El San Valentine de Alastor y Rosie.

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Rosie se siente algo melancólica cuando la temporada de San Valentine llega a su territorio y su mejor amigo, con quien tiene una relación platónica, se da cuenta de esto, así que decide que, al menos por un día, podía ser… su pareja.

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Rosie se sentía melancólica; había llegado una temporada que, con el pasar del tiempo, ella le había adquirido un desagrado… San Valentine…

Varios clientes ya habían empezado a hacer encargos, desde grandes vestidos a simples pañuelos; hombres y mujeres por igual empezaban a dejar de lado su deseo de carne de demonio… Bueno, la verdad es que los pedidos habían disminuido; ahora solo pedían ciertos chocolates y dulces envueltos en cajas y bolsas de temporada.

Rosie odiaba esta temporada; su suerte en el amor había sido de mala a terrible. Odiaba cuando algunos demonios venían a pedirle consejos. Su gente la respetaba, debía demostrar ser un líder, no quería parecer débil delante de ellos, ni de nadie… pero dolía.

Incluso algunos Overlords habían llegado para hacer encargos. Cuando Zestial fue visto en su territorio, algunos caníbales se prepararon para enfrentarlo a pesar del miedo y terror; su lealtad a Rosie superaba el miedo, pero se sorprendieron cuando Rosie lo recibió como a cualquier otro.

-Zestial, querido, me hubieras dicho que ibas a venir, ¿Qué te trae por aquí?-, Dijo Rosie haciendo señas para que lo siguiera, ante la atenta mirada de todos.

Zestial sonrió, -Rosie querida, gracias por recibirme como a un viejo amigo-, Dijo quitándose su sombrero en un saludo de respeto, siguiéndola.

Zestial quería mandar un regalo anónimo y esperaba completo secretismo de ella. Los asuntos del corazón eran algo en lo que Rosie tenía solo mala experiencia, pero en el infierno tenía la reputación de ser una rompedora de corazones que escogía un marido para tener solo a alguien que mantuviera caliente su cama.

Cuando la realidad no era así, su primer marido fue un encanto hasta que le puso un anillo, cuando él le dio una paliza a su hija, ella no dudo ni un segundo romperle el cráneo con un martillo, su segundo marido pensó que ella se convirtió en su propiedad al firmar el certificado, triste fue para el cuándo Rosie simplemente decidió cortarle el cuello, el tercer marido pensó que podría ganarle en fuerza después de darle una bofetada Rosie lo agarro y lo aventó por la habitación como si fuera un trapo viejo y el ultimo… no fue malo, solo indiferente la verdad la chispa se apagó después de casarse, en su caso Rosie simplemente lo empujo por el balcón cayendo sobre unos arbustos, cosa que solo lo sacudió, y no sería tan malo si no fuera ese el día del exterminio.

El cuarto fue el último; Rosie no dijo ni hizo comentarios de su deceso.

Después de que Zestial dejara el local, satisfecho con la simple opción de mandar un ramo de rosas rojas, con una pequeña nota escrita en maquina, sería un detalle lindo, además de que mantendría el anonimato.

Sin mencionar que cualquiera que hiciera preguntas fácilmente daría con Rosie y, como ella ha dicho, la confidencialidad es su especialidad.

El siguiente en llegar fue Vox, tomando nuevamente por sorpresa a todos; nuevamente Rosie fue la única en no sorprenderse, -Vox querido, te estaba esperando-, Exclamó Rosie al verlo llegar, -Rosie querida-, Respondió Vox tomándolo de las manos para darle un beso en la mejilla.

Ambos caminaron hablando como viejos amigos, con Rosie tomando del brazo a Vox, que lo había ofrecido, -¿Rosie querida, dime que conseguiste lo que te encargué?-, Pregunto Vox con voz suave cuando entraron a su jardín privado.

Rosie le dio una pequeña sonrisa, -Querido fue difícil conseguirlo y más para estas épocas, pero logré conseguirlo-, Dijo Rosie usando su magia para que enredaderas de espinos liberaran una botella de un néctar especial.

-La esencia de Belcebú-, Dijo Vox con una sonrisa, era un líquido extraído de los jardines privados de la misma Belcebú, una droga tan poderosa que volvía loco al drogadicto más podrido y consumido, debido al éxtasis que producía.

Vox estuvo más que agradecido mientras le daba el monto acordado, -Rosie querida, por favor utiliza una de mis aplicaciones bancarias; sabes lo molesto que es conseguir esta cantidad en efectivo-, Señaló Vox mientras entregaba el maletín. Rosie se rió. Vox era un poco… desubicado, siempre incitándole a actualizarse, traer algo de modernidad a su territorio, obviamente ofreciéndose a ser él quien lo traía.

Pero bastaba un simple no para que Vox dejara el tema.

-Ha sido un placer querida-, Dijo Vox mientras observa a Rosie guardar la botella en una caja en forma de corazón, -Cariño ya sabes que estoy aquí para lo que necesites-, Dijo Rosie con una sonrisa pícara, -Esto volverá loco a tu chico-, Agrego lo último con un guiño, cosa que hizo apenar un poco a Vox.

La cortesía de Rosie le había hecho ganarse el aprecio de muchos Overlords, porque hacer la guerra con alguien que siempre estaba dispuesto a ayudar, alguien que tenía muchos contactos y conocidos… Rosie ni siquiera prohibía las drogas; su gente directamente las rechazaba, debido al simple hecho de que ella dijo que las drogas "envenenaban" la carne y había que desintoxicar a dicho… sujeto, antes de su consumo.

Directamente haciendo inviable la venta de drogas en ese territorio, además de que después de cada exterminio, el barrio caníbal era el indicado para limpiar, llevándose los cuerpos antes que las plagas llegaran.

Y así siguió el día, recibiendo los encargos de los amantes, tanto hombres como mujeres, llegando a un punto en que se estaba molestando. Hoy cerró la tienda temprano, aunque muchos de sus clientes que llegaron tarde vieron con molestia la tienda cerrada.

Rosie se sentó cansada en su diván de oficina, tenía un trago en la mano y esperaba que nadie más le molestara por hoy; había llegado a su límite, ahora su plan era simplemente pasar la noche de la manera más tranquila y alejada posible de esta celebración.

-Rosie querida, disculpa la intromisión-, Fue la voz de Alastor que rompió el silencio que ella había instaurado. Alastor era su amigo y alma más importante atado a ella por un contrato; se había convertido en algo más. Sí, lo había utilizado como fuerza de ataque en algunas cuantas ocasiones, pero la verdad a veces olvidaba el hecho de que le pertenecía.

-¿Rosie querida estás bien?-, Pregunto Alastor, entrando a su oficina.

Miro a Rosie recostada en el sofá; parecía cansada y podía sentir la frustración emanando de ella, su querida… "Amiga".

-Si querido, estoy bien, solo un poco cansada de las festividades-, Dijo Rosie lanzando un suspiró, -Que tal si nos tomamos el resto de la tarde y disfrutamos de una pel…-, Pero Alastor la detuvo.

-¡Por supuesto que no!-, Dijo Alastor, tendiendo su mano, -¡Esta noche no es para estar encerrada en la casa!-, Agrego a la par que hacía aparecer un ramo de rosas negras, -¿Te gustaría ser mi San Valentine?-, Lo que provocó una serie de risas de parte de ella.

-Querido, eres un gran bromista-, Dijo con una sonrisa mientras él sostenía el ramo de rosas, Alastor se quedó de pie delante de ella con una suave sonrisa, -Aunque… escuche que había un baile especial para los enamorados y me gustaría ir-, Dijo Rosie, sabiendo bien el disgusto de su compañero por esas fiestas.

-¡Excelente!-, Respondió Alastor con una sonrisa, -La Overlord del barrio caníbal debe estar en buena compañía-, Motivada por las palabras del demonio Radio, terminó su trago, tomó su sombrero y rápidamente salieron rumbo al lugar.

El salón tenía música suave, mientras se servían bebidas y algunas parejas bailaban ante la atenta mirada de todos. Ahí se observó a Zestial cenando con Carmilla, compartiendo dulces miradas; al otro lado del salón estaban Vox y Valentino, que prácticamente estaban a un paso de tener relaciones delante de todos.

Hasta que aparecieron un Alastor acompañando a Rosie, quien traía en brazos un ramo de rosas negras. ¿Espera, están saliendo? ¿Son parejas? ¿Desde cuándo? ¿Esta es su primera cita? Y más preguntas se susurraban entre todas las parejas presentes.

Fueron llevados a una mesa cualquiera y cada uno ordenó un gran filete a término medio, acompañado de papas asadas y espárragos al vapor, con una buena botella de vino tinto.

Empezaron una charla como tantas otras, solo que ahora compartían dulces sonrisas y uno que otro suspiro. Cuando la música pasó a algo más suave, fue la señal perfecta para que Alastor la llevara a la pista. Más miradas se posaron sobre ellos, disfrutando de la música suave; no era la primera vez que bailaban, pero se sentía tan diferente.

Rosie se apoyó en el pecho de Alastor disfrutando de su colonia; había pensado que estaría encerrada en su casa, viendo una maratón de sus películas favoritas con una caja de chocolates y una copa de vino, pero aquí estaba, disfrutando de un baile lento, ganándose la mirada de todos.

-Este ha sido el mejor San Valentine en mucho tiempo-, Dijo Rosie con una pequeña sonrisa.

-Gracias querida-, Le respondió Alastor devolviéndole la sonrisa y, sin aviso y ante todos los presentes, Alastor se inclinó y besó a Rosie. Por hoy… solo por hoy, haría una excepción a su naturaleza.

Rosie lo miró sorprendida; había esperado cualquier cosa, pero no esto. El beso fue casto, nada tan apasionado, y se separaron después de unos cuantos segundos. Todas las miradas ahora estaban sobre los dos; hablarían y chismearían sobre esto por meses, algo que le encantaba a ella. En efecto, había sido el mejor San Valentine en mucho tiempo.