Siguiente capitulo, estoy muy emocionada con esta historia la verdad, espero que os guste este trocito tambien y espero tener la siguiente parte pronto!

Cualquier comentario es bienvenido 3


Capítulo 2: Ecos de una Mirada

El sonido de golpes metálicos resonaba en la Corporación Cápsula.

Desde fuera, la cúpula de la cámara de gravedad vibraba con cada impacto, iluminada por destellos de ki azul. Dentro, Vegeta lanzaba golpes furiosos contra un objetivo invisible, su respiración entrecortada y su frente perlada de sudor.

Estaba obsesionado.

No con los androides. No con Cell. Sino con Kakarotto.

Maldito insecto.

Incluso después de un año de entrenamiento en la Habitación del Tiempo, incluso después de romper sus propios límites, seguía estando detrás de él. Goku había regresado de su entrenamiento más fuerte que nunca, con un control del Super Saiyajin que Vegeta aún no comprendía del todo.

Otra vez era inferior. Otra vez ese maldito bastardo lo superaba sin esfuerzo.

—¡GRRRAAH! —Su puño impactó en el suelo, destrozando parte del mecanismo de la sala. Una alarma comenzó a sonar, parpadeando en rojo, pero Vegeta la ignoró.

No se rendiría. No importaba cuánto tuviera que destrozarse en el proceso.

Y mucho menos ahora.

Con brusquedad, apagó la máquina y salió de la cámara. Su respiración aún era agitada cuando entró en la casa. Necesitaba comida.

Pero al entrar en la cocina, se detuvo.

Bulma estaba ahí. Sentada en la mesa, con un café frío entre las manos, con la mirada perdida en la nada.

No le dirigió ni una sola palabra.

Vegeta entrecerró los ojos. No era la primera vez que la veía así últimamente. Pero tampoco le interesaba averiguar qué le pasaba.

Caminó hasta la nevera y sacó algo de comida. Su energía aún estaba inestable, pero apenas le importaba. Solo debía concentrarse en entrenar.

Bulma, por su parte, ni siquiera levantó la mirada cuando Vegeta pasó junto a ella. Pero cuando sintió su ki alejarse de nuevo, su mandíbula se tensó.

No más.

Se puso de pie y salió de la casa con pasos firmes. Si Vegeta no quería hablar con ella, si no quería siquiera verla, entonces haría lo mismo.

Tal vez necesitaba salir de ahí por un rato.

Tal vez necesitaba ver a alguien más.


Monte Paoz

Goku salió de la casa con los brazos detrás de la cabeza, respirando el aire fresco de la montaña. Había dormido mal otra vez. Desde hacía unos días, su mente estaba inquieta, pero no lograba entender por qué.

—¡Papá, date prisa! —La voz de Gohan lo sacó de sus pensamientos.

Sonrió. Estaban por empezar otro día de entrenamiento. Y, aunque Cell era una amenaza seria, algo en su instinto le decía que aún quedaba tiempo antes de la batalla.

—¡Ya voy, ya voy! —Goku se estiró y empezó a flotar lentamente.

Pero justo cuando iba a seguir a Gohan, un ki familiar se acercó a gran velocidad.

Se giró y vio una cápsula voladora descender a unos metros de su casa.

Y de inmediato, sintió algo extraño en el pecho.

La puerta de la nave se abrió y Bulma salió de ella.

Vestía un pantalón corto de mezclilla y una blusa azul sin mangas, con su cabello recogido en una coleta alta. Se veía más… cansada de lo habitual.

Pero cuando lo miró y sonrió con suavidad, Goku sintió que algo dentro de él se movía.

—¿Bulma? —preguntó, sorprendido—. ¿Qué haces aquí?

—¿No puedo venir a visitar a mi mejor amigo de vez en cuando? —dijo ella, con una mano en la cadera.

Goku se rió, pero notó que su energía estaba extrañamente baja. Algo no estaba bien.

—Claro que sí, pero… no sueles venir así, sin avisar.

Bulma bajó la mirada un segundo, pero luego lo miró directo a los ojos.

—Necesitaba salir de casa un rato.

Goku parpadeó. No entendía del todo, pero había algo en su voz que le hizo asentir.

—Entonces quédate un rato —sonrió—. ¡Gohan y yo íbamos a entrenar, pero puedo quedarme a charlar!

Bulma rodó los ojos.

—Sigues igual de simple que siempre —bromeó.

—Oye, no es mi culpa —rió Goku—. Siempre soy yo el que sigue a los demás, nunca planeo nada.

Bulma negó con la cabeza, pero sonrió. Había algo en la simpleza de Goku que la hacía sentir cómoda, incluso cuando su mundo se estaba cayendo a pedazos.

—Bueno, ¿y qué te pasa? —preguntó Goku, inclinando la cabeza—. Pareces… triste.

Bulma sintió un nudo en la garganta.

¿Por qué le resultaba tan fácil hablar con él?

¿Por qué, en lugar de sentirse ridícula por haberse escapado de su casa, se sentía… segura?

Se cruzó de brazos y suspiró.

—Solo estoy… cansada.

Goku la miró con atención. No era como Vegeta, que evitaba los sentimientos. No era como Krillin, que intentaba suavizarlo todo. Cuando él miraba a alguien, lo hacía de verdad.

—Bulma… —Su voz fue suave, más de lo que ella esperaba.

No dijo nada más, pero en esa simple palabra hubo algo que hizo que Bulma sintiera una punzada en el pecho.

Se quedaron en silencio un momento. Pero, para sorpresa de Bulma, el silencio no era incómodo.

Era cálido.

Después de un rato, Goku sonrió.

—Oye, ¿quieres comer algo?

Bulma parpadeó, sorprendida por el cambio de tema, pero no pudo evitar reír.

—Siempre pensando en comida, ¿eh?

—¡Pues sí! Pero también creo que la comida hace que la gente se sienta mejor. Y si estás cansada, comer algo rico podría ayudarte.

Bulma negó con la cabeza, pero su sonrisa se mantuvo.

—Está bien, Goku. Tú ganas.

Se cruzó de brazos, fingiendo molestia.

—Pero más te vale que cocines algo decente.

—¡Cuenta con eso!

Y mientras Goku entraba a la casa con entusiasmo, Bulma se quedó unos segundos más afuera, respirando hondo.

No podía explicarlo. Pero, por primera vez en semanas, sentía que podía… relajarse.

Lo que no sabía era que esta visita marcaría el inicio de algo que nunca había imaginado.