Minato observó el interior del restaurante con cautela mientras seguía a Weiss a través del lugar. El aroma de la comida, una mezcla de especias desconocidas y carnes asadas, era casi abrumador. Por un instante, su estómago protestó de manera audible, recordándole que, aunque podía soportar el hambre, su cuerpo no era ajeno a las necesidades básicas.

Weiss pareció notar su reacción, pero no dijo nada. Simplemente avanzó con seguridad hacia una mesa junto a la ventana, donde la luz de la tarde pintaba la ciudad con tonos dorados. Minato se sentó frente a ella, manteniendo la espalda recta, sus ojos barrían el lugar con discreción. Había aprendido a evaluar cada entorno como si fuera un posible campo de batalla, incluso en un simple restaurante.

Mientras Weiss tomaba el menú sin prisa, él estudió a los demás clientes. Un grupo de cazadores conversaba animadamente en una esquina, sus armas descansaban junto a ellos, evidencia de su confianza en la seguridad del lugar. Más allá, una familia de faunos disfrutaba su comida, algo que Minato notó con interés. En su mundo, las diferencias físicas entre las personas no eran tan pronunciadas. Aquí, la convivencia entre humanos y faunos parecía más normal de lo que esperaba, aunque su instinto le decía que la realidad podía ser más complicada.

Weiss dejó el menú sobre la mesa y lo miró con una sonrisa ligera. —Espero que encuentres algo que te guste —dijo, empujándole el menú.

Minato lo tomó con cuidado. A pesar de que ya había visto estos papeles en otros lugares de Vale, aún le costaba acostumbrarse a la cantidad de opciones y los nombres extraños de los platillos. Observó cada página con atención, tratando de descifrar los ingredientes.

—No estoy muy familiarizado con la comida de aquí —admitió en voz baja, sin apartar la vista del menú.

Weiss apoyó un codo sobre la mesa, con una expresión divertida. —Supuse que dirías eso. Podría recomendarte algo... aunque creo que deberías probar algo por ti mismo. La comida de Vale es bastante variada.

Minato asintió. Si bien apreciaba la sugerencias, prefería analizar sus opciones por su cuenta. Escogió un platillo sencillo, algo llamado "estofado de carne con Dust picante." Dust en la comida... eso era algo que todavía no terminaba de entender del todo o quizás solo era una hipérbole para acentuar el picante del estofado, pero lo vería por sí mismo.

La mesera llegó poco después, con una sonrisa profesional. Weiss hizo su pedido con la naturalidad de alguien acostumbrada a estos lugares, mientras Minato repitió el nombre de su platillo de manera precisa, cuidando su tono. La mesera anotó todo y se retiró, dejándolos nuevamente en un silencio momentáneo.

—Así que... —Weiss entrelazó los dedos sobre la mesa—. ¿Cómo ha sido tu estadía en Vale hasta ahora? No pareces ser de aquí.

Minato sostuvo su mirada por un momento, evaluando la pregunta antes de responder, supuso que ella llego a esa conclusión debido a lo perdido que estaba ayer, pero no sería un poco apresurados llegar a esa conclusión? Quizás simplemente no conocía esa parte de la ciudad.

También tenía poco conocimiento sobre los platos de Vale, pero eso puede deberse a los platos principales del restaurante.

Igual por muy apresurada que sea la conclusión está vez tenía razón, pero por lo que había leído la familia Schnee tampoco es de Vale, es originaria de Atlas, por lo que Weiss también es una extranjera en estas tierras.

Tierras donde la disciplina y la tecnología criaban a toda una ciudad, quizás por eso Weiss tuvo problemas con él ayer, que alguien que ya habías catalogado como un civil y por lo tanto inferior a ella, de la nada acabe con fáciles con alguien que te estaba dando problemas, puede ser difícil de asimilar.

Seguramente después de reflexionar, Weiss haya podido calmarse y analizar mejor la situación, capaz tenga algunas preguntas o este curiosa, pero eso debería ser normal.

Minato suspiró mentalmente, no quería tener enemigos en tierras desconocidas.

—Interesante. Diferente de lo que esperaba —respondió con sinceridad, aunque mantuvo la vaguedad intencional. No podía permitirse revelar demasiado aún.

Weiss inclinó ligeramente la cabeza, analizándolo con una mirada perspicaz.

—¿Diferente en qué sentido? —preguntó con un leve matiz de curiosidad.

Minato notó que, a pesar del tono casual de Weiss, había una sutil intención detrás de sus palabras. Estaba acostumbrado a ese tipo de conversación, a preguntas disfrazadas de cortesía que en realidad buscaban extraer información. No podía culparla; en su lugar, él haría lo mismo.

—Vale es... más grande de lo que imaginaba —respondió, eligiendo sus palabras con cuidado —. Y la gente aquí es bastante... directa.

Weiss dejó escapar una breve risa, una mezcla de diversión y comprensión.

—Sí, Vale puede ser un lugar abrumador si no estás acostumbrado. No todos aquí son tan... refinados. —Sus ojos brillaron con un toque de orgullo, algo que Minato no pasó por alto—. Aunque supongo que para alguien que no es de aquí, todo parece nuevo.

Minato asintió levemente, dejando que la conversación siguiera su curso sin revelar demasiado.

—¿Y tú? —preguntó, cambiando el enfoque—. No pareces del tipo que pasa mucho tiempo aquí.

Weiss entrecerró los ojos ligeramente, como si estuviera decidiendo cuánta información compartir.

—Mis responsabilidades me traen a Vale —respondió con un aire de indiferencia bien ensayado—. Pero mi hogar está en Atlas.

Minato notó la forma en que pronunció la palabra "responsabilidades," como si llevara un peso implícito detrás de ella. Lo archivó en su mente para más adelante.

—Atlas... —murmuró, recordando lo poco que había escuchado —. El lugar donde la tecnología y la disciplina lo son todo.

Weiss sonrió de lado, claramente complacida con la descripción.

—Eso es lo que dicen. Y tú, ¿de dónde vienes?

Minato sostuvo su mirada por un instante más de lo necesario antes de responder.

— Un pequeño pueblo fuera de los reinos

Weiss levantó una ceja, intrigada por su falta de detalles.

Apoyó una mano sobre la mesa, sus dedos tamborileando suavemente mientras consideraba la respuesta de Minato.

—Un pueblo fuera de los reinos... —repitió, con un matiz de escepticismo apenas perceptible en su tono—. Debe ser difícil vivir en un lugar así. Escuché que los pueblos fuera del alcance de los reinos no suelen durar mucho.

Minato asintió levemente, manteniendo una expresión neutra. Había escuchado algo similar de Gunnar cuando llegó a este mundo, los asentamientos fuera de los reinos eran considerados lugares peligrosos, propensos a ataques de Grimm y con recursos limitados. Decir que provenía de uno de esos pueblos le permitía justificar su falta de conocimiento sin levantar demasiadas sospechas. Su elección de palabras estaba funcionando como esperaba; no era algo inusual, y Weiss no parecía sospechar demasiado.

—No es sencillo —respondió con honestidad, después de todo la vida ninja no lo es—, pero te acostumbras.

Weiss lo observó por un momento, como si intentara decidir si debía seguir indagando o no. Finalmente, soltó un suspiro ligero.

—Bueno, supongo que eso explica por qué te ves tan... —hizo un gesto con la mano, buscando la palabra adecuada—. Diferente. La gente de la ciudad suele tener otro tipo de actitud.

Minato inclinó la cabeza levemente, interpretando sus palabras. Weiss parecía alguien acostumbrada a analizar a las personas, a leer entre líneas. Afortunadamente, él también lo era.

—¿Diferente cómo? —preguntó con curiosidad.

Weiss sonrió con sutileza.

—Eres más observador que la mayoría. La gente de aquí tiende a estar demasiado ocupada consigo misma como para prestar tanta atención.

Minato meditó sobre sus palabras. Había intentado pasar desapercibido desde que llegó a Vale, pero al parecer, no con todos había funcionado.

—Es un hábito —dijo simplemente—. En lugares como el mío, ignorar los detalles puede ser un error fatal.

Weiss pareció considerar su respuesta con interés, pero antes de que pudiera continuar la conversación, la mesera regresó con sus pedidos. Minato miró su plato con cautela: un estofado espeso con un aroma especiado, y pequeñas motas de color brillante que, según el menú, eran partículas de Dust culinario.

—Espero que no sea demasiado picante para ti —comentó Weiss con una leve sonrisa mientras tomaba su propia comida.

Minato tomó la cuchara y removió el contenido con cierta desconfianza antes de probar un bocado pequeño. El sabor era intenso, y un calor inesperado recorrió su garganta, pero no lo demostró en su expresión.

—Está bien —dijo, tomando otro bocado con más seguridad.

Weiss pareció satisfecha con su respuesta, pero aún lo estudiaba con curiosidad, como si tratara de descifrar algo que aún no encajaba del todo en su mente.

Despues de eso la comida transcurrió en un silencio cómodo durante algunos minutos, con Minato concentrado en su plato, mientras Weiss comía con la elegancia esperada de alguien de su posición. Aunque mantenía una postura relajada, Minato notaba que de vez en cuando Weiss desviaba la mirada hacia él, como si aún intentara descifrarlo.

—Entonces... —dijo Weiss finalmente, rompiendo el silencio—. Si vienes de un pueblo fuera de los reinos, supongo que no estás acostumbrado a ver tantas cosas tecnológicas en un solo lugar.

Minato levantó la mirada, encontrándose con la de ella. Se tomó un momento para responder, supongo que ella ahora tenía curiosidad de cómo sobrevivió tan lejos de la tecnología, supuso que al estar lejos no tenían armas avanzadas para enfrentarse a los Grimm.

Asegurándose de mantener el mismo tono mesurado que había utilizado hasta ahora.

—Es cierto —admitió—. No estamos tan... avanzados. Nos enfocamos más en lo esencial, en sobrevivir.

Weiss asintió con comprensión, pero había algo en su expresión que indicaba que no podía imaginar una vida sin todas las comodidades que ella consideraba normales.

—Debe ser difícil —comentó, llevándose un pequeño bocado a la boca—. Aquí todo gira en torno a la tecnología. Atlas en particular está muy por delante del resto de los reinos.

Minato asintió, archivando la información. Atlas. Ya había escuchado sobre el reino más tecnológico y su influencia, pero escucharla directamente de alguien de allí le podía dar otra perspectiva.

Minato observó cómo Weiss hablaba de Atlas con una confianza casi ensayada, como si estuviera acostumbrada a describir su hogar en términos de grandeza. Su tono era firme, casi impersonal, pero Minato detectó un leve matiz de orgullo en sus palabras, como si quisiera asegurarse de que su lugar de origen fuera visto con el respeto que merecía.

Él tomó un bocado de su estofado, el sabor picante aún le resultaba extraño, pero no desagradable. Sin embargo, más que la comida, era el entorno lo que lo mantenía alerta. La calidez del restaurante, las conversaciones dispersas a su alrededor, el tenue sonido de los cubiertos chocando contra la loza... Todo le resultaba ajeno. Se sentía como un intruso, alguien que, por mucho que intentara encajar, nunca dejaría de ser un forastero.

Quizás esa sensación que sintió desde que llegó a Remanente le había afectado más de lo que pensó, sentía que era juzgado en cada esquina incluso cuando no sé sentía observado.

Tenía que relajarse, disfrutar la comida y la compañía, cuando regrese al pueblo, iba a comenzar a tratar con eso, después de todo... Ya tenia un plan en mente.

La voz de Weiss lo sacó de sus pensamientos.

—Parece que te enorgullece mucho tu hogar —comentó rápidamente, no quería hacer sentir ignorada a Weiss pero también sentía curiosidad.

Weiss levantó la barbilla con una leve sonrisa, casi automática, como si la pregunta fuera un estímulo al que estaba acostumbrada a responder sin esfuerzo.

—Por supuesto. Atlas es el centro del progreso en Remanente. La tecnología, la seguridad... incluso nuestra academia es de de las mejores

Minato asintió lentamente, procesando la información. Ya había escuchado sobre Atlas, pero Weiss hablaba con una certeza que le daba una dimensión más tangible a lo que hasta ahora solo eran datos escritos y rumores.

—Debe ser impresionante vivir en un lugar así —comentó, con su tono mesurado de siempre, pero sin poder ocultar del todo su interés. Sus ojos se fijaron en los de Weiss, analizando cada reacción, cada matiz en su expresión—. Supongo que también trae consigo muchas expectativas.

Weiss dejó su tenedor sobre el plato con una suavidad calculada, cruzando las manos sobre la mesa. Minato notó el sutil cambio en su postura, como si estuviera lista para abordar una conversación que conocía bien.

—Las expectativas siempre están ahí, no solo por ser de altas, sino cuando perteneces a la familia Schnee —dijo con un aire de seguridad inquebrantable—. Pero no es algo que me pese, estoy más que preparada para ellas.

Minato tomó un sorbo de agua, sus pensamientos giraban alrededor de sus palabras. Sabía lo que era cargar con expectativas, después de todo era el Ninja más talentosos de su generación, el niño de la profecía, destinado a salvar al mundo Ninja como le decía su maestro o incluso con sus propias expectativas, ser Hokage.

Que su sombra cubriera a la aldea de todos los males.

Todo eso se veía ahora como una mera ilusión.

—No parece que tengas mucho margen de error —dijo en un tono aparentemente casual, pero evaluándola de cerca.

Weiss esbozó una pequeña sonrisa, pero sus ojos reflejaban algo más profundo.

—No lo hay. En Atlas, todo se mide con precisión y disciplina. Y yo no soy la excepción.

Minato se preguntó qué tan cierto sería eso. La manera en la que hablaba de su hogar tenía la frialdad de quien ha crecido en un entorno donde la perfección es la norma. Le recordó un poco a la forma en la que los shinobi de alto rango hablaban sobre la aldea, con un sentido de deber que a veces podía confundirse con orgullo.

—Debe ser interesante estar en el centro de tantas cosas importantes —dijo, inclinándose ligeramente hacia adelante, aprovechando la oportunidad para cambiar el enfoque de la conversación—. Viajar, conocer lugares nuevos...

Weiss se encogió de hombros con una ligereza que no terminaba de encajar con la firmeza de sus palabras anteriores.

—En cierto modo. Aunque a veces es para aparentar más que otra cosa. Vale, por ejemplo, no es precisamente mi lugar favorito... pero es necesario.

Minato levantó una ceja sutilmente.

—¿Necesario?

Weiss lo miró con detenimiento antes de responder, como si evaluara cuánto debía compartir.

—Razones personales, principalmente. Pero ahora estoy aquí por la academia.

La academia. Minato alzó la vista, procesando esa nueva pieza de información. No había considerado la posibilidad de que Weiss estuviera en Vale por algo más que asuntos familiares o comerciales.

—¿Academia? —repitió, con un matiz de curiosidad.

Weiss asintió, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja con un gesto casual.

—Beacon. La academia de cazadores de Vale. La próxima semana empezaré mis estudios allí.

Minato hizo una pausa. Había oído mencionar Beacon en algunas conversaciones que captó durante su estancia en la ciudad, pero no le había prestado demasiada atención.

—Debe ser una gran oportunidad.

Weiss sonrió con un dejo de orgullo en sus labios.

—Lo es. Aunque no es Atlas, Beacon tiene su prestigio.

Minato notó el sutil tono de condescendencia en su voz, pero decidió no comentarlo, si atlas eran tan bueno como ella dice... ¿por que no inscribirse allá? Tenía entendido que atlas estaba bastante lejos de aquí, y que la heredera de una familia tan poderosa esté lejos de casa, no es una buen idea, al menos en konoha no lo era. Quizás aquí era diferente.

La mente de Minato estaba ocupada asimilando la información. Si Weiss iba a estudiar allí, significaba que estaría en cerca de Vale por un tiempo considerable.

—Entonces, ¿planeas quedarte aquí por un tiempo?

Weiss asintió con la cabeza.

—Sí, aunque eso no significa que me acostumbre del todo. Hay muchas cosas... diferentes aquí.

Minato bajó la vista a su plato por un momento antes de responder.

—Puedo entenderlo.

La conversación había dado un giro interesante. Aunque Weiss era quien hacía las preguntas, ahora Minato tenía más piezas sobre su situación y posición. Sus asuntos en Vale estaban ligados a Beacon, lo que significaba que no estaba solo por negocios familiares, sino por algo más personal.

Sin embargo, pronto Weiss regresó su atención a él.

—¿Y tú? —preguntó weiss. inclinó ligeramente la cabeza, interesada por su respuesta—. ¿Te estás quedando en Vale?

Minato negó con la cabeza mientras dejaba su cuchara sobre el plato con cuidado.

—No, solo vine a traer un pedido —dijo con naturalidad, manteniendo su tono neutral, como si fuera lo más normal del mundo.

Weiss entrecerró los ojos ligeramente, como evaluando la respuesta.

—¿Y ya no vas a volver?

Minato la miró por un instante antes de responder, asegurándose de que su tono se mantuviera relajado.

—Sí, volveré.

Mientras pronunciaba esas palabras, no pudo evitar reflexionar internamente. La mayoría de los clientes de Gunnar provenían de Vale, lo que significaba que tendría que regresar con frecuencia para entregar pedidos. Hasta que encontrara la forma de volver a casa, este ir y venir sería inevitable.

Weiss pareció satisfecha con la respuesta, pero su curiosidad no había disminuido del todo.

—¿De qué pueblo viene los pedidos? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia adelante.

— Un pueblo cercano, se llama Tanhofur

Minato mencionó el nombre del pueblo con la misma calma de siempre. Le sorprendió que Weiss frunciera levemente el ceño y sacara su pergamino, comenzando a usarlo.

Unos segundos después, Weiss al parecer lo que buscaba en su pergamino y levantó la mirada hacia él, algo sorprendida.

—Está a un día de camino desde aquí —comentó, deslizando el dedo por la pantalla con interés—. Está algo alejado... ¿Tienes algún medio de transporte?

Minato negó con la cabeza de manera casi automática, no obstante, es interesante como puedes saber la ubicación de un lugar con bastante rapidez... ¿Eso se podría hacer con personas? Seria bastante... aterrador.

Minato sintió un escalofrío, no le gustaba la idea de que alguien supiera donde esta a cada minuto del día.

—No, camino la mayor parte del trayecto —dijo con naturalidad. Por qué la otra parte la corro, pero eso lo pensó, no lo dijo.

Weiss lo miró con incredulidad, como si la idea misma de viajar largas distancias a pie le resultara absurda.

—¿A pie? —repitió, como si quisiera asegurarse de haber escuchado bien—. ¿Sabes cuántos peligros hay fuera de las ciudades? Los Grimm no son algo que puedas ignorar.

Minato sonrió ligeramente ante su reacción. Estaba acostumbrado a esas advertencias desde que llegó a Remanente, pero después de años enfrentando amenazas en su propio mundo, los Grimm le parecían solo un obstáculo más.

—Soy bastante rápido y un poquito fuerte —respondió con sencillez, aunque su mirada reflejaba la confianza de alguien que sabía exactamente de lo que hablaba.

Weiss lo estudió por un momento, como si intentara determinar si estaba bromeando o si realmente creía en lo que decía. Finalmente, suspiró y dejó el pergamino a un lado.

—Bueno, supongo que sabes lo que haces. Pero deberías considerar conseguir algo más eficiente, como un transporte aéreo o, al menos, un vehículo terrestre.

Minato inclinó levemente la cabeza, mostrando interés genuino.

—No estoy muy familiarizado con esas opciones —admitió—. ¿Son comunes?

Weiss sonrió con cierta autosuficiencia, como si finalmente se encontrara en terreno familiar.

—Claro que sí. Atlas tiene las mejores aeronaves, aunque aquí en Vale los trenes y los transportes terrestres son más accesibles. De hecho, podrías tomar un tren hasta un punto cercano y caminar menos.

Minato asimiló la información. El concepto de trenes le resultaba más fácil de entender que las aeronaves, pero aún así, dependía de algo que no estaba bajo su control

—Podría considerarlo —dijo, sin comprometerse demasiado.

Weiss pareció satisfecha con su respuesta y tomó su vaso con elegancia antes de mirarlo de nuevo.

—De todos modos, es bueno saber que volverás. Vale es una ciudad interesante, aunque no la más segura últimamente.

Minato notó el matiz en su voz. Había algo más en sus palabras, algo que sugería que Weiss sabía más de lo que dejaba ver.

—¿Algo de lo que deba preocuparme? —preguntó con un tono neutro, pero atento.

Weiss se encogió de hombros, aunque su expresión se endureció ligeramente.

—Solo algunos incidentes... nada de lo que la gente como tú y yo no podamos manejar.

Minato sostuvo su mirada por un momento, reconociendo la confianza en sus palabras. Ella no era solo una chica adinerada con aires de grandeza; había algo más detrás de esa fachada de elegancia.

—Supongo que estaré atento —dijo, volviendo a su comida mientras archivaba la conversación en su mente.

La charla continuó con un tono más ligero después de eso, la conversación se desviaba hacia temas más triviales, Minato notaba que Weiss parecía más relajada. Había dejado de analizarlo con tanta intensidad y ahora hablaba con una confianza más natural, casi disfrutando de la oportunidad de compartir su conocimiento sobre Vale y los reinos.

—Entonces, ¿cómo es tu pueblo? —preguntó Weiss, apoyando su codo sobre la mesa —. Si está tan lejos de todo esto, debe ser... ¿tranquilo?

Minato sostuvo la mirada de Weiss por un instante antes de responder.

—Sí, es tranquilo —dijo con una leve sonrisa—. Todos se conocen, y la vida no es tan apresurada como aquí. Claro, hay problemas como en todos lados, los ataques... de Grimm y esas cosas, pero nos enfocamos en lo que es realmente importante.

Weiss asintió lentamente, su expresión era una mezcla de curiosidad y cierta envidia contenida.

—Debe ser agradable... aunque no sé si podría vivir en un lugar así —admitió con sinceridad—. Estoy demasiado acostumbrada a... todo esto.

Minato notó el matiz de su voz, como si hubiera más detrás de sus palabras, pero decidió no presionar.

—Vale tiene su encanto —concedió—. Aunque creo que me llevaría tiempo acostumbrarme.

Weiss sonrió levemente, como si encontrara su perspectiva refrescante.

—Te acostumbrarías. Si planeas venir seguido, es mejor que lo hagas. Aunque... —sus ojos lo evaluaron con detenimiento—Sigues pareciendo un poco fuera de lugar, quizás debería relajarte y no pensar que un Grimm va entrar por la puerta.

Minato dejó escapar una leve risa, sin intentar negar la afirmación, pero él no pensaba que fuera un Grimm el que entrará.

—Supongo que sí.

Hubo un breve silencio antes de que Weiss volviera a fijar la mirada en él.

—¿Y qué harás después de esto? ¿Regresarás de inmediato al pueblo?

Minato terminó su bocado antes de responder.

—Sí, tengo cosas que hacer allá.

Weiss pareció considerarlo por un momento, aún tenía muchas preguntas, quería preguntarle por qué se fue de su pueblo, pero temía que repuesta pudiera recibir de minato, desvió la vista hacia la ventana.

—Espero que al menos hayas disfrutado tu visita —dijo, su tono más suave—. No es tan mala ciudad cuando sabes a dónde ir.

Minato sonrió ligeramente.

—Sí, ha sido interesante.

Weiss parecía satisfecha con la respuesta y se inclinó hacia atrás en su asiento, dando un último sorbo a su bebida.

—Tal vez la próxima vez que vengas, puedas ver un poco más de Vale.

Minato asintió, guardando en su mente la idea de que, a pesar de su deseo de volver a casa, su estancia en Remanente podría extenderse más de lo que esperaba, solo esperaba que konoha pudiera esperarlo ese tiempo.

La conversación entre ambos continuó de manera más relajada, con Minato sintiéndose cada vez más cómodo. Lo que al principio había parecido un sutil intercambio de información ahora se había convertido en una charla genuina sobre sus respectivas formas de vida. Weiss le hablaba de las maravillas de Atlas con un matiz de orgullo, mientras que Minato compartía pequeñas anécdotas de la vida en su pueblo, lo suficiente como para mantener la conversación sin revelar demasiado.

Finalmente, Minato notó que era momento de irse. Había cumplido su propósito en Vale y no quería quedarse más tiempo del necesario. Se inclinó ligeramente hacia adelante, dejando los utensilios sobre la mesa.

—Debería irme —dijo con su tono tranquilo, pero firme—. Aún tengo un camino por delante.

Weiss lo miró con cierta sorpresa, pero rápidamente recuperó su compostura.

—¿Volverás antes del domingo? —preguntó con naturalidad, aunque su mirada reflejaba más interés del que su voz dejaba ver.

Minato consideró la pregunta por un momento antes de asentir.

—Lo más probable. Vale parece ser un lugar al que tendré que venir seguido.

Weiss pareció satisfecha con la respuesta y, sin dudarlo, sacó una pequeña libreta de notas de su bolso. Con movimientos precisos, anotó algo en una hoja y luego se la extendió a Minato. Él la tomó con curiosidad, observando los números escritos junto a una dirección.

—¿Qué es esto? —preguntó, alzando la vista hacia Weiss.

—Es la dirección del hotel donde me hospedo, y mi número de pergamino —explicó ella con un tono casual, aunque con cierto aire de importancia—. Supuse que no tienes uno todavía, así que si alguna vez necesitas algo, y tienes un pergamino, puedes dejar un mensaje

Minato miró la nota por un instante antes de guardarla con cuidado dentro de su chaqueta.

—Aprecio el gesto —dijo con una sonrisa sincera.

Weiss esbozó una leve sonrisa antes de añadir:

—Quizás cuando vuelvas a Vale, podamos salir a conocer más la ciudad. Hay otros restaurantes o sitios interesantes por ver.

Minato la observó por un momento antes de asentir con determinación.

—Sin dudarlo, lo haré.

Weiss pareció complacida con su respuesta, y Minato se puso de pie, sintiendo que la conversación había llegado a un buen punto de cierre. Se despidió con una inclinación leve de cabeza, y Weiss le devolvió el gesto con elegancia.

Al salir del restaurante, Minato sintió que, por primera vez desde que llegó a este mundo, había encontrado a alguien con quien podría contar, aunque fuera solo para entender mejor Vale y, tal vez, este mundo extraño en el que ahora estaba atrapado.

.

.

Minato avanzaba por el camino de regreso al pueblo con pasos medidos, disfrutando de la tranquilidad momentánea que ofrecía la carretera desierta. A diferencia de su viaje anterior, esta vez no sentía aquella incómoda sensación de ser observado. Sus sentidos seguían alerta por costumbre, pero no percibía amenazas inmediatas. Quizás solo había estado demasiado paranoico antes.

El cielo teñido de tonos anaranjados anunciaba la llegada del anochecer, proyectando largas sombras sobre el terreno. Minato inhaló profundamente, dejando que el aire fresco despejara sus pensamientos. Sin embargo, un súbito ruido cortó la calma, seguido de una ráfaga de viento que descendió desde el cielo.

Minato detuvo su paso, su mirada se alzó de inmediato. Unas plumas negras flotaban en el aire, descendiendo lentamente a su alrededor. Frunció el ceño y se preparó, observando con atención mientras la criatura emergía de entre las nubes con un graznido estridente. Era un Grimm volador, su silueta oscura recortándose contra el cielo crepuscular.

—Así que esta vez no voy a poder evitar la pelea... —murmuró para sí mismo, adoptando una postura firme.

La criatura, un tenía el de tamaño medio de una invocación, no tardó en lanzarse en picada con sus garras listas para desgarrarlo. Minato permaneció en su sitio hasta el último segundo, evaluando su velocidad, y luego se deslizó ágilmente hacia un lado, esquivando el ataque.

—Rápido, pero predecible.

Sin perder tiempo, desenfundó un kunai normal y lo lanzó con precisión hacia una de las alas de la bestia. El arma se clavó en su carne oscura, provocando un chillido furioso. El Grimm se elevó nuevamente, girando en el aire con gracia amenazante. Minato aprovechó el momento para hacer una rápida cadena de sellos.

Katon: Gōkakyū no Jutsu.

Una gran bola de fuego emergió de su boca, iluminando el crepúsculo con su ardiente resplandor. La criatura intentó evadirla, pero el jutsu impactó en su ala izquierda, envolviéndola en llamas que la hicieron tambalearse. A pesar de no ser su naturaleza elemental, Minato sabía que su fuego era más que suficiente para dañar a un Grimm.

La criatura graznó con furia y, en un acto de desesperación, lanzó una lluvia de plumas afiladas como cuchillas. Minato se movió con rapidez, esquivándolas con ágiles desplazamientos laterales. De un salto preciso, apareció en una roca más alta, observando con una sonrisa confiada.

—Nada mal, pero ya vi lo que necesitaba.

Con otro rápido movimiento de manos, Minato tomo un kunai marcado con su sello especial y lo lanzó directamente al pecho del Nevermore, el cual logra esquivarlo. Cuando la criatura intentó buscar su ubicación, Minato desapareció en un destello y reapareció justo sobre su espalda, agarrando el kunai que acaba de lanzar

—¡Aquí termina!

Girando en el aire, con el kunai en mano, Minato descendió en un golpe preciso, atravesando el cuello del Grimm. La criatura se retorció antes de desvanecerse en el aire como humo negro disipándose en la brisa nocturna.

Minato aterrizó suavemente, guardado su kunai en su bolsa. Observó el lugar donde loa restos del Grimm había caído, asimilando la pelea.

—Son persistentes, pero nada que no pueda manejar.

Sin más distracciones, retomó su camino hacia el pueblo. Esta experiencia le había dado algo más de perspectiva sobre los Grimm. Eran criaturas feroces, pero con la estrategia adecuada, no eran imposibles de derrotar.

..

Minato caminaba de regreso al pueblo, con el eco de la batalla aún latente en su mente. Había esperado más del Grimm volador, pero la experiencia le había servido. Eran criaturas peligrosas, sí, pero no insuperables. La falta de estrategia y emoción en sus ataques los hacía predecibles, aunque su resistencia seguía siendo un factor a considerar.

Después de su pelea decidió que el mejor camino a seguir era llegar rápido al pueblo, su plan para volver a casa debería comenzar esta noche, debía intentar replicar la misma fórmula del Hiraishin y volver en sus pasos para encontrar la forma de regresar.

Pero ese no era el único plan que tenia en mente, con lo aprendido en Vale, tenía una hipótesis sobre la sensación que estaba sintiendo, pero quería hacer algunas pruebas para confirmar y tomar una ruta de acción más confiada.

Pronto, las primeras casas del pueblo aparecieron a la vista, sumidas en una quietud que contrastaba con la bulliciosa Vale

Ajustó el kunai especial en su funda, avanzando por las calles empedradas mientras el pueblo se desplegaba ante él en su usual tranquilidad. La familiaridad de las pequeñas casas y la tenue luz de las farolas contrastaban con la intensidad de Vale. Aquí todo era más simple, más silencioso.

Al empujar la puerta de la tienda de Gunnar, la campana resonó suavemente. El herrero levantó la vista desde su mesa de trabajo, sus ojos astutos observándolo con una mezcla de curiosidad y fingida indiferencia.

—¿Cómo te fue en Vale? —preguntó, su tono casual, como si no le diera demasiada importancia.

Minato sabía que Gunnar tenía un buen ojo, y seguramente ya se había hecho una idea de lo que había estado haciendo. Pero si había algo que había aprendido de él en estos días, era que prefería actuar como si no supiera más de lo necesario.

—Interesante —respondió Minato, con una sonrisa ligera—. Más grande de lo que imaginaba.

Gunnar asintió, volviendo su atención a un trozo de metal en su banco de trabajo.

—Así es. Vale tiene de todo... y todos —comentó, dándole un golpe firme al metal con su martillo—. ¿Algo más que deba saber?

Minato negó con la cabeza, sintiendo el pequeño papel en su bolsillo. Se lo había dado Weiss antes de irse, con su dirección y número de pergamino. "Por si acaso," había dicho ella con un aire despreocupado, pero él sabía que había una intención genuina detrás de sus palabras.

Decidió cambiar de tema antes de que Gunnar pudiera seguir tanteándolo.

—¿Tienes algún pedido para Vale antes del domingo?

El herrero levantó la vista con una expresión calculadora.

—Tengo una entrega para el lunes... —dijo, frotándose la barba con aire pensativo—. Pero podría adelantarlo y tenerlos listos para el viernes, si realmente tienes prisa en volver.

Minato se encogió de hombros con fingida indiferencia.

—No es prisa, solo... Vale es un buen lugar para conocer. Y hacer entregas, claro.

Gunnar soltó una breve risa nasal, pero no hizo más preguntas. Minato sabía que el herrero no presionaría mientras él cumpliera su parte del trato.

—Veré qué puedo hacer —respondió finalmente Gunnar, volviendo a su trabajo—. Pero no te acostumbres, chico.

Minato sonrió levemente y salió de la tienda, sintiendo el aire fresco de la noche envolverlo.

Miró el cielo estrellado, sus pensamientos divididos entre su misión de regresar a casa y la creciente curiosidad por este mundo. Weiss, Vale, los Grimm... cada pieza del rompecabezas se iba encajando poco a poco.

Deslizó la mano en su bolsillo, sintiendo el papel con la dirección.

Tal vez, después de todo, volver antes del domingo no sería tan mala idea.