Muy buen día, gracias por estar presentes una vez más. Les recuerdo que los personajes de Candy Candy no son de mi propiedad, pero la historia es completamente mía. No es para menores de edad ni para personas sensibles al tema adulto.
GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.
DESTINO
CAPÍTULO 41
El silencio se apoderó de la habitación, en cuestión de segundos se habían quedado ellos dos en la sala de aquel pequeño departamento. Las miradas tímidas de Candy no se hicieron esperar, era muy obvio que Annie había salido huyendo de ahí para darles la oportunidad de estar y hablar a solas. Anthony la miró con ese brillo tan especial que tenían sus ojos cuando la tenía frente a él, nada había cambiado en sus sentimientos por ella, nada había cambiado en sus sentimientos por él, ni el tiempo, ni la edad, ni la distancia habían interferido en lo que sentían uno por el otro.
-Creo que se dio cuenta… - Dijo Candy con timidez. Anthony sonrió acercándose a ella.
-Creo que si… - Le dijo Anthony, acariciando su rostro. – Annie comprende nuestra situación. – Dijo una vez más. Candy sonrió sintiéndose vulnerable ante su sonrisa y ante aquella mirada penetrante con el que él la observaba.
-¿Tienes hambre? – Preguntó Candy con nerviosismo, como si de un momento a otro quisiera posponer ese deseo que habitaba en su piel. Anthony sonrió asintiendo, sabía que debía darle un poco de tiempo y espacio.
-Te ayudo… - Le dijo extendiendo su mano para que ella lo llevara hasta la cocina. Candy lo miró con aquella mirada de enamorada que siempre le había dirigido y lo llevó hasta la cocina, comenzando a sacar algunos ingredientes para preparar algo que pudieran comer ambos en poco tiempo.
Mientras Candy lavaba algunas verduras en el lavabo de la cocina, Anthony se acercó a ella por detrás, poniendo sus manos a los costados de la rubia, mientras colocaba su barbilla sobre el hombro de la pecosa, quien de inmediato se estremeció al sentir su respiración. Anthony sintió que el cuerpo de Candy se estremeció ante su cercanía y besó su cuello una vez más, dedicándose a besarlo una y otra vez mientras ella intentaba continuar lavando los alimentos. Un gemido salió de la boca de Candy, gemido que había intentado reprimir.
-Anthony… - Lo llamó con suavidad, mientras la lengua de Anthony continuaba con su recorrido alrededor de su cuello.
Anthony no respondió a su llamado, sabía perfectamente que aquel gemido con su nombre incluido era una reacción del gozo que sentía la pecosa por la atención que él tenía sobre aquella parte tan sensible de su cuerpo, así que continuó acariciando su cintura mientras su lengua seguía deslizándose por su blanca torre y su pelvis se aferraba sobre sus glúteos, permitiéndole sentir la firmeza con la que su cuerpo había vuelto a reaccionar por ella.
-Te extrañé tanto… - Dijo Anthony sin dejar de saborear su cuello, sin dejar de dejar ese rastro húmedo que su lengua recorría, mientras con su boca daba ligeras succiones por donde pasaba.
-Y yo a ti… - Dijo Candy con gran sensualidad, comenzando a mover su cadera en círculos para animarlo a continuar. Anthony sintió aquella invitación y comenzó a mover también sus caderas, aferrándose a su cuerpo la aprisionó más contra el mueble frente a ella.
Anthony la giró frente a él, cerrando la llave que se había quedado abierta dejando salir el agua despreocupadamente. Candy lo miró con esa mirada encendida llena de deseo, invitándolo a continuar con aquellas caricias tan osadas que iban en aumento.
Candy se aferró a su cuello con ambas manos y ofreció su boca. Anthony no la pensó ni un segundo y la besó apasionadamente, dejando que su lengua volviera a entrar en ella una y otra vez, simulando el deseo que tenía por realizar aquellos movimientos con su cuerpo dentro de ella. Candy gimió abriendo más su boca para que él entrara más profundo si era posible hacerlo.
Los besos de Anthony comenzaron a bajar por su cuello y se posaron entre el cerrado escote de la rubia, el cual impedía continuar con su cometido. La respiración de Anthony era agitada y Candy podía sentir entre sus piernas lo duro que estaba en ese momento.
-Vamos a cenar primero… - Dijo Candy al ver que la cena estaba enfriándose cerca de ellos. Terminó de lavar los vegetales y los acomodó en los platos. Anthony buscaba una vez más su control, pero tenía que reconocer que las ganas y su propia necesidad eran cada vez más intensas.
Había pasado mucho tiempo en abstinencia, la única y la última mujer con la que había estado era Candy y Candy estaba igual que él, ella jamás había vuelto a tener intimidad a pesar de la necesidad que su cuerpo le exigía. Cuantas noches había pasado reprimiendo su deseo, cuantas noches en soledad se habían tenido que apagar con un baño, cuantas duchas frías y sesiones de arduo ejercicio había Anthony recibido para calmar su deseo y vivirlo a través de sueños, donde era en el único lugar que se dejaba llevar por lo que sentía, en donde los encuentros entre ellos eran posibles.
-¿Quién es Wilberth? – Preguntó Anthony una vez que estaban sentados a la mesa.
-Es el novio de Annie… - Respondió Candy con naturalidad.
-¿Tienen mucho tiempo juntos? – Preguntó Anthony con curiosidad, le era imposible no recordar a Archie al saber que Annie había podido avanzar con su vida.
-Cerca de tres años. – Respondió Candy tranquilamente. Anthony se sorprendió con el tiempo que llevaban saliendo.
-¿Y aún no están comprometidos? – Preguntó una vez más, pareciendo imposible para una familia de buen nombre como eran los Britter no haber concretado un compromiso formal.
-Annie, siempre ha dicho que no quiere dejarme sola… - Dijo Candy pensativa, analizando los pretextos que Annie siempre ponía para evitar un compromiso. – Pero yo creo que es un pretexto porque en el fondo sigue pensando en Archie… - Dijo con tristeza. Anthony la miró sorprendido.
-Hace tiempo que no sé de él… - Dijo Anthony con sentimiento, aun no podía olvidar que su primo se había atrevido a intentar cortejar a su novia.
-Ni yo… - Dijo Candy sincera.
-Stear se casó con Patty hace unos años. – Dijo cambiando de tema. Candy sonrió feliz por el joven inventor que tanto le había ayudado a intentar detenerlo.
-Stear me ayudó aquella tarde… - Dijo Candy con la intención hablar sobre el pasado.
-Lo sé… - Le dijo Anthony tomando su mano para besarla con dulzura, queriendo sanar aquel dolor que había causado de manera inconsciente.
-Fue muy difícil… - Dijo Candy sin poder evitar sentir que su corazón se encogía una vez más ante el dolor de los recuerdos. – Grité con todas mis fuerzas pero… te habías ido…
-Quería alejarme de Nueva York… - Dijo Anthony besando sus manos una y otra vez. – Quería olvidar los momentos que vivimos juntos porque dolían profundamente… mi error fue no querer despedirme de nadie y alejarme de todos… - Dijo mirando a Candy con nostalgia y arrepentimiento. – Me quedé en Southampton, mi padre tenía varios barcos que utilizamos para ayudar a los aliados, me involucré en esa guerra absurda buscando desesperadamente la manera de alcanzarlos… - Confesó sin sentir orgullo de lo que pensaba en esos momentos. Candy lo miró sorprendida y con los ojos llenos de lágrimas. - Quería escapar de todo, arriesgué mi vida de muchas maneras, algunas veces para ayudar, otras simplemente porque sabía que podía correr el riesgo… pero nada funcionaba… - Dijo mirándola con una sonrisa tierna. – Ahora veo que ese no era mi destino… - Dijo besando su mano una vez más.
-Nosotros te estábamos esperando… - Dijo Candy con una sonrisa rota, sufriendo por los años que Anthony había estado tentando a la muerte solo por la idea de querer estar con ellos. – ¿Cómo te localizaron? – Preguntó queriendo saber cómo habían dado por fin con él.
-Una conocida de la tía abuela me vio en el puerto en su regreso a América, ahí me llegó el telegrama de la desaparición de mi tío William. – Dijo Anthony, revelando que no sabía nada de ellos aún. – Cuando llegué a Chicago la misma tía Elroy me confesó que estaban con vida. – Dijo para asombro de Candy.
-¿La señora Elroy? – Preguntó Candy con cierto temor en su voz, ella había sido la causante de su desgracia y no podía evitar sentirse nerviosa con solo escuchar su nombre. Anthony asintió también, aún sorprendido porque ella le había confesado todo. – Cuando nació Alexander ella pagó a una enfermera para que le entregara a nuestro hijo. – Dijo la rubia sin querer poner en mal a la mujer, solo quería que Anthony se enterara del motivo por el cual había permanecido lo más oculta posible. – Ruth se arrepintió y me ayudó junto con Katherine a huir del hospital. Annie y yo salimos de inmediato de Nueva York, dos días después de navidad con rumbo al hogar de Ponny… - Dijo Candy con el temblor en sus manos. Anthony la ayudaba a continuar con relato. – Temía que nos encontrara y lograra su cometido, tiempo después me enteré que estaba buscando en los orfanatos de la zona y de inmediato me trasladé a Chicago, para mí sería más fácil esconderme en la ciudad, con el tiempo Annie comenzó a tener cada vez más fama y temíamos que por medio de ella nos encontraran. – Decía pareciéndole extraño a Anthony que no la hubieran localizado.
-Yo no sabía de Annie, de lo contrario hubiera ido hasta ella de inmediato. – Dijo Anthony explicando por qué no había ido a buscarla en la casa de modas. – Fui al hogar de Ponny… - Dijo con una sonrisa. Candy se sorprendió y sonrió apenada.
-Era por nuestra seguridad… - Dijo al saber que las dos mujeres que la habían criado no sabían realmente su dirección en la ciudad.
-Lo entiendo. – Dijo Anthony sin reproche, no tenía motivos para reprochar la manera que había tenido para proteger a su hijo. – La tía abuela solía ser muy insistente… - Dijo con un suspiro profundo. Candy lo escuchó con atención. – Está enferma… - Dijo simplemente.
-¿Qué es lo que padece? – Preguntó Candy con tristeza, no le gustaba a pesar de todo saber que aquella mujer que tanto daño le había hecho, estuviera enferma.
-No lo dice… - Dijo Anthony seguro de que la vieja quería ocultar su malestar. – Pero no es bueno… tal vez por eso dejó de buscar… o porque el tío se dio a la tarea de hacerlo… - Dijo pensando que tal vez Albert le había dicho que él se encargaría de hacerlo.
-Nunca nadie me contactó… - Dijo Candy segura que no se había sentido amenazada por los Ardlay.
-Mi tío no te amenazaría, él es una buena persona… - Dijo Anthony con tristeza, ahora podía centrarse también en la búsqueda de su tío.
-¿Qué sucedió con él? – Preguntó Candy con interés, le dolía ver a Anthony preocupado por su tío.
-Nadie lo sabe. – Dijo Anthony suspirando. – Lo único que sabemos es que no llegó a Brasil, donde se suponía debía ir para arreglar unos negocios. – Explicó con preocupación.
-En el hospital llegan muchos heridos, personas que han sido asaltados… - Candy guardó silencio cuando cayó en cuenta de lo que diría. Anthony suspiró frustrado.
-Solo espero que donde quiera que esté se encuentre bien… - Dijo mirando a Candy con esperanza. Candy sonrió con ternura.
-Vas a ver que si… - Dijo Candy con una sonrisa recordando a su amigo Albert. – Ya vez Albert. – Dijo para ponerlo de ejemplo, Anthony la miró esperando que le explicara más acerca de ese hombre que habían mencionado ya en un par de ocasiones.
-¿Albert? – Preguntó sin poder evitar recordar a su tío.
-Albert llegó hace tres años al Magnolia. – Dijo Candy recordando el día que había llegado. – Llegó poco después de que Annie y yo nos mudáramos aquí. – Dijo nuevamente. Anthony esperaba que le contara más de ese personaje que compartía nombre con su tío. – Pronto se hizo nuestro amigo, sobre todo de Alexander. – Dijo con una gran sonrisa, sin embargo omitió su parecido con Anthony por temor a que él pensara que había tenido interés en él, no quería problemas con él a tan solo unas horas de haberse reencontrado. – Viajaba mucho y casi no estaba en casa, pero cuando volvía traía siempre un recuerdo para Alexander. – Decía Candy recordando la vida de Albert antes de que llegara al hospital mal herido.
-¿Albert qué, se apellida? – Preguntó Anthony con un presentimiento que al mismo tiempo le parecía absurdo, su tío no era la única persona que portaba ese nombre en el mundo.
-Jamás lo dijo… - Dijo Candy apenada por reconocer que jamás se había presentado con su nombre completo, simplemente había dicho "Soy Albert". – Un día llegó al hospital mal herido, sin pertenencias, ninguna identificación o siquiera las llaves de su departamento, intuí que lo habían asaltado, pero cuando despertó ya no tenía sus recuerdos. – Dijo ante el asombro de Anthony, quien por alguna razón esperaba que su tío hubiera pasado por algo similar. – Annie y yo lo ayudamos a regresar, quisimos apoyarlo con las rentas, pero el señor Smith nos advirtió que él había pagado la renta del departamento por al menos cinco años. – Dijo con el alivio que sintió en aquel momento al saber ese dato.
Anthony la escuchaba atento, había algo que lo hacía sentirse inquieto con aquel relato, recordó que George le había dicho que su tío había estado buscando a Candy hasta el cansancio, pero que no había tenido éxito alguno.
-¿Cómo es él? – Preguntó Anthony esperando la descripción del amigo desmemoriado de Candy.
-Es alto, rubio… de hecho… - Dijo mirando a Anthony con cierta pena de revelar que le recordaba mucho a él. – Se parece un poco a ti… - Dijo ante el asombro de Anthony.
-Candy… - Dijo Anthony pensando que sería mucha coincidencia que fuese su tío el que viviera cerca de Candy y su hijo. - ¿Estás segura de lo que dices? – Preguntó para saber si realmente se parecía a él. – El nombre de mi tío es William Albert Ardlay… - Dijo Anthony comenzando a impacientarse por la información que obtenía de su amada. Candy se sorprendió por lo que decía Anthony.
-¡Albert! !Justo cómo Albert! – Dijo Candy sorprendida por lo que Anthony le decía.
-Por eso es muy importante lo que me acabas de decir. – Dijo tomando a la rubia por los hombros. – Necesito verlo… - Dijo seguro de que si era su tío todo tendría explicación. Albert había encontrado a Candy desde hacía tiempo, sin embargo había guardado la información por no saber nada de él y por temor de que la vieja Elroy cumpliera su amenaza de quitarle a su hijo.
-Él trabaja de noche. – Dijo Candy explicando que en esos momentos no podrían ir a verlo. Anthony caminó impaciente por la sala.
-Candy, te das cuenta que si ese hombre es mi tío, significa que él los estuvo cuidando todo este tiempo… - Dijo Anthony ante la sorpresa de Candy, quien había creído todo ese tiempo que habían sido demasiado afortunados por no toparse con los Ardlay.
-Albert siempre se ha ofrecido a ayudarnos… - Dijo Candy recordando cómo había sido con ellas desde un principio. – Siempre fue respetuoso, atento… - Decía pensativa. – Después del accidente consiguió un trabajo en un restaurante del centro de la ciudad. – Dijo una vez más, lo malo que no sabía cuál era el restaurante.
-Mi tío es excelente cocinero… - Dijo Anthony recordando que su tío al haber viajado tanto había aprendido de todo tipo de cocina internacional. – Son demasiadas coincidencias… - Decía Anthony inquieto.
-Tranquilo… - Dijo Candy intentando contener la emoción que tenía. – Mañana invitaré a Albert a comer y así podrás conocerlo. – Dijo la rubia segura de ayudarlo a encontrar también a su ser querido.
-Sería un gran alivio encontrar a mi tío, así como lo fue encontrarlos a ustedes. – Le dijo Anthony mirándola a los ojos. Candy sonrió con timidez al ver que los ojos azules de su amado Anthony la miraban profundamente. – Te amo tanto, pecosa… - Le dijo buscando sus labios una vez más.
Candy sonrió antes de cerrar sus ojos y dejarse llevar una vez más por aquella caricia que tanto anhelaba. Anthony la besó con necesidad, con pasión, demostrando que esa pasión contenida que habitaba en sus cuerpos comenzaba a despertar una vez más. Pasaba de la media noche y el par de jóvenes amantes continuaban con su demostración de amor, sus caricias eran tiernas y tímidas, incapaces de atreverse a ir más allá por temor de que su hijo se despertara.
Anthony se sentó en el sofá y Candy se recostó entre sus piernas, acarició sus rizos y los soltó de su agarre, liberando la cascaba rubia que se escondía entre pasadores y fijador de cabello.
-Me encanta ver tus rizos libres… - Le dijo Anthony sin dejar de acariciar su cabellera. Candy cerraba sus ojos abandonándose a aquellas tiernas y reconfortantes caricias.
La rubia se incorporó y se sentó enseguida de él. Anthony acarició su rostro y la besó una vez más, poco a poco los movimientos la llevaron a sentarse a horcajadas encima de él, quien la sostenía por la cadera mientras sus labios continuaban explorando su boca con profundidad.
Sus besos comenzaron a descender por su cuello y aquel escote que le impedía llegar más abajo fue liberado de sus seguros, abriendo los botones de la blusa que llevaba puesta. Candy gimió sosteniendo el aire en sus pulmones, ofreciendo con ese movimiento su pecho erguido frente a él. Anthony sonrió complacido, se había contenido toda la noche, pero le era imposible seguirlo haciendo, necesitaba sentir el calor de su amada una vez más.
La blusa cedió poco a poco y cayó justo a su lado, mostrando ante los azules de Anthony el ajustado corsé que llevaba la rubia. Candy en ese momento se arrepintió de no haber escuchado a Annie cuando le decía que debía llevar los diseños que ella confeccionaba, los cuales era un poco más pequeños y provocativos, pero ella alegaba que no era necesario si nadie más lo iba a ver.
Anthony sonrió ante la imagen tan sensual de su amada Candy, quien enrojecida por la pena y la pasión del momento aguantó su respiración mientras Anthony con total nerviosismo y algo de torpeza se deshacía del cordón que soportaba los ovillos de la prenda. Una vez que la liberó de su encierro admiró sus senos que habían madurado con el paso del tiempo, su tamaño había aumentado y con ello la admiración y necesidad de Anthony por volver a probarlos.
Las tomó entre sus manos y miró a la rubia a los ojos pidiendo permiso para besarla, ella asintió cerrando los ojos para aguantar su pena y disfrutar de sus labios apoderarse de aquel par de areolas rosadas que se habían endurecido al contacto con su aliento. La boca de Anthony cubrió uno de sus pezones y comenzó a rodearlo con su lengua, provocando que el cuerpo de Candy se estremeciera de inmediato, víctima de la descarga que la asaltó al sentir la humedad rodearle el busto. Anthony gimió al sentir los movimientos de la rubia rosarse con su entrepierna, que una vez más se ponía rígida buscando la manera de salir de su prisión.
-Anthony… - Gimió la rubia con cuidado, temía subir el volumen y llamar la atención de su hijo en la habitación. Anthony comprendió su temor y relajó sus caricias, besando con delicadeza sus areolas, alternando entre una y otra para repartir su reacción.
-Lo sé mi amor… - Le dijo estrechándola a su pecho, sintiendo la misma frustración en su cuerpo que ella, quien también clamaba su liberación y su pronta consumación. – Te necesito tanto… - Le decía Anthony a manera de súplica, intentando controlarse, pero al tenerla ahí con el torso desnudo y sus movimientos contra su pelvis lo estaban volviendo completamente loco.
Anthony colocó de nuevo la blusa de Candy en su lugar, pero sin colocarle el corsé que cubría sus senos, la ayudó a deshacerse de su interior sin deshacerse de la falda, quería complacerla por lo menos, podía sentir la urgencia de su cuerpo, podía sentir que su sangre fluía de manera acelerada por sus venas buscando el desahogo de la pasión contenida por tanto tiempo.
Deslizó su mano entre sus piernas e introdujo su medio abriéndose camino entre la humedad que emanaba de ella de manera pletórica. Candy se aferró a su cuello una vez que sintió aquel intruso entre sus piernas, moviéndose con discreción encima de su amado, quien nuevamente tomó sus senos entre sus labios. Anthony quería complacerla, quería liberarla de aquella presión que cargaba por años, sabía que su cuerpo se lo había exigido por mucho tiempo pero ella por pudor lo había ignorado, él por el contrario tenía la ventaja de los sueños en los que ella lo había asaltado por las noches y lo habían llevado justo a la gloria.
No pasó mucho tiempo en el que Candy comenzó a moverse con mayor soltura, con mayor confianza, permitiendo que la inquieta mano de Anthony la explorara hábilmente, logrando entrar y salir de ella a un ritmo cada vez más acelerado.
-Anthony… - Le gimió al oído y Candy pudo sentir la rigidez de su entrepierna, que se ocultaba bajo sus ropas pero vibraba con cada gemido de su amante. Anthony comenzó a succionar con mayor fuerza las areolas de la joven y pronto su mente se puso en blanco, mientras su cuerpo comenzaba a convulsionar derramando sobre su mano el resultado de su estímulo.
Anthony sonrió complacido por el resultado reconociendo su sabor, continuando con la exploración íntima dentro de ella, moviendo con menos intensidad sus dedos y desacelerando sus envestidas manuales. Candy sonrió complacida por aquella mágica experiencia, mientras su pecho subía y bajaba de manera acelerada, le sonrió con el rostro enrojecido por la pasión, víctima de la experiencia que su cuerpo le compartía.
Anthony retiró su mano y gimió con un poco de dolor, para él, era imposible no reaccionar ante aquel bello espectáculo que ella le había regalado ante sus ojos. Candy podía sentir aquella inquietud bajo su pantalón y gracias a las pláticas de sus compañeras más liberales, sabía que no era bueno para un hombre aguantar su excitación, así que se armó de valor y se levantó un poco de su sitio para con su mano buscar el seguro del pantalón de su hombre.
-¿Qué haces? – Preguntó Anthony con el pulso acelerado, intentando detenerla en su acción, era arriesgarse demasiado. – Alexander…
-Shhh… - Dijo Candy sin dejar de liberar ahora el miembro de su amado. – Alexander no despertará… - Dijo Candy segura de que su hijo tenía el mismo sueño profundo de ella. Anthony la miró complacido, comenzando a cooperar para liberarse.
Candy comenzó a moverse encima de él, a pesar de tener sus ropas puestas podían sentir el calor que emanaba de su piel, podía sentir que sus cuerpos se consumían de deseo por el contrario, ella quería volver a sentirse mujer entre sus brazos, quería sentir lo que se sentía ser invadida por el ser amado. Sus intimidades chocaron por fin y ambos contuvieron el aliento, disfrutando de aquella mágica emoción que los asaltaba de pronto.
-Te extrañé tanto… - Le dijo Anthony comenzando a entrar en ella poco a poco, jugando con su herramienta que entraba de a poco y salía de nuevo. Candy se estremeció al sentir la ansiedad y necesidad de su centro palpitar desesperado, ansioso.
-Y yo a ti… - Le decía ansiosa subiendo y bajando para acelerar el proceso.
Candy abrió la boca con deleite al sentir por fin que él la llenaba por completo, se removió un poco al recordar el tamaño con el que su amante había sido dotado por la naturaleza, era maravilloso sentir cada fibra de su interior cubierta por completo.
-Dios pecosa… - Dijo Anthony a punto de expulsar su humedad en su interior. – No te muevas… por favor… - Le dijo a manera de súplica, había pasado mucho tiempo y temía echar todo a perder, quería continuar con aquella maravillosa experiencia, quería disfrutar un poco más de las emociones que tanto tiempo había negado a su cuerpo.
Candy se quedó quieta por un momento, acostumbrándose también a su talla, sintiendo como la rigidez de Anthony crecía cada vez más en su interior. La respiración de ambos se sincronizó y el silencio se apoderó una vez más de la habitación, el único sonido que podía escucharse era la agitada respiración que ambos intentaban controlar para concentrarse en lo que estaban haciendo.
Anthony se acercó a Candy y la besó con ternura, con delicadeza, intentando demostrar que no solo eso era lo que había extrañado de ella, sino su presencia, su ternura, su dulzura, su compañía, pero era inevitable que su cuerpo no reaccionara a tan maravillosa tentación. Candy correspondió a su beso con lentitud, con suavidad, introduciendo su lengua en su interior, permitiéndose ella misma explorar su cavidad bucal. Anthony gimió y echó la cabeza hacia atrás… Candy besó su cuello y él se tensó en su interior, la pecosa no se lo estaba haciendo nada fácil.
Anthony comenzó a moverse poco a poco, aumentando el ritmo conforme el cuerpo de Candy comenzaba a reaccionar a sus envestidas. La rubia lo abrazó por el cuello y lo acercó una vez más hacia sus senos, quería volver a sentir sus labios recorrer sus areolas, sentir la humedad de su boca que enviaba reacciones intensas a su centro y eso era lo que la acercaba una vez más a su liberación. Anthony recordaba que aquel movimiento era uno de los favoritos de su amada y estaba dispuesto a complacerla, así que tomó uno de sus senos entre sus labios al mismo tiempo que aceleraba el vaivén que iniciaba de arriba abajo, mientras la pecosa subía y bajaba extasiada por sus movimientos.
El clímax los alcanzó de pronto, logrando que sus cuerpos estallaran al unísono, provocando una oleada de placer que los envolvía intensamente, mientras sus mentes viajaban perdidas en el deseo que los sacudía y los estremecía al mismo tiempo.
-Te amo pecosa… - Le dijo Anthony, quien con suma ternura le agradecía el haberlo liberado de su prisión. – Te amo tanto… - Volvió a decir mientras su respiración agitada intentaba volver a la normalidad.
-También te amo Anthony… - Decía Candy abrazándose con fuerza a su cuerpo, queriendo sentirlo cerca de ella, queriendo que permaneciera en su interior más tiempo de lo que había permanecido.
-Quiero que seas mi esposa… - Le dijo besando su mano, específicamente aquella que llevaba aún el anillo que tiempo atrás le había dado como seña de su compromiso con ella. Candy lo miró sorprendida, creyendo que tal vez él podría haberlo olvidado.
-Anthony… - Le dijo con la voz emocionada.
-Te amo Candy… y no voy a desaprovechar esta nueva oportunidad que nos ha dado la vida. – Le dijo una vez más, mientras la pecosa lo miraba enamorada. - ¿Acepas ser mi esposa una vez más? – Le preguntó acariciando su mejilla. Candy sonrió con emoción.
-Acepto… - Le dijo con una gran sonrisa, sonrisa que pronto se convirtió en un gesto apasionado, su cuerpo había comenzado a reaccionar y podía sentir en su interior el tamaño recuperado de su joven amante.
Una nueva entrega silenciosa se llevó a cabo en la soledad del departamento, mientras sus cuerpos se centraban en las nuevas emociones compartidas por los jóvenes rubios, quienes con entusiasmo se entregaban al amor.
Annie por su lado había llegado a su establecimiento después de haber pedido a Wilberth de favor que la llevara para continuar con su trabajo.
-Bien… ya llegamos… - Le dijo el joven con una sonrisa que encerraba algún propósito.
-Muchas gracias… - Le dijo Annie agradecida por que la hubiera llevado.
-Creo que merezco un premio. – Le dijo el joven acercándose a ella con intención de algo más que un gracias. Annie se asombró por su comportamiento, sin embargo le sonrió y besó su boca con delicadeza. – Creo que yo tenía algo más en mente… - Le dijo acercándose a ella con mayor sensualidad. Annie se puso nerviosa por su actitud, no era como si nunca se hubiera puesto de esa forma, pero era la primera vez que se encontraban a solas en un lugar cerrado.
-Sabes lo que pienso… - Le dijo Annie poniendo una mano en su pecho para detener su acercamiento.
-Lo sé… pero ahora que llegó el padre de Alexander, no podrás seguir poniendo como pretexto que no quieres dejar a Candy sola. – Dijo Wilberth mientras abrazaba a Annie por la cintura y la acercaba él. Annie se tensó al pensar que ahora sí no tenía pretexto para negarse a un posible compromiso con su novio.
-¿Eso quiere decir que me vas a pedir matrimonio? – Preguntó Annie con cierto nerviosismo, pero esto cambió cuando el rostro de Wilberth se puso serio y algo desconcertado.
-Primero debo hablarlo con mi familia. – Dijo Wilberth defendiéndose de la pregunta de la joven diseñadora. A Annie le pareció extraña su respuesta.
-Pensé que tus padres sabían de nuestro noviazgo. – Dijo Annie un tanto confundida, pero hasta ese momento le pasó por la mente que jamás había habido la oportunidad de conocer a los padres de Wilberth, quienes convenientemente para ella siempre estaban de viaje.
-Y lo saben, igual que Sam… - Dijo mencionando a su hermana con cierto nerviosismo. Annie asintió, eso era verdad, ella conocía a su cuñada y aunque era siempre ella la que se beneficiaba de sus conocimientos no dudó de que la familia de su novio supiera de su relación. – Pero tantas veces les he dicho que tú no me aceptas que ya no creen que eso suceda… - Dijo el joven cambiando su expresión por una más lastimera, provocando que Annie se sintiera culpable por el rechazo que había tenido con su novio.
-Sabes mis motivos… - Dijo Annie intentando excusarse.
-Lo sé… y lo entiendo… pero también tú debes entenderme… - Le dijo acercándola más a él, pegando su cuerpo al de ella con cierto atrevimiento. Annie intentó zafarse con delicadeza. – Te necesito… - Le dijo al oído con sensualidad. Annie se estremeció ante aquel susurro, no era de piedra y también necesitaba de caricias, solo que insistía que primero debía casarse para poder permitirle que fueran más allá de un beso o una caricia atrevida.
Wilberth besó a Annie con pasión una vez que la vio con la guardia baja, pensando que tal vez sus palabras lo harían ir más allá de lo que le había permitido ir, necesitaba tenerla para él antes de que se ejecutara el compromiso.
-Wilberth… no… - Le decía Annie intentando alejarlo, temiendo ofenderlo, lo hacía de manera sutil, esperando que él comprendiera que no estaba de acuerdo y que respetara su decisión.
-Solo un poco Annie… - Le decía el joven insistiendo en sus caricias, convencido que poco a poco ella querría más de él.
Annie permitió que su novio introdujera su lengua dentro de su boca, sintiendo como la humedad que esta desprendía se mezclaba con la de ella, para después ir caminando con paso lento hacia atrás, buscando un apoyo en el cual colocar a Annie, quería acorralarla para impedirle que se alejara.
-Annie… me gustas mucho… - Dijo Wilberth con la voz cargada de deseo, levantando a la joven en contra de la pared para cruzar sus piernas alrededor de su cuerpo.
-No… Wilberth… - Dijo Annie intentando alejarlo de ella, pero el joven con verdadera astucia le suplicaba un poco más.
-Un poco más… te lo prometo..., no pasará nada… - Dijo Wilberth agitado. Annie lo miró a los ojos y creyó en sus palabras, ella asintió y permitió que continuara con aquellos movimientos tan provocativos que hacía en contra de su pelvis.
Annie cerró los ojos intentando dejarse llevar por las emociones que el chico despertaba en su cuerpo, porque a pesar de que se negaba a entregarse a él por completo, no podía negar que comenzaba a disfrutar de sus caricias, disfrutaba del roce de sus manos recorrer su espalda, sin embargo cuando una de ellas se coló por debajo de su falda y comenzó a subir sobre sus muslos, provocó que la joven diseñadora se tensara y reaccionara de repente, el recuerdo de aquel fantasma que la llevaba martirizando cinco años atrás apareció en su mente.
-¡No Wilberth! – Gritó con brusquedad, logrando que el joven detuviera sus intensas caricias. – Wilberth… lo siento… - Dijo Annie al darse cuenta que había exagerado en su reacción, sintiéndose culpable por haberlo rechazado de esa forma cuando él lo único que buscaba era una prueba de su amor. – Yo… no puedo… no aún… - Le dijo Annie con timidez.
-Lo entiendo… - Le dijo Wilberth tragándose su frustración, intentando que la molestia que había surgido en su pecho se mantuviera oculta. – Esperaré… - Dijo con la confianza plena que pronto podría lograr su cometido.
Wilberth bajó a Annie y lejos de ayudarla a acomodar sus ropas se alejó de ella sentándose en un rincón, dispuesto aun así a esperarla hasta que terminara con su trabajo, a pesar de estar molesto se decía un caballero.
-No es necesario que te quedes… si no quieres… - Dijo Annie avergonzada de pedirle que la esperara.
-¿Estás segura? – Preguntó el joven con la intención de salir de ahí, se sentía muy molesto por la reacción de Annie. Ella asintió y el joven de inmediato se colocó su gabardina y salió del lugar.
Annie se quedó desconcertada al ver que su novio la había dejado sola en la casa de moda, así que de inmediato se encerró bajo llave para evitar que algún intruso entrara.
Era muy cerca del amanecer cuando Anthony había llevado a Candy hasta su habitación, la colocó sobre su cama y se sentó frente a ella, observando dormir tanto a su hijo como a la rubia, quien agotada había terminado dormida después de su intenso encuentro.
-Gracias Dios por permitirme reunir con ellos… - Agradeció Anthony en silencio, feliz por estar al lado de aquella su familia. Suspiró una vez más y rogó porque el hombre al que había ayudado su pecosa fuese el mismo que su tío. – Esta vez nadie nos separará pecosa… te lo prometo… - Dijo seguro de actuar de manera madura, sin vacilaciones o temores, ya que su inexperiencia e inmadurez fue lo que ayudó a que terceras personas los lastimaran tan profundamente.
La puerta del departamento se dejó escuchar y Anthony se levantó, sabía que era Annie.
-Buenos días… - Le dijo Anthony con una sonrisa llena de agradecimiento. Annie le sonrió.
-Buenos días, Anthony. – Respondió Annie con amabilidad.
-Gracias por… - Dijo Anthony con pena. Annie negó, no era necesario que agradeciera.
-No tienes nada qué agradecer, al contrario gracias a ti por volver a ellos. – Dijo con tranquilidad. Anthony la observó por unos momentos.
-Ahora sí podrás aceptar tu compromiso con ese joven... – Dijo Anthony intentando que la hermana de su mujer también fuese feliz. Annie sonrió con nerviosismo. - ¿Qué sucede? – Preguntó Anthony al ver que la joven se ponía nerviosa. – ¿Acaso no es lo que quieres? – Preguntó intrigado. Annie soltó un profundo suspiro.
-No sé qué es lo que quiero. – Dijo Annie reconociendo que en cuestión del amor seguía confundida.
-Candy dice que tienes tres años de relación con un joven. – Dijo Anthony con tranquilidad. Annie asintió.
-Lo sé… Wilberth es maravilloso pero… - Dijo Annie un tanto impaciente, dudando ella misma de sus palabras.
-¿Pero…? – Preguntó Anthony con interés.
-Pero hoy que le mencioné un posible compromiso se puso muy nervioso. – Dijo la joven evitando mencionar al primo de Anthony, queriendo convencerse a sí misma del motivo por el cual se resistía a aceptar.
-Tal vez no esperaba que lo hicieras. – Dijo Anthony intentando justificar la reacción del joven.
-No lo sé… me dio la impresión de que su familia no está de acuerdo con lo nuestro… - Dijo Annie pensando más fríamente los gestos y la manera de actuar de su novio.
-¿Quién es su familia? – Preguntó Anthony, solo para saber quién era la persona con la que la joven Britter pretendía comprometerse.
-Simmons… - Dijo Annie tranquilamente. – Él se llama Wilberth Simmons. – Dijo Annie sin parecerle extraño la reacción de Anthony. - ¿Los conoces? – Preguntó al ver el gesto en el rostro del rubio.
-Conozco a su familia desde hace años. – Dijo Anthony con precaución, su madre era la misma mujer que había informado a Elroy su paradero. – Su familia pretendió casar a su hija con mi tío William. – Dijo Anthony pensativo, recordando el motivo por el cual no se había concretado tal unión.
-¿Y qué pasó? – Preguntó Annie con interés, ella sabía algo de eso gracias a Marie.
-No lo recuerdo muy bien, solo sé que la señorita Simmons era una joven voluntariosa y caprichosa. – Dijo Anthony recordando lo que su tío le había dicho a él para evitar el compromiso.
-Sí, la conozco… - Dijo Annie recordando a su supuesta cuñada. – Es una persona un tanto difícil. – Dijo la joven con cierta precaución. - ¿Y Wilberth? – Preguntó de pronto. Anthony se sorprendió con la pregunta.
-Hace unos años fue cercano a… - Anthony guardó silencio al recordar que no podía mencionar a Archie frente a la ojiazul, o tal vez si… - A la familia… - Dijo simplemente. Annie se tensó porque imaginó lo que diría.
-Buenos días… - Dijo Candy quien se acababa de despertar. La sonrisa de Anthony se iluminó al ver el rostro recién levantado de su pecosa, quien a pesar de las ojeras provocadas por el desvelo que habían tenido, él la seguía viendo sencillamente hermosa.
-Buenos días pecosa… - Le dijo Anthony acercándose a ella. Annie también respondió tímida al ver la conexión que aquella pareja continuaba teniendo.
-Me alegra tanto verlos juntos. – Dijo la joven mientras unía sus manos con emoción. Candy sonrió y observó a su hermana con un brillo muy especial en sus ojos. Annie sonrió feliz imaginando el motivo de aquel destello en sus esmeraldas. - ¿Quieren desayunar? – Preguntó Annie, quien se moría de hambre.
-Yo lo preparo. – Dijo Candy segura de que Annie debía estar muy cansada.
-Te ayudo. – Dijo Anthony seguro de ayudar.
-No es necesario. – Dijo Candy con timidez de tener ahí a su amado. Anthony sonrió dispuesto a no aceptar su negativa.
-¡Papá! – Gritó de pronto Alexander, quien se levantaba sobresaltado buscando a su padre, la puerta de su habitación se abrió de golpe y el torbellino de rizos rubios y rostro pecoso, salía en busca de su padre.
-¡Aquí estoy! – Dijo Anthony saliendo de la cocina casi de inmediato. Había identificado la angustia en la voz de su hijo y no quería que sintiera ese abandono ni por un segundo, demasiado habían sido cinco años. Candy también salía para ver a su hijo, quien por primera vez en cinco años no era a ella lo primero que buscaba.
-¡Papá! ¡Soñé que me dejabas, que despertaba y ya no estabas aquí…! – Decía el pequeño rubio con los rizos rebotando mientras corría a refugiarse en los brazos de su padre.
Anthony se puso en cuclillas para recibir a su pequeño hijo, sintiendo la angustia que se revelaba en su inocente rostro. Lo abrazó con fuerza y besó su rostro en repetidas ocasiones.
-Tranquilo hijo… aquí estoy… de ahora en adelante siempre estaré para ti… - Decía Anthony sin permitir que el pequeño sintiera esa desesperación que latía en su pecho.
El corazón de Anthony se estrujó al ver la vulnerabilidad que tenía Alexander, al creer que lo había abandonado de nuevo, ver aquella reacción lo hizo sentirse culpable y frustrado por las decisiones que había tomado en el pasado, donde se había dejado llevar por el dolor que le había causado la pérdida de los dos seres más importantes en su vida. El corazón de Alexander comenzó a tranquilizarse poco a poco, al sentirse entre los brazos de su padre y la cercanía de su madre lo hizo sentirse infinitamente seguro y con una paz que comenzaba a calentar su inocente y frágil corazón.
Continuará…
Llegamos al final del capítulo, espero que haya sido de su agrado, sé que esperaban que estos dos platicaran más tiempo y siguieran el ejemplo de Annie de esperarse hasta la boda, pero creo que no aguantaron más, espero los disculpen jijijiji.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES
Cla1969:
Ciao stupendo! Non credo che Wilberth piaccia a nessuno a questo punto, nemmeno a me, questo personaggio è molto diverso dal Wilberth dell'altra storia.
Albert è un po' smarrito dopo il mal di testa di cui ha sofferto, ma Anthony è già a conoscenza di una certa parte della storia di suo zio, deve solo verificare che lui sia davvero chi crede di essere.
Bellissimo, grazie mille per aver letto e soprattutto per aver commentato, apprezzo molto la tua dedica. Ti mando un grande abbraccio.
Saluti amico!
gidae2016:
Hola hermosa! ¿Cómo estás? Espero que muy bien, y sobre todo que te haya gustado también este capítulo.
Fíjate que pasó por mi mente esta pareja Albert-Annie, yo tengo un aprecio por el personaje porque siento que a pesar de todo es un ser transparente lleno de inseguridades producto del abandono, creo que se merece ser feliz y tener un amor verdadero y sincero, no alguien que esté con ella por lástima, así que había pensado en Albert, pero en verdad me detuve porque sé que la mayoría no estaría de acuerdo, quien sabe tal vez en un futuro lo haga en alguna historia.
Muchas gracias por comentar hermosa, te mando un fuerte abrazo.
TeamColombia:
Hola hermosas, una disculpa no no haber tenido tiempo de publicar el sábado pasado, les juro que me fue imposible, intento retomar mi vida normal pero aún me cuesta el movimiento y me atraso en mis tareas, pero les juro que no fue premeditado.
Espero que les haya gustado mucho este capítulo y que me perdonen la consumación entre los rubios, sé que no estarán de acuerdo con ello porque esperan ansiosas la boda jijijijii.
Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
Saludos!
Mayely León:
Hola hermosa, gracias por tu preocupación, es entendible que el temor quede en nuestra memoria, también yo me he vuelto más susceptible a todo, pero gracias a Dios aquí sigo, espero yo que por mucho tiempo.
Definitivamente Alexander es un pillo adorable que necesita mucho la atención de su padre y al parecer la a demandar muchísimo.
Hermosa, te mando un fuerte abrazo.
Saludos!
Rose1404:
Hola hermosa! Me alegro saber que te encuentras mucho mejor, y respecto a tus hijos creo que no les agradará lo que piensa su madre jajaja, créeme yo estaba igual y la mayor ya hasta conduce!
Creo que a nadie nos gusta Wilberth, tiene un no se qué, que qué se yo que nos incomoda, algo no anda bien con él, sobre todo la insistencia en la antes famosa "prueba de amor" porque mi marido dice que en estos tiempos la prueba de amor es saber cocinar jajajaja ¿Será? jajajaja.
Te mando un fuerte abrazo hermosa, para ti y tus pequeños bebés.
Saludos!
Silandrew:
Hola hermosa! Que lindo leerte y sobre todo saber que la preocupación te dejó un poco de lado, me alegra saber que tu esposo está más recuperado y cuenta conmigo para seguir en oración para ahora su transplante.
Sabía que no iban a recibir bien a un Albert mujeriego! pero Dios! tiene todo para serlo! Es guapo, maduro (aquí ya tiene 30), tiene dinero, carisma, todo un adonis con el que cualquier mujer perdería su honra jajajaja! definitivamente alguien que pudiera pedir muchas "pruebas de amor" y barajarlas jajaja.
Amiga, te mando un fuerte abrazo, espero que estés muy bien.
Saludos!
Julie-Andley-00:
Hermosa me has sorprendido! ¿Cómo que apenas después de 40 capítulos apenas comienzas a disfrutar de la historia!? Dios! cómo has sufrido!
Espero que te haya gustado el capítulo amiga, como siempre te mando un fuerte abrazo.
Saludos!
ViriG:
Hola hermosa! ¿Cómo estás? Ya se te extraña en los mensajes snif! Espero que estés muy bien, sé que estás ocupada con tus historias, por eso te disculpe jejejeje.
Que barbaridad, esta autora que se vio muy cruel con los rubios, cinco capítulos de sufrimiento de 40! jijijiji esperemos que ya no haya más sorpresas jejejeje.
Mark es un pillo! Quiso conocer a su padre y se fugó de su niñero, creo que Albert se vio muy inocente con la astucia de Alexander jajajaja.
Wilberth es un chico que al parecer tiene mucha cola que le pisen, o por lo menos mucha experiencia, ve tú a saber a cuantas más le ha pedido la famosa "prueba de amor" muy famosa en el pasado.
Mil gracias por tus palabras tan lindas, me voy a chiviar jajaja como decimos aquí cuando nos avergonzamos por los halagos jajaja.
Te mando un fuerte abrazo hermosa!
Saludos!
María José M:
Hola mi hermoso diablo de hombro izquierdo! ¿Cómo estás? Ya se te extrañaba en los comentarios, sé que estás muy ocupada y yo lo entiendo y por supuesto que lo comprendo, no te preocupes.
Annie es una mujer comprensiva, sabe que Candy y Anthony necesitaban "hablar" largo y tendido, sobre todo tendido jajajaja.
¿Será que Elroy conocerá a Alexander? esta vieja ha sido muy terca con la relación de Anthony y Candy y no sé si se merece ese honor.
Hermosa, te mando un fuerte abrazo, muchas gracias como siempre por comentar.
Saludos!
Luna Andry:
Hola hermosa! que gusto leerte! ya te extrañaba bastante (sobre todo con tu historia jijijijii) Me alegra mucho que te hayan gustado los dos últimos capítulos! Tienes toda la razón, Mark-Alexander es todo un haz del disfraz jajaja, creo que sacó a su tío Archie en lo dramático y a su tío Stear en lo creativo, o en que sabe que el marido de su tía Cassie es actor y dicen que de los buenos... será? Pero no le vamos a decir a Anthony porque tengo la ligera sospecha que aún no lo traga jajajaja.
Wilberth es un chico mañoso que solo busca su beneficio y es seguro que no es de fiar, solo esperemos que no le suceda nada malo a Annie porque creo que cada vez hace más presión en su deseo.
Definitivamente Annie tendrá que acelerar el paso en los diseños, ya que se le viene otra boda rápido! Dios! pobre son muchos vestidos jijijiji.
Hermosa, te mando un fuerte abrazo, muchas gracias por leer y comentar.
Saludos!
Usagi de Andrómeda:
Hola hermosa! Espero que estés muy bien, gracias por leer y seguir presente en los comentarios, te mando un fuertísimo abrazo!
Saludos!
Mía Brower Graham de Andrew:
Saludos hermosa!
Muchas gracias todas y cada una de ustedes por leer y estar al pendiente de cada actualización, aunque en silencio sé que me permiten entrar un ratito en su espacio personal. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.
GeoMtzR
21/01/2025.
