Pero barbaridad! publiqué el 42 antes que el 41, nada más para ver si estaban poniendo atención y solo una personita por ahí pasó el exámen jajaja, no fue premeditado hermosas, espero comprendan la confusión.

DESTINO

CAPÍTULO 42

Alexander comenzó a respirar con mayor tranquilidad, mientras su padre y su madre lo observaban un tanto intranquilos, reconociendo los dos la necesidad que tenía el pequeño por tener unida a su familia.

-Tranquilo mi amor… - Le dijo Candy uniéndose al abrazo que mantenían los hombres más importantes en su vida. – Tu papá y yo estamos juntos ahora… - Dijo nuevamente, mientras Anthony sonreía feliz y convencido de que así era.

-Para siempre… - Le dijo besando el mentón de la rubia y la mejilla de su hijo, quien sintió un calor muy especial en su pecho al ver sonreír a su madre de esa manera. Aquel sentimiento que jamás había experimentado, junto con la feliz escena que protagonizaban, hacía que Alexander se sintiera más seguro y confiado.

-Los amo… - Dijo Alexander abrazándolos con fuerza, compartiendo besos entre sus padres.

Annie los miraba con los ojos emocionados, sentía una felicidad enorme de ver por fin a su amiga y su ahijado tan felices, y no era que no fueran felices antes, sino que la expresión de sus rostros, delataba que siempre habían tenido ese sentimiento de pérdida y soledad.

-Soy tan feliz de verlos juntos. – Dijo Annie con sinceridad a la pequeña familia, mientras Anthony le sonreía agradecido por haber permanecido junto a ellos todo ese tiempo, apoyándolos y haciéndoles compañía.

Candy miraba a su hermana con aquella felicidad que hacía tanto tiempo no sentía en su pecho y deseó en ese momento la misma dicha que ella sentía en su interior.

-Por cierto Annie… - Dijo Candy con cierta timidez mientras veía a Anthony como solicitando un permiso para decir lo que quería decir. Anthony le sonrió seguro de que fuese lo que fuera a decir él estaba de acuerdo. – Ya sé quién será la esposa de Tom. – Dijo con un profundo alivio y al mismo tiempo algo de burla por su hermano.

-¿De verdad? – Preguntó Annie con entusiasmo, ya que ambas habían especulado con la novia en un par de ocasiones. Candy asintió. - ¿Y quién es? – Preguntó curiosa mientras entraba junto a Candy a la cocina.

-Elisa… - Dijo Candy con diversión.

-¿Elisa? – Preguntó Annie un tanto confundida, aquel nombre no le decía nada como se lo decía a Candy.

-¿Recuerdas la joven que salió en el periódico junto a Anthony? – Preguntó Candy sin poder evitar que su corazón diera un vuelco, al recodar el mal rato que había pasado gracias a aquella foto publicada, anunciando un compromiso que no era verdadero.

-¿Esa Elisa? – Preguntó Annie confundida, haciendo memoria del rostro de la joven, cuando de pronto se quedó prácticamente sin habla al recordar a la joven que había ido junto a Patricia O'Brian. – Creo que es la misma chica que fue con la señora O'Brian a la casa de moda. – Dijo la ojiazul sorprendida con el gusto de su hermano.

Candy y Annie comenzaron a reír, no tanto por saber que Elisa era la futura esposa de su hermano Tom, sino por las veces que lo habían escuchado hablar con tanta indiferencia al referirse de las chicas "burguesas" como él solía decirles en el pasado, algo que era evidente era la señorita con la que pronto se casaría.

-Entonces terminarás diseñando el vestido de la novia de Tom. – Dijo Candy con una sonrisa, después de todo Annie se había ofrecido a hacerlo tiempo atrás.

-Creo que sí… - Dijo Annie con mayor presión de quedar bien con aquella cliente. – Es prima de una de mis mejores clientes y ella la recomendó así que… - Dijo una vez más la pelinegra, imaginando que como su primera impresión le había dicho, la futura esposa de Tom, era una persona muy exigente y algo especial.

Cuando el desayuno estaba en la mesa, la plática entre Candy y Annie con respecto a la boda de Tom continuaba, mientras que Anthony y Alexander jugaban entre sí.

-¿Dijiste que una cliente tuya es prima de la novia de Tom? – Preguntó Anthony en un momento que su hijo se entretuvo con el desayuno. Annie asintió.

-Patricia O'Brian. – Respondió Annie con tranquilidad, mencionando sin saberlo a la esposa de Stear.

-Patricia es la esposa de Stear. – Dijo Anthony con tranquilidad. Annie lo observó confundida. – No comprendo el motivo por el cual ella se presentó con su nombre de soltera. – Dijo una vez más pensativo, pensando en las coincidencias en las que todo se relacionaba para facilitar el encuentro de Candy y su hijo, algo que le hacía ver que era el destino de una u otra forma el que le dictaba lo que debía suceder de una u de otra forma.

-La conocí en Nueva York antes de casarse. – Dijo Annie recordando que tiempo atrás había llegado al departamento a pedirle urgentemente que le diseñara su vestido de novia. En ese tiempo Annie no tenía trabajo, había terminado con Archie y tenía empezado un vestido de novia que creía podría usar para ella misma algún día. – Se presentó como Patricia O'Brian, había dicho que la habían recomendado, pero jamás me dijo quien la había enviado. – Dijo recordando lo que había sucedido en aquel tiempo.

-Stear debe de haber pensado que no querrías ayudarle después de lo que pasó con… - Anthony guardó silencio, no sabía si podía hablar de lo sucedido con Archie. Annie sonrió con tranquilidad, pero en el fondo de su corazón creía que era una burla del destino que la esposa de su ex cuñado se hubiese casado con un vestido que ella pensó usaría en su propia boda.

-Stear siempre fue un caballero… - Dijo Annie segura de ello. – Me alegra que esté feliz. – Dijo sincera, por un lado se sentía tranquila que aquella prenda que ella había confeccionado con tanta ilusión, hubiera sido para la esposa de Stear, a quien ella estimaba realmente.

-Tiene dos hijos con Patricia. – Dijo Anthony con una gran sonrisa, recordando que aún no conocía al par de gemelos de su primo.

-¿En verdad? – Preguntó Candy con una gran sonrisa, imaginándose a los dos pequeños que podrían ser muy cercanos a su hijo. Anthony asintió.

-Son mellizos. – Respondió Anthony una vez más.

-¿Tengo primos? – Preguntó Alexander, quien volvía a poner atención en la conversación.

-Dos… - Respondió Anthony con una sonrisa a su hijo. El pequeño Alexander no podía creer que tendría más niños con quien jugar.

-¡Quiero conocerlos! – Dijo con esa chispa y esa alegría que lo caracterizaba.

-Tranquilo hijo… - Dijo Candy no muy segura de querer ir a la mansión Ardlay, donde sabía que debían estar los hijos de Stear.

-No te preocupes. – Dijo Anthony tomando su mano, sabía que para Candy debía ser difícil presentarse ante todos. – Creo que podremos organizar una reunión en otro lugar. – Dijo mirándola a los ojos. Candy agradeció con la mirada, feliz de que Anthony tuviera consideración de ella. – Pero antes me gustaría ver a Albert… - Dijo de nuevo el rubio, quien desde que se había levantado tenía en mente encontrarse con aquel hombre que había estado al pendiente de su familia.

-¿A Albert? – Preguntó Annie un tanto confundida. Candy asintió para ponerla al tanto.

-Parece que Albert es tío de Anthony. – Explicó Candy sencillamente. Annie miró a Anthony como estudiando sus facciones.

-Por eso el parecido… - Dijo la joven de ojos azules, pensando en las similitudes que había entre Anthony y Albert, comprendiendo aún más porque en aquel momento a solas con su amigo le había parecido también ver y escuchar a Archie. El rostro de Annie se coloreó ante el recuerdo.

-Te lo dije… - Dijo Candy con timidez, refiriéndose al parecido entre Anthony y el mismo Albert. Anthony sentía que su ansiedad iba en aumento al pensar que estaría muy cerca de encontrar a su tío.

-¿Estará en su casa? – Preguntó una vez más el rubio, levantándose de la mesa queriendo ir hasta el departamento de Albert.

-Aún no ha llegado. – Dijo Annie segura, ella era la que sabía mejor el horario de Albert. – Llegará en unas cuantas horas más. – Dijo la ojiazul observando el reloj que adornaba la pequeña sala de estar.

-Espero no estar equivocado. – Dijo Anthony inquieto, mirando a Candy con cierta angustia y nerviosismo.

-Tranquilo. – Le dijo Candy acercándose a él para tranquilizarlo. Anthony le sonrió agradecido y enamorado, abrazándola con ternura para contagiarse de su calma.

-¿Entonces mi tío Albert, realmente es mi tío? – Preguntó Alexander con vivacidad, la inteligencia del pequeño hizo a Anthony sonreír, definitivamente tenía mucho de él.

-Es una posibilidad. – Respondió Anthony levantándolo en brazos, no quería afirmar algo que no había comprobado aún, pero que rogaba fuese real.

-Tiene sentido. – Dijo Annie una vez más. – Albert tiene modales de gente educada y con dinero. – Dijo recordando las veces que las había acompañado a comer. – Antes de perder la memoria vestía sencillo pero sus ropas eran finas. – Ahora estaba hablando la diseñadora que tenía en su interior. – No vivía en el departamento, simplemente venía por algunas horas al día, a veces en la mañana, a veces por la tarde… - Decía Annie poniendo más atención a los detalles de cuando Albert apareció por primera vez en el Magnolia. – Después de perder la memoria, aunque su actitud amable y refinada no cambió, si cambió su manera de vestir y definitivamente el que haya tenido el dinero suficiente para pagar cinco años de vivienda no es sencillo. – Dijo una vez más la joven. Anthony la escuchaba atento en su análisis y cada vez tenía más ganas de conocer al famoso Albert.

-Espero que ya esté mejor. – Dijo de pronto Alexander, aquellas palabras extrañaron a Candy, quien de inmediato se dirigió a su hijo.

-¿A qué te refieres, Alexander? – Preguntó Candy a su pequeño retoño.

-Ayer que llegué de ver a papá… - Dijo con cierta pena al creer que lo retarían nuevamente por haber salido solo. Anthony lo animó a continuar. – Albert me estaba esperando. – Dijo apenado. – Se dio cuenta de mis salidas y me preguntó a dónde iba todas las mañanas. – Anthony, Candy y Annie prestaban atención a las palabras del pecoso. – Le hablé de ti… - Le dijo a Anthony y este le sonrió. – Y le mostré tu foto… - Dijo sintiéndose culpable porque tal vez él había tenido la culpa del dolor de cabeza que había sufrido. – Cuando vio la foto se puso muy serio y después se fue a su departamento, no me dijo pero creo que se sentía mal… - Agregó seguro que había visto malestar en el rostro de su tío Albert.

-¿Crees que haya recuperado la memoria? – Preguntó Anthony a Candy, pensando que aquello podría ser una posibilidad.

-No lo sé… - Dijo Candy sin querer afirmar que podría ser una posibilidad, para que Anthony no se ilusionara si no fuera así. – Podría ser… pero no es nada seguro, nosotras intentamos de todo para regresar sus recuerdos. – Dijo de nuevo con cierta pena al recordar los métodos poco profesionales que habían utilizado para estimular su memoria. – La única manera de averiguarlo sería hablando con él. – Dijo Candy segura de ello, ya que Albert siempre había sido muy discreto.

-En cuanto llegue puedo ir e invitarlo a comer. – Dijo Annie segura que podría hacer eso. Anthony asintió agradecido al ver que la hermana de su amada Candy, también estaba dispuesta a cooperar con esa causa.

-Primero ve y descansa un poco, yo me encargaré de la comida. – Dijo Candy segura de tener todo listo para la invitación a comer de su vecino.

-Es verdad Annie. – Dijo Anthony seguro de que debía estar exhausta por trabajar toda la noche.

Mientras tanto Albert había mejorado después del dolor tan intenso de cabeza, que había tenido el día anterior, donde algunas imágenes habían pasado por su cabeza, sobre todo en torno al joven que había visto en el periódico, sin embargo, además del nombre que había leído en el encabezado, no había algo más que le dijera algo acerca de su identidad o su familia.

Había salido de su departamento para ir al hospital y hablar con la doctora Kelly, quien era la doctora que lo había atendido cuando llegó al hospital por primer vez, estaba seguro que aquella amable doctora le daría una explicación a su posible recuerdo.

-Tu cerebro comienza a recordar, Albert… - Le había dicho la doctora, quien se emocionaba de hablar con él en persona, ya que últimamente solo escuchaba de él por medio de Candy. – Físicamente te encuentras bien, así que me atrevo a decir que es cuestión de tiempo para que recuerdes todo tu pasado. – Dijo una vez más la joven con cierta melancolía.

-Muchas gracias, Kelly… - Agradeció Albert con una sonrisa radiante a la joven doctora que no podía ocultar la admiración que tenía por él, solo que aquella admiración debía esperar por él, ya que sabía que en esos momentos no podía ofrecer su corazón libremente, porque podría resultar que él tuviera esposa e hijos o quizá alguna otra sorpresa que le impidiera desarrollar la admiración que sentía por aquella joven médico.

Albert llegó a su trabajo antes de iniciar su turno y ayudó a los trabajadores a preparar todo para abrir el restaurante, preparó todos y cada uno de los platillos que conocía a la perfección y al término de su hora laboral se quedó incluso un poco más, a petición de su jefe inmediato.

Caminó con cansancio hasta el Magnolia y entró a su departamento sin hacer ruido, quería descansar y sabía que si Alexander lo escuchaba seguramente lo buscaría para jugar y ese día especialmente sentía nuevamente un intenso dolor de cabeza.

Era medio día cuando Annie salió del departamento para invitarlo a comer. Tocó la puerta y escuchó los pasos del joven cocinero acercarse a la entrada.

-Buenas tardes, Albert. – Lo saludó Annie con una gran sonrisa.

-Buenas tardes, Annie… - Saludó Albert con un poco de cansancio. - ¿Qué sucede? – Preguntó observando la hora. - ¿Ocupas que cuide a Alexander? – Preguntó ignorando su jaqueca para poder ayudar una vez más a las dos grandes vecinas que habían estado para él en los días más difíciles de su vida.

-No… - Dijo Annie un tanto nerviosa, saber que quizás era tío de Archie la hacía sentirse nerviosa ante su presencia. – Solo que Candy y yo estábamos pensando… - Dijo una vez más deteniendo su invitación. Albert esperaba que continuara. - ¿Quieres venir a comer con nosotros? – Preguntó de pronto. Albert le sonrió agradecido.

-¿Tendré qué cocinar? – Preguntó con travesura, no tenía ánimo de preparar algún platillo en ese momento. Annie negó con una hermosa sonrisa.

-Candy y yo cocinamos para ti. – Dijo Annie con una sonrisa amplia, engañando un poco al rubio quien sabía bien que Candy no era una buena cocinera, pero al decir Annie que ella había colaborado quería decir que la comida estaba garantizada.

-En ese caso… - Dijo Albert con una sonrisa agradecida. – Dame un momento para prepararme. – Dijo para darse un baño e ir hasta su departamento. Annie asintió con una sonrisa y salió del departamento.

-¿Y bien? – Preguntó Candy con la misma impaciencia que tenía Anthony.

-Viene en un momento. – Dijo Annie con una sonrisa. Anthony mostraba su nerviosismo, temía equivocarse porque eso significaba que seguía sin tener una sola pista en el paradero de su tío.

Los minutos fueron eternos para Anthony, quien había ido a la habitación con Alexander para intentar tranquilizarse. La puerta sonó y Annie fue a abrir de inmediato.

-Buenas tardes. – Saludó Albert con una sonrisa amable. Candy le sonrió de vuelta al verlo frente a ella.

-Buenas tardes, Albert ¿Cómo te sientes? – Preguntó la bella enfermera, recordando lo dicho por su hijo.

-¿Te contó Alexander? – Preguntó Albert con cierta pena, él no quería preocuparlas sin ser necesario. – Estoy bien, solo fue un pequeño dolor de cabeza. – Dijo sin explicar que hasta había ido al médico para que lo revisara. Candy sonrió ante la respuesta del rubio de cabello largo.

-Me alegra. – Dijo Candy con una sonrisa sincera. – Albert… - Dijo Candy con cierta pena en su voz. Albert la escuchó extrañado por la timidez que mostraba en ese momento.

-¿Qué sucede Candy? – Preguntó Albert, quien en ese momento quedaba de espalda a la puerta de la habitación de Candy, lugar en el que estaba Anthony y quien se asomaba intentando ver el rostro del recién llegado, sin embargo desde su posición no podía hacerlo, solo veía los cabellos rubios y largos que llevaba aquel personaje y su tío jamás lo había llevado tan largo en toda su vida.

-Quisiera presentarte a alguien. – Dijo Candy mirando hacia donde estaba Anthony. Albert se giró de pronto y su mirada se encontró con la de Anthony.

-¿Quién…? – Preguntó Albert confundido, sin embargo su pregunta quedó inconclusa al sentir una fuerte punzada en sus sienes.

-¡Albert! – Dijo Anthony de inmediato al ver que la persona frente a él efectivamente era su tío, el cual parecía estar sintiéndose mal.

-¿Te encuentras bien? – Preguntó Candy preocupada por él, sin embargo Albert no respondía, simplemente sostenía su cabeza con fuerza por la cantidad de imágenes que pasaban por su mente en esos momentos.

-¡NO...! – Decía Albert hincado en el piso. - ¡Mi cabeza! – Decía con dolor, dejándose vencer por el dolor que sentía mientras hincado luchaba por sobreponerse.

-Hay que llevarlo al hospital. – Dijo Anthony preocupado por su tío, anunciando a Candy y Annie que lo había reconocido, aunque también se había dado cuenta que él no lo había reconocido.

-¡Sí! – Dijo Candy sin poder decir más, preocupada por su amigo pero intentando actuar con profesionalidad. – Annie…

-No te preocupes Candy, yo cuidaré a Alexander. – Dijo Annie abrazando al pequeño rubio, quien miraba con preocupación a su tío Albert.

-Todo estará bien. – Le dijo Candy al pequeño. Alexander asintió, confiaba en su mamá y también en su padre, quien se hacía cargo de la situación de inmediato.

-Volveremos pronto hijo. – Le dijo Anthony también a su pequeño, no quería que se sintiera abandonado en esos momentos. Alexander se acercó a su papá y le dio un beso en la mejilla, indicándole de esa manera que entendía la situación.

Anthony y Candy salieron con Albert casi en brazos, la rubia ayudaba con las puertas mientras Anthony detenía a un desbalanceado y mareado Albert.

-Con cuidado… - Le decía Anthony a su tío, quien seguía sin poder controlar lo que pasaba por su mente.

-La doctora Kelly te atenderá pronto. – Decía Candy mientras Anthony lo colocaba en la parte trasera de su automóvil.

-Tranquilo, todo estará bien. – Decía Anthony seguro de que así sería, sintiendo en su pecho preocupación por su malestar, pero al mismo tiempo una profunda calma por haberlo encontrado sano y con vida.

Candy miró a Anthony cuestionándolo con la mirada si era realmente aquel quien él buscaba. Anthony le sonrió asintiendo para confirmar una vez más que efectivamente Albert, era su tío William Albert. Candy se sorprendió con aquella afirmación, sin embargo se sintió feliz de que así fuera, porque a pesar de la situación tan preocupante, por lo menos sabía que su amado Anthony, había encontrado con vida a su tío.

El camino al hospital se realizó casi de inmediato. Anthony se estacionaba frente al hospital donde Candy trabajaba y mientras la rubia pedía una camilla y se encargaba de buscar a la doctora Kelly, Anthony ayudaba a Albert a descender del vehículo.

-¿Cómo te sientes? – Preguntó Anthony a su tío, quien lo miró con los ojos entrecerrados.

-¿Anthony…? - Preguntó Albert, demostrando que comenzaba a reaccionar. Anthony asintió a su pregunta.

-Soy Anthony tío… - Le dijo Anthony con un vuelco de felicidad en su corazón. – Tranquilo, no te esfuerces. – Le dio al ver que el rubio mayor intentaba forzar a su mente para traer todos sus recuerdos, mientras el mismo dolor de cabeza lo hacía contener el vómito por el mareo que lo asaltaba.

La doctora Kelly llegó corriendo con el corazón en vilo al escuchar de Candy, que Albert venía muy mal, cuando el rubio vio venir a la doctora no pudo soportar más y se desvaneció en los brazos de Anthony, quien lo sostuvo impidiendo que se golpeara contra el suelo.

-¡Sosténganlo! – Dijo la doctora quien llegaba junto con los camilleros y Candy para atender a aquel que la había conquistado.

-¿Qué sucede doctora? – Preguntó Anthony, quien al ver que su tío se desmayaba provocó que el miedo en su interior comenzara a surgir.

-¿Ha recibido alguna impresión fuerte? – Preguntó la doctora Kelly a Candy y Anthony, intentando descifrar el motivo por el cual había regresado en ese estado.

-Creo que el verme a mí lo provocó. – Respondió Anthony un tanto arrepentido por haber forzado su encuentro. – Es mi tío… - Explicó rápidamente para que la doctora comprendiera el contexto de lo sucedido.

-Ayer vino a verme… - Explicó la doctora mientras revisaba sus signos vitales. – Me comentó que había comenzado a recordar algo, pero nada que lo llevara a saber su identidad. – Dijo checando sus pupilas y su pulso.

Candy y Anthony escuchaban a la doctora, quien como la profesional que era no dejaba de revisar cada detalle de su paciente, sobre todo al ser la persona a la que ella amaba en silencio.

-¿Es posible que ese dolor de cabeza tenga que ver con sus recuerdos? – Preguntó Candy también inquieta por la salud de su amigo.

-Es lo más probable. – Dijo la doctora pidiendo que se llevaran a Albert a una habitación. – Candy, Albert estaba teniendo episodios que lo llevaban a recordar, pero nada en concreto, creo que al ver a este joven le provocó que todo lo que su mente no recordaba llegara repentinamente. – Dijo una vez más, intentando calmar la preocupación que era evidente en ambos rubios.

-Debí tener más cuidado. – Dijo Anthony sintiéndose culpable por no haber pensado en lo que podría ocurrir si lo veía de esa forma.

-No es su culpa joven. – Dijo la doctora, sabía que tarde o temprano podría suceder. – La mente de una persona actúa de manera incomprensible, como pudo no haberlo reconocido, puede que lo haya hecho. – Dijo una vez más, segura de tranquilizar a Anthony.

-Sí me reconoció. – Dijo Anthony seguro de que así había sido.

-Bien, entonces hay que esperar hasta que despierte. – Dijo con seriedad la doctora, para después ir hasta donde estaba Albert para continuar con su revisión.

-Tengo que avisar a George. – Dijo Anthony a Candy, quien sonrió animándolo para que su familia se enterara del regreso del famoso tío William.

Cuando Anthony avisó a George, este de inmediato se dejó ir al hospital, el fiel administrador estaba muy sorprendido y agradecido por el milagro que se había reflejado por fin en la familia para la que trabajaba.

-¿Cómo sucedió? – Preguntaba George sin poder creer que Anthony lo hubiera encontrado en tan poco tiempo.

-Fue obra del destino, George. – Dijo Anthony mientras sonreía y abrazaba a Candy con fuerza. Candy se aferraba a él preocupada por Albert.

-¿Qué dice la doctora? – Preguntó George impaciente por saber y ver a su protegido. - ¿Qué fue lo que le pasó? – Preguntaba impaciente nuevamente.

-Debemos esperar a que despierte, él nos explicará qué es lo que le sucedió aquella tarde. – Dijo Anthony seguro de que su tío sabía exactamente lo que le había pasado el día que desapareció o por lo menos lo recordaría muy pronto.


En la mansión de los Ardlay un impaciente Archie caminaba de un lado a otro, esperaba a su hermano, quien un día antes le había hablado para avisarle que Anthony había regresado. Archie se sentía feliz por volver a ver a Anthony y al mismo tiempo seguía preocupado porque no tenía noticias de su tío William.

-¿Pero cómo que no llegó a dormir? – Preguntaba Archie, temiendo que algo le hubiera sucedido también al rubio menor.

-Tranquilo, Anthony debe estar bien. – Decía Stear confiando en que Anthony estaba bien.

-Pero Stear, sabes lo que pasó con el tío hace unos meses, esta ciudad no es tan segura como antes. – Decía Archie impaciente y desesperado por la ausencia de Anthony.

-Lo sé Archie, pero Anthony sabe lo que hace. – Decía Stear confiando en el rubio. – En muy poco tiempo encontró una pista de Candy, así que tal vez ese sea el motivo de su ausencia. – Decía el inventor temiendo en el fondo equivocarse.

-Disculpe señor Alistear. – Dijo el mayordomo interrumpiendo la charla entre los hermanos.

-¿Qué sucede Hank? – Preguntó Stear al mayordomo.

-El joven Anthony está al teléfono, dice que es muy importante. – Dijo dando el mensaje que había obtenido del rubio. Archie miró a Stear con preocupación y salió corriendo hacia el despacho al mismo tiempo que su hermano.

-¿Bueno, Anthony? – Preguntó Stear impaciente. - ¿Qué sucede? ¿Dónde estás? – Preguntó el inventor impaciente, a pesar de todo estaba nervioso igual que su hermano. - ¿Hospital? Pero… ¿Estás bien? – Preguntaba impaciente. – Muy bien… ok, ok… lo tengo… vamos para allá… sí… Archie está conmigo… no, nadie más… muy bien, no te preocupes… - Dijo de nuevo colgando el teléfono mientras Archie lo interrogaba con la mirada queriendo saber qué era lo que había sucedido para que Anthony estuviera en el hospital.

-¿Qué sucede Stear? – Preguntó Archie una vez que vio que su hermano colgó la bocina.

-Es Anthony, está en el hospital. – Dijo Stear explicando a Archie lo que Anthony le había dicho.

-¿Pero qué le pasó? – Preguntó Archie inquieto, aquella respuesta no le daba tranquilidad.

-No sé muy bien, pero él está bien, no quiere que nadie más se entere de que está ahí. – Dijo Stear ante la mirada extrañada de Archie.

-¿Nadie más? – Preguntó Archie seguro de que no había nadie más en la mansión que su hermano y su familia, además de la tía Elroy que continuaba en cama.

-Neal… - Dijo Stear seguro que por ahí iba la cosa. Archie asintió, sabían bien que el moreno regresaba de Florida también para la boda de su hermana.

-¿Ya regresó? – Preguntó Archie con disgusto tan solo de pensar en aquel joven.

-Ya sabes que con él nunca se sabe. – Dijo una vez más Stear, para después caminar hasta la salida. - Hank, si viene mi esposa le dices que Archie y yo tuvimos un problema en las oficinas. – Dijo el inventor al mayordomo, quien asentía dispuesto a seguir las órdenes del joven heredero.

-¿Dónde está Patricia? – Preguntó Archie seguro de que su cuñada y sus sobrinos estarían en la mansión.

-Están con Elisa en la mansión de los Leagan. – Respondió Stear sin más, mientras Archie seguía sin poder creer que su cuñada y Elisa fueran tan unidas.

Los dos jóvenes condujeron hasta el hospital con la duda de lo que Anthony había dicho, temían que lo que fuese que le hubiera sucedido fuese grave y no lo hubiera dicho por teléfono.

-¡Anthony! – Gritó Stear al ver a su primo en la sala de espera del hospital. – George… - Dijo mirando al administrador, le parecía extraño que estuviera ahí. – Candy… - Dijo con un grito de alegría mientras Archie se mantenía un tanto alejado de ellos, no sabía cómo reaccionaría Candy frente a él.

Anthony observó a Archie y lejos de guardarle algún tipo de rencor lo abrazó con cariño, demostrándole que a pesar de todo lo había extrañado.

-Candy… - Dijo Archie besando con delicadeza la mano de Candy. George saludó a ambos jóvenes con respeto y el mismo cariño que siempre había guardado por ellos.

-¿Qué es lo que sucede Anthony? ¿Es Alexander? – Preguntó el inventor al ver que por ningún lado estaba el pequeño que Candy y Anthony habían tenido juntos.

-No… - Dijo Anthony con alivio. – Alexander está bien. – Dijo sin decir que Annie era quien lo cuidaba en estos momentos.

-¿Entonces? – Preguntó Archie quien también estaba intrigado al igual que Stear.

-Es el tío William. – Dijo Anthony con cierta tranquilidad en su voz.

-¿Lo encontraste? – Preguntaron ambos hermanos con sorpresa. Anthony asintió.

-¿Pero cómo? ¿Así de pronto? – Preguntaba Stear, porque toda la familia y el mismo George habían mantenido por meses la búsqueda del patriarca del clan.

-La verdad es que fue la suerte lo que nos reunió. – Dijo mirando a Candy, quien seguía abrazada a él. Stear y Archie los miraron con una paz en su interior, una paz que tiempo atrás habían rogado por sentir en su corazón.

-Me alegra verlos juntos. – Dijo Archie sintiendo por fin que su corazón descansaba después de tanta culpa que sentía en su pecho al saberlos separados.

Anthony comenzó a relatar lo que había sucedido los últimos días, Stear sabía algo de lo que había vivido su primo, sin embargo ignoraba lo sucedido las últimas horas. Relató el momento que había conocido al famoso "Mark" y como ese pequeño travieso había resultado ser su hijo, reveló cómo Candy había llegado a la oficina y como ambos estaban equivocados en lo que creían pasaba por su mente y por fin explicó dónde había encontrado a su tío.

-Es verdaderamente una locura todo esto. – Dijo Archie sorprendido por saber que Albert había vivido cerca de Candy todo ese tiempo.

-Entonces Albert realmente encontró a Candy desde hace tiempo. – Dijo George seguro que así había sido. – Jamás me comentó nada. – Dijo el administrador un tanto sentido por la decisión del patriarca, pero también comprendiendo lo delicado del asunto.

-Tal vez consideró prudente que así fuera. – Dijo Anthony seguro que su tío no lo había hecho por no confiar en él.

-Debe haber sido así. – Dijo George más tranquilo y seguro de ello.

-Albert siempre nos cuidó… - Dijo Candy con una sonrisa tímida. Anthony la miró fijamente, deseando besarla una vez más, sentía que era poco lo que habían vivido esas horas para todo lo que tenían por decirse y hacer.

-Joven Brower. – Dijo la doctora Kelly de pronto. Todos se pusieron de pie al ver a la doctora cerca.

-Hable sin problema doctora, todos somos familia. – Dijo Anthony cuando vio que la doctora no quería hablar frente a todos. Kelly asintió con una sonrisa, dispuesta a poner al tanto a todos sobre la salud del patriarca.

-El señor Ardlay… - Dijo Kelly, pareciéndole imposible que aquel hombre desvalido que había llegado herido hace más de diez meses, fuese uno de los hombres más importantes del continente. – Aún no despierta… pero está en perfectas condiciones. – Dijo un poco más relajada, a pesar de todos los sentimientos que tenía encontrados en su pecho, el profesionalismo que siempre mostraba supo imponerse y demostrar la entereza que siempre había mostrado ante sus pacientes.

-Doctora, ¿Recuperará la memoria? – Preguntó Candy a sabiendas que como había una probabilidad muy alta de que así fuera, también existía un margen muy pequeño de que no fuera así.

-Es muy pronto para saberlo Candy. – Dijo la doctora Kelly. – Por el momento lo tenemos bajo observación, le administré algunos sedantes para darle la oportunidad a su mente de establecerse sin tanta confusión. – Dijo con una sonrisa a la rubia, quien asintió segura de que aquella doctora haría lo que fuera necesario por Albert. – Con su permiso. – Dijo despidiéndose de la familia Ardlay.

-¿Estás más tranquilo? – Preguntó Candy a Anthony, quien le sonrió aliviado.

-Por el momento sí. – Respondió Anthony acariciando su mejilla. Candy lo observó fijamente, perdiéndose en sus hermosos ojos azules una vez más. – Creo que será mejor que vayas con Alexander. – Dijo Anthony después de advertir que ya habían pasado algunas horas desde que lo habían dejado bajo el cuidado de Annie.

-Creo que no será necesario. – Dijo Candy cuando observaba que en la recepción su hermana venía acompañada del tremendo Alexander. Anthony observó hacia donde Candy veía y pudo ver que el pequeño se daba cuenta de su presencia.

-¡Alexander! – Gritó Annie confundida por ver a su ahijado correr repentinamente. - ¡Vuelve! – Decía para evitar que se extraviara.

-¡Allá están mis papás! – Gritó el vivaracho pequeño, mientras los rizos de su cabeza revoloteaban moviéndose libremente con el viento que producía su carrera.

Annie sonrió al divisar la imagen de Anthony y Candy, quienes estaban sonrientes por ver a su hijo en el hospital.

-¡Papá! – Dijo Alexander arrojándose a sus brazos. Anthony de inmediato lo recibió, pareciéndole maravillosa la manera en la que su pequeño hijo demostraba el amor por él y su madre.

Stear, Archie y George, guardaron silencio al ver al doble de Anthony saltar cual gacela en los brazos de su joven padre.

-¿Y dices que cuando lo viste no te imaginaste que era tú hijo? – Preguntó Stear con ironía. Anthony lo escuchó con Alexander en brazos, quien volteaba su rostro pecoso y curioso hacia aquel par de hermanos que lo miraban con ternura.

-¡Pero si es igualito a ti! – Dijo Archie haciéndose de pronto presente ante Alexander y una tímida Annie que no supo cómo reaccionar de momento.

Annie no había reparado en la figura de Archie, ya que estaba siendo cubierto por Stear y el cuerpo de George.

-Buenas tardes… - Saludó Annie con un saludo a medias, un saludo que se quedó en el aire al escuchar la voz de Archie al mismo tiempo que ella saludaba.

-Annie… - Dijo Archie al darse cuenta que Annie había llegado junto a Alexander. Annie sonrió intentando sonar normal, no podía esconderse, no en ese momento, tal vez después lo haría, pero en ese momento ella debía demostrar que ya lo había superado.

-Extrañaba a sus papás… - Fue lo único que dijo Annie una vez que había sonreído a Archie y a Stear a manera de saludo.

-Qué gusto volver a verte Annie. – Dijo Stear acercándose a ella para besar su mano caballerosamente.

-Lo mismo digo Stear. – Dijo con una sonrisa sincera. Annie no le guardaba rencor al inventor, mucho menos al descubrir que era el marido de una de sus más fieles clientes.

Archie se acercó a ella como atraído por un imán, era verdad que le daba gusto volver a verla, su corazón se había acelerado casi de inmediato y más al ver la belleza de la joven, la cual había madurado con el paso del tiempo, sus formas habían embarnecido, sin embargo sus ojos seguían igual de hermosos y expresivos, su ingenuidad seguía siendo ese mayor atractivo que ella mostraba, ese aire de inocencia que lo atrapó en el pasado y que en ese momento hacía que su corazón latiera descontrolado.

-Un placer Annie… - Dijo Archie tomando su mano a pesar de que la joven no la había extendido hacia él, para besarla igual que lo había hecho su hermano. Annie se tensó ante aquel movimiento y no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de rojo ante el atrevimiento de aquel Cornwell, quien la miró fijamente a los ojos para después retirarse sin evitar recorrer sus formas con la mirada.

-Gusto en verlos. – Dijo Annie simplemente, a pesar de que su corazón estaba descontrolado, el control de su cuerpo era maravilloso, parecía que no había nada que pudiera inmutarla, la única que sabía que estaba nerviosa era Candy, quien sabía bien que la unión de sus manos y evitar contacto con alguien en específico era señal de que estaba intentando controlarse.

-Annie, él es George Johnson… amigo y administrador de la familia Ardlay. George, la señorita es Annie Britter, hermana de Candy. – Dijo Anthony para hacer un poco menos incómodo el momento.

-Un placer señorita Britter. – Dijo George saludando a Annie de la misma manera que lo había hecho Stear y Archie, solo que aquella presentación sirvió para que Annie recuperara el control de sí misma.

-El gusto es mío, señor Johnson. – Dijo Annie con una linda sonrisa, una sonrisa sincera que iluminó su rostro al ver el rostro amigable del buen George. – Candy… - Dijo Annie a su hermana, quien de inmediato supo que Annie debía decirle algo.

-¿Qué sucede Annie? – Preguntó Candy una vez que se apartaron un poco de los caballeros.

-Necesito ir a la casa de moda. – Dijo Annie impaciente, y no era porque quería salir corriendo de ahí, sino porque debía terminar la gran cantidad de vestidos que tenía en espera para la boda de Tom.

-Es verdad Annie, lo siento mucho… - Dijo Candy apenada por haberla dejado encargada de Alexander.

-No te preocupes. – Le dijo Annie sonriendo una vez más, ella siempre estaba dispuesta a cuidar a aquel pequeño que había sido de gran ayuda para combatir también su tristeza.

Desde lejos Archie no perdía los movimientos de Annie, sus ojos recorrían su figura con discreción volviéndose a posar en las pantorrillas de la diseñadora, aquellas pantorrillas que había visto con discreción cuando la conoció arriba del banquillo de la casa de modas de Nueva York, pero que gracias a la moda actual estaban expuestas ante él sin tener que hacer un esfuerzo para observarlas.

– Anthony y yo nos quedaremos con Alexander. – Dijo Candy agradecida con su hermana. Annie volvió a sonreír y de pronto sintió la mirada del elegante joven sobre ella.

Archie no se inmutó por ser descubierto, al contrario profundizó la mirada perdiéndose en los azules de ella, buscando un rechazo o un perdón de su parte, sin embargo la sonrisa que Annie le dirigió lo dejó desubicado al no saber cómo interpretarla.

-Con su permiso. – Dijo Annie con elegancia y distinción a los caballeros que esperaban noticias del patriarca de los Ardlay. – Un placer señor Johnson. - Dijo extendiendo una vez más su mano hasta George, quien no dudó en tomarla para besarla una vez más. – Stear, Archie… - Dijo Annie con una sonrisa llena de confianza en sí misma, con la confianza de saberse hermosa, una confianza que había perdido hacía mucho tiempo y que de pronto sin saber cómo había recuperado.

Annie caminó hacia la salida del hospital, sonriendo discretamente a algunos caballeros que se topó en su camino, los cuales sonrieron como bobos al recibir una linda sonrisa de una joven hermosa y desenvuelta.

Archie fue testigo de las miradas que Annie levantó en esos momentos, donde los caballeros se quitaban el sombrero ante su presencia y uno que otro daba incluso un giro para seguir admirándola sin pena de ser descubiertos.

-Muchos señores miran siempre a mi madrina. – Dijo Alexander con viveza al ver que Archie se había quedado mirando a su tía Annie.

-¿De verdad? – Preguntó Archie carraspeando un poco al darse cuenta que había sido descubierto por un pequeño pillo que lo observaba con curiosidad.

-Sí… por eso Wilberth se molesta. – Dijo una vez más con inocencia. Anthony y Candy sonrieron cómplices con su hijo, quien inocentemente había hablado del novio de su tía.

-¿Wilberth? ¿Así se llama el vaquero? – Preguntó Archie, quien seguía creyendo que Annie mantenía una relación con Tom, todos esos años no le habían valido la pena para investigar mucho acerca de la vida de la joven que había engañado tiempo atrás, creyendo que de esa forma él evitaba su sufrimiento.

-¿Qué es un vaquero? – Preguntó Alexander con curiosidad a su papá.

-Es una persona que se viste con botas, camisa a cuadros y sombrero. – Explicó Candy con ternura a su hijo.

-¿Cómo mi tío Tom? – Preguntó Alexander. Candy asintió a la pregunta de su pequeño.

-Exactamente, así como tu tío Tom. - Dijo Candy tomando a su hijo en brazos.

-Pero Wilberth ni siquiera tiene botas. – Dijo Alexander confundido por lo dicho por Archie.

-Alexander ellos son tus tíos Alistear y Archivald Cornwell y el señor…

-Johnson… - Dijo Alexander con astucia, al ver que le presentarían al mismo caballero que momentos antes habían presentado a su tía Annie.

-Vaya, veo no solo tiene el físico de su padre… - Dijo George con una sonrisa acariciando al hijo de Anthony, quien lo miraba con esos ojos tan grandes y expresivos como los de su padre.

-Alexander ¿Wilberth los trajo al hospital? – Preguntó Candy al divisar a Annie a los lejos.

-No… mi tía pidió un yellow cab. – Respondió con simpatía el pequeño, quien había escuchado que así le decían a los automóviles que trasportaban a las personas.

Candy le dio el pequeño a Anthony, quien lo tomó extrañado al ver que Candy de inmediato salía del hospital, provocando las mismas reacciones que momentos antes había generado Annie al pasar.

-A mi mamá también voltean a verla mucho. – Dijo Alexander con cierta molestia en su voz, por alguna razón le molestaba que los hombres miraran tanto a su madre. Anthony tensó la mandíbula al darse cuenta de lo que decía su hijo y de inmediato salió para acompañar a su mujer.

La risa de Stear y Archie no se hizo esperar, ambos habían visto la molestia de Anthony y su pronta reacción, quien dio alcance a Candy antes de que ella regresara al interior del hospital.

-¿Todo bien? – Preguntó Anthony al ver que la rubia llegaba de regreso a su lado.

-Sí, solo que Annie no encontraba ningún auto de sitio. – Dijo la rubia un tanto preocupada por Annie. – Pensé que Wilberth los había traído, pero al parecer tuvieron un disgusto. – Dijo la rubia con preocupación.

-No te preocupes, estará bien. – Dijo Anthony seguro de que Annie era una chica independiente que sabía moverse en la ciudad, pero antes de entrar al hospital, Anthony la atrajo hacia él con posesión, mirando a los atrevidos que momentos antes la habían devorado con la mirada.

Aquella acción provocó que las miradas de los caballeros se desviaran, avergonzados por haber observado con total descaro. Anthony los miraba como reprochándoles su atrevimiento al haber observado de más a su mujer.

-¿Qué sucede? – Preguntó Candy al sentir que Anthony se tensaba al pasar frente a tanto caballero.

-Mi papá no quiere que te miren… - Dijo Alexander con diversión, él mismo se sentía extrañamente feliz de que su papá hubiera puesto un alto a aquellos hombres. – A mí tampoco me gusta… - Dijo Alexander cruzando sus brazos, demostrando que para él era también un sentimiento incómodo.

-No es de caballeros mirar de esa manera a una dama. – Dijo Anthony explicando a su hijo que era de mala educación mirar de esa manera tan atrevida a una dama que pasaba cerca.

-¿Entonces el tío Archivald no es un caballero? – Preguntó ante la sorpresa de Archie, quien miró a Alexander como preguntándose el motivo por el cual decía tal cosa, mientras Stear y Anthony comenzaban a reír y George aguantaba su risa.

-Por supuesto que lo soy. – Dijo Archie defendiéndose de la tierna acusación que le hacía su recién conocido sobrino.

-Pero tú miraste mucho tiempo a mi tía Annie… - Dijo Alexander ante la incomodidad de Archie por haber sido descubierto.

-Lo que sucede es que tu tío Archie conoce a tu tía Annie desde hace mucho tiempo. – Dijo Anthony intentando que su hijo no se quedara con la idea de que Archie era poco caballero. – Y hace tiempo que no se veían. – Dijo una vez más con paciencia.

-Ahhhh… - Dijo Alexander satisfecho con la explicación de su papá.

Archie sonreía divertido por la viveza del pequeño Alexander, quien de pronto comenzaba a jugar con el balero que Albert le había regalado días atrás, y mientras soportaba los golpes que dicho juguete le provocaba al jugar con él, Archie comentaba junto a Stear.

-Espero que tus hijos no sean como Alexander. – Dijo Archie a modo de broma.

-¿Pero qué dices? Ángel y Alan son igual que tú y que yo juntos. – Dijo Stear divertido, sabía que su hermano entendería la referencia.

Anthony mantenía a Candy abrazada, mientras observaba cómo George jugaba con su hijo intentando también atinar a ensartar el balero. Stear y Archie se ponían al día, pero todos estaban pendientes de las actualizaciones que tenía la doctora Kelly en torno a la salud del joven patriarca.

-Señor Brower… - Dijo la doctora Kelly de pronto. – El señor Ardlay ha despertado y quiere verlo… - Dijo la doctora con seriedad, observando que Anthony ponía atención de inmediato.

Anthony se puso de pie, dispuesto a seguir a la doctora para hablar con su tío e investigar si realmente había recordado o había sido solamente una oleada en su memoria. Candy le sonrió dando los ánimos suficientes para que enfrentara a lo que tuviera que enfrentar.

Continuará…


En vista del error tan grande que tuve, no me queda otra que subir el capítulo 42 jajaja lo bueno que no fue otro más adelante ups! no lo había revisado y tenía algunos errores, pero confieso que ya lo revisé y lo pulí un poquito.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

TeamColombia:

Hermosas, un comentario de ustedes fue la alerta de que me había equivocado, porque pusieron que Alexander las divertía cuando el chamaco estaba todo estresado, así que no era porque ustedes tuvieran un sentido del humor extraño jajaja. Les mando un fuerte abrazo, gracias por leer y comentar.

Cla1969:

Ciao bello, ho avuto un errore con il capitolo precedente, spero che tu abbia tempo per tornare a leggerlo, ecco una piccola spiegazione in più di quello che è successo con Albert e Anthony.

Saluti!

ViriG:

Hola hermosa! no sabes cómo me divertí con este error, creo que fue justicia divina porque no publiqué el sábado jajaja. Quería saber qué tanta atención ponían a la lectura, habrá examen al final de la historia jijiji.

Gracias por hacerme ver mi error, aquí te pongo el capítulo para que termines de leerlo jajajaja ahh y espero el comentario jajajaja.

Un abrazo hermosa.

Julie-Andley-00:

Julie hermosa, mil gracias por leer ambos te juro que no fue mi intención jajaja, me alegra saber que si has disfrutado la historia porque me quedaba una duda acerca de ello.

Te mando un fuere abrazo amiga y mil gracias por leer.


Muchas gracias a todas las lectoras que se dieron cuenta del error que cometí al publicar, espero no les haya generado algún tipo de confusión.


GeoMtzR

21/01/2025.