Para Chara, Snowdin no era más que un barrio pequeño y repleto de pobreza y descuido. Aun así, tenía que reconocer que tenía cierto encanto que su población fuese tan cautelosa y a su vez chismosa como medida de seguridad y como único entretenimiento. Pero lástima que aquella ventaja no le hubiese prestado atención de inmediato, cometiendo el error más grande de su vida desde que había decidido que tenía una razón para permanecer oculta con seres demasiado amables para su gusto. Aunque también tenía sus ventajas preventivas quedarse con ellos, y una de ellas y la más importante, que si no llegaba a enterarse de algo por el mismo barrio, las noticias le llegarían directamente a la puerta tocándole.
Aunque claro, eso solo era una expresión, porque el esqueleto se había aparecido a altas horas de la noche y de la nada dentro del bar llamando la atención del dueño del lugar, quien le había advertido con antelación que aquello podría ocurrir en cualquier momento y razón por la cual mantenía cuidado en esa parte. Pero en cuanto escuchó que hablaba sobre haber afrontado a mas ni menos que a Asgore Dreemurr y que había herido de gravedad a Frisk, tuvo el impulso de querer matar al esqueleto ahí mismo, pero en su lugar, mejor se colocó la máscara y se dedicó en buscar a su hermana para ver en qué estado se encontraba realmente ante semejante oponente que había dado lo que fuera por evitarlo. Pero por más que buscó por todo Snowdin, realmente no pudo encontrar en dónde podría estar realmente. Donde sea que fuese la casa de la familia Gaster, parecía que no podía ser encontrada salvo por suerte que claramente no tenía. Ni siquiera su olfato era suficiente para saber cuanto menos una proximidad y dado que los esqueletos se teletransportaban, ni siquiera había modo de poder rastrear alguna pista.
En su lugar y para la mala suerte que sí tenía, contempló en las orillas de Snowdin a alguien de la yakuza, sin intenciones de ocultarse y claramente queriendo llamar su atención. Y si estaba alguien ahí, no cabía duda de quien estaba pidiendo una audiencia con ella era el tipo al que había amenazado por matarle si le veía estar cerca. Desgraciadamente, parecía ser el sujeto apropiado para brindarle información sin tener que ser cautelosa con revelar quién era realmente. Así que lo siguió hasta el punto de encaminarle hacia un callejón que pudo reconocer, donde justamente estaba él con temple firme y con sus dos brazos sanos, pero también con algunas heridas y completamente despeinado.
-Te dije que si te volvía a ver, te mataría. –Sacó el cuchillo de cocina que le había robado a Grillby para la ocasión. –Aun así morderé el anzuelo, ¿qué es lo que quieres?
-Hablar contigo.
-Bien, ya lo hiciste. Ahora largo.
-Frisk sigue sin saber de ti, ¿cierto? –Había hecho un movimiento rápido para hacerle un corte e indicarle que se apartara, pero detuvo su cuchillo a último momento a su vez que su ex jefe no se movía ni un centímetro. –Interesante que te ocultes de ella.
-No es asunto tuyo el cómo maneje mi vida de ahora en adelante, Kris. Pero ya que la mencionas… –Colocó la hoja de filo en su cuello. –No tengo idea de qué es lo que ocurrió y cómo es que involucró a Dreemurr, pero algo me dice que tú tuviste que ver. Suficiente razón para cortarte el cuello si te atreves a dar un paso al frente a este lugar que no te pertenece.
-Me encuentro lo suficientemente apartado por respeto dada la situación. –Mantuvo el utensilio de cocina con firmeza, apuntando su cuello de tal forma que podría matarlo incluso en un descuido. Aún así, Kris no se inquietó para nada por eso. –Dime, ¿qué opinas de Sans Gaster?
Chara alzó la ceja sin saber qué traía entre manos con esa pregunta.
-No está tan mal, es atractivo a su manera aunque algo bajo para mi gusto. Supongo que lo compensa con otra cosa para que mi hermana esté tan embobada con él. –La seriedad que obtuvo de su parte indicaba que esperaba que le dijera algo más que eso. Tan amargado como siempre. –Es un tipo habilidoso en combate, pero no lo suficiente para mantenerla a salvo. Presencié cómo dejó que ella se expusiera y defendiera por su cuenta cuando él falló en eso. Supongo que pasó algo similar esta vez.
-No sé los detalles para afirmar o negar eso.
-¿Y qué es lo que quieres con él para que me preguntes?
-La bestia marcó a Sans Gaster como su enemigo. –Eso no le sorprendía, si justamente había visto que los perros matones de Dreemurr habían ido en cacería por él, y algo le decía que era por ser el tipo que estaba con quien siempre había sido su hija favorita. Pero por el modo en que Kris se estaba arriesgando demasiado en estar tan cerca de un terreno enemigo y que además sabía que ella ya no confiaba en él, debía de tener un motivo mucho más grande que solo ser un suicida sin sentido. –Para bien o para mal, usaré eso a mi favor.
-Déjame adivinar, a tí te ignoró por completo, ¿cierto? –Trató de indagar de inmediato, cosa que al parecer había atinado a la primera la razón por la cual estaba así. –Si, ese tipo deja muy en claro tener favoritismos. Pero supongo que a ti te molesta que haya preferido al novio, que a ti, quien ha dedicado toda su vida en suplir el papel de su maestro en vano. Debes sentirte muy fracasado, con tu negocio destruido, con menos gente a tu disposición, sin tu as bajo la manga…
-Lo único que me importa, es acabar con esa bestia con nuestras manos, cueste lo que cueste. –Ahora sí que había logrado sacarle una emoción. Chara sonrió al ver que en efecto, sí estaba acabado aunque no fuese capaz de aceptarlo. Aun así no apartó el cuchillo de él, más le valía mantenerlo al margen. –Si tengo que hacer una alianza con ese esqueleto, lo haré. Pero necesito de tu ayuda para…
-Wow, wow, para tu tren, Kris. Yo ya no trabajo para ti y ni lo haré nunca más. En lo que a mi respecta, eres igual o peor que Dreemurr.
-¿No consideras que Frisk pueda estar más en peligro cerca de ese esqueleto?
Chara chasqueó la lengua en desagrado de que quisiera usar ese bobo argumento con ella. Sabía que no era la mejor opción, pero dada la circunstancia en que le hacía decidir entre un completo desconocido y un idiota que justificaba los medios para lograr sus objetivos, optaba por aquel que al menos era capaz de hacerla sonreír. Todavía recordaba verla tan contenta a lado de ese monstruo, al igual que el ver que ella había corrido en urgencia hacia él como abeja buscando la miel sin pensar en su propio bienestar primero. Era suficiente, al menos por ahora.
-Tomaré eso como un si. –Comentó Kris a los pocos segundos. Pero qué malo era para leer su rotundo desagrado hacia él. –Mi relación con los Gaster no es precisamente apropiada de momento, y eso solo incrementa la barrera que pone Frisk sobre nosotros, por lo que necesito que seas quien quebrante esa confianza que ella le tiene a los esqueletos para cambiar la balanza lentamente. Así que haz lo tuyo, y dale tentación al primogénito.
-¡Pffft! Jajajaja. ¿Qué te hace creer que haré eso? –Soltó una carcajada al grado de terminar apartando el cuchillo. –Owww, no me digas que la chica que te interesa es Frisk y te duele que te la hayan robado. Y yo que creí que eras maric… ¡Agghh! ¡Hijo de puta!
Tenía que admitir que se había descuidado demasiado al tomarle por la guardia baja aquella petición tan fuera de sí. Olvidando por completo que su ex jefe era capaz de arrebatarle el arma y acorralarla ahora a ella, pero además, no dudando en lastimarla por completo sin temor a matarla realmente. Maldito, aunque fuera capaz de curarse pronto, no significaba que no doliera mucho un cuchillo atravesándole la palma de la mano.
-Esto es serio. Tuve un rehén que estuvo en manos de la bestia antes. –Apenas y era capaz de escucharle. En verdad dolía demasiado quitarse el cuchillo de golpe, pero tenía que hacerlo dado que la había clavado contra la pared en un movimiento que no vio a tiempo. Genial, ahora le debía un cuchillo al parrillero. –Habló sobre un alma humana inusual. Una que con su magia, podía escuchar que decía el nombre de Frisk. ¿A qué te suena eso?
-A que ambos están locos. –Respondió con dolor.
-No sé ni porqué pierdo el tiempo contigo intentándolo. –Chara pensaba lo mismo, pero lo atribuía a que le hacía falta tener amigos. –Sé que jamás seré como Saito-sensei, pero hago lo que puedo por mantener su legado. Eso te incluye y la incluye a ella, aun cuando a la par son unas tercas malagradecidas. Aunque claro, Frisk al menos parece tener más adaptabilidad que tú.
-¿Adaptabilidad? ¿Eso es lo que buscas en una mujer? ¿Enserio?
-No busco nada.
-Si, si, síguete diciendo eso, maldito mentiroso. –Aunque fuese un mal movimiento de su parte, arrojó el cuchillo al suelo mientras su mano paraba de sangrar poco a poco al escuchar eso. –Así que ese fue tu plan todo este tiempo. A una la mantienes pura para ti, mientras que a la otra la pudres lo suficiente para que haga tu trabajo sucio. Pues gracias por nada.
-No fue al azar, ni tampoco una decisión inmediata. Fue algo necesario.
Chara pudo detectar el olor de alguien aproximándose, pero optó por no advertir nada del coraje que le daba estar lidiando con un imbécil que cada vez más repetía patrones que tanto decía detestar a Dreemurr. En verdad que era un caso perdido más bien él, así que dejaría que lidiara con lo que sea que estaba tratando de buscarles como castigo de haberse atrevido a acercarse en primer lugar.
Lo sabía desde mucho antes como para estar lamentándose ahora. Frisk era la favorita de todos, pero incluso ella era consciente de que hasta ella misma la prefería por encima de sí misma. En verdad estaba feliz de que estuviera con vida y que fuese capaz de ser feliz pese a todo sin haber tenido que pasar por lo que ella le tocó sufrir, pero saber la mala suerte que le perseguía en muchos aspectos simplemente era agobiante. Tantos años siendo entrenada para ser un arma bajo la manga de alguien rencoroso, para que ese monstruo objetivo solo saliera ante el hecho de saber sobre Frisk… de algún modo le hacía conectar con Kris sobre la decepción que producía eso, más nunca se lo diría. Tan solo quería asegurarse de que su hermanita estuviese bien, pasara lo que pasara, pero se había descuidado torpemente por ese par de fuegos fatuo que pretendían preocuparse por ella cuando sabía que solo se trataba de la típica jugarreta buscando información. Se apuntó mentalmente a no volver a permitirlo.
Aunque, ¿qué se sentiría ser elegida alguna vez? Se sentía tonta de estar pensando en eso.
-Me da igual eso ahora. –Respondió Chara al momento de desviar un poco la mirada. –Lo único que me importa saber es si mi hermana está bien o no.
-Está bien, es más fuerte que tú en muchos aspectos.
-Ya entendí que ella es tu favorita también, no hace falta que sigas. –Rodó los ojos con exasperación. Que el propio Kris no se diera cuenta de que tenía cuanto menos admiración hacia su hermana era un fastidio que no le interesaba remediar. –No quiero volver a verte y mucho menos estar cerca de ella. Así que búscate a alguien más para semejante tontería.
Al momento de escuchar un disparo, (muy mal dado por cierto), ella rápidamente se apartó con suficiente tiempo para dejar que el resto de la yakuza se encargara de semejante interferencia. Notando así que aunque hubiera dicho algo sobre el hecho de detectar que un conejo simpatizante de los Gaster se estaba acercando, aun así tenían sus modos de poder estar alerta de algo como eso. Razón por la cual habían elegido conversar con ella en un callejón donde tenían manera de escapar por las cloacas al lanzar humo.
En fin, agradecía ya no tener que seguir viendo la mala cara de su ex jefe por ahora. Había sido una pérdida de tiempo haberle tenido consideración en una conversación que no llevó a nada, pero que estaba segura de que no sería la última que tendrían dado su interés en el hijo mayor de los Gaster e interés romántico de Frisk. Y como fuere, tenía cosas más importantes en las qué pensar ahora. Y otras mucho más urgentes por atender que le llevarían a cometer algo más minucioso.
Era fecha que no comprendía muchas cosas, pero algunas ya podía darles cuanto menos una estructura con la cual poder sentirse con desagrado. Asgore Dreemurr hace muchos años había elegido a Masao Saito como su enemigo número uno, volviendo las calles en una guerra campal que tarde que temprano terminó ganando y llevándose sus premios consigo. Si se había llevado a Frisk y a ella únicamente ante el hecho de que no pudo llevarse a su madre también, significaba que ese monstruo optaba por arrancar un problema de raíz siendo la descendencia, o, por tratarse de mujeres que usaba cual condimentos para su retorcida cocina experimental. Así que su tirada podría ser la misma esta vez.
Lo que había estudiado de los Gaster le indicaba que no había señora al haber muerto hace tiempo. Solo eran un padre y dos hijos, los cuales uno de ellos estaba comprometido con la hija de la líder sindical de monstruos y el otro era más ni menos que su cuñado. Si aquello se estaba repitiendo al elegir al esqueleto como su nuevo enemigo, no cabía duda de que Dreemurr podría intentar llevarse a la hija del sindicato y a Frisk como algo de vuelta, pero apuntaba más a que su intención total era esta última.
Sans Gaster, tal vez si era momento de ponerlo a prueba.
.
.
-¡Extra, extra! ¡La bestia de Ebott se presenta en el debate! Muestra su disgusto hacia el amor interespecie.
-¡Extra, extra! ¡Amantes prohibidos causan disturbios en Waterfall! ¿Quién es Sans Gaster y por qué intervino en el debate por amor?
-¡Extra, extra! Sans Gaster, ¿un peligro más grande que La Bestia?
-¡Extra, extra! ¿Quién es la humana que robó el corazón de un esqueleto? ¿Podrías ser tú? Descúbralo en la página seis.
-¡Extra, extra!
-¿En serio que estos son los encabezados de hoy? –Preguntó Michael molesto, arrojando todos los impresos hacia su escritorio. –No tenemos ni idea de cuántos cadáveres hay que recoger esta mañana, y a los medios se les ocurre esta farándula de pacotilla…
-Los directores de prensa deben considerar que estos puntos deben de ser de mayor interés para los lectores por ahora. –Comentó el pelirrojo encogiéndose de hombros. Tomando algunos de los periódicos que le había traído por petición suya. –Ya sabe, para no causar más pánico del que ya hay.
-Para nada es eso, muchacho. –Con cuidado se sentó en su silla ahora que todavía se encontraba muy adolorido. Tomando su café que estaba ya algo frío al haber trabajado a primera hora sin haber dormido más de dos horas tras lo sucedido. ¿Pero quién podía dormir con semejante situación? –Pendragon anda haciendo lo que sea para no quedar más mal de lo que ya quedó con esto.
Michael había pasado la noche en el hospital tras lo catastrófico que había sido el ataque final de la bestia sobre toda la zona que supondría que lo estaba acorralando, cuando finalmente lo había convertido en que todo tonto cercano a él estaba atrapado con él. Chamuscando a varios cuerpos que habían estado poseídos por fantasmas tratando de combatir la presencia de la yakuza, y haciendo casi imposible poder detectar con exactitud quiénes eran los muertos. A quienes les había tocado ir a la guerra, se imaginaba que les habría tocado ver algo como eso.
Si bien lo habían atendido apropiadamente y le habían pedido que descansara, él usó las horas para escribir su nota para el periódico al haber presenciado demasiado de primera mano. Si bien había varios detalles que tuvo que omitir al ser cosas confidenciales y de investigación policial todavía, se había dedicado en narrar que quien parecía estar en el centro de todo ese conflicto entre mafiosos era una florista (omitiendo su nombre claramente al no tener la autorización para hacerlo todavía), que conectaba cada laguna de lo que había sido su investigación durante años. Y no le sorprendía que le rechazaran su columna, sino que le decepcionó demasiado que semejantes notas fueran las aprobadas en su lugar.
El gobierno no quería admitir que era una mujer quien les estaba ocasionando los problemas, ni mucho menos aceptar que era una humana a favor genuino hacia los monstruos. No ahora cuando por primera vez en la historia había un candidato monstruo queriendo representar a una ciudad repleta de monstruos, extranjeros y mucha delincuencia. Callar eso venía de una estrategia que solo haría que en cualquier momento rompería la burbuja del miedo que nadie sería capaz de controlar. No tenía sentido que quisieran aplazar tanto esa situación solo por no intervenir en candidaturas, por más que quisieran evitar asuntos delicados de por medio.
-Le recomiendo no hacer esos comentarios en su lugar de trabajo ni en otra parte, señor Hallyton. –Su jefe se asomó a su oficina con evidente enojo que, a su perspectiva, estaba a fuera de lugar si el muy cobarde se había retirado en cuanto había estado presente Dreemurr. –Es un héroe que sobrevivió de nuevo a ese monstruo, pero sigue siendo un subordinado. No lo olvide y haga su trabajo bien ya que se rehusó a tomar incapacidad.
-Que curioso, yo estaba por decir algo similar a usted.
La voz firme vino del pasillo que no era capaz de ver tras la interferencia de su jefe, pero por su rostro casi asustado, pudo suponer que no se trataba de cualquier persona. Y en cuanto se adentró y dejó ver de quién se trataba, rápidamente se puso de pie aunque aquello lo lastimara un poco, siendo seguido por O'Neil con cierto nerviosismo y admiración conjunta que no pudo ocultar de ningún modo.
-Señor presidente.
Calvin Coolidge, presidente de los Estados Unidos a punto de entregar la presidencia, acompañado tan solo por un par de guardaespaldas que si bien estaban arreglados, podrían pasar fácilmente por simples civiles recorriendo Hotland en busca de un buen café. Debía de considerar un honor contar con su presencia tan discreta pese a estar por dejar el cargo, pero tampoco podría ser un buen augurio precisamente que fuese de ese modo. Ya que por el tono de su voz podía reflejarse su total seriedad.
-Me gustan las buenas bromas.
-¿Disculpe?
-Me gusta reír, ¿saben? –Comentó el presidente mientras recorría su oficina con calma, observando la pared repleta con toda su investigación de años. –Encuentro en la comedia el encanto que amortigua el dolor.
Nadie se atrevió a hacer un comentario al respecto, sin saber cómo reaccionar ante eso. Michael por su parte se preguntaba mentalmente si había llegado con ellos directamente o si había llegado a la alcaldía primero. Aunque la situación más bien habría brincado directamente al gobernador sin más miramientos.
-Pero les haré una pregunta. ¿Les parece que estoy sonriendo en este momento?
-No, señor.
-Exacto, esto no es gracioso. –El presidente tomó los impresos que había dejado sobre su escritorio. –Y no lo digo por su prensa local, señores, sino por el caos ocasionado el día de ayer del que todo el país está haciendo mención y razón por la cual tuve que tomar esta medida. Queriendo ver con mis propios ojos lo que realmente ocurre, en lugar de seguir dejando que alguien más me cuente que Ebott City es el lugar que más conflicto genera recientemente. Si se hicieran encuestas ahora mismo, les aseguro que muchos optarían por pedir otros candidatos más competentes y cuerpo policiaco más valiente.
-Perfectamente, señor presidente. –Comentó su jefe queriendo amortiguar cualquier regaño que pudiera venir con eso. –Es por eso que nosotros…
-Aunque esté por dejar el cargo, amo a mi país. –Continuó el presidente sin darle importancia a cualquier halago o comentario optimista que podría venir con eso. –Y no voy a permitir que la insolencia y baja competencia arruine a nuestra nación. Así que en cuanto tenga la autoridad, haré lo mejor que será para cada rincón de los Estados Unidos. ¿Quién de ustedes, caballeros, es Michael Hallyton?
-Yo, señor. –Levantó la mano, dándose cuenta así que no había soltado su café en ningún momento.
-¿Esta investigación es suya? –Señaló su pared repleta de recortes, muestras y todo lo que relacionaba a Asgore Dreemurr. –¿Es usted quien perdió el brazo en el atentado hace años contra él?
-Si, señor presidente. –Se rehusó en comentar que eso era obvio, dado que era el único presente que en efecto, sólo tenía un brazo.
-Vaya, usted sí que es un tipo duro de roer. –Pudo visualizar que una tenue sonrisa se asomó en su rostro sin apartar la mirada hacia la pared. Notando que particularmente, observaba sus pistas sobre la florista que conectaba con la bestia. –Ante villanos particulares, hacen falta héroes que brindan esperanza y que compartan su suerte de sobrevivir a semejantes actos para seguir adelante al día siguiente. Descanse hoy apropiadamente, prepare su informe y todo lo que necesite, porque a partir de mañana quiero que lo primero que oiga sobre esta ciudad es que está luchando por combatir a todo mafioso residiendo en este pequeño rincón de mi preciado país.
-Si, señor presidente.
-Lo quiero como comisario de Ebott City.
Michael tuvo que dejar su café sobre su escritorio para no causar un desastre tras la petición, que bien debería de tomarse como una orden de su parte. No hacía falta ver a su jefe para saber la sorpresa amarga que implicaba enterarse de que acaba de ser despedido por el presidente de los Estados Unidos. Ahora tenía garantía de que sí había ido a ver a Pendragon antes para dar semejante noticia personalmente, por lo que se hizo la pregunta de qué más habrá tratado de cambiar en su presencia discreta para llegar a esa medida de reconocerle personalmente su esfuerzo y hacer mención de su nuevo cargo sin preguntarle antes si quería el puesto o no. Tenía los suficientes años de experiencia para saber que aquel movimiento podría ser más una estrategia política que un interés por un bienestar, mas no lo tomó como una ofensa ni tampoco tuvo intención de comentar algo.
-Ustedes no me vieron aquí, señores.
-Entendido, señor presidente. –Comentaron varios al unísono mientras lo veían marcharse junto con sus silenciosos guardaespaldas.
Al momento de que no estuvo en su oficina fue como si varios habían olvidado cómo respirar apropiadamente. O por lo menos fue el caso del oficial ONeil tras girarse abruptamente hacia él con una gran sonrisa sincera.
-Felicidades por su ascenso, señor.
Michael le devolvió la sonrisa con algo de cansancio. Tomando el periódico que tenía el encabezado de "Sans Gaster, ¿un peligro más grande que La bestia?" Y colocándolo en la pared junto a la fotografía de la florista que le habían tomado hace unos meses sin saber semejante amenaza que sería a partir de ese momento. Interesándose de alguna manera que dentro de ello, el conflicto estaba entre un monstruo que declaraba la guerra a los humanos con tal de un control superior no escrito en piedra, y un monstruo rompiendo toda regla natural justamente por declarar estar enamorado de una humana. Los humanos eran quienes estaban en el medio de esa balanza peligrosa, justamente por una que los conectaba.
Si. Definitivamente tenía mucho trabajo por hacer de ahora en adelante.
.
.
Había sido una mala noche, pero aun así Mettaton se dispuso a seguir con sus planes desde primera hora de la mañana productiva. Era consciente de que el alcalde trataba de contactar con él con varios reclamos sobre sus desviadores de magia que al final ya no habían sido presentes para semejante ataque del Gran Don, pero no era algo que le importara demasiado en primera instancia. Ya vería el modo de cómo resolver semejante brecha entre el gobierno y él a su favor. Por ahora, tenía una prioridad más grande que abarcaba su mente sin pagar renta.
-Lindura, aquí estás.
Aprovechando la vulnerabilidad de los Gaster ante la situación, se daba cierta libertad de poder ingresar a Snowdin sin amenaza alguna al haber formado parte de la solución de que pudieran escapar todos con vida. Sin contar que era socio directo de la florista que actualmente trabajaba para los Gaster, por lo que indirectamente eran aliados entre sí de una u otra forma. Aun con las amenazas de Sans que, por cierta suerte, no veía por alguna parte ahora que se dirigía hacia ella en el parque central. Tal vez estando a lado de su padre que había terminado muy mal tras recibir semejante ataque y poder vivir para contarlo.
-¿Qué es lo que estás haciendo?
-Tratando de dar dinero a gente que lo necesite. –Comentó mientras extendía un manojo de billetes que seguramente tenía mucho más en la pequeña bolsa a su costado. Notando como algunos transeúntes querían evitar acercarse a ella, aunque tal vez era por su presencia que opacaba muchas cosas. –Es el dinero que no pude arrojar para alejar a la gente del lugar. Pero supongo que nadie quiere dinero sucio, ni siquiera yo.
-No es eso, lindura, muchos no saben qué hacer con donativos cuando se aplaude el adoctrinamiento que les hace creer que todo trabajo duro debe ser recompensado, mientras se quejan en sus casas de cartón sobre por qué algunos son ricos y ellos no. –Argumentó mientras se daba la libertad de acercarse a ella, notando con cierto pesar que estaba sin arreglarse, teniendo cuando mucho ropa común encima que tal vez solo seleccionó al azar con tal de estar vestida con algo limpio tras el incidente. –Te recomiendo que si quieres ayudar, al menos hazles sentir que les estás pagando por su trabajo.
-Si, supongo…
-Te ves cansada.
-He dormido poco. –Admitió Frisk sin mucho ánimo. –Tengo mucho por procesar y mucho por arreglar. La familia Gaster necesita mucha ayuda de ahora en adelante por mi culpa.
Mettaton quiso decirle que nada de lo ocurrido era su culpa con tal de animarla, pero se recordó que aquel plan de sacar al monstruo jefe de su mansión para hacerle frente sí había sido suyo, del cual muchos, incluyéndose, habían formado parte al querer seguirle ciegamente en algo que pintaba para poco y que terminó en un completo desastre. Sin contar que muchos civiles habían muerto y que fácilmente podrían señalarla tras eso. Vaya, sí era una situación complicada de poder manejar después de todo, siendo tal vez por qué la contemplaba sola sin alguna compañía a la vista de algún Gaster o séquito de ellos, ni siquiera la planta agresiva. Siendo una oportunidad más provechosa a lo que había creído.
-¿Y cómo te encuentras de salud? ¿Cómo siguen tus heridas? –Optó por ir por algo tranquilo primero.
-Me sigo mareando demasiado. Sin contar que los olores me parecen más intensos de momento.
-Sabía que debíamos pasar por un hospital cuando lo dije. Al menos Don Gaster resultó ser muy bueno para que te recuperaras tan bien. –Tuvo la excusa perfecta para tocar sus mejillas y pretender que la estaba revisando minuciosamente para ver que estuviera bien. –No presentas ni una sola herida. Al menos visible.
-Esto no es obra de Don Gaster, sino de Dreemurr. –Frisk rechazó su tacto casi de inmediato, tal vez por tener las manos muy frías para ella o por hacerle mencionar el apellido que tanto le molestaba visiblemente. –Todo este tiempo creyendo que era su hija, cuando realmente solo fui un experimento para él, del cual pudo deshacerse con facilidad cuando resulté ser un fallo de algún modo que no entiendo… y del que tal vez no podré entender nunca.
-¿Un experimento?
-Si, no sé mucho al respecto, pero puedo regenerarme a gran velocidad al grado de ser incapaz de morir. –Por alguna razón se tocó el hombro mientras volvía a recargarse en el árbol. Tal vez recordando una de las muchas heridas que le habían hecho. –O por lo menos eso creo en cuanto me hieren.
Nada de eso le gustó cómo sonaba, pero tuvo que reprimir cualquier intento de acercarse a ella dado que se lo impedía en rápidos movimientos y uno que otro gruñido inusual que la hacía ver como una cachorrita a la defensiva. Que le rechazara le disgustaba en absoluto, pero podía comprender lo suficiente de que estaba pasando por mucho para que él resultara una molestia más en su mente torturada con muchas cosas por pensar. Teniendo que aceptar que no era el momento adecuado de poder hacer sus jugadas en cuanto no lograra calmarla primero. Entendiendo con resignación que deberá ir lento por esta vez.
Pero algo dentro de eso finalmente tenía sentido de que pese a haber trabajado con el Gran Don, jamás hubiera sabido de alguna hija y que además se trataba de una humana. Aunque era una lástima que hubiese tenido ese destino del que seguramente no era sencillo de poder procesar.
-Si eres un experimento de él… entonces supongo que por tus venas debe correr la firma del señor Sallow. –Comentó Metatton tras pensarlo detenidamente. Al menos dándose la libertad de recargarse en el mismo árbol, pero manteniendo distancia más que suficiente para que no se sintiera invadida de su parte. –Un socio de Dreemurr muy particular que conocí en ese tiempo y con fanatismo a la ciencia.
-¿También lo traicionaste?
-¡Ouch! No hace falta que me juzgues así tan temprano, lindura. –Le disgustó que le atacara tan pronto con eso, pero se dispuso a mantener su sonrisa con tal de amortiguar la situación. Había tomado la decisión de ser sincero con ella, y más le valía serlo a la medida apropiada. –Pero supongo que no hay otro modo de llamarlo esta vez, aun cuando fue por algo necesario. Gracias a él pude completar el proyecto más importante de mi carrera, pero yo no cumplí con mi parte del trato.
-Que descaro de tu parte.
-Que puedo decir. –Se encogió de hombros con algo de gracia. –Soy un hombre diferente ahora.
-Mettaton, ¿eres un fantasma?
Aunque tratara de acostumbrarse a su modo particular de ser de formular las preguntas más directas e indolentes que se le pudieran ocurrir a un ser vivo, aun así aquello le había tomado con demasiada sorpresa al grado de haber estado por caer al suelo y hacer el ridículo en zona pública. Por suerte, pudo contenerse a tiempo y fingir total indiferencia ante su curiosidad.
Maldita sea, se había dicho a sí mismo que sería sincero con ella de ahora en adelante, pero eso era demasiado pronto para él. ¿Qué haría ahora? Tal vulnerabilidad no era algo que se permitiera de ningún modo, sin embargo estaba ahí, sin poder verla directamente ahora al no querer ver alguna decepción de su parte o algo por el estilo.
-Vi como los Blook salieron de los muñecos para poseer cadáveres mientras me alejabas lo más posible del lugar. –Explicó Frisk al no obtener respuesta inmediata de su parte. –Es la primera vez que veo fantasmas, no sabía que eran reales.
Se quedó en silencio sin saber qué decir, sintiendo sus manos algo inquietas por la simple sensación de estar acorralado en algo que no tenía ni idea de cómo expresar. Incluso podía ser consciente de que su respiración se había acelerado un poco al querer decir algo y a la vez no, por lo que pudo intuir que esa era la razón por la cual tenía ahora la total atención de la linda florista, con una mirada que ahora le paralizaba en muchos aspectos y que no estaba siendo capaz de ser indiferente ante eso.
Pero tenía que ser valiente, auténtico ante ella. De lo contrario, ¿cómo sería capaz de poder ser merecedor de su cariño?
-Oh, no tienes que decirme si esto te…
-Hay muchos estigmas en los fantasmas, partiendo de ser relacionados como un mal augurio en donde sea que estuvieran. Por eso pocos se dejan ver como tal al ser molesto lidiar con cosas así. –Respondió finalmente tras tomar algo de aire para no detenerse en ningún momento que le hiciera retroceder. –Solíamos ser una especie que solo deambulaba en zonas aisladas, pero con el tiempo todo eso tuvo que cambiar al ya no haber rincón en el mundo al cual poder esconderse.
No podía creerlo, ¡lo estaba hablando! Estaba totalmente vulnerable ante ella… y ella le prestaba total atención con una mirada que si bien reflejaba su cansancio y malestares previos, no estaba para juzgarle de ningún modo. Poder contemplar que estaba brindándole semejante atención, aun cuando estaba con muchas cosas por las cuales pensar, le dio suficiente valor para seguir adelante.
Ella era perfecta, era la indicada, por eso sabía que ella no le rechazaría por ser quien era realmente. Aun cuando era una parte que quería enterrar en cualquier recuerdo existente.
-¿Por eso tu familia se presenta como muñecos? ¿Para no ser juzgados como fantasmas? –Preguntó Frisk al poco rato, cuya cuestión no se la tomó mal esta vez. –¿Su magia es poseer cosas? ¿Tú posees el cuerpo que tienes?
-Esas son muchas preguntas, lindura.
-Lo siento si es algo que te incomoda. –Mettaton le sonrió, sintiendo sus mejillas acalorarse por tener semejante consideración de su parte. No sabía lo bien que se sentía. –Es solo que es la primera vez que parece que estás siendo totalmente sincero conmigo sin tus juegos previos.
-Lo sé, es una sorpresa también para mi. –Le admitió inmediatamente. –Es la primera vez que me atrevo a hablar de esto con alguien desde…
-¿Desde qué?
-Desde que me llamo Mettaton.
-¿Mettaton no es tu verdadero nombre? –Su tono de sorpresa le causó ternura.
-Lo es ahora. Es algo así como tú que no te sientes identificada con algún apellido. –Pudo ver que su chica comenzó a abrazarse a sí misma, siendo un indicador que tal vez la conversación era demasiado por ahora. Incluso para él. –Mi oferta sigue de pie, lindura. Puedes ocultarte un tiempo conmigo y…
-Gracias, pero como dije, tengo cosas por hacer.
-No tienes que pasar por todo esto sola. –Insistió un poco, extendiendo su mano por mero impulso de al menos tocar su hombro, pero se contuvo al final por temor a un rechazo de su parte de nuevo. –Tal vez sea el único ser que pueda entenderte mejor que nadie. Yo sé las fechorías que comete Don Dreemurr a su beneficio, al igual que sé lo que se siente ser rechazado por una familia sin poder explicar lo que querías obtener para ellos.
-No creo que los Gaster vayan a rechazarme por esto. –La florista desvió la mirada. –¿Cierto?
Mettaton se quedó en silencio, pero no porque no supiera qué decir en el momento. Fácilmente podría decirle que huyera con él para evitar la verguenza de haber sido la causante de la casi muerte de Don Gaster y la muerte de muchos indirectamente hablando. Podría usar la situación de un modo tan sencillo para él, pero eso sería torturarla cuando justo en ese instante, ella estaba adolorida, cansada y muy probablemente confundida en todo lo que creía y defendía con convicción de lo que era correcto y no. Era una situación de oro para él, algo que podría aprovechar de muchas maneras y salir victorioso en la batalla del amor… pero algo en él le hacía detenerse de todo intento. ¿Por qué? Lo que quería era justamente eso, sacar a los Gaster de la ecuación sin rencores o complicaciones que atentaran contra su vida. Ganar a la mujer perfecta para él. ¡Maldición! ¿Por qué no hacía lo que mejor le salía justo ahora?
-Si saben lo que es bueno, te perdonarán. –Soltó sin saber de dónde demonios había sacado esas palabras. –Eres demasiado especial, Frisk. Cualquiera daría lo que fuera por mantenerse a tu lado.
¡¿Qué demonios le estaba pasando?! Se estaba comportando como un completo tonto. ¿Cómo era posible que alguien como él, el gran casanova, estuviese desaprovechando una oportunidad así? En su lugar, estaba enfocándose en que ella se sintiera mejor con lo que sabía que necesitaba oír, pero inconveniente para él mismo y su objetivo de conquistarla.
-Si así fuera, no tendría este problema. –Frisk arrojó el manojo de billetes de vuelta a la pequeña bolsa con evidente resignación. –Todo lo que quise desde que puse un pie en esta ciudad, fue ver a mi padre para volver a ser una familia unida. Pero en su lugar tuve una confirmación de qué tan sola estuve realmente todo ese tiempo. Me dije que podía afrontar las consecuencias de mis actos… pero esto es demasiado. No tengo ni idea de como remediar este desastre. No tengo idea de como dar la cara a todos sin romperme.
-Si te sirve un consejo de mi parte, tendrás que acostumbrarte a esa sensación si quieres seguir trabajando para mafiosos. Por eso y más es que me aparté de ese juego a tiempo.
-Un juego. ¿Acaso eso es la vida para todos?
-¿Qué otra cosa puede ser si siempre existen los riesgos? Al menos así es un modo de verla en su lado divertido que solo enfocarse en el sufrimiento.
-Creo que diferimos mucho en cuanto a diversión se refiere. –Parecía que se había rendido con el hecho de regalar dinero, porque ya estaba cargando la bolsa. –Pero gracias por tu apoyo, Mettaton. Ya veré el modo de arreglar también el problema que te metí con esto.
-¿Te refieres al hecho de que tengo al alcalde encima queriendo una explicación de mis desviadores de magia? –Sonrió con algo de malicia. –Olvidas con quién estás hablando, lindura. Tengo mis métodos para resolver eso, pero, si lo que quieres es remediar algo conmigo, compénsame el estrés y preocupación que me generaste ahí.
-¿Cómo?
De nuevo estaba teniendo una gran oportunidad para coquetear con ella, de sincerarse de lo que realmente quería de su parte y de cumplir con su verdadero objetivo. Pero nuevamente se paralizó y no por miedo, sino porque sabía que jugar con su situación emocional a su favor no le haría ningún bien a ella. Maldición, le gustaba demasiado para hacerle admitir en sus adentros que no quería verla mal nunca, sin contar que asustaba un poco que estuviera tan apagada. Le gustaba demasiado para querer que se levantara una vez más, contemplarla tal cual como la mujer de hierro que realmente era y no una adolorida por un fracaso de gran escala.
-Permíteme estar cerca de ti. –Se resignó en contestarle con algo de pena. No era propio de él tanta vulnerabilidad, pero solo ella era capaz de sacarle ese lado. –Dame la oportunidad de demostrarte que no seré un traidor para ti y así poder formar parte de tu vida como lo haces con los demás.
Una vez más tuvo su mirada exótica sobre él, notando así que sus ojos como el vino parecían ahora ser más carmín, aunque bien podría ser por efecto de la luz que solo parecía buscarla a ella en tan gélido lugar, pareciendo cada vez más ante sus ojos una hermosa orquídea escarlata que era capaz de vivir en el frío latente que venía siendo su entorno al enamorar al sol. De cualquier forma, se sintió inquieto de que le observara tan detenidamente, justo cuando se estaba comportando como un tonto ante ella. Si no aprendía a controlar ese lado suyo podría cometer tonterías que lo llevarían a la ruina tras todo lo trabajado durante años.
No ser un traidor… eso implicaba no abusar de su confianza. Tal vez tal exposición era lo que lo mantenía tan estático en ese momento.
-¿N-no has pensado en hacer algo mejor con ese dinero? –Cambió de tema rápidamente al no saber si podría comportarse adecuadamente con cualquier respuesta que le diera. –No te presenté por nada a Coco Channel, ¿sabes? Tu conocimiento herbolario puede ser de más provecho que una floristería o una bebida casera fermentada. Ya tengo una boutique a mi firma, así que estaba pensando en tal vez hacer una perfumería y ahí podrías…
-De momento no tengo nada en mente fuera de tratar de resolver las cosas que ocasioné de un modo u otro. –Le aclaró con una voz bastante apagada. Parecía que no estaba dando una con ella. –Supongo que tratas de distraerme para hacerme sentir mejor, pero no es lo que necesito, gracias.
-¿Entonces qué es lo que necesitas?
Finalmente se atrevió a apoyar su mano sobre su hombro, queriendo transmitirle sin palabras que la única razón por la cual estaba ahí, en Snowdin, arriesgándose a demasiadas cosas que atentaban contra su vida, era por ella.
Solo por ella se había dado valor de correr el riesgo de verse como traidor ante el alcalde, de aguantar los comentarios de su familia que no dudaron en dispararle en cuanto lo vieron. Solo por ella había corrido en su auxilio sin pensarlo demasiado, aun cuando estaba el mismo Gran Don presente y que por una razón la había herido de gravedad al grado de habérsela llevado de ser posible. Tras tantos años manteniendo las apariencias, de cuidar su propia espalda construyendo su propio imperio para su bienestar… lo había puesto a un lado en ese instante para correr hacia ella, protegiéndola para que no le dispararan sin siquiera pensarlo. Justo como ella lo había hecho en su momento, mas no sintiéndose satisfecho con eso a como había creído que podría en el pasado.
Ahora lo estaba entendiendo, aun cuando era algo que se suponía que ya lo tenía en aceptación. Finalmente estaba procesando todo lo que hizo realmente y razón por la cual se estaba paralizando cada vez que tenía oportunidad de jugar sucio. Ese sentimiento de querer estar a mano con ella para quitársela de la mente, esa sensación de querer saber siempre de ella y molestarle otras… estuvo desde un inicio. Con razón parecía algo que muchos le estaban notando sin siquiera decir algo.
-Lavandas. –Su voz le desconcertó de tal forma que pudo notar que se había sonrojado, mas no quitó su mano. –¿Puedes conseguirme algunas?
Oh, vaya. La amaba. Realmente la amaba.
-Todas las que quieras.
.
.
Un trato era un trato, así que ahora se jodía. Pensaba Undyne mientras llevaba casi a rastras a la coneja que se había escapado y que Lesser le había traído de vuelta con todo y moño, bajo una carta que le indicaba poder verla únicamente con ese moño puesto como parte de su recompensa. Genial, ahora se había condenado por un tiempo a estar con ese tipo. Ya vería luego cómo terminar con él antes de que se volviera una molestia para ella.
Pero al momento de alejarse un poco de la mansión de Gerson donde se alojaba, escuchó una fuerte explosión que le alertó por completo. Así que dejando a la coneja temblorina en una prisión de sus lanzas, se dirigió inmediatamente al origen de todo el escándalo. Solo para contemplar con cierta sorpresa que se trataba de Asgore al haber destrozado una pared entera donde justamente estaba la oficina del señor Gerson. No era la primera vez que le veía tan molesto por algo, pero sí era la primera vez que lo veía fuera de su mansión. Y su ira parecía ir demasiado dirigida ya que hasta estaba levantando sin mucho esfuerzo a la tortuga dueña del lugar. Nadie parecía ser capaz de intervenir o hacer algo, aunque no podrían hacerlo de cualquier modo.
Undyne por su parte se mantuvo fuera de la vista. Queriendo oír de qué se trataba tal brutalidad.
-Tengo una puerta, Gorey. No hace falta esta clase de…
-¡¿Qué fue lo que hiciste?! –Rugió el monstruo jefe al grado de que salían llamas entre sus dientes. –Esto es obra tuya, Gerson. ¡¿Crees que voy a tolerar que intentes traicionarme?!
-Supongo que esto se debe a las noticias del periódico. –Pese a la situación, el señor Gerson se veía bastante calmado. –Si, todo apunta a que la Flapper Florista es la ya no tan pequeña Frisk, pero…
-La yakuza, los Gaster, DT-00X, Mettaton… todos unidos por UNA sola persona que se suponía que jamás volvería a poner un pie en mi ciudad.
-Te recuerdo que yo te advertí en su momento sobre el posible crecimiento de la yakuza y que podrían buscarla, pero no quisiste escucharme. –Undyne trató de acercarse más, pero le resultaba complicado sin hacer ruido. –Sabía que podrían ser una amenaza de nuevo, pero su forma discreta de ser me superaba en un número incalculable.
-¡¿Dónde está Toriel?!
-Sobre eso te recuerdo que tú pediste que la situación la manejara…
El rugido que soltó sin poder ser paciente por una respuesta, fue tan grande que le hizo temblar su pecho y muy probablemente el de cualquiera que estuviera presente en algún rincón oculto al igual que ella. Incluso pareció soltar fuego nuevamente y que era sorprendente que no terminara quemando al señor Gerson en un arrebato más grande, aunque podría deberse a que el reptil se metió en su caparazón por ese breve momento.
-Ella habló de cartas. Yo jamás hice… –Su desesperación parecía ser demasiada, siendo incluso que se estaba despeinado con la mano constantemente como gesto ansioso. Pero al final, optó por respirar muy profundo para poder ser capaz de terminar alguna oración. –Tantos años planificando para que en un instante se arruine por esto. Solo tú sabías de su existencia, Gerson. ¡¿Qué demonios hiciste?!
-Me halaga y me ofende al mismo tiempo que creas que he sido yo quien sacó a la luz tu secreto, Asgore. Pero el que la pequeña Frisk esté en Ebott City no es cosa mía. Y puedes preguntárselos a los Blook, quienes también quisieron advertirte de la yakuza.
-Vi al muchacho… y sabía sobre Frisk cuando se supone que él debía de pensar en que estaba muerta. –Parecía que algo dentro de eso tenía sentido para él si poco a poco bajaba al señor Gerson, aunque sin soltarlo todavía. –Aun así todo esto tiene tu huella. De nuevo estás tratando de tomarme por tonto.
-Todo lo contrario, trato de protegerte. –Ahora sí se vio serio el señor Gerson. –Sé que confías en tu esposa, pero su lealtad a Saito ha estado latente siempre. Razón por la cual te rogó por la vida de ese niño y que ahora es un problema por la debilidad que tuviste ante ella. ¿Qué te hace pensar que haya sido leal a ti todo este tiempo ausente? ¿Cómo crees que la yakuza se enteró de la existencia de la menor?
-Ella no haría tal cosa.
-Mi trabajo contigo es poder ver y estudiar todo comportamiento a tu alrededor. Por eso quisiste un antropólogo como mano derecha. Por eso estoy aquí. –Asgore resopló nuevamente, pero esta vez sacó solo humo de entre sus dientes. –El crecimiento de la yakuza coincidió con la posible llegada de la humana a esta ciudad. Por lo que es probable que ella esté liderando a mano de Yamaguchi.
-Yo me encargué personalmente de que la yakuza no fuese nunca más un problema.
-En términos tuyos, no los acabaste de raíz. Ella es suficiente para que puedan creer que siguen en el juego. Tú mismo pudiste ver lo que hizo con los Gaster. ¿Que acaso olvidas que ellos eran leales a ti?
Undyne escuchaba con demasiada atención tras lo revelado. La humana extraña, la amante de Sans… ¿Asgore realmente la conocía? Eso podría explicar por qué de sus coléricas reacciones al saber algo de ella, pero no podía dar crédito al hecho de parecer que a su jefe le importaba cuanto menos algo de ella y la vinculación que tenía con su esposa y con la yakuza. Siendo una reacción que no creía posible que pudiera tener hacia alguien ante lo indiferente y algo burlón sobre muchas cosas. Su maestro, su jefe, el declarado enemigo número uno de los humanos, era imposible que tuviese preocupación hacia una humana. Algo debía de estarse perdiendo para que le hiciera un reclamo tan grande que lo estaba llevando a la sospecha de que el señor Gerson le estaba traicionando cuando aclaraba que no era el caso. Y no era la primera vez que se estaba comportando así con él.
Siendo así, estaba de acuerdo con que si la yakuza estaba siendo un problema en incremento, debían de acabar con ellos desde lo más profundo. Y si eso era la florista, que mejor que acabar con aquello que estaba tomando el atrevimiento de usar a los mismos monstruos en su contra. Aquella debilidad específica del odioso de Sans Gaster.
-Si tanto insistes en el tema, haré que otros tomen cartas en el asunto. Tu ya no tienes permitido involucrarte en lo que sea que pueda tener la firma de la yakuza o cualquier otro japonés. –Asgore terminó soltando a Gerson, lo cual desde esa altura y su edad, no debió de ser una buena caída para sus rodillas. Aun así la tortuga no mostró dolor alguno ni alguna otra expresión negativa. –Un solo paso en falso de tu parte, Gerson, una mínima señal de que Frisk en la ciudad es obra tuya… y tu muerte será mucho más dolorosa de lo que fue la de Sallow y Saito juntos.
-Lo tengo presente.
Dando grandes y pesados pasos, Asgore se retiró sin importar todo el desastre que había dejado y el que dejaba de nueva cuenta. Por lo impactante de todo, Undyne había olvidado por completo que habría sido una buena oportunidad de entregarle a la coneja tal cual se lo había ordenado, pero en su lugar terminó dirigiéndose hacia la tortuga que finalmente comenzaba a mostrar una incomodidad al momento de querer dar un paso. No tenía ni idea de cómo aplicar primeros auxilios, pero no iba a quedarse de brazos cruzados tampoco. Tal vez Alphys si estaba en casa sabría que hacer.
-¿Qué… fue lo que pasó? –Preguntó Undyne al momento de estar con él.
-Un temor hecho realidad. –Comentó Gerson con pena. No entendía mucho al respecto, pero estaba dispuesta a escuchar atentamente. –La venganza del legado de El Jugador está entrando en vigor y Asgore no quiere verlo. Sabía que usarían su debilidad tarde que temprano contra él, pero está siendo un peligro que le hagan creer que yo pretendo traicionarlo.
-No entiendo a qué se refiere. Usted jamás sería capaz de hacerle algo malo, ¿por qué podría creer eso?
-¿No has visto las noticias? Ayer fue todo un espectáculo.
-Estuve ocupada buscando a la señora coneja que Asgore me pidió. ¿Algo le duele?
-Descuida, además de viejo, estoy bien. –Pese a todo, le tenía una gran sonrisa que Undyne no dudó en devolverle con admiración. Definitivamente era sorprendente que no estuviera mostrando un verdadero malestar, aunque también podría estarse aguantando para no preocuparle. –El que posiblemente no esté bien es Asgore, por lo que te pido que me ayudes a protegerlo.
-Cuente conmigo.
Respondió sin siquiera dudarlo un momento. Sin ver la tenue sonrisa que la tortuga había esbozado en el instante.
.
.
-Don Gaster, traigo su comida.
La puerta fue abierta con magia ante ella de forma inmediata. Pasando a la habitación con charola en mano y observando de forma inmediata al esqueleto que yacía sentado en su cama mientras dos de sus seguidores seguían curándole a ciertas horas. No comprendía por qué era que lo seguía requiriendo, pero algo le decía que tenía que ver con el hecho de que sus brazos parecían estar soltando una capa de hueso, lo cual podía tratarse de la muda que le habían mencionado que los esqueletos pasaban por ello cada cierto tiempo. Como fuera, le era suficiente alivio por ahora que se encontrara vivo. No sabía lo que habría pasado en caso de que…No, no era momento de pensar en esas cosas. Debía de enfocarse en brindar la mejor ayuda posible.
Pero sin darse cuenta de en qué momento varias manos flotantes habían estado cerca de ella para arrebatarle la charola con la comida, otra había intentado inyectarle algo en el brazo que le hizo sobresaltar de golpe al momento de sentir la aguja, sintiéndose furiosa en el instante al grado de golpear y patear en el instante todo lo que tuviese cerca con tal de evitar aquello que había intentado ser introducida en ella. Y solo se calmó cuando las manos habían desaparecido y con ello, algún intento de seguir. ¿Eso había sido ella? Se tapó la boca. ¿Había gruñido cual animal? Que pena, había dejado incluso un gran desastre.
-Lo que me temía. –Comentó Don Gaster tras observar todo con calma. –Tu cuerpo está tan alerta que ya rechazará toda ayuda.
-Lo siento, yo… limpiaré esto. –Frisk sacó un pañuelo del bolsillo de su bata y se puso a recoger parte de la comida que había caído al suelo. ¿Cómo logrará quitar las manchas de la alfombra? –¿Qué es lo que intentó hacerme?
-Inyectarte vitaminas. Perdiste demasiada sangre que fue un milagro que no murieras por más que tu cuerpo sea anormal.
-¿Y no habría sido mejor que me avisara primero?
-No, porque quise corroborar una teoría que tengo contigo, la cual lamentablemente me has confirmado. –Don Gaster tomó el pan tostado que cayó en su cama y le dio una elegante mordida. –Tu cuerpo alterado te habrá salvado de la muerte, pero perdiste tanta sangre, que siente que todavía no termina de salvarte. Estás alerta cual animal salvaje frente a un cazador.
-No me siento diferente, aunque… hoy los olores me parecen intensificados. Me costó hacer la comida sin sentirme asqueada.
-En cuanto no logremos que recuperes la cantidad de sangre que necesitas, estarás inestable. Pero tú no puedes recibir cualquier sangre. No sé cómo resolverlo y me temo que podrías empeorar.
-Estaré bien, enfóquese en recuperarse primero usted. –Iba a decirle sobre la bala que aún tenía en el hombro de manera asombrosa dado que aún la sentía con el tacto, pero mejor lo dejó para otro momento dada su posible preocupación. –Puedo seguir andando mientras tanto.
-Tienes anemia. Yo no tomaría tu situación a la ligera, florista.
-No lo hago, solo me enfoco en lo que es primordial. –Se levantó con cuidado, teniendo parte de lo irrecuperable en el pañuelo y se dirigió a la puerta. –Disfrute su comida, yo iré a traer algo para limpiar todo esto.
-¿Exactamente qué plan pretendían hacer Sans y tú?
Frisk se giró de vuelta, sin saber cómo reaccionar ante su incógnita. No solo por ser un tema que le había prometido a Sans que no le diría nada hasta poder confirmarlo por su cuenta, sino porque Don Gaster requería encontrarse lo mayormente calmado para poder recuperarse pronto. No podía culparlo por sentirse incomodado con las atenciones, pero eran necesarias. Y el que le pidiera a los seguidores que los dejaran solos ahora no le pareció algo bueno, mas no dijo nada al respecto.
-Lo mencionaron dentro de todo el embrollo cuando se suponía que solo había una cosa por hacer y todos estábamos enterados. –Amable le quitó el pañuelo con la comida tirada y se retiró cerrando la puerta con cuidado. –Pero aparentemente hubo algo más que estuvo en curso y de lo que no tuve información al respecto.
-Lo siento, no puedo decírselo.
-Tal vez quieras mantener confidencialidad con tu pareja, y eso lo respeto. Pero tu pareja justamente se trata de mi hijo y además yo soy tu jefe. Todo el caos que desataron pudo evitarse si hubiesen consultado primero lo que sea que intentaron hacer. –Su mirada fúnebre fue inquietante, pero extrañamente reconfortante también por saber que algo dentro de todo no había cambiado en su forma de ser. La verdad era que había estado esperando ese regaño en cualquier momento. –Y algo me dice que se trata de aquello que te ha estado inquietando desde hace tiempo. Razón por la cual te urgió afrontar al Gran Don cuando antes lo defendías a puño limpio.
-No es nada.
-Eres una terrible mentirosa. Pero que intentes serlo es más preocupante que denigrante. –Don Gaster resopló con desgano. –Tanto tiempo quejándome de ti sobre la comunicación directa inapropiada que haces siempre y justo cuando más se necesitaba, ¿decides tenerme secretos? ¿Te das cuenta que tu mayor error en todo esto fue tu impulso? Te acepté como mi pupilo, como la pareja de mi hijo y como empleada. Solo pido que no me deshonres de esta manera.
-Lo siento, yo…
Había bajado la mirada al no saber siquiera qué decir en el instante que pudiera remediar la situación. Después de todo, el esqueleto ante ella estaba en cama, herido, justamente por un plan suyo y que él ya le había advertido que no era buena idea ejecutar algo así, costándole casi la vida en el proceso. ¿Qué podía decirse en esos casos? Un simple "lo siento" no podía curar semejante situación, pero realmente no se le ocurría qué más decir. Ni siquiera era capaz de ver a los demás Gaster todavía a los ojos hasta que pudiera saber cuanto menos como remediar todo el desastre.
Pero en su lugar, recibió una mano flotante tomándole la barbilla, obligándole a mantener la mirada fija en él. Con cierta rudeza que le hizo mantenerse demasiado alerta y algo molesta en sus adentros. Esperaba no gruñir de la nada de nuevo.
-Cabeza en alto cuando te hablo. Eres Frisk, y no te agachas ante nadie, ¿lo olvidas? –Frisk lo miró anonadada. Le sorprendía que recordara las palabras que alguna vez le dijo. –Si no sabes afrontar estas consecuencias, entonces acepta los regaños necesarios para que no vuelvas a cometer los mismo errores.
-L-lo siento, es que yo…–Su voz se quebró por ese instante, por lo que se contuvo de cualquier intento de llorar. Lo que menos necesitaba era justamente eso ahora. –No sé cómo hacerlo esta vez. Causé mucho daño, usted casi muere, la señora Bunny estuvo cerca y no hice nada para ir con ella, Sans casi muere también al afrontarlo… Esta vez solo causé problemas a todos.
-Y muchos, ¿pero por qué debería de detenerte ahora?
Aquello le desconcertó al grado de mantener la mirada firme, aun cuando la mano flotante había desaparecido lentamente.
-A veces creo que Sans es un lunático. Cometiendo riesgos sin pensar en unas cosas, reaccionando con brutalidad en otras, enamorarse de una humana y además con cierto historial… –Frisk no supo cómo reaccionar al respecto, si era que debía de reaccionar a ello en primer lugar. Don Gaster se estaba levantando con cuidado para estar de pie ante ella. ¿No debía de evitar hacer eso por su bien? –Pero voy descubriendo que no solo heredó mi temperamento y la sonrisa de mi esposa, sino su perspicacia y persistencia. Sans, a pesar de todo lo que le hice, conservó su corazón. Eso es un alivio y un peligro al mismo tiempo, porque es justamente la razón por la cual se lanza precipitadamente al vacío cual artista apasionado que seguramente es.
Frisk sintió de alguna manera que aquello venía con un severo castigo como antes, tal vez cacheteándola, pero en su lugar recibió una mano sobre su cabeza y no una mágica como la anterior. Desconcertándole que se mostrara tan compasivo ahora cuando en cualquier otro momento le habría gritado, golpeado o lo que fuera para hacerle entender según él. Y tal vez lo merecía esta vez, pero recibir esa piedad ahora solo le dolía mucho más.
-En cambio tú, eres frívola, recta. Leal a tus propios principios y convicciones. Cualidades que también se vuelven tu debilidad ante el hecho de que no sabes ceder hasta el último momento. –Su seriedad se sentía con un aire nostálgico que le preocupó mucho más que aliviarle conforme seguía. –Y por más orgullosa que seas, sigues siendo una mujer, florista. Llora.
-No necesito llorar para saber lo patética que he sido. –Se sintió culpable de que le hubiese notado que se estaba aguantando de hacerlo en todo ese tiempo. ¿Acaso estaba siendo muy obvia? –Mejor me enfocaré en resolver el desastre que cometí.
-Me parece un pensamiento apropiado, porque de hecho, tengo un encargo por hacerte mientras esté en recuperación. –Don Gaster quitó su mano sobre su cabello. –Dado que esta situación está a nivel público, requeriré que mis clientes no olviden nuestros tratos de los que no se librarán tan fácil de nuestros acuerdos. Así que es momento que…
-Quiere que haga sus negocios de cadáveres.
-No me interrumpas. –Estaba segura de que le habría dado un coscorrón si no hubiese quitado su mano segundos antes. –Quiero que apliques todo lo que te he enseñado y hagas los negocios por mi, si, pero también quiero que vayas a crear más alianzas a nuestro nombre. Necesitaremos aumentar nuestros panoramas dada la situación.
-¿Qué es lo que tiene en mente con eso?
-Algo de peligrosa calibre a decir verdad… pero sé que tienes el carácter para hacerles frente. –Frisk escuchó con atención dado que no estaba entendiendo del todo a lo que quería llegar. Ayudándole a sentarse de vuelta en la cama dado que comenzaba a sentirse débil. Y el verlo de ese modo le incomodaba de muchas maneras. –Hay varias familias italoestadounidenses en New York de las que nos será conveniente tener una conexión por si el gobierno nos complica más las cosas. No te querrán tomar enserio dado que eres japonesa y además una mujer, pero si fuiste capaz de dar una cachetada al Gran Don en público y salir viva de eso, tal vez ellos vayan a escucharte aunque sea por curiosidad. Requerirás escolta, pero no serán los numerale, los necesito en mi recuperación.
-Flowey estará conmigo. Y veré si Ronnie puede acompañarme de nuevo.
-No, tampoco a él dado que lo tengo en la misión de encontrar la fuga de la yakuza junto con el señor Fire.
-Entonces… ya pensaré en algo. –Estaba segura de que a Don Gaster no se le escapaba que no estuviese pensando en Sans, Papyrus o Muffet para la tarea, mas no dijo nada al respecto. –No sé que pudiéramos ofrecer para contar con una alianza con ellos, pero supongo que forma parte de lo que quiere que logre.
-En efecto. Has sido una peligrosa apuesta desde que te permití formar parte, florista. Pero no me arrepiento de haberlo hecho. Quiero que sepas eso. –Escuchar eso hizo que se humedecieran sus ojos en el instante, pero apartó la mirada al no querer verse tan mal ante él. Sentía que no merecía esa consideración tras justamente ser él quien tanto le había advertido del Gran Don en el pasado. –Tal vez las cosas no se dieron como lo pensaba y aun sigo sin entenderlo del todo, pero gracias por ser al menos quien tiene la cabeza fría entre Sans y tú. Esto último no es una orden, sino una petición de que me ayudes en cuidarlo.
-No hace falta que me lo pida, señor Gaster. Es lo que deseo hacer.
Finalmente pudo retirarse de la habitación para dejar al jefe de familia tranquilo, queriendo pensar detenidamente lo que acababa de pedirle, pero sin saber por dónde comenzar. Tenía que admitir que tenía muchas cosas en la cabeza y mucho cansancio de por medio, pero al momento de pasar por la sala pudo ver que Sans estaba en una esquina, con las cuencas completamente oscuras y evitando su mirada de alguna manera mientras se encontraba fumando. Aquello le fue suficiente para saber que no querría hablar con ella por ahora, y tal vez era lo mejor dada la situación. Sabía que debía de estar molesto con ella no solo por apartarse de él cuando lo que él quería era que ella se fuera de ahí, sino que al no hacerlo, por poco y perdía a su padre ante una jugada que no sirvió para nada. Y no tenía palabras esta vez para aceptar todo sin romperse, sobre todo con él.
Además, de algún modo parecía que también era su culpa que ahora el Gran Don lo tuviera como su enemigo elegido. Aquello que había querido evitar de algún modo había hecho todo lo contrario y no sabía cómo era eso posible, pero era un hecho del que ahora no sabía cómo remediar. Cuidarlo, por supuesto que lo haría, aun cuando le rechazara con justas razones. Solo que no podía con los temblores de sus manos con el simple hecho de pasar cerca de él. Necesitaba salir de ahí de inmediato ahora que no podía aguantar más las ganas de llorar. Y eso era algo que nadie de esa casa necesitaba ver.
Terminó caminando más de lo que podía realmente soportar dado su mareo, no queriendo detenerse al sentir que estaría peor si lo hacía. Limpiándose las lágrimas que se le escapaban conforme no dejaba de pensar en qué podía hacer ahora. Sintiéndose cansada, pero rehusándose a descansar por el simple hecho de que no podía darse ese lujo en cuanto no tuviera algo en mano para remediarlo todo. Pero lo cierto es que no podía, no cuando los impresos que estaban a la vista en su paso indicaban la masacre que había sido, que señalaban a Sans en muchos aspectos al grado de tener que ver su fotografía en todas partes.
¿Leal a sus principios había dicho Don Gaster? Hacía tiempo que los había quebrantado. ¿Qué era ella ahora? ¿Qué se suponía que debía de ser de ahora en adelante? Dar más pasos le aterraba esta vez, pero no se permitiría demostrarlo. Don Gaster le había dado una tarea y la cumpliría. ¿Pero cómo? ¿Qué podría ofrecer para semejantes tratos? ¿Cómo sin algo que pudiera ser de interés? ¿Ella realmente sería capaz? ¿Qué pasaría si no lo lograba? ¿La dejarían sola? ¿La apartarían? ¿Volvería a quedarse sola? ¿Sin nadie queriendo estar a su lado? ¿Sin amigos? ¿Sin familia? ¿Sin pareja? ¿Ese era su destino al fin y al cabo? ¿Debería de resignarse en lugar de perseguir un anhelo?
"Mantente determinada, Frisk".
Comenzó a sentirse sofocada, mareada, sin poder dar ni un paso más al grado de terminar hincada en el pavimento. ¿Debía de seguir de cualquier forma? ¿Estaría llamando la atención por cómo estaba? ¿Qué debía de hacer ahora? ¿Ella debía de poder saberlo? ¿Debía de poder saber levantarse? ¿Pedir ayuda? ¿Se estaba viendo tan patética como ella lo creía? ¿La culparían por todo aquellos que la estaban observando ahora?
"Mantente determinada, Frisk".
¿En qué se había metido? ¿Qué había hecho mal en un principio? ¿Habría algo por lo cual mejorar todavía? ¿Valía la pena siquiera seguir con lo que pretendía? ¿Habría algo bueno en ella todavía? ¿Realmente lo fue alguna vez?
"Mantente determinada, Frisk"
-¡Callate ya!
Había reaccionado de un modo que ni ella era capaz de poder describirlo, dando un salto hacia atrás con un equilibrio que se suponía que no estaba teniendo, a la par que había agitado los brazos para apartar lo que sea que aparentemente estuvo cerca de ella sin lograr percibir realmente cómo era que lo había sabido. Como fuera, le había atinado en apartar a alguien, pero era lamentable que lo hubiese hecho con agresión.
-¿Frisk? ¿Qué estás…? –Grillby la miró con preocupación desde su altura. –¿Estás bien?
Dándose cuenta de que se había parado con manos y pies tras su salto, se elevó con cuidado para no verse más loca de lo que posiblemente se estaba mostrando. Así que ignorando la voz que parecía querer ser persistente nuevamente, se dio cuenta de que había terminado caminando cerca del bar del señor fuego. Ingresando sin más al no querer estar expuesta del modo en que se estaba sintiendo, aunque seguramente no era un lugar seguro para ella por ahora. Ya que al ser amigo de Sans, podría indicarle que se encontraba en ese lugar para ir por ella. ¿Y eso era lo que ella quería realmente? ¿O le aterraba que esta vez no fuese así?
Sacudió su cabeza finalmente. Tenía que verse serena ante alguien que le observaba detenidamente.
-Dame algo de beber, por favor. –Frisk sintió su voz algo áspera. Tal vez por el llanto que se había estado aguantando. –Una margarita.
-¿Qué? Pero tú no tomas alcohol. ¿Acaso S…? –Le lanzó una mirada algo insistente de que no le cuestionara nada al respecto. Por supuesto que ella no tomaba alcohol, pero se suponía que tampoco era una asesina, directa o indirectamente. ¿Qué más daba? –No tengo nada con qué prepararte una, pero haré algo que se asemeje lo suficiente.
Tardó un poco para su gusto, pero finalmente le trajo en un vaso de vidrio algo traslúcido con algo de sal como decoración. No tenía ni idea de cómo debía de verse una margarita como bebida, por lo que le daba igual el aspecto que tuviera si ni tampoco sabía cómo debía de saber realmente. Tan solo sabía que si Sans había tomado mucho alcohol en su momento para apaciguar sus malestares, algo de ello debía de servirle.
-Supe que… viste a Asgore Dreemurr. –Grillby parecía querer indagar algo con ello, estando limpiando con un trapo la barra que estaba ya limpia. –¿Quieres hablar al respecto?
-Fue el peor error de mi vida, así que no. –Comentó simplemente.
Sabía asqueroso para su gusto, más no dijo nada. Se lo tomó como pudo entre largos tragos, para luego pedir otra, y otra… hasta que al menos callara las múltiples preguntas que se formulaba y la voz que era cada vez más irritante para ella. Terminando recostada en la barra cuando sintió que ya no podía ingerir más.
Sin embargo, pudo sentir la suavidad de una mano, acariciándole el cabello con ternura lentamente. No tenía el ánimo de poder levantarse para ver de quién se trataba, pero su aroma le indicó que era de suma confianza para ella si era capaz de poder relajarla con tan solo estar ahí. Con una calidez y amabilidad que se sentía como un gesto sumamente maternal, aun cuando no estaba segura de cómo se sentía eso particularmente para poder describirlo de ese modo.
Y era extraño, pero realmente le parecía que ya había olido ese aroma en más de una ocasión. En alguien más.
-Lo siento, no debí dejarte sola.
Escuchó una suave y femenina voz que pareciera genuinamente querer llorar con ella. Y por más alocado que sonara, le habían parecido las palabras que necesitaba escuchar para finalmente calmarse cuanto menos un poco, soltando las lágrimas que no había podido contener más. Sin poder indagar más al quedarse dormida a los pocos segundos.
.
.
Sans tendía más a fumar puro, pero al no haberlo hecho en cierto periodo, lo que pudo conseguir más rápido fueron cigarros. Lo cuales, no tenía ni idea de cuántos llevaba consumidos ya, pero podía hacerse la idea por las múltiples coletillas que iba dejado en un plato de cerámica que luego tendría que reponer al robárselo de la cocina. Tan solo quería calmarse, sentir cuanto menos alivio por haber salido de semejante situación, pero al primer intento de hablar tenía que colocar algo entre su dientes o sentía que gritaría al primero que tuviera al frente. Que Frisk le perdonara por lo mismo, no quería desquitarse con ella por más que tuviera el carácter suficiente para hacerle frente a cualquier palabra. El mismo caso era con Papyrus, con Muffet, con Flowey… bueno, con él no tanto.
No sabía cuántas horas habían pasado ya, pero había terminado observando el atardecer en el techo del edificio casi en ruinas que ocultaba una de las entradas a su casa. Había tratado de poder permanecer cerca del viejo para estar atento a cualquier cosa, pero al final no había aguantado más y salió con la intención de no estar tan lejos tampoco. Sentándose en el barandal dando la columna al sol que de cualquier forma no estaba para él.
-Creí que estabas dejando eso de fumar.
Sans levantó la mirada con algo de enfado, solo para ver que quien debía de estar reposando y oculto, había aparecido ante él con prendas que si bien no estaban mal, para el jefe debían de tratarse de trapos con los cuales nadie debía de verle así. Así que eso le decía que se había ido de su recámara sin que Muffet le viese, la cual no paraba de vigilar cada cierto tiempo y con desesperación al grado de que incomodaba.
-Y yo creí que debías descansar en cama. –Renegó con el cigarro entre los dientes.
-Sahumarte en tu miseria no hará que estés mejor. –Sans soltó más humo de puro coraje. Quien le había enseñado a fumar había sido él como para que le esté reclamando ahora. –Creí que ya habías aprendido eso.
-No estoy en un buen momento, ¿ok? –Sabía que el viejo tenía manera de contestarle eso con creces, pero agradecía que tuviera la cortesía de no hacerlo. –Déjame solo, viejo.
Por supuesto que eso no pasó, colocándose a lado suyo con cuidado y sin necesidad de pedir algún permiso para quitarle el último cigarro que aún no prendía. Sans no le dijo nada por enfado más que por necesidad, después de todo, estaba molesto con todo el mundo ahora pero a su vez aliviado de que podía contar con él todavía, aun cuando sea para fastidiarlo o darle un sermón. ¿Y era bueno que fumara dada su situación? Bah, no iba a detenerlo.
-La florista se habrá salvado de semejantes heridas como ya teníamos previsto que pasaría, pero no cabe duda de que la pérdida de sangre fue demasiada y ahora presenta anemia. –Escuchar eso definitivamente no era bueno para su humor, pero al menos le respondía una incógnita que no había podido formular. Agradeciendo en sus adentros que el viejo supiera su preocupación por ella y no tomándoselo mal. Tal vez estaba siendo demasiado obvio ahora. –Requiere litros de sangre, pero dada su condición inusual, es altamente probable que su cuerpo lo rechace. Y dado que se trata de algo que la está matando y a su vez no, está presentando lo que únicamente puedo llamar como "modo sobreviviente" a que tenga la suficiente energía para mantenerse estable en lapsos, pero posiblemente alterada en otros.
-¿Es por eso que no quiso ni dirigirme la mirada?
-Los problemas que tengan como pareja de mano sudada, no son asunto mío. –El viejo suspiró con resignación. Aquello le habría causado gracia en otro tipo de circunstancias. –Su tipo de sangre es complicado de conseguir, sin contar que pocos hospitales se dedican a clasificar eso con gran importancia al ser algo poco estudiado. Yo lo haría, pero dada mi condición, apenas y puedo mantenerme sentado en este momento para contarte esto.
-Lo entiendo. –Comentó para ahogar otra clase de respuesta.
-El plan b que se me ocurrió fue inyectarle los nutrientes para que su cuerpo haga lo suyo y recupere lo perdido por su cuenta, pero al primer intento se defendió sin darse cuenta. Su cuerpo y mente no parecen ir en sintonía en este momento, pero no parece querer darle importancia.
-Es porque es terca. –Soltó abruptamente al grado de dejar ir su último cigarro, consumiéndose ahora sobre el suelo. Genial. –La amo, pero a la vez… ¡Agghh!
En verdad no quería molestarse con ella, en verdad quería ser comprensivo y esas cosas… PERO NO PODÍA. No esta vez. Había aguantado que la golpearan en el parque aquella vez, había aguantado los abusos de la licuadora parlante que ahora se le ocurría ir tras ella, había aguantado múltiples cosas con las cuales quería comprender el modo de ver las cosas a través de sus ojos para tolerar tanto y anteponerse a tanto antes que ella, pero simplemente no podía ya. Era demasiado.
Casi perdía todo en un instante y aun no era capaz de poder procesarlo sin tener el impulso de querer golpear lo primero que tuviera a la mano. Y Frisk debía entenderlo para que por primera vez no le insistiera con algo, pero eso solo le hacía preocuparse más al saber que la situación también debía de estarle afectando demasiado. Después de todo, el hombre al que le tuvo una mínima pizca de fe pese a todo, se había atrevido en lastimarla brutalmente para dejarle en claro que la relación entre ellos no existía. Eso debía de estarle incomodando mucho más que su salud, además de la situación, claro estaba.
Creyó que hablarlo con Grillby le calmaría, pero no había sido así al tener que ser discreto en cuanto no se tuviera una garantía absoluta de que el viejo se recuperaría rápidamente. No podían cometer riesgos como familia tras lo sucedido y que, para su desgracia, era lo que más se hablaría durante mucho tiempo en las calles. Ya no podía estar tranquilo si la misma bestia lo había señalado públicamente, lo tenía presente. Y estaba seguro que el jefe también.
-¿Y qué creíste? ¿Que se la pasarían acaramelados todo el tiempo ciegamente? –Sans quiso reprochar nuevamente, pero le tocó contenerse. –Eso no sería una relación, sería vivir en negación.
-He sabido muy bien como es ella desde un inicio, pero a estas alturas creí que comprendería una simple precaución o… –Pisó el cigarro con demasiada presión. –Lo siento. No debería de quejarme de esto contigo.
-Si tan solo ella y tú hubieran entendido eso hace meses, me habrían ahorrado muchos malestares. –El viejo fumó un poco antes de decir eso. –Pero he aquí, preocupándome por ustedes cuando debería de estar descansando.
-Nadie te obligó a estar aquí.
-Me obliga el hecho de que cometieron el error más grande de todos, y fue no decirme qué demonios pretendían hacer. ¿En serio creyeron que podrían salirse con la suya tratándome como peón ante el monstruo más peligroso de todos? –Sans optó por mantenerse en silencio, sin saber a qué es lo que pretendía llegar, pero haciéndose una idea. –Tantos años preparándote para afrontar crisis de gran magnitud, para que me salgas con esa falacia. ¿Qué fue lo que tuvieron en mente hacer con el Gran Don?
-No fue algo por lo que debas preocuparte.
-Soy un padre preocupado, Sans. No me pidas que me calme. –Sans se arrepintió de haber hablado. –Pero lo que sea que trataron de hacer evidentemente no pudo efectuarse y es la razón por la cual están distantes ahora, o me equivoco.
-Yo solo no quiero desquitarme con nadie. Y Frisk seguramente se siente culpable.
-¿Y lo es?
Aquella pregunta no sabía cómo responderla. Detectaba que el viejo trataba de indagar de quién había sido la idea de efectuar un plan entre ellos, seguramente para hacerse una conjetura de qué podría tratarse cuanto menos, pero se rehusó a ser quien cometiera el error si seguramente ya lo había tratado con Frisk primero. Pese a todo, estaba seguro de que ella estaba cumpliendo con su petición de no decirle nada sobre la posibilidad de que su madre todavía se encontrara con vida, pero tampoco tenía idea de cómo manejar la situación presente. Cuando había tratado de indagar un poco, el viejo le había tratado por loco. No iba a alimentar más eso.
Por otra parte, no estaba seguro de dónde podría caer el peso de la situación por más que estuviese molesto con Frisk por las decisiones finales que tomó, ya que a fin y al cabo, ella había querido hacer las cosas para apoyarle con esa duda. Y si bien él había estado en desacuerdo en un inicio, también había aceptado con la intensión de estar con ella apoyándole en todo lo que se propusiera. Y pensar detenidamente en eso solo le hizo sentirse como un tonto por estar así justo ahora cuando debía de enfocar su enfado en algo más grande como el mismo Gran Don.
Parecía que el viejo había captado finalmente de que no diría nada y que a su vez se estaba atormentando por algo, porque continuó con el otro tema.
-A diferencia de todo lo que te he dicho, no importa qué tan perfecto quieras hacer todo en tu relación, Sans, pretendiendo ser cuidadoso en tus pasos. –El viejo mantuvo el cigarro en la mano, dejando que se consumiera por su cuenta cuando se trataba del último. –Porque tarde que temprano discutirán por cosas que pudieran parecer tonterías, cometerán variedad de errores que harán que se cuestionen si siguen enamorados o no. Y aunque estén tristes, enojados o agotados… si al final del día la sigues eligiendo pese a todo, sabrás que es amor de verdad y que seguirás intentando ser mejor para ella. El amor duele y sin duda es una gran debilidad, pero aun así, es un sentimiento por el que vale la pena luchar.
-Es… el mejor consejo como padre que me has dado en mucho tiempo. –Realmente se sorprendió con eso. –Gracias.
-Tienes una mujer de carácter fuerte, tú solo elegiste tu condena.
Aquello le hizo reír un poco. En efecto, Frisk tenía un genio en particular del que seguramente ella misma no era consciente, y eso formaba parte de las múltiples cosas que le gustaban tanto de ella y a su vez le irritaban. Que curioso era pensar que una misma persona era capaz de causarle mariposas en el estómago y taquicardias al mismo tiempo, pero aún más, que su familia la terminara aceptando al grado de integrarla y defenderla dependiendo de los casos. Ese era el mayor regalo que la vida podía darle al haber sido algo que había considerado imposible de suceder en su respectivo momento. ¿Su madre también la habría defendido al conocerla? Esa era una pregunta que le habría encantado cuestionar, pero que sabía que causaría un ligero conflicto al querer evitar que el viejo indague sobre la razón de ocultarle cosas.
-Pues entonces iré a calmar las cosas. –Tomó el plato con todas las coletillas y se dispuso a caminar. –Muchas gracias, papá.
-Antes Sans, hay algo de lo que necesito hablar seriamente contigo.
Se detuvo a un par de pasos, teniendo cierta cautela al presentir que algo no muy bueno estaba por venir. Sabía que no era cualquier cosa que quisiera estar con él cuando debía de estar descansando.
-Lo siento. –Le fue extraño que comenzara específicamente con eso. –Sé que cometí muchos errores para ti y tu hermano que, pese a querer justificarlos con el fin de que todo estuviera en orden, no quita que les ocasioné malestares irreparables. Te arrebaté la oportunidad de elegir muchas cosas en tu vida, cuando tenías todo el derecho en un principio de escoger por tu cuenta: la pareja ideal para ti, el cuando entregarte a alguien… Aun así, lo hiciste, elegiste por tu cuenta, defendiste tu propio ideal sin siquiera titubear pese a tener todo en contra.
-Viejo, me estás asustando.
-Siempre siento que te pareces a mi en muchas cosas malas, pero cada vez que pienso así, me demuestras que en realidad eres mucho mejor que yo. Me has superado, Sans, y puedo estar orgulloso de eso. –Sans sólo se aterró más de que fuese tan franco y algo compasivo. No se estaba despidiendo, ¿cierto? –Quiero disculparme contigo porque sé que te quité la oportunidad de luchar por muchos de tus sueños. Porque dada la situación, es momento de que seas ascendido.
Sans dio un paso hacia atrás, casi cayéndose al olvidar que estaba en un edificio, aunque sí dejando que el plato se cayera por completo y haciéndose añicos. Sabiendo lo que estaría por decirle y no gustándole para nada. Queriendo huir en el instante, pero siendo detenido por las manos flotantes que le habían sujetado los pies sin darse cuenta a tiempo de que estuviesen ahí antes de que quisiera dar otro paso más.
-Sans, es momento de que te vuelvas el nuevo jefe. –Soltó inmediatamente sin darle pie a que se rehusara incluso a escucharlo. –Al menos por el tiempo en que me encuentre así. Depende de cómo vayan las cosas.
-¡¿Estás loco?! Yo… ¡Yo no estoy listo!
-Te sientas listo o no, va a tener que ser necesario. –El viejo sacó algunas hojas de periódico que tenía consigo y mostró los encabezados nada agradables para su gusto. –Pongamos las cosas a nuestro favor, aunque tengamos que escarbar lo más profundo de la tierra para lograrlo.
-Te creen muerto, pero no lo estás. Solo hace falta que te vuelvas a mostrar cuando te recuperes y ya. –Quiso quitarse las manos violetas que lo sujetaban con fuerza, pero no pudo por más que tratara. –Vamos, eres un hueso duro de roer, te pondrás mejor pronto, no hay que ser tan pesimistas.
-No sé cuánto me lleve dado que no sé qué tipo de magia hizo Dreemurr para que esté obligando a mi cuerpo a entrar en muda tan pronto. –Ahora se remangó la camisa y mostró su brazo que en efecto, estaba levantando una gran capa de hueso. Tal parecía que tenía todas las herramientas consigo para aclarar sus puntos. –Y dado que te señaló públicamente como su entretenimiento personal y que tú le brindaste justamente eso, lo mejor será mantener lo más neutral posible esa situación. Mi intención no es ponerte como un carnada dado que lo que menos quiero es que mi hijo esté en peligro, pero creo que será positivo que seas el ángel guardián de aquellos que están oprimidos bajo la ideología de Asgore Dreemurr. Usemos eso a nuestro favor.
No sabía si lo había hecho a propósito el llamarle como Frisk le había clasificado en su momento o no, pero definitivamente no le había causado gracia. ¿El ángel guardián de otros? Solo le interesaba serlo para Frisk y de paso proteger a su familia, que el resto se fuera al carajo. Muchos aliados que tuvieron les habían dado la columna tras estar en la mira del Gran Don y muchos otros les desearon la muerte por muchos factores al grado de fastidiarlos. Realmente no le interesaba cómo fuese percibido para los demás, solo le preocupaba el hecho de las complicaciones que realmente generaría la situación ahora que los medios no pararían de hablar sobre la situación.
-El apellido morirá contigo, Sans. –Sabía el peso con el que decía esas palabras, y solo por ello dolía mucho más de lo que podía admitir. –Te pido que al menos me ayudes en darle un buen final.
Al tener que aceptar que no podrían matar a Dreemurr ni mucho menos tratar de negociar con él, Papyrus tendría que casarse en poco tiempo perdiendo el apellido, acorde a lo tratado en un documento irrompible. Muffet había rechazado la oferta de ser adoptada, pero aunque lo hubiese hecho, no era alguien que pudiera pasar el apellido realmente siendo mujer. Y él, si bien tenía oportunidades, no había otra mujer con la que quisiera pasar el resto de su vida que no fuese Frisk (y era algo reconfortante que su familia lo aceptara en lugar de reprocharle ahora), por lo que era una situación que se tornaba prácticamente imposible por muchos factores el no continuar con un linaje. Realmente sería el último en tener el apellido Gaster dado que sus ancestros tampoco existían, y eso hacía que se sintiera una extraña soledad al respecto.
Daba miedo que las cosas resultaran así, pero no iba a renegar ahora. Después de todo, se trataba de un destino al que por más que hubiese querido, no habría podido huir de cualquier forma.
.
.
.
Había querido darme más tiempo para comenzar a escribir de vuelta, pero la verdad es que el estrés me llevó a querer volver pronto. Soy un caso perdido, jajajaja. Aunque también fue la emoción de que se aproxima el octavo aniversario de esta historia que me llena de emoción de poder contar y que recibe tanto apoyo y cariño. Así que estén atentos a mis redes sociales para que puedan saber cuándo será la transmisión en vivo para celebrar juntos.
Muchas gracias por la paciencia. ¡Los quiero mucho!
¡Michi fuera!
n.n
