Disclaimer: Todos los personajes y el universo de Naruto, le pertenecen a Masashi Kishimoto.
"Algo se rompió en mí,
y no he podido
recomponerlo, no he
podido soldar esos
pedazos"
Benedetti.
2. Heridas
-¿Me puede repetir la pregunta?- digo masajeándome las sienes con los ojos cerrados.
La voz de la especialista siempre me adormece, el sillón es demasiado mullido, me pongo de pie y me dirijo hacia la silla de madera del rincón. Es dura y firme, me acomodo como puedo y miro a la mujer.
-¿Cómo has llevado las pesadillas esta semana?- repite, creo que por tercera vez.
Me aclaro la garganta ¿las pesadillas? Horrible, hacia la mitad de la semana son mucho peores, he empezado a ver con horrorosa claridad el cuerpo de mis padres sin vida en la aldea, he encontrado a Naruto destrozado junto al cuerpo de Sasuke, pero sobre todo he comenzado a verme a mi corriendo con Sarada en brazos, escapando de una nueva guerra, lejos de todos.
-No me preguntaste si las he tenido…- digo.
La doctora suspira, sé que debería intentar abrirme de inmediato, pero no puedo. Mis defensas hablan por mí, se me adelantan, digo cosas para protegerme, durante la guerra no sabía en quien podía confiar, aprendí a ser evasiva, punzante. Aunque aquí se siente completamente fuera de lugar. Aiko es una buena mujer, una excelente profesional y aquí estoy yo, tratando de hacerle las cosas más difíciles de lo que ya son.
-Claro- dice, en vez de mandarme a la mierda como me merezco- Tienes razón ¿has tenido pesadillas esta semana?
-Si- respondo de inmediato. Ella asiente tranquila.
-¿Cuántas?
-Todas las noches- digo- No importa lo que haga Aiko, no se van, no se van, y son cada vez peores.
La silla es incomoda, demasiado, se me enfría la parte posterior de los muslos y las esquinas anguladas me hacen daño tras las rodillas. Alcanzo el piso solo con la punta de los pies ¿Por qué tengo que ser tan condenadamente enana?
-Cuéntame- dice. No es una orden, es una invitación.
No la tomo, no quiero hablar sobre eso, lo que es contra producente porque precisamente por eso vengo aquí. Es estúpido, soy estúpida, pero estoy tan cansada y el cansancio le abre la puerta al enojo, estoy furiosa, solo quiero poder cerrar los putos ojos y dormir en paz una maldita noche.
-¿Por qué no se van?- digo de pronto- Por qué me pasa esto ¿por qué no puedo ser igual de fuerte que los demás? Ellos pasaron por las mismas cosas que yo, por la misma guerra ¡incluso tu estuviste ahí! Y no los veo llorando por los rincones.
Aiko se levanta y camina hacia mí, me toma la mano y me conduce hacia el sillón. Se sienta a mi lado y me invita a respirar con calma.
-Yo no fui a la guerra Sakura- dice- Me quedé aquí, en la aldea.
-Aquí tampoco estuvieron a salvo- digo- Mis padres murieron aquí, tú también perdiste personas.
Aiko me pone una mano en el hombro para hacerme callar con amabilidad. Respiramos juntas un par de veces en silencio. Sigo furiosa, me retuerzo las manos con fuerza mientras respiramos al unísono.
-Si- dice después de un rato- Tienes razón, todos pasamos por cosas terribles durante la guerra ¿pero sabes algo? Todos lo llevamos de diferente forma, tu tienes pesadillas, otros tienen ataques de pánico, otros reprimen todo lo sucedido, a otros les aterra recordar.
Levanto la vista de mis manos y la observo en silencio, entiendo lo que quiere decirme, no soy la única que esta sufriendo, solo que no puedo ver la forma en que sufren los demás. Entonces entiendo que tiene razón, tiene razón, pero eso no me hace sentir mejor, mi furia incrementa y odio, odio la guerra con todo mi corazón y a todos lo que tuvieron que ver con ella. No me consuela que los demás estén sufriendo también, eso lo vuelve mucho peor.
Aiko parece notarlo porque su mano en mi hombro da un apretón suave que me reconforta.
-Lo que quiero decir- añade- Es que es completamente normal, tu misma has investigado al respecto, las huellas de la guerra no son solo físicas y algunas duran para siempre.
-No quiero tener pesadillas para siempre- digo cortante.
Aiko me suelta despacio y camina hacia su escritorio, se apoya en él y me clava los ojos encima. Es una mujer preciosa, tiene un cabello largo y lacio de color negro brillante que me recuerda al de Sarada, es más alta que yo por unos cuantos centímetros y, sin embargo, quizás por sus curvas voluptuosas o por su actitud serena siempre me parece una mujer imponente.
-Para eso estamos aquí, vamos a trabajar para ello.
Asiento despacio. Conversamos media hora más, al final si que le cuento algunas cosas. Sobre mis padres, sobre Naruto, sobre Sasuke hablo a medias y no termino de decir realmente nada. Aiko suele preguntarme por él, pero siempre la evito, sé que va a seguir insistiendo, su experiencia huele la sangre de mis heridas y sabe que ese es el camino, pero me tiene paciencia, no me presiona, nunca lo hace.
El resto del día me lo paso sumida en mis pensamientos, no puedo dejar de dar vueltas a lo que dijo Aiko. Una vez consigo aplacar mi furia sus palabras cobran más y más sentido y comienzo a atar cabos como puedo. Me dedico a observar a los demás y noto muchas cosas que hasta ahora había pasado por alto.
Por la tarde noto de pronto la forma en que Ino se limpia compulsivamente las manos en la ropa cada vez que puede, cuando le pregunto que le ocurre me dice que no soporta sentir las manos sucias ni sudadas. Sé que no es algo momentáneo, lo sé porque desde la guerra no soporto meter las manos en sustancia viscosas, no puedo, porque de inmediato me transporto al momento en que tuve que traspasar el pecho de Naruto para bombear su corazón directamente con mis manos, esa sensación viscosa y tibia no puedo soportarla.
Al terminar la jornada, durante la reunión que llevamos a cabo en mi oficina, reparo en la forma en que Shizune se sobresalta con los sonidos fuertes. Una enfermera deja caer sin querer las cajas que llevaba en los brazos y Shizune salta en su asiento y cierra los ojos con fuerza, veo que intenta llevarse las manos a los oídos pero que en ultimo momento se obliga a mantener las manos sobre su regazo. Siento ganas de abrazarla, quiero parame de mi silla y correr hacia ella con los brazos abiertos. Pero me mantengo en mi lugar y concluyo que lo mejor que puedo hacer por ella es fingir que no me he percatado de nada, reanudo nuestra conversación, le pido a la enfermera que se retire y cierro la puerta para mantener los ruidos fuera. Veo como sus hombros se relajan y podemos terminar la reunión sin problemas.
Cuando salgo del hospital me encamino a mi casa de inmediato. No paso por Sarada por que sé que Kakashi se encargará. He intentado persuadirlo durante la mañana, pero se ha puesto muy pesado y en algún momento a conseguido aliarse con Naruto en mi contra. Nos encontraremos luego de mi entrenamiento en la entrada de la aldea para despedir a Naruto y Sai que salen de misión durante algunos días. Finalmente se han unido a los escuadrones que viajaran más lejos y pasaran una larga jornada fuera de la aldea. Entiendo que se vienen tiempos difíciles para todas, Ino, Hinata e incluso para mí, pero ya hemos pasado por esto antes, podemos con todo.
Me sienta increíblemente bien calzarme mi ropa y zapatos de entrenamiento, es como si de golpe se me restasen dos o tres años y un montón de preocupaciones, me siento liviana y llena de energía. Sin pensarlo mis piernas me llevan al prado donde solíamos entrenar como equipo 7, la hierba esta algo más larga y frondosos los árboles, pero fuera de eso, es exactamente igual, el espacio, el aroma, incluso el poste al que Kakashi amarró a Naruto. Una pequeña sonrisa aparece en mi rostro sin que pueda evitarlo y me pongo manos a la obra.
Una hora después mi cuerpo pide clemencia, decido que utilizaré el tiempo que me queda en elongar y masajear un poco mis músculos adoloridos. Es increíble lo mucho que necesitaba esto, incluso me llena de un ridículo orgullo ver el halo de destrucción que he dejado a mi paso. Aun estoy en forma, solo me falta un poco de constancia.
Camino al punto de encuentro me siento ligera, en algún momento me doy cuenta de que voy dando saltitos como hacia cuando niña y aunque me obligo a caminar de forma normal, me permito sonreír, incluso me parece ver a tres pequeños de pelos amarillo, negro y rosado, persiguiendo a un maldito gato del demonio para llevarlo con su dueña, o persiguiendo a Kakashi para ver que hay bajo su máscara. Imaginábamos que tendría unos enormes y carnosos labios de señora… al final nunca lo averiguamos, la duda me persigue hasta el día de hoy.
-¡Mamá!- oigo a Sarada llamándome incluso antes de verla.
Aparece doblando la esquina encaramada en los hombros de Kakashi, vienen acompañados de Naruto y Sai y me huno a ellos enseguida. Sarada me lanza un beso, pero no hace ningún intento por bajarse de los hombros del Sexto.
-Bueno…- digo- De Hokage a transporte de bebés.
-Eso es caer bajo- me sigue Naruto.
Sai se une a nuestras risas y Kakashi nos dedica una mirada sombría.
-Tienes buen ojo para el transporte hija- bromeo en poco más y esta vez todos reímos, incluida Sarada que en realidad no entiende mucho y se aferra con una manito al pelo blanco de Kakashi.
Nos detenemos en el límite de la aldea un poco incómodos, sin saber qué decir, es estúpido porque hemos hecho esto un millón de veces, sin embargo, después de la guerra siempre nos cuesta un poco más separarnos. Sai rompe el momento, nos da un rápido y rígido abrazo, choca los cinco con Sarada, murmura un "cuídense" y se queda esperando a un costado como una estatua.
Naruto se acerca a Kakashi y se dan un corto pero significativo abrazo, Kakashi le palmea la espalda un par de veces y le pide que vuelva de una pieza.
-Y lo mismo para ti Sai- añade en dirección a la estatua- Los quiero devuelta, es una orden.
Aún estoy sonriendo cuando siento los brazos de Naruto enredarse a mi alrededor, entierro la cara en su cuello e inspiro su olor. Los quiero tanto. Le devuelvo el abrazo y nos quedamos así por un tiempo que se me hace demasiado corto, le tomo la mano y Naruto me besa los nudillos con cariño. Quiero decirle tantas cosas, que lo extrañaré, que cuidaré de Hinata y los niños, que se cuiden el uno al otro, pero me vuelvo presa del miedo que me produce la idea de perderlos y termino aferrada a su mano murmurando "por favor, por favor, por favor".
-Te prometo que volveré- dice- Tú prométeme que estarás bien- exige tomándome por la barbilla y obligándome a verlo.
Tengo los ojos anegados en lágrimas y soy completamente consciente del papelón que estoy protagonizando, pero asiento con fuerza y lo abrazo una última vez. Le estampo un beso en la mejilla a cada uno, aunque Sai intenta esquivarme, y luego se marchan sin mirar atrás. Retrocedo un par de pasos, me choco con el cuerpo de Kakashi y me quedo allí, apoyada contra el calor de su torso, observando el camino vacío que ha quedado tras la marcha del resto de nuestro equipo, de nuestra familia.
Cuando logro reaccionar me volteo y noto que en algún momento Sarada se ha dormido sobre la cabeza de Kakashi, me aguanto la risa y la bajo de sus hombros como puedo. Caminamos un tramo en silencio. Miro a Sarada entre mis brazos y noto que lleva un pequeño libro naranja aferrado con una de sus manitos. Siento que se me suben los colores a la cara y volteo a ver a Kakashi hecha una furia.
-¿Qué?-dice.
-Se puede saber qué es lo que tiene mi hija en su mano- le digo en ese tono especial que usamos las mamás para gritar susurrando cuando estamos enojadas y no queremos despertar a nuestros bebés- Como le hayas pasado uno de tus libros de porquería a Sarada…
-No es un Icha Icha- me interrumpe para defenderse- Míralo bien Sakura- noto miedo en su voz.
Él mismo toma el libro con cuidado de la mano de Sarada y lo abre para mostrármelo. Dentro veo un lindo osito café jugando con una pelota. Suspiro y de pronto me entran ganas de reír. No es que no me espere que Kakashi sea tan descuidado como para dejar que una niña pequeña coja un libro que no debe, pero estoy segura de que no deja que nadie toque sus Icha Icha. De todos modos, siento la necesidad de picarlo un poco más.
-Espero que no sea un oso pervertido…- intento sonar enojada, pero Kakashi capta mi humor al vuelo.
Se ríe y se rasca la nuca mientras camina tras nosotras.
-Pues no, pero si quieres puedo conseguirte uno Sakura- dice y luego añade- No sabia que te ponían los osos…
Lo fulmino con la mirada más furiosa que logro conseguir, si no fuese porque debo cargar a Sarada con ambas manos le asestaría un puñetazo en esa estúpida sonrisa que tiene bajo la máscara. Entonces reparo en que en realidad nunca he visto su sonrisa. Esa estúpida máscara es una verdadera molestia, "muy problemática" diría Shikamaru. De pronto me viene una pregunta a la mente.
-¿Crees que te reconocería sin la máscara?
-No- responde de inmediato, con suma seguridad. Tanta que me intriga.
-¿Por qué estas tan seguro?- inquiero mirándolo hacia arriba con una ceja arqueada.
-Por que ya me has visto, y no pudiste reconocerme- declara.
Me quedo de una pieza, paro de caminar por completo y solo soy capaz de voltearme del todo hacia él articulando un "¿Qué?"
-Lo que acabas de oír- dice y me rebasa colina arriba.
Lo sigo casi trotando por la calle, quiero detalles, día, hora, fecha, lugar. Para cuando logro alcanzarlo Kakashi ya esta parado con gesto aburrido afuera de mi casa, pero no estoy lista para dejarlo ir, empieza a oscurecer y no puedo arriesgarme a que Sarada pesque un resfrío por lo que agarro a Kakashi por la manga y lo arrastro dentro de la casa con nosotras.
-Te quedarás a tomar el té- digo.
No sé si me teme, lo tomo desprevenido o simplemente quiere quedarse, pero me permite arrastrarlo dentro. Acuesto a Sarada en tiempo récord y sirvo el té en la mesa de la cocina. Mientras preparo la comida, Kakashi insiste en que debo comer mejor, que las verduras y las frutas, que me estoy convirtiendo en Naruto con todo ese ramen, pero me dedico a ignorarlo olímpicamente. Una vez está todo listo lo interrogo acerca de la bomba que me tiró en el camino.
Se encoje de hombros.
-Fue hace mucho tiempo- dice- Me quité la máscara y me disfracé de alguien común y corriente.
No me lo creo. Tengo muchas dudas, creo que hay muchos baches en su historia.
-¿Qué hiciste con el ojo?- pregunto.
-Un lente de contacto y antes de que preguntes que hice con la cicatriz te informo que existe algo llamado maquillaje- responde un poco cabreado.
Frunzo el ceño, pero muy a mi pesar le creo.
-¿Estás seguro de que te vi?- asiente- No puedo creerlo.
Vuelve a encogerse de hombros con ese aire despreocupado y aniñado que tiene siempre. Me parece mucho menor de lo que es, incluso a veces cuando lo regaño siento que es menor que yo, pero fue mi sensei y es el Hokage, no debo olvidarlo.
-Cree lo que quieras- dice y le da un sorbo a la taza de té- Pero el único que estuvo cerca de reconocerme fue Guy.
Suspiro y me rindo, le ofrezco panecillos y acepta uno, aunque parece ofendido. Le sonrío y no puede evitar devolverme la sonrisa, estira un brazo y acomoda un mechón de pelo tras mi oreja. No me aparto porque estoy muy acostumbrada a tenerlo cerca, hemos viajado juntos, llorado abrazados, hemos compartido cama alguna vez durante las misiones y jamás me ha parecido incómodo o fuera de lugar. Nuestra relación es así, siempre estamos uno cerca del otro rozándonos las manos o tocando el brazo del otro sin darnos cuenta. Lo mismo nos sucede con Naruto, Sai se mantiene aparte, pero le hemos pillado alguna vez arrimándose a nosotros sin querer.
-Te sienta bien el entrenamiento- dice de pronto, su mano se a quedado acunando mi mejilla y me acurruco más en ella.
-Lo sé- respondo- Es como si el mundo dejara de doler un ratito- suelto.
El asiente. Entonces comienzo a hablar.
-Hoy estuve con la psicóloga- digo, Kakashi aparta la mano de mi rostro con cuidado, rodea la taza de té y me presta total atención, no recuerdo haberle dicho que había comenzado terapia, pero si haberle prometido que buscaría ayuda- Llevo un tiempo asistiendo todas las semanas, es algo… bueno.
-Me alegra oírlo Sakura.
Asiento y sonrío, sé que debo verme triste, porque de pronto así me siento, una extraña mezcla de tristeza y alegría se arremolina en mi interior.
-La terapeuta dice que debo ser paciente conmigo misma- Kakashi asiente- Que las guerras hacen esto con las personas, que todos reaccionamos de formas distintas al trauma. Yo tengo pesadillas, hoy he reparado en que Ino se limpia compulsivamente las manos y Shizune no soporta los ruidos fuertes…
Estoy a punto de seguir, pero Kakashi me interrumpe.
-Shikamaru se sumerge en un silencio verdaderamente espeluznante, Naruto se ha vuelto más ansioso y se muerde el interior de las mejillas, Kiba se rasca los brazos, y no es por las pulgas de Akamaru, Tsunade bebe…
Me quedo sin palabras, Kakashi a hablado mirando el fondo de su taza de té vacía y veo como se debate entre seguir hablando o dejar sus palabras flotar en el aire indefinidamente.
-¿Y tú?- pregunto bajito. Tengo miedo de estar invadiendo su privacidad, pero necesito saber, quiero saber para poder ayudar, cuidarle como él cuida de mí, de Naruto y de todos.
-Yo…- dice, su voz se apaga de a poco, de pronto pestañea y me mira sonriendo- Yo estoy bien.
Ambos sabemos que miente, y saber que no confía lo suficiente en mi me cae como un golpe en el estómago, pero si lo nota, no dice nada al respecto. Le sonrío devuelta y terminamos de comer en silencio. Sé que no hay nada que pueda hacer para obligarlo a relevar sus secretos, y que no tiene la obligación de contarme nada, pero aun así me siento terriblemente traicionada.
Al final Kakashi se pone de pie y articula alguna excusa para irse que realmente no oigo, le acompaño hasta la puerta y cuando esta a punto de irse me toma por la barbilla y me obliga a verlo. De pronto me invade la estúpida idea de que va a besarme, y la terrible certeza de cuanto deseo que lo haga, pero Kakashi se limita a mirarme a los ojos y decir:
-Desde la guerra, me aterra estar solo- suspira- No me refiero a estar en la soledad de mi casa o en la oficina, sino solo… sin ti, Naruto o las personas que quiero, es algo… nuevo para mí.
Salvo el espacio que nos separa y lo abrazo con fuerza, siento unas ganas incontrolables de arrullarlo entre mis brazos hasta que entienda que nunca, jamás volverá a estar solo, pienso en el pequeño Kakashi que tuvo que crecer de golpe y en completa soledad luego del suicidio de su padre, en como perdió a sus compañeros de equipo y se me revuelven las entrañas de impotencia. Lo estrujo con fuerza contra mi pecho, después de un rato se separa de mi con cuidado, sus labios cubiertos por la máscara me rozan la frente y luego se marcha.
Me quedo de pie frente a la puerta cerrada sintiendo el frio vacío que quedó en el lugar que usaba su cuerpo junto al mío. Cruzo los brazos sobre el pecho para darme algo de calor y aunque lo intento con todas mis fuerzas no puedo evitar pensar en lo que pasó. En Kakashi confesándome como se siente, y en mí, sobre todo en mi y ese deseo completamente fuera de lugar. ¡No puedo estar deseando que Kakashi me bese! Él es Kakashi, sensei, equipo, compañero, amigo, familia, Hokage, no alguien para estar depositando mis estúpidas fantasías amorosas y frustraciones sexuales. Sin embargo, a sucedido y siento ganas de darme un puñetazo para quitarme esas malditas ideas y detener el desesperante cosquilleo que me ha quedado en la frente.
El llanto de Sarada me devuelve el mundo real, me ocupo de ella y luego nos metemos juntas en mi cama. El suave y calentito tacto de mi niña siempre me calma y pasados unos minutos ya estoy completamente segura de que lo que he pensado a sido una completa estupidez.
Nota.
Hola! ¿Cómo están? primero que todo gracias por los mensajitos :) pensé que ya (pasado tanto tiempo) estaría sola shippeando esta pareja jajaja gracias por tanto, siempre hay gente en lo mismo que unx jajaja
he avanzado poquito en este cap, pretendía contarles un poco como es el panorama de la relación del equipo 7, supongo que pronto tendré que introducir de nuevo a Sasuke, porque es parte aunque no me encante jajaja. Ya quiero llegar a partes más bonitas pero en coherencia con el nombre del fic, vamos a fuego lento con todo esto (pero no tan lento porque me da ansiedarks)
eso, espero lo disfruten, y me comenten que tal, qué creen que pasará y si les esta gustando.
Gracias por leer!
