la teniente Hinamori no te tomó en serio, ya estarías muerto. ¿Sólo tenías que meter la pata!

-¡Pero si la derroté! ¡No podrá volver a caminar en un buen tiempo!

-Idiota. ¿Te das cuenta que la cosecha de su alma te hubiera salvado de todos modos? –Sadashi se abanicó, secándose el cabello con su Zampakutou sellada, poniendo los ojos en blanco.

-Y te estás olvidando de alguien más, Fujiwara –de repente, una nueva voz irrumpió en la sala, grave y peligrosa-. Después de todo, las mariposas infernales están intervenidas gracias a mí.

Tras una cortina de humo, un hombre alto y fornido se materializó al otro lado del engreído matemático, con dos dedos a centímetros de su cuello como advertencia. Takahashi Kikite, El ninja del equipo estaba cubierto totalmente de negro salvo por su máscara, de un azul profundo hasta la zona de la nariz, donde empezaba el rojo, dejando al descubierto tan sólo un par de ojos marrón claro. La pluma de un ave decoraba su frente en el centro, amarilla con contornos rojos y naranjas. Tenía el cabello azabache corto al estilo marcial, guantes sin dedos con espinas en los nudillos y un cinturón negro con dos rayas del color del bronce pulido en el centro. Dos vainas a juego le colgaban a ambos lados, de las que sobresalían sendos mangos de espada embutidas en cuero marrón. Llevaba un símbolo de una espiral plateada por encima de su atuendo de oficial del Séptimo Escuadrón, y una porta shuriken en la pierna izquierda.

-¡Aahh! –Eiji dio un salto hacia delante, antes de darse la vuelta con un puño en alto frente a una mano enguantada en negro-. ¡No vuelvas a hacer eso, Kikite, casi me matas del susto!

Tanto el culpable de su arrebato como las chicas y la babosa del grupo se echaron a reír, provocándole un sonrojo de ira al rubio de raya naranja.

-Siempre sabes cómo sacarnos una sonrisa, Fujiwara. Mira, hasta Fisher está sonriendo. Yo que tú, me sumaría a la diversión.

-Cállate, podría enviarte a una dimensión de bolsillo por lo que me importa, a ver quién ríe el último.

-Tienes la capacidad, sólo me pregunto si tienes el coraje. Ya sabes, el karma podría golpearte duro un buen día. ¿No lo crees, Haka? Incluso tú tienes más sentido del humor que el cabeza cuadrada de aquí.

-Lo que sea, Takahashi –escupió el zombi, poniéndose de pie, igualando en altura al ninja-. Eiji, perdóname, es mi culpa que no tengamos más victorias. SI hubiera sabido que estos ryoka serían capaces de atravesar literalmente el Seireikei sin el portero, habría salido a exterminarlos yo mismo.

-Es tarde para eso, viejo amigo. Por ahora, tenemos nuestras huellas cubiertas y a la sociedad de almas al borde del pánico. Por el momento, eso tendrá que bastar. Los demás, por favor díganme qué les impidió cosechar el alma de cada teniente que derrotaron –Eiji hizo amago de ir a tirarse de los cabellos como una colegiala frustrada por un examen o un amor no correspondido, pero en el último segundo pareció cambiar de idea, optando por apretarse el puente de la nariz..

-El teniente Abarai consiguió comunicarse con Soryo contra mi voluntad –Yusei se incorporó, su plato de arroz limpio abandonado a un lado; se señaló a sí mismo con los palillos chinos-. Además, fue capaz de resistirse a la cosecha, me arriesgaba a una contaminación espiritual severa –entonces, se sentó, con la mirada gacha.

-Hayai no me dejará cosechar el alma de un guerrero digno a menos que lo mate primero –se excusó Taiga rápidamente, con la boca llena de okonomiyaki.

-Casi me queman vivo, ya –Busshu se metió nuevamente en el vestuario, cerrando de un sonoro portazo.

-Todos ustedes quieren saber por qué no pude cosechar al teniente Hisagi –Ryoketsu volvió a elevarse en toda su altura, su mirada iracunda se clavó en el techo-. Su Zampakutou reaccionó justo cuando estaba por hacerlo; ¡ya estaba derrotado y a mi merced! Me confié demasiado, lo admito. No volverá a ocurrir, lo juro. EN cuanto a que puedan delatarnos o no, no hay problema, la sociedad de almas le teme a su pasado, y los Supremos están contentos con ignorar a los de mi especie. Sólo admitirán que los zombis somos una amenaza cuando sea demasiado tarde y tengan que entregar la rendición o convertirse en mis marionetas más nuevas.

-No gastes tus huesos en esos vejestorios, Ryo –Takahashi dio un paso al frente, empujando a Eiji a un lado, quien le lanzó una mirada asesina-. Conmigo en la mezcla, esos cobardes estarán muertos antes de poder firmar sincera.

-No seas presumido –le advirtió Sayuri, consiguiendo que se volteara a mirarla-. Sabes que necesitamos obligarlos a emitir un comunicado de rendición total en nombre de la Central primero. Luego, puedes cortarles el cuello mientras duermen en la cárcel, la plebe estará feliz de verte hacerlo.

-La burocracia nunca ha sido la guinda de la torta de ninguna revolución, Mizumura. EN todo caso, ha representado su cancelación o su estancamiento. ¿Qué impide que vayan corriendo a los brazos de la gente de Kyoraku a la primera?

-NO lo harán –terció ella, con una mirada iracunda-. Escucha mis palabras, Guerrero del Silencio, pronto tendrán inclusive menos razones para ello.

-¿Lo dices por Kurosaki? –inquirió Teihaku, intrigado.

-No, lo digo por Kirisame. Namekuji, te juro que como no salgas ahora mismo de ahí, necesitarás más que barro para seguir entero en la enfermería –Sayuri se dirigió pisando fuerte al vestuario.

-¡Ya voy, ya voy! –Busshu salió corriendo del cuarto, con su ropa raída nuevamente en su lugar y el lodo que lo había cubierto bajo la toalla por ninguna parte.

-Eso me deja con una pregunta –Matsuko guardó su espejo en un bolso que traía colgado a la espalda, clavándole sendos ojos cargados del color de la medianoche al de anteojos-. Sadashi y yo nos empapamos para burlar la seguridad del Juzgado. ¿Cómo planeas pasar por encima de la de tu propio escuadrón?

-Eso déjamelo a mí, bombón –la cazadora extrajo una aguja de metal que brilló plateada bajo la luz del proyector, repentinamente a milímetros del cuello de Eiji, quien retrocedió, su sonrisa temblando-. Ops, nunca volveré a llamarte así, entendido. El capitán Kurotsuchi es un genio, pero yo lo supero ampliamente.

-Explícate ahora, o te daré de comer a mi mascota.

-¡Claro! –elevó ambas manos en el aire, mientras un Teihaku confundido apagaba el proyector a una orden de su mano-. ¿Recuerdan la invasión Bount hace años? El capitán había pasado por alto un agujero en sus sistemas, y fue muy tarde cuando lo descubrió. SI alguien fuera del Seireikei pudo hacerlo, ¿por qué yo no podría? Estoy en el corazón del Departamento de Investigación y Desarrollo, tengo asignadas las investigaciones más delicadas. O al menos algunas de las más delicadas. Fui compañero de cuarto del teniente Akon en la escuela, soy de los pocos que conocen el Proyecto Arrancar, ¿quieres más pruebas?

-OK, lo que sea –Matsuko se hizo a un lado, mirándolo con disgusto por encima del hombro-. Ryo, tienes mi permiso para convertirlo en tu nueva marioneta si llegamos a tener problemas.

-¿Quién te dio ese poder? –saltó el de anteojos, furioso más allá de las palabras.

-¿Quién te nombró el líder?

-Si van a arrancarse los ojos por nada, por mí bien, pero tengo cosas más importantes que hacer que quedarme aquí, viéndolos pelear como niños.

Takahashi aplaudió una vez, antes de desaparecer en una nueva nube de humo.

-¿A ti quién te preguntó? –gritaron ambos cazadores al mismo tiempo en su dirección.

-Dios, detesto a los ninjas.

-Por lo menos él es práctico. Hombre de pocas palabras y acción justa, de "entra, destruye a tu enemigo de un golpe imperceptible y vete", "sé preciso y silencioso, lo demás sucederá por sí solo", o eso decía en los entrenamientos –dijo la pelinegra, sacudiendo la cabeza en gesto afirmativo.

-No es tu tipo, Kazekumo. –El rubio con raya naranja giró los ojos, exasperado-. Qué gran invécil. ¿Vieron? ¡Ni siquiera preguntó sobre la película! Aparece de la nada con una nube de humo, se va con otra, sin que nadie se entere, ¿qué sentido tiene eso? "Tengo mejores cosas que hacer que quedarme aquí, viéndolos pelear", bla, bla. ¿Quién se cree ese tipo?

-Te olvidaste de la parte de "como niños" –agregó Sayuri a su espalda, intentando sin éxito ocultar una sonrisa de diversión, que compartió con Sadashi a su lado-. Y si lo piensas bien, tal vez no necesita asistir a la mayoría de las reuniones, si sabe cómo acceder a todas las cámaras del Seireikei, incluidas las de tu departamento, Eiji –se encogió de hombros, mientras su compañero resoplaba con irritación.

-SI iba a pasar de nosotros así como así, ni lo invitábamos a unirse al equipo. A diferencia de ti, Yusei, mi siguiente candidato a espía –Eiji saltó de su pelea inminente con la pelinegra al peliblanco, colgándose de su hombro ante su confusión-. ¿Cómo conseguiste confundir a todo el mundo y que los famosos amigos humanos de Kurosaki creyeran que eras de los buenos?

-Eh, bueno... –Yusei parecía fuera de lugar, jugueteando con su cabello con nerviosismo-. ¡Ya sabes, soy genial! ¡Es el estilo Yusei! ¡Digno de una estrella brillante! Se trata de ser simpático y parecer ingenuo, nadie te tomará en serio. Lástima que el teniente Abarai no lo entendió.

-No te sientas mal, esos tontos saldrán corriendo de miedo la próxima vez, quiero decir que conseguiste poner nervioso al capitán Kuchiki, alguien duro y poderoso.

-Ten cuidado, creo que tratarán de matarte si te vuelven a ver por ahí –Sadashi le revolvió el pelo juguetonamente, poniéndolo más nervioso si cabía-. Ya mejor me voy, la capitana Sui-Fong se estará preguntando dónde estoy. Nos vemos.

-Yo me encargo de Matsubara, no se preocupen –Matsuko siguió a su amiga, no sin antes regalarle una última mirada mortal al de anteojos-. Ese viejo es un sensiblero, estará alrededor de mi dedo en un santiamén y, antes de que te des cuenta, todos estarán muertos. Pero si te cruzas en mi camino, eso también te incluirá a ti, cuatro ojos.

-Jeje, mejor voy para mi casita, a ver si puedo engañar al capitán Hirako mientras la teniente Hinamori está inconsciente.

-Ojalá se de cuenta y te ensarte como babosa al crochet, ya va siendo hora –se burló Sayuri, dándole su mirada de "piérdete".

-Lo dices como si quisieras que nuestro equipo entero fracase. No confío en ti, Mizumura, ya sabes.

-Créeme, mi comentario vale para ti exclusivamente. Y para tu información, tú no le caes bien a casi nadie, y la mayoría tampoco confía en ti. Si yo fuera tú, me cuidaría las espaldas con algo más que barro, no te servirá en una pelea.

-¡Logan, ayúdame, por favor!

-Ella tiene razón, amigo. Pero te daré un consejo, sigue entrenando y te volverás más fuerte. O cosecha algunas almas desprevenidas si no.

Ambos cazadores se chocaron los puños en un gesto amistoso, compartiendo una pequeña sonrisa. Busshu, sin embargo, ocultó muy bien que se le había roto una falange.

-Uh, tengo que volver corriendo a mi escuadrón, o el capitán Kurotsuchi comenzará a tener sospechas sobre mí. Hasta otra –y con eso, Eiji salió trotando por el hueco de la entrada, por donde desapareció.

-Y tú, Shirokawa –en cuanto los tres cazadores se hubieron ido, el cazador larguirucho acorraló al peliblanco en una esquina, ante la mirada de los que quedaban-. No creas que por caerle bien a Eiji te perderé de vista. Todos tenemos una reputación y habilidad únicas, yo que tú me volvería corriendo a la Academia.

-No me digas, Logan. Que no haya pasado la prueba de Ryo no significa que sea menos que tú o cualquiera de los demás. Tengo tanto derecho como tú para estar aquí, ¿o ya olvidaste la escuela?

-Ya no estamos en la escuela, niño grande. SI no quieres acabar muerto, corre lejos de aquí cuanto antes; o prepárate para vivir con cicatrices permanentes.

-¿Qué crees que son éstas? –Yusei le mostró el corte en su brazo y frente, indignado-. Quizás no tenga tu fuerza, ni la astucia o destreza de los demás, o facilidad con los kidos curativos como Sayuri, pero tengo algo que tú no: tengo honor.

-¡Honor! –se rió el shinigami, golpeándose las costillas-. ¿De qué te servirá eso en una batalla, al borde de la muerte?

-Ya basta, Logan. Yusei es tan capaz como tú de lograr sus objetivos y salir victorioso, no necesita que vengas a decirle nada para que piense de otra forma –Taiga se colocó frente al peliblanco, cruzándose de brazos en gesto protector-. Y para tu información, el honor y el respeto son principios tan válidos como la fuerza y el orgullo para cualquier guerrero en el universo.

-No eres tú quien tiene que demostrarme que puede evitar que lo hagan papilla como su propio teniente, es él.

-¡Yo vencí al teniente Abarai, Eviltrain! Ya me gustaría verte a ti venciendo a uno de tus superiores en combate.

-A diferencia de ti, al menos yo puedo cosechar el alma de mis enemigos sin problemas. Tú puedes besarles los pies, yo prefiero patearles el trasero.

-¿Qué sabrás tú? Tengo una cuádruple graduación en entrenamiento Shaolin –Yusei decidió salir de detrás de Taiga, quien miró entre los dos rivales con desaprobación-. ¡Tengo un carné para demostrarlo!

-Te voy a mostrar mi carné, blanqueador.

-¿Qué está sucediendo aquí? –Eiji no estaba por ninguna parte, así que fue toda una sorpresa descubrir que la fuente de la voz no era otro que Ryoketsu-. Así que tenemos una rivalidad de equipo, ¿es eso?

-¡Claro que no! –saltaron al unísono, mirándose con ira.

-Entonces, ¿cuál puede ser el motivo?

-Se trata de Minamoto, evidentemente –detrás de los dos rivales, Taiga resopló con cansancio, recibiendo toda la atención del zombi-. Es la única razón de que Eiji consiguiera tenerlos a ambos en el grupo, aunque sinceramente, no entiendo cómo hizo para impedir que se mataran durante toda la escuela.

-Aléjate de Minamoto, Logan.

-No, tú aléjate de ella.

Los dos comenzaron a encimar sus cabezas con rabia, a centímetros de darse un cabezazo.

-¿No es esa fugitiva que estaba con los ryoka? –Ryoketsu se rascó la cabeza, una peluca marrón ocultaba su cráneo blanquecino-. Si no pueden acabar con su objetivo por ustedes mismos, lo mejor es buscar otro.

-La misma, Ryo –asintió Taiga, susurrándole al hueco donde debería haber estado su oído, bajo una oreja artificial-. A veces no sé qué hacer con estos dos.

-Entonces, les propongo una cosa –de repente, Ryoketsu los separó de un manotazo, sujetándolos por los hombros con una fuerza impresionante que no aparentaba su cuerpo esquelético-: hagan un duelo. Por ejemplo, quien consiga golpearla primero gana, o algo así.

-¿A qué te refieres? –Taiga entrecerró los ojos con sospecha, mientras sus dos compañeros miraban al zombi con confusión en sus rostros-. No estás pensando lo que creo que estás pensando, ¿verdad?

-Elijan sus armas, compañeros. Y no regresen aquí hasta haber logrado su objetivo, ¿está claro? ¡Vayan ahora!

-Pero Ryo, ellos no van a...

-¡Así se hará! –dijo Logan, empujando a Yusei, antes de darse la vuelta y hacerle una reverencia a regañadientes en su dirección-. Eh, ¿qué piensas, Yusei? ¿Apostarías tu honor?

-Apostaría mi vida, invécil –Yusei le devolvió la reverencia, antes de darse la mano-. Así se hará.

-¡Por el honor! –ambos elevaron un puño al techo, con una mirada de determinación-. ¡Por la fe y la vida!

Con eso, ambos salieron corriendo por el hueco de la puerta al mismo tiempo, que acabó ensanchándose por su apuro; evidentemente, el umbral no dejaba espacio para que dos personas lo atravesaran a la vez.

-¿Qué están haciendo? –Shinrin les dedicó a los cazadores restantes en la habitación una mirada confundida.

-Eh, creo que ya empezaron a competir oficialmente, ¿por... quién corre más rápido? –taiga se acarició las sienes, sonriendo a su pesar-. Ryo, ¿qué acabas de hacer?

-Será mejor que esos dos se apresuren, esa Minamoto es carne fresca para mi ejército de no-muertos –el zombi sonrió con sorna, una fila incompleta de dientes amarillos como colmillos le abrió la cara en dos, rompiéndole los labios con sangre-. Cosecharla no será sencillo, pero lo conseguiré.

-¿Qué? –saltó Sayuri, horrorizada; le lanzó una mirada de auxilio al corredor del equipo, quien se persignó por toda respuesta-. ¿Estás loco? ¡Ellos no hablaban de eso!

El zombi no pareció oírla, y se dirigió a paso veloz al vestuario.

-Rurokishi, tenemos que hacer algo –la cazadora menuda arrastró al corredor a un lado, sus manos temblando con desesperación.

-Dios todo poderoso, sálvanos –Taiga susurró para sus adentros, ante una Sayuri en shock.

De vuelta en la sala de reuniones del Seireikei, el alboroto acabó consiguiendo que un soñoliento Enzo Matsubara despegara la cabeza de la mesa, pegando un sonoro bostezo.

-...Y no sabemos nada de los vizards que quedaron en nuestro mundo –estaba diciendo Chad, entre un lío de voces que se iban amontonando y subiendo de volumen a cada momento-. ¿Qué podría haber llevado a alguien a atacarlos incluso a ellos?

-¡Ni de los Xcution! –acotó un Uryu sobresaltado, evidentemente el recuerdo del caso del agente perdido aún lo afectaba-. ¡Ni de Kugo Ginjo! ¿Qué pasó con su cuerpo? ¿O con el de Tsukishima? ¿Nadie pudo encontrarlos, ¿se acuerdan? Ichigo los buscó por un buen tiempo, ¡pero nunca pudo encontrarlos después que sus restos se esfumaron como polvo de sus respectivas tumbas! ¿Simplemente desaparecieron?

-Chiwa, me duele la cabeza... –Roger se acarició el cuerno en su frente.

-¿Ahora de quién están hablando? Entiendo cada vez menos –Vinnie se cubrió ambas orejas, ofuscado.

-Lo siento, yo también estoy perdida –Lina tuvo que admitirlo en voz alta-. ¿Chicos? ¿Alguna idea de lo que están diciendo?

-Buaaaaa... –el ruido que hizo el anciano detuvo su parloteo en el acto, resonando en toda la habitación-. Buahuu. Gente, ¿qué hora es?

-Eh, no tengo ni idea –Orihime lo sujetó de un brazo, ayudándolo a enderezarse-. ¿Quiere acostarse en su propia cama, señor Matsubara? Podemos seguir esta reuinión en otro momento.

-¡Noo! –gritaron los demás en protesta.

-Lo que daría por un té de Masaru –el viejo sonrió, pero tras una mirada general al grupo, acabó adoptando una expresión más seria y despierta-. Por cierto, ¿de qué me perdí? ¡Teniente Kuchiki? Vaya, no me esperaba esto. Es un placer finalmente conocerla en persona.

-Eh, ¿igualmente? –Rukia le regaló un asentimiento indeciso, mientras su interlocutor optaba por reacomodarse en su asiento-. Nunca antes un miembro de la Cámara de los cuarenta y seis me había saludado con tanto respeto.

-¿Podemos volver al presente? –Vinnie golpeó la mesa, exasperado-. Tenemos una crisis mundial aquí, ¿no se enteran?

-En ese caso, quizás sea mejor terminar esta pequeña reunión en otra parte. Se me ocurre la oficina de Kyoraku, por ejemplo.

-No, él no estaba ahí cuando revisamos la última vez –terció Chad, acariciándose las sienes.

-Lo que quería decir –continuó Rukia por su parte, luego de toser para llamar su atención-, es que todo esto se parece sospechosamente a la crisis que iniciara Aizen hace años. Señor Matsubara, le estaba contando a estos jóvenes cómo había descubierto la desaparición de Kyoka Suigetsu, ¿correcto?

-Eh, correcto.

-¿Estamos seguros de que el tal Aizen era el culpable en un inicio? –los interrumpió Dave, recibiendo la atención de todos-. Jeje, sólo digo...

-Es más que posible que algún miembro de los clanes nobles de la sociedad de almas tuviera sus manos en eso, sí –asintió el juez, pensativamente-. Esa hipótesis nunca fue descartada, y quedó debidamente archivada y consignada en el informe que mis alumnos y yo preparamos durante la gestión pasada para la Central.

-Eso no importa ahora –dijo Yin, interviniendo en aquel momento para sorpresa de todos-. Por lo que entendí, esa Zampakutou le permitió al tal Aizen desatar el caos y el conflicto en todas partes. Te condenaron injustamente –señaló a la shinigami veterana, quien asintió-, y te habrían ejecutado, si no fuera por la inesperada llegada de Kurosaki y compañía –señaló a los tres humanos-, pero al final, el sinvergüenza consiguió su objetivo. Ahora, ¿qué tiene que ver con nuestro problema actual?

-Oh, ahora lo entiendo –Roger se irguió en su asiento, con una luz de comprensión en sus ojos, consiguiendo sorprenderlos a todos-: es como un déjà vu!

-O un déjà foo –dijo Yang, pero nadie pareció entenderlo.

-Ah, no, si ése fuera el caso, como me contaste, Yang –objetó su gemela-, el universo estaría reiniciándose por siempre a partir de un día específico, y sólo una persona o un par serían conscientes de ello. Hemos pasado más de un mes en esta locura, así que ése no puede ser el caso aquí.

-De todos modos, es escalofriante –dijo Yuki, apoyándose cómodamente en el conejo azul a su lado.

-Tienes razón, hermana. Entonces, ¿de qué rayos se trata?

-Si se trata de una broma, ¡yo, coo, no le veo la gracia!

-Una conspiración –dijo Uryu, sin parecer impresionado-. Diferentes causantes, mismo patrón. Al menos parece ser que los antagonistas actuales no supieron coordinarse tan bien. ¿Podrían estar cometiendo errores?

-¿Y si ellos no son los que robaron a Kyoka Suigetsu? –Orihime recuperó la palabra, dubitativa-. Después de todo, el mundo de los vivos del que venimos y hueco mundo siguen igual que hace tres meses y lo que les contó ese cazador no tenía nada que ver con nosotros.

-Chiwa, voy a necesitar una semana entera para descansar mi cerebro cuando volvamos –dijo Yang, con la cabeza entre las manos.

-O una aspirina –dijo Roger.

-Aquí están pasando muchas cosas a la vez, y seguimos sin ver el panorama completo –dijo Chad, mientras uryu sacaba lápiz y papel y los colocaba sobre la mesa, listo para anotar-. Primero, Ichigo y su familia desaparecen, y nos encontramos con que los Xcution y Vizards han sufrido duros ataques. Luego, Yoruichi y Urahara se esconden, y nos sugieren hacer lo mismo.

-Algunas personas pueden haberse tomado ese consejo demasiado al pie de la letra –acotó Rukia, todavía ofendida.

-Bien. Nos ocultamos en la sociedad de almas, pero luego decidimos partir hacia un mundo de los vivos que ignorábamos, donde la mayor parte de la gente son animales. Y nos topamos con una situación prácticamente igual a la nuestra en un comienzo: una shinigami fugitiva, nuevos segadores de almas sustitutos –apuntó con una de sus manazas a los conejos-, y entonces llegamos hasta donde estamos ahora.

-Te estás olvidando de los cazadores, trece, infiltrados en cada uno de los escuadrones. –uryu se detuvo en sus anotaciones, pestañeando detrás de sus lentes-. A todo esto, ¿se dan cuenta de que no conocemos a la mayoría de ellos? Eso podría ser un problema.

-A todo esto, ¿dónde andará el Capitán Comandante? Nunca está ausente de su oficina mucho tiempo, salvo durante la noche –se preguntó Rukia para sus adentros.

En efecto, el propio Syunsui Kyoraku se hallaba en un lugar en particular en esos momentos, y no era su oficina, como podrán adivinar.

A su lado, una decena de jovencísimos estudiantes con vestimentas del Juzgado, togas a la mitad y sombreros de ala ancha, corrían de aquí para allá, valiéndose de una veintena de sus hechizos para limpiar los escombros de un lado de la Central.

-Así que éste es el famoso kido secreto del que me hablaron, eh. Muy interesante. Lástima que tenga que enterarme en estas trágicas circunstancias, Hiyumi. Imagino que me perdonarás por fisgonear.

-Puedo contar con su total confidencialidad en esto, Capitán Comandante, ¿correcto?

-Seguro. Tenemos atentados y fugitivos por todos lados, un problema más que sumar a la mezcla no nos conviene a nadie.

-¿Sin sobrevivientes en este lado, muchachos? –Jinzo Hiyumi elevó su voz por encima del ruido.

-Nadie, su señoría –dijo uno de los jóvenes, ataviado con un traje similar al de un astronauta, con escafandra incluida-. Menos mal que las explosiones se detuvieron en el primer piso del edificio principal, pero gracias a Dios, ni la Academia ni la Magistratura se vieron comprometidas.

-Podemos agradecer a Dios por eso –Kyoraku se mostró de acuerdo.

-Den gracias a dios más tarde, cuando todo este lío haya acabado –terció el jefe de la Central, la frente poblada de arrugas y perlada de sudor-. ¡Sigan buscando, no se detengan!

-¿Sí señor! –dijeron los jóvenes, volviendo a la faena.

-Esto es terrible. Pero debes entender, Hiyumi, los ryoka pueden tener o no que ver con esto, pero los acompañaban Orihime Inoue, Yasutora Sado y Uryu Ishida, tres personas en las que confío con mi vida. No puedo hablar por Minamoto, no en lo que respecta al crimen por la que se la procesó; pero si debo hablar en su nombre, en lo demás te aseguro que es una buena persona.

-Si eso es cierto, Kyoraku, quiero pruebas. Los principales sospechosos de esta masacre son ex oficiales de las Trece Divisiones de Guardia de la Corte, y esta corte no parece muy protegida, sino sólo en guardia. Los que ahora denominamos Cazadores son shinigamis rebeldes, de pleno derecho, y están poniendo en riesgo no al Juzgado, no a tu Seireikei; sino a la sociedad de almas en su totalidad, y Dios sabe si no más allá. Es imperativo repartir justicia.

-¿Debo recordarte que sentenciaste a muerte a mi subordinada, ignorando cualquier prueba en su defensa? ¿Y tú me vienes a hablar a mí de equidad y de justicia?

-No estamos hablando de ella ahora mismo. Su crimen es grave, pero por el momento, aceptaré que se suspenda su ejecución hasta nuevo aviso como muestra de... buena voluntad por mi parte.

-Y tú y tu pésimo desempeño como jurisconsulto ponen en riesgo a todos y a todo en toda la sociedad de almas, Hiyumi. Así que sinceramente espero que tengas algún plan de contingencia, o puedes quedarte con tus muestras gratis de buena voluntad, mientras yo regreso a mi oficina. Admiro la entereza de tus subordinados, puedes estar seguro de que contarán con todo el apoyo de las Trece Divisiones en lo que sea que necesiten para continuar buscando sobrevivientes e impedir que hayan más víctimas. Bien, te escucho.

Por un momento, el juez menudo pareció ponerse realmente nervioso frente al Capitán Comandante y su mirada inquebrantable. Kyoraku creyó ver algo fuera de lugar en su expresión por un segundo, entonces desapareció y Jinzo Hiyumi recuperó la calma.

-Sí, exactamente, estimado Capitán Comandante. -Hiyumi forzó una sonrisa, que no llegó a sus ojos, luego la resignación y el cansancio parecieron envejecerlo cincuenta años en un santiamén-. Y contra todo lo que nuestros respectivos sectores han pregonado desde sus orígenes, propongo que nos unamos y trabajemos juntos para atrapar a los responsables y traerlos ante la justicia. Lo admito, puede que me haya equivocado con tu subordinada, me adelanté a los hechos sin otra prueba que mis profundas ganas de encontrar a un responsable y zanjar el asunto lo más rápido posible. Por favor, Kyoraku, acepte mis más sinceras disculpas.

-Vaya, así que la amabilidad y la cortesía no está perdida entre espíritus de diferentes ocupaciones en nuestro mundo después de todo –un amago de sonrisa curvó los labios de Kyoraku, quien extendió una mano-. Pero primero, deja de llamarme por usted, me hace sentir más viejo que el ex Capitán General Yamamoto. Llámame simplemente Kyoraku, o Syunsui.

Por un momento, Kyoraku pensó que el jefe de los Cuarenta y seis rechazaría su mano; por un segundo de miedo irracional, creyó que dejaría que su mano extendida colgara allí en el aire entre ellos, como la punta de un puente a medio hacer sobre un abismo que no consigue alcanzar el otro lado.

Y entonces, Jinzo Hiyumi salvó el abismo entre ambos e, imitándolo, extendió su propia mano hacia Kyoraku, estrechándosela con fuerza, con algo remotamente parecido a la cortesía y el respeto.

Por primera vez en la historia de la sociedad de almas, jueces y shinigamis harían a un lado sus diferencias por el bien mayor, la propia sociedad de almas.

Por lo menos, el Capitán Comandante rezaba para que así fuera.

N/A final del capítulo: y ahí lo tienen! Finalmente, presentamos a todos los cazadores, como lo prometimos!

Brick: espera un segundo, hay algo que no entiendo.

Yo: soy todo oídos.

Brick: si no estoy tan mal de la cabeza, dijiste que habían trece cazadores, uno por cada uno de los escuadrones. Entonces, ¿por qué conté doce y no trece?

Yo: cómo? A ver a ver, revisemos y hagamos el recuento: tenemos a Matsuko Kazekumo, del Escuadrón 13, la chica emo y quien no dudará en apuñalarte por la espalda si llegas a cruzarla; Eiji Fujiwara, del 12, el chico genio con lentes, ese tipo simpático y buena onda, openmind que tratará de sacarte una sonrisa en un velorio; Logan Eviltrain, del Escuadrón 11, el luchador con el ego del tamaño de tu casa, temerario y capaz de arrojarse al peligro, pero puede que consiga arrojarte consigo, sin importar cuánto dolor genere para cualquiera; bajando un cambio, por otro lado tenemos a Shinrin Renja, del Escuadrón 10, el Dave de este grupo, un amante de la naturaleza y protector de bosques en peligro. Infiltrado en el Escuadrón 9, tenemos a nuestro querido o no tanto zombi Ryoketsu Haka, al que los amigos llaman Ryo, de raros gustos góticos y terroríficos, casi como la primera de la lista, sólo que él no está todo el tiempo enojado, sólo piénsalo, no debe ser fácil hacer enojar a un zombi, ni recomendable. Una primera sorpresa de este capítulo fue el cazador infiltrado en el Octavo Escuadrón, Teihaku Fisher, el pirata de los siete mares, también un amante de la naturaleza como Shinrin, pero de las especies acuáticas, parche y pez coi incluido! Una segunda sorpresa fue el cazador del Escuadrón 7, Takahashi Kikite, un ninja de principio a fin, parco de palabras y de estilo: el que aparece de la nada saltando de una nube de humo, y que puede matarte en un segundo con sus técnicas ninjas, o bien, de un susto. Volviendo a los conocidos, en el Sexto Escuadrón, tenemos a nuestro juvenil Yusei Shirokawa, la estrella y la sonrisa brillante del equipo, candidato a actor y amante de la atención; cuidado con él, puede convertirse en tu fan número uno, y en tu problema número uno también. A Busshu Namekuji, infiltrado en el Quinto Escuadrón, ya lo conocemos, baboso y babosa con cabeza de cactus, de voz chillona y semejante a un bicho de esos que anuncian la primavera, pero que son los que nunca deseas encontrarte si puedes, como un ciempiés o un gusano de seda, pegajoso y peligroso aunque no lo aparente. Casi me olvido de la cazadora más amable del grupo, Sayuri Mizumura, del Cuarto Escuadrón, conocida por sus habilidades como... adivinaron! Médica, que está ahí para salvarte de una muerte inminente y darte la sangre que necesites, o la que haya disponible. Si al zombi no recomendaría que lo hagas enojar, a ésta no conviene ni que le caigas pesado; hmm, me pregunto si hay algo como el código hipocrático entre los antiguos japoneses, aunque supongo que por algo habrán inventado el Harakiri. Ya sabes lo que dicen, de algo hay que morir... No es broma, ella anda cerca y temo que no esté de humor para transfundirme la sangre de Brick o cualquiera que desee impedir mi muerte si llego a tropezarme con el último escalón de la escalera de mi departamento. Subiendo nuevamente la velocidad, Taiga Rurokishi, del Tercer Escuadrón, el corredor del equipo, arquero consumado pese a ser shinigami y no quincy; no me gustaría estar en su lista de objetivos a golpear, ya sabes, odio el juego de ponle la cola al burro, imagínate qué quedaría de cualquiera de los dos si encima nos clavaran el cartel de "dispárale a este idiota" en la espalda! Y en el Segundo Escuadrón, a Sadashi Natsuyume, la típica amante de las playas y los días soleados, las tardes de cielo azul sin nubes y bla, bla, bla; suave como un girasol, pero tan peligrosa como una pantera. En serio, dime tú a quién olvidé contar.

Brick: a ver a ver, ahora mismo voy a por mi tabla de sobrenombres que me hacen parecer gracioso: tenemos a una fan de los Diarios de Vampiros, a un nerd, un buscapleitos con cargo público, a un guardabosques tipo Hagrid de Harry Potter, un zombi loco, casi tanto como el Boogeyman, un pirata o ex pirata melancólico, un ninja que me hace pensar en Kakashi Hatake de Naruto, sólo que sin el Sharingan, un alvino que es una versión apenas algo mayor de Raimundo de Duelo Xiaolin, entrenado como monje shaolin; a un gordito que salió de una totora; una sanadora bajita que no encaja, un corredor que puede competir con Uryu Ishida con el arco y la flecha; y, finalmente, a una chica relajada pero feroz, cuidado con esos abanicos! Son todos?

Yo: sí, son todos. No falta nadie.

Brick: pero entonces, adónde está el número trece?

Yo: qué? Me faltó uno más? No me digas! Ni loco pienso reescribir todo el capítulo por eso!

Brick: a menos que el número trece sea...

Yo: shh, no lo digas! Prometiste no decirlo!

Brick: ajá! Entonces yo tenía razón, falta uno!

Yo: sí, sí. Y qué? El suspenso y las incógnitas son lo que mantienen en vilo a mis lectores, y yo vivo de mi público!

Brick (quitándose un sombrero de detective y recuperando su gorra roja icónica): así que más enigmas, uh. A este ritmo, terminaremos en la lista de Sherlock Holmes. Y te lo juro, a ése no lo engaña ni el presidente ruso!

Yo: pues tendrás que aguantártelas entonces, como todos los demás! Y ustedes, queridos lectores, qué opinan? Dejamos a un cazador afuera? Quizás estemos olvidándonos de alguien.

Brick: te refieres a Ichigo? En serio, dónde está? Tanta incertidumbre seguida me va a hacer mal!