Disclaimer: Todos los personajes y el universo de Naruto, le pertenecen a Masashi Kishimoto.


"Yo también estoy loca. Yo también sueño contigo,

dormida y despierta. Yo también oigo campanitas.

Yo también añoro, no sólo tus manos en mi cuerpo,

sino también mis manos en el tuyo"

Benedetti.


Por la mañana tengo la mente un poco más clara, en un equilibrio extraño entre los vapores volátiles del deseo y la penumbra densa de las pesadillas. Me despiertan ruidos en el piso de abajo y me cuesta mucho menos de lo acostumbrado salir de la cama. Sarada duerme plácidamente en su cuna por lo que decido no molestarla aún. Me meto a la ducha y cepillo mi pelo y dientes mientras crece paulatinamente la ansiedad en mi pecho, pienso en bajar a la cocina con poca ropa aprovechando que Kakashi ya está allí y que Sarada no tiene intenciones de despertar aun, pero a última hora me gana el pudor, y me visto y arreglo completamente antes de bajar; después de todo he imaginado con tanto detalle como Kakashi podría arrancarme la ropa que sería una lástima ahorrarle el trabajo.

Cuando voy por la mitad de la escalera oigo un par de voces que conversan en tono bajo y serio, asomo la cabeza por la abertura de la escalera y de inmediato distingo el eco de la voz de Shikamaru dialogando con Kakashi desde el salón. Me agradezco mentalmente el tino de haber decidido vestirme como persona decente y doy un paso dentro de su campo visual, ambos hombres se enderezan y callan en el acto, inclino un poco la cabeza como saludo y paso por su lado camino a la cocina.

-Sakura- me llama Kakashi.

Me volteo hacia él con una sonrisa fingida, me sonríe devuelta y luego de preguntar por mi noche me informa que Shikamaru trae informes importantes sobre la situación de la aldea, insiste en que como encargada del hospital soy un miembro importante del consejo y que debo enterarme de la información.

-Gracias- digo- Pero tengo reunión con Tsunade y el mismo Shikamaru me pidió que vaya a presentarme lo más pronto posible frente a la quinta.

Kakashi asiente rascándose la barbilla por sobre la máscara, es extraño y familiar a la vez, sólo quiero que se la quite.

-Sakura está en lo cierto…- la voz de Shikamaru se oye tensa- Tsunade no está con el mejor ánimo y no creo que sea buena idea hacerle esperar, tú puedes ponerle al corriente cuando regrese a cumplir con su papel de niñera.

-Carcelera…- le corrige Kakashi y ambos se ríen.

Les muestro los dientes en una sonrisa amenazante y desaparezco camino a la cocina a engullir cualquier cosa que encuentre y preparar leche para Sarada. Acallo con todas mis fuerzas ese sentimiento de decepción que crece en mi estómago, "lo primero es la aldea" repito una y otra vez en mi cabeza, no puedo dejarme llevar por lo bueno que me parece que está el Hokage, alias uno de mis mejores amigos, alias mi ex sensei. Sólo debo concentrarme y sobrevivir el día, eso es…

Cuarenta y cinco minutos después estoy lista para salir la calle, Sarada insiste en caminar por lo que nos demoramos el doble en llegar al pie de la escalera. Abajo corre a saludar a Kakashi y Shikamaru que aún se encuentran inmersos en su reunión, me detengo en la puerta a observar cómo Sarada se encarama en las piernas del Hokage y contempla con atención los papeles en la mesa como si pudiera leerlos, luego se acerca más y más a las hojas hasta que prácticamente las tiene pegadas a la frente. Suelto una risita tonta y Kakashi me mira con el ceño fruncido.

-Creo que deberías llevarla al oculista- dice Kakashi y Shikamaru asiente observando a mi hija.

Vuelvo a mirarlos y la sonrisa en mi cara se esfuma en un instante, entrecierro los ojos y como no quiero creer que estén cuestionando mi maternidad espero a que se explique en silencio.

-Va a tener el Sharingan Sakura, todos los usuarios del Sharingan tienen problemas a la vista eventualmente, y al parecer a Sarada ya le cuesta ver bien a su edad.

Suspiro… tienen razón, lo sé, claro que lo sé, soy una médico por el amor de Kami pero había querido postergarlo lo máximo posible.

-Incluso yo, que tenía un Sharingan prestado ahora debo ocupar lentes para leer, ni siquiera tiene sentido…

Asiento sonriendo, tiene sentido si se analiza desde una perspectiva de flujos de Chakra pero no creo que Kakashi se encuentre de humor para una charla médica. Me acerco a ellos y tomo a Sarada de entre sus brazos.

-Tienes razón- digo- La llevaré, ahora nos vamos- añado poniendo a Sarada en el piso ya que hoy insiste en caminar- Debemos ir a ver a la abuela Tsunade ¿Sí?

Sarada aplaude y camina con aire alegre hacia la puerta. Me despido de los dos hombres sentados a la mesa con la mano. Abro la puerta y cuando estoy saliendo tras Sarada siento un suave tirón en el cabello, intento voltearme pero el calor de unos labios moviéndose contra mi cuello me congelan en mi sitio.

-Nos vemos más tarde- dice Kakashi y su aliento acaricia mi piel con cada palabra.

Luego desaparece y la puerta se cierra a mis espaldas. Necesito un par de segundos para recuperarme, me arreglo la ropa de un tirón como si por algún motivo estuviese fuera de lugar y luego presiono el dorso de las manos sobre mis acaloradas mejillas. Inspiro despacio un par de veces y suelto todo el aire de golpe… Más vale que resuelva todos mis pendientes para conseguir un tiempo a solas de una vez por todas o terminaré muriendo de la ansiedad.

En la torre del Hokage todos parecen atareados, corriendo de un lado a otro con papeles y rollos de pergamino de asignación a misiones, subo los tramos de escaleras hacía la oficina del Hokage con Sarada revolviéndose entre mis brazos y forcejeando por bajar. Shizune nos saluda con una sonrisa y abraza a Sarada que corre hacia ella con los brazos abiertos. Intento conversar con ella pero parece seria y afligida cuando le pregunto el motivo por el que me llama nuestra maestra.

Dentro las cosas no están mucho mejor, el ambiente está denso y caldeado y Tsunade tiene aspecto de estar por arrancarle la cabeza a alguien de una patada, dos ninjas jóvenes pasan por mi lado como almas en pena y Shizune les palmea la espalda con cariño a ambos.

-¿Shishou?

-Ah Sakura- dice volteando hacia nosotras- Pasa, pasa rápido ¡Sarada! Pequeño amuleto de la suerte…- Sarada corre hacia ella a todo lo que le permiten sus piernitas cortas y se encarama en la silla sobre ella- Siéntate, ven ¡qué esperas!- me apremia haciendo gestos con las manos e indicando el asiento libre frente al escritorio rebosante de papeles y documentos- Shizune puedes ir a descansar si lo necesitas.

Shizune asiente y desaparece tras la puerta despidiéndose de nosotras con un breve movimiento de cabeza. Todo se me hace extremadamente raro, avanzo con pasos lentos e inseguros y dejo caer mi trasero en las duras posaderas del asiento, el contacto con la madera me calma un poco, me concentro en el lugar bajo mis piernas donde la piel hace contacto con el borde de la silla, el dolor del canto de la madera clavándose en el reverso de mis muslos…

-Bueno Sakura- dice Tsunade de pronto mientras sostiene a Sarada en su falda y le permite hurguetear entre los papeles y carpetas- Iré directo al grano, las cosas no van bien en la aldea, el rumor más o menos probado de que hay infiltrados entre altos mandos y algunos puestos de influencia ha sembrado pánico y desconfianza por todas partes, yo hago lo que puedo pero la verdad es que el hecho de que el Hokage este "escondido" no ayuda… La gente confía en él, en su poder y su habilidad y tenerlo devuelta calmaría las cosas.

Suspiro.

Empiezo a abrir la boca para protestar pero Tsunade no me lo permite.

-Ya sé lo que vas a decir…- dice- Y creo que tienes razón, aunque aún no entregas tu informe como se te pidió reiteradamente- dice esto apuntándome con un dedo y con un pequeño tik que hace saltar su ceja derecha- Estoy al tanto de lo ocurrido en Suna, Temari me dejó muy claro lo que podría pasarle a nuestro querido Sexto si lo exponemos- asiento enérgicamente y trato de abrir la boca para hablar pero Tsunade me interrumpe nuevamente- Sin embargo, lo necesitamos y lo máximo que puedo otorgarle es un par de días más, el ambiente está muy tenso y preveo una crisis o un ataque en las próximas semanas.

-¿Tan mal estamos?

Ella asiente con aire solemne, de pronto me parece ver a la mujer madura bajo el Henge no jutsu y no a la joven que aparenta ser.

-Gaara sufrió un ataque directo pero le han reportado pequeños intentos de ataques por todo el perímetro de Suna, el restaurado poder del temible Kazekage les mantiene a raya por ahora pero, ¿qué podemos hacer nosotros si nos encontramos descabezados?

-No es cierto- alego- ¡Te tenemos a ti! uno de los legendarios Sannin, todos conocen tu poder y te temen!

Tsunade sonríe por un breve lapsus pero no es una sonrisa orgullosa sino más bien algo burlesca.

-Puede ser…- dice, Sara aplaude cuando logra apilar un montón de papeles en orden- Pero no es lo mismo, juntos podríamos hacer más, Kakashi es muy temido y respetado… quizás más de lo que puedes imaginar

Asiento mientras digiero la noticia de que Kakashi tendrá que dejar la seguridad extrema de su encierro obligatorio para venir a dirigir la aldea, imponer respeto e intimidar a los ninjas traidores con su presencia. Es… terrible, pero por algún motivo me parece que Tsunade aun no me ha dicho lo peor.

Respiro profundo y me dispongo a esperar, sé que no conseguiré nada presionándola y a juzgar por la forma en que tamborilea los uñas sobre la madera del escritorio, lo que se está guardando es algo grande. Sarada me sonríe, luego abre una enorme carpeta naranja frente a su rostro y finge leer con gesto serio.

-Más vale que lo suelte de una vez- dice mi maestra después de unos largos cinco minutos de silencio y el golpeteo de sus uñas rojas sobre el roble- La situación es crítica, ya lo sabes… por lo que se ha tomado la decisión de enviar a todos los niños y niñas que no están en edad de pelear al refugio dentro de la montaña Hokage- aún estoy mirándola completamente en shock, intentando recordar como respirar y buscando en mi interior los músculos de mi cara que sé que debo mover para hablar cuando Tsunade continua- No te alteres… Sarada estará perfectamente, todos lo estarán, profesores, y maestras del jardín irán con ellos, lo mismo que las mujeres embarazadas y los civiles que no pueden estar en combate.

Respiro más deprisa y clavo los ojos en Sarada que continua "leyendo" ajena a todo, siento que comienzo a hiperventilar, una cosa es separarme de ella para ir en una misión de un par de días como médico y otra muy diferente enviarla al refugio y separarme de ella para pelear en nuestra propia aldea… otra vez, como en la guerra.

-Tuvimos muchas bajas en la guerra Sakura- le echo una mirada férrea, incrédula ante la forma fría en que se refiere a la muerte de cientos de personas en una guerra en la que nada tenían que ver- Quiero decir, perdimos a muchos seres queridos… lo sabes perfectamente, no podemos pasar por eso una vez más.

Intento respirar profundo y estoy por comenzar a recitar mi mantra cuando comprendo que ya no tiene sentido, ya no estamos a salvo, vamos a separarnos, las consecuencias de la guerra nos siguen arrasando, no podré estar con Sarada, no podré proteger a Kakashi…

-Sakura por Kami respira- oigo la voz de mi maestra a lo lejos- Tienes que pensar con claridad… inhala, exhala con lentitud- intento seguir sus instrucciones, Shizune entra y se lleva a Sarada que ha comenzado a llorar en algún momento.

Cuando despierto estoy aun en la oficina del Hokage, tenida en el piso con algo suave y mullido bajo mi cabeza, lo primero que distingo al abrir los ojos es el color del cabello brillante de Tsunade, luego las facciones de su cara, me sonríe y luego niega con la cabeza con aire preocupado.

-Ya estoy bien- digo- ¿Dónde está mi hija?

La cabeza me zumba cuando me incorporo y dejo que Tsunade me ayude a llegar a la silla, la oficina da un par de vueltas a mi alrededor antes de detenerse por completo. Me comienzo a sentir mejor de inmediato, obligo al miedo a agazaparse en una esquina con todas mis fuerzas, ya no puedo permitir que la angustia nuble mi conciencia, no en un momento como este, soy una kunoichi de alto rango, encuentro una extraña base de fuerza y temple en aquella certeza: decido aferrarme a ella con uñas y dientes.

-Ella y Shizune fueron por unas golosinas a la primera planta, estará aquí dentro de unos minutos.

Asiento despacio para evitar que el dolor que me perfora el cráneo aumente.

-¿Puedes hacer algo con esto?- pregunto apuntando mi sien.

Tsunade se pone de pie y apoya las palmas de sus manos a los costados de mi cabeza, el dolor disminuye al instante.

-Sarada irá al refugio- digo, sé que no tengo otra opción pero las palabras saben amargas al pasar por mi boca- Siempre y cuando Hinata esté con ella.

-Lo estará- responde de inmediato- Naruto fue muy explícito al solicitar que dejaran a Sarada al cuidado de su esposa, creo que habría puesto patas arriba esta aldea de resultar las cosas de otra forma.

Naruto… tengo que buscarlo y reconciliarme con él lo antes posible, aun me duele el corazón al recordar la noche en el bosque pero no hay nada que necesite más en este momento que fundirme en los brazos de mi mejor amigo.

-Me veo en la obligación de preguntar, por tu estado y tu preocupación… ¿prefieres ir al refugio con Sarada y los demás?

Levanto la vista y la clavo en los ojos de mi maestra, ni siquiera me doy tiempo de pensar en otra cosa cuando me encuentro diciendo.

-No puedo, sabes que no puedo, me necesitan…- pienso en Naruto, en Sai y en Kakashi cuando lo digo- Me necesitan somos un equipo, sabes que es así.

-Lo sé… lo sé- responde- Todos te necesitamos aquí pero es mi obligación averiguar si te encontrabas dispuesta y segura con tu deber.

-Lo estoy, eso jamás lo pongas en duda.

En ese momento se abre la puerta y Sarada entra dando saltitos felices, apretando una paleta enorme en su mano derecha. Se me estruja el corazón al verla, la cojo en mis brazos y la pego a mi pecho.

-¿Cuándo?- pregunto

-En dos días, hoy comienza la evacuación general pero vamos a permitirle a las familias ninja permanecer unidas un poco más….

Deja la frase en el aire pero no necesito que termine, nos permitirán alargar la despedida más tiempo… por si no volvemos de la batalla, es cruel e injusto pero es lo que somos.

-Está bien…- digo poniéndome de pie con Sarada en brazos- Gracias por la información, debo ir a casa ahora, tenemos mucho por hacer.

Nos despedimos y me cuesta contener las lágrimas cuando Tsunade en un extraño arrebato de cariño nos abraza y besa la coronilla a ambas. Cuando salimos de la torre ya es pasado el mediodía y nuestros estómagos rugen de hambre.

Recorremos en camino a casa a paso lento, el sol está alto y nos quema las mejillas pero no podría importarme menos, pasamos por el parque y Sarada juega con algunos niños mientras la observo desde una banca al costado.

Distingo a algunas familias de ninjas a lo lejos, juegan con sus hijos y les besan las mejillas cada vez que pueden… ahora lo entiendo; siento la pena y la angustia en el aire, entrando por mis fosas nasales, contaminando mis pulmones.

Decido hacer una última parada antes de llegar a casa, compro a Sarada unos Mochis y enfilo cuesta arriba camino a casa de Naruto. Desde la fatídica conversación con Tsunade siento la necesidad de verlo, no es que haya olvidado de un plumazo lo que hemos pasado en la última semana pero, en un momento como este y dadas las circunstancias, necesito con urgencia un abrazo de mi mejor amigo. Cuando llegamos me detengo frente a la puerta con el puño alzado a sólo un centímetro de la puerta y me percato de que, en realidad, no estoy segura de que Naruto esté en la aldea, no pregunté, simplemente arrastré mi humanidad y la de mi hija hasta aquí, movida por la necesidad de sentir los brazos del idiota que más quiero en el mundo.

Estoy por bajar la mano y largarme cuando la puerta de abre y antes de poder entender lo que pasa me siento rodeada por un par de brazos fuertes que me apretujan contra un pecho igual de fuerte. Intento abrir la boca para decir algo pero, en cuanto lo hago, el característico y familiar olor de Naruto arremete contra mí y termino llorando como una niña con la cara enterrada en su pecho mientras él solloza y balbucea palabras inconexas y disculpas como un poseso.

En algún momento entre llantos y disculpas, Sarada pasa corriendo por mi lado y la oigo reír y jugar en el patio, completamente indiferente a la escena que protagoniza su madre y su tío favorito. No sé cuánto tiempo paso refugiada en los brazos de mi amigo llorando y purgando de mi pecho todo resentimiento, miedo y culpa, hasta que nos separamos y notamos que Hinata, parada bajo el dintel de la puerta que da a la cocina, se seca las lágrimas y frota con cuidado su abultada barriga.

¿Cuánto puedo llegar a querer a estas personas? Por Kami ninguna medida me parece suficiente. Nos sentamos a intercambiar ideas un rato. La mano de Naruto no abandona la mía en ningún momento y leo en sus ojos el mismo sentimiento que en ese preciso momento me consume las entrañas: miedo y pena.

Cuando Hinata nos invita a almorzar con ellos, me disculpo diciendo que tengo mucho por hacer, creo que Naruto entiende que debo llegar con Kakashi porque frunce un poco el ceño y luego asiente con gesto serio. No he olvidado las estupideces que le dijo a Kakashi cuando descubrió que estaba escondido en mi casa pero, la verdad, ahora casi me siento dispuesta a reírme de ello. Al final el rubio cabezota se me acerca y susurra en mi oído toda clase de mensajes para Kakashi, que lo quiere y que aunque sea un anciano lo necesita peleando a su lado, entre otras cosas sin importancia.

Tomo a Sarada de la mano y corremos dando brincos hasta nuestra casa, dentro el olor a comida caliente inunda nuestras fosas nasales y hace gruñir mi estómago. Caminamos hacia la cocina y nos encontramos la mesa dispuesta para el festín. No puedo expresar lo irracionalmente contenta que me pone la perspectiva de comer hasta hartarme, Kakashi aparece tras nosotras y nos abraza en silencio.

-Lo siento… lo siento mucho- es lo primero que oigo salir de sus labios, me separo un poco de su pecho y lo miro con una ceja alzada- Todo esto, debí hacer mejor mi trabajo.

Suspiro.

-Oye- digo- No empieces a culparte por esto, estaba completamente fuera de tus manos y de todas formas no es como que te hayamos permitido hacer mucho- nos separamos y cada uno ocupa sus lugares en la mesa- Esto es lo que es, hay que enfrentarlo lo más pronto posible.

Kakashi asiente.

-Shikamaru dice que vas a quedarte a pelear.

-Por supuesto- respondo ya con la boca llena de una deliciosa gyoza- Sin mí no tienen oportunidad.

Oigo la risa de Kakashi y para mi sorpresa se siente como un suave bálsamo sobre las magulladuras de mi corazón.

-Un cometario muy engreído para alguien que hace unos días no podía ni elongar de forma decente…

No permito que el resto del almuerzo se transforme en un caldo de penurias y mucho menos en una reunión de tácticas de guerra, me esfuerzo por llevar una conversación liviana, explico a Sarada que irá de campamento con la tía Hinata y sus primos y regaño a Kakashi cada vez que se me presenta la oportunidad. Lo cierto es que nuestras manos se rozan cada dos por tres sin ningún tipo de necesidad, y siento tantas ganas de esconder la cara en su pecho y llorar por horas, que se me oprime un poco el pecho.

-Ah, por cierto- digo recordando de pronto- Naruto dice que te quiere mucho y que te prepares para pelear aunque seas un anciano decrépito.

Kakashi se atraganta con lo último y arquea una ceja en mi dirección mientras tose y se golpea el pecho con el puño.

-Bueno lo último es añadidura mía, pero que conste que si dijo que eres un anciano, creo que desde que te volviste Hokage, comenzó a verte como ve a Tsunade.

Por fin recupera el aire aunque sus mejillas quedan coloreadas de un bonito color rosado, Sarada le golpea el brazo con la manito abierta y le pide un poco más de arroz entre balbuceos y señas.

-Supongo que tu misma podrías haber sacado a Naruto de su error…

Dejo de mirar a Sarada y lo observo servir el arroz en un pequeño tazón blanco.

-¿Qué error?

-El de mi supuesta ancianitud.

-Esa palabra no existe- apunto señalándolo con el tenedor vacío.

-Aun así…- dice él, sin mirarme.

Ruedo los ojos y me sirvo un poco más de comida en el plato.

-Bueno no estoy segura.

-Puedo darte pruebas- contesta de inmediato- Ahora mismo.

Toso un poco y veo como se lleva una gyoza a la boca con aire inocente y aburrido, como si no acabase de hacer una insinuación sexual en la mesa, frente a mi hija y a propósito de absolutamente nada.

-Yo…- digo incapaz de terminar la frase- Tu….agh- me pongo de pie un poco colorada y lo fulmino con la mirada- Tengo que ir a preparar las cosas de Sarada.

Al salir de la cocina oigo su risa maliciosa deslizándose por las baldosas y siguiéndome hasta el pie de las escaleras. Por supuesto que prefiero la muerte antes de volver y admitir que con las prisas y los nervios olvidé llevarme a mi propia hija, y finjo que decidí dejarla terminar de comer a gusto. Sarada ni se da por enterada del abandono.

Los días pasan mucho más rápido de lo que me gustaría, a decir verdad, pasan mucho más rápido de lo que me parecía posible, pero los aprovechamos a concho, por la mañana mientras Sarada duerme, Kakashi y yo entrenamos un poco en el cuarto de estar donde hemos apilado todos los muebles contra la pared del fondo y hemos convertido el espacio en una especie de campo de entrenamiento bajo techo. De alguna forma nos las arreglamos para no arrancarnos la ropa mientras combatimos, pero lo cierto es que entre patadas y forcejeos terminamos más de una vez enredados en posiciones muchísimo más comprometedoras de lo necesario, entonces Kakashi se aleja murmurando alguna maldición y seguimos adelante.

-No hay tiempo, no hay tiempo- ese es su mantra.

Cuando llega el momento de despedirme de Sarada todo aquel golpe de energía y fortaleza que había estado acumulando en mi interior desaparece de sopetón. Abro la puerta de la casa cargada con un par de mochilas y sus juguetes favoritos y se me escapa el aire de los pulmones, siento como si de un momento a otro me fuese a desmoronar y me obligo a respirar profundo, enumerar mis certezas, aún estamos bien, vamos a separarnos solo por un tiempo, tengo a Kakashi, a Naruto y a Sai, a todos mis amigos, mi familia.

-Todo va a salir bien, todo va a salir bien- ese es mi mantra.

En el refugio no reina el caos que me esperaba, todo está muy bien organizado, cada persona se dirige a su espacio asignado con calma y veo como retiran en los puntos de acopio todo lo que les corresponde para sobrevivir el encierro. Sarada se aferra más a mi mano y se pone de puntillas para intentar ver mejor alguna cosa que le ha llamado la atención, la tironeo un poquitito con cuidado para indicarle que debemos avanzar.

Busco a Hinata entre la multitud, pero mi estatura no coopera en mi cometido, nos mezclamos con la gente y Sarada camina pegada a mis talones. Encontramos a Hinata y Boruto instalados en su espacio asignado que, como era de esperarse, es también el de Sarada, los niños se abrazan y muestran sus mochilas y juguetes emocionados, Hinata se acerca a mí y posa una mano en mi hombro, le dedico una sonrisa triste idéntica a la suya.

-Aquí hay absolutamente de todo- digo dejando el bolso en el piso junto a un camastro- Aunque estoy segura de que no les falta nada…

Hinata se encoje de hombros un poco sonrojada mirando la pila de cosas que se amontonan al fondo de su sitio.

-Naruto no supo cuando detenerse- dice.

-¿se fue ya…- no consigo terminar la frase, me interrumpo al oír mi nombre a lo lejos.

Volteo a ambos lados buscando el origen del llamado y no logro distinguirlo, Hinata apunta a algún lugar a mis espaldas y volteo justo a tiempo para encontrarme cara a cara con Aiko.

-¡Aiko!- digo sorprendida parándome muy derecha como si me hubiese topado de pronto con la directora de la academia y fuese a someterme a una inspección.

Ella se ve exactamente como lo hacía durante las sesiones, a las que dicho sea de paso no he asistido en un tiempo. Lleva la larga melena negra recogida en un moño simple que lejos de hacerla ver descuidada le da un aire elegante y relajado.

-Me alegra verte aquí- dice- Las cosas han estado un poco ajetreadas en la aldea y… supongo que por eso no has asistido a sesión.

Usa un tono un poco diligente hacia el final pero es lo suficientemente sutil como para no incomodar.

-Es cierto, lo siento mucho- digo tomándole una mano en un arrebato que no sé exactamente de donde viene- Pero no sabes lo mucho que me hizo falta- de pronto siento ganas de contarle sobre la misión, lo bien que me hizo salir de la aldea y lo chocante pero revelador que fue encontrarme después de tanto con Sasuke.

Hinata pide a los niños que se estén quietos un momento y me doy cuenta de lo mal educada que estoy siendo.

-Aiko- digo haciéndome a un lado para señalar a los demás- Esta es Hinata, una amiga muy querida, este es su hijo Boruto y esta pequeña de aquí es Sarada.

Aiko saluda a Hinata y Boruto con un asentimiento de cabeza y una sonrisa, y luego se inclina hacia Sarada para verla mejor.

-Hola Sarada, tu madre me ha hablado mucho de ti.

Mi hija le devuelve la mirada un momento y luego frunce el ceño antes de hacer una pequeña inclinación y volver a jugar con su amigo.

-Entonces ¿comparten espacio?- pregunta con aire relajado como si no estuviéramos a punto de ser atacados.

Toso un poco y me rasco la nuca muy consciente de que ese gesto lo saqué de Naruto.

-En realidad Sarada se quedará aquí con Hinata… yo debo ir al frente, es donde pertenezco.

Aiko se queda en silencio un momento y luego asiente despacio.

-Claro- dice- Al final del día sigues siendo una Kunoichi.

Hago un gesto afirmativo con la cabeza, Aiko me observa con los ojos muy abiertos y luego por primera vez desde que la conozco veo en su expresión algo más que pura serenidad, hay preocupación y un poco de miedo en el fondo de sus ojos. Se acerca a mí y me abraza con fuerza y decisión.

-Confío plenamente en tus habilidades Sakura- dice en mi oído- Espero que ese Hokage tuyo sepa mantenerte a salvo.

Me pongo un poco tiesa frente a la mención de Kakashi, Aiko me suelta y creo ver el brillo de la suspicacia que la caracteriza cruzando sus pupilas.

-Claro- respondo- Lo hará, estaremos devuelta muy pronto y prometo volver a sesión en cuanto salgamos de esta.

Aiko asiente, se despide de Hinata y le pide encarecidamente que cuente con ella para cualquier cosa que necesite. Cuando desaparece rumbo a su sitio, Hinata comenta que le parece una buena persona y yo le aseguro que puede confiar en ella.

La despedida es larga y triste para mí, Sarada en cambio me besa la mejilla un montón de veces y me da un par de abrazos antes de salir corriendo junto a Boruto y otros niños que han aparecido en los pasillos. Hinata me abraza y ambas prometemos dar lo mejor de nosotras, le beso la pansa y me voy de allí con la garganta convertida en un nudo de alambre de púas que se incrusta en mis cuerdas vocales y tráquea, y me impiden respirar con normalidad.

Camino a casa la pena puede más que mi temple; voy derramando lágrimas en silencio, me prometo a mí misma que podré con todo y volveré a abrazar a Sarada en mucho menos tiempo del que imagino pero la tristeza que me produce dejarla y el miedo que siento de volver a pasar por lo mismo otra vez es demasiado profundo.

A dos cuadras de la casa respiro profundo, me seco las lágrimas y acelero el paso, mi cerebro empieza a trabajar con rapidez, comienzo a repasar los pasos a seguir y caigo en la cuenta de que sólo puedo velar por la seguridad de Kakashi hasta mañana y la perspectiva de perderlo le da un nuevo motivo a mi sistema para aguantar. Acelero más el ritmo valiéndome del remolino de emociones que se acumulan en mi interior, por Kami tengo una tristeza tan profunda que sólo se me ocurre una manera de purgarla de mi interior.

Me falta poco para echar la puerta abajo al entrar, oigo el ruido del agua corriendo en la cocina y me dirijo hacia allí sin permitirme pensar en nada. Kakashi, que está de pie frente al fregadero, se da la vuelta justo cuando llego a su lado y aunque me parece extraño que tenga la máscara puesta se la bajo de un tirón sin hacer preguntas. Él abre la boca para decir algo que no le permito completar, estampo mi boca contra la suya y subo los brazos para meter las dedos en el cabello de su nuca. Kakashi responde a mi beso sin resistir y yo sólo trato de tomar de él todo lo que me parece humanamente posible, lo necesito, necesito que me bese, que me tome, que me toque y me obligue a olvidar la pena y el miedo.

Entonces oigo un carraspeo a mis espaldas y me detengo en el acto, miro hacia atrás por sobre el hombro y veo a Shikamaru apoyado en el arco de la puerta con los brazos cruzados y una sonrisa malvada en el rostro.

-Sakura no te molestes por mi…- dice- De todos modos ya me iba- da un par de aplausos con teatral aire de reverencia- Por cierto, muy buena entrada dramática…- Kakashi suelta una risita que es ahogada por la máscara que vuelve a estar en su sitio.

-Ya vete- dice a Shikamaru.

No soy capaz de hacer nada más que mirar al hombre de confianza del Hokage y sentir unas tremendas ganas de matarlo, casi tan grandes como las ganas que siento de patear mi propio trasero por no haber tenido el cuidado de verificar si había alguien en la casa con Kakashi, y dada la delicada situación, ahora me parece ridículamente obvio que así sería.

Me quedo mirando el espacio vacío por el que desapareció el visitante inesperado hasta que se oye el golpe de la puerta al cerrar, momento en el que soy consciente de que sigo colgada del cuello de Kakashi y no tengo tiempo de pensar en algún movimiento o comentario que me permita recuperar la poca y débil dignidad que me queda.

Gracias a Kami no es necesario porque en cuanto volteo a verlo, Kakashi se baja la máscara y me atrae hacia su boca posando una mano en mi nuca. Mis ojos se cierran sin que yo les de permiso y me entrego por completo a la textura de los labios de Kakashi moviéndose contra los míos que se separan para dar paso a su lengua.

Intento pegarme a él todo lo que nos permite la ropa y no pongo ningún tipo de resistencia cuando Kakashi me toma por los muslos y me sienta sobre la encimera. Tenerlo de pie entre mis piernas resulta más excitante de lo que esperaba, la altura es perfecta y agradezco a Kami una infinidad de veces por la maravillosa forma en que siento su excitación rozando mi entrepierna. Gimo, no puedo evitarlo, gimo contra su boca y Kakashi responde enterrando sus dedos en las carnes de mi cadera, pegándose más y más a mi cuerpo, como si quisiera fundirnos en uno solo.

Nos detenemos sólo cuando nos falta el aire, Kakashi tira de mi camisa con fuerza haciendo volar los botones y le ayudo a deshacerse de la tela sacudiendo los brazos, intento unirme a la fiesta tironeando su polera de lycra pero me detiene el clic de mi brasier al soltarse y caer por los hombros. De inmediato el calor de las manos de Kakashi se posa en la piel de mis senos descubiertos arrancándome un gemido que nace desde lo profundo de mi ser.

-Sakura…- suelta Kakashi en un susurro que suena casi como un gruñido.

Se inclina sobre mi cuerpo y roza los labios sobre mi pezón derecho, clavo los dedos en sus hombros para no gritar, pero ¡por Kami cuanto necesito gritar!. Su respiración golpea mi piel y no puedo evitar arquearme hacia él cuando la humedad de su boca succiona mi pecho.

Debe ser que la excitación me nubla los sentidos porque aunque me tiene al borde de la cordura necesito más, aún puedo pensar, aún siento el dolor incrustado en lo profundo de mi ser y necesito arrancarlo, aun puedo oír la voz histérica en mi cabeza que susurra que moriremos y jamás podré volver a ver el rostro de mi hija, a oír la risa de mis amigos, a sentir las manos de este hombre recorriendo mi cuerpo.

Enredo los dedos en el cabello de Kakashi y lo arranco de mi pecho con fuerza para atraerlo a mi boca, él no se queja, simplemente me sede el mando y se deja guiar. Lo beso hasta hartarme y luego le quito la ropa con calma, primero la polera, luego los pantalones negros. Me regalo un precioso tiempo para observarlo en ropa interior pero demoro lo suficiente como para que Kakashi me tome por las caderas y me pegue a él. Me besa el cuello y por la forma en que mi cuerpo reacciona a su toque sé que mi momento de control a acabado.

Me quita la ropa, es menos considerado que yo, aunque bastante mejor de lo que mi imaginación se había atrevido a contemplar; antes de darme cuenta estoy completamente desnuda y acorralada contra la encimera, otra vez. Kakashi parado tras de mi reparte besos sobre mi espalda y hombros mientras pega su erección a mi trasero. Gimo con fuerza, quizás grito un par de veces y me retuerzo bajo su toque hasta que me voltea y me sienta sobre el mueble de cocina nuevamente. Juega con mi senos, con mi lengua, con mi vientre, muerde las carnes que se cumulan en mis caderas y me siento viva y caliente como nunca antes.

Gracias a Kami-sama porque no se detiene a preguntar estupideces, como si estoy segura o si creo que esto es lo correcto porque creo que, de hacerlo, podría explotar de rabia y matarlo en un arranque de locura. Como sea, no lo hace, simplemente se dedica a desquiciarme de una forma completamente diferente: baja por mi torso, dejando besos, lametones y chupetones aquí y allá, no lo detengo, me entrego, me sirvo a mi misa en una bandeja de plata para que mi ex sensei alias uno de mis mejores amigos alias el Hokage, haga absolutamente lo que le venga en gana conmigo.

Me abre las piernas un poco más ejerciendo un poco de presión con su manos en el interior de mis muslos y hunde su cara directo en la humedad de mi entrepierna, mi primera reacción es intentar apartarme pero Kakashi me mantiene en mi lugar y casi tengo ganas de llorar de agradecimiento cuando siento el exquisito tacto de su lengua saboreando mi vagina. Llegados a un punto, luego de un tiempo que soy incapaz de cuantificar, llego al orgasmo y encuentro dentro de mí ni un poco de pudor al correrme en su boca, Kakashi no se quita, ni siquiera muestra señales de querer hacerlo, se queda donde está y sigue lamiendo hasta que por fin puedo abrir los ojos y respirar.

-Ven- digo- Ven.

Tironeo su brazos y le obligo a ponerse de pie, de inmediato me besa mientras deja que me deshaga de su ropa interior que termina arrugada en torno a sus tobillos. Percibo mi sabor en su boca y en un ridículo arranque de pudor siento como mis mejillas se acaloran, más si cabe, de lo que ya están hace un largo rato. Kakashi sonríe contra mi labios y se acomoda un poco antes de penetrarme, por completo, de una sola estocada. Me quedo sin aire, no siento dolor, solo una tremenda sensación de estreches de la que no era consciente, él no espera, me muerde el labio inferior y comienza a moverse en mi interior, y es maravilloso, una sensación que prácticamente había olvidado… pero mejor, mejor porque es Kakashi quien se hunde dentro mío, es su olor el que me envuelve, sus labios los que me besan, sus manos las que se aferran a mi cintura, sus jadeos los que se mezclan con los míos.

No intentamos poses complicadas ni pretendemos esconder lo desesperados que estamos por fundirnos con el otro, simplemente jadeamos y gemimos al unísono con cada empujón, entierro mis uñas cortas en su espalda, muerdo el espacio que queda entre su cuello y su hombro, mientras él me invade, me eleva y me destruye todo al mismo tiempo.

No pienso en nada, sólo en él, sólo en su cuerpo pegado al mío, en el tono ronco y sensual de sus gemidos junto a mi oído, en la forma en que se estremece bajo mis caricias, en las cientos de veces que mi nombre abandona sus labios con aquel maravilloso matiz de anhelo, hasta que le siento acelerar y abro mis ojos sólo para descubrir que gracias a todo lo divino, puedo ver la forma en que se mueve y contrae el trasero de Kakashi en el reflejo de la puerta del horno. Suspiro cuando su mano se cierra sobre mi seno derecho, y la otra aprieta con más fuerza mi cintura. Se hunde en mi con renovada fuerza y vigor, jadeando y gimiendo casi al mismo volumen que yo. Vuelvo a cerrar los ojos renunciando con reticencia a la bonita imagen de sus nalgas cuando siento que estoy por correrme por segunda vez.

-No pares- digo aunque creo que sin motivo porque Kakashi no ha dado señales de querer detenerse ni ha bajado el ritmo.

Sus estocadas se vuelven más profundas, yo cierro las piernas en torno a su cintura para permitirle mejor acceso y después de algunos maravillosos segundos se estremece, hunde la cara en mi cuello y suelta todo el aire de sus pulmones en algo parecido a un gruñido que, sumado al chorro de líquido caliente que se derrama en mi interior, me empuja con fuerza directo a mi segundo orgasmo.

Nos quedamos quietos, abrazados, jadeando cada vez más despacio. Me adormezco apoyada en su pecho, percibo la poca luz que se filtra por las ventanas cuando Kakashi me toma en brazos y me lleva a la cama donde se mete conmigo completamente desnudo. Me abraza con fuerza y me duermo pensando en lo bien que me siento y en cuanto me gustaría tener esto, tenerlo a él así… para mí, para siempre.

Por la mañana nos despertamos enredados entre la sábanas de mi cama, mi espalda pegada a su pecho, ambos sobre nuestro costado izquierdo, besa mi cabeza, luego mi nuca y reparte besos por toda mi espalda desnuda, me estremezco el sentir su labios, al recordar lo que hemos hecho y siento aumentar el calor en mi vientre, lo siento subir por mi espina dorsal y meterse en todas las terminaciones nerviosas. Doy la vuelta y me subo a horcajadas sobre él, Kakashi está listo y me deja montarlo tanto rato como me place.

Nos duchamos y vestimos en silencio, usamos los uniformes de Jounin, equipados al máximo, Kakashi me ayuda a poner el chaleco verde y salimos de la casa tomados de la mano. Sé que debemos tomar caminos distintos antes de volvernos a encontrar pero me quedo a su lado un momento más, hasta que Kakashi me rodea con sus brazos y susurra un suave y casi imperceptible "te quiero" en mi oído.


Holi! a todxs.

¿Cómo están? yo contenta de por fin por fin poder actualizar... no saben cómo me costó escribir esto! pero hoy, hace nada, salió de mi todo de un tirón, bueno la parte final... ya saben.

Me habría gustado tanto actualizar antes pero la vida, bueno para qué más excusas, sólo prometo que este fic va a tener final contra viento y marea. Espero les haya gustado el capítulo y aprovecho para agradecer a quienes leen siempre y dejan sus mensajes, de verdad son lo máximo! me río y emociono con sus mensajes.

Les mando muchos besos y nos vemos hasta la prox actualización.