Levantaron parte de los escombros como pudieron, no pensaron mucho. Ella solo quería entrar de nuevo y ellos tan solo obedecían.

Jinta hubiera preferido largarse de allí, sabía que eso era de cobardes, pero, ¿Acaso alguien podía culparlo de tener miedo? Le quitaron su humanidad, reemplazándolo por sufrimiento y memorias internas. Todos los recuerdos yacían en su mente.

Aun le parecía extraño que hubieran recuperado sus memorias, pero no quiera matarse la cabeza o podría llegar a un lugar oscuro y sin salida, donde se almacenaban aquellos recuerdos por los que temía volver a caer o podría volver en el control de aquel líder sin corazón que los convirtió en máquinas.

El recuerdo de los gritos de piedad de aquellos que no quisieron abandonar el lugar, al que se les habían advertido estaba bajo aislamiento por la supuesta exposición radioactiva que había en el área.

Los recuerdos de su vida como asesino.

En cuanto despertó del ensueño, viendo a Karin, gritándole que se moviera.

Con el cabello desarreglado, largo hasta más arriba de la cadera. Sus ropas, un uniforme militar. Su mirada, en la que se reflejaban leves aires de terror. Quizás el mismo que el sentía.

Armada hasta la cabeza. Con un cinturón de balas incluido entre el arsenal que portaba, ligeramente pegado al cuerpo.

Luego, el ver a su hermana.

Su tan amada hermana, también con el cabello largo, pero…con algo que le aterraba. Una marca oscura, alargada y ligeramente profunda. Se desplazaba desde su ceja, recorriendo con firmeza en línea recta hasta la mejilla. Una cicatriz.

Su terror, se confirmó al verle así, pues en su despertar, mientras mantenía su mirada fija en la chica de cabello negro, también recorrían su mente las imágenes rojizas de los cuerpos en el suelo, esparcidos en un área remota. Parecía un aparcamiento de autos…El temor, se remontó en él, al verle el rostro a su hermana; la consideraba como una fina margarita, con las espinas de una rosa salvaje.

Sabía que ella era fuerte, pero, solo físicamente. ¿Quién le afirmaba más que si mismo, que moralmente era tan delicada como el rocío de la mañana?.

Tenía miedo, de que le pasara algo a ella.

Por eso estaba allí, con la atención a diestra y siniestra, rogando le al cielo que nada ni nadie les hiciera daño, que aquello que permaneciera bajo el suelo, en los pisos subterráneos, se mantengan en calma.

-Manténgase atentos, no podemos arriesgarnos a nada. Busque más de los nuestros. Ya les explique cómo activarlos…Tenemos que ser rápidos-

La fuerza con la que ordeno la kurosaki, fue eficiente y directa. No tenía miedo. Al menos, eso creían ambos jóvenes que la acompañaban.

El cansancio se reflejaba en ella. Posicionada de manera defensiva, preparada para disparar a todo aquello que considerara capas de atentar en contra de lo poco que ese cuerpo contenía de vida.

Sin saber, que la causa de su agresividad, era más, el deseo de escapar de allí.

El sentimiento vacío de no haber visto a Yuzu en ningún momento era algo que había considerado de niña, algo natural. Pero su mente no estaba tranquila, ni su mente, ni su cuerpo, nada.

Tal vez sea por recién haber despertado, con esos recuerdos de la crueldad en la que fue utilizada su presencia y su cuerpo. Cosas tan oscuras como las que pudo vivir cualquiera en una guerra a la que fue forzado estar.

Ella se sentía así, tal vez por los vagos recuerdos, de una Yuzu un tanto más grande, unos recuerdos vagos de su hermana llorando, que la acompañaban con una punzada en el pecho, tan profunda como esos recuerdos. No se permiten mostrar en su memoria, como si estuviesen bloqueados.

Regreso allí, por la esperanza de salvarla a ella, de encontrar algo, lo que fuera. Información, fotos, cualquier cosa.

Sin embargo, sabía que sería arriesgado regresar solo por algo que, muy en el fondo, temía no hallar. Por ello, el otro objetivo, la razón por la que Jinta y Ururu entraron con ella. Buscar aliados.

Debía ser inteligente, ella había trabajado directamente con él, sabía el riesgo que se corría de hacer las cosas a la ligera.

Era una situación exasperante y agotadora. En minutos, estaba haciendo lo posible por pensar en su siguiente movimiento, con la información repentina en su memoria.

La manera tan agresiva en que sus recuerdos regresaron a ella y recupero el control de sí misma era algo difícil de procesar y aun así, estaba haciendo lo imposible por prever sus movimientos.

Ahora, la primera parte del plan era sencilla. Reunir a cuantos pidieran, antes de que él, enviara un grupo de cazadores…*1

Finalmente, llegaron al salón principal, que se encontraba en el sótano.

-Bien, hay una ligera abertura en la parte de atrás de la cabeza. Allí, deben dar un ligero choque eléctrico, eso los activara. Pero antes, deben sacar el chip que se encuentra en otro lugar. No todos son iguales. Deben buscar una franja de color azul. Puede estar hasta dentro del ojo. Sean cuidadosos.

- Karin, ¿cómo es que sabes tanto?- Jinta, hablo con cuidado, temiendo que ella le gritara. Se veía tan alterada, que pensaba que podría matarlo.

-Yo…- Soltó un fuerte suspiro, sabía que tendría que ser sincera. Así, que sería directa.- Trabaje directamente con él. Al parecer, soy una cazadora. Todo está en mis memorias básicas.*2

-Tra-tra-trabajaste con ellos?! – Jinta se alejó rápidamente de ella. Tropezando y cayendo sobre su trasero.- dime la verdad. Esto es una prueba y Luego te volverás una bestia mecánica para destruirnos.-

-Son parte vaga de mis recuerdos, pero sé que también poseo los archivos esenciales de la computadora general.-

-No puede ser… Entonces dime, ¿quién era yo?-

-no lo sé, no tengo todas esas memorias. Están bloqueadas, no lo sé. Debe ser por la misma causa que reaccionamos.-

-¡no lo sé, no lo sé! Vamos, al menos, deberías haber algún código o algo-

-ahora que lo dices, creo que sí. No recuerdo los conceptos de los prototipos pero, sé que son A, B, C y D. Pueden haber 4 prototipos con el mismo número, pero la letra lo define.-

De repente, hubo un cambio en el aire. Ururu levanto el rostro, prestando atención a un punto en blanco.

-Mmm, creo que deberíamos apurarnos. No lo sé muy bien, pero, detecto que algo está activado…- Ururu, hizo acto de presencia. Con su mirada sumisa.

Dirigió su mirada hacia el muro que se encontraba a la derecha. Coloco su mano sobre el muro y cerró los ojos; Presiono ligeramente y allí, se mostró parte de su mecanismo.

Una iluminación surgió de su brazo. Era muy leve, pero resalta por estar bajo su piel.

Era maravillosamente amargo. Recordaba a las películas futuristas que te dejaban con la imaginación en el aire, pensando en cómo seria si todo eso fuera posible.

Ahora lo era, pero era un maldito infierno.

-Son…- Callo, por un momento, analizando las palabras más comprensibles que pudiese expresar.- Son las alarmas de emergencia. Están enviando una señal. Vienen en camino…-

-¡Oh!, ¡Genial!, vamos Karin, rápido, como se enciende estas cosas-

-no son cosas, son iguales a nosotros.-

-sí, sí, iremos con la dinámica de lo moralmente correcto en otro momento. Solo habla. ¡¿Qué hago?!-

- Ya les dije, busquen la franja azul, retiren el chip y den el choque.-

Se pusieron a la acción. Haciendo lo posible por avanzar y encontrar todo…

-Entonces, sigues sin recibir noticias sobre ella…-

Estaba nuevamente en la habitación de Rukia. El edificio era bastante amplio, estaba frio, pero, en medida me relajaba. Me daba descanso de la temperatura abrumadora de allí afuera.

Rukia estaba recostada sobre la cama, mientras leía un libro de shapii.

-No. Papa está haciendo lo posible por investigar las áreas donde el raiestu está medianamente equilibrado para tomar cartas sobre la mesa. Urahara está trabajando constantemente en el escuadrón 12. Y yo aquí, sin hacer nada.-

No pude evitar soltar un suspiro. Me siento mal, desesperado. Mi deseo de salir como un maldito loco en contra de todos para encontrar una solución desapareció hace mucho tiempo.

-discúlpame, no debí tocar ese tema.-

-No, está bien. Sé que no recibes mucha información aquí adentro-

Me encontraba sobre la cama, a su lado. Estaba con la espalda en contra a la pared, con una de las almohadas como apoyo. Me moví un poco hacia un lado, para después recostarme sobre la cama a su lado.

Ella poso sus manos sobre mi cabeza, dando ligeras caricias a mi cabello, ahora un poco más largo.

-¿y qué me dices tú?, has hablado con el cabeza de piña. Sé que viene a visitarte, pero, nunca me dice lo que habla contigo. –

-Jeje, ¿acaso son celos lo que escucho?- respondió ella molestando.

Era un juego extraño el que teníamos, en el tiempo en el que ella me cuido, durante mi periodo de desesperación, pasaron muchas cosas. Entra ellas, nuestro pequeño juego de roles.

Nunca le dimos nombre a la relación. Quizás, por miedo o por que tan solo, ninguno de los dos entiende realmente lo que allí se forjo.

Me sentía dolido y ella, me ofreció su cariño para levantarme, pero termine tomando más que solo el sentimiento. Tome su cuerpo, su inocencia.

A veces, me siento culpable por que temo, que ella realmente no quería hacerlo. Que era por pena o por que, simplemente, se dejó llevar por el momento. O eso considero los días en los que me lleno la cabeza de ideas. Esas cuestiones desaparecen cuando las cosas se vuelven lujuriosas y su comportamiento evade cualquier duda en ambos.

Las cosas se volvieron de un simple capricho a una necesidad y para cuando nos dimos cuenta estábamos en un laberinto entre la lujuria y la razón. Tratábamos de no tocar ese tema de manera profunda, pero, últimamente este tipo de juegos se tornan tan naturales que…

-Oh, por supuesto. Me preocupa que tengas gustos tan malos, porque entonces, significa que no estoy tan bueno como creo.-

Siento ganas de decirle la verdad. Lo que siento, aunque a veces, ni yo mismo me entiendo.

-Valla, valla. Alguien se ha vuelto algo egocéntrico o es una pate que desconocía de ti ¿me contará sus secretos, capitán?-

-Solo si logra convencerme, señorita-

Y empezaríamos de nuevo… Se tendió sobre mí, rozando sus labios con los míos, sin permitirme tener el contacto concreto, retándome a tomarla a la fuerza. Nuestras miradas chocaban con ese brillo oscurecido que tanto caracterizaba ese momento. Me mordió el mentón, tomando parte de mi labio.

No pude evitar el gruñir. Cansado de tango juego, la tire sobre la cama, pero antes la haria sufrir. Puse mis manos sobre sus caderas y sin más di ligeras presiones causando una carcajada de manera inmediata.

-Me vas a decir la verdad. ¿¡De que hablabas con él?!-

Mantenía una sonrisa en todo momento y…Un par de golpes en la puerta interrumpieron el momento.

-¿Interrumpo algo?-

Ambos estábamos sonrojados, no era la primera vez que él nos descubría en estos momentos. Es más, juraría que ha venido cuando ya no hay nada que detener y se retira. Sin embargo, hoy tenía una mirada cansada. Estaba agotado, seguramente por la misma cosa de siempre.

Me senté de nuevo al borde de la cama mientras Rukia trataba de acomodarse el cabello.

Entro tan natural como si no hubiese visto nada, sentándose en su cama. Se quitó su Haiori y paso a revisar las cartas que le habían mandado sus compañeros.

-Discúlpeme, Capitán.- Rukia me dejo sorprendido. Ella y su manera de ser tan cordial y sumisa, siempre al lado de un capitán. Pero, ¿en serio era necesario con ese niñato?

-No hay nada que disculpar, Rukia, ya te he dicho que solo basta con que cierres la puerta con Kido.-

Rukia me dio un golpe en la cadera, con la intención de que hiciera lo mismo. Le mire enojado pero sin más –Antes de que me matara- Dije lo menos irritado posible mi disculpa.

-Sí, sí. Lo sentimos Toshiro, pero deberías aprender a tocar la puerta-

Me mantuve serio, con una cara de perros después de eso. No duro mucho, antes de que una sonrisa surgiera de mis labios al ver sus venitas surgir por el enojo.

-Ya le he dicho que no me llame de manera tan confianzuda, Kurosaki-

-Bueno, al menos ya no tengo que decirle capitán- Sonreí socarronamente.

Me gustaba sacarle de quicio ahora que debíamos compartir tiempos juntos.

Recuerdo cuando vine a visitar por primera vez a Rukia a este lugar. No entendía como es que la habían establecido aquí junto con el enano albino, pero al parecer, no quedaban mucho cuartos y ninguno de los dos puso problema.

En más de una ocasión hice hasta lo imposible para hacerlo enojar, me divertía escuchando sus griticos agudos por su voz… O eso pensaba, un día no medí mis palabras y lo saque en definitiva de sus casillas. Jamás lo admitiría en voz alta, pero ese niño, tiene mucho, mucho más poder que yo. Y ese día sí que me lo dejo claro.

Me había retado a un combate. El que ganara se ganaría el respeto del otro de manera permanente. Perdí de una forma abrumadora.

Ahora, él sabía que le tenía respeto, mas no lo haría como él quería, no me iba a rebajar a tanto. Igualmente, ya no podría disfrutar de sus chillidos agudos. Hace un buen tiempo pasó de tener esa voz tan aguda a una que era tan grave como la mía, y ahora, me llegaba hasta más arriba del hombro.

Su mirada, estaba un poco más ida de lo que era normal.

-Capitán, disculpe que me meta pero ¿se encuentra bien?-

-sí, Rukia, no te preocupes. Solo, tuvimos una discusión.-

Asique era eso.

El enano tenía una debilidad. Hinamori. Sin embargo, por cosas que solo sabe Rukia y no se atreve a contarme, algo anda mal. Sé que son novios, pero, de lo poco que he entendido, ella quiere que él se retire como Shinigamis.

Tanto el, Rukia y el resto de los que fueron afectados por la ola de calor, no pueden salir a muchas cosas.

Él se la pasa entrenando en un área especializada, pero, por más que entrene, no puede hacer mucho allí afuera. A Rukia, a veces le afecta, tiene fuertes deseos de ayudarme en buscar una salida de aquí, pero, es imposible.

Solté un fuerte suspiro de forma inconsciente. Arrepintiendo en cuanto recibí la atención inmediata de ambos. No tan notable del peliblanco, pero de ella…

-Que sucede, ¿ellas otra vez?-

Y esa mirada, me atrapo. Sus grandes ojos que me destruían y me podían reconstruir con tan solo parpadear. Me confundían, por no reconocer su tono, ¿era morado o era azul?, no lo sabía, siempre que consideraba uno, cambiaba mi percepción.

Asentí con la cabeza. Pensar en estar fuera de este lugar, era pensar en el mundo humano y pensar en el mundo humano…Significa pensar en ellas. Mis hermanas.

Cuando estaba del otro lado, era consciente de que las amaba, de que por ellas daría todo. Pero, cuando termine aquí encerrado, me di cuenta de que por más fuerte que hubiese sido ese deseo… Nunca fui tan buen hermano. Era cierto, no compartí como debí haberlo hecho cuando las tenía a mi lado.

Si no tenía cosas que hacer de la preparatoria, me iba varios días a entrenar. No siempre desaparecía del todo, siempre dejaba a kon a cargo de mi cuerpo. Pero eso no es una excusa.

Puede que Yuzu no notara el cambio, pero Karin sabía lo que yo hacía, era consiente constantemente de que yo no era siempre quien estaba a su lado. Y aun peor, jamás le enseñe como defenderse de esas bestias, jamás me discutí a mí mismo si habían podido herirla. Karin era igual a mí, es terca y no le gusta causar molestias ¿Cuantas veces le habrán hecho daño y jamás dijo nada?

Un movimiento brusco en mi brazo me hizo regresar a la realidad.

-¡¿Estas bien?! , ¡Ichigo! –

-¿qué sucede?-

-¿De qué hablas?-

-Te pregunte por tus hermanas y te quedaste perdido, dime, ¿estás bien?-

-Si es solo que, yo…-

-Ya te he dicho que no te mortifiques por eso, fuiste un buen hermano. Puede que hayas cometido errores, pero, eso hacemos. Cometemos errores, por razones que consideramos correctas-

-Lo sé, me los has dicho mil veces pero es que hay cosas que en serio debí decirles. Ahora deben estar grandes, están por cumplir 15 años. Puede que ya tengan novio o algo y yo, siento que debería estar allí. No puedo permitir que mis hermanas se metan con un idiota.-

-Jejeje, estoy segura de que no es así. – Se estiro sobre sus piernas, luego se bajó de la cama para terminar de estirarse.- Yuzu es una chica muy tranquila y Karin es igual a ti. Sabrán que hacer-

-No lo entiendes. Ellas podrían meterse con un hombre de malas raíces o no sé, un bandolero o un idiota. Karin estuvo a punto de salir con el- Respondí, señalándolo, otra vez sonriendo. Sabía que lo haría enojar.

-¿De que rayos estás hablando, kurosaki?, tu hermana y yo solo nos vimos unas 2 veces-

-Igual, trataste de hacerle algo, pervertido-

-Kurosaki…-

-To-Toshiro…-

Sin más, el peliblanco se alzó de repente, congelándome por completo de la cintura para abajo.

-Que… ¿acaso crees que congelándome me vas a hacer callar?, se nota que aún no me conoces del todo.- Al parecer, no me había comportado lo suficientemente en frente de él, como para que reconociera todas mis facetas.

A duras penas me callaba Byakuya, y un niño, no iba a lograr mucho.

Sin embargo, en cuanto note un aura algo extraña en el hielo que me rodeaba, supe que algo andaba mal. El escozor de la piel empezaba a tornarse molesto y parte de las piernas ya no las sentía.

Su mirada se tornó oscura, una sonrisa algo perturbadora surcaba su rostro. Sus ojos reflejaron un poco de oscuridad y pronuncio unas palabras que no pude entender. Soltó una risita algo ligera, horriblemente ligera.

Toshiro Hitsugaya, se estaba riendo. Ahora veo, que es el sonido más infernal que jamás pudiera haber oído.

-A ti no se te calla, Kurosaki. A ti, se te enseña-

En cuanto sentí el frio socorrer como el fuego sobre la gasolina en dirección a mi entrepierna, entendí sus intenciones. El ardor se volvió insoportable. Me moví desesperadamente, en busca de una escapatoria, que cada vez se veía más y más lejana.

-Lo siento, Toshiro, lo siento ¿Eso no es lo que querías?-Lo mire, rogándole perdón-

Rukia se acercó a mí, notablemente preocupada. Podía imaginar mi rostro, afligido y contraído para poder al menos, desahogar lo que con los gritos no podía.

-No lo intentes. Es una orden.- Lo dijo de una manera tan serena, que por un momento vi al niño pequeño que alguna vez estuvo en mi casa.

-Vamos, Toshiro. Por los buenos tiempos. Recuerda todo lo que hemos hecho juntos-

Me miro confundido, estaba claro que era mi perdición.

-Kurosaki, tal vez sea el frio que está consumiendo tus partes personales o que en verdad estas mal de la cabeza. Pero nosotros, no hemos compartido más que combates.-

-Maldita sea, que es lo que quieres enano-

-Esa no es la manera de dirigirse a un compañero. Y menos a un capitán-

-Está bien, está bien. Lo siento mucho…Capitán Hitsugaya-

-Qué bueno. Aprendiste la lección. Pero me temo que aun te falta bastante por aprender.-

-Deja de estar jugando, ¡Hitsugaya!-

Pero no me escucho, nada de nada. Me ignoro el resto de la tarde….

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Finamente, habíamos podido restaurar al menos unos 30. La mayoría rondaban nuestras misas edades. Pero, sumado a eso, encontramos incluso ancianos, que no tenían un avance muy grande en sus armamentos.

-Llegaran en unos minutos. A donde vamos a ir. Ahí niños muy pequeños y otros están muy…viejos.-

-Debemos evacuar en este instante. Los que estén lo suficientemente consientes, traigan a los niños y a los ancianos alzados-

-Señorita, ¿qué hacemos con este hombre?-

Una chica de cabello largo, un poco mayor que yo, señalaba a una parte de la habitación en la que no me había fijado.

El cuerpo de Tessai, permanecía inerte en el suelo.

Mire a Jinta y luego a Ururu.

-Traigámoslo con nosotros. Yo me encargare de llevarlo.-

-Yo te ayudo- Dijo Ururu. Dos jóvenes de no más de 12 años, se acercaron a ellos.

-Y ustedes, ¿cómo se llaman?-

En ese instante, regreso una imagen a mi cerebro. Los nombres de cada uno de nosotros estaban en la computadora de la base.

-No hablen, No pueden decir sus nombres. Ellos saben quiénes somos, estamos en la computadora principal-

-entonces, ¿cómo pretendes que nos hablemos entre nosotros?-

-Yo-Cerré los ojos, estoy segura de que había algo importante. Las imágenes de mis recuerdos se fueron formando lentamente y una foto de hace tiempo, me mostro parte de mi cuerpo- en el ante brazo, está el número de factor. Ese, será nuestro nombre.-

Desgarre con fuerza la manga de mi brazo. Acto seguido, los demás hicieron lo mismo.

Observe a los que estaban al lado de Tessai. Ururu, tenía el número 53, Jinta el número 48. Mire a los otros dos chicos. Números 49 y 38.

-Bien, 49, 38, 53 y 48- lleven al resto fuera del lugar. Yo iré al centro del lugar, voy a borrar lo que pueda destruir-

- 45, Iré con usted-

Un joven, un tanto mayor que yo se posiciono a mi lado.

-Bien, vamos. ¿Qué numero eres?-

-Soy 86-

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*1: Para resumir, los cazadores, son los encargados de matar a los que saben demasiado o a los revelados. Suena muy extraño por ahora, debido a que se explicara todo más adelante.

*2: Memorias básicas, es el espacio de memoria en donde se almacenan todas las acciones realizadas en la programación de cada autómata. Es decir, son las memorias de la maquina en sí.