Sufrir ante la depresión es una decisión opcional, ¿no? Cual e el maldito sentido de tratar de levantarse cuando ya no le ves sentido a tu vida. Estaba desesperado. No quería seguir allí, no quería seguir en ese maldito lugar.

Encerrado en una maldita cárcel_ a pesar de que decían que era una habitación de rehabilitación, mientras se calmaba ante su "crisis" _ Después de que las entradas al mundo humano se cerraran, callo en una depresión atroz, unos días estuvo tranquilo, pero en cuanto empezó a tomar la realidad de las cosas enloqueció por completo.

Se levantó a mitad de la noche, con un sentimiento de vacío persiguiéndolo incluso antes de dormirse, algo andaba mal. Podía intentar relajarse pero muy por dentro de sí sentía que algo estaba muy mal, lo raro, era que todo estaba en completa calma.

Pero no. Estaba seguro de que algo había pasado, un sentimiento de protección salió de sí y con desesperación se dirigió hacia el Sequiamos. Debía volver, algo anda mal, Algo pasaba con sus hermanas. Esos pensamientos empezaron a cobrar sentido en su memoria. La despedida tan insípida que había tenido con sus hermanas. Su mente no lo dejaba en paz.

Abrió la puerta, impulsado por la furia de sus pesadillas. Estaba completamente fuera de sí, no entendía mucho a su alrededor, En cuanto tuvo la puerta entre abierta, empezó a golpearla con ataques muy potentes, en busca de dar un golpe de energía que pudiera abrir del otro lado.

El sonido alerto a todos los que estaban cerca y como una cadena, todos estuvieron presentes en el momento en el que el hijo mayor del excapitán del 10mo escuadrón perdió la cabeza.

EL intento de su padre y sus amigos de calmarlo se vio oscurecido cuando los ataco, bajo la inconciencia de abatimiento que destruyo toda su mente.

Al verlo en aquel estado, el Capitán General, envió la orden de atarlo. Fue necesario la presencia de varios capitanes para lograrlo.

Lo ataron con varios hechizos de Sido, en cuanto lo inmovilizaron, le sellaron las manos con esposas o suficientemente fuertes para mantenerlo apresado. Toshiro se encargó de dejarlo inconsciente, congelando su cuerpo causando que la presión bajara hasta dejarlo incapacitado.

En cuanto despertó, recordaba poco de lo sucedido.

Poco a poco las imágenes de un sueño durante su estado inconsciente, tomaron forma.

Se veía borroso, varios hombres cubiertos en batas y con jeringas, acercándose a alguien. Los gritos de una niña llegaban impacientes a sus oídos. No lograba reconocer la voz, pero por alguna razón, sentía que lo estaban llamando. Algo muy malo había pasado en el mundo humano…O simplemente, se había vuelto loco.

De una u otra forma, no quería estar allí, después de ver que ya no querrían liberarlo, nuevamente se desesperó.

Pasaron horas, hasta que se agotó de gritar que le liberaran.

Los días siguieron, las puertas aún no se habrían. No había tenido contacto visual con alguien por mucho tiempo, le daban la comida por una de las puertecillas de la habitación.

Constantemente, Urahara se dirigía allí para hacerle una pequeña conversación.

Como siempre, el sombrerero le fue sincero. Él estaba allí para asegurarse de su seguridad mental y para tratar de ayudarlo mientras se decidía si podían o no liberarlo.

-Que irónico, un loco tratando de ayudar a otro. ¡En verdad están desesperados!-

La respuesta del rubio ante su comentario fue una larga carcajada. Apagar el fuego con fuego…

Cuando le conto sobre el sueño que lo había impulsado a tal grado de irracionalidad, él le respondió que era una respuesta natural. El estaba muy preocupado por su familia, pero tenía que ser fuerte.

-Tu siempre eres impulsivo y esta vez, el impulso te gano demasiada distancia.- Aclaro el científico_ Creo que, necesitas tomarte esto como un hecho. No estoy diciendo que pierdas la esperanza, solo, considera que aquí no puedes hacer nada por ellas. Tan solo, debes ser paciente, tan solo han pasado tres meses-

-Cómo voy a ser paciente, es mi familia maldita sea. ¡Ponte en mi lugar!-

Se arrepintió al soltar esas palabras: no podía ver al hombre, pero se sintió la tensión generada por esa oración.

En su rabia olvido el hecho de que Urahara pasaba por lo mismo que él. Él no lo había dicho con palabras fijas, pero todos eran muy conscientes de que sufría tanto como él o como Isshin…Sus hijos estaban del otro lado.

EL hombre se retiró del cuarto que estaba adjunto a su habitación. Cerro la puerta con fuerza y el tan solo se aferró al suelo, con los brazos apoyados en sus rodillas, apoyando su cabeza.

Esa noche, lloro por varias horas…Sin embargo, era inconsciente de que en ese mismo momento, iniciaba su camino de salvación.

Mientras él estaba en aquella cárcel, Rukia estaba hablando con todo el grupo.

Todas sabían que Ichigo no requería solo de conversaciones ligeras y habían propuesto que alguien debía permanecer a su lado.

A pesar de que su padre era el primero en ofrecerse, ella le interrumpió.

-Discúlpeme, por favor. Pero, creo que, sería mejor que fuera yo. Sé que no estoy en todo mi derecho de pedir esto, pero, se lo debo. Él me ha salvado la vida varias veces. Por favor, déjeme devolverle el favor.-

Isshin acepto ante las palabras de la chica. Más allá de que considerara que era buena idea, era lo correcto. Su hijo no necesitaba el amor de poder. Simplemente, amor.

Sonrió por sus adentros, satisfecho ante la decisión de la joven que tenía enfrente. Acepto con tranquilidad mientras recibía los comentarios negativos de Byakuya.

-Rukia, aun estas mal y debes seguir con el tratamiento, no puede simplemente arriesgarte a...-

-Estará bien, Byakuya, la habitación está ambientada, no le hará daño. Además, quizás así le quede más fácil que pasarla encerrada sola en esa habitación. El capitán Hitsugaya prefiere estar más tiempo en el campo de entrenamiento que descansando. Debe estar aburrida.

Byakuya miro de manera seca al sombrerero, que mantenía su mirada bajo la protección de su fiel abanico.

En cuanto la chica se retiró del salón para arreglar sus cosas, él se acercó al pelinegro y con una mano en su hombro, le respondió: -Sabes tan bien como yo, que eso es lo correcto, para los dos.-

Sin más se retiró, y en busca de descanso se retiró a su cuarto.

Y a partir de esa noche, estaría empezando un camino del que ninguno de los dos podía salir, estaban atados.

Su das, recibes. Si quitas, pierdes…Y cuando se hace un intercambio, como no esperar que se enlace aquel lazo…

Despertó acorralado a la pared. A pesar de que la habitación tenía una cama un tanto incomoda, esa noche ni siquiera le intereso el acostarse de forma natural.

Estaba exhausto, se sentía intrigado por lo que estarían pensando las personas a su alrededor, pero en cierta medida, sabía que quizás no lo liberarían hasta que no estuviera más que tranquilo.

La noche anterior, fue algo más extraña. El sueño de sus hermanas en un hospital, se distorsiono hasta ver a más de un niño…Quizás, parte de él estaba creando otras ideas del sueño para auto-acompasarse.

El sonido de la puerta le hizo levantar un poco la mirada. Con la poca expectativa de ver aquella iniciación de un día rutinario en las últimas semanas, observo aburrido el como la puerta se abría, hasta que escucho un clic, mientras se deslizaba la ventana para ingresar el platillo de comida.

Su mirada salto a la impresión, a observar que la comida no era precisamente la que siempre le servían. Con un aspecto algo extraño, se le hizo bastante reconocible.

El olor tan extrañamente familiar y desagradable, le causo un poco de sudor y a la vez alegría. Esa era la comida de Rukia.

Tomo el platillo dispuesto a retirarse, pero casi le da un infarto cuando el brazo que salía de allí, le tomo con fuerza del saco.

-Ichigo, soy yo-

Se alegró profundamente al escuchar la voz de su amiga. Dejo la bandeja un poco más hacia el lado.

Con suavidad tomo la mano, conteniendo la sensación de apretarla para jamás soltarla.

Se reconforto ante sus palabras suaves, mientras le contaba como se había fresado para ser su guía.

Pasaron un rato más hablando sobre todo lo que allí pasaba.

-Y, ¿cómo vas en el edificio de rehabilitación?-

-Es horrible, como aun no eta del todo construida, suele tener muchas fallas, además de que el agua suele estar helada-

-Pensé que el agua te gustaba fría-

-Si me gusta, solo que, no tan helada-

-Jajá, la reina del hielo es toda una dama. ¿Quién lo diría?-

-¿Que estas insinuando idiota?-

-Nada, nada.-

Estaban discutiendo a través de la puerta sobre un tema que había sido en la revista la SMS.

En la revista había un artículo sobre las posibles parejas en la sociedad de almas. En la fotos se veían a varios del grupo, principalmente la más querida en ese momento _a pesar de que ni siquiera los mismos participantes, habían concretado algo_ Toshiro y Hinamori eran una pareja preciosa, eran el uno para el otro.

Hinamori era u dulce de caramelo, tan delicada como una rosa, pero con un corazón de oro. Era una chica amble y querida por todos. Por otro lado estaba el peli-blanco. Serio, seco y cascarrabias, su personalidad contrastaba a la perfección.

Hielo, fuego. ¿Qué más podía pedir?

-Te lo digo en verdad, es muy lindo verlos juntos-

-Pero, es en serio Rukia?, son solo niños, no puedes esperar a que tengan una relación solo porque se ven lindos.-

-No son niños, Ichigo. El capitán Hitsugaya tiene al menos cien años, y estoy segura de que si tienen algo.-

-¿Ci-cien años?-

-Sí, no entiendo por qué te sorprende tanto si hasta tú sabes que tu padre tiene casi trecientos años.-

-Ese niñato trato de acercarse a mi hermana. Y ahora, me dices que es un anciano. ¡Es un maldito pedófilo!-

-Ay, por favor Ichigo, no exageres. La edad es solo un número y los shinigamis envejecemos de manera diferente. Tiene cien años, pero, en cierta medida tiene casi tu misma edad…o algo así-

Se removió incomoda del otro lado de la pared-¿Cómo te has sentido los últimos días?-

-Agotado y estresado. Urahara ha seguido viniendo pero, la verdad no he vuelto a tener ese extraño sueño-

-Lo vez, vamos avanzando- Rukia miro a la pared y luego regreso la imagen a la revista que sostenía en sus manos- Ichigo, ¿Alguna vez te has preguntado que tipo de hombres le gustan a tu hermana?-

-A qué viene esa pregunta…-

Ichigo no lo notaba, pero Rukia sí. El buscar temáticas relacionadas con sus hermanas, de manera irrelevante lo tranquilizaba un poco, porque convencía a su mente de que estaban bien y le obligaba a verlas en una situación común…Sin tomar en cuanta aquella pesadilla.

Para ella y para todos los demás, esa pesadilla era el reflejo de su corazón hacia lo que estaba pasando. Él era dependiente a ellas, aunque no lo hubiera parecido en el mundo humano.

-Digo, ¿lo sabes no?, Tus humanas ya tiene doce años, en verdad crees que van a seguir jugando a las muñecas?-

-Yuzu, talvez. Pero a Karin siempre le ha gustado el futbol.-

-Bueno si, pero, ¿cómo crees que sean en ese aspecto?-

-Bueno pues, Yuzu siempre ha sido muy cariñosa y amable, a ella le fascinaban las novelas románticas. Es una niña muy sencilla así que, supongo que…Un hombre trabajador, justo, amable e inteligente. Que sea tranquilo y esté dispuesto a ver las películas que a ella tanto le gustan, sin quejarse ni una sola vez por sus cursis escenas…-

Rukia no tardo en comprender, que aquella definición, se estaba deformando a las actitudes que él tomaba cuando estaba con Yuzu. Igualmente sabia, que eso era lo correcto. Que viera los ojos con calan sin perderse del presente, pero recordando el pasado.

-Pero, A Karin no creo que le gusten ese tipo de hombre-

-¡por supuesto que no!- Ichigo soltó una carcajada, imaginando a su hermana con un novio consentidor y cursi- Ella, era más liberal. A Karin no solo le atraía el futbol. Ella siempre fue muy hiperactiva e intensa.-

Guardo silencio por un momento, mientras la chica escuchaba como se acercaba más para la puerta.

-A ella le gustaba tenerlos a todos a su alrededor. Amaba los deportes y estar en constante práctica. Le deben gustar los hombres deportivos, pero también serios, que estén dispuestos a llevarla al límite en un partido, pero que también le guste compartir a su lado en silencio. Así es ella.-

-Valla, suenas bastante diferente-

-diferente, ¿En qué?-

-Cuando nos conocimos, estabas en contra de que ellas se acercaran incluso a Jinta o a alguno delos chicos.-Rio. Eras muy sobreprotector aun cuando no había ni siquiera la necesidad y aunque no lo decías, estoy segura de que estabas dispuesto a mantenerlas a tu lado incluso después de que fueran adultas. Realmente parecía que no madurarías.-

-Es una indirecta o me estás diciendo infantil-

Rukia no pudo evitar soltar una carcajada al imaginar su expresión típica, parado al otro lado de la pared señalándola con ira.

La tomo en brazos más que emocionado. Por primera vez en semanas tenia contacto con una persona.

Después de haberlo discutido tanto, le permitieron a Rukia el entrar a verlo, en la obvia recriminación de parte de su hermano mayor.

Pero allí estaba, al lado de él, finalmente después de tanto tiempo.

Para ambos había sido algo difícil. Ella estaba teniendo dificultades físicas a causa de la EFC, pero por ahora, podría permitirse el estar en ese cuarto. Era mucho más cómodo que los de la casa de rehabilitación y estaba en una agradable compañía.

Admitía que el tenerla a su lado era reconfortante y el poder tocarla había sido lo mejor hasta ahora. En esas ocasiones tan espontaneas su cerebro no hacía más que darle malas pasadas.

Últimamente se había sentido atraído por ella, o mejor dicho, había tenido una recreación de sentimientos encontrados que alguna vez lo azotaron en el pasado en la época en la que el mundo humano era amenazado por Aizén.

Apreciar el hecho de que ella en verdad le gustaba, en parte le daba miedo. ¿En cuantos problemas la metería por eso si ya antes no lo había hecho? Quería considerar el hecho de que era simplemente atracción física o solo admiración por la cantidad de veces que ella le salvo la vida. Quería pensar que se estaba equivocando.

Pero, en ocasiones como esa cuando ella se le acercaba a abrazarlo…La sensación de su pequeño cuerpecito en sus brazos destilando fragilidad, con sus ojos violeta tan flamantes y su cabello suave y sedoso rozando con cuidado su mentón. Eso, era lo que lo confundía.

Se separaron sonrientes y se sentaron en la mesa que se encontraba en uno de los grandes espacios de la habitación. Hablaron por horas y horas y cuando se había acabado el tiempo, su mirada se cruzó con ese pequeño grito interno de lamento que de alguna manera los dos querían suprimir.

En cuanto se retiró de la habitación. La chica se puso roja como si no hubiese un mañana. Se diario rápidamente al salón principal para dar su informe de la actual situación del joven.

Mientras tanto, él se contradecía una vez más por esos "obscenos pensamientos" por la de cabello negro.

No podía creer que en verdad estuviese cayendo en ese laberinto del que tanto le costó salir en su momento. Se quería meter a bañar por un largo rato para dejar sus preocupaciones tras poder pensar de mejor manera en lo mal de sus acciones. Eso, y bajar rápida, ente la maldita erección que se estaba formando en contra de su voluntad.

¿En verdad tenía que atacarlo ahora la maldita puerta? Por favor, tenía casi 18.

Observo con falsa admiración el plato que tenía en la mesa. Hacía poco Rukia había decidido preparar un almuerzo para disfrutar de la compañía del otro y de la gran noticia de que quizás en unos cuantos días le darían un permiso temporal para salir del área de rehabilitación.

Tenía todos los deseos de llamarla enana y pelear con ella por preparar esa comida tan malditamente horrenda, pero por más que lo intentara se le quedaban las palabras en la boca y pera no parecer imbécil se metía otra de esas cucharadas con la masa espesa a la boca.

Trago duro cuando la sensación grumosa abrumo de forma violenta su paladar, Estaba muy amargo.

-Me alegra que te esté gustando, tarde horas en prepararlo-

Otra palabra más que quebraba su último intento de dejar de comer. Bajo la cuchara nuevamente al plato y sin deseos de comer más, decidió continuar con una conversación para no tener que sentir aquel sabor de nuevo por un rato. – Dime, que fue lo que te dijeron exactamente los ancianos-

-Ichigo, deberías aprender a respetarlos y más al Capitán general.- Se metió una cuchara de esa cosa con agrado y su mirada de satisfacción leca uso nauseas a él por el contrario.-Ellos consideran que debes empezar a hacerlo lentamente. Te dejar salir el lunes y regresaras el miércoles, después ira aumentando el tiempo de salida.

-Me parece un poco exagerado, no sé, se pasaron un poco con eso de que yo estaba loco. Me pareció, excesivo-

-No me malinterpretes, pero admite que todos tenían sus razones. Ichigo, despertaste a todos a las tres de la mañana y estabas rompiendo la puerta. No le vi mucho sentido a eso, pero mucho consideraron que era una crisis.-

-Rukia, una crisis la puede tener cualquiera. Esto fue exagerado-

-No lo entiendes, como siempre.- Se limpió un poco la comida de los labios.- Ichigo, eres muy poderosos. Si solo te pusiste así por un mal sueño, imagínate como pudieron haber suido las cosas. A veces, tú mismo te subestimas. Es bastante gracioso.-

-No le veo lo gracia. Además, yo tengo buen control de mis capacidades, por que encerrarme aquí en esta mierda ultra-sellada.-

Rukia lo miro con las cejas alzadas no creyéndose sus palabras. Era extraño hasta donde habían avanzado.

Era cierto, ambos seguían siendo los mismos. Para variar las cosas, trataron de llevarse mejor y sin darse cuenta, rebasaron el límite. Ya ni siquiera discutían como antes, si lo hacían era poco.

Claro, podían seguir con sus gritos y sus golpes, no obstante ya no eran tan agresivos, a pesar de que sonara más que contradictorio.

-No me digas. Como te lo hago entender. ¿Recuerdas la vez en la que destruiste el Seireitei solo por buscar a Orihime? Y no hablo de cuando la secuestraron.-

-Sí, pero en esa ocasión en verdad la necesita…Okey ya entiendo tu punto.-

Hubo un silencio por unos segundos. Ambos sabían que sucedía pero ninguno de los querían atreverse a comentarlo. Si lo hacían mandarían por la borda el agradable silencio que poco a poco se estaba destruyendo por la sensación de incertidumbre e incomodidad.

Él le había dicho que tenía la razón, aunque con términos diferentes. Eso, era un gran cambio.

Los dos estaban paralizados.

Ella con la mirada baja, haciendo lo imposible de ponerse roja aun sabiendo que tenía la cara ardiendo. Mantenía los labios fuertemente sellados, por miedo a lo que pudiera hacer. No quería cometer un maldito error, solo, no quiera hacer algo que los…arruinara.

Él, con su mirada fija en la pared contraria, con el corazón a mil, tratando de controlar su respiración que amenazaba con fallar. Boqueando como un pez fuera del agua, sin saber cómo mierdas reaccionar. Había perdido el control de todo su cuerpo.

Finalmente, la habían dado autorización para salir por completo de su habitación de restauración Habían pasado case cuatro meses.

Pareciera que su capacidad para tener libertad se atrofio estando tanto tiempo encerrado. O eso supone ahora mismo, pues de la emoción de que finalmente podría salir sin pensar en cuanto tiempo le tomaría hasta volver a entrar en esa maldita habitación, tropezó en su desorden de revistas, cayendo sobre la chica.

Pero no, no fue el hecho de tenerla bajo su cuerpo, frágil y asustada. No fue el sentir su corazón rompiendo con fuerza en contra de su pecho, fracturando (de manera imaginaria) sus costillas. Y tampoco la sensación de calor que recorrió su cuerpo al sentirse poderoso y extasiado.

Fue el hecho de tener sus labios con los suyos, perfectamente unidos. Sin poder sepáralos, perdiendo el aire por unos segundos. Sintiendo el sabor a frezas del dulce de Shappy que por tanto tiempo la observo mordisquear en ese cuarto.

Fue el hecho de sentirse culpable, por sentirse excitado. Por ese miedo a separase de ella. Fue aquella sensación de estar completo, por aquel dolor en el alma al sentirse abandonado en el momento en que se alejó de ella con la mayor fuerza que pudo reunir.

Ahora, estaba más que quieto, observando a la nada rebuscando en todos los lugares de su mente una manera de detener esa pequeña falla en su subconsciente. Porque simplemente no se quería alejar.

No quería levantarse y observar el desagrado en su mirada. El recuerdo de la noche en la que afianzar su amistad, tras su retiro por haber perdido sus poderes. Él no podía simplemente obligarla a estar con él, aun mas sabiendo que ella lo veía tan solo como un amigo.

Un sonido externo los saco de aquel espacio de liberación. No podían dejar que alguien más los viera así, no querían que malinterpretaran las cosas.

-¿Qué?- Juraría que si su quijada pudiera soltarse hasta el piso, allí estaría.

Su salud mental estaba corriendo gran riesgo en ese salón.

Las complicaciones debido al gran cambio en la sociedad de almas estaban viéndose fuertes y fértiles. A causa de los fuertes cambios climáticos y el efecto de la EFC, muchos de los shinigamis habían quedado fuera de línea.

El capitán de Quinto escuadrón se vio afectado casi de inmediato, al grado de que simplemente ya no pudo continuar con su trabajo y decidió retirarse. También afecto al capitán Hitsugaya, para su sorpresa, también tuvo que redimirse a permanecer encerrado, pero no importándole mucho, no acepto retirarse del puesto al mando del 10mo escuadrón.

Muy por el contrario, ahora le había puesto casi el doble de empeño. Finalmente admitió estar en una relación amorosa con su fiel compañera. Momo y el permanecían juntos en todas partes. El pasaba la mayoría del tiempo, buscando la manera más efectiva de hacer los entrenamientos y ejerciéndoles a los suyos que empezaran a establecer un entrenamiento más exigente. Por qué solo así, sobreviviría ala EFC.

Lamentablemente, como era de esperarse el capotan del 13avo escuadrón fue el más afectado. Ukitake seguía vivo, pero por más que lo intentase, le era imposible. Por eso, optaron por cambiar varias cosas y por consecuente, ahora el capitán del 13, era nada más y nada menos que Isshin.

Por eso, él se encontraba allí.

-Lo que escucho, señor Kurosaki. Usted será el siguiente en la fila para tomar el mando capitán del quinto escuadrón.-

-¿Pero, porque yo?, simplemente pudieron darle el puesto a Momo o a otro de sus subordinados.-

-Ya se le dijo las razones, Kurosaki. Ahora, está en sus manos si quiere o no el papel, sin embargo, esta de mas que no le queda opción.-

-¡Ay, Masaco!, deberías ver mi felicidad ahora mismo. Ahora mi hijo está siguiendo mis pasos. Solo falta que me dé nietos con Rukia y sería un hijo perfecto.- Isshin comenzó a parlotear alrededor de la mesa del Capitán general.

Yamamoto no pudo evitar rodar los ojos, con una sonrisa muy por dentro de su mente. Le agradaba la situación que se estaba presentando ahora. Le gustaba tener esa sensación de paz, como si no estuvieran realmente jodidos.

-Por favor, Capitán Shiba. Le pido que mantenga la calma, esta es una sala de reuniones.-

El pobre hombre quedo en silencio total, luego de ser enviado al otro lado de la sala de un puñetazo de parte de su queridísimo primogénito.

_ ¡Deberías comportarte como un padre ejemplar! ¡Pareciera que yo fuera mayor que tú, que vergüenza me das!-

Y así, desde ese día, él se había convertido en el nuevo capitán de la quinta división…

Lamento mucho la tardanza, espero que les guste. Dejen sus comentarios y nos estamos leyendo ;D