Muchísimas gracias a todos los que me dieron su apoyo :) Gracias por los PM y los comentarios que tanto amo leer. Me animan siempre a seguir en esto, gracias por todo.

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Capitulo IX

La verdad

De vuelta en casa, después de una excesiva carga de precauciones extra incluyendo una ridícula almohada fijada con un cinturón a su espalda y abdomen. Finalmente, el ruidoso grupo de amigos retornó al viejo apartamento 4. Pero el primer recibimiento no fue el esperado ya que colgaba a plena vista en la puerta un maltratado citatorio que puso de inmediato a todos a temblar, menos al principal implicado en esa desgracia.

—¡Estos sujetos son rápidos!— Externó Goku detrás de un chiflido sorprendido, despegándolo de la puerta.

—Te tomas todo tan a la ligera— Krillin denegó en la misma sintonía que el resto.

—Menos mal que nadie estaba aquí para recibirlo— Launch opinó, auxiliando a una lenta Bulma a subir los últimos peldaños.

—De que hablas, es peor que nadie se encontrara aquí— El más bajito replicó arrebatándole la nota al otro irreflexivo joven —Por lo menos te darán un poco más de tiempo para presentarte, quizá podamos pensar en una buena coartada.—

—¿Deberíamos buscar al resto?— Sugirió el moreno sin preocuparse del todo por esa situación.

—¡Cierto! ¡Tenemos a Yamcha!— Krillin ovacionó —No conozco un bribón más astuto que ese embustero ¡Seguramente sabrá qué hacer!

—Quizá primero deberíamos dejar que nuestra pobre Bulma enferma descanse ¿no creen?— El lamento comprensivo en la voz de Launch dejaba al resto desconcertado, incluyendo a la extrañada chica a la que cuidadosamente guiaba hasta la entrada —A veces son unos brutos desalmados.

—Esa chica está loca como un chivo— Sacudió el anciano la cabeza.

—¡y esa carne es deliciosa! — Vociferó su animado alumno glotón, exasperando al resto.

—Oh cielos…Vas a ser deportadísimo— Gimoteó su mejor amigo, presintiendo que ese tonto no podría decir una sola cosa coherente en el estrado ni en defensa propia.

Minutos después y ya instalados, Krillin telefoneaba a su contacto, Launch tomaba la directiva de arreglar y lavar lo necesario en el hogar, Roshi se encargaba de traer de vuelta la merienda y la cansada anfitriona pretendía cambiar su atuendo sucio, cuando un golpeteo sonó en la puerta.

—¿Puedo pasar?— La chillona voz de su roommate resonó del otro lado —¡Necesito orinar!

—¡Iugh! ¡Usa el otro baño!— Le gruñó la molesta propietaria.

— ¡No puedo! Krillin está adentro y huele como si no fuera a salir pronto.

De mala gana Bulma abrió, encontrándose con un compungido rostro que se apresuró de inmediato al interior para descargar su aplazada necesidad fisiológica.

—¡Apresúrate! Quiero cambiarme antes de que lleguen todos —Bufó con los brazos cruzados pisoteando impacientemente la duela.

—¡Pues cámbiate! No voy a salir a menos de que digas que puedo hacerlo— Aseguró él atendiendo sus asuntos.

Se sentó ella, refunfuñando en la orilla de la cama prefiriendo esperar, su adquirida pudorosa actitud resonando en su cabeza al pensar lo diferente que hubiese sido si estuviesen en opuesta situación. Ese hombre no tenía un gramo de decencia para mostrarse tal cual habría venido al mundo de no ser por las innumerables veces en que ella se lo recriminó…Pero del mismo modo, tampoco tenía él un gramo de egoísmo o avaricia, siempre un corazón limpio dispuesto a ayudar en lo posible, sobre todo por las múltiples veces en que hasta ese momento la habría beneficiado sin pedir nada a cambio y se reprendió a sí misma por la forma en la que lo trató.

—Está bien, escucha, lo siento. Sé que he sido una verdadera pesada contigo. Solo quiero agradecerte… por todo. No me aprovecharé de mi estado para causarte problemas. Te devolveré todo lo que gastaste. Solo gracias por la factura del hospital y por toda tu ayuda… Lamento mucho lo que te he hecho últimamente…

—Te refieres al beso.

Lo soltó con la misma frialdad que el peor disparo de hielo directo a sus entrañas. Atrapada sin defensa a ese golpe, lo único que pudo hacer fue tartamudear, insegura de las palabras que debía utilizar para frenar esa avalancha emocional innecesaria ¿Por qué tenía que ser tan directo?

—Yo….— Inició sin encontrar coherencia en sus ideas —Bueno eso…— suspiró mirando de arriba abajo la puerta cerrada en su baño, no estaba en absoluto preparada para esa conversación y arrastró por la fuerza las palabras que su propia mente se negaba a enunciar — Eso también fue un gran error.

La enorme tensión se difuminó entre el pesado silencio, y odiaba la incapacidad de poder evaluar la reacción del chico silencioso detrás. Sus piernas comenzaron a temblar ansiosas, ¿Habría hecho lo correcto? Antes de decidir acercarse, escuchó un largo suspiro cargado de aire y presintió sacudirse salvaje su propio estómago ansioso, después de otra larga pausa robándole la calma.

—De acuerdo, escucha. Tengo que confesarte algo…— Quiso explicar, pero una frase surgió del otro lado haciendo a sus nervios constreñirse.

—Está bien, Bulma— Externó él, con toda considerada calma — Yo también lo lamento.

Y aunque esa era la exacta respuesta eximiéndola de toda culpa necesaria, escucharlo se sentía como un bloque de hierro aterrizando en su espalda. Un irreconocible dolor del cual no podía descifrar el origen ¿Por qué no le bastaba tal respuesta? ¿Por qué se sentía traicionada de ese modo?

—Quieres decir… que tú no— No pudo continuar, pues temía iniciar otra inculpadora escena frente a todos lo que ahora esperaban ruidosamente afuera de su recámara.

—Todo está bien, ¡seguimos siendo mejores amigos! No es la gran cosa, ¿verdad?

Tomó ella asiento lentamente, incapaz de procesar cada palabra hiriéndola como incandescentes flechas de desprecio. ¿No fue la gran cosa? Su latido crecía salvaje mientras ella intentaba obligar las enormes olas de decepción a quedarse en el calmo lago de la templanza.

—Supongo que tienes razón— Añadió con un ligero temblor en los labios, apretando los dedos para dejar de prolongar esa tonta conducta infantil que le pedía a gritos exigir el reconocimiento real a sus emociones, a aquello que para ella habría sido una implacable catarsis de lucha interna. Pero ¿qué habría de decirle que fuese creíble? si ella misma se habría empeñado día y noche en alejarlo de ese modo.

Peor aún, sabiéndose ahora una completa carga para un joven de su prometedora racha.

—¿Ya puedo salir?— Preguntó él al desesperarse por la larga pausa hecha.

—Si, claro. Lo siento por eso— Escuchó la extraña voz excesivamente vulnerable y saliendo de inmediato se sintió consternado por la forma en que esos blancos hombros se veían más decaídos de lo normal. Entonces tomó el suficiente valor para acercarse y la levantó de su sitio.

—Oye, tranquila ¿si? — Le levantó el mentón mientras ella intentaba nerviosamente borrar un imperceptible rastro en sus ojos —¡Todavía te quiero! — Le sonrió juguetonamente, dándole un fuerte abrazo que para ella se sintió como un asfixiante recuerdo del aire, mientras moría irremediablemente ahogada en el mar de la desesperación.

—Yo… yo también te quiero.

Ella contestó en una versión mucho muy diferente a la que presentía él le daba. Aferrándolo sin un ápice de esperanza o valentía para confesar lo que esa simple conversación hacia a su quebrada conciencia, pues valía mil veces más conservar ese amor a medias, que perderlo por una verdad insipiente.

—¡Chicos! Yamcha está aqui— Escucharon a Krillin gritar y su compañero le dio un guiño antes de salir corriendo por la puerta todavía en un aire juguetón, fastidiando con bromas a su otro amigo.

La mujer que quedó atrás cerró de inmediato la puerta. Obligándose a retraer las lágrimas mientras culpaba al embarazo por la infinita exageración de sus emociones brotando descontroladas. Pero dejó de lado las cursilerías para enfocarse en no dejar a nadie ver, que estaba profundamente herida.

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Era ya más de medio día. Tal como Raditz fue informado, la reunión con el cliente más importante que jamás hubiese tenido, se orquestó sin un solo incidente sospechoso. Tan solo el hecho de que se trataba no de un consagrado mafioso, sino un respetable miembro de la comunidad millonaria del país donde se encontraba. Jamás pensó su fama alcanzaría horizontes tan lejanos.

Después de una descortés hora de espera, finalmente llegaba al sitio acordado un vehículo de mucho menor lujo al esperado y custodiado por dos risibles guardias; uno tremendamente horrendo y otro con el vivo aspecto de un cefalópodo convertido en humano, descendió un pomposo hombre caucásico de elegante cabellera larga, escudriñándolos con poca actitud cordial al tapar su afilada nariz con un delicado pañuelo. Al ingresar en la improvisada sala de juntas dio un saludo a aquellos rodeando al cabecilla anfitrión, del mismo modo poco entusiasmado.

—Debo admitir…— El más escuálido de los guardias de ese petulante invitado, habló directamente con el orquestador del encuentro —que no esperaba que un latino mugroso fuera el afamado vigía del oeste.

—Compórtate Kewi— el imponente y alto jefe habló con perezosa presunción en la voz —No queremos problemas con nuestro líder. Si Freezer solicita conocer sujetos de dudosa reputación, ¿quiénes somos para juzgarlo?

—Debido a su generosa contribución pasaré por alto la impasable grosería que esto es contra mi clan— Externó Raditz poniendo al resto de sus secuaces a la defensiva —¿Y bien? De que se trata ese negocio del que pretenden hacernos partícipes.

—El trabajo es sólo para uno. Nuestro jefe quiere que te encargues de uno de nuestros nuevos socios— El elegante ojiverde externó, dedicando un muy altivo ceño a su oyente —Pero no como los salvajes de tu clase acostumbran. Nuestro invitado requiere protección y un tipo de vigilancia especial, manteniéndolo fuera de peligro del público o de sí mismo, si comprendes a lo que me refiero.

—No soy niñera de nadie— El aludido se apresuró a protestar.

—Vamos, no te des aires de grandeza— Una vez más, el mas hosco de los intrusos se atrevió a intervenir —Hace tan solo dos meses te dedicabas a cuidar de ladrones de poca monta. Deberías estar agradecido de recibir el favor de un magnate internacional, como nuestro gran Freezer.

—Cuidar de niños mimados no es una de mis especialidades— Raditz se levantó de su sitio sin intención de concretar lo establecido —Mucho menos espiar para dar reportes a un millonario obsesionado. Si tanto le interesa este sujeto, ¿por qué no manda a cualquiera de ustedes a vigilarlo? Seguramente esos dos no son tan incompetentes como parecen y podrían cumplir con algo tan simple.

—¿A quien llamas incompetente? ¡Mojado, hijo de perra!— Gruñó Kewi, bajando de inmediato el nivel de arrebato al percibir elevarse la mano del inmovil jefe sentado entre ambos —¿Señor Zarbon?

—Odio esa actitud incivilizada de ustedes los inmigrantes ilegales— Externó el líder, cual si fuese un mero incidente más allá del insulto —Pero si debes saberlo, este sujeto es algo especial. Freezer hizo un acuerdo con un muy importante magnate medioriental y esa es nuestra principal razón por la que mantenemos un genuino interés mantenerlo a salvo. Aunque es acaudalado, este sujeto es un tipo demasiado reservado. El jefe quiere dar una prueba de buena fe a su socio, serás reclutado como independiente y a pesar de que tendrás la orden de servir a los funcionarios, este engreído será tu único objetivo.

—Lo que el jefe Zarbon quiere esclarecer, es que tú serás guardaespaldas del tipo, intentarás ganar su confianza y reportaras todo lo que haga de forma directa a nosotros… si es que te interesa la paga.

—Bien— Chistó sin más —Que tan difícil puede ser.— Aceptó de inmediato el maletín prestado entre manos y el boleto de viaje hacia la gran ciudad —Con que un abogado en problemas… Interesante.

Saliendo del lugar, el duo de guardaespaldas del presuntuoso Zarbon lo miraba con recelo.

—¿Por qué contratar a este idiota? Teniendo tantos en la nómina de mejor reputación— Apule cuestionó a su lider.

—Vegeta es solo una inversión a largo plazo— El alto agente esclareció —Nuestro líder simplemente está cumpliendo con lo estipulado por su socio ¿qué mejor forma de hacer todo parecer un incidente aislado con guardaespaldas ligados de tan obvia forma al crimen organizado? Si otro atentado llega a ocurrir, todos podremos lavarnos las manos.

—Entonces ¿uno de esos moros presumidos y estirados lo quiere muerto? — Preguntó Kewi bastante confundido —¿Por qué? ¿No deberían estar orgullosos de que una persona de su nación tenga esta fama? ¿Por qué no contratan a un asesino al azar y se deshacen del problema?

—No tengo idea— Zarbon se encogió de hombros —Nuestro trabajo simplemente es mantenerlo interesado en el deporte o cualquier actividad que lo mantenga en este lado del mundo. Al parecer han invertido una enorme suma millonaria en las empresas de Freezer para mantenerlo lejos del país…Quien sabe qué clase de hombre sea Vegeta en realidad.

—Al parecer…uno con muchos problemas — Dio su oyente una risilla, conduciendo para irse de inmediato.

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—Esto es sumamente fácil chicos— Inició el experto evasor de castigos —Tan solo tenemos que arreglar este problema de la forma más tradicional en que se resuelve esta clase de conflictos aquí y me será más fácil arreglar todo el papeleo con mis contactos en el consejo en muy poco tiempo.

Pero a pesar de que todos lo miraban guiñar, nadie comprendía a fondo sus palabras y ver sus absurdas caras confundidas, lo hizo responder hastiado y de mala gana.

—¡Tenemos que casarlo, tontos!

—¡AHH! ¡Con que era eso! — Respondió el resto a coro.

—Bueno ¡Eso será muy fácil!— Se recargó Krillin en la silla de la mesa circular —Ahora es un imán de chicas ¿Sabes?

—¡Sí! Sólo tenemos que preguntarle a esta molesta arpía, Chichi o como sea que se llame — Oolong agregó, dándole un codazo al incrédulo responsable de esa obsesión —Ella estará encantada de hacerlo.

—¡Apuesto a que no dirá que no!—Roshi meneó ambas cejas, poniendo a todos en la misma sintonía burlona.

—No sean absurdos— Yamcha les reprendió —¡Estará por complete atrapado en una semana! Esa chica lo esclavizará en un calabozo tan pronto como diga: acepto.

—Si le gusta el sadismo... ¡GENIAL!— Saboreó el gordo bajito.

—O… ¡Tenemos a Bulma!— Pointed Krillin to the girl behind —Sigue soltera después de tooodo este tiempo.

—¡No tienes que decirlo así, idiota! — Oolong se posó al lado de la ofendida —¡Ella siempre dice que le gustan los hombres de clase alta, no los perdedores como todos ustedes!

Pero lejos de unirse al coro de risas, la chica solo fijó los grandes ojos en torno al secreto objeto de su afecto. Prendada de un tortuoso instante fugaz entre la verdad y esa absurda comparación, sin admitir que la sola idea le causaba una inconmensurable aprehensión por estar expuesta de tan obvio modo. ¿Como habría de fingir desinterés teniendo de tan dispuesta manera la causa de su dilema moral? Celebrando él la broma como si nada pasara en esa siempre franca sonrisa y ella moría por dentro de sólo pensar en revelar su inoportuno enamoramiento.

—Yo…No puedo— Musitó ella sin que fuese audible para todos, consiguiendo solo la breve atención de los ojos negros que lograban hacerla perder el piso. No pudo externar nada más, al verlo observarla fijamente y bajar la vista por un breve segundo, cual si alguna clase de reflexiva máscara se instalara en su siempre jovial amigo. Hecho que de inmediato la hizo arrepentirse sin poder emitir lo que pensaba, quizá imaginó cosas a raíz de su predicamento, pero podía jurar que distinguió un leve instante de aflicción escondido en él y su actuar fue interrumpido por otra mujer.

—¡Yo lo haré con mucho gusto!— Launch le dio a Goku un pellizco en la mejilla.

—No bromees, esto es serio— Se carcajeó Krillin, instándola a sentarse.

—¡Lo digo en serio! ¿Has visto de cerca a este dios griego? Está buenísimo — Le pasó el brazo detrás, apretándose contra él para de inmediato soltarlo con brusquedad —Pero, de hecho… siento como si estuviera enamorada de ese gran calvo al que se enfrentó hace días… ¡Qué hombre tan noble al decirnos la verdad!

—Entonces, Launch… ¿estás… disponible para esto? —Yamcha inquirió haciendo al resto preguntarse exactamente lo mismo.

—Ya debería estarlo; han pasado 10 años desde que hice ese maldito examen.

—¡Eso no es nada bueno! ¿Así que nunca recibiste una respuesta? — Krillin resopló manoteando por el absurdo descuido.

—Mira, he estado ocupada ¿Si? — Se excusó sin pena alguna —Tengo un permiso legal, no te preocupes. Y no me importaría que me llamaran señora Son con este galán en mi brazo… o en mi cama.

—Asco— Replicó el perturbado Krillin —Pero quizás… ¡podría funcionar!

—¡De ninguna manera permitiré que eso pase!— Intervino Bulma levantándose de la mesa para sorprender al resto. Preocupada por la enorme posibilidad de que tomaran esa ruta convirtiendo el plan en un verdadero paso en falso y sin pretender ser tan contundente, externó segura la frase que haría a más de uno limpiar sus oídos asombrados: — Yo me casaré con él.

Un silencio se asentó.

—Perra ambiciosa— Launch frunció los labios haciendo al resto soltar la carcajada contenida.

—¡Yo soy la apuesta más segura! — La decidida zarca prosiguió explicando al grupo —Nos ceñiremos al plan más seguro, conseguiremos a algún pésimo ministro de esos corruptos y para cuando lleguen los agentes, no podrán presentar cargos. Así que consíganme un maldito anillo falso para reunirme con la audiencia en un mes.

— ¡Oye! ¡Yo también soy una apuesta segura! — Replicó la rubia empecinada —¡Y hasta me han hecho pruebas de enfermedades sexuales!

—¿Por qué ninguna chica pelea así por mí? — suspiró Krillin deprimido.

—Hay un problema con esto— Roshi observó repensando el dilema —Esta el antecedente de la supuesta demanda por fraude en su permiso, no hay modo en que pueda ser legal nuestro movimiento en este país sin entorpecer el proceso, deben ganarle el paso a la central de migración y legalizarlo… en el país con mayores facilidades para ambos.

— Bueno, mi mamá siempre quiso que me casara en la misma iglesia que ella— El implicado opinó entre risas, tomando el lado positivo de su dilema —Y ¡la comida de una fiesta es mucho mejor allá!

—¡Qué rayos! ¡¿Una iglesia?!— De inmediato respingó la intranquila anfitriona, recayendo en la ineludible realidad — "¡¿Qué demonios Goku?! es solo un señuelo, realmente no nos estamos…"

—¡UNA BODA HISPANA!— Aulló el sonrosado Oolong —¡EXCELENTE!

—¡No tontos! ¡No es real! — Intentó ella frenar la euforia colectiva poniéndole los nervios de punta.

— Ah, sí ¡Pero nadie tiene por qué saberlo! —Krillin la tomó del brazo con la mayor seriedad para instaurar la coartada adecuada de la fiesta del año — ¡Tenemos que ser convincentes! Quizás no eso de las religiones, ¡pero tendremos todo el espectáculo, música, chicas y una celebración salvaje!

— ¡Son un montón de idiotas torpes! ¿No han pensado que este es el truco más obvio que se les ocurrirá? ¡Allí nadie nos va a creer! Será mejor que mantengamos un perfil bajo — Insistió la quisquillosa mujer, abrumada por la infantil conducta de esa banda de tontos.

—Nadie va a dudarlo, ustedes llevan viviendo juntos más de cinco meses— Desestimó Yamcha —Aunque puede que ningún ministro del otro lado tenga forma de comprobar esto.—

—Tengo un amigo allá— Roshi añadió — Un antiguo ministro de asuntos civiles, así que cuenten conmigo para resolver esoAn old minister at civil afairs, so, count on me to settle that.—

—¡Oh por dios!— Lauch exclamó sobresaltada —¡Esta perra amargada se va a casar antes que yo!

—¡oh, cállate!— Se defendió la ofendida Bulma —Eres la única perra de verdad que hay aquí.

—¡Ven y dímelo en la cara!

Ladró la rubia, levantándose de inmediato para atrapar en un movimiento a su víctima quien también luchaba entre risa y enojo, parcialmente levantándole la blusa por el forcejeo.

—¡Me encantan estas peleas! — Suspiró Oolong entretenido entre el par de generosos escotes danzando. Un entretenido coro de chicos detrás riendo de incontrolable forma ante el incidente, mientras el más astuto de ellos se acercaba a aquel risueño principal implicado.

—¡Bastardo suertudo!, estarás viviendo el sueño de muchos chicos en mis días... o en estos días— Tomó Yamcha al distraído implicado carcajeandose, tallándo su cabello con fraternal picardía —Sólo no caigas en problemas, una mujer como ella es muy peligrosa…mantén siempre en mente que esto es FALSO— Dio una palmadita terminando el discurso en su oido — Bueno, ¡manos a la obra! Tenemos un viaje al sur que planificar.

Instó a todos a salir en busca de sus misiones en poco tiempo repartidas, pero antes de salir del departamento, su viejo interés amoroso lo detuvo para hacer una pregunta que no la dejaba tranquila. Después de haber conocido por años al sujeto, era esa la primera vez que lo veía tan entusiasmado por auxiliar a otro que no fuese él mismo y su sentido de alarma le advirtió la posibilidad de que no se tratara de un mero interés altruista.

—¿Por qué le quieres ayudar? — Bulma interrogó sin mas, dándole una cautelosa mirada de duda.

—Este chico va a ser una leyenda, estoy seguro— Respondió el otro, viendo a la distancia como el hispano se alistaba para salir entre bromas de sus amigos del gimnasio — Nunca he visto a un peleador hacer lo que hace, será una verdadera lástima perderlo antes de que hayamos visto todo lo que tiene para ofrecer. Recuerda mis palabras B, él va a revolucionar el corazón de este deporte. Lo juro … voy a hacer de él una estrella.

Volteó ella contemplando la misma escena, entendiendo cada gramo de lo dicho como una absoluta verdad, pues ella ya sentía esa exacta sentencia cumpliéndose por él bajo su propia piel.

—¡Entonces todo esta dicho!— Roshi vociferó sacando de su propio departamento un paquete de cervezas que pronto repartieron con algarabía —Mas vale Krillin que planees una buena despedida de soltero porque ¡van a echarle el lazo a nuestro loco favorito!

Se fueron envueltos en la risa, dejando atrás a la supuesta futura novia quién no podría atreverse jamás a revelar la terrible verdad, para ella era esta una idea de doble filo difícil de asimilar.

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Después de quince horas de vuelo ininterrumpido, el cansado viajero estaba en el sitio solicitado. El nudo en la garganta tenso y resecando su habla, rogando a toda deidad conocida que no hubiese la noticia sobre su atentado traspasado la frontera y fuese este el motivo de la audiencia solicitada con tanta presura. No era usual en absoluto ser requerido de ese modo frente a quien, más allá de ser una figura paterna era un icono de autoridad en su vida.

El principal emir de todo el reino.

Pasadas las requeridas investigaciones sobre su paradero, detrás del sequito de empleados se daba entrada el hombre más importante de esa nación, su presencia tan intimidatoria como sencilla era su vestimenta, un monarca astuto, respetado y quizá uno de los mas poderosos del mundo.

—Justo a tiempo, Amir Vejita— Lo saludó sin mayor dilación, despidiendo a sus asistentes con un gesto —Se de buena fuente que no has prestado respetos a la familia en los últimos días— Inició de forma casual, sentándose a un lado del sobrio sillón donde su hijo tomaba asiento después del formal saludo requerido —Tu madre hubiese querido…—

—Yo creo que a ella no le hubiese importado otra cosa que no fuese su comodidad— Gruñó de inmediato su vástago.

—¿No son así las mujeres más bellas de nuestro tiempo? — Dio una risilla el mayor, sin dar importancia a lo dicho —Bien, veo que no tienes interés en prolongar esta sesión. Te hice llamar por un asunto muy delicado que creo has intentado mantener a mis espaldas.

El joven contuvo el aliento y todo rasgo que pudiese delatar la incomodidad de su tensión.

—Así es, lo sé todo.— El rostro del emir se endureció, sin lograr con esto mover un solo musculo de la cara del otro, impecable actuación aprendida por todo su entrenamiento.

—No comprendo…— Musitó impávido.

—No… sí lo haces— Siseó su lider a sabiendas de lo que había de externarle —Es una verdadera infamia…— Agregó, poniendo atención a la forma en la que el otro tensaba los músculos en su cuello. Ni una sola gota de sudor o arrepentimiento, su hijo era un verdadero gladiador innato y en cierta forma le inspiraba una negada admiración —Pero lo respeto.

Vegeta se quedó mirándolo sin creer lo dicho. Pero no había de trazar su línea facial el delator sentimiento detrás de su impecable fachada inamovible. Entonces el padre continuó.

—Entiendo el motivo por el que lo has hecho, la prueba de nuestra validez como individuos y no por nuestra herencia. Me parece que todo este tiempo he juzgado erróneamente la materia de lo que estas hecho— Decretó en un tono más relajado acomodándose en el rígido asiento con pereza.

—Yo …— Todo giraba demasiado rápido, en ese punto ya ni siquiera sabía si era buena idea aclarar los motivos por los que ese hecho se habría suscitado. Algo había sido descubierto y no importaba ya el método o la fuente. Solo quedaba aceptar las consecuencias —¿Qué planeas hacer al respecto?

—Ciertamente es una ofensa grave— Asintió su progenitor, sorbiendo el café en la mesita frontal —Sospechaba que algo traías entre manos con todas las visitas que haces a esa tierra de paganos consumistas. Pero también he escuchado de tus proezas y victorias, el prestigio del que ahora gozas… No naciste para llevar una vida ordinaria, aun así, has logrado alcanzar de mano de nuestros contrarios el reconocimiento de ser extraordinario.

El joven se quedó estático, evaluando las palabras que a todas luces parecían adular su error, pero él no podía confiarse en la aparente buena voluntad del emir. Reconocidas eran todas sus estrategias siempre confusas para obtener lo que deseaba, no podía simplemente confiar en lo dicho.

— Sé que he sobrepasado los límites permitidos a mi clase, pero yo…

—Silencio joven príncipe, el rey habla— Lo reprendió, irguiendo su imponente forma. Una manera poco sutil de recordarle su lugar sin necesidad de más palabras. Entonces procedió a detallar su conclusión —Supongo esto nos servirá en algun momento. Que mejor forma de enfrentar lo incierto que conocer a tus rivales a profundidad. Creo que has tenido la visión de actuar más allá de las necesidades de los nuestros y me alegra que uno entre nosotros sea capaz de trascender con mayor inteligencia al futuro. Se que los otros lideres ven con desprecio el rubro que has estado transitando, pero he de decirte que no me opondré al ensayo de tu profesión, si no interfiere con tus deberes reales en nuestro dominio.

—Mis... Esto significa que…?— A pesar de ser siempre un experto en el camuflaje de sus emociones, no daba cabida a lo escuchado por sus oídos. Un respiro de alivio corrió por sus venas, no tan solo por descubrir que no era en absoluto su principal rubro o el atentado lo que su padre conocía, sino la licencia de ejercer sus estudios en tierra extranjera sin mayores consecuencias.

—Sí— Externó el rey entendiendo mejor que nadie el dilema interno de su hijo —Puedes continuar con tu tonto pasatiempo de abogado encubierto, mientras no sea del dominio público. Si nuestros detractores lo saben, no será una buena imagen para el anuncio que pronto haré de ti…como mi legítimo sucesor universal.

Y así, sin más, llegó el anuncio que más temía sucediera.

Tan poco repensado y con la casualidad de un hecho. El título que pretendía evadir por muchos años venideros, exhibido de la forma menos aparatosa posible y supuso que todo ello era simplemente una prueba más de carácter con la que constantemente su padre lo medía.

—Me halaga su decisión, Al-Malik— Atinó a decir como lo más neutral posible.

—No tienes que fingir— El rey externó, meneando la campanilla en la mesa para indicar a sus asesores el ingreso —Yo sé que no es algo que quieras representar. Pero es por esta misma razón que eres el único que podría tomarlo por el bien de su nación y no el propio.

Resopló inconforme por la declaración. No importaba cuanto hiciese por evadir ese hecho, a ojos de su padre el siempre sería la única opción y eso no era para nada lo que él quería.

—Mi hermano…también es un buen líder— Se atrevió a opinar con la vista bien fija en su oyente.

—Yo sé lo que tu hermano es— Declaró levantándose de su sitio atendido por sus más confiables asistentes —Y no me refiero solo a sus escandalosas preferencias, se la clase de ambiciosa áspid que será si logra alcanzar un poco más de poder del que ahora posee. Jamás será una estrategia sana poner el mundo en manos de un adulador, el único amo al que servirá es a su propia ventaja.

—Quizá necesitas conocer un poco más a tu descendencia.— Externó molesto, pese a su siempre respetuosa postura, ya que nunca toleraba bien los insultos contra los que consideraba cercanos.

—Intrépido como siempre lo has sido— Le reconoció el mayor después de observarlo por unos instantes —Pero esta es mi última palabra. Puedes retirarte. Cancela tus compromisos del otro lado del mundo, tienes muchas cosas que atender aquí— Indicó, siendo cortésmente conducido por su mayordomo a la salida. Y más allá que representar un alivio, esa victoria momentánea se sentía como una derrota definitiva.

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La noticia corrió como pólvora.

Los guiños, bromas y pesadeces no se dejaron esperar. Todo conocido felicitando y burlándose del joven a quien todos consideraban un héroe por tal presea conseguida sin que le hubiese significado esfuerzo alguno. Pero solo su círculo cercano sabia la verdad detrás de la elaborada farsa y no todos lo tomaron del mejor modo, una esbelta y temible chica entre ellos, estaba verdaderamente devastada por las impensables nuevas

—TU! ¡MENTIROSO EMBUSTERO!— Ella señaló al implicado al salir de las puertas del vestidor —¡Todo este tiempo estuviste detrás de ella! Me dijiste que era tu amiga y ¿¡Le propusiste matrimonio!?

—¡Relájate Chi!— Se adelantó el mejor amigo del acusado, interponiéndose como escudo humano ante la incontenible rabieta de la empecinada mujer.

—Yo no mentí, no es una…— Goku intentó explicar para ser silenciado por la mano de su otro camarada interviniendo.

—¡Cállate, bruto!— Oolong cortó antes de echar por la borda el factor sorpresa que todo ello debía sostener —¡Apégate al plan!

—¿Que?— La joven se retrajo, frenando el atentado de golpearlo —¡Explícamelo, cerdo infeliz!

—¡Diablos! Tienes que calmarte, ¡maldita psicópata!— El bajito aludido gruñó ofendido.

—¡¿Cómo me llamaste?!— La roja tez antes blanca de la chica anuncio que estaba a punto de enseñarle una lección de respeto.

—¡Corre amigo!— Krillin chilló a las risas, observando al par en desbocada persecución desaparecer por las puertas de entrada —¡Y gracias por esto!

Al descender el nivel del escándalo entre las burlas, el jefe del gimnasio salió y con un gesto indicó al chico laureado que ingresara en la oficina, a solas.

El joven asintió, dejando las bromas para después y al tomar asiento frente al escritorio de su jefe, se sintió intimidado por una clase de interrogatorio que seguramente habría de proseguir a los chismes del momento. Solo que ninguno de sus asesores se veía realmente complacidos con ello.

—Es un movimiento arriesgado chico— Kami inició, sorbiendo el vaso de agua dispuesto a su derecha, sin ofrecer más a su pupilo —Aunque entiendo el motivo, no creo que sea la mejor idea.

—¿Cree que pueda meternos a ambos en problemas?— Preguntó el incauto muchacho, recargando la espalda en la silla sin una sola preocupación en el mundo.

—Puede ser— Añadió su mentor un tanto insatisfecho por la absurda ingenuidad de su aprendiz —Pero el verdadero problema será que para alguno de ustedes no esté clara la intención.

—Eres joven— El señor P. intervino —Aquí tienes un porvenir asegurado. Debemos advertirte que en el camino de los profesionales consagrados a este rubro… desgraciadamente muchos encuentran una muy solitaria existencia. Si pretendes tomarlo en serio, deberás aclararle esto a ella.

—Las mujeres que deciden seguirnos deben soportar mucho sufrimiento— El jefe suspiró —Si has de dedicarte de lleno a esto, no será para ninguno un camino fácil.

Comprendiendo que quizá no tenían toda la información disponible, el joven se levantó intentando apaciguar las infundadas dudas de sus maestros, confundiendo completamente la verdadera intención de esa decisión tomada.

—Pero… ella no lo hará— Excusó de torpe manera, sin comprender de fondo porque era incómodo hablar del asunto sin acceder a su usual soltura —No hay de que preocuparse, es sólo una coartada para ganar la residencia legal, ella…. Ella no está interesada en mí.

Más su explicación solo consiguió hacer al par de ancianos intercambiar un vistazo de complicidad sin que él comprendiera de fondo el motivo.

—Muchacho— Kami resopló —He vivido mucho más tiempo que tu como para saber que lo que dices es mentira. Solo pon atención y sabrás la verdad oculta detrás de toda generosa acción. Ella te ama.

Sin meditarlo así él soltó una risotada, no por irrespeto o nerviosismo, simplemente era la conjetura más absurda a la que ellos podían llegar ¿amor? Eso era virtualmente imposible, no había de ella recibido más que quejas, regaños, amistad por supuesto, pero un enorme cumulo de malentendidos cubiertos de uno que otro momento gracioso. Quizá lo peor fue ese breve vistazo de la tentadora forma en que cuidó de él, la posibilidad de agradarle, la forma en que lo hacía sentir su mano derecha, esa generosidad con la que lo dotaba sin esperar nada a cambio… y ese increíble beso que le robó. El bendito recuerdo de inmediato aniquilado por las palabras escuchadas de la misma boca de su ladrona, el nefasto día en que desde el baño escuchó como ella negaba con tal facilidad lo que habría sido una salvaje tormenta en sus entrañas. Rehusándose ella misma a reconocer ese fuego liberado entre ambos aquella noche en el callejón, instante en que por un momento juró que esa mujer verdaderamente era mágica, por poco robándole también el alma de ese modo.

—No, ella es solo…mi mejor amiga— Soltó de tímida forma —Ella sólo hace esto para ayudarme.

Ambos viejos se miraron con una chispa de entendimiento que el joven no podía dilucidar.

—¿Estás seguro?— Mr. P denegó bajo una risilla burlona.

—El verdadero problema es…¿Lo tienes claro?— Escudriñó el malencarado anciano.

Recibió como respuesta únicamente un confuso semblante indeciso del chico, quizá ni él mismo se había atrevido a hacerse esa pregunta ¿Qué era lo que realmente ella le hacía sentir? Solo tenia claro que por un momento las cosas parecían mucho más complicadas de lo que inicialmente fueron, no pudiendo separar la delgada línea entre lo que sí debía importarle y el protagónico papel en que, sin así notarlo, habría puesto a una mujer que tan solo meses atrás jamás pensó existiría. La firme necesidad de prestarle ayuda, fungir ambos como una unidad permanecía incuestionable. Simplemente no podía determinar a que se debía esa insistencia, ¿Qué era ella para él? Por un momento creyó se trataba de una genuina amistad, pero había pequeños instantes en los que eso se habría alejado por completo de la realidad, no podía distinguir si todo fue producto de su imaginación o sentía algo más profundo, mucho más grande que simplemente no se atrevía a nombrar. De ninguna manera esto podía ser real.

Ella lo veía como un buen amigo, sólo eso. Si, quizá en un modo incluso fraternal, era imposible que de algún modo un interés de otra índole pudiese fraguarse, él era un extranjero, pobre, poco sofisticado y suficientemente alejado de sus estándares de perfección para siquiera figurar en su radar. Incontables veces ella le hizo saber que estaba fuera de su alcance y a pesar de lo mucho que él sintiera por ella, eso no iba a cambiar nada.

—Hijo, no hay nada malo con amar a alguien más —Su entrenador le sacó de pensamientos sorprendiéndolo — Pero si no quieres terminar enredado en tus propias mentiras, tienes que decirle la verdad. Tal vez en este camino a sincerar tu corazón, ambos encuentren una maravillosa sorpresa.

—Puedo asegurarte que no hay significados entre líneas— Él insistió, con cierta insolencia al sentirse injustamente cuestionado y subestimado —Sé lo que estoy haciendo y respeto su desición. Ella no me ama…bueno, sí; pero no de ese modo, ella no está enamorada de mi.

La empecinada actitud reveló a los otros dos que no había oportunidad de debatir su obstinada opinión, quizá él no estaba listo para entenderlo y ambos decidieron dejar las cosas por la paz.

—De acuerdo, entonces nos vemos el próximo mes— Pinchando el puente de su nariz, el viejo exhaló. Extendió la mano al cajón de su derecha para sacar un sobre cerrado y deslizarlo hasta el chico — Nos gustaría darte esto para el viaje y todo lo que necesites... o tomarlo como regalo de bodas, tonto testarudo.

El ceño fruncido del chico cambió a uno de duda al curiosear el aditamento e inspeccionando su interior, se emocionó con sonora felicidad.

—¡INCREÍBLE!— Se irguió con ambos ojos bien abiertos —¡Muchas gracias jefe! ¡Esto es grandioso!

—No me agradezcas— Disuadió con la mano, corriéndolo del sitio, fastidiado — simplemente no faltes más clases después de esto, y no le rompas el corazón a esa pobre chica, ¿de acuerdo?

El otro asintió contento, balbuceando incoherencias hasta salir alegremente por la puerta. Dejando en completa desesperanza al par de veteranos comprendiendo en mejor medida que toda esa parvada de muchachos, lo que sucedería detrás de esa desastrosa idea.

—Ese tonto… no tiene ni idea— Mr P suspiró haciendo al otro reír.

—¿No es la inocencia el privilegio de los puros de corazón?— Renegó cruzándose de brazos para instalar una mueca de decepción —Privilegio y terrible maldición.

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Regresó. A pesar de la advertencia, el atentado y el riesgo en juego. Después de un largo tiempo, pisando el suelo extranjero del viejo continente solo para acatar el deseo en su corazón de vivir esa experiencia.

La división a tope de fanáticos. El escandalo en la arena no hacia siquiera temblar una sola fibra del contendiente principal a disputar el título. Sereno con la certeza de la victoria, desfiló con la frente en alto al ser nombrado entre el publico aclamando sus avasalladoras cuarentaidós victorias cumplidas.

—¡Con 154 libras y 5.7'' de alto! Campeón de la división superwelter de la AMB ¡El guerrero de las arenas, Vegeta Saiyan!

No tuvo a bien escuchar siquiera el previo llamado de su contrario, su peso o su nombre. Una denominación un tanto extraña en esa lengua demasiado gutural que le recordaba a la palabra Gas en esa tierra. Y el otro correoso campeón internacional, brincaba alrededor pavoneándose. Agitando esas trenzas pegadas a su cuero cabelludo y los flecos de sus calzoncillos, mientras escupía vulgaridades al rostro de los asistentes del príncipe para avivar a la concurrencia, vertiéndose en alaridos al verlo animar a sus fanáticos. Todas las apuestas a su favor.

Un tipo despreciable.

— No puedo creer que no exista una sola regla que prohíba la falta de gusto en la vestimenta de este deporte— Zarbon levantó una presuntuosa ceja criticando al adversario de su estrella a representar — Normalmente no me importaría si ganas, pero por favor rómpele esa fea cara —Habló al oído de su peleador haciéndolo rodar los ojos por el intolerable clasismo con el que siempre se conducía en cada mínimo aspecto …quizá debía presentarle a su hermano.

—Vegeta. Se que puede ser desalentador el número de de ese animal— Le habló el entrenador otorgándole el protector bucal con rapidez —Pero si logras traspasar su…

—Lo sé— Externó sin miramientos, como si hablara de la mayor verdad indiscutible y procedió a acercarse al réferi con la misma acartonada postura que a todos enganchaba por la poca modestia con la que siempre parecía ingresar al campo de batalla. No había forma de negar la escondida verdad de su origen tan poco disimulado, pues en toda circunstancia lucía como aristocracia.

Molesto por la petulante pose altanera, el favorito decidió acercarse para amedrentar a su enemigo.

—Escucha, principito— Le habló su adversario, sin poner atención al árbitro amonestándolo por el desacato ofensivo —Hoy aprenderás de mi mano una lección de humildad.

Y su amenaza no hizo más que levantar una sesión de acalorados gritos vitoreando. El peso de la fama internacional del menor de los Heeter era sin duda un apetecible atractivo para los organizadores del evento, quienes cosechaban un inmenso fruto económico por el show.

La campana sonó y el ágil joven insolente empezó a bailar a través de la lona, increpando al supuesto retador a empezar el asalto. Más, ceñido como una cobra expectante, el experimentado Vegeta solo levantaba la defensa esperando la oportunidad de atacar.

Un jab del retador salió, pero no pudo Gas medir en absoluto la velocidad de su contendiente. Una combinación terrible, golpe al hígado, mandíbula y espalda, tan veloz que el pobre contendiente se encontraba en un instante escapando de las garras de ese letal rival sumamente agresivo.

Vegeta avanzó, la misma precisión de poder y elegancia en cada movimiento, la recta postura sin una sola apertura en su defensa y los ojos fijos sobrecogiendo la fingida entereza de su rival evaluándolo desde la esquina. La mano del árbitro autorizó y el duelo regresó a la contienda.

Uno tras otro, todos disparos a la cabeza haciendo que el más joven de ellos se estremeciera sin sensación de espacio, cayendo lentamente mientras este hombre feroz imponía su dominio al son de sus letales ganchos.

—¡Quítate de su espacio!— El entrenador y hermano mayor del más joven gritaba, viendo a su mejor carta desbalancearse mareado por todos los golpes a su oído conectados. Su abdomen subía y bajaba recuperando el aliento mientras intentaba defenderse de ese primer asalto y el round terminó.

—¡Escucha tonto!— Elec reprendió a su sobreconfiado estudiante —Este maldito engreído tiene mucha experiencia y ¡deberías usar eso a tu favor! ¡Utiliza ataques que no pueda esperar! No intentes cansarlo porque ¡no le gusta terminar sus peleas hasta la ultima ronda!

El siguiente asalto resonó, ambos corriendo a enfrentarse con el mismo ímpetu. Pero mientras el veterano guardaba su postura, el otro empezó a hacer exactamente lo solicitado…y resultó.

Un swing, un movimiento hacia atrás y cruzado viniendo de la absoluta nada directo al rostro de Saiyan. Sin esperarlo dos fintas fueron jugadas, pero no en absoluto como él presentía. El Heeter utilizaba ángulos que no favorecían la postura de sus pies y Vegeta pronto se vio metido en problemas al no conseguir conectar ni uno solo de sus golpes. Sonaba demasiado pronto el fin de otro round y escuchó a lo lejos opiniones sobre el marcador.

Puntos. No era el daño en Vegeta letal, pero si suficiente para hacer a su oponente marcara la ventaja sobre sus ensayados pasos. Si quería ir más allá, debía desairar los patrones aprendidos. Y decidió hacer lo imposible, arriesgar todo por el todo plantándose de vuelta en la lona … y permitiéndole causar el daño que quisiese. El resultado era absurdamente intolerable.

—¡¿Qué estas haciendo Vegeta?! ¡LEVANTA LA GUARDIA! — Escuchó a su entrenador y la loca multitud coreando al retador mientras pagaba con el precio de su sangre el extremo trato feroz al que era sometido, probando en carne propia la razón por la que el otro era también un campeón.

—¡Está contra las cuerdas! — Escuchó al narrador gritar mientras utilizaba toda resistencia para aguantar el atroz castigo. Torso, costillas y rostro batidos al límite con apenas una escasa defensa bloqueando los puntos mortales, la agónica lentitud con que la pelea transcurría helaba la sangre de los testigos, pero lejos su contrario de saberse recompensado, se sentía flaqueando el paso.

Le levantó Vegeta la vista, cubierto en las heridas de la paliza recibida, más radiando una risilla cómplice a lo que haría. Desde el fondo, con toda fuerza en su brazo impactó un solo golpe al plexo del desprotegido chico. Haciéndolo caer sin aire en los pulmones, conteniendo su abdomen de forma irreflexiva hasta rodar al piso y antes de que el conteo iniciara, la campana finalmente sonó.

—¡¿Qué DEMONIOS fue eso?!— Elec intentaba enderezar a su hermano todavía padeciendo el resultado de ese brutal ataque, resonando en el pobre herido una alarma interna de que algo mucho peor había ocurrido bajo su piel. Todos los signos inconfundibles erizando sus nervios.

—Creo que me rompió una costilla— Exhaló Gas con esfuerzo, cerrando los ojos por la falta de control en el dolor impidiéndole moverse, paralizado por sus propios nervios —Creo que ya no puedo…

—¡NO LO DIGAS!— Lo reprendió, asiéndolo con brusquedad sin que nadie más se percatara —No llegamos hasta aquí para que tires la toalla así de fácil— Siseó haciendo al otro asentir sin remedio —¡Ahora ve y defiende ese cinturón! ¡Agradece el esfuerzo invertido para darte esta oportunidad!

Con las ultimas fuerzas de su indoblegable voluntad, el inseguro joven retador volvió al centro de la arena. Pese a ser el que mejor aspecto tenía entre ambos, la forma ensombrecida en que el otro le sonreía servía para hacerle temblar las piernas.

Ya era en ese instante, una presa declarada.

Inició el asalto, levantando el lesionado por inercia la guardia sin que eso sirviese en absoluto, pues estaba a punto de caer en las garras del despiadado tigre orgulloso.

El gancho directo, apenas atajado por Gas, pero no contó con el feroz ataque lateral. Dos cruzados y otro gancho al plexo. El chico no podía aguantar más dolor, conectando la veloz ráfaga justo al punto más débil, el chirrido de su propia quijada impidiéndole ceder y con otro gancho, la sangre salió de su boca junto con el protector, más antes de poder el réferi parar la masacre, ya sobrevenía un uppercut que aterrizó justo a la quijada del destruido retador arrepentido.

Y ante la incrédula mirada de todos, cayó inconsciente.

—¡Es un BRUTAL KNOCKOUT!— Rugía el narrador, embraveciendo a la multitud todavía asombrada por la espantosa convulsión que el cuerpo inerte del chico desataba en el suelo. Los camilleros subieron de inmediato, el escándalo se fue apagando y lentamente retiraron al caído con todo el cuidado posible para no agravar sus perturbadoras lesiones.

—Por decisión unánime… Ganando por noqueo, el NUEVO bicampeón mundial ¡Todos aclamen a Vegeta Saiyan! ¡Príncipe de las peleas!— Anunciaban los cronistas, haciendo a los fanáticos corear su nuevo distintivo, irónicamente otorgado por la previa mofa que a todos encantó.

Y en ese momento, él se sintió verdaderamente merecedor de serlo.

Cuando el calor del momento se disipó y las luces se apagaron, la noche cubría al maltrecho ganador recibiendo los cuidados pertinentes por su equipo de médicos y entrenadores. Tocando la puerta de la enfermería, el alto Nappa ingresó seguido de sus lacayos, levantando una mueca esnob a los que ahí se encontraban, hasta estar de frente con el hombre del momento.

—Eso fue impresionante— Declaró con ambas manos en los bolsillos mientras daba vistazos sugerentes a una de las jóvenes enfermeras pretendiendo auxiliar a los principales especialistas deportivos —No puedo creer que lo lograste. Eres una bestia amigo.

Pero el otro no respondió, habiendo recibido los vendajes y puntos de sutura, agradeció a su médico y se colocó de vuelta la costosa camisa encima.

—Hombre de pocas palabras ¿eh?— Dio el intruso una risilla a la chica, ésta giró apenada ocultando el nerviosismo —Entonces, solo dime: ¿Qué se siente ser un bicampeón mundial?

El cuestionado tomó una pausa, meditando en el horizonte la verdad de esas palabras que sin sospecharlo le traían una enorme ambición descubierta. No había más cabos que atar, no había del mismo modo más adrenalina que cosechar en su conquistada categoría, pero presentía que por vez primera, la oportunidad de ser una leyenda en su deporte estaba completamente al alcance de sus manos.

—Me siento…— Smiled convinced — como si quisiera ser el campeón definitivo.

Y con esa declaración todos sabian lo que proximamente intentaría y de que trataría todo el entorno de su siguiente aventura a conquistar.

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La mañana llegó con la promesa de una nueva aventura. Entusiasmados, tres amigos sumados a la supuesta pareja, subían sus valijas al viejo auto Escarabajo del maestro que estaba a punto de poner a prueba su hechura en un largo viaje. Vestidos en coloridos shorts y gorras, el grupo celebraba el comienzo de la anécdota con una lata fría de soda en la mano. Todos menos la futura novia, que nerviosa no dejaba de dar furtivos vistazos a su compañero de cuarto quien se vertía en risotadas y emocionantes promesas a concretar una vez que estuviesen en su tierra natal. Él parecía tan despreocupado ¿Qué rayos estaba mal con su entendimiento?

El motor arrancó, Krillin abrió el asiento trasero, obligando a Launch y los otros dos a entrar por la fuerza, acaparando el mejor lugar pese a la incomodidad del más alto al estar irremediablemente comprimido entre el pequeño espacio y las dos anchas caderas de sus compañeras femeninas.

— No te pongas demasiado cómodo, solo son más de catorce horas — Se carcajeó Roshi bajando los lentes para ver completamente ruborizado a su alumno intentando no tocar de accidental forma a cualquiera de las chicas —Disfruta el paseo, muchacho suertudo.

—¡Qué hay de Oolong y Yamcha?— Preguntó la chica de ojos verdes.

—Esos presumidos irán en avión— el envidioso Krillin espetó —Nos alcanzarán en la frontera o…no lo sé, supongo que es la ventaja de tener un buen salario.

—¡Pero este es el equipo más divertido!— El anciano gritoneó, acelerando a tope el vehículo para pasar un tope, haciendo al resto volar por la brusquedad, una de ellas aterrizando encima de un muy adolorido joven sin poder aliviar el tremendo golpe dado a su entrepierna.

—¡Lo lamento Goku!— Se le bajó de encima la apenada Bulma.

—¡Oye! ¡Espera hasta la noche de bodas para despedazarlo!— Se burló Krillin haciendo a todos dar un enorme alarido burlón menos a los dos implicados, pensando la condición secreta de la joven.

—Por favor, no digas ni una palabra al respecto— Susurró la nerviosa mujer a su mejor amigo, sabiendo de sobra Goku a que pequeño respecto se refería. Guardar silencio con ese grupo de despreocupados salvajes sería difícil.

Ese sería un largo viaje.

Cumplido el plazo y atravesada la frontera sin demoras. Avanzaron de acuerdo a las indicaciones del chico hasta llegar a un amplio páramo cubierto de una pradera seca y nadie alrededor para indicarles el camino correcto. Tan solo un par de plantas rodando, suelo arenoso y un despiadado sol cegándoles parcialmente la vista.

—Y bien ¿cuánto más debemos conducir para llegar a tu …¿ciudad?— Musitó Krillin, mirando el casi desolado valle con recelo.

—No es una gran ciudad, es mas bien un pequeño pueblo— El otro salió para estirar los músculos después de horas de viaje en la misma postura —Supongo que faltan un par de horas más.

—Esta vieja cafetera no va a aguantar más tiempo cruzando este desierto— Señaló Launch el polvoriento automóvil —Deberíamos hacer una pausa ¿no creen?

—¡Estoy de acuerdo!— Externó la otra joven, levantándose del asiento para buscar un respiro de la incómoda posición en el interior. Y se maravilló ante el pálido tono azulado del cielo, la calma ceremoniosa de los arbustos enanos y el tremendo calor de la inmisericorde sequía brillante. Nunca en su vida había sentido un sol de tan brutal intensidad y entrecerrando los ojos divisó atisbos de civilidad —¡Miren! ¡Por allá se ve una estación de gasolina! Junto ese par de casas. Quizá podríamos pedir indicaciones o comer algo. Ya estoy cansada de los emparedados y la soda.

—¡Eso suena excelente!— Secundó el entusiasmado pugilista, embelesado por la idea de almorzar.

Condujeron a la pequeña estación cercana, ingresando en la diminuta localidad para cargar combustible, se dieron cuenta de la enorme diferencia entre sus acostumbrados parámetros de civilidad. El sitio parecía un verdadero pueblo fantasma, tan solo un par de casas con puertas de metal y protecciones en las bardas que les hacían sentir estaban ingresando a alguna clase de zona de guerra.

—Primera vez aquí, ¿verdad?— Los recibió la recelosa voz de un temerario moreno, recargado en la bomba de gas para despachar el combustible —No es común ver gringos merodeando estos lares.

—Me encanta la actitud agria de este chico— Coqueteó la curvilínea Launch en torno al poco impresionado hombre.

—¡Hey miren! ¡Una tienda de souvenirs! — Señaló de inmediato Krillin, amedrentado por la poca actitud cordial de ese enorme tipo con quien no quería problemas.

—¡Todo lo que puedas llevar por cinco dólares!— Canturreó la vanidosa ojiazul, corriendo en torno al sitio señalado —¡Vamos tontos! ¡Seguramente debe haber algo que valga la pena!

Después de cargar y pagar el combustible, Goku y su maestro, abandonados por los demás, ingresaron a la tienda donde el resto de viajeros habrían pasado ya un considerable rato. Al sonar la campana del negocio, Bulma jaló feroz el brazo de su mejor amigo para ingresarlo al apartado de prendas descartadas en los anaqueles, frenética sacó entre sus hallazgos todo tipo de conjuntos que media sobre el torso del joven cual madre intentando atinar la talla de su hijo.

— ¡Dios mío! ¡No puedo creer que tengan un Armani aquí! — Puso debajo del brazo del joven el saco de un impecable negro —¡¿No es este nuestro día de suerte?!

—¿Armarni?— Preguntó sin poder ver el atuendo debajo de la montaña de cosas que pretendía hacerle probarse, únicamente presintiendo su dureza — ¿Se llama así porque está hecha de algún tipo de armadura?

— ¡No, tonto! Es una marca sofisticada …— Ella le gruñó, sacándo el saco del fondo para ponérselo encima junto con una camisa blanca —¡Oh, Olvídalo! Ya se que no te importan estas cosas... ¡Solo póntela y, si te queda, pagamos!

—¡¿Por qué tengo que usar esto?!— Examinó decepcionado, levantando el traje —Se ve aburrido y demasiado tieso...

—¡Estoy haciendo todo esto por ti, Goku!— Lo apuntó vertida en reproche —¡Lo mínimo que podrías hacer por mí es usar algo lindo para tomar una BONITA foto!

—¡Pero no es una boda de verdad!— Lloriqueó perdiendo la paciencia al sentir como la chica le imponía la camisa encima.

—¡Eso no importa!— Le colocó la corbata por la fuerza, mostrándole los colmillos hasta arrastrarlo al probador de una roída cortina con hoyos — ¡Si tengo que salir en una foto por la que el gobierno presente cargos, lo haremos luciendo fabulosos!

Se dio la vuelta para seleccionar entre todas las cosas de su pila un par de vestidos blancos, probándose a sí misma un corte strapless con acabado satinado.

—¡Tu atuendo se ve más fresco que el mio!— Se quejó el otro, saliendo de mala gana vestido en las prendas impuestas, los brazos cruzados apretados en el traje, con una mueca impaciente — ¡Con esto voy a estar todo sudado y se van a acalorar de solo verme!

Y se quedó ella mirando, cuan diferente un par de cosas hacían ver a su atolondrado amigo, quien casi podría pasar por un verdadero encanto vestido de esa elegante forma.

— Entonces quítate esta corbata y simplemente… usa estas dos así— Quitó el aditamento, enderezando el cuello de la camisa en la solapa y sonrió al ver el resultado final —¡Vaya! … Bueno, tienes razón, algunos se van a acalorar de verte…

—¡Oigan! ¿No se supone que deberían probarse eso sin que el otro vea?— Inquirió la tendera aburrida, presintiendo lo que el par pretendía al ver a la otra rubia probarle flores plásticas en el pelo a su amiga.

—No te preocupes, es una boda falsa— Se colocó en el mostrador Krillin, usando orgulloso las gafas de aviador encontradas — Ahora quiero el siguiente mejor traje que tengas.

La dueña del establecimiento rodó los ojos, saliendo de la comodidad de su pequeño ventilador para levantarse y arrojarle en manos un polvoriento traje grisáceo colgado en el mostrador.

—¡Cielos! Parece que lo traía puesto un muerto— Roshi se burló, examinando algunas manchas de tierra en las mangas —¡Está horrible!

—Sólo necesita una pequeña limpieza y estará perfecto —Contestó el satisfecho nuevo dueño sacudiendolo —¡Y mira! Es de una buena marca también.

—¿Qué clase de lugar es este?— Preguntó la futura novia, de pronto colocando instintivamente la mano en su vientre al repensar la sospechosa coincidencia de encontrar ese tipo de finas cosas valuadas en tan poco costo.

— Bueno, a veces recibimos caridad de tu país… O ¿sabes? a veces nuestros grandes capos se aburren de su ropa y la regalan — respondió la mujer despreocupada tirando del chicle que masticaba —O a veces se mueren. Más a menudo en estos días de guerrillas, entonces… verás, pudriéndose al sol ya no los van a necesitar.

—Eso resuelve el miesterio...Realmente pertenecía a un cadáver— Codeó Launch al ahora pálido Krillin apretando la prenda nervioso.

—Entonces si no lo quieres, ¡Yo si!— Roshi le quitó el traje, fascinado —¡Qué bonita historia posee!

—Que gracioso, chicos…— El molesto joven se la arrebató de vuelta — Me lo llevo de todas formas.

—¡Miren! ¡aquí vienen los donadores!— La mujer señaló la distancia, donde una camioneta a toda velocidad traspasaba la calle perseguida por otra, apuntándose enormes armas hasta perderse en la polvareda. —¿Sólo esto llevarán? — Preguntó ella al temeroso grupo ahora tirado en el suelo, menos el despeinado joven alto tan poco perturbado, asintiendo feliz para pagar la mercancía que guardaban en bolsas sobre la mesa.

—¡Vaya! ¡Que interesante lugar!— Sonrió la temblorosa Bulma sacudiéndose el polvo al levantarse del suelo, buscando salir de inmediato de ese peligroso sitio —Falta mucho para llegar a tu casa, ¿no es verdad? Será mejor marcharnos pronto ¡Muévete ya! — Empujó insistente al más alto, fingiendo que nada ocurría fuera de lo normal.

—¡Oh! No tengan miedo— Se carcajeó la empleada —A nadie aquí les importan los extranjeros en banca rota— Le lanzó el cambio al chico que pagó y le habló con burlona nota en su propio idioma —¡Buena suerte, tonto! ¡Esa mujer es una verdadera fiera!

—¡Lo sé! ¡Ella es genial!— Contestó el otro feliz, sin que ninguno de sus acompañantes entendiera una palabra de lo dicho.

—¡Que buena idea detenernos aquí!— Launch abrazaba su reluciente vestido rojo, eufórica.

—¡Vaya experiencia! — Sonrió Krillin quitándose los lentes, volteando alrededor en un aire paranoico.

—Son unos cobardes— Se carcajeó el nativo, estirando la espalda en el pequeño asiento a pesar de los quejidos de sus compañeras de viaje aplastadas.

—Más bien ¡Tú eres un insensato! ¡Pudiste habernos advertido que vives en una zona de conflicto! — Le gruñó su falsa prometida, dándole un fuerte codazo en las costillas.

—¡Vámos! ¡No es para tanto!— Se quejó el chico tallándose el golpe —Ni siquiera dispararon.

—Muy bien ¡Aquí vamos tierra sin ley! — Aulló Roshi, encendiendo la marcha para enfrentar lo que viniese, divertido por ese singular pasaje anunciando mejores anécdotas. Sin duda ese viaje sería una memorable aventura.

Y marcharon al este, guarecidos por los bellos naranjas de la preciosa tarde y el sofocante viento cálido, envueltos entre risas y bromas sin que alguno de ellos aminorara el gusto de compartir ese momento. El más feliz era quizá el chico por el que todo eso se hacía, pues por fin retornaba a casa plenamente dichoso de mostrar su origen a lo que toda la vida deseo tener: amigos de verdad.