Disclamier: Los personajes son de S. M, y la historia es de mi completa autoría.

Los invito a mi grupo : Las historias de May Jhonson para actualizaciones y algunas imágenes que van con el capítulo.

Paparazzi

~~~~~~~~~~~


Las horas pasan de forma continua, pero yo sigo nerviosa. No debería sentirme así, después de todo, es solo una simple cena. Sin embargo, una inquietud latente me invade, y no puedo evitar preocuparme por lo que va a pasar esta noche. Respiro hondo, tratando de calmarme, y me mentalizo en que quizás Edward solo...

Unos toques firmes en la puerta interrumpen mis pensamientos. Mi corazón da un brinco, y, tras un último respiro profundo, camino hacia la puerta y la abro.

Ahí está él.

Parado frente a mí, luce increíblemente atractivo con un traje gris que resalta la elegancia de su figura. Su porte impecable y la forma en que me observa hacen que un escalofrío recorra mi piel.

Le sonrío lo mejor que puedo mientras él deja que su mirada me recorra de pies a cabeza. Me he puesto el mismo vestido de la otra vez, ya que apenas lo usé en aquella ocasión y, además, no traje nada más adecuado para una cena.

—¿Es demasiado? —pregunto, insegura—. Si quieres, puedo cambiarme y ponerme algo más cómodo.

Edward niega con la cabeza sin apartar la mirada de mí.

—Así estás perfecta —responde con voz serena, antes de hacerse a un lado para que pueda salir de la habitación.

Doy un paso adelante, y él se mueve con naturalidad para dejarme pasar. La distancia entre mi habitación y el comedor no es mucha, pero la caminamos a paso lento. En un gesto inesperado, Edward coloca una mano sobre la base de mi espalda, justo en la zona descubierta del vestido, y acaricia suavemente mi piel con la yema de sus dedos.

Me estremezco, y giro la cabeza hacia él con una ceja en alto. Su toque es distinto a la última vez; no me incomoda, no me hace dudar. Esta vez, su contacto me agrada, y un tumulto de emociones me embarga. No sé si es el ambiente, la forma en que me mira o simplemente mi propia confusión, pero hay algo en el aire que hace que todo se sienta diferente.

Cuando llegamos a la planta baja, veo que la mesa ya está puesta y servida para ambos. Los platos, las copas y los candelabros con velas crean una atmósfera íntima y cuidadosamente preparada.

Edward se adelanta, toma el respaldo de una de las sillas y me invita a sentarme con un leve gesto.

Antes de hacerlo, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que la casa está completamente vacía. Sé que Sue suele retirarse temprano a su pequeña casa dentro de la misma propiedad, pero normalmente hay algún empleado presente en el transcurso de la noche, ya sea limpiando o atendiendo cualquier necesidad.

Sin embargo, esta noche es diferente.

No hay nadie más aquí.

Y no sé si eso me tranquiliza o me inquieta aún más.

—Así que estamos solos —comento.

Edward va a su lugar y, antes de sentarse, toma la botella de vino y comienza a abrirla.

—Lo estamos. ¿Te asusta? —dice mientras la comisura de su boca se levanta.

Niego con la cabeza y le devuelvo la sonrisa.

La botella se abre y se acerca hacia mí para rellenar mi copa. Luego sirve la suya y toma asiento en su lugar.

—La comida está caliente. Sue la ha servido antes de marcharse, y eso ha sido en cuanto he ido por ti a tu habitación.

Miro el plato y observo el pescado con la ensalada. No se ve tan mal. Doy un bocado y está delicioso.

Hay silencio por un par de segundos. Mastico la comida y trago antes de aclarar mi garganta.

—Mis cosas están preparadas. Voy a marcharme mañana —suelto.

Hay más silencio por parte de Edward. Coloca su tenedor al costado de su plato, luego se inclina hacia atrás hasta que su espalda choca contra el respaldo de su asiento.

—Si te marchas, estarás rompiendo el acuerdo.

Niego con la cabeza.

—Eso no es cierto —protesto.

—Puedes volver a leerlo.

Me levanto de mi lugar, lista para ir por la copia y aclarar lo que está escrito ahí. Él también se levanta, su mano me toma del brazo y me detiene.

—Suéltame —gruño con enfado. La tranquilidad que había se ha ido al carajo. Ahora mismo me siento furiosa con él.

—Si te vas antes de cumplir el plazo establecido, tendrás que pagar la multa —suelta.

Está mintiendo. Yo misma había leído el acuerdo.

Estamos tan cerca el uno del otro que nuestras respiraciones se mezclan. Edward me mira a los ojos y su mirada desciende a mis labios. Se inclina de a poco y junta nuestros labios.

Respondo al beso y, de pronto, me encuentro aceptando todo lo que venga de él.

Me giro y mis nalgas chocan con la mesa. Edward me levanta hasta que quedo sentada al borde. Ahora besa mi cuello mientras una de sus manos sube por mi pierna.

¡Dios! Esto se siente tan bien. Abro las piernas para permitirle colarse entre ellas.

—Te deseo —susurra, y siento que mi entrepierna se humedece por el deseo.

—También te deseo —dice, y su mano toca la humedad de mis bragas.

Me besa de nuevo en la boca, y yo correspondo. Siento que mi piel arde bajo su toque, como si en cualquier momento fuera a sufrir una maldita combustión espontánea.

—Edward… —suplico contra sus labios.

—Lo sé —dice.

Me bajo de la mesa y comienzo a caminar hacia donde están las habitaciones, pero Edward me toma de la mano, me jala hasta que nuestros cuerpos chocan y vuelve a besarme.

Caminamos así algunos pasos hasta que mi trasero choca contra el sillón más cercano.

—Voy a tomarte aquí —suelta mientras me gira, y mi espalda choca contra su erección.

Estoy sonriendo como una maldita loca.

Hace que mi cabeza se incline hacia un lado mientras posa sus labios en mi cuello. Sus manos bajan a mis piernas, toma el dobladillo de mi vestido y comienza a subirlo hasta mi cintura.

—Inclínate un poco hacia adelante, Isabella.

Lo hago y espero su próximo movimiento.

Sus manos van a mis bragas y las arranca de un tirón.

¡Mierda! Esas eran mis mejores bragas, me lamento por un segundo… solo un segundo, porque después una de sus manos va a mi clítoris y empieza a masajearlo. Dejo caer mi cabeza sobre su hombro y gimo de placer.

—No… no pares —gimo.

La risa de Edward choca contra mi oreja.

—Te dije que te inclinaras hacia adelante.

Me quedo quieta por un momento, pero luego me separo de él y vuelvo a inclinarme. Él me suelta por el tiempo que le toma desabrocharse los pantalones y enfundarse un preservativo.

Después de lo que me parece una eternidad, pone una mano en mi cintura y siento cómo se posiciona en mi entrada. Me ayuda a inclinarme un poco más y comienza a entrar lentamente hasta que está completamente dentro de mí.

Oh, mierda, se siente tan bien. Intento mover mis caderas, pero él me detiene. Sale lentamente, casi por completo, para luego volver a entrar. Me está matando.

—¡Mierda! —suelto cuando lo hace de nuevo.

—Ten un poco de paciencia —dice mientras aumenta el ritmo.

Pasa una mano por delante de mi cintura y la coloca nuevamente sobre mi clítoris, comienza a masajearlo mientras su ritmo crece. Me dejo hacer, realmente estoy disfrutando esto y no quiero que pare.

Sus estocadas se vuelven más salvajes, tanto que me veo obligada a sostenerme del respaldo del sillón. Gimo con fuerza cuando encuentra un punto dentro de mí que hace que mis piernas se debiliten. Edward se da cuenta y se enfoca en ello, y de pronto me veo gimiendo y haciendo sonidos que jamás pensé hacer en pleno acto sexual. Siento todo mi cuerpo temblar.

—No puedo más —suelto, y me corro violentamente.

Edward no para de embestirme y, después de algunas estocadas más, él también gruñe y susurra mi nombre en mi oído.

Por mi buena fortuna, él me sostiene, porque al parecer estoy hecha de slime.

—¿Estás bien? —pregunta después de algún tiempo.

Asiento y trato con todas mis fuerzas de apoyarme sobre el respaldo. Lo logro.

Veo a Edward quitarse el preservativo, alzar sus pantalones, y guardarlo en uno de sus bolsillos.

Me mira y me da una sonrisa sexy y tentadora. Lo miro casi con la boca abierta. Es demasiado atractivo parai propio gusto. Y aún me

—¿Quieres ir a la habitación y quitarte un poco más de comezón? —bromea, entendiendo una mano en mi dirección.

Bajo el vestido y lo sonrió ante la broma. Lo miro un poco más de tiempo. Asiento.

—Bien. Aceptaré que rasques un poco más de mi comezón— suelto a modo de juego.

Ambos reímos. Me cerco y tomo su mano. Caminamos escaleras arriba. Justo ahora no me importa si tenía esto planeado, si hizo que sus empleadas quedaran fuera de la casa para tener sexo conmigo. No importa nada más, porque justo ahora quiero más del buen sexo que él está ofreciéndome.


Seguimos con la historia.

Gracias por sus comentarios. Ya nos faltan pocos capítulos, prometo apurarme para darle continuidad a las demS historias que tengo por ahí.

Mil gracias por la espera y gracias por sus comentarios.