CAPÍTULO IX

Seguía en el bosque caminando a una velocidad constante, mientras miraba a su alrededor a la vez que gritaba el nombre de Snivy para que la encuentre; no había caso. Amelia se sentía muy frustrada por no saber de su Pokémon por varias horas. Era como si hubiera desaparecido para siempre.

La mujer pensaba que lo único que hacía era perder el tiempo. Tenía la opción de regresar sin éxito, pero algo en su interior decía que continuara. Sentía que Snivy estaba en alguna parte del bosque, el cual pensó que sería un lugar seguro, un grave error que cometió desde el principio. Ella sentía su rastro. Sabía que había pasado por ahí, estaba segura. Ella no perdió las esperanzas y continuó con su búsqueda.

Tiempo después, el silencio de la naturaleza fue interrumpido por un grito a la distancia. Decidió ignorarlo, estaba centrado principalmente en encontrar a Snivy y era lo único que iba a hacer. El grito se escuchó otra vez, pero más fuerte. Parece que alguien estaba en problemas y estaba pidiendo auxilio. Trató de resistir ese llamado y seguir caminando hacia el norte.

Le urgía ayudar a los demás con sus dificultades, pero realizó su viaje para buscar a su Snivy perdida y rodeada de peligros. Escuchó otro grito, pero fue más fuerte y desgarrador. Tenía que asistir al llamado, podía arrepentirse más tarde de su decisión como la vez pasada.

Fue corriendo a todo pulmón hacia la fuente del sonido. Luego de un rato a toda velocidad, vio lo que sucedía. Un Nidoking tenía en sus garras una Emolga, esta malherida con signos de haber realizado un combate en la que perdió, lo que le chocaba a la mujer era que se veía también el pene erecto del Pokémon taladro. Amelia pensó en ese momento que la iba a violar. Tenía que detenerlo rápido.

—¡Oye, tú! —dijo ella.

Nidoking la miró.

—Suelta ese Emolga ahora y luchemos —mientras dejaba su bolso en el suelo y sacaba su espada y pistola.

El Pokémon no quiso soltar a su víctima. La atacó con Picotazo venenoso. Ella se sorprendió por su reacción y esquivó hacia un lado y corrió hacía él. Le dio un fuerte golpe en el pene, el dolor fue tanto que soltó a Emolga.

—¡Huye, Emolga, sal de aquí lo más lejos que puedas!

El Pokémon ardilla cielo emprendió el vuelo por los árboles y escapó de ahí. Nidoking se enfureció muchísimo y fue con todo contra Amelia.

Corrió hacia ella para darle una fuerte cornada, pero ella se hizo para un lado y contraatacó. Le dio un espadazo lateral en la espalda. Le hizo un poco de daño.

Estando a poca distancia, el Pokémon tipo veneno y tierra dio un giro rápido y uso Cola de hierro. Se dio cuenta al instante y dio un veloz salto para atrás. Ella pudo esquivarlo y dio otro espadazo, esta vez en un brazo. Retrocedió un poco para mantener la distancia.

Iba a usar Picotazo venenoso, solo un toque de esas agujas podría ser fatal para ella, aunque llevase ropa gruesa. Lo que hizo fue correr hacia Nidoking y golpearle en la mandíbula antes de que lanzara el ataque. Atacó sucesivamente, pero el Pokémon bloqueó con sus brazos.

Este retrocedió, tenía un as bajo la manga. Usó Tierra viva. Dio un fuerte puñetazo al suelo y el suelo empezó a agrietarse hasta sacar emanaciones de lava. Amelia tuvo que correr hacia un lado. Las perforaciones le seguían los talones no importara cuán rápido corriera.

Cuando estuvo a punto de alcanzarla, Amelia dio un salto con todo su cuerpo para adelante. En vez de caer de cara, ella dio un ruedo por el suelo y después se paró. El ataque había terminado. Era su oportunidad para la ofensiva.

Ella corrió hacia Nidoking y le dio un corte en el brazo, justo en donde atacó la anterior vez. Le causo mucho daño al Pokémon. Se podía ver que hasta le salió un poco se sangre. No podía estar combatiendo con tanto dolor, por lo que decidió huir de ahí. La batalla había terminado.

Amelia estaba cansada y jadeando con fuerza, salió ilesa por suerte. Se calmó después de un rato. Fue a buscar su bolso y reanudó con su búsqueda.

Minutos más tarde, algo le sucedió. Mientras andaba a paso firme, tuvo una sensación extraña. Su cuerpo se sentía débil, le dolía mucho la cabeza y el estómago. Fue tanto que tuvo que detenerse y sentarse por un momento. Ella se sentía muy mal.

Pensó en que le podía haber sido. Se le vino a la cabeza el hecho de recibir un Picotazo venenoso sin darse cuenta. El dolor aumentaba cada vez, no lo podía soportar.

Recordó que tenía un remedio para el envenenamiento. Amelia hurgó en su bolso lo más rápido posible hasta que lo encontró junto con la cuchara; se le agotaba el tiempo.

Decía que tiene usar una cucharada y esperar. Echó el líquido en el utensilio y se lo llevó a la boca. No tenía buen sabor, pero de todas formas se lo tragó de un viaje.

Pasaron unos segundos, la mujer se estaba debilitando gradualmente. Su cabeza estaba dando vueltas, estaba muy mareada. Se recostó en el pasto y cerró sus ojos. Estaba en estado crítico. Solamente esperaba un milagro para que se acabe el insoportable dolor. Se desmayó segundos después.