El crepúsculo teñía el cielo de tonos escarlata cuando Sarada, recién cumplidos sus quince años, llegó a casa con el uniforme de entrenamiento aún empapado en sudor. Una fina marca de combate decoraba su mejilla, pero su postura seguía firme. Había pasado el día entrenando, absorbiendo estrategias, perfeccionando su técnica, sintiendo el poder de su propio crecimiento.

Sasuke la esperaba en el umbral, aún ataviado en su uniforme de general de división impecable, con las medallas brillando en su pecho. Su expresión era severa, su mirada oscura fija en ella. No dijo nada al principio, dejando que el peso del silencio se asentara entre ellos.

—Otra vez con esto —dijo al fin, con voz afilada—. No puedes seguir desobedeciéndome, Sarada.

Ella bufó, exasperada.

—¿Desobedecerte? No soy una niña, papá. Sé lo que quiero.

—Lo que quieres —repitió Sasuke, dando un paso adelante—. Pelear. Exponerte. Buscar una guerra donde no la hay.

Sarada entrecerró los ojos.

—Me gusta luchar. Me gusta la estrategia, la disciplina, el liderazgo. No voy a encerrarme en un estudio de ballet ni en la facultad de medicina, ni a perder mi vida en cosas triviales.

El ceño de Sasuke se endureció.

—Tu madre salva vidas. No hay honor más grande que ese.

—¿Y por qué asumes que mi destino es seguir los pasos de mamá? O los tuyos, para el caso.

Sasuke la observó en silencio, pero ella no le dio tiempo de responder.

—No quiero ser una simple bailarina ni una médica. No quiero ser la esposa de alguien ni quedarme en la sombra del "gran Uchiha". Aspiro a liderar, a dirigir, a tomar decisiones que cambien el mundo.

Sasuke frunció el ceño.

—¿Liderar?

—Sí —afirmó con firmeza—. Quiero convertirme en ministra, en presidenta si es necesario. Quiero transformar este sistema podrido donde las mujeres son relegadas a la sombra de los hombres.

Sasuke sintió un estremecimiento de tensión, pero Sarada no bajó la mirada.

—Tienes una visión equivocada del mundo —dijo Sasuke, controlando su tono—. No todo se trata de demostrar algo.

—¿No? Entonces, ¿por qué tú sí pudiste hacer lo que quisiste? —lo increpó Sarada, sus ojos encendidos—. Rompiste reglas, desafiaste tradiciones, seguiste tu propio camino. ¿Por qué, cuando yo quiero hacerlo, de repente está mal? ¿Porque soy mujer? El general, el veterano de guerra, el héroe... y yo, solo tu hija.

Sasuke abrió la boca para responder, pero nada salió.

Sarada lo miró con una mezcla de rabia y decepción.

—Tienes miedo —susurró—. Miedo de que si dejo de ser la hija perfecta que imaginaste, pierdas el control sobre mí.

El golpe fue certero. Sasuke la miró, y en su fuego vio un reflejo de sí mismo.

Inspiró hondo.

—Sarada...

Ella no apartó la mirada.

—Voy a demostrarte que puedes confiar en mí. Que soy fuerte. Que no necesito protección ni restricciones. Solo necesito que me dejes ser.

El silencio se extendió entre ellos.

Finalmente, Sasuke asintió, muy despacio.

—Hazlo, entonces.

Sarada se sorprendió, pero su padre ya estaba girando sobre sus talones para marcharse.

Antes de cruzar la puerta, su voz resonó una última vez.

—Demuestra que eres más fuerte que yo.

Y en su interior supo que, en muchos sentidos, ella ya lo había hecho.

Sarada sonrió y se alejó hacia su habitación.

Sasuke permaneció en el umbral, observando el cielo oscurecerse. El viento nocturno le trajo un aroma familiar. Un instante después, sintió la presencia de Sakura.

—Qué ironía —murmuró ella con una sonrisa—. Pasaste años tratando de moldearla, y al final, Sarada resultó exactamente como tú.

Sasuke cerró los ojos y suspiró.

—No es como yo.

—Oh, por favor —Sakura se cruzó de brazos—. Es obstinada, desafiante y tiene esa forma tan molesta de discutir en la que siempre cree tener la razón.

—Eso lo sacó de ti.

Sakura rió, deslizando los dedos sobre la tela de su chaqueta.

—Admítelo, Sasuke. Lo que más temías era que no pudiera seguirte el paso, y ahora te aterra que lo haga demasiado bien.

Sasuke no respondió, pero su silencio habló por él.

Sakura se puso de puntillas y besó suavemente su mandíbula.

—No podemos controlarlo todo, ¿sabes? —susurró, enredando los dedos en su cabello.

—Lo sé —murmuró Sasuke, atrayéndola hacia él.

Sakura sonrió contra sus labios cuando la besó. Fue pausado, profundo, lleno de una ternura que solo ella conocía de él.

Unos pasos apresurados los hicieron separarse antes de que una pequeña figura irrumpiera en el jardín.

—¡Mamá, papá!

El niño de diez años llegó corriendo, con un libro grueso aferrado a su pecho y las gafas torcidas por la carrera.

—¿Qué pasa, Sakumo? —preguntó Sakura, acomodándole el cabello.

—¡Descubrí algo increíble! —exclamó emocionado—. Estaba leyendo sobre la teoría de las partículas elementales y creo que podría aplicarse a...

Sasuke y Sakura se miraron, y en un instante, la seriedad del niño se volvió demasiado graciosa para contenerse.

—¿Por qué se ríen? —protestó Sakumo, inflando las mejillas.

—Nada, nada —dijo Sakura, conteniendo su risa mientras abrazaba a su hijo—. Es solo que eres tan diferente a tu hermana...

—Gracias al cielo —murmuró Sasuke, cruzándose de brazos.

Sakumo parpadeó, confundido, pero al ver la sonrisa de su madre y la expresión relajada de su padre, se encogió de hombros y volvió a su libro.

Sakura deslizó su mano en la de Sasuke y apoyó la cabeza en su hombro, observando a su hijo leer en voz baja sobre conceptos que la mayoría de los niños de su edad ni siquiera comprenderían.

Sarada quería conquistar el mundo. Sakumo quería entenderlo.

Eran diferentes, y aun así, eran el reflejo de todo lo que ellos eran.

Sasuke y Sakura se miraron y rieron.

No todo podía ser controlado.

Pero estaba bien con eso.

Tiró suavemente de la mano de su esposa y se dirigieron adentro. Después de un día largo, solo quería escuchar su voz, sus historias y tal vez, algo más.

FIN.

Notas finales:

¡Hola a todes!

Espero que hayan disfrutado de esta historia tanto como yo disfruté al escribirla. Desde que era niña, siempre fui una ratona de biblioteca cuando se trataba del tema de la segunda Guerra mundial. Historia era mi materia favorita.

Confieso que inicialmente había planeado escribirla con otra pareja, incluso la tenía bastante avanzada, pero nunca me animé a publicarla (aunque no lo descarto, ya que aborda otra perspectiva de la guerra). Si les gusta la pareja InuKag, podrían animarme a terminarla. Gracias por leerme.

Espero con ansias saber que les ha parecido y me regalen un review, de verdad me ayudarían a mejorar.

Con cariño.

ATP