Disclaimer: Todos los personajes y el universo de Naruto, le pertenecen a Masashi Kishimoto.
"A veces uno amanece con ganas de extinguirse...
Como si fuéramos velitas sobre un pastel de alguien inapetente.
A veces nos arden terriblemente los labios y los ojos y
nuestras narices se hinchan y somos horribles y lloramos y queremos
extinguirnos... Así es la vida, un constante querer apagarse y encenderse"
Julio Cortázar
4. Boicot
El llanto de Sarada me despierta, me pongo de pie de un salto y una explosión lejana remueve el piso bajo mis pies. Me tambaleo hasta la cuna y levanto a la bebé envuelta en una manta. Alcanzo las escaleras cuando un nuevo estruendo sacude la casa y me precipito escaleras abajo intentando proteger a Sarada con mi cuerpo. Una vez en el primer piso corro esquivando cuadros y adornos que se descuelgan de las paredes del pasillo. Los estruendos no se detienen. La aldea está bajo ataque. Comienzo a hiperventilar y los contornos de la puerta de entrada se vuelven borrosos, una nueva explosión hace colapsar la pared del recibidor que se derrumba sobre la entrada trabando la puerta. Intento gritar, pero no lo logro. Por fin siento un alarido nacer desde el fondo de mi garganta…
¡Puf!
Abro los ojos en medio de mi oficina. Lo primero que veo es un vaso de café en mi mano derecha, está de lado y tardo unos momentos en comprender que tengo la cabeza apoyada en el escritorio. Pestañeo un par de veces intentando quitarme la pesadilla de encima. Debo haberme dormido en algún momento luego de la reunión, me enderezo de a poco y al enfocar la vista sobre el escritorio me encuentro con las patitas de un perro ensuciando mis documentos.
Pakun esta sentado sobre mis carpetas con gesto serio. Me restriego los ojos con la mano libre y pestañeo rápido para enfocar mejor al niken.
-El jefe te llama- dice.
Dejo salir el aire de los pulmones con los ojos cerrados, muevo los hombros en círculos hacia atrás un par de veces, me duele la espalda y el cuello. Al final le doy un sobro al café frio.
-Buenos días Pakun- digo sonriendo.
El perrito de chaleco ninja jadea un poco con la lengua afuera y mueve la cola haciendo tambalear el portalápices.
-Buenas tardes, Sakura chan- responde- Veo que tomaste una siesta más larga de lo que pretendías.
Asiento y le echo una rápida ojeada al reloj de la pared que marca las 13.00. Doy cuenta de todo el contenido del vaso de un sorbo y me pongo de pie.
-No pretendía tomar una siesta- aclaro estirando los brazos por sobre la cabeza- ¿Qué necesitas? ¿Podrías dejar de restregar tus patitas en mis papeles?
Pakun se detiene en el acto e hincha el pecho con gesto digno, le he ofendido al decir "patitas" pero la verdad es que son extraordinariamente pequeñas y me causan mucha ternura, aunque ensucien mis papeles con tierra y quién sabe qué más.
-El jefe ha despertado hace horas- dice- Y quiere verte cuanto antes, suerte, Sakura chan, ya sabes donde encontrarlo- añade antes de desparecer en un suave ¡puf! Que hace revolotear mis papeles por el aire.
Me quedo de pie en medio de la oficina mirando el espacio vacío donde antes había un lindo y malhumorado perrito, entonces recuerdo qué estoy haciendo aquí y cómo fue que terminé dormida babeando sobre mi escritorio: Me estoy escondiendo.
Luego de ofrecerme como alojamiento y niñera oficial del Hokage al que nos proponemos mantener como prisionero, corrí directamente a mi oficina a esconderme del mundo. No me sentía arrepentida, tampoco lo siento ahora, simplemente me abrumó la realidad: tendré a Kakashi viviendo en mi casa por un tiempo indeterminado. Terminé corriendo como una niña asustada hasta el refugio más cercano y caí dormida sobre la dura madera de mi escritorio después de ensayar en mi mente al menos veinte escenarios diferentes que podrían darse al contarle a Kakashi lo que ocurrió. Las pesadillas son cortesía de mi estrés post traumático, pero sin duda mi cerebro elaboró una especialmente vívida en honor a la ansiedad del momento.
Mi estómago ruge con fuerza y termina por traerme a la realidad, otra vez. Inspiro profundo, y suelto todo el aire de golpe por la boca, concluyo que no puedo seguir aplazando mis deberes, pero primero debo almorzar e ir a buscar a mi hija, luego iré a ver a Kakashi. Mientras engullo un almuerzo insípido en el casino del hospital me convenzo de que la presencia de Sarada cuando vaya a visitar a Kakashi alivianará el ambiente. Al menos no podrá gritarme, un par de miradas asesinas disimuladas será lo máximo que se atreverá a darme en presencia de mi hija.
Soy una pésima madre. La compensaré luego.
Un par de horas después estoy fuera de la habitación hospitalaria de Kakashi con Sarada cogida fuertemente de mi mano. Tengo la otra mano en el picaporte, pero estoy esperando reunir suficiente coraje para entrar a decir lo que tengo que decir. Sarada suelta una risita a mi lado y nos delata.
-¿Sakura?- oigo la voz del Hokage llamándome desde dentro.
Giro la manilla y empujo la puerta con suavidad. Sarada parece asustada por mi actitud mientras nos deslizamos dentro de la habitación, pero lo supera en cuanto ve a Kakashi sobre la camilla. Se suelta de mi agarre y camina hacia él alzando los bracitos en su dirección.
El hombre en la camilla le sonríe bajo la máscara y le ayuda a encaramarse en la camilla a su lado. Luce bien, la quemadura que le sube por el brazo hasta el cuello esta vendada, aunque tendré que descubrirla para realizar las curaciones en un momento. Necesita vendas y apósitos nuevos en todas las quemaduras, pero ya no lleva el respirador instalado, lo que me tranquiliza un poco.
-Envié a Pakun por ti hace varias horas- dice, su voz se oye ronca y rasposa producto de todo el humo inhalado, hago una nota mental para pedir un nuevo examen de su laringe, necesito descartar cualquier quemadura interior que podamos haber pasado por alto.
Luego asiento despacio y me acerco a él por el lado contrario al que se encuentra Sarada.
-¿Cómo te sientes?
El se encoje de hombros, y agita un poco el brazo vendando.
-Incómodo, más que adolorido- dice- ¿Cuándo podré salir de aquí? Necesito ir a interrogar a ese imbécil que atrapé en la casa.
Frunzo el ceño y niego con la cabeza en su dirección. ¿Cómo se puede ser tan cabezota? Estuvo a punto de morir y le preocupa levantarse para participar en interrogatorios imaginarios.
-El tipo esta muchísimo peor que tu- digo en tono severo- No podrá contestar ninguna pregunta en algunos días, tiene la garganta comprometida, y de todas formas ya se hará cargo de eso algún miembro de los Yamanaka.
Kakashi hace un gesto con la mano libre descartando mi comentario, sin apartar la mirada de Sarada que juega con las sabanas junto a él. Alargo una mano y acomodo el cintillo sobre el cabello de mi hija. Ella se queja de mi intromisión, Kakashi se lo quita con cuidado y lo lanza al otro lado de la habitación. Sarada se ríe, yo me cruzo de brazos ofendida.
-Le molestaba- se excusa él.
Siento ganas de asestarle un puñetazo, pero cuando intento clavarle una mirada furibunda, su maltrecha imagen me ablanda el corazón. Termino apoyando mi mano en su pecho con cuidado, él quita la mirada se Sarada durante un segundo y la fija en mis ojos, luego vuelve a la bebé y le dedica una pequeña sonrisa antes de revolverle el cabello y dejarla convertida en una maraña de pelos.
-Tengo que darte dos noticias- digo armándome de valor, la voz me sale rara. Carraspeo un poco y añado- Una buena y una mala.
-Primero la buena- dice sin mirarme, contra toda lógica posible.
-¿Qué?- no entiendo el raciocinio de este hombre- Okey, la buena es que tus exámenes están bien, necesitas curaciones, pero no es necesario que sigas internado…
Dejo la frase flotando y pongo todas mis esperanzas en que Sarada sea suficiente para distraerlo de lo que se viene.
-Y la mala es que Shikamaru, Tsunade y esos viejos del consejo han concluido que lo mejor será encerrarme en algún lugar remoto con el fin de mantenerme a salvo, para que ellos puedan dormir tranquilos y satisfechos de sí mismos por las noches- dice sin perder la calma, con su nueva voz ronca y rasposa sin mirarme en ningún momento.
Me quedo muda, acomodo mi trasero sobre el colchón de la camilla junto a una de sus rodillas y me debato entre darle un par de palmaditas en la pierna a modo de consuelo o acomodar la sábana que se arruga bajo mi peso. Al final termino tironeando el borde de mi bata blanca con torpeza.
-¿Sakura?
Me resisto a mirarlo, la verdad es que el primer paso está dado, de alguna forma a deducido la decisión del consejo, sin embargo, aún queda lo peor. Al final Kakashi desliza uno de sus dedos bajo mi mentón y aplica fuerza obligándome a levantar el rostro y mirarle. Tiene una mirada entre divertida y curiosa. Me escruta en silencio durante un par de segundos y luego enarca las cejas invitándome a hablar.
-Tienes razón- intento permanecer lo más inmóvil posible, Kakashi no aparta su dedo y no quiero que lo haga- Te quedarás en mi casa.
De pronto mi mentón queda dolorosamente libre, Kakashi aparta la mano de mi y atrapa a Sarada antes de que resbale por el costado de la camilla. Niega con la cabeza mientras lo hace. Ya no sonríe y parece que todo rastro de curiosa diversión se ha esfumado de su rostro.
-No- dice cortante- Olvídalo ¿Se han vuelto locos?- Sarada se revuelve un poco asustada en su lugar, Kakashi hace un par de sellos. Pakun y Buru aparecen en medio de una nubecilla blanca- Háganse cargo- les ordena poniendo a Sarada en el piso con cuidado.
Mi hija suelta una carcajada y se cuelga del cuello de Buru que le babea la cara, contento. El Hokage se vuelve hacia mi y solo soy capaz de pensar en lo paradójico que resulta que me pasé una década deseando que este hombre me viera y me dedicara la misma atención que le daba a Naruto y Sasuke, y ahora que lo hace daría cualquier cosa por desaparecer.
-No- repite, mira a Sarada jugando con los perros y luego vuelve a posar sus ojos en mi- De ninguna forma, no sé que tipo de retorcida discusión los llevó a considerarlo, pero me opongo rotundamente.
Estoy a punto de encogerme en mi sitio cuando una repentina oleada de furia nace desde el centro de mi abdomen, se expande rápido hasta mi pecho y me obliga a empuñar las manos y enderezar los hombros.
-Escúchame bien Kakashi- digo inclinándome un poco en su dirección- Vas a quedarte con nosotras te guste o no, es una decisión tomada- remarco cada frase apuntándolo a la cara con el dedo índice de la mano derecha- Estoy harta de escuchar como desestimas las decisiones que toma el consejo, lo siento mucho- añado- Pero no tienes otra opción.
Él suspira, se masajea el puente de la nariz y en un movimiento lento, en el que parece intentar medir el nivel de mi furia, atrapa una de mis manos entre las suyas y me da un suave apretón. El enojo se disipa, pero me queda una agradable sensación de seguridad.
-Lo siento- dice después de un rato- No quiero ponerlas en peligro, eso es todo- añade, yo me muerdo el labio inferior sintiéndome un poco culpable por haberle gritado- Pero quizá tengas razón, después de todo eres mi médico de cabecera.
Sonríe un poco bajo la máscara y creo que podría besarlo ahora mismo, sin embargo, aún conservo un poco cordura y me limito a asentir satisfecha. Ahora estoy segura de que lo peor ha pasado, solo me resta sobrevivir a la convivencia permanente sin intentar arrancarle la ropa. Kakashi da un tirón a mi mano y termino con la cara enterrada en su pecho. Me abraza con cuidado y por algún motivo me entran ganas de llorar, al final me repongo y activo mi modo médico profesional para sumergirme en la tarea de realizar las curaciones y olvidar mis estúpidos deseos de niña.
Veinticuatro horas después, estoy completamente exhausta desparramada en la mullida alfombra caqui de mi living intentando recuperar el aliento después de una maratón de limpieza nivel mil. Sarada gatea de aquí para allá arrastrando un par de Kunai de juguete, pasa sobre mi estómago y me entierra primero las manos y luego sus pequeñas rodillitas que se sienten como un par de cuchillas perforando mi abdomen. No soy capaz de moverme, sin embargo, me siento satisfecha, la casa está reluciente y he terminado de vaciar la única otra habitación de la casa para la llegada de nuestro inquilino.
Después de mover y sacar cajas y bolsas de cosas que no uso, y pertenecías de mis padres que por razones obvias no podrán volver a usar o extrañar, he descubierto que contra todo pronóstico, debajo de ese montón de cosas en desuso, aun se encontraba mi antigua cama. No es enorme como la que decidí comprar para la pieza principal pero es lo bastante grande para que dos personas puedan dormir en ella con relativa comodidad. No es que piense que Kakashi necesita una cama para dos personas, ni tampoco que este considerando la posibilidad de meterme a la cama con él pero, al final, es un detalle que no me pasa desapercibido y por más que intento evitarlo termino grabando a fuego en mi cabeza.
El cuarto se completa con una mesita de noche sencilla, una cómoda para la roma y un pequeño estante para que acomode los pocos libros que se salvaron. A última hora decidí conseguir una pequeña lamparita de mesa para que pueda leer por las noches, cosa que estoy segura de que me agradecerá. No he terminado de auto felicitarme por mi excelente trabajo y diligencia cuando la puerta me trae devuelta a la realidad y devuelta a mi adolorido cuerpo. Me pongo de pie como puedo, antes de abrir la puerta me sacudo un poco el polvo de la ropa y añado una ducha rápida a mi lista de pendientes del día.
Tras la puerta me encuentro a Pakun que se mete en la casa sin saludar por que va cargando una bolsa enorme de papel en su hocico.
-Aquí está todo- dice luego de dejar el paquete sobre la alfombra y subirse de un salto al sillón- No es mucho, un par de mudas de uniforme que encontré en su oficina y unas cuatas cosas más- se lame las patas delanteras y yo hago una mueca al ver como humedece la tela del sofá.
-Gracias Pakun- respondo, creo que no debo hacerlo, pero de todas formas hurgo un poco el contenido de la bolsa.
Además de los uniformes solo veo unos cuantos libros medio chamuscados que se deben haber salvado de milagro del incendio, un cepillo de dientes celeste, dos juegos de camisetas negras con mascara y un pequeño marco con la foto del equipo 7 actual dentro. ¿eso es todo? Me parece triste que la vida de Kakashi haya quedado reducida a esa insignificante cantidad de cosas.
El ninken termina de relamerse las patas y mueve la cola en mi dirección. Le sonrío.
-¿Tienes alguna petición más?- pregunta. Me tomo un minuto para pensar. Me parece bastante obvio que Kakashi no podrá sobrevivir más de tres días con la cantidad de cosas que contiene la bolsa, así que termino por escribir una lista de todas las cosas que necesito que consiga. El perrito me mira con el ceño fruncido, un poco confundido, por lo que decido pedirle que le lleve la lista a Shizune. Él asiente y desaparece en un pequeño puf que hace reír a Sarada.
Una vez nos quedamos sola, tomo a mi bebe entre los brazos y corro escaleras arriba como una posesa, dejo calentando el agua mientras nos quito la ropa a ambas, Sarada se retuerce de risa en la cama, libre por fin de la molestia de los pañales y se tambalea hacia el baño divertida. Voy tras ella y nos sumergimos en la tina de inmediato. El agua tibia relaja mis músculos y produce el efecto contrario al que buscaba. No me energiza, el cansancio hace mella en mi cuerpo y me adormezco en medio del vapor, solo me mantiene despierta Sarada que juega con sus patitos de hule y requiere supervisión permanente.
Emergemos del agua convertidas en dos pasitas arrugadas, el reloj sobre mi mesita de noche indica que Kakashi llegará en aproximadamente una hora. Se acordó que llegaría apenas oscureciera, me parece bien, que la noche juegue a nuestro favor. En el sentido más literal y sin doble sentido de la frase. Por Kami, meto los brazos en la sudadera de andar por casa, aun ni siquiera llega y ya estoy teniendo que corregir el curso de mis pensamientos, lejos de cualquier inclinación sexual, cada tres minutos.
Cuando estamos listas decido que lo mejor será esperar en el living, Sarada se recuesta en el sofá a beber su leche y a juzgar por la forma lenta y pesada en que pestañea se dormirá antes de vaciar la botella. Me siento a su lado y acaricio su cabello con la vista fija en la mancha clara en la punta del cojín, la cual debe parecerme tremendamente interesante porque cuando un par de golpes en la puerta me traen devuelta al mundo, Sarada duerme profundamente y la habitación está sumida en la completa penumbra.
Me pongo de pie de un salto, enciendo la luz y abro la puerta de golpe. Kakashi está de pie en el umbral con bastante mejor aspecto que la última vez que lo vi, lleva una bolsa de papel parecida a la que trajo Pakun pero la suya viene llena a rebosar de artículos hospitalarios. Vendas, sueros y demases que necesitaré para sus curación y tratamiento. Nos miramos un momento, me embarga la idea de que el silencio va a extenderse hasta el infinito, doy un paso atrás y Kakashi pasa murmurando un "permiso" quedo, me parece extraña, por decir lo menos, su forma de actuar, hasta que veo a Shizune de pie a sus espaldas sosteniendo una bolsa mucho más grande llena, seguramente, de los encargos que le llevó el ninken en mi nombre.
-Hola Sakura- saluda Shizune tendiéndome la enorme bolsa, me apresuro a tomarla y la sonrío como toda respuesta- Que bonita está tu casa- hace el ademán de querer entrar y yo me hago a un lado para permitírselo gustosa de poder postergar la soledad con Kakashi lo máximo posible, pero de pronto frunce el ceño y da un respingo como si acabase de recordar algo y dice- Lo siento, debo irme, Tsunade debe estar buscándome por todas partes.
Se despide con una pequeña reverencia de cabeza del Hokage y luego me da un corto abrazo antes de desaparecer calle abajo. Me quedo viendo como desaparece en la oscuridad pensando, no por favor no te vayas, aunque en fondo sé que nadie puede ayudarme. Resignada y poniendo todas las fichas a mi autocontrol, doy media vuelta sobre mis talones y camino devuelta al interior de mi casa. Afirmo con fuerza la bolsa de papel contra mi pecho y avanzo arrastrando los pies, alargando el camino todo lo humanamente posible.
Cuando llego al living me lo encuentro recostado, de lado, sobre la pared del fondo cargando a Sarada con un brazo y sosteniendo uno de sus libros chamuscados frente a su cara con el otro. ¿Es enserio? Me muevo un poco haciendo ruido con la bolsa de papel esperando llamar su atención mientras finjo que acabo de entrar en la habitación.
-¿Se ha marchado Shizune?- pregunta bajando el libro lo justo para dejarme ver sus ojos. Asiento- Perfecto- dice con aquella voz rasposa, baja del todo el libro y lo deja con cuidado en el reposabrazos del sofá. Se acerca a mi y nos fundimos en un tibio y cariñoso abrazo. Kakashi tiene cuidado de mantener a Sarada lejos de nuestros cuerpos apretujados, pero yo no tengo la misma consideración para con la bolsa de papel que termina arrugada y cayéndose a pedazos.
-Lo siento- dice cuando se aleja.
Yo solo puedo pensar en lo frío que se siente el mundo ahora, por lo que tardo demasiado en mascullar un escueto -No es nada- luego me quedo viéndolo un par de largos segundos sin decir nada más.
-¿Vas a mostrarme donde voy a dormir?- pregunta llevándose la mano libre a la nuca. Asiento y por un breve pero significativo momento deseo con todas mis fuerzas que mi pieza de la infancia se haya evaporado y no le quede otra opción que compartir la cama conmigo. Digo, de todas formas, queda el sofá, pero Kakashi es demasiado alto para poder dormir en el con comodidad.
-¿Sakura?- me llama, parpadeo unas cuatas veces a toda velocidad antes de enfocar su cara frente a mi- ¿Estas bien con esto? ¿Segura que puedo quedarme aquí y no te sentirás incómoda? Quiero decir, no es como que no hayamos compartido habitación otras veces, pero esta es tu casa y yo soy tu viejo sensei…
-NO es nada- le interrumpo un poco irritada por la mención de nuestra antigua relación sensei-alumna que me empeño tanto en olvidar, no porque me parezca una mala época, sino porque de esa forma puedo evitar aquella punzada de culpabilidad y de prohibición que me ataca cuando estoy pensando en él de una manera en que, según ese pasado, no debería- Claro que estoy bien, puedes quedarte el tiempo que sea necesario- añado- No compartiremos pieza- aclaro sin motivo alguno y con una voz demasiado rígida para mi gusto, Kakashi arquea una ceja y yo decido que es momento de cortar el contacto visual- Sígueme- ordeno y doy media vuelta para enfilar camino a las escaleras.
Nada más llegar a la pieza Kakashi se adueña del lugar, dice que está bien y que le gusta, que huele un poco a polvo, pero más que nada a productos de limpieza y a mí, dice que huele mucho a mí, eso me hace sonrojar y me empeño en sacar las cosas de la bolsa para disimular hasta que me encuentro sosteniendo un par de calzoncillos negros que yo misma mandé a comprar. Están nuevos, pero todas formas los suelto sobre la cama mascullando un escueto- Lo siento.
Kakashi suspira, cuando levanto la vista parece divertido, una sonrisa escala hasta sus ojos y de inmediato me relajo, de pronto comienzo a reír y él me imita con ganas.
-Lo siento- repito, pero no me estoy disculpado por haber manoseado su ropa interior- Me he estado comportando como una tonta, yo…
Kakashi acorta la distancia entre nosotros, espero que me abrase de nuevo, pero en vez de eso deja a Sarada con cuidado sobre mis brazos. Luego se aparta de nosotras y comienza a ordenar su nueva ropa en la cómoda con mucho esmero.
-Yo…- comienzo de nuevo- Me alegro de que estés aquí.
El asiente, la sonrisa aun habita en sus ojos e imagino que sus labios se curvan con delicadeza bajo la máscara.
-No hay otro lugar donde me gustaría estar- dice, luego se queda en silencio un segundo mientras saca de la bolsa el marco con la foto del equipo 7- Ustedes son mi familia.
Así es, claro que lo somos, todo a cambiado, pero en el fondo, él, Naruto, Sai y yo somos una familia, Sasuke también podría serlo, definitivamente para Naruto aun lo es. Pero las cosas son demasiado complicadas para mi en este momento.
Es tarde, mi estómago ruje, y Kakashi tiene pinta de querer acomodarse y echarse a dormir, le ofrezco comida y acepta de inmediato, sin embargo, pide encargarse el mismo de la cena. Se lo permito, más por curiosidad que por cortesía. He visto a Kakashi cocinar, un poco de esto y un poco de aquello durante alguna misión, pero la verdad es que hacía lo que podía con lo que conseguíamos en los alrededores, ahora me he esmerado en llenar la despensa de todo lo necesario, no tanto porque lo necesite, sino porque sé que de no ser así no me salvaría de un sermón sobre la importancia de una alimentación balanceada. A Naruto ya le ha ocurrido demasiadas veces.
Desaparezco camino a mi habitación, mientras Kakashi hace de las suyas en la cocina, lo oigo moverse de aquí para allá, y de pronto me entran ganas de reír. Me he estado comportando como una tonta, Kakashi es mi amigo, mi confidente favorito, la persona en quien más puedo confiar. No es un desconocido y definitivamente no es otro hombre estúpido del cual me voy a enamorar y me romperá el corazón. Es sólo Kakashi, vamos a compartir la casa y todo estará bien. Comemos juntos en la mesa pequeña de la cocina, todo está delicioso y acordamos de inmediato que él se hará cargo de las comidas para todos mientras dure su estancia aquí. Dice que le servirá para sentirse útil y mantener la mente ocupada pero que tendré que hacerme cargo de las compras, por razones obvias y que talvez tenga que pasarme una o dos veces por la librería. Al parecer le urge rearmar su colección de libros pervertidos cuanto antes.
-Trato hecho- le digo- Tu nos alimentas y yo te proveo de literatura erótica- él asiente y nos damos la mano con aire solemne para cerrar el trato.
El resto de la cena conversamos y reímos recordando las estupideces que hacía Naruto cuando salíamos de misión. Aunque ambos nos ponemos un poco melancólicos al percatarnos de cuánto tiempo a pasado desde la última vez que compartimos como equipo fuera de la aldea. Desde que me volví encargada en el hospital casi no puedo salir de misión y a Kakashi le ocurre lo mismo con el puesto de Hokage.
-Bueno- digo- Es el costo de ser la persona más importante de la aldea.
No se ríe de mi broma y yo tampoco. Deja que me vaya a dormir mientras se encarga de dejar todo en su lugar, le hago caso porque estoy exhausta, pero antes preparo la leche de Sarada para llevársela arriba. Los ojos se me cierran ni bien apoyo la cabeza en la almohada, estoy tan cansada que no necesito concentrarme en nada antes de perder completamente la conciencia.
Veo a Naruto en el piso, esta sangrando, sangra tanto y no puedo detenerlo, le pongo las manos en el pecho y presiono una, dos, tres. No pasa nada. Siento la desesperación escalándome el pecho, se me cierra la garganta. Una, dos, tres. Nada
Me quito el pelo de los ojos y me dejo un reguero de sangre en la cara, no me importa, tomo aire, inspiro lo más profundo que puedo y concentro el chakra en mis manos, de a poco traspaso piel, carne y huesos hasta llegar a su corazón. Esta quieto.
-NO- grito- NO…
-¿Sakura?- oigo una voz llamándome- Sakura, está bien, estoy aquí…
Abro los ojos de golpe. De lo primero que soy consciente es de mis manos agarrotadas, aferradas a las sabanas que se arremolinan a mi alrededor. Sin duda estuve girando y moviéndome de un lado a otro. Pero Naruto…
-Sakura…-vuelve a llamarme.
Pestañeo con fuerza y me llevo una de las manos aun en puño hacia la cara. Entonces logro distinguir un rostro frente a mí, muy cerca, tiene el cabello blanco y un par de ojos cafés preciosos, uno de ellos atravesado por una cicatriz que se pierde bajo una mascara negra. Reconocería ese rostro en cualquier parte; Kakashi.
-Kakashi!- exclamo sentándome de golpe, él se inclina hacia atrás y evita que nos golpeemos las cabezas- Lo siento- digo, debo haber estado gritando, intento pasarme las manos por el pelo que debe estar echo un desastre- Son las pesadillas…
-Lo sé- dice, estamos sumidos en la penumbra, le hecho un rápido vistazo al reloj en la pared que marca la dos de la madrugada, Sarada duerme plácidamente en su cuna, indiferente a los gritos nocturnos de su madre- Te oí gritar y pensé que necesitabas ayuda.
Asiento, aun no puedo despegarme por completo de la pesadilla, inspiro profundo, y luego suelto todo el aire: Estoy bien, Sarada está bien, la guerra terminó y estamos a salvo, soy una Kunoichi fuerte y puedo con todo, Kakashi está aquí, no estaba a salvo, pero ahora lo estará y no se sentirá nunca más solo…
-Ya estoy mejor- digo abriendo y cerrado los dedos de las manos para relajarlos- Es algo común, estoy trabajando en ello, Aiko dice que es un camino largo, con altos y bajos, días buenos y días manos, aun no me encuentro con los buenos, pero ya vendrán...
El asiente en silencio, luego me toma una mano y me obliga a parar de flexionar los dedos. Me acaricia con cuidado, despacio, el toque de sus dedos sobre mi piel es casi imperceptible, pero siento su calor, y las cosquillas que me produce el roce ligero de su piel sobre la mía. Termino de sacudirme los restos del sueño de encima y le observo en la oscuridad.
-Estarás bien el resto de la noche?
-Eso creo- digo- ¿Te desperté?
-No duermo mucho, al menos no de noche.
Su tono es completamente normal, neutro, pero no puedo evitar hacer dobles interpretaciones al respecto. Me pregunto porqué no duerme, y siento ganas de patearme a mi misma por pensar en lo mucho que me gustaría que se quede a no dormir, conmigo. Me estoy comportando como una estúpida de nuevo. Kakashi sigue sosteniendo mi mano.
-Ah…- digo.
-¿Quieres que me quede a hacerte compañía?- lo ofrece con total naturalidad, y sí, por su puesto que quiero, pero no puedo permitir que se quede en mi cama, no porque no lo desee sino precisamente, por lo contrario, me muero de ganas de que se meta a la cama conmigo y me abrace el resto de la noche. Y eso no está bien. Pero de todas formas, no quiero que se vaya.
-Yo… si- susurro- Pero podríamos ir abajo, tomar un té, creo que necesito tomar algo caliente, además, no quiero molestar a Sarada- miento.
Él asiente, me suelta la mano y se pone de pie. Lo sigo en silencio y lo siguiente que sé es que me despierta un pequeño rayo de sol que se cuela por alguna parte y me da en la cara, es extraño porque en mi habitación el ángulo de la ventana nunca recibe el sol por las mañanas. Abro los ojos despacio, un resquicio débil de alguna pesadilla suave lucha por aferrarse a mi mente, pero lo descarto rápido. Muevo la mano por la cama para encontrar a Sarada junto a mí, pero en su lugar mi mano se topa con un montón de cabello suave y en puntas. Abro los ojos y deslizo mi mano por el cabello blanco. Miro a mi alrededor, el living bañado por la suave luz de la mañana me hipnotiza. Estoy recostada sobre el sofá, con una manta encima y a mi lado, Kakashi duerme con el cuerpo en el piso y la espalda apoyada en los bajos del sofá. Su cabeza queda justo a la altura de mis ojos y me permito observar su cabello durante un momento más.
Después de un rato me incorporo con cuidado de no despertarlo y me desilusiono al comprobar que se ha dormido con la máscara puesta. Tiene la barbilla apoyada contra el pecho, el cabello desordenado y va vestido con unos pantalones simples negros y camiseta de manga larga del mismo color, no recuerdo haberme fijado en su ropa cuando bajamos aquí. Más allá distingo un par de tasas con restos de té frío dentro. Retazos de la noche anterior se dibujan en mi mente; nos sentamos aquí a conversar, pero el sueño me venció pronto. Kakashi parece haber permanecido despierto por más tiempo, a juzgar por la manta que llevo encima y el libro que descansa en una de sus manos, sobre su regazo.
Me siento tentada a tirar de la mascara para verle la cara, pero, entiendo que hay límites que es mejor no cruzar. En cambio, me permito recorrer su bonito perfil con la mirada, observo como su pecho sube y baja con regularidad, como la polera se le pega al abdomen… me obligo a parar y trago duro. No puedo permitirme incursiones como esa, ni siquiera con la mirada ¡y mucho menos cuando duerme! Lo cierto es que fue de mucha ayuda con las pesadillas, su compañía funciona como un bálsamo relajante para mi mente y más cierto aun es que, muy a mi pesar y con el pasar de los años, Kakashi se ha vuelto dolorosamente de mi gusto y por lo tanto creo que está peligrosamente bueno. Por muy estúpida y sucia que me sienta admitiendo esas cosas, aunque sea solo para mis adentros. Sin embargo, sé que no puedo permitirme pensar así, por lo que mi única opción es declarar un boicot cerrado contra él. Decido castigarme trayendo a mi mente enfermedades e imágenes horrorosas cada vez que me sorprenda admirándolo así o pensando en lo bueno que está, y sobre todo me prohíbo terminantemente volver a pasar otra noche así con él, así… o como sea.
-Es muy molesto dormir con la máscara ¿sabes?- me sobresalto, habla sin molestarse en abrir los ojos pero luego de decir eso, lo hace, y me observa con una media sonrisa que se adivina bajo su máscara- Pero sabía que intentarías espiarme durante la mañana y no me quedó opción.
-Yo no…- comienzo a decir, pero a juzgar por su expresión divertida sé que es completamente inútil protestar- Como sea- digo.
El asiente, luego dice:
-Haré el desayuno- comienza a caminar hacia la cocina, va descalzo, pero no parece importarle- Ah…- añade- Deberías abrigarte, creo que tienes frío.
-¿Cómo sabes...?
-Se nota- me interrumpe, entonces me miro el cuerpo y reparo por primera vez en mi ropa: un pequeño pijama de seda rosa y tirantes negros, por el que se advierte con demasiada nitidez la forma de mis pezones duros por el frío.
No soy capaz de decir nada, me doy la media vuelta e intento caminar con calma escaleras arriba, procurando conservar un poco de la dignidad que creo que me queda, como la adulta que soy. Pero entonces oigo una suave risita que se cuela desde la cocina, lo que me hace hervir las mejillas. Definitivamente necesitaré de ese Boicot.
Nota
Hola! después de prometer que iba a actualizar más seguido, me demoré más que nunca antes! es que el trabajo no me ha dejado tiempo, lo siento, espero que la espera no los haga abandonar la historia. Aun tengo muchas ganas de escribirla y terminarla, Obvio.
Gracias por lo mensajitos, siempre espero que me comenten si les esta gustando o no, lo que les molesta o les llama la atención, todo es bien recibido siempre y cuando sea con respeto, eso si. jajaja supongo que mejor voy a prometer que seguiré actualizando hasta terminarlo y no la frecuencia con que lo haré jajaja lo sientooo
les mando mucho amor!
