Capítulo 3: Hay Algo En La Lluvia
La Gran Matriarca soltó resignada un leve y casi inaudible suspiro apenas sintió la primera gota de agua entre sus ojos, perdiendo por un instante la visión y viéndose obligada a restregarse suavemente. Habiendo visto el nublo y para nada pacífico estado del cielo, alzó la capucha de su vieja y larga capa y recibió con poco entusiasmo la llegada de la lluvia. Aquella humedad no le haría para nada bien a sus ya gastados y frágiles huesos.
"Lo sé, Myrm" dijo intentando cambiar el repentino mal humor de su pokémon. Al enorme y viejo Flygon de escamas verde limón le disgustaba de sobremanera que sus magníficas alas se mojasen "Pero ten un poco de paciencia y continúa volando en línea recta. Ya vamos a llegar."
Myrm obedeció asintiendo con la cabeza y aumentó levemente la velocidad con la que batía sus alas. Con las mallas rojas en su rostro impidiendo que las densas gotas que caían se le metiesen en los ojos, podía sentir tan cerca la cima del Pilar Celeste que prácticamente ya se veía a sí mismo aterrizando sobre ella.
Tal y como la sabia había esperado, Zinnia ya se hallaba de vuelta en la azotea del Altar Draco, leyendo sentada sobre la cornisa un pesado libro hecho con piel de Tyrantrum. Su Salamence de escamas azul oscuro había extendido su ala anaranjada derecha para protegerla de la lluvia.
"Hola, abuela" dijo la cronista mientras la veía descender sobre el centro de la azotea "¿Qué te trae hoy por aquí?"
"He recibido la noticia por parte de Wallace" contestó la Gran Matriarca bajando cuidadosamente del lomo de Myrm y caminando hacia ella con ayuda de su bastón "¿Es cierto? ¿El árbol del rey de Kalos está marchitándose?"
Su nieta le respondió asintiendo con la cabeza. Luego volvió a clavar sus ojos en la página que llevaba un largo rato leyendo.
"Me la he pasado buscando alguna respuesta en los escritos y observaciones que hice durante mis viajes por Kalos" dijo mientras pasaba a la hoja siguiente "El robo del Arma Definitiva y el repliegue de la flor eterna no pueden ser meras coincidencias."
"¿Y qué has encontrado hasta ahora?" inquirió la líder del Clan Meteoro sin ocultar su preocupación y sentándose a su lado bajo el ala de Salamence, a quien acarició con afecto en el hocico. El pokémon dragón respondió con una sonrisa y un pequeño gruñido que denotaba mucho aprecio por la anciana.
"No mucho salvo este poema local de un juglar que me lo recitó" admitió Zinnia con un dejo de frustración en el tono de su voz "Habla sobre dos hermanos que representan la vida y la muerte. El resto es acerca de una suerte de caballero y cuatro guerreros que le acompañan."
La Gran Matriarca no dijo palabra alguna y se llevó la mano izquierda al mentón; reflexionando, dirigió su atención a los lejanos y todavía inmóviles cuerpos de Kyogre y de Groudon, tratando de hacer memoria en base a lo que acababa de oír. Finalmente, tras remontarse a sus recuerdos de cuando Zinnia y Aster aún eran pequeñas, logró comprender por qué aquello le sonaba de alguna parte.
"Se dice que en la región de Kalos existen dos pokémon" dijo de pronto en voz alta "Una llamada Xerneas y el otro, Yveltal. La primera representa la vida y la creación; el segundo, la muerte y la destrucción. De acuerdo con los mitos antiguos, se encargaban de mantener el delicado equilibrio de la madre naturaleza mientras Groudon y Kyogre expandían la tierra y el mar. Cuando uno duerme, el otro despierta."
"Creo que papá y mamá me la contaron una vez" reconoció Zinnia muy pensativa "Si la memoria no me falla, hay quienes dicen que la energía en sus cuerpos sirvió como batería para el Arma Definitiva durante la guerra de hace tres mil años."
La cronista cerró el libro y miró en la misma dirección que su abuela: la mención de Groudon y de Kyogre, junto con la reciente intrusión de aquellos ladrones desconocidos, no hacían más que recordarle el mortal y fatídico duelo que May, Brendan y ella habían tenido hacía meses con los dos pokémon legendarios para evitar que produjesen el fin del mundo y la extinción de la humanidad.
"Los prismas rojo y azul..." pensó susurrando para sorpresa de la Gran Matriarca, a la vez que contemplaba el poliedro morado incrustado en la punta del báculo que había dejado sobre su regazo "...el poder primigenio en ellos era una mutación de la energía natural del planeta. Por eso Groudon y Kyogre ansiaban tanto la energía natural que yace en la Cueva Ancestral de Arrecípolis. Y sabemos ahora que lo que permite la mega-evolución también es un derivado de dicha energía, al igual que la Fuerza Dragón. Entonces…"
"...la flor eterna de Arrecípolis contiene energía natural en su estado más puro e inalterado" dedujo su abuela, quien había llegado a la misma conclusión "Y en consecuencia el destino del árbol está atado al del Arma Definitiva. La flor debe de haber sentido que el arma volverá a ser usada para matar, y se ha replegado en respuesta."
"Eso explicaría el porqué la energía comprimida de las mega-piedras no se ha visto afectada" elucubró la guardiana del Pilar Celeste revisando tanto la piedra activadora colocada en su tobillera como la salamencita en el collar de Salamence, comprobando que efectivamente su brillo habitual no había disminuido "Después de todo lo que produjo la primer mega-evolución fue la luz que emanaba del meteorito de Arrecípolis, en conjunción con la Fuerza Dragón creada por Latios y Latias."
"Y al conservar únicamente el poder destructivo de la energía natural amplificado por la Fuerza Dragón, está segura por ahora" supuso la anciana, evidenciando en su tono el miedo que sentía por lo que todo aquello implicaba "Lo que significa que lo que sea que planeen los perpetradores conducirá a un completo desastre."
"Si tan solo tuviésemos algún indicio que nos dijese quiénes son o dónde están ahora, tal vez podríamos hacer algo" gruñó Zinnia, evidenciando lo mucho que le molestaba el no saber qué hacer "Supongo debemos hallar la manera de mantener al árbol con vida hasta que todo esto se aclare."
"Es todo lo que podemos hacer" aseguró la Gran Matriarca poniéndose de pie "Las raíces de ese árbol llevan mucho tiempo arraigadas a Arrecípolis, especialmente desde la liberación de energía que hubo cuando ese muchacho Brendan capturó a Groudon. Si muere...quién sabe cómo podría afectar a la energía natural de la Cueva Ancestral."
Zinnia no supo qué contestar. Volvió a mirar la siempre espectacular visión que eran las estatuas de Groudon y de Kyogre en el medio del océano, y al hacerlo pensó en Rayquaza: desde lo acontecido con los intrusos y el rescate de los pokémon cautivos, el dragón legendario se había envuelto en una enorme y dura crisálida que a distancia parecía una esmeralda gigante, dejándola a ella y a su equipo a cargo de vigilar la torre por su cuenta. Fuese cual fuese la conexión, no creía equivocarse al creer que eso, junto con la gran cantidad de lluvias que había habido esa semana, debía de estar reaccionando al precario estado actual del árbol.
Humanos. Pokémon. Por lo general, ambos solían vivir muy poco tiempo. Y si ni siquiera un árbol que había durado tres milenios podía resistir el avance del orden natural, entonces nada ni nadie podía. Aster, Spenser, sus padres y hasta su pequeña Whismur le habían enseñado que la vida era una llama que ardía tan rápido que en un simple pestañeo languidecía y se extinguía, perdiéndose eternamente en un susurro como una hoja al viento.
"Llama" musitó inconscientemente. De pronto, la liberación de una increíble revelación por parte del baúl de sus recuerdos la hizo gritar a todo pulmón "¡LLAMA!"
"¡Por amor a todo lo sagrado, mi niña!" gimió sobresaltada la Gran Matriarca, tapándose ambos oídos a causa del dolor y temiendo haberse quedado sorda "¿Pero qué es lo que se te ha metido?"
"¡Ya sé lo que hay que hacer, abuela!" exclamó la cronista con una sonrisa pícara, revisando su diario de cabo a rabo hasta que halló la página que estaba buscando "¡Y sé perfectamente a quiénes necesitamos!"
"Así que invocaste a los Hoenn Rangers. ¡Ja! No cambiará nada en lo absoluto. ¡Una vez el Reloj Ígneo del Juicio Final haya alcanzado las doce, todas las puertas del multiverso serán destruidas y…!"
Sabrina se detuvo a sí misma al darse cuenta de que no creía en lo que estaba recitando. Desmotivada, refunfuñó cerrando ambos puños con fuerza, hincándose accidentalmente las uñas en las palmas.
"¡OH, MALDICIÓN!" profirió furibunda y lanzando el escrito que sostenía en su mano derecha al suelo, solo para que Espeon lo interceptase haciendo uso de su telequinesis. Luego se llevó los dedos al puente de la nariz "¡No puedo meterme en el personaje cuando este guion no tiene ningún sentido! ¿Por qué querría Bellelba destruir el multiverso si su plan original era absorber la energía vital de aquellos que atravesaban las puertas para fortalecerse? ¡¿Y de qué le serviría si eso también incluiría desaparecer junto con su reino por segunda vez?!"
La líder de gimnasio se desplomó vencida sobre su sillón favorito. Llevaba todo el día memorizando y practicando en voz alta sus líneas una y otra vez, habiendo pausado sólo para desayunar y almorzar junto a sus pokémon. Los generadores potenciadores de sus brazaletes indicaban con un fuerte fulgor verde lima que estaba atravesando por niveles críticos de estrés, y que si no se controlaba sus poderes psíquicos podían salirse completamente de control. Necesitaba calmar sus nervios cuanto antes, y ya no le quedaba fuerza para hacerlo. Su único consuelo era el extrañamente relajante repiqueteo de la lluvia al caer sobre el tejado y la ventana de su hogar.
"Es sólo una más de estas estúpidas películas" se repitió a sí misma en un intento por recordar cuáles eran sus prioridades "Sólo una más y se terminó. Puedes hacerlo. Piensa en el cheque, piensa en el remaldito cheque."
Tres fuertes y secos golpes llamaron a su puerta. Sabiendo de quién se trataba sin tener que siquiera pensarlo, y sintiéndose sin ganas de levantarse en aquel momento, contestó ipso facto.
"Está abierto" anunció fastidiada mientras se desperezaba en un intento por hacer sonar sus huesos, descubriendo para su enfado que no podía "Pasa."
La puerta de calle se abrió lentamente, y un mojado Red entró lentamente en la residencia para secar sus pies sobre el felpudo y así procurar no mojar el parqué. El joven de Pueblo Paleta recibió en brazos a Espeon, quien muy feliz de verlo saltó sobre él para exigir caricias y atención.
"¿Por qué tardaste tanto?" preguntó Sabrina levemente arqueando una ceja. Había prometido no invadir la mente del muchacho para explorar sus recuerdos sin consentimiento previo "Creí que sólo dejarías a Lapras con Lorelei."
"Celio me llamó para que pasara por Isla Prima a darle una mano con algo" retrucó él seriamente mientras se dirigía al baño para quitarse la ropa y darse una ducha caliente "Un turista kalés dejó suelto a un Scyther enloquecido y me pidieron que fuera expresamente a detenerlo. Un pequeño Meowth resultó herido y tuve que llevarlo al centro pokémon para que le brindasen los mejores cuidados. Afortunadamente las enfermeras han dicho que vivirá, pero que tomará un tiempo sanarlo y así devolverlo a su hábitat natural. Me tardé un poco más porque escogí aprovechar y darle de comer a los muchachos en el centro."
"¿Qué pasó con el turista?" inquirió repentinamente interesada mientras se apoyaba en el arco de la puerta para seguir hablando con él, esperando escuchar el resto del asunto. Espeon la imitó manifestando la misma curiosidad.
"La policía local le ha detenido por tráfico ilegal de especies exóticas" replicó Red a la vez que se metía en la bañera y abría el agua caliente, dejándose rodear por el agua y el vapor. Luego tomó el jabón para pasárselo bajo las axilas "Dijeron que todavía está bajo investigación, aunque por lo visto ya estaba siendo buscado por fraude y por evasión de impuestos. Así que hasta que la situación se aclare, he traído al Scyther conmigo."
El rostro de la psíquica se tornó rojo como el planeta Marte. Sus ojos brillaron con furia e indignación.
"¡¿CÓMO QUE LO HAS TRAÍDO CONTIGO?!" se desgañitó percibiendo la presencia del pokémon mantis dentro de la ball en la mochila que Red había dejado a un costado de la puerta al entrar "¡SÁCALO YA MISMO DE AQUÍ!"
"No tenía otro lugar donde dejarlo" respondió él cerrando finalmente saliendo del baño y tomando una toalla para cubrirse y secarse "Hablé con Celio y con la policía y dijeron que lo mejor sería que me lo quede un tiempo. Así podré entrenarlo y enseñarle a ser menos violento con los demás."
"¡Red, no quiero un Scyther aquí dentro!" espetó ella furiosa y apoyando sus manos sobre sus caderas, adoptando un lenguaje corporal más autoritario "Te he dicho que a Alakazam no le gustan los insectos. ¡Lo ponen nervioso y le impiden concentrarse durante el entrenamiento!"
"No te detuvo de entrenar un Venomoth cuando nos conocimos, ¿o sí?" objetó Red con una segunda toalla sobre su cabeza y pasando de largo para dirigirse al ropero, buscando ropa que ponerse.
"¡ESO FUE DIFERENTE!" protestó ella ruborizada e indignada, como si fuese una niña que había sido pescada infraganti robando galletas de la lata "Necesitaba uno como parte de mi estrategia como líder de gimnasio. ¡A-además…!"
"Eras una persona muy distinta en aquel entonces, lo sé" completó el muchacho terminando de ponerse encima su remera preferida: era una camiseta blanca con el isotipo de una poké ball roja y la leyenda 1996 impresos en el centro. Luego se volteó a mirarla a los ojos y soltó un suspiro "Sólo será por un par de días. Aprenderá a comportarse y luego lo liberaré. Te prometo que no ocasionará problemas hasta entonces."
Pero como si el universo estuviese empecinado en demostrar lo contrario a sus palabras, Scyther y Alakazam abandonaron sin previo aviso sus respectivos receptáculos, listos para batirse en duelo y espantando a Espeon, quien corrió a ocultarse instintivamente bajo la cama. Mirándose con nada más que desprecio por el otro, mantis y gato se trabaron en un fiero e intenso forcejeo con sus guadañas y sus cucharas respectivamente, soltando chispas y sin intención de retroceder.
"¡Alakazam!" vociferó Sabrina cruzándose de brazos, causando que el pokémon psíquico se sintiese súbitamente humillado "¡¿Cuántas veces debo repetírtelo?! ¡Sin peleas dentro de la casa!"
Scyther sintió cómo su rival comenzaba lentamente a ceder. Perplejo, desvió su mirada hacia su costado derecho para encontrarse con que Red le miraba con una mirada tanto fría como desaprobatoria. El joven de Pueblo Paleta ya tenía en su mano la ball que contenía a Charizard, lo cual provocó que el insecto se acobardase y decidiese finalmente bajar sus guadañas, bufando frustrado ante la negación de un duelo contra un rival que consideraba digno de su nivel.
"¿Qué me decías?" preguntó la líder de Azafrán sarcásticamente, mirando al muchacho con una mirada inquisitiva. Luego suspiró y empleó un tono de voz menos hostil "De acuerdo, si así lo quieres puede quedarse. Pero que duerma afuera. No quiero que altere a mis pokémon."
Red sintió un nudo en la garganta. Pese a que la petición de Sabrina le parecía justa y razonable, mandar afuera a Scyther en medio de plena lluvia le resultaba un tanto cruel; no obstante, el pokémon mantis debía probar que era merecedor de la confianza de la psíquica si deseaba descansar allí a gusto. Y esa noche no tenía ganas de discutir con ella.
"Muy bien, haz lo que dice" dijo de pronto al insecto reptiloide "Puedes dormir sobre el escalón. El techo te resguardará del agua."
El joven ex-campeón vio intrigado cómo el Scyther salía despacio y resollando por lo bajo mientras Sabrina abría y cerraba fuertemente la puerta detrás de él con su poder psíquico. Le extrañaba bastante el hecho de que, desde incluso antes de ser capturado, la mantis nunca había emitido ni un solo gruñido o rugido como otros de su especie, limitándose a sacar humo por la nariz a la hora de manifestar enfado. Aquel pokémon insecto parecía estar escondiendo algo, y pensaba averigüar qué era una vez el entrenamiento comenzara al día siguiente. Pero ahora era momento de descansar.
"Te noto algo tensa" dijo girándose a ver a Sabrina, finalmente notando el brillo que emitían sus brazaletes "¿Hay algo que te molesta?"
"No es nada" suspiró ella sentándose sobre su cama. Espeon aprovechó la ocasión para sentarse sobre su regazo demandando afecto, a lo que ella aceptó gustosa "Es solo este insípido guion. No logro entender ni sentir la motivación de mi personaje para hacer lo que hace."
"No creo que sea tan malo" aseguró él sentándose a su derecha y empezando a hojear lo escrito en él. De pronto una sonrisa nostálgica se formó en su rostro al detenerse en un párrafo "¡Ey, los Hoenn Rangers! A papá le hubiese interesado leer esto."
"¿A tu padre le gustaban?" preguntó la psíquica sorprendida al escuchar aquello. Red rara vez solía hablar de su progenitor con ella. O con alguien.
"Veíamos su show cuando tenía apenas tres años" elaboró el muchacho asintiendo afirmativamente con la cabeza "Él era muy fanático de la primera agrupación, y yo de la tercera. A veces discutíamos sobre cuál era mejor, y él siempre se quejaba del que muchas de las aventuras de la tercera formación ocurriesen en el mar. Yo siempre insistía en que al ser un reinicio probablemente quisieron hacer algo original y distinto, pero papá protestaba con que nada podía estar al nivel de los primeros. Que estos eran los mejores."
Hizo una pausa para tragar saliva. Sabrina se percató de cómo su rostro se ensombrecía, reprimiendo una lágrima.
"Recuerdo que la última vez que hablamos prometió llevarme a una exposición en Hoenn para conocer al actor que interpretó al primer Raíz Escarlata, nuestro Ranger favorito" añadió por fin. Su voz se quebró "A la mañana siguiente bajé como siempre a desayunar y encontré a mamá llorando sobre la mesa, donde había dejado una nota. Se había marchado para nunca regresar, y nunca explicó por qué. Jamás supe si fue por ella o por mí."
La líder abrió la boca para hablar, pero la cerró casi al instante. Decidió en su lugar apoyar su mano derecha sobre su hombro izquierdo, sintiendo que aquella acción serviría mucho más que cualquier cosa que pudiese decir.
"Es gracioso, ¿sabes?" dijo él de pronto tras varios segundos de silencio "Tanto mis padres como los de Blue eran grandes admiradores de los Hoenn Rangers. Fue por eso que los dos y Green recibimos nuestros nombres. Él por Oromar Añil, ella por Calagua Verdemar y yo por Raíz Escarlata. Tal vez...tal vez por eso también cuando el profesor me dio a elegir a uno de sus tres pokémon escogí a Charmander."
El joven de Pueblo Paleta volvió a quedarse callado y observó con gran aprecio la ball que todavía tenía en su mano derecha, acariciándola con suavidad. Charizard, percibiendo esto, se agitó dentro de su cápsula contenedora para demostrarle que el sentimiento era recíproco.
"Cada vez que pienso en Charizard y en todo lo que hemos pasado juntos, inevitablemente también pienso en papá" admitió con melancolía "Él me dijo una vez que siempre debía de ser como Raíz Escarlata. Que siempre mantuviese encendida la llama que había en mi corazón. Y durante las noches en el Monte Plateado, cuando me acercaba a la flama en la punta de mi pokémon para calentarme….no lo sé, sentía como que él estaba allí conmigo. Como si nunca se hubiese ido."
Sabrina elucubró en silencio para procesar lo que había escuchado. Involuntariamente, miró un pequeño cuadro que llevaba años colgado en su pared. Uno que siempre que podía intentaba de todo con tal de no ver directamente, pero que nunca había hallado la fuerza para retirarlo.
"También recuerdo la última vez que hablé con mi padre" dijo suspirando agobiada "Fue...poco después de que me mudase a vivir aquí. Le visité en su celda para comunicarle que ya había comenzado la competición entre mis discípulos y los del Maestro Karateca para determinar a quién le pertenecería el gimnasio de Azafrán. Allí le conté que los pokémon peleadores del dojo eran muy poderosos, y que no sabíamos si los nuestros podrían hacerles frente. Él se enojó y me dijo que si no quería ser una deshonra para la familia, demostraría el poder de los pokémon psíquicos liberando todo nuestro potencial."
Permaneció callada por un muy breve período de tiempo, hasta que por fin pudo apartar su mirada de aquel cuadro. Luego prosiguió frente a un atento pero preocupado Red.
"Entonces llegó a mis oídos el rumor de que en Pueblo Lavanda y en la ruta doce habían varios pokémon del tipo fantasma y bicho" continuó "Decidí capturar unos cuantos junto a mis estudiantes y pronto obtuve un Venomoth capaz tanto de resistir los golpes fulminantes del Hitmonchan del Maestro Karateca como de responder a ellos con su técnica de Psicorrayo. Con la cobertura que esos fantasmas e insectos brindaban al resto de nuestros pokémon, nos fue fácil quedarnos con el gimnasio. La gente pronto aprendió a temerme."
"Y...¿qué fue lo que tu dijo tu padre?" preguntó él tanto intrigado como desasosegado.
"Me dijo que había sido una cobarde, que había hecho trampa" respondió ella consternada, con Espeon intentando lamerle en la mejilla para hacerla sentir mejor "Que un verdadero maestro psíquico no hubiese tomado un atajo con algo tan insignificante como un Venomoth."
Sabrina sintió cómo las lágrimas descendían por su rostro, cayendo como gotas al suelo. Limpiándoselas, decidió cambiar de tema antes de que Red quisiese consolarla. Quería volver a lo que en aquel entonces era realmente importante para ella.
"En fin" dijo quitándole al muchacho el guion de las manos "El problema es que no le encuentro el sentido a nada de esto. Se supone que Bellelba quería absorber la energía vital de la reina y de sus amigos, y ahora sólo busca hacer desaparecer todas las realidades incluyendo la suya. La trama ni siquiera explica cómo fue que regresó después de haber sido destruida al final de la tercera película. Ya le he presentado mi problema a Hitomi, y ella se ha negado a hacer alguna modificación."
"Bueno, piensa que si la película resulta un fracaso al menos podrás cobrar el cheque e irte" le recordó él "Con él podrás ampliar la cocina y tener esa sala de ejercicios para Alakazam y los demás que siempre quisiste tener en casa."
"Ojalá pueda" suspiró ella "Tan solo quiero terminar con esta saga tonta y moverme a otras películas. Mi representante me ha dicho que todavía no le han llamado para ese filme independiente sobre detectives privados, que todavía están evaluando la audición que hice el año pasado para ver si soy la indicada. Si no me aceptan...temo que mi carrera termine muy pronto."
"Tal vez yo podría escribirte un guion" propuso él para tratar de reconfortarla "Protagonizarías mi propia película independiente, como la estrella principal."
"¿Un guion, tú?" indagó la psíquica sumamente desconcertada "Nunca creí que te interesase la escritura."
"Bueno, más que un guion es una historia que escribí cuando tenía ocho" le concedió Red mientras hacía memoria "Trata sobre un joven emprendedor que se pierde en un bosque oscuro en plena tormenta, y encuentra este antiguo castillo donde conoce a una baronesa con el terrible secreto de que en realidad es una vampiresa por culpa de un maleficio. Todos los aldeanos del pueblo cercano la odian, pero el joven ve algo en ella que ellos no. Y...bueno, ambos terminan enamorándose y buscando la manera de permanecer juntos."
"Esa es una...muy interesante premisa" reconoció Sabrina con admiración "No me molestaría interpretar un papel así."
"Podría preguntarle a Green por ayuda" propuso él con un dejo de entusiasmo "Desde que comenzó a entrenar con Erika conoció a un cineasta independiente unovés que lleva años siendo vilipendiado por Pokéwood. Si le convenzo de dirigir la película, ¡podríamos llevarla a la gran pantalla!"
"Hablando de Green, ¿cómo está ella?" inquirió ella con curiosidad "Erika me ha dicho que no le ha resultado sencillo ser la nueva líder de gimnasio de Azulona."
"Pues no está tan mal" retrucó el joven con respeto y orgullo por su hermanastra menor "Al menos las chicas del gimnasio están dándole una mano con cada retador que se presenta. Se ha convertido en toda una señorita. Cómo desearía haber estado allí para ella y para mamá mientras crecía…"
Se oyó el retumbar de un trueno a la distancia, seguido de un abrumador e incómodo silencio en el que ninguno de los dos supo qué tópico sacar a colación. De pronto, la líder de gimnasio decidió mencionar lo que ella llamaba el Donphan en la habitación.
"Red, ¿realmente te sientes a gusto aquí conmigo?" preguntó yendo directo al grano "Sé que dije que estaba abierta a que empezásemos de cero. Pero…me cuesta olvidar todo por lo que ya hemos pasado."
"No te culpo si es así" suspiró él dejando la ball en un estante y tomándola de ambas manos. Luego siguió hablando "Sí, estoy a gusto aquí contigo. Sé que la mudanza en sí no ha terminado y que todavía me falta traer muchas cosas más de lo de mi madre, pero no me arrepiento. Y quiero compensarte todo el daño que te hice."
"Es que, ¿cómo podemos siquiera iniciar otra vez?" persistió ella resignada "Te fuiste y te rehusaste a hablar conmigo por tanto tiempo que cuando por fin regresaste casi no te reconocí. Ya ni siquiera sé si sigues siendo el chico del que me enamoré. Justo cuando pensé que te había superado volviste a mi vida como una herida supurante. ¿Por qué no me dijiste cómo te sentías? Hubiese ido contigo a cualquier parte, sin importar el sitio. Te habría acompañado hasta el fin del mundo de ser necesario. Y sólo hubiese importado nuestro amor."
Red sintió sus pecados trepando por las vértebras de su columna. Nada de lo que dijese podría enmendar el inmenso dolor que le había hecho pasar. Involuntariamente se aferró a las manos de ella con mayor fuerza, como si el mundo se fuese a terminar si la soltase.
"Las cosas han cambiado, Sabrina" afirmó cabizbajo "Yo he cambiado. Cuando te conocí era un niño tonto e ingenuo. Estaba atravesando por muchas cosas, y sé que no es excusa. Pero...el tiempo que estuve congelándome allí arriba me hizo darme cuenta de lo estúpido que fui. Por eso te pido, aunque sea por ahora, que me des oficialmente una segunda oportunidad."
Ella se sonrojó y desvió la mirada. No requería leer su mente para percibir lo mucho que le carcomían la culpa y el remordimiento. Viéndose incapaz de contestarle con palabras, le tomó de la cabeza con ambas manos y conectó tímidamente sus labios con los de él.
Tal vez era el suave repiqueteo de la lluvia nocturna en la ventana, su confesión, el silencio que los rodeaba o el hecho de que estuviesen los dos solos por primera vez en toda la semana. Pero había algo mágico y familiar en aquel beso que parecía invitarle a un mundo de ensueño donde todo era posible salvo el dolor y el sufrimiento. Al menos así fue como él lo sintió cuando ella tiró del cuello de su remera y, utilizando su poder, le hizo recostarse boca arriba sobre el colchón.
Continuó sintiendo la promesa del paraíso en su lengua, hasta que detectó una fuerza invisible haciéndole levantar ambos brazos y retirándole un gran peso del cuerpo: ella le había quitado su camiseta, dejándolo en sus bóxeres azul oscuro. Podía sentir sus delicadas y cuidadas manos recorriendo su torso desnudo, al mismo tiempo que el final de su cintura entraba en contacto con su entrepierna, empezando a mecerse gentilmente sobre la misma.
El deseo carnal de estar dentro de ella se acrecentaba a medida que transcurrían los minutos. Los latidos de su corazón se aceleraron a la par que su mástil de carne corcoveaba, palpitando anticipante ante el roce de su flor. Inconscientemente mimó con sus dedos su expuesto abdomen, ayudándola a deshacerse de su top corto magenta con tirantes, y cuando tuvo la sazón para hacerlo manoseó con lentitud y con gentileza sus desabrigados pero firmes senos, causando que ella balbucease débilmente, dejando salir un gemido apenas audible.
"Lo siento" articuló la todavía lúcida parte de su cerebro mientras se dejaba llevar por el momento. Estaba aproximándose al apogeo de aquella sensación de gozo, y no quería detenerse.
Al parpadear involuntariamente notó que ya no se encontraban más en el dormitorio. A dondequiera que viera, grandes aunque pacíficas olas se formaban y se deshacían, viajando a millones de kilómetros a lo largo de un interminable y eterno mar azul cerúleo: estaban en el medio del océano, con las aguas debajo suyo acariciando su espalda como una sábana recién lavada y perfumada.
Confundido, volvió a mirar hacia arriba: ella todavía seguía montada encima suyo, habiendo hecho desaparecer su cinturón y sus largos pantalones blancos de tal manera que era como si nunca los hubiese llevado puestos. Su humedecida amapola, ahora al natural, continuaba jugueteando con su creciente erección, convirtiendo su tentación en desesperación.
"Estoy soñando. Esto no es real."
"Puede ser real...si lo deseas. Es el rincón más privado y feliz de mi palacio mental. Nunca antes lo había compartido con alguien más...hasta ahora."
"El mar aquí es tan hermoso...y la brisa es agradable. ¿Por qué no me lo enseñaste...la primera vez?"
"No estaba dispuesta. Ahora lo estoy."
"¿Estás...segura de esto?"
"Sí...dejémoslo todo atrás. Ahora y para siempre."
Y con sus órganos uniéndose como la más placentera melodía jamás compuesta, sus almas y cuerpos entraron en comunión. El pasado pasó a ser menos que una gota dispersa más en el imperturbado y virgen mar, arrasado por las aguas de un nuevo inicio.
"¡Reina, por favor no pierdas mucho tiempo y métete adentro!" imploró el anciano desde la puerta de su hogar, listo para cerrarla ante el gran vendaval que se había levantado "¡No sé por cuánto más pueda mantener abierto!"
"¡YA VOY, ABUELO!" gritó agitada Reina entre la lluvia, corriendo con toda la fuerza que sus pies le permitían a través de la ahora mojada y resbalosa tierra "¡POR FAVOR NO CIERRES! ¡AGUANTA!"
La joven de cabello castaño y ojos azul zafiro, Marowak en brazos, ingresó a la vivienda pegando un gran salto como si no hubiese un mañana, aterrizando violentamente y boca abajo sobre el parqué; afortunadamente, el largo felpudo de la sala de estar amortiguó notablemente el golpe, reduciéndolo a un mero y apenas visible raspón en el codo derecho. Su tío abuelo, viendo aliviado que ya se encontraban dentro, trabó la puerta inmediatamente, oponiéndose ante el bravío e impío viento que amenazaba con hacerla volar por los aires como un intruso entrando en propiedad ajena.
"Limpiaré esto de aquí y luego prepararé un poco de chocolate caliente" anunció Fuji secando el piso mojado con un largo y grueso trapo, al mismo tiempo que veía cómo su nieta secaba y dejaba a Marowak con el resto de los pokémon huérfanos y abandonados para que pudiese comer lo que él ya había puesto en sus bols "Mientras tanto ve y date un baño caliente. Así no te resfriarás."
Reina siguió el consejo de Fuji y tomó rápidamente una ducha cálida. Como aquella temporada debían ahorrar la mayor cantidad de agua y de luz posible, se aseguró de terminar pronto, y cuando quiso enterarse de lo que había hecho ya estaba sentada frente a la mesa cambiada y bebiendo una deliciosa cocoa como sólo su tío abuelo sabía elaborar.
"Gracias abuelo, está tan exquisito como siempre" suspiró estando a gusto, relamiéndose los labios al sentir los restos de chocolate derretido que tenía en ellos. Luego preguntó con genuina curiosidad "¿Cómo es que sabes el punto de hervor exacto, o cuántas cucharadas poner?"
"Tu tío bisabuelo me la preparaba de niño" le contestó él sentándose a su lado con taza en mano y con su rostro formando una sonrisa afable. Después añadió "La clave está en no excederse de los cuatro minutos y aplicar tan sólo tres cucharadas de cacao. De ese modo no estará muy caliente, y el chocolate desparramado no será ni insuficiente ni demasiado espeso. Es un viejo método familiar y muy bueno para la salud."
"Siempre piensas en todo" observó ella devolviéndole con ternura la sonrisa.
"Bueno, ya desde que eras pequeña me aseguré de nunca hacértelo beber con azúcar" aseguró el cansado y frágil anciano halagado, mientras tomaba un sorbo de su chocolate caliente "No quería que terminases desarrollando diabetes como tu padre."
El clima se tornó agridulce mientras el silencio se apoderaba momentáneamente del comedor. El rostro de Reina se ensombreció hacia límites sin sospechados a la par que la lluvia se intensificaba, golpeando la puerta con mayor insistencia.
"Ya empiezo a olvidar cómo eran, abuelo" sollozó por lo bajo, a la vez que el temblor en su pulso se manifestaba en las vibraciones que su mano producía sobre la modesta taza por estar sosteniéndola del mango "Ni siquiera recuerdo sus voces. Incluso ahora cuando veo las fotos familiares me resulta difícil estar segura de que son ellos."
Fuji miró profundamente apenado cómo su nieta cerraba ambos puños en un vano intento por contener el manantial de lágrimas que amenazaba con abandonar sus ojos.
"No debes continuar culpándote por lo que ocurrió, Reina" dijo en un intento por reconfortarla, levantándose de su silla para caminar hasta ella y rodearla con los brazos "Eras una niña, y no podías controlar lo que pasaría."
"¡SÍ QUE PODÍA!" gimió Reina desconsolada, golpeando involuntariamente con ambos puños el torso de su abuelo "Si no me hubiese enfermado no habrían tenido que hacer ese viaje para financiar el tratamiento, ¡y ese pokémon no los habría aplastado! Pagaron con sus vidas por mí, ¡y de no haber sido por ello, podrían haber evitado que estuvieses tan endeudado! "
"Tesoro, nadie elige enfermarse" retrucó su abuelo abrazándola con mayor fuerza que antes, suprimiendo las lágrimas "Si tus padres no hubiesen hecho ese viaje, no hubieses podido tener un corazón nuevo. Dieron su dinero y todo lo que tenían para que tú vivieses. Es el mayor acto de amor que un padre o una madre puede hacer por su hija."
Hizo una pausa para romper el abrazo y secar con su pulgar las lágrimas de su sobrina nieta. Luego, sonriéndole con cariño, le habló.
"Y mírate ahora" añadió apoyando su arrugada mano izquierda sobre su hombro derecho "Gracias a lo que hicieron por ti, te has vuelto una señorita hecha y derecha. Sé que duele, y que nada de lo que hagas servirá. Pero la vida le enseñó a este viejo que uno debe tarde o temprano aprender a dejar ir. Así como yo…"
Fuji se detuvo mientras la sonrisa en su rostro se desvanecía. Aquel amargo recuerdo todavía azotaba implacablemente su corazón como un Arbok utilizando Constricción sobre su presa, algo de lo que Reina se percató inmediatamente.
"Como tú dejaste a ir a mi tía segunda, ¿no?" completó ella la oración por él para luego acariciar su mano con cariño, tratando de levantarle el ánimo "Nunca me has hablado de ella. ¿Cómo era?"
El semblante del anciano se ensombreció. Sus lagrimales estaban a punto de explotar; no obstante, al final pudo controlarlos lo suficiente como para no mostrar debilidad.
"Fue la persona más dulce, amable e inocente que jamás conocí en toda mi vida" dijo por fin con la voz quebrada, reafirmando el agarre de su mano sobre el hombro de la niña. Acto seguido le sonrió débilmente "En muchos sentidos te pareces a ella: el amor hacia tus padres y hacia los pokémon. Los modales. Y sobre todo el deseo de ayudar desesperadamente a otros. Incluso si no se lo merecen."
"No hables así, abuelo" dijo ella abrazándolo. Luego puso sus pies de punta para darle un pequeño beso en la mejilla derecha "Te mereces todo y más por cómo me has cuidado y criado después de lo que nos sucedió a ambos. Este mes entrante conseguiré finalmente un empleo, y con el dinero que reúna nuestra situación finalmente mejorará. Te lo prometo, ¡será como cuando te pagaban por ayudar a las personas y a los pokémon, como siempre me has contado!"
Fuji sonrió conmovido. Ver a Reina con ese envidiable valor era como observar el reflejo de su propia hija si a ésta se le hubiese dado una verdadera oportunidad en aquel mundo tan injusto y cínico. Si tan sólo pudiese contarle a su nieta la verdad con respecto a por qué le pagaban realmente sin que ella terminase viéndole como alguien completamente distinto…
"Bueno, creo que me iré a dormir" afirmó de pronto su nieta bostezando. Luego se retiró a su cuarto, deteniéndose momentáneamente bajo el arco de la puerta para mirarle de nuevo a los ojos "Marowak y los demás ya tienen su cena servida. ¿Quieres que apague las luces?"
"Hazlo tranquila, yo me quedaré aquí un rato" asintió él volviendo a sentarse en su silla. Después agregó con cariño "Que descanses, linda."
La chica le sonrió y cortó la energía apretando un interruptor en la pared, para luego cerrar la puerta del dormitorio detrás de ella. Y Fuji permaneció en silencio un largo rato, reflexionando con su única compañía siendo los gruñidos y ronquidos de los pokémon huérfanos preparándose para dormir, junto con la ahora más tranquila caída de la lluvia.
Lenta y tempranamente, sus cansados párpados eventualmente se cerraron, haciendo que su mente se retirase hacia el siempre bello y eterno mundo onírico. Soñó con Reina y con su hermano, al igual que con su esposa. Con Amber sobreviviendo al choque, creciendo hasta graduarse de la universidad y convertirse en una gran científica e investigadora, del mismo modo que su padre. Con su esposo y sus hijos jugando felices por el más basto y hermoso prado de flores que la mente humana pudiese concebir.
Y entonces esa voz apareció.
"Estaré allí mañana temprano."
"No te atrevas. Déjame a mí y a mi nieta en paz."
"Tu nieta no podría importarme menos. Y no trates de huir, porque nunca serás lo suficientemente rápido. Te doy mi palabra de que no le pondré ni un pelo encima."
"Eres un desgraciado."
"Al menos eso tenemos en común...padre."
"Bienvenido al mundo, hijo. No te asustes por el ruido de afuera. Es sólo la lluvia anunciando tu nacimiento."
"¿Dónde...estoy? ¿cómo es que...te entiendo?"
"Estás en los laboratorios Rocket. Yo te concebí. Por así decirlo."
"¿Concebir? ¿quién...eres? ¿quién...soy...yo?"
"Tu nombre es experimento D317419063104, Delta para abreviar. Y yo soy Giovanni, tu padre."
"¿Mi...padre?"
"Y también tu superior. Has sido creado a partir de mi sangre y de la de un pokémon del espacio."
"¿Pokémon? ¿espacio? ¿qué...son? ¿Tú...eres...un pokémon...también?"
"No, soy un humano. Los humanos somos los amos de los pokémon. Permíteme explicártelo: hace ya un largo tiempo, unos científicos llevaron a cabo un ambicioso proyecto al que llamaron IFVA, o Investigación de Forma de Vida Alienígena. Lo hicieron con la finalidad de estudiar el poder y la biología de un ser de otro mundo llamado Deoxys. De su ADN y del de su primogénito, junto con mis células y la energía de esta esmeralda, te hemos creado a ti."
"¿Por...qué?"
"Has sido creado con el más noble de los propósitos. El de hacer de este planeta un mejor lugar."
"¿Un mejor...lugar? ¿Cómo...lo haré?"
"Paciencia, hijo mío. Tan sólo obedéceme y pronto todas tus preguntas serán respondidas. Y no lo olvides: un hijo siempre debe de hacer lo que su padre le diga."
La luna. Desde antes de la llegada del hombre, antes de que siquiera existiese la noción del pensamiento humano, ya existía. Hasta en las noches más frías y tormentosas como aquella, cuando las nubes se despejaban aunque fuese por unos segundos, su luz llegaba a alumbrar la silenciosa y lúgubre entrada de la Cueva Celeste.
Mewtwo se había dado cuenta de aquel fenómeno la primera noche que pasó dentro de aquella caverna. Por alguna razón que escapaba a su entendimiento, siempre se sentía más cerca de la luna y de las estrellas estando en Kanto que en cualquier otro sitio. Le hacía preguntarse cómo sería la vida más allá de estos, en otros planetas que sabía que jamás visitaría, y si hubiese podido hallar la paz en ellos. Al menos ésa era la pregunta que se hacía desde que había conocido a…
Una repentina y fuerte punzada azotó sin previo aviso su mente, como si de un infarto cerebral se tratase. Estaba sintiendo la reaparición de una presencia. Una presencia inconfundible, pero que no podía ser real.
"Junior...¿estás vivo?"
No, no había ningún tipo de lógica en ello. Había sentido la muerte de Junior cuando su núcleo fue reducido a menos que átomos. Su telepatía debía de estar engañándole, atormentándole mediante la irracional culpa que todavía le carcomía el alma por no haber podido estar allí para salvar al pequeño Deoxys.
"¿Ya terminaste de aterrorizar a ese pobre viejo?" le preguntó la inconfundible voz de Kuro desde la oscuridad, espabilándolo y trayéndole de vuelta a la realidad.
El pokémon artificial cerró los ojos con gran pesar, intentando aplacar su enfado. Luego le respondió.
"Lo único que tiene de pobre es su vejez. Fue quien me creó y me convirtió en esto. Y sabe algo más."
"Si tanto le odias ve de una vez allí y confróntalo" rezongó el Crobat sin abandonar la estalactita a la que se había aferrado para dormir "¿Por qué viniste aquí después de darle una visita a Blaine si no?"
Mewtwo permaneció en silencio unos cuantos segundos, sin contestarle. Tras suspirar, finalmente le habló.
"Porque vine a decir adiós, Kuro. A ti y a esta cueva. Ya nunca más volveré aquí. Ya he podido comprobar que tú y todos en este lugar se han fortalecido lo suficiente para repeler a los humanos sin mí."
"No seas idiota" retrucó el murciélago irritado "No te aceptamos aquí porque no pudiésemos defendernos solos, ni porque no tuviésemos elección. Lo hicimos porque entendíamos tu dolor cuando nadie más quiso hacerlo. No vuelvas a dejarnos."
"No tengo opción. Una vez haya logrado lo que quiero, empezaré una nueva vida. Lejos de los humanos, de los pokémon. De absolutamente todo lo que me ha hecho daño."
"Eso es ridículo" objetó Kuro "No puedes huir del daño, ni del dolor. Lo que debes hacer es afrontarlos y aprender de ellos. ¿No fue eso lo que me dijiste que le enseñaste a Serena y a Junior?"
"Eso fue antes de que Junior muriera. Murió porque creyó lo que le dije sobre ser un héroe. A partir de ahora nadie más sufrirá por relacionarse conmigo, ni por escucharme."
Kuro soltó un suspiro. Decidió no seguir discutiendo con él, e intentó relajarse para ver si la caída de la lluvia podía ayudarle a dormir. Al ver que eso no funcionaba, se atrevió a hacerle a su viejo amigo una última pregunta.
"¿Entonces eso es todo?" inquirió perplejo. Después indagó "¿Y qué hay de tus amigos de la villa en Kalos? ¿También los abandonarás?"
"Es por su propio bien. De todos modos ya les he enseñado a combatir. No necesitan aprender nada más de mí."
Mewtwo guardó silencio y reanudó su meditación. Minutos más tarde volvió a alzar los párpados y a ver con sus ojos y su mente más allá del lago que separaba la cueva de Ciudad Celeste, en dirección hacia el sureste. Hasta llegar al más lóbrego, deprimente y descolorido pueblo de Kanto, donde las almas de humanos y de pokémon parecían nunca hallar sosiego. Al igual que su padre.
"Pronto volverás, Amber. Muy pronto."
"¡OH, MIREN SI NO ES BELLÍSIMA!" exclamó Shauna con sus ojos iluminados. La morena de Kalos tuvo que apartar la vista y taparle los ojos a Delki un instante para que ninguna de las dos terminase ciega "¡AAAWW SERENA, ES TAN BONITA!"
Serena y Blue perdieron el aliento quedando estupefactos: frente a ellos, sentado sobre una gran roca y rodeada de un círculo formado por Carbink, se hallaba un pequeño y peculiar pokémon de roca con ojos rojos, pupilas color púrpura, un anillo dorado en el cuello y un corto vestido blanco, cuyo cuerpo terminaba en una piedra semi-cónica y puntiaguda, careciendo de piernas. Portaba en la cabeza una gran colección de diamantes que juntos formaban una suerte de cruza entre una tiara y un tocado, mucho más grandes que el que portaba en el centro de su pecho.
"Oh hola, bienvenidos forasteros" dijo la singular criatura en una voz femenina y con timidez. Luego soltó una risita con cierto dejo de nerviosismo "Espero que mis súbditos no los hayan incomodado. Mi nombre es Diancie, y es un placer conocerlos. No solemos tener muchas visitas aquí, aunque imagino que ya sabrán por qué."
"¡¿Diancie?!" repitió Serena asombrada, sin poder creer lo que había escuchado "¡¿La pokémon legendaria que cuentan los mitos fue alguna vez la reina de Kalos?!"
"¡Y puede hablar!" observó Blue azorado tanto por la habilidad de Diancie de dialogar en su idioma como por la fluidez con la que lo había hecho.
"Bueno, a decir verdad yo no usaría la palabra reina" reconoció Diancie levemente sonrojada. Después añadió "En realidad sólo soy princesa, aunque mis súbditos Carbink me vean como una reina. Pero sí, aprendí el lenguaje humano hace muchos siglos atrás, gracias a un rey muy amable y algo, ¿cuál es la palabra? Ah sí, solitario."
"¡¿QUÉ, MUCHOS SIGLOS ATRÁS?!" gritó Shauna muy confundida, retrocediendo impactada ante aquellas palabras. Delki tuvo la misma reacción que ella "¡P-pero entonces eso quiere decir que eres muy vieja! ¿Eso no te haría en teoría una reina en lugar de una princesa? ¡ERES UNA SÚPER ANCIANITA!"
"No exactamente" señaló la princesa ruborizada y soltando una risita que la morena encontró adorable "Verán, tengo más de tres mil años, y eso me hace apenas una adolescente en años Carbink. Por eso mis súbditos son tan sobre-protectores conmigo."
"Irreal" musitó Blue completamente anonadado ante la supuesta edad del hada. Luego añadió con una sonrisa "Mi abuelo se volvería loco si pudiera ver esto ahora mismo. ¡No sólo hemos dado con una civilización pokémon bajo tierra, sino también con un pokémon extremadamente raro y longevo del que no se sabe absolutamente nada!"
"Somos Serena y Blue" explicó la rubia con una sonrisa, tratando de mantener los modales. Luego miró a su vieja amiga un poco avergonzada "Y la gritona que ven ahí se llama Shauna."
"¡OYE, NO SOY TAN GRITONA!" vociferó la morena ofuscada y de brazos cruzados, con Delki maullando indignada. Al percatarse del eco que había producido su tono de voz, se ruborizó y rio avergonzada llevándose la mano izquierda a la nuca "Bueno tal vez un poco, ji, ji, ji."
"Encantada, Serena" afirmó Diancie con una sonrisa y haciendo una muy elegante reverencia "Y muy encantada de conocerlos también a ustedes, Shauna y Blue. A juzgar por la Delcatty y la Meowstic que los acompañan, imagino que deben de ser guerreros y curanderos pokémon, ¿no es cierto?"
"Bueno, en realidad no existen guerreros y curanderos desde hace siglos" retrucó Blue "Somos lo que hoy en día se conoce como entrenadores pokémon."
"¿Entrenadores pokémon?" repitió curiosa e involuntariamente Diancie, desconcertada "Qué raro, pensé que los guerreros y curanderos ya entrenaban a sus pokémon."
"Sí, pero nosotros entrenamos a nuestros pokémon sólo para participar en combates amistosos y competencias serias en vez de para la guerra" aclaró Serena añadiendo a lo que decía su novio "Y en el proceso también vemos de afianzar los lazos que tenemos con ellos."
La conversación se vio interrumpida por el sonido de una cápsula contenedora abriéndose sin permiso previo: habiendo emergido de su receptáculo, Greninja corrió hasta Diancie, e ignorando las miradas serias que le dieron los Carbink, se postró a sus pies en señal de respeto.
"Eh, Greninja, ¿qué estás haciendo?" preguntó su entrenadora estupefacta ante la repentina e inesperada acción de su inicial.
"¡Oh, posees un Greninja!" exclamó Diancie muy contenta mientras bajaba de la roca y, tras una segunda reverencia, le indicó con un simple ademán a la rana que podía ponerse de pie "¡Uno de los antiguos protectores de la región de Kalos!"
"¿Antiguos protectores?" inquirió Shauna desconcertada. Delki maulló arqueando una ceja e inclinando la cabeza hacia un costado, denotando que estaba igual de perdida que su entrenadora.
"Es cierto, no se los he dicho" recordó ella soltando una risita. Después elaboró "Cuando yo era muy pequeña los Chesnaught, los Delphox y los Greninja eran aliados cercanos de los Carbink y guardianes de Kalos, siendo la primer línea de defensa entre los ejércitos de los hombres. Luchaban hasta su último aliento, cuidaban de los enfermos y espiaban al enemigo ocultándose en las sombras."
"Increíble" musitó la morena impresionada. Luego tomó una poké ball de su bolso y la lanzó al aire "Bueno, yo no tengo un Greninja como Serena, pero sí una Delphox. ¡Saluda, Kinniekins!
Kinniekins salió de su ball en el acto, sujetando su rama con la mano derecha y arrodillándose ante Diancie con parsimoniosa gracia. La Delphox se sentía honrada de estar ante la presencia de la princesa que alguna vez fue amiga de sus antepasados.
Serena esbozó inconscientemente una mueca similar a una sonrisa melancólica mientras una fuerte tormenta de recuerdos sacudía su mente con violencia. No veía a Shauna usar a Kinniekins desde los días de sus aventuras juntas en Kalos, acompañadas de Trevor, Tieruno y Calem. Si el último hubiese vivido lo suficiente como para estar allí con ellos, también hubiese podido enseñar a su Chesnaught.
"No, Serena. No vayas allí. Recuerda lo que te prometiste."
"¿Te sientes bien?" le preguntó Blue extrañado, trayéndola de nuevo a la realidad. El líder de gimnasio se había percatado en el repentino cambio en el semblante de su chica "Te noto algo apagada."
"¡Oh, eh, no te preocupes Blue, estoy bien!" aseguró la rubia riendo leve pero notablemente intranquila, agitando ambas manos de un lado al otro "Sólo estaba...pensando un poco."
"Ya veo" elucubró el muchacho mirándola pensativo, sospechando algo. Después se giró nuevamente hacia Diancie y relajó su fruncido ceño "Sabes Diancie, Serena conoció no hace mucho a tu amigo Hoopa, el pokémon genio. Él decía conocerte, pero con lo bromista que suele ser a veces nos es difícil creerle."
"¿Hoopa?" preguntó la princesa azorada. Sus ojos se iluminaron "¡Oh, hace años que no le veo! ¿Qué ha sido de él?"
"Bueno, está aquí con nosotros" reconoció Serena un poco sonrojada, sacando de su bolso una pequeña y antigua vasija rosada y gris que antaño había sido sellada con varios aros dorados "De cierta manera, claro."
Como si hubiese sido invocada por la mera mención de su nombre, una voz chillona e infantil comenzó a escucharse dentro de la vasija, espantando y haciendo estremecer a los Carbink.
"¡Princesa Diancie! ¡Hoopa no verla en dieciséis estaciones! ¡Lamentar haber hablado, Hoopa ser muy lenguaraz en ocasiones!"
"No tienes por qué disculparte, Hoopa" rio Diancie aproximándose a la vasija que Serena sostenía en ambas manos, muy feliz de volver a contar con la presencia del travieso genio "Imagino que te has metido de nuevo en tu vasija por estar muy agotado. ¿Has tenido muchas aventuras últimamente?"
"Hoopa ayudar a señorita Serena a evitar apocalipsis" afirmó el pokémon psíquico de habilidades fantasmales con cierto orgullo "Y haber estado un tiempo tratando de hallar todos sus anillos perdidos. Tanto trabajo haber dejado exhausto a Hoopa. ¡Hoopa no esperar el momento para estar pletórico de energía otra vez!"
"Espero que eso se dé pronto" admitió la princesa hada de piedra soltando una risita, recordando con alegría la última vez que el genio se había teletrasportado con uno de sus anillos para pasar a saludarla "¡La fiesta que montaste aquí la vez pasada fue la mejor que he tenido en un milenio!"
"¡Oh qué bien, habrá fiesta!" chilló Shauna con júbilo y muy animada, con Delki haciendo lo mismo. La morena y la gata nunca le decían que no a una celebración, sin importar lo que se estuviese festejando.
Los Carbink empezaron a agitarse descontroladamente, saltando y gruñendo muy enfadados.
"¿Y ahora qué les sucede a estos?" preguntó Blue viendo cómo los pokémon carbúnculos brincaban airados, tomando disimuladamente la poké ball de Blastoise y preparándose para cualquier cosa.
"Los Carbink no comparten el entusiasmo de la princesa Diancie" explicó Meowstic mentalmente tanto al muchacho como a los demás. La gata de Serena había permanecido callada hasta aquel momento, limitándose a analizar la situación y el entorno con interés "Parece que Hoopa casi derrumbó la cueva la última vez que estuvo por aquí, poniéndolos a todos en peligro."
"¿Derrumbó?" repitieron Shauna y Blue empalideciendo y mirándose el uno al otro, repentinamente temiendo por sus vidas y por las de sus pokémon. Segundos después se giraron a ver inquisitivamente a Serena, en busca de una explicación y de algún otro antecedente que la campeona de Kalos pudiese brindarles.
"¡B-bueno, hubo una vez en la que nos encontrábamos viajando por …!" comenzó a decir la rubia exaltada y titubeando, hallándose incapaz de controlar sus nervios.
Pero su elaboración fue frenada con el eco provocado por una serie de golpes y gruñidos que comenzaron a escucharse detrás de ellos. El trío se sobresaltó al escuchar gritos humanos en medio de aquel creciente y ensordecedor ruido.
"¡AY, AY, SUÉLTENME PEQUEÑOS GRÉMLINS FASTIDIOSOS! ¡DEJEN EN PAZ A MIS POKÉMON!"
Los ruidos cesaron al cabo de unos segundos, y tras un silencio sepulcral que duró un instante el cual se sintió eterno, los Carbink que habían guiado a Serena, Blue y Shauna hasta Diancie dieron acto de aparición cargando con sus esfuerzos combinados, y para sorpresa de todos, un Bastiodon, un Piplup y una mujer de cabello y ojos azules que, a juzgar por su físico, debía rondar los dieciocho o diecinueve años de edad.
"¡Ese Bastiodon variocolor es el mismo que vimos hace un rato!" afirmó Shauna señalando al pokémon prehistórico inconsciente. Pese a su clara ventaja de tipo, éste había sido superado y sometido numéricamente "¿Qué está haciendo aquí?"
"¿O este Piplup?" añadió Serena percatándose del pequeño pokémon pingüino azul que yacía desmayado junto al Bastiodon.
"Que ella nos lo responda" retrucó Blue dirigiéndose determinado a la desconocida al ver que estaba volviendo en sí. Luego agregó sorprendido al verla detenidamente "¡Espera un segundo, yo te conozco! ¡Eres la tarada esa de la Galar Broadcasting Corporation llamada Rebecca no-sé-cuánto!
"Qué simpático, de seguro conquistas con esa boca a todas las chicas" replicó Rebecca llevándose la mano a la cabeza mientras el joven la ayudaba a regañadientes a levantarse. Luego limpió su traje lo mejor que pudo y prosiguió "Bueno, ahí se fue mi oportunidad de grabar a Diancie tranquila y en silencio."
"Espera, ¿quién es esta Rebecca no-sé-cuánto?" preguntó Shauna mientras veía cómo Greninja, Kinniekins y Meowstic rodeaban desconfiados junto con los Carbink a los intrusos. Delki bufó enseñando los dientes y con el pelaje erizado.
"¡Soy Rebecca Routledge, y más les vale que respeten mi apellido!" protestó la mujer indignada y adoptando posición de jarra. Acto seguido alardeó con soberbia "¡Graduada en dos carreras, asistente consentida del profesor Rowan y la más amada reportera de la GBC!"
"¡Reportera! ¡Hoopa deber prepararse para lucir bien frente a las cámaras, asegurarse de sacar su mejor lado!"
"Ajá" consiguió decir Serena desconcertada mientras intercambiaba una mirada con Shauna. La rubia se hallaba igual o más confundida que su amiga morena "Y...¿a qué viniste aquí?"
"Bueno no tiene sentido ocultarlo considerando que me agarraron con la manos en la masa, así que seré honesta" suspiró Rebecca frustrada por que los Carbink le hubiesen estropeado la investigación. Después miró a la muchacha y explicó "Estaba espiándolos, más concretamente a ti."
"¡¿A mí?!" repitió la campeona de Kalos sonrojándose involuntariamente. Acto seguido inquirió tanto asustada como picada "¡¿Pero por qué?!"
"¡Eres Serena, la chica de Pueblo Boceto que salvó Kalos y que conoció a Mewtwo!" retrucó la reportera señalándola acusatoriamente con el dedo índice "Y no me iré hasta que me hayas respondido unas cuantas preguntas sobre tu conexión con él."
"Primero que nada soy de Pueblo Aromaflor" la corrigió ella repentinamente irritada por la ignorancia de su acosadora "Y en segundo lugar, ¡¿qué rayos te importa mi relación con Mewtwo?!"
"¡Eso no te incumbe!" vociferó ella cruzándose de brazos; su Piplup, ya habiéndose espabilado, se subió a su hombro preparado para defenderla "¡Lo único que sé es que lo conoces y que por ende debes saber dónde está! ¿Acaso lo tienes entre tus pokémon?"
"¡No sé dónde está y si lo supiese jamás te lo diría!" mintió la rubia adoptando con sus brazos el mismo lenguaje corporal que Rebecca "¡Y sí me incumbe porque es mi amigo!"
"¡Sé que no estás diciendo la verdad!" insistió Rebecca cerrando sus puños y elevando su tono de voz "¡Dime dónde se encuentra o te reto a una batalla pokémon!"
"¡JA, JA, JA! ¿TÚ ME RETAS A MÍ?" gritó la campeona de Kalos desternillándose de la risa, al mismo tiempo que Greninja se interponía entre Rebecca y ella dispuesto a pelear. Luego prosiguió mientras se secaba las lágrimas "¡Uno solo de mis pokémon es más fuerte que todos los tuyos juntos! ¡Apuesto a que ni han hecho el Súper Entrenamiento como los míos!
"¿Qué es eso del Súper Entrenamiento, Shauna?" preguntó Blue perplejo, susurrándole a la morena al oído "Lo oí nombrar una vez cuando hice la pasantía en Kalos."
"Oh, es un programa especial de entrenamiento que tenemos en Kalos" le contestó Shauna sonriéndole muy contenta. Después hizo su respuesta más completa "¡Son un conjunto de actividades y ejercicios en los que un pokémon puede incrementar sus puntos de esfuerzo si los realiza bien!"
"¿Puntos de esfuerzo?" inquirió el joven líder de gimnasio genuinamente interesado "¿Te refieres a la potencia de las capacidades ofensivas y defensivas de un pokémon mientras crece?"
"¡Sí, y también sus reflejos!" aseguró ella asintiendo con la cabeza. Luego dijo "Suele ser muy costoso y no todo el mundo puede pagarlo, pero un día lo intenté con Kinniekins y valió la pena el precio. ¡Serena y Calem solían hacerlo seguido para fortalecer a Greninja y a Chesnaught!"
"¿Quién es Calem?" preguntó él extrañado ante la mención de aquel nombre.
"Un viejo y muy querido amigo nuestro que falleció" suspiró la morena súbitamente entristecida, con su rostro ensombreciéndose "Serena estaba profundamente enamorada de él. ¿No te lo dijo?"
"...No" reconoció Blue perplejo, volteándose a ver cómo la acalorada discusión entre Serena y Rebecca iba empeorando progresivamente.
"¡NO ME HAGAS PERDER MÁS TIEMPO, MOCOSITA ADINERADA!" se desgañitaba Rebecca con la cara roja como la luz de un semáforo. El ya recuperado Bastiodon rugió detrás suyo "¡CONTESTA DÓNDE ESTÁ MEWTWO! ¡MEWTWO ES MI RAZÓN DE SER!"
"Entonces búscalo por tu cuenta y cásate con él" le respondió Serena todavía cruzada de brazos y con una sonrisa burlona. La rubia ya tenía las cuerdas vocales demasiado cansadas como para seguir gritando "¿Quieres que me encargue de las invitaciones y de la comida? Conozco a una chica en Galar experta en repostería."
"¡AY, TE VOY A…!" gruñó la reportera enfurecida alzando su mano izquierda para abofetearla.
Pero no pudo llegar a hacerlo. Blue corrió hasta ella y le agarró de la muñeca con su mano derecha, cancelando su asalto. Su novia no pudo evitar sonrojarse ante su acción.
"Ni. Se. Te. Ocurra." le respondió de forma cortante, asesinándola con la mirada "Ella ya te dijo lo que querías saber. No sabemos dónde se localiza Mewtwo, ni a dónde irá. Y si te atreves a ponerle una mano encima, te meteré a tu Piplup donde no brilla el sol."
"No te atreverías, guapo" retrucó Rebecca con un leve dejo de temor en el tono de su voz. Piplup empalideció y tragó saliva "Soy una chica."
"Y yo un defensor de la igualdad unisex, así que ponme a prueba" afirmó él manteniéndole la mirada. Luego miró de reojo el cuello de Bastiodon a causa de un pequeño reflejo que captó su atención "Verás cómo te haré entrar hasta la cámara."
"¿Creen que debamos intervenir, chicas?" preguntó Shauna riendo nerviosa. Delki le contestó meneando la cabeza, mientras que Kinniekins se limitó a encogerse de hombros.
"Ah, disculpen mi intromisión" pidió amablemente Diancie separando a los tres, con sus guardias Carbink poniéndose a sus costados. La pokémon hada se dirigió a Rebecca con respeto y con gracia "No conozco a ningún Mewtwo, señorita. Pero sí al señor Mew."
"¿Mew?" repitió la peliazul intrigada. Sus ojos se iluminaron al mismo tiempo que perdía el aliento "¿Quieres decir que conoces al pokémon singular? ¡Ha sido el objeto de estudio de mi carrera por años!"
"Conocí" enfatizó Diancie con timidez, sintiéndose algo abrumada ante el súbito entusiasmo de Rebecca "Cuando evolucioné de una pequeña Carbink me dio su bendición para ser la princesa de mis súbditos."
"Red le conoció también una vez" reflexionó Blue en voz alta y para la impresión de todos "O eso me dijo hace años cuando volvió de una isla lejana."
"La Isla del Sur" dijo la princesa de roca, aclarándole al muchacho "El señor Mew vive allá exiliado desde hace mucho tiempo, desde el fin de la Gran Guerra de Kalos. Ningún humano ha puesto pie allí. Al menos que yo sepa."
"¿Isla del Sur?" preguntó Serena desconcertada. Acto seguido sacó su viejo libro de su bolso y revisó sus páginas en busca de alguna entrada que tuviese un nombre semejante "Sé todo sobre las islas deshabitadas de este mundo, pero nunca oí hablar de ella."
"¡Ni yo!" añadió Shauna intrigada.
"Es porque no está registrada en ningún mapa o diario" explicó Blue llevándose pensativo la mano a la barbilla "Muchos se han perdido buscándola, y según mi abuelo pasó a ser considerada ficticia durante la reforma cartográfica de los años cuarenta. Red debió haber tenido suerte encontrándola. Demasiada, diría yo."
"Blue, ¿te das cuenta de lo que esto significa?" preguntó Serena volteándose a ver al chico maravillada.
"Tal vez, aunque dejaré que tú lo digas" admitió el muchacho dubitativo, sin estar del todo seguro de si le había leído la mente a su novia.
"¡Significa que tenemos la chance de conocer a Mew!" retrucó ella muy entusiasmada mientras guardaba el libro "Mi recolección de las medallas de Sinnoh y la exploración del Subsuelo tendrán que esperar. ¡Debemos volver a Kanto y preguntarle a Red cómo fue que halló la Isla del Sur! Si viajamos hasta allí podremos aprender sobre Mew y el origen de los pokémon, ¡y estaré a menos de un paso de volverme una verdadera maestra pokémon!"
"No creo que vaya a ser fácil considerando lo reservado y callado que es Red" elucubró su novio un poco fastidiado. El joven de cabello y ojos marrón café pensó por un segundo y después le sonrió "Pero no perdemos nada con intentarlo. El abuelo siempre quiso estudiar a Mew, y quizás así pueda cumplir uno de sus sueños."
"¡Yay!" chilló eufórica Shauna, contagiándole su entusiasmo a sus pokémon "¡Conoceré al amigo de Serena, Red! ¡El más fuerte entrenador pokémon!"
"¡NO TAN RÁPIDO!" exigió Rebecca furiosa y volviendo a apoyar sus manos sobre sus caderas "¡Exijo ser parte de esto! Si no puedo hallar a Mewtwo, me conformaré con conocer a Mew. ¡Merezco como mínimo ese privilegio!"
Los tres jóvenes se miraron entre sí por unos instantes; pasados unos segundos, la miraron de nuevo con desconfianza.
"¿Y qué te hace pensar que te dejaremos acompañarnos?" indagó Serena rompiendo el silencio y arqueando una ceja, viéndola con incredulidad.
"No pueden dejarme afuera" objetó la peliazul acariciando la cabeza de Bastiodon mientras Piplup graznaba desafiante, todavía aferrado al hombro de su dueña "Y si lo hacen me las apañaré para seguirlos. No podrán deshacerse de mí tan fácilmente, ¡y menos tú, querida!"
"¿Ah, sí?" preguntó la rubia con sarcasmo. Greninja preparó dos shuriken de agua con la saliva de su lengua y la humedad en sus patas, dispuesto a lanzarle uno a Rebecca y el otro a Bastiodon "¿Quieres ver cómo lo hago?"
"Ya basta, Serena" terció Blue, previniendo una pelea que sabía terminaría con todos ellos sepultados bajo tierra. Luego se giró hacia la peliazul y señaló a Bastiodon "Puedes venir con nosotros, pero con la condición de que borres todo lo que has visto aquí de esa cámara. No quiero que la cara de ella o la mía aparezcan luego en televisión."
"Iba a quitarlos digitalmente a los tres de todos modos, pero acepto" afirmó Rebecca encogiéndose de hombros. Luego se acercó hasta el muchacho y estrechó manos con él "Mientras no interfieran con mi propia investigación, todo estará bien para mí."
"Yo también los acompañaré" anunció Diancie muy contenta, para asombro de sus súbditos Carbink "Llevo tantos siglos aquí metida que después de todo lo que me han contado tengo mucho interés en ver cómo es el mundo moderno de los humanos, y cómo trata a los pokémon. Además será un placer reunirme con el señor Mew."
"¿Estás segura de que quieres venir, Diancie?" preguntó Shauna levemente preocupada y viendo los rostros entristecidos de los Carbink "Tal vez tu reino necesite que te quedes aquí. Aquí eres feliz. Y nuestro mundo...bueno, es un poco complicado."
"El mundo siempre ha sido complicado, Shauna" respondió la pokémon hada soltando una risita. Después agregó "Y mis súbditos pueden encargarse de cuidar este santuario sin mi ayuda. Aparte que tú y tus amigos me caen muy simpáticos, ji, ji, ji."
La morena se sonrojó y le sonrió haciendo una reverencia. Delki y Kinniekins la imitaron gustosas.
"Será un verdadero honor tenerla con nosotros, princesa" dijo Serena muy halagada. Después reflexionó "Aunque entonces deberemos viajar con usted a Kanto de manera más discreta. Podríamos llamar la atención de ladrones o de cazadores, ¡y ni hablar de los mineros del Subsuelo!"
"¡Yo me ofrezco a cargarla y a esconderla!" aseguró Shauna poniéndose unas gafas de sol y adoptando un tono de voz serio y ronco, casi masculino "En esta misión secreta nos moveremos con sigilo y con maniobras evasivas, colándonos como polizones en el ferry de Ciudad Puntaneva y cenando las sobras que los cocineros tiren a la basura. Si nos descubren pondremos a dormir al capitán y a los tripulantes y tomaremos completo control del barco. Y llegaremos al día siguiente a Pueblo Paleta con una elegante puntualidad. Drama, acción, peligro, misterio. Así es la vida de un espía, oh sí."
"O podemos abordar el ferry como personas normales" dijo Blue remirando su mapa, sintiéndose algo incómodo ante el espectáculo que la morena acababa de dar "Pidgeot y Noivern podrían dejarnos allí en menos de una hora si nos damos prisa."
"Una hora secreta" dijo Shauna adoptando una pose dramática y sin salirse de personaje. Delki y Kinniekins siguieron su ejemplo y la ayudaron con posturas similares.
"Tienes que dejar de ver esas películas, Shauna" masculló Serena avergonzada. Luego acarició con afecto a Greninja y sonrió "¡Bueno, si todo está dicho y hecho vámonos de aquí!"
"El momento ha llegado" pensó Diancie mientras procedía a despedirse emocionada y conmovida de los Carbink. Los pokémon carbúnculos, al igual que ella, sabían que lo que habían esperado por tanto tiempo estaba a la vuelta de la esquina.
