Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es beautypie, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to beautypie. I'm only translating with their permission.


Advertencia: El capítulo contiene violencia y muerte.


Capítulo 17

Sed de sangre

—No deberías haberla dejado atrás.

—No estoy de humor para un maldito sermón, anciano —espetó Edward, presionando más fuerte el acelerador de su Maserati mientras aceleraban por las calles oscuras—. No me diste más información además de ese estúpido 'SOS'. Por supuesto que mi instinto era mantenerla alejada de una posible pelea.

Carlisle decidió morderse la lengua y eligió inclinar la cabeza hacia atrás con un suspiro.

—Lo juro por Dios —comenzó a gemir su hijo—. Si ella... no sé qué haré.

El rubio realmente debió haberse ablandado con el chico, porque las palabras doloridas de Edward lograron tirar de las fibras sensibles que alguna vez tenía.

—¿Está sola?

—No. —Una pausa tensa—. Está en una de las casas seguras de Bluewave con algunos de los hombres de Atticus. Y Rosalie.

—¿Rosalie? —repitió Carlisle incrédulo—. ¿La maldita topa? Pensé que habías dicho que te estabas ocupando de...

Estábamos ocupándonos de ello —interrumpió Edward—. Ella... Wynona tiene a su hija, por el amor de Dios. Es la única razón por la que tuvo las pelotas para jugar a ser espía. Y ya sabes de lo que es capaz esa mujer cuando se trata de niños. Nosotros... negociamos con la chica. Rose sabe más sobre la organización de Wynona que Banks. Estaba en medio de proporcionarnos más información cuando me llamaste.

Carlisle negó con la cabeza.

—La niña ya está muerta. Lo sabes.

Edward soltó un suspiro brusco.

—Bella también. Pero aún teníamos que hacerle creer que seríamos capaces de salvarla. Para que hablara.

No les llevó mucho tiempo llegar a la casa segura, que era una casa de campo de un piso en las afueras del estado. Las luces estaban encendidas, pero los trajeados que Edward había dejado atrás ya no estaban en pie.

Carajo —maldijo para sí mismo el joven Cullen mientras salían juntos del coche.

Sin embargo, una vez que estuvieron fuera de la puerta principal, Edward sintió una oleada de esperanza cuando escuchó una voz femenina familiar en el interior, murmurando algo incoherente una y otra vez.

¡Bella...!

Sin embargo, su voz se cortó bruscamente una vez que abrió la puerta y observó por completo la escena en el interior.

Bella Swan estaba viva. Pero estaba... empapada. En sangre. De la cabeza a los pies. Su blusa blanca y sus jeans no parecían tener una sola porción que no estuviera empapada. Y estaba encorvada en medio de la pequeña sala, con las palmas de las manos sobre el pecho inmóvil de Rosalie mientras continuaba bombeando y dándole RCP.

Y a su alrededor había lo que parecían ser casi una docena de cadáveres de hombres, con sus pistolas y AMG tiradas a un lado. Lo extraño era que no todos parecían haber muerto de la misma manera. Todos recibieron disparos de ametralladora, sí, pero un puñado de otros también parecían haber sido apuñalados en un frenesí varias veces en la cara y el pecho.

¿Cómo…?

—Vamos, vamos, vamos —murmuraba Bella mientras seguía bombeando el pecho de Rosalie. Se inclinó una vez más para soplar aire en la boca de la mujer claramente muerta.

—Bella… —murmuró Edward, todavía a varios pasos de ella.

Fue Carlisle quien finalmente dio un paso adelante, su expresión extrañamente pasiva mientras caminaba de puntillas alrededor de los cuerpos, para alejar suavemente a Bella de la rubia inmóvil y ponerla de pie.

—Detente. Se acabó.

Bella levantó la cabeza para mirar a Edward, con los ojos muy abiertos y las mejillas manchadas de sangre. Claramente, nada de eso era suyo.

—Soy tan estúpida. Debería... Me dejé llevar.

Edward caminó lentamente hacia ella, extendiendo la mano para sujetarla por los antebrazos.

—¿Qué pasó?

Sus dulces ojos marrones comenzaron a llenarse de lágrimas.

~DF~

Más temprano

Rosalie tomó un sorbo del té que Bella le había preparado, las manos todavía temblaban por la ansiedad. La última esperó pacientemente a que se relajara antes de volver a interrogarla.

—Necesitamos saber todo sobre sus jugadores principales, Rose —pidió suavemente, extendiendo la mano para sostener la de la rubia en la encimera de la cocina—. Sus socios más confiables.

—Para llegar a Wynona, tendrás que pasar por Laurent —dijo Rosalie con sombríamente—. Él también es el más cercano. Tiene su propia... fortaleza en lo profundo del bosque al este del lago Crescent, pero vuela de aquí para allá cada pocos días. Pero si... si Bluewave planea enfrentarse a él allí, no creo que puedan salir con vida. Sus suministros son de otro mundo.

Bella asintió.

—Bueno, ¿cómo es?

—No lo sé —suspiró Rosalie—. Solo lo vi un par de veces. Es un poco extravagante. O tal vez simplemente italiano. Le gusta la cocaína y las chicas. Wynona lo mantiene bien alimentado en ese aspecto.

—¿Qué tipo de chicas?

La rubia tuvo que pensar en eso por un rato.

—Wynona hace que las chicas vayan a su finca en Florida. No sé si tiene un tipo, pero las obliga a vestirse elegantemente. Eso es lo que he oído.

Eso es algo, pensó Bella.

—¿En qué sentido?

—¿Victoriano? —supuso Rosalie—. Solo vestidos grandes y elegantes, con corsés y todo. Es extravagante, como dije. Organiza una especie de fiesta gigante en su casa cada dos noches...

—Espera. ¿Escuchaste eso?

Las dos mujeres se quedaron en silencio y luego lo escucharon de nuevo. Un leve, pero claro susurro que venía de la hierba alta que rodeaba la casa de campo.

No pudieron perderse el primer disparo afuera.

—¡Mierda! —maldijo Bella, corriendo de inmediato y agachándose detrás de la encimera de la cocina y tirando de Rosalie del brazo con ella. Como Edward la había preparado en qué hacer en caso de una emergencia, sacó la ametralladora cargada escondida debajo del fregadero.

—No puede ser... —gritó Rosalie, con la respiración entrecortada—. No... No podrían haber...

—Agáchate, Rose —dijo Bella, poniendo una mano tranquilizadora sobre el hombro de la chica.

—¿Sabes cómo usar eso?

Bella frunció los labios por un momento, amartillando la gran pistola una vez.

—No puede ser tan difícil. Al menos, eso espero.

En cuanto escuchó que la puerta se abría de golpe, Bella decidió dejar que sus instintos tomaran el control. Esperó a que los pasos se acercaran —eran jodidamente muchos, pensó sombríamente— hasta que todos sonaron como si estuvieran en la sala. Respiró brevemente en silencio antes de finalmente juntar el coraje para ponerse de pie rápidamente y disparar consecutivamente.

Bella gritó incoherentemente mientras lo hacía, y sintió una extraña oleada de... satisfacción en el pecho mientras veía a los hombres que estaban frente a ella caerse antes de que tuvieran la oportunidad de apuntar sus armas. Un hombre logró rozarle el brazo, al menos, pero ella no podía sentir nada. Tal vez era lo que era, una descarga de adrenalina.

¿O no?

Sintió que sus labios se curvaban en una sonrisa una vez que logró derrotarlos a todos. Pero no todos estaban muertos. Aún confiando en la pura intuición, dejó la ametralladora a un lado y tomó un cuchillo de cocina de los cajones.

—Bella, ¿qué estás...? —susurró Rosalie preocupada.

Aparentemente, ella tampoco podía oír nada. Caminó hacia la pila de cuerpos retorciéndose en el suelo, pateando sus armas mientras lo hacía. Se sentó a horcajadas sobre el hombre más cercano que todavía estaba vivo y presionó el extremo afilado del cuchillo contra su garganta.

—¿Quién te envió? —preguntó en voz baja.

Vete al diablo —escupió el hombre—. Eres una de las putas de Edward. Tú...

Sus acciones llegaron primero antes de que realmente se registraran en su cerebro. Comenzó a apuñalar su pecho y su rostro violentamente, automáticamente, como un reflejo de ser irrespetada. Y continuó haciéndolo mucho después de que los gritos del hombre cesaran.

Bella se puso de pie lentamente, se dio la vuelta e interrogó al resto de los que aún estaban vivos de la misma manera. Uno de ellos confesó ser de Wynona. Otro pudo revelar que pudieron encontrar la casa segura porque habían seguido a Edward ese mismo día. El último hombre con el que habló pudo admitir que la emboscada en la propiedad de Carlisle fue una distracción. Matar a Rosalie antes de que ella hablara era el objetivo principal, mientras que secuestrar a Bella era el secundario.

Estaba extremadamente concentrada en obtener la información que necesitaba, por lo que no se dio cuenta de que otro hombre, que permanecía ileso y que previamente se había escondido detrás de la puerta principal, silenciosa y cuidadosamente apuntaba hacia su espalda expuesta desde la ventana abierta.

Pero Rosalie sí lo vio.

¡No!

Bella escuchó eso, esta vez. Y el siguiente sonido no pudo ignorarse en absoluto. Escuchó el disparo tan pronto como se disparó y esperó el dolor posterior, pero no sintió nada. En cambio, escuchó un ruido sordo detrás de ella.

El instinto se apoderó de ella una vez más y tomó la pistola de una de sus víctimas mientras se daba la vuelta. El hombre se había quedado quieto, posiblemente todavía confundido sobre a quién acababa de disparar en esa fracción de segundo. Apuntó fácilmente a la cabeza del hombre y disparó una vez. Perfectamente.

—Delilah…

Bella soltó inmediatamente el arma y se arrastró al lado de Rosalie. Mierda. Carajo. La sangre se estaba acumulando demasiado rápido. Esa era una mala señal. Ella había visto esto antes...

—No puedes morir —murmuró Rosalie, ahogándose con su propia sangre—. Aún tienes que salvarla.

La morena extendió una mano temblorosa para evaluar las heridas de la chica. Realmente no se veía bien. Aun así, decidió mentir: «Estarás bien».

Por favor —suplicó—. Delilah es lo único bueno que tengo en este mundo. Ella... Ella no se merece esto.

—Lo sé —susurró Bella, encorvándose sobre ella mientras luchaba para que las lágrimas no cayeran—. Lo haré. La salvaré. Lo prometo.

Rosalie cerró los ojos y una lágrima le rodó por la mejilla.

—Gracias, Bella.

—Lo siento... mucho, Rose.

Silencio.

—¿Rose?

~DF~

Presente

Se sirvió otra copa de brandy —de baja calidad, pero no había mucha variedad en la destartalada casa segura— y dio vueltas a su bebida pensativamente mientras observaba a su equipo limpiar el desorden en la sala de estar.

—Hemos estado trabajando demasiadas horas extra últimamente, Carlisle.

Carlisle bebió primero antes de responder.

—Sabes que soy bueno para ello.

—El pago no es el problema —aclaró Zafrina, cruzando los brazos mientras se sentaba junto a él en un taburete de la encimera de la cocina—. Tu guerra está haciendo demasiado ruido. Dos masacres en un solo día... son demasiados cuerpos en poco tiempo. Las matanzas en Jacksonville fueron un juego de niños comparadas con esto. Tus conexiones con el fiscal del distrito sólo pueden dejar pasar una cantidad determinada de una sola vez.

—No tienen otra opción —dijo Carlisle—. ¿Han olvidado lo mucho que he hecho por ellos? ¿Por este maldito país?

—Nunca lo olvidarán —Hizo una pausa por un momento—. Pero tal vez puedas hacerles más favores, para aumentar el incentivo. Las elecciones se aproximan, después de todo.

Carlisle puso los ojos en blanco y se inclinó hacia delante para apoyar los antebrazos en la encimera.

—¿Qué, más amantes a las que derribar? ¿Secuestros que organizar? ¿Drogas que distribuir estratégicamente? Sabes que me estoy haciendo demasiado viejo para esa mierda.

—Entonces quizás puedas hacer una transferencia. A tu… heredero. Aún no nos has presentado apropiadamente.

Carlisle sonrió ante eso.

—El chico ya tiene suficiente en su plato ahora mismo. Y si están tan presionados por el lío que estoy causando, ¿por qué no dan una mano en esta guerra para derribar a Wynona?

—Ya están haciendo lo mejor que pueden. La seguridad de los Cullen está siendo reemplazada y aumentada por ellos mientras hablamos. Pero en cuanto a la información... sabes que pasarla a tu lado legal lleva tiempo. Toda esa burocracia. Y tu enemigo tiene sus propias conexiones fuera del país con las que somos reacios a entrometernos.

—Exactamente —gruñó Carlisle, frotándose la sien—. Dios, tengo que hacer todo yo mismo, ¿no?

—Es la razón por la que el gobierno te ama. —La mirada de Zafrina se volvió hacia los cuerpos que llevaban los hombres con trajes para materiales peligrosos—. Debo decir que este caos es impresionante. ¿Y debo entender que fue causado por una sola persona? ¿Y que no fue tu desastre en particular?

Hubo una pausa.

—Lo es. Solo que no directamente.

—No, es el desastre de la misma mujer a la que planeaste disparar hace un tiempo —dijo ella lentamente, mirándolo de nuevo—. Tus decisiones últimamente han sido... intrigantes.

—No es tu trabajo estar intrigada.

—Buen punto. —Zafrina se puso de pie y se ajustó el chaleco—. Pero tendrás que admitir que esta escena me resulta muy familiar. Me imagino que es como mirar tu propio recuerdo. ¿No crees?

La mano de Carlisle se apretó alrededor de su vaso, pero no dijo nada.

—El gobierno te ama, Carlisle —dijo de nuevo—. Nosotros favorecemos a los Cullen, no a Bluewave. No sabemos nada sobre Isabella Swan. Si no conseguimos algún tipo de seguro...

—Lo conseguirás —dijo simplemente—. Yo daré fe por ella.

~DF~

Edward supuso que incluso su tenaz Bella Swan tenía sus límites. Ella estaba severamente afectada por lo que había ocurrido esa noche. Y él también.

Se sentaron uno frente al otro en una cafetería abierta las veinticuatro horas a unos pocos kilómetros de la casa de seguridad. Ella estaba recién duchada y llevaba un conjunto de ropa limpia —tuvo que conformarse con la camisa a cuadros y los jeans sueltos disponibles en la casa— sobre un vendaje en su brazo, pero el dolor en sus ojos que él había visto antes permanecía.

Todavía no había tocado la salchicha y los huevos que él le había pedido.

—Tienes que comer —dijo Edward suavemente.

Bella asintió lentamente, con la mirada fija en la mesa.

—Lo haré. Sólo estoy... pensando.

—Entonces piensa mientras comes.

—Edward... —suspiró—. Sé sincero conmigo. Fue una muerte sin sentido, ¿no? Ella murió por mi culpa. Y se podría haber evitado.

Edward apretó la mandíbula.

—Sucede. No puedes culparte.

—No sé qué me pasó allí —continuó, juntando las manos sobre la mesa—. Perdí la cabeza. No estaba pensando. Sólo seguí y seguí y seguí...

Intentó con todas sus fuerzas no pensar en ello. En la familiaridad de la situación. Pero era imposible.

—Es sed de sangre.

La mirada de Bella se volvió hacia arriba para finalmente encontrarse con la de él.

—Ya lo he... visto antes —murmuró Edward—. Es mi culpa. No debería haberte dejado atrás para que te las arreglaras por ti misma. Al menos, debería haberte entrenado primero. Ese fue tu primer encuentro con algo tan peligroso. Lo... Lo siento mucho. Nunca volveré a dejarte tan desprotegida, especialmente ahora que sabemos... que Tanya se ha vuelto contra nosotros.

Bella frunció los labios y su ceño se profundizó al recordar la traición. Tanya... Sabía que su entrenadora de Bluewave ya no la veía como una amiga después de la revelación sobre su pasado, pero lo último que esperaban era esto.

No quería hablar de ello. O incluso pensar en ello todavía. El dolor era demasiado reciente. Demasiado.

Después de varios minutos de reflexión, Bella preguntó en voz baja: «Entonces, esta sed de sangre... ¿Es lo mismo que pasó con tu padre? ¿El catalizador del golpe?».

Cerró los ojos momentáneamente. Había olvidado que le había contado eso.

—Ahora tiene sentido —dijo casi en un susurro—. Su interés y debilidad por mí. Él se ve a sí mismo. Yo... no sé cómo sentirme al respecto.

Edward suspiró.

—No seas demasiado dura contigo misma.

—Es fácil para ti decirlo —Bella se rió entre dientes sin humor—. Siempre has tenido el control.

—No.

Bella frunció el ceño.

Supuso que ahora era el mejor momento para discutirlo, si es que había alguno.

—Bella, solo porque no le haya disparado a nadie recientemente no significa que nunca haya matado antes.

—No... solo asumí...

—Bueno, sí lo he hecho. Más veces de las que puedo contar. —Edward suspiró de nuevo—. Créeme, todos tienen sed de sangre cuando se encuentran en la situación adecuada. El poder sobre las vidas de otras personas... Es una sensación como ninguna otra. Eso fue lo que sentiste, ¿verdad? ¿Una oleada de poder? ¿Satisfacción?

Bella asintió lentamente.

—Está bien —le aseguró, sonriendo débilmente—. Lo siento cada vez que me ponen en esa situación. Pero es una elección, cariño. Una elección consciente que lleva tiempo y compromiso hacerla continuamente.

Bella parpadeó lentamente, procesando sus palabras.

—Ya veo. Eso tiene sentido.

Edward frunció los labios.

—Lo creas o no, Carlisle también solía poder controlarlo. A su manera.

Ella abrió mucho los ojos ante eso.

—Quiero decir, nunca fue un santo —aclaró Edward, riendo suavemente—. Siempre le había resultado fácil... matar, quiero decir, sin remordimientos. Me enseñó que era la mejor manera de enviar un mensaje... y todavía estoy de acuerdo con eso, hasta cierto punto. También es lo que lo hizo tan formidable y poderoso como lo es hoy. Pero nunca se pasó de la raya ni se volvió demasiado descuidado al respecto. No hasta que...

No tuvo que terminar para que Bella lo entendiera y asintiera solemnemente.

—Lo entiendo.

Edward sonrió suavemente.

—Dime, cariño. ¿Quieres tomar esa decisión?

—Sí. No quiero que esto vuelva a suceder. —Bella finalmente tomó su tenedor y comenzó a comer. Entre bocado y bocado, a mitad de la comida, decidió preguntar suavemente—: ¿Crees que está un poco mejor ahora? Me refiero a Carlisle.

Él tomó un sorbo de su refresco antes de responder.

—¿Qué quieres decir?

—¿Aún crees que está fuera de control?

Edward jugueteó con el borde de su vaso mientras reflexionaba sobre eso. Al final, decidió permanecer en silencio.

~DF~

Tanya se despertó en una habitación desconocida, pero acogedora. Aunque tenía la cabeza pesada por las drogas, todavía podía sentir un dolor agudo y persistente en el costado de su vientre.

Le habían disparado. De alguna manera lo recordaba. Luego la arrastraron, medio muerta, y la metieron en la parte trasera de una camioneta. Allí fue donde se desmayó. Y ahora estaba aquí, donde sea que estuviera aquí.

Gimió suavemente mientras se sentaba en la cama de dos plazas. Las sábanas eran extrañamente infantiles. Así como el papel tapiz y el piso. ¿Estaba en la habitación de un niño? Pero eso...

—Me obligaste a actuar, pequeña Tanya. Ahora estamos en un lío muy serio.

Se sobresaltó al oír la voz familiar y empalagosa que provenía de una mujer sentada en una mecedora situada al otro lado de la habitación. Wynona estaba sentada allí, vestida con un vestido largo y cómodo, con lo que parecía ser un niño pequeño de unos tres años durmiendo en su regazo. La mujer mayor le sonrió suavemente mientras mecía al niño.

—También pensé que nunca despertarías —murmuró Wynona, acariciando el costado de la cabeza del niño—. Has estado inconsciente durante días.

Tanya exhaló lentamente, agarrando las sábanas a sus costados.

—¿Dónde estoy?

—No importa. Mis chicos pasaron por muchas dificultades para recogerte, ¿lo sabías?

Apretó los dientes.

—Me disparaste.

—Intentamos hacer que tu secuestro fuera lo más creíble posible —explicó—. Desafortunadamente, el esfuerzo fue en vano. Los Cullen no parecen venir por ti.

En ese momento, Tanya no pudo evitar sonreír amargamente.

—Por supuesto que no. Nunca esperé que lo hicieran.

—También me has hecho perder a muchos de mis hombres —dijo Wynona, ahora en voz baja—. Y no pudimos cumplir tu deseo de matar a Fortuna. No nos mencionaste lo mucho que puede defenderse. Mis muchachos de New Haven han sido eliminados, todo por su propia mano.

¿Qué?

—Estás bromeando.

Los ojos de Wynona se dirigieron hacia ella, y Tanya se estremeció ante la frialdad en sus orbes gris oscuro.

—Nunca bromeo sobre la guerra.

Tanya dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Entonces no has cumplido tu parte del trato.

La mujer se puso de pie lentamente, trayendo al niño con ella mientras caminaba hacia el costado de la habitación donde había una cuna más pequeña. Acomodó suavemente al niño en la cama y lo besó en la frente antes de regresar al lado de Tanya.

Había una agudeza en su mirada.

—Aún no confío en ti —dijo Wynona mientras se sentaba en el catre—. Todavía no te entiendo. En todo caso, tienes que demostrarme lo que vales, no al revés.

Tanya entrecerró los ojos.

Sabes que soy valiosa. He estado con los Cullen durante más de una década. Fui la mano derecha de Edward y, luego, la esposa de su propio padre. Y no voy a dar ninguna información a menos que Fortuna esté muerta.

—¿Por qué? —Wynona se inclinó, sus peculiares ojos grises recorriendo el rostro de la rubia—. Siempre has sido leal a Carlisle. Incluso traicionaste a su propio hijo por él antes de que fuera admitido. Entonces, ¿por qué de repente enviarías un mensaje a mi gente en Oregón, ofreciendo convertirte en traidora de los mismos hombres que te acogieron y te dieron una nueva vida? ¿Todo por el precio de la muerte de una mujer?

—¿Una nueva vida? —repitió Tanya, riendo amargamente—. Sí, supongo que tienes razón. Pero, ¿qué clase de vida?

Wynona inclinó la cabeza confundida.

—No tienes idea de lo que esa familia me ha hecho pasar —dijo Tanya temblorosamente—. Y aunque he cumplido con mi deber y lealtad durante la mayor parte de mi vida, incluso yo tengo mis límites. Estoy... simplemente agotada, Wynona. Estoy completamente agotada.

—Hmm. —La mujer mayor la miró de arriba abajo—. Pero tú lo amas, cariño. ¿No es así?

Tanya bajó la mirada hacia su regazo, con los labios temblorosos.

—Eso, querida, es una debilidad. Y aunque creo que usar las debilidades contra los demás es eficiente, no me gustan particularmente, especialmente esta. El amor hace que las personas sean impredecibles.

—Lo amo —dijo Tanya, pero su tono era molesto—. Ese es el punto de todo esto. Él... nunca se preocupará por mí como yo lo hago. Y aunque podría haber aceptado eso por el resto de mi vida, lo que no puedo aceptar es la compañía que él preferiría mantener y priorizar sobre mí.

—Ah —tarareó Wynona, comprendiendo finalmente—. Te refieres a Dama Fortuna.

—Es estúpido —se rió Tanya—. ¿Sabes? Yo le puse ese nombre. La construí desde cero para Bluewave. Para ellos. No sabía… Mira, soy consciente del monstruo que es mi querido esposo. Por supuesto que preferiría la compañía de monstruos como él. Y tal vez esta sea la única forma en que finalmente pueda verme. Si me vuelvo tan cruel como él.

Wynona se tomó su tiempo para procesar las palabras de la chica, probablemente diseccionándolas una por una para evaluar si alguna de ellas era mentira.

—Tienes razón. Es muy estúpido.

Tanya bajó la cabeza.

—Tuviste un gran comienzo, si ser cruel es el objetivo —continuó la mujer, poniéndose de pie—. Debes saber cuánto valora Carlisle su patrimonio, ¿eh? ¿Su propia casa? Y los acabamos de masacrar a todos. Eso también es culpa tuya.

Los ojos de la rubia se abrieron de par en par. Alessia.

—Quieres decir…

—Ninguna de las partes ganó esta ronda, amor, pero al menos, definitivamente ahora te ve —dijo Wynona, sonriendo dulcemente—. Ahora voy a prepararte algo de cenar. Prometo cumplir mi parte del trato. Siempre y cuando prometas mantener la tuya una vez que la chica esté muerta.

La mujer estaba a medio camino de la puerta cuando de repente se detuvo y se volvió para mirar a Tanya. Había una sonrisa dulce, casi amable en sus delgados labios.

—¿Cómo te gustan los huevos? —preguntó Wynona inclinando la cabeza.

Tanya frunció el ceño.

—Yo... Eh... Revueltos, supongo.

—Qué delicia —respondió Wynona, sonriendo ampliamente. Sus dientes eran anormalmente blancos y radiantes—. A mi también.