Esto nació de releer "El sueño de Ginny", de recordar "Huraño" y "Balanza Emocional", y mi necesidad por ver a Harry yendo al fin del mundo por Ginny.


Harry hace caso a una leyenda para conseguir lo que quiere.


Deseo.

(Acción o efecto de desear; anhelar que acontezca o deje de acontecer algún suceso)

En teoría, Harry no le mintió a Ginny cuando le preguntó dónde estaría. Sí, sí está trabajando, pero tal vez y sólo tal vez, también está buscando la forma de obtener algo de provecho personal, pero fue un efecto colateral del trabajo.

Es que, al parecer, los genios de la lámpara sí existen; ajá, esos que viven en una clase de tetera y que están encadenados a servir a su amo con tres deseos y blah, blah, blah, existen. Sólo que no es como en los cuentos o películas muggles, ni siquiera como en los libros mágicos, de los cuales no hay mucha información ya que se consideran un mito.

Hasta que Harry encontró a Cerna Deseo, una mujer de apariencia muy joven, delgada, piel pálida, cabello castaño y rehén de un vendedor de hechizos.

El caso inicial era atrapar a un mago que se dedicaba a vender hechizos a muggles, violando indirectamente un montón de cláusulas del Estatuto Internacional del Secreto Mágico. Pero cuando atraparon al inmundo animal, bueno, tenía mucha más mierda sobre la cual investigar, entre ella: una mujer que aseguró ser tratada como una vil esclava. Por defecto, estuvo retenida en el Ministerio hasta saber más sobre su caso particular.

Y entonces pidió ver al Auror Potter.

—Lo siento, no sabía que tú eras el jefe —dijo la mujer sin verdadero arrepentimiento—. Sólo alcanzaba a ver tu uniforme.

—Dijeron que pediste verme —mencionó Harry, sin intención de enredarse con las palabras de la mujer, después de todo, aún no establecían si realmente era una víctima o una cómplice.

—Sí. Usted es Harry Potter, el hombre con varios apodos, cicatrices y victorias —declaró con voz lejana, como si estuviera leyendo un diálogo—. Tú debías morir. Tenemos eso en común, Jefe Potter.

—Escucha, Cerna, lamento mucho lo que has vivido todo este tiempo, te doy mi palabra de que me encargaré de resolverlo con justicia. Si me disculpas…

—Estás en deuda con la línea de la vida, Jefe Potter, y eso no es posible —continuó Cerna, sombría y extrañamente conmovida—. Puedo verte, puedo hacerlo con claridad porque yo también tengo mi propia deuda. Pero yo no tengo a nadie para compartir.

—Cerna…

—Morirás antes que ella —declaró finalmente, contundente y sin titubeos, Harry frunce el entrecejo de inmediato—. La mujer con la que bailas en la vida, la mujer de fuego, ella recorre mucho más allá que tú en la línea de la vida. Puedo verte, y como consecuencia puedo verla a ella. Sola. Porque tienes más de una deuda y la línea de la vida no entiende de hechizos sin varita.

Harry respira hondo y le sonríe con gentileza, intentando ocultar la pena en el fondo de su mirada.

—Veré personalmente que envíen un medimago para revisarte, ¿de acuerdo, Cerna? —preguntó sin esperar realmente una respuesta—. Les diré que necesitas reposo para que no te molesten con más interrogatorios el día de hoy.

—La duda y la incertidumbre son normales —suspiró ella—. Pero habrás de creerme esta noche. Cuando la mujer de fuego te hable sobre su prometedor ascenso en el trabajo, tu destino estará por definir su final. Cuando tu primogénito presuma su posicionamiento deportivo los hilos de tu destino estarán entrelazándose. Cuando tu vivo retrato insinúe una estadía prolongada en el colegio que ya abandonó, sabrás que los hilos se aprietan y cierran el camino. Cuando el chispeante fuego menor estalle de emoción por su último año escolar, sentirás la presencia de la costura apretada de tu destino tan cerca como si estuviera sobre tu cuello. Entonces y sólo entonces, habrás de buscar sobre la fina línea de la vida y nos volveremos a encontrar.

Harry se incorpora de un rápido movimiento, apenas lanzándole una mirada más a la mujer antes de suspirar y negar para sí mismo.

—Ojalá te recuperes, Cerna.

—Lo averiguarás, Jefe Potter.

¡Tonterías! Eso fue lo único que Harry escuchó y entendió, puras tonterías y disparates de una perturbada mujer. Ni siquiera se molestó en pensar cómo demonios es que tenía conocimiento de su familia, ¡él es Harry Potter, por Merlín! Corazón de Bruja y otro montón de revistas o periódicos se encargan de desvelar cuanto puedan sobre su vida y la de su familia, ¡hasta una mujer supuestamente esclavizada lo sabría!

Excepto que no tenía sentido porque el vendedor de hechizos de hecho confesó "mantenerla en su pequeño agujero, la misma porquería de la que salió" por más tiempo del que Harry daría crédito.

Excepto, también, porque nadie más que él y Ginny sabían sobre la propuesta de ascenso; porque sólo la familia Potter sabía que James no estaba seguro si lanzarse a volar por el Quidditch o por los dragones; porque únicamente Harry y Albus sabían que la posibilidad de estudiar unos meses más en Hogwarts era posible si escribían juntos a la directora; porque Lily no había estado realmente emocionada de volver a Hogwarts debido a sus amigos muggles, y sólamente ella y sus padres sabían que estaba considerando aplazar su séptimo año. Esas declaraciones, casi que premoniciones, sí eran algo por lo que molestarse.

De hecho, conforme cada evento fue sucediendo tal cual Cerna había asegurado, a Harry se le cerraba un poco la garganta. Es que en casa nadie sabía sobre este caso tan revoltoso, ni siquiera Ginny, que estaba preocupada por las nuevas responsabilidades del trabajo.

Así que Harry se encontró buscando todo libro que hablara de la tal Línea de la Vida. Sin consultar a Hermione, porque ya es un maldito adulto que debe saber cómo mierda resolver un estúpido caso sin pies ni cabeza. Demoró tres días en reunir, leer, procesar y comprender toda la información que pudo. Eran como cinco libros.

Resulta que la Línea de la Vida tal vez sea algo como lo que vio cuando murió: una estación de tren. Es decir, es una línea recta que cada individuo ve y percibe de acuerdo a su vida. Los individuos nacen y se incorporan a la línea, viven y en algún punto su línea se detiene, se corta y jamás vuelve a aparecer de nuevo. La línea del individuo queda en esa parte de la Línea de la Vida, mientras que esta sigue, sigue y sigue, como una vía de tren que no tiene fin pero que tiene sus respectivas paradas.

Ahora, toda esta información es conocida gracias a las Desiré: un grupo de mujeres que fueron creadas únicamente para alcanzar "la plenitud de la línea". Harry encontró toda clase de definiciones, orígenes, leyendas e historias sobre ellas, pero sin importar que fuera, todas sus fuentes tenían algo en común: parecían estar hablando de "genios de la lámpara".

Las Desiré eran mujeres que se mezclaban entre magos y muggles por igual, los encantaban con su palabrería sobre un futuro prometedor, puesto que tienen conocimiento de la línea de cada ser, también los aterraban con su inminente final, lo hacían con tal de conseguir una chispa de vida en los individuos. La chispa es nada menos que un evento que los lleve a sellar su línea sin opción de cambio, ni por equivocación o fortuna. Con el tiempo, las Desiré notaron que eran esclavas de la Línea, y que su propia línea parecía no tener ningún final; así que se dedicaron a repartir deseos a los individuos para cambiar sus destinos, deseos engañosos y con intenciones diferentes a las ideas del individuo.

La Línea, completamente alterada por el cambio que las Desiré causaban, esclavizó a cada una de ellas con el respectivo individuo al que estuvieran ayudando o arruinando, así, no tendrían más opción que cumplir con su línea para deshacerse de su esclavitud.

Hasta que los magos descubrieron cómo encarcelar a las Desiré en objetos de fácil transporte, entonces podían pasar siglos y miles de millones de milenios par quedar libres de la esclavitud.

—Eres una Desiré —concluyó Harry frente a Cerna, cauteloso y todavía un poco escéptico.

—Las historias cambian con el tiempo, pero el origen siempre será el mismo —respondió con los ojos cerrados—. Sí, lo soy, Jefe Potter, o al menos solía serlo.

Harry parpadeó y se sentó en la cama frente a la de Cerna.

Son las primeras horas de la mañana, Harry simplemente se metió a la casa que mantiene resguardadas a personas afectadas por conflictos mágicos, entiéndase casos de Aurores, misiones de Inefables, cruzas de Políticos o extraoficiales de departamentos del Ministerio. Es el Jefe, no debería haber problemas por hablar con una víctima. O cómplice. Pero quizá ya se habría ido si lo fuera, excepto que no.

—¿Qué quieres de mí, Cerna? —preguntó con resignación—. Si entendí bien y los libros saben con veracidad cómo funcionan las Desiré, ya eres libre, tu captor fue detenido y tu liberada. Puedes irte.

—No, no es así —rió ella, como si no hablaran de algo tan delicado y horrible como la esclavitud—. Tú me sacaste del agujero, ¿recuerdas?

¡Claro que recuerda! El imbécil vendedor de hechizos tenía a Cerna entre los mamparos de un viejo bote sin usar, Harry fue el único que pudo entrar para ayudarla a salir, fue él al primer Auror que Cerna vio por lo que pidió resueltamente ser ayudada por él.

"Hola, ¿cuál es tu nombre?"

"Yo… es Cerna. Cerna Deseo. ¿Tú quién eres?"

"Soy Harry Potter, soy el jefe de todos esos hombres de allá arriba."

"Eres uno de ellos, ¿verdad? ¿De la guardia mágica?"

"Uh. Seguridad Mágica, sí, sí."

"Eso es bueno. Sí. Yo… perdí mi varita. ¿Puedes…? ¿Podrías ayudarme a salir?"

"Sí, en un momento bajará el Auror…"

"No. Tú. ¿Tú podrías ayudarme a salir de aquí?"

"Sí, bien. No hay problema. Tendré que subir yo primero, ¿de acuerdo? Me verás todo el tiempo, así que no te preocupes."

Recuerda perfectamente su rostro tranquilo a pesar de saberse secuestrada, recuerda su sonrisa cuando salió al sol, recuerda que se lanzó por la red flú sin problemas y que no volvió a exigir su presencia hasta que ya era muy tarde después del papeleo incompleto. Y ahí están ahora.

—Significa que ahora yo respondo hacia tí —resolvió con una sonrisa que Harry no entendía, él estaba muy ocupado sintiendo el estómago revuelto y pesado.

Tenía esclavizada a esta mujer, eso es básicamente lo que sucedía.

La risa de Cerna interrumpió los pensamientos de Harry, no tenía sentido que estuviera riendo en una situación así.

—Descuida, Jefe Potter, sé que no quieres esto —sonrió ampliamente, como si Harry fuera un objeto de ternura—. Sin embargo, no puedo cambiarlo, no yo sola.

—¿No puedo simplemente liberarte? ¿Desear que te vayas o algo así?

—No soy un elfo, conmigo no funciona de esa manera —suspiró—. Te propongo algo, Jefe Potter. Hagamos un intercambio de lugar sin las habilidades de una Desiré de por medio.

—¿Qué?

Decir que Harry estaba confundido era poco, estaba realmente desorientado

—Jefe Potter, yo he visto tu línea de vida, pude verlo cuando bajaste por mí y, si tú no me hubieras liberado, esto no estaría pasando. Esto es una oportunidad que no podemos perder —dijo con labios temblorosos. Por primera vez, desde que Harry la vio, luce cuerda, consciente de dónde está.

—Explícame —pidió.

—Yo puedo conceder deseos, Jefe Potter, de todo tipo, no sólo los que las Desiré impusieron hace años para alterar la línea. Si tu lo pides, oh, Jefe Potter, si tu me lo pides, puedo mostrarte tu línea, en cualquier tiempo que lo desees. Podrás ver el pasado o el futuro, y ellos no se alterarán porque tu destino aún se está formando. El destino estaba esperando esta reunión.

—¿Y qué se supone que vería? —preguntó, dudoso de siquiera aceptar.

—Si me permites elegir —sugirió con voz temblorosa y sombría—. Te mostraré aquellos eventos chispa que marcan tu destino indudablemente si sigues este curso.

—¿Y tú qué obtienes?

Cerna suspiró un par de veces antes de estirar sus manos hacía Harry, mostrando unas líneas negras que subían como espiral desde la palma de su mano hasta sus brazos, perdiéndose más allá de sus hombros. Parecía un tatuaje.

—Esta es mi línea de vida, he vivido más siglos de los que puedo recordar —tembló—. Si tu lo deseas, Jefe Potter, podrías intercambiar tu línea con la mía y liberarme, y como seré libre, tú no estarás atado a ningún ser o conocimiento que respecte a la Línea de la Vida.

Quizá había un engaño y otras intenciones ocultas en el trato de Cerna, pero aún con aquella posibilidad, Harry respiró hondo y extendió su mano hacia ella antes de hablar: —Muéstrame.

Los ojos de Cerna brillaron y sin dudar o esperar un minuto más, tomó la mano de Harry entre las suyas. Un fuerte viento los azotó de inmediato, la clase de viento que se sentiría en el desierto: un torbellino de arena áspera y caliente que amenaza con enterrar la garganta. Y luego estaban en el polo norte. Bueno, no era el polo, pero estaba helando y parecía que copos de nieve caían de lo que sea que estuviera sobre ellos. Todo estaba igual de blanquecino, pálido y frío.

—¿Dónde estamos? —preguntó en un susurro. Todavía sentía las manos de Cerna sobre las suya.

—No te sueltes de mi, no importa qué pase —advirtió con los ojos más brillantes que Harry jamás ha visto, casi podría verse reflejado en ellos como si fueran un par de espejos relucientes.

Harry asintió y apretó con firmeza la única mano que Cerna dejó sujetándolo. Ella extendió la mano y con un movimiento fácil de derecha a izquierda, un montón de hilos se extendieron frente a ellos. Harry se escucha a sí mismo jadear cuando un tirón en el pecho lo llama a observar un hilo rojo brillante. Basta compartir una mirada con Cerna para confirmar que esa es su línea de vida.

—Esa es tuya —asintió ella, apuntando el hilo rojo e indiscutiblemente corto—. Tiene torceduras, ¿ves? Por allá atrás.

Cerna tira de su mano y caminan casi al comienzo del hilo rojo. Hay un nudo y varias torceduras que bien podrían estar formando la figura de un rayo, y ahí, justo donde están las torceduras nudosas, hay dos líneas cortadas, como si fueran hilos arrancados de alguna bufanda; ya no brillan ni tienen un color chispeante, pero aún se distingue un intenso color naranja y otro dorado, como si pudiera ser hecho del oro mismo, aunque Harry podría jurar que tiene manchas rojizas. Son sus padres. Eran.

Cerna aprieta su mano y lo guía a otro nudo con torceduras, estas también forman un rayo, como de una tormenta eléctrica. Está tan torcido. A la misma altura hay un montón de líneas terminadas, arrancadas, cortadas, apagadas, muertas. Como de una guerra. De la guerra mágica.

—Tú hilo debía terminar ahí —señaló el nudo con mano temblorosa—. En cada nudo se encuentra la unión del fin de tu vida con la magia de otros y la tuya misma. Pero no hay más.

Caminaron hasta el final de su línea, Cerna apretó su mano con más fuerza de la que Harry podría dar crédito a su cuerpo delgado, y estiró su mano libre hasta el primer destello del último tramo de su hilo.

Harry realmente parpadeó ante un flagrante chispazo, como si pudiera quemar sus ojos. La siguiente vez que abrió los ojos estaba frente a Ginny.

Ella sonreía y saludaba desde una tarima, asintió en alguna dirección y, con una sacudida de su varita hacía su espalda, cayó una inmensa cortina encantada, en ella se mostraba Ginny, es decir, una foto mágica suya. Sonreía y adoptaba su clásica pose de cazadora, se repetía en un bucle que Harry no podía dejar de admirar.

Sólo apartó su mirada para observar a su esposa. Ella ya lo estaba mirando, toda sonrisas y ojos brillantes mientras le mostraba su nueva placa "Jefa Editora Deportiva".

—Ella trabajó mucho para llegar ahí, y sin ti no hubiera sido posible. Ese evento es la chispa de ella, la que tú causaste para que su destino se encaminara. Ya no te necesita —sentenció Cerna, luciendo incluso algo triste.

Harry sacudió su cabeza, aturdido por las luces frente a sus ojos y tantas imágenes rápidas. Cerna no lo dejó estabilizar, su mano se extendió a los siguientes destellos, Harry sabe que son sus hijos incluso antes de que los dedos de Cerna provoquen las chispas cegadoras en sus ojos.

Puede ver a James volando con una pelota bajo el brazo, lanzándola justo a tiempo para que atraviese el aro más alto, el estadio estalla en gritos, estruendos y fuegos artificiales. Se distingue el nombre de su hijo por encima de todo el griterío. Harry siente que él mismo grita antes de ser emboscado por el tumulto que es James. Su hijo vuela en su dirección con velocidad impresionante, se detiene con precisión y se lanza a sus brazos en un abrazo apretado. Exclama haberlo logrado en su oreja, repite agradecimientos y se carcajea de felicidad; Harry se escucha a sí mismo reír y vitorear el trabajo de su hijo. Luego chispas cegadoras.

Albus aparece en medio del patio, sosteniendo una taza fea, exclama que no le gustan los viajes en traslador y abraza a su madre. Repite que fue un viaje asombroso, que aprendió mucho y que ahora tiene un nuevo trabajo de profesor en Hogwarts. Harry se siente a sí mismo abrazando el cuerpo delgado de su hijo mientras le pregunta con entusiasmo sobre el viaje y su trabajo, Albus le cuenta con ojos brillantes las maravillas que encontró, los mejores secretos de las varitas mágicas y sus planes de investigación; le agradece entre risa por lanzarlo al otro lado del país y vuelven a compartir abrazos. Nuevas chispas.

Lily sonríe y casi que brinca alrededor de una estancia vacía, gira sobre sus pies y ríe. Harry se escucha preguntar qué le parece, Lily grita que es perfecto y agradece con una sonrisa radiante, se disculpa por dejarlo solo pero promete ir a visitarlos, Harry hace un ademán para restarle importancia y la estrecha en sus brazos. Después de mantenerse en silencio, Harry le asegura que estará a su lado incluso si viven bajo techos diferentes, le repite incontables veces lo mucho que la ama y lo orgulloso que está de ella.

Las chispas que continúan lo llevan de vuelta frente a su hilo, aferrado a la mano de Cerna. Es consciente de su respiración agitada, pero no está seguro a qué se debe. Cerna señala un destello más atrás en su hilo, después del segundo nudo, de inmediato siente quién es.

—Por allá está la chispa de tu ahijado —asintió Cerna, mostrando una sonrisa pequeña y ojos amorosos—. Marcaste su línea con muchas chispas, Jefe Potter, un intercambio justo por ser la chispa más brillante de tu propia línea. No creo que exista una historia donde sea diferente y ustedes no estén juntos, como los extremos de una misma costura.

—¿Y cuándo acaba? —preguntó finalmente, sonando sombrío y honestamente asustado—. ¿Cómo?

—Terminaste de alinear los destinos de aquellos que te rodean, Jefe Potter, la Línea entiende que tu misión de vida está más que completa, y dada tu deuda, tu vida acabará en la primera misión que tomes —sentenció—. Los detalles no importan, sólo son relevantes en las líneas de los vivos. Aquellas no las podemos ver, pero siguen y siguen sin ti.

Harry traga lo que parece una gran plasta de arena y encuentra los hilos de su familia: el cálido amarillo de Ginny, el azul profundo de James, el verde brillante de Albus y el suave violeta de Lily; sus lineas siguen más allá de la de Harry, brillantes, sin torceduras y vivas. Solas. Casi puede sentir su corazón apretarse hasta romperse.

Escucha su respiración agitada y asiente en dirección a Cerna.

—Si… si cambio de línea contigo, ¿qué pasará?

Fue el turno de Cerna de respirar agitada y mostrarse temblorosa, Harry incluso temía que soltara su mano.

—El final de tu línea se volverá mi fecha de muerte, mi libertad —respondió, luchando con el temblor de sus labios—. Y tú vivirás mucho tiempo, no serás esclavo de nadie, pero… no morirás tan pronto como promete tu línea actual.

—¿Qué tanto es mucho tiempo? —preguntó desesperado, por alguna razón sentía que moriría en minutos.

—La verdad es que no lo sé —admitió con pesar, luciendo realmente devastada—. La Línea no entiende de tiempo, sólo acontecimientos. Cuando tus chispas alinean tu destino y lo cumples, mueres. Es todo. Tu… Jefe Potter, podrías incluso conocer a tus bisnietos. No lo puedo asegurar, pero puedo prometer que estarás ahí, vivo y sano hasta el último aliento de tu primera familia. Ellos no sufrirán por ti.

Ellos no lo verían morir, pero él sí los vería morir a todos.

—¿Qué hay de sus destinos? No quiero arruinar lo que están formando ahora. No puedo hacerles eso, es peor que morir.

No podría vivir sabiendo que arruinó sus vidas, no estaba en discusión.

—Tu chispa en la vida de ellos es la que acabas de ver y tu muerte. El curso no cambia, su destino ya se está formando, no hay forma de que lo cambies, no sin ser una Desiré.

—¿Y entonces qué haré? ¿Cuándo moriré? —preguntó con cautela.

—Mi línea se extiende bajo muchos destellos futuros, Jefe Potter, millones —suspiró, como si Harry ya la hubiera rechazado—. Deberás crear chispas en otras líneas hasta cumplir con el recorrido.

—Entonces sí seré un esclavo.

—No, Jefe Potter, tu mera existencia es capaz de crear chispas, no imaginas a cuántos magos has encaminado a su destino tan sólo por haberte conocido —sonrió—. Yo soy una de ellas. Y no tuviste que hacer magia o mostrarme nada, no tuviste que trabajar para impactar. Lo haces sin darte cuenta. Te prometo que no serás un esclavo, sólo es…

—Como un pago —concluyó Harry, dándose cuenta finalmente de qué hablaba Cerna la segunda vez que hablaron—. Esta es tu deuda.

—Esta es mi deuda —reafirmó ella, triste y con lágrimas en los ojos—. Es más difícil para mí pagarla, mucho más después de haber estado atrapada. Las personas no entienden nuestro propósito, nunca lo hicieron, por eso inventamos los deseos tramposos, así podíamos crear los eventos chispa y acercarnos a la libertad. Yo no soy como tú, Jefe Potter, yo no sé ayudar sólo porque sí, tiene que haber un propósito. Pero tu… a tí no te importa más que ayudar.

Harry la observó en silencio, lanzando miradas a las líneas como hilos, curioso de ver todas y cada una de ellas.

—Entendería si dices que no —susurró.

Cerna también miraba una línea, roja y opaca, iluminada por destellos en todas partes, Harry no alcanzaba a ver su principio ni su final.

—¿Cómo sabes que serás libre y que yo no me convertiré en ti? —preguntó en voz baja. Cerna apuntó las líneas, como si se explicaran por sí mismas.

—La Línea sabrá que estoy en una línea humana, sin poderes de una Desiré; también sabrá que no eres más que un mago, así que no dejará los poderes Desiré para un humano.

—Bien —habló por fin—. Lo haré.

Cerna se toma la molestia de mirar detenidamente sus ojos, recorrer su rostro lentamente y preguntar: —¿Estás seguro?

—Definitivamente —aseguró.

La mujer asintió solemne, se colocó frente a Harry y tomó sus muñecas. Cerna cerró los ojos y comenzó a balbucear en un idioma que Harry no comprendió ni se molestó en adivinar, en cambio, observó como las líneas de los brazos de Cerna se movían hasta pasar a sus propios brazos. No dolía, era un simple cosquilleo.

No pasaron ni dos minutos cuando el cuerpo de Cerna estuvo limpio de líneas, Harry, por otra parte, parecía cargar con un montón de aros, luego desaparecieron.

—¿Funcionó? —preguntó cauteloso.

Ambos miraron a la Línea. La línea brillante y con un prematuro final seguía roja, pero ahora era opaca, adornada con destellos que parecían empalmados. La línea que aparentaba no tener ni principio ni final ahora era de un rojo brillante, con múltiples destellos sobre el rojo vivo, y otro montón esperando en el resto.

Antes de poder decir algo, un fuerte viento arenoso los envolvió hasta devolverlos a la casa de refugio. Cerna observó sus brazos, se soltó de Harry para tocar su cara y finalmente se rió con incredulidad.

—Funcionó.

—Hola —saludó Ginny, con su sonrisa brillante y cariñosa. Lo recibió con un abrazo y un beso antes de preguntar—. ¿Qué haces en casa tan temprano? Creí que saldrías más tarde por todo el alboroto del último caso.

—Está bajo control—respondió simplemente, sonriente, vivo—. En cuanto a mí, estaba comprando tiempo para volver contigo.

Ginny le sonrió con ojos pequeñitos, cabeza ladina y el amor más hermoso que Harry jamás podría imaginar. Cualquier cosa valía la pena por un sólo segundo a su lado, lo que fuera.