Para este capitulo, los invito a reproducir "Enchanted (Taylor's Version)- Taylor Swift.

Capítulo 1: Primer Encuentro

POV Izumi

La noche está llena de risas y música flotando en el aire cálido del jardín de la casa de Tomoki. Estoy rodeada de amigos, de conversaciones que se entrelazan de un lado a otro, pero, aun así, me siento extrañamente sola.

Observó la decoración de la fiesta de cumpleaños de Tomoki: luces colgando de las ramas, destellos de colores que iluminan las caras sonrientes de los invitados. Hay mesas repletas de comida, y la gente baila con despreocupación. Tomó un sorbo de mi vaso, dejando que mi mirada se pierda en la multitud, como si estuviera buscando algo… o tal vez a alguien.

Entonces lo veo a él: Takuya, al otro lado del jardín, riendo junto a nuestros amigos, como si el pasado no pesara en su memoria. Verlo en esa escena me hace revivir la última vez que estuvimos juntos, esos días en los que pensé que él realmente podría ser especial para mí.

Flashback

Es una noche cálida, cargada de esa energía vibrante que trae el verano al acercarse. La mayoría de los alumnos de la preparatoria Shibuya hemos decidido celebrar el comienzo de las vacaciones con una gran fiesta. La música retumba por toda la casa, y las luces cuelgan del techo y de las paredes, iluminando los rostros de quienes ríen, bailan y disfrutan.

He venido a la fiesta con mis viejos amigos de la aventura en el Digimundo: Kouji, Kouichi, JP… y Takuya. Él y yo somos algo más que amigos ahora, aunque aún no nos hemos llamado novios, pues llevamos apenas dos meses saliendo. Recuerdo claramente el momento en que cruzamos la línea de la amistad: una tarde de estudio en su casa, mientras repasábamos para su examen de matemáticas. Sin querer, nuestras manos se rozaron, y sin darnos cuenta, ya estábamos besándonos. Fue el primer paso hacia algo nuevo, algo que pensamos que podría ser especial.

Cuando llegamos a la fiesta, los demás decidieron dejarnos un poco de espacio, y él y yo intentamos conversar, aunque la música alta apenas lo permitía; en realidad, la mayor parte del tiempo solo reíamos y nos besábamos.

Ahora estoy sola, sentada en un sofá en la sala de estar, observando a los demás bailar, reír y compartir momentos. Llevo rato esperando a Takuya, quien, hace más de media hora, me dijo que iba a buscar algo de beber. Al principio, no me preocupé, pero ahora empieza a inquietarme que no haya vuelto. ¿Le habrá pasado algo? ¿Se habrá quedado dormido en algún rincón de la casa después de beber demasiado?

Decido levantarme y dirigirme a la cocina para buscarlo. Reviso con la mirada cada rincón, pero él no está ahí. Suspiro, ya entre la frustración y la preocupación.

¿Dónde te has metido, Takuya? —murmuro para mí misma, sintiendo cómo empieza a aflorar mi molestia.

Salgo de la cocina y continúo buscando. Camino por los pasillos, asomo la cabeza en el jardín, incluso reviso algunas habitaciones. Justo cuando estoy a punto de darme por vencida, me doy cuenta de que necesito ir al baño. Tal vez, pienso, lo encontraré después en el salón o en el patio.

Me acerco a la puerta del baño, la cual está cerrada, y toco suavemente, esperando escuchar alguna respuesta. Pero todo está en silencio. Supongo que está vacío y, sin pensarlo demasiado, giro la perilla y abro la puerta.

Entonces, la veo: la imagen que nunca hubiera querido ver.

Ahí, en la penumbra del baño, Takuya está inclinado hacia el lavabo, besándose con Ichigo, una compañera de nuestra escuela. Sus manos se aferran a su cintura, y ella parece completamente inmersa en el momento. Siento cómo algo se rompe dentro de mí, una sensación helada que me recorre desde el pecho hasta los pies. Todo lo que había soñado con él se desvanece en un instante.

De pronto, Takuya parece notar mi presencia. Abre los ojos y se separa de Ichigo, sorprendido y claramente asustado. Veo la expresión de desconcierto y arrepentimiento en su rostro, pero eso no disminuye el nudo que se forma en mi garganta ni el dolor que amenaza con hacerme llorar.

¡Izumi… espera! —exclama, extendiendo una mano hacia mí, como si pudiera detener el golpe de la realidad.

Sin embargo, no quiero escuchar sus excusas ni ver el intento de arrepentimiento en su mirada. El aire se me hace insoportable, y las palabras se agolpan en mi pecho, pero no salen. Todo lo que puedo hacer es darme la vuelta y marcharme, caminando rápidamente hacia la salida, intentando reprimir las lágrimas que comienzan a asomar.

Siento sus pasos detrás de mí, el eco de su voz tratando de alcanzarme. Pero para mí, ya no hay vuelta atrás.

Fin del Flashback

Verlo sonreír, tan despreocupado, me hace preguntarme: ¿me quiso de verdad?

No había necesidad de confrontarlo en ese momento; entendí que no había nada que decir, que sería mejor ponerle fin antes de arriesgarme a sufrir más. Luego de esa noche, unos días después y tras miles de mensajes y llamadas de Takuya, me reuní con él y le dejé claro que solo podíamos ser amigos. Y aunque intenté mantener la amistad, la decepción seguía presente como una sombra constante.

Mis amigas pensaron que fui exagerada por "terminar" con él, ya que nunca llegamos a ser novios. Tenían razón, pero… si él me engañó sin ser novios, ¿qué me esperaba si lo éramos? ¿Qué me garantiza que no volverá a pasar? La confianza se había roto.

Suspiro, apartando la vista de él. Esta noche, quiero dejar ese recuerdo en el pasado. Miro a mi alrededor, dispuesta a concentrarme en las personas y en el momento. Es entonces cuando noto a alguien completamente nuevo, alguien diferente.

Es un hombre alto, de cabello castaño y con una mirada que parece irradiar una calma inusual, en contraste con el bullicio de la fiesta. Creo que nunca lo he visto, pero se me hace conocido, como si lo hubiera visto en otro lugar. Está de pie junto a Tomoki, con una chaqueta de cuero que le da un aire misterioso. Parece sentir mi mirada, y entonces me mira. Nuestros ojos se cruzan solo un momento, pero es suficiente para sentir una extraña conexión, como si él también hubiera notado mi presencia entre la multitud.

Antes de que pueda apartar la vista, Tomoki se acerca a mí con una sonrisa.

—¡Izumi! Ven, quiero presentarte a alguien —dice, haciendo un gesto hacia el joven a su lado.

Asiento y avanzó, intentando controlar el leve nerviosismo que me invade. Me quedo de pie frente a él mientras Tomoki nos presenta con entusiasmo.

—Izumi, él es mi hermano mayor, Yutaka. De quien te he hablado tantas veces. Ella es Izumi, mi vieja amiga, a quien te faltaba conocer de mi grupo de amigos.

¡Claro! Es Yutaka Himi, el hermano mayor de Tomoki. Me parecía conocido por las fotos que Tomoki me mostró de su familia. Nunca tuve el placer de conocerlo porque, luego de nuestra aventura en el Digimundo, tuve que volver a Italia por unos años. Regresé hace dos años, el mismo tiempo que él estuvo en Odaiba estudiando en la universidad.

Yutaka me tiende la mano, y al tomarla siento una cálida chispa en el contacto, una sensación inesperada que me sorprende.

—Encantado en conocerte, Izumi —dice Yutaka, con una voz grave y profunda que resuena en el ambiente, despertando algo nuevo en mí y haciéndome sonrojar un poco.

—El gusto es mío —respondo, sin poder apartar la mirada de la suya.

Nos quedamos unos segundos en silencio, mirándonos, como si ese simple saludo fuera algo más, como si hubiera algo que entender sin decirlo en voz alta. Me doy cuenta de que la sonrisa en sus labios es genuina, casi dulce, y eso me hace sentir una extraña mezcla de tranquilidad y emoción.

Para romper el silencio, Tomoki interviene con su tono alegre:

—Bueno, espero que se diviertan. Mi hermano acaba de regresar a la ciudad, así que, Izumi, tendrás que actualizarlo sobre todo lo que se perdió.

Suelto una pequeña risa, relajándome un poco.

—Oh, claro, puedo hacer eso. Hay mucho que contar, Yutaka —digo, mirándolo con una sonrisa juguetona.

Él asiente, como si estuviera realmente interesado en escucharme.

—Entonces, cuéntame. ¿Qué es lo más interesante que ha pasado desde que me fui? —pregunta Yutaka, con una mirada cálida que me hace sentir escuchada de una forma que no experimentaba hacía mucho tiempo.

Fin de POV Izumi

POV Narrador

Para Yutaka, aquella noche había comenzado como cualquier reunión a la que asistía por compromiso, con el peso reciente de una fuerte discusión con sus padres. No había querido ir, no después de enfrentarse con su padre por decidir abandonar la universidad. Una discusión que había pospuesto todo el verano. Hacía dos años que había dejado Shibuya para mudarse a Odaiba y estudiar una carrera que nunca le interesó, intentando complacer a su padre. Sin embargo, la frustración de vivir una vida que no era suya se había vuelto insoportable, llevándolo a tomar la decisión de regresar y luchar por su verdadero sueño: la música.

Su hermano menor, Tomoki, siempre había sido su mayor apoyo, su confidente y mejor amigo. Era por él que había accedido a ir a esa fiesta. Aunque llegó tarde y sin el mejor ánimo, su perspectiva cambió en cuanto la vio a ella, a Izumi.

Era como si ella irradiaba una belleza que captaba toda la luz en el ambiente, y algo en sus ojos llamó profundamente su atención. Al cruzarse sus miradas, Yutaka percibió una mezcla de tristeza y fuerza en ella, una dualidad que despertó su curiosidad de una forma inesperada.

Mientras hablaban, Yutaka se encontró totalmente cautivado. La sonrisa de Izumi era leve, casi contenida, pero bastaba para fascinarlo. Había algo en ella que le resultaba especial, algo que iba más allá de la simple belleza. Observaba cada pequeño gesto: el modo en que apartaba su cabello rubio detrás de la oreja, la manera en que sus ojos verdes se iluminaban cada vez que mencionaba algo que le apasionaba, la suavidad y calidez en su voz.

—Bueno, creo que la noticia más importante es que ahora soy modelo de revista en mis ratos libres —contó Izumi con una sonrisa divertida, como si se sintiera aún un poco tímida al hablar de ello.

—¿Modelo? —preguntó Yutaka, impresionado, mientras la miraba de arriba abajo con una mirada que hacía notar cuánto la estaba admirando—. Eso tiene mucho sentido. Seguro luces increíbles en cada foto.

Izumi se sonrojó levemente, pero mantuvo la compostura.

—Gracias. La verdad, al principio era solo un pasatiempo, pero comencé a disfrutarlo más de lo que esperaba —dijo, y luego añadió en un tono casual—. ¿Y tú? Tomoki me dijo que tienes una banda.

—Sí, así es. Una banda con mis amigos de la infancia. —dijo Yutaka, con una sonrisa entusiasta—. Tengo una idea. Como eres modelo, creo que podrías encajar perfectamente en el concepto de nuestro próximo video musical. Si te interesa, me encantaría que participaras.

Izumi soltó una risa ligera y asintió, interesada pero juguetona.

—Me gustaría considerarlo, pero tendrás que convencerme primero con una buena canción —respondió, desafiando con una sonrisa traviesa.

Ambos rieron, y la química entre ellos era innegable.

Mientras todo esto ocurría, al otro lado del jardín, Takuya observaba en silencio la escena, con una mezcla de incomodidad y celos. Kouji, JP, Kouichi y Tomoki pronto notaron que no dejaba de mirar a Izumi y Yutaka.

—¿Te molesta ver a Izumi con Yutaka? —preguntó Kouji, con tono curioso, al notar la expresión seria de Takuya.

Takuya desvió la mirada rápidamente, intentando disimular el malestar.

—No, claro que no. Solo… no esperaba que Izumi se interesara en alguien tan rápido —respondió, con un intento de despreocupación que sonó algo forzado.

—¿Seguro que no estás celoso? —intervino JP, con una sonrisa burlona—. Parece que Yutaka está completamente cautivado por Izumi. ¿Y cómo no? Ella es preciosa.

Takuya suspiró, entre frustrado y nervioso, y tomó un largo trago de su bebida.

—Izumi y yo… solo somos amigos. No tengo por qué estar celoso. Ella puede estar con quien quiera. Pero no sé… Yutaka es mayor que ella. Creo que no es el tipo indicado.

Tomoki, aunque incómodo con la situación, intentó calmarlo.

—Yutaka es un buen tipo, Takuya. Solo tiene dos años más que Izumi. No es mucha diferencia. Él va a cumplir 21, y ella 18. Ambos están solos, y aunque seas uno de mis mejores amigos, Takuya, Yutaka es mi hermano. Si decide estar con Izumi, lo apoyaré.

Kouichi, que había estado escuchando en silencio, agregó suavemente, pero de forma directa:

—Además, fuiste tú quien lo arruinó, ¿no? No la culpo por alejarse después de lo que hiciste.

Takuya asintió, apretando el vaso con fuerza. Lo sabía, claro que lo sabía. Había cometido un error enorme y había perdido la oportunidad de estar con alguien tan especial como Izumi. La decepción y el arrepentimiento se mezclaban dentro de él, y ni siquiera se atrevía a acercarse a ella sin recordar aquella noche que lo había cambiado todo. Sabía que la había herido, y cualquier resentimiento que ella sentía era completamente culpa suya. Pero ver a Izumi con otra persona le dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—No puedo culparla… —murmuró Takuya, mirando al suelo—. Pero, a veces, me pregunto si hubiera hecho las cosas bien desde el principio, si ahora estaría aquí conmigo, y no con él.

JP, que había permanecido en silencio hasta ese momento, le dio una palmada en el hombro, tratando de consolarlo.

—Tal vez lo que necesitas, Takuya, es dejarla ir. A veces lo mejor que podemos hacer es permitir que alguien sea feliz, aunque no sea con nosotros.

Takuya no respondió, pero las palabras de su amigo le quedaron resonando en la cabeza. Sabía que tenían algo de verdad. Aun así, la idea de perder a Izumi, incluso solo como amiga, le provocaba una punzada en el pecho que no lograba ignorar.

La noche pasó rápidamente mientras Yutaka e Izumi seguían conversando. Las horas se deslizaban sin que se dieran cuenta, entre sonrisas y pequeños coqueteos, sus palabras llenas de una complicidad que solo se construye cuando dos personas se entienden sin necesidad de explicarse demasiado. Cada palabra parecía acercarlos más, y por un momento, el mundo alrededor de ellos dejó de existir.

—Todavía no puedo creer que te conozca después de siete años —comentó Yutaka, sonriendo al recordar la extraña coincidencia de su encuentro—. Conocí a los demás cuando Tomoki tenía 8 años, y ahora te conozco a ti, cuando él está cumpliendo 15. Qué raro, ¿no?

Izumi sonrió suavemente, sus ojos brillando con una mezcla de nostalgia y felicidad. El tono de la conversación era ligero, pero algo más profundo se ocultaba entre las palabras.

—Sí, es curioso —respondió ella, dejando escapar una pequeña risa—. No nos conocimos antes porque, luego de conocer a Tomoki y a los demás, tuve que volver a Italia, donde viví por cinco años.

Yutaka la miró, sus ojos curiosos y con una chispa de admiración.

—¿Es hermoso Italia, no? Me encantaría conocer ese país… y más si es contigo —dijo, con un tono coqueto, guiñandole un ojo a Izumi.

Izumi, sorprendida por el comentario, se sonrojó fuertemente. Desvió la mirada rápidamente, intentando ocultar su vergüenza.

—Me encantaría enseñarte mi segundo hogar… —murmuró, con una sonrisa tímida, mientras su rostro aún mostraba el rubor.

La conversación se tornó más relajada, pero había algo en el aire, una sensación compartida que no podían negar. La cercanía entre ellos se sentía natural, como si siempre hubieran sido parte del mismo lugar.

—Así que estuviste saliendo con Takuya —dijo Yutaka después de un momento, con un tono más serio pero todavía amable—. No pensé que él fuera de ese tipo de personas. Mi hermano habla maravillas de él, lo ve como un héroe.

Izumi miró a Yutaka, respiró profundamente y, con una ligera sonrisa melancólica, comenzó a hablar, su voz tranquila pero llena de sentimiento.

—Takuya… —empezó, el nombre de él sonando como un susurro que aún la lastimaba—. Lo quiero mucho, pero lo que hizo me dolió demasiado. Fue algo que no esperaba, y aunque me lastimó, sé que, en el fondo, es una buena persona. Solo que… es inmaduro. A veces no sabe lo que realmente siente, y es difícil para mí confiar en él después de todo lo que pasó. Por eso decidí alejarme de él por un tiempo. Necesitaba espacio para sanar.

Yutaka la escuchó con atención, sintiendo una empatía profunda por ella. No quería presionarla, pero al mismo tiempo, entendía lo que era enfrentarse a sus propios conflictos internos.

—Debe haber sido difícil —dijo él, su tono suave pero sincero—. Es normal necesitar un tiempo para procesar las cosas cuando te lastiman, sobre todo cuando sientes algo tan fuerte por alguien.

Izumi asintió, mirando al frente, perdida en sus pensamientos por un momento.

—Sí… y después de todo, lo que más me duele es que Takuya nunca entendió la profundidad de lo que hizo. No me refiero solo al beso, sino a cómo me hizo sentir menos importante. Pero al mismo tiempo… me duele verlo sufrir. Me da rabia que no se dé cuenta de lo que tiene frente a él. Yo quiero que él sea feliz, pero también necesito saber que lo que hicimos, lo que éramos, no fue en vano.

Yutaka la miró en silencio, reconociendo la lucha interna que se reflejaba en sus ojos. De repente, él también comenzó a hablar de su propia historia.

—Yo… decidí abandonar la carrera de abogacía —dijo con cierta tristeza—. No era algo que me apasionara ni me interesara de verdad. Solo lo hacía para cumplir con las expectativas de mi padre, para hacerle sentir que estaba logrando algo grande, que estaba siendo un buen hijo. Pero con el tiempo, estudiar algo que no me gustaba se volvió más pesado. Sentía que me estaba perdiendo a mí mismo, y no quería seguir así. Por eso tomé la decisión de dejarlo todo atrás.

Izumi lo miró con sorpresa, pero también con respeto. Sabía lo difícil que debió haber sido para él.

—¿Tu padre no reaccionó bien, verdad? —preguntó con cautela.

Yutaka dejó escapar una leve sonrisa amarga.

—No, para nada. Incluso tuvimos una pelea bastante fuerte cuando llegué de Odaiba, esta tarde. Mi padre estaba furioso. Me acusó de ser un irresponsable, de no ser capaz de comprometerme con lo que había comenzado. Al principio, decidí que no asistiría a la fiesta de Tomoki, pero, al final, no pude fallarle a mi hermano. A pesar de todo, sabía que no podía perderme este momento con él.

Izumi lo escuchó, sintiendo una profunda admiración por su valentía. Ella también había tenido que tomar decisiones difíciles en su vida, aunque no siempre por sus propios sueños.

—Es una pena que tu padre no te apoye en lo que realmente te hace feliz —dijo ella suavemente—. Pero, aún así, creo que eres muy valiente, Yutaka. La mayoría de las personas seguirán el camino fácil, solo para satisfacer a los demás. Tú elegiste seguir tu corazón, y eso, en verdad, es algo admirable.

Yutaka sonrió levemente, agradecido por sus palabras.

Izumi sintió como su celular comenzaba a vibrar en su bolsillo. Un mensaje había llegado. Al sacarlo, se sorprendió al ver que el reloj marcaba ya las 3 a.m. Miró hacia la entrada del jardín, donde Tomoki, entre risas y conversaciones, seguía disfrutando de la fiesta con sus amigos. Ella sabía que ya era hora de irse, pero no quería irse sin despedirse de él.

—Bueno, creo que ya es hora de irme —dijo, mirando a Yutaka con una sonrisa que trataba de esconder un poco la tristeza de la despedida—. Tengo una sesión de fotos temprano mañana, y no puedo permitirme llegar con ojeras. Tendré que ir presentable… o al menos intentar no parecer un zombi.

Yutaka soltó una risa suave, sin apartar la mirada de ella, claramente cautivado por su presencia.

—No te preocupes, con tu belleza, ni siquiera las ojeras podrían arruinarte —respondió, su voz cargada de sinceridad, pero con un toque de coquetería que no pasó desapercibido. Después de una pausa, añadió con algo de esperanza—: ¿Te gustaría que te lleve a casa? Tengo mi moto, podemos pasar unos minutos más juntos.

Izumi sonrió, agradeciendo el gesto, pero negó suavemente con la cabeza.

—Agradezco mucho la oferta, pero mi padre me está esperando afuera —dijo, sonriendo tímidamente, como disculpándose por rechazarlo. Le gustaba la cercanía de Yutaka.

Yutaka, aunque algo desilusionado, no dejó que eso se notara demasiado. Su sonrisa no desapareció.

—Oh, está bien —respondió, dando un paso atrás, pero manteniendo la mirada fija en ella. Luego, se animó a dar un paso más y, con un tono más suave, añadió—: Entonces, no creo que te niegues a pasarme tu número, ¿verdad? Quiero conocerte más… y no quiero esperar demasiado para hacerlo.

Izumi, sorprendida por lo directo de la propuesta, lo miró por un momento. Luego, sonrió de nuevo, algo sorprendida por la sencillez con la que Yutaka lo había dicho. Sacó su celular y anotó su número, entregándoselo con una sonrisa cálida.

—Claro, por supuesto —dijo, mientras se sentía un poco nerviosa por la conexión que estaba comenzando a formarse entre ellos—. Aquí lo tienes. Y espero que no pase mucho tiempo hasta nuestro próximo reencuentro.

Yutaka guardó el teléfono con una sonrisa de satisfacción, claramente feliz con el pequeño intercambio. La mirada en sus ojos mostraba una mezcla de emoción y expectativa.

—Lo tomaré como una promesa —respondió, guiñándole un ojo de manera juguetona. Luego, con una sonrisa más profunda, añadió—: Cuídate, Izumi. Nos vemos pronto, ¿sí?

Izumi asintió, sintiendo un cosquilleo en el estómago por la forma en que él la miraba.

—Nos vemos pronto —repitió, antes de girarse para caminar hacia la salida, con la sensación de que esa despedida no era más que un "hasta luego".

Mientras ella se alejaba, Yutaka se quedó allí, viendo cómo se perdía en la oscuridad de la noche. Con una sonrisa en el rostro, se quedó quieto, disfrutando de ese momento. Sabía que no era solo una despedida común; había algo más en el aire, algo que lo hacía esperar con ansias lo que vendría.

Izumi se dio vuelta un par de veces antes de desaparecer, y él sonrió aún más al notar cómo su rostro permanecía grabado en su mente. Estaba ansioso, casi impaciente, por un nuevo reencuentro.