Mi madre me saluda desde el extremo opuesto del jardín, su blanco brazo se mueve vigorosamente en el aire y yo la observo radiante en su vestido blanco de algodón con flores amarillas. Intento tranquilizar mi respiración, el sudor me corre por el cuello y comienza a escurrir por mi frente, pero no me importa. Sigo corriendo por los alrededores esperando encontrarla observandome a donde sea que me dirija. Siempre está pendiente de lo que hago, me sonríe y me sigue con la mirada. Lo sé porque puedo sentirla como si fuera yo una de esas cometas de papel que suelo volar en el jardín de la mansión, si me voy muy lejos la angustia de perderme la obliga a llamarme y yo le respondo en seguida para tranquilizarla.

Observo mis pies, ocultos entre el pasto y la hierba. Parece que el jardinero se ha olvidado de trabajar esta esquina en particular. La maleza es alta en esta zona y mientras inspecciono el lugar con curiosidad, me adentro un poco sin darme cuenta que he perdido de vista a mi madre. De a poco comienzo a escuchar el suave crujir de mis pies sobre el piso lodoso que a cada paso se vuelve más pesado y espeso, muy difícil de caminar. Mis pequeñas piernas empiezan a sentir el cansancio. La maleza es ya tan alta y espesa que sobrepasa mi altura. Decido regresar al jardín, pero al darme vuelta caigo en la cuenta de que en realidad no sé por dónde he venido. Todo se ve igual.

Intento caminar en línea recta por donde pienso que ya he pasado, pero cardos altos y espinosos me rozan las piernas y los brazos. Sé que no he pasado por ahí antes, los habría sentido como ahora, cortándome la piel o dejando esa intensa necesidad de rascarme hasta sangrar. Regreso sobre mis pasos una vez más y me encuentro mirando la misma espesa maleza frondosa que juro que parece crecer y multiplicarse. En realidad, no sé dónde estoy o de dónde he venido. No puedo volver a donde he comenzado y no parece haber ningún otro camino que pueda guiarme. Empiezo a desesperarme, ¿qué puedo hacer entonces? Quizá si grito mis padres me encuentren, después de todo no estan tan lejos.

Entonces, observo atento cómo de entre la hierba salen zarcillos delgados y retorcidos que crecen ante mi vista, intentando alcanzarme. Mi cerebro sabe de antemano lo que sucederá, he estado aquí antes, ya he vivido esto. El grito de mis padres en algún lugar llamándome, los zarcillos retorciéndose sobre mis muñecas, mi cuello, mi cintura, mis pies. Mi madre, llamándome insistentemente con voz desesperada. Los zarcillos volviéndose ramas gruesas y luego lianas húmedas que aprietan con mucha fuerza. Estoy a punto de gritar pero una gran rama de cardo se ha enredado en mi cabeza, atraviesa mi boca y siento sus espinas sobre la cara lastimando mis mejillas, haciéndolas sangrar. Sé que me estoy quedando sin aire, alguna rama aprieta mi cuello, ya me duele el pecho y mi vista esta borrosa. ¿Voy a morir?

-"No"- me responde una voz adulta desde el interior de mi cabeza- "padre vendrá".

Y entonces lo veo volando sobre su escoba algunos metros arriba, buscándome. En sus ojos hay preocupación y cuando me encuentra: terror. Su mano se extiende y su varita revolotea en el cálido aire de verano, pero yo me hundo en el lodo muy lento, tras unos segundos mucho más rápido y finalmente caigo al agua.

De un salto me incorporo, me cuesta respirar. La almohada está empapada de sudor y las sábanas por partes se sienten húmedas. ¿Qué puta mierda ha sido aquello?, ¿un sueño?¿una pesadilla?

No logro controlar mi respiración, parece como si hubiera corrido varios kilómetros, si cierro los ojos aún puedo ver la maleza y sentir el lodo en los pies. Me siento a la orilla de la cama, los pies sobre el mármol frío de la habitación me devuelven a la realidad. Sólo era un estúpido sueño. Descalzo voy hasta el baño, enciendo la luz y me observo en el espejo. La palidez es casi mortuoria, siento el cabello mojado y gruesas gotas de sudor me escurren sobre las sienes .

¡Maldito trabajo de mierda!, el estrés me está cagando hasta el sueño. Necesito una distracción, un buen trago, una buena cogida con Granger como mínimo.

Abro el grifo del agua y la siento helada, tomo un chorro con ambas manos y me empapo la cara, la tallo vigorosamente una, dos y hasta tres veces, gotas frías me escurren por la garganta y me mojan el cuello, me distraen pero no son suficientes. Tengo un nudo en la garganta que se niega a irse, para cuando me miro de vuelta al espejo siguen ahí, gruesas gotas que escurren de mis ojos y que yo me aferro a llamar sudor.

Tres sordos golpes en la puerta me despiertan. -¿Draco, estás aquí?

- Sí madre. -Respondo, mientras me incorporo del sillón frente a la chimenea en donde el cansancio por fin me había encontrado, no en mi habitación sino en el despacho.

Al abrirse la puerta, veo que mi madre no viene sola. Una alta figura de piel oscura la acompaña.

-Tienes visita -me señala con un suave movimiento de cabeza al mago que a sus espaldas, me mira con amplia sonrisa y cara de bufón.

- Le hubieras dado algo de pan duro y echado a la calle. Es un malnacido hijo de…

- Los dejo para que hablen- interrumpe ella.- Blaise, te quedas en tu casa hijo.

-Gracias Sra. Malfoy. - responde el mago con voz aterciopelada. No sin antes caer en la cuenta de la mirada maternal y de advertencia que le da la bruja antes de retirarse y cerrar la puerta tras de sí.

- ¡Debo decir, que te ves asquerosamente jodido! - me saluda, sin atisbo de pena por entrar a mi casa tan temprano en la mañana.

- Y yo debo decirte que me importa un carajo tu opinión. Se puede saber a qué debo el honor de tu impropia visita matutina.

-Traigo chismes - dice, mientras camina de aquí para allá viéndolo todo y nada en particular. Tocando cualquier cosa sobre mi escritorio y abandonandolo en seguida, revisando el polvo de las estanterías con su crítico dedo índice que luego no se molesta en mirar, admira cualquier copa, taza o vaso que va encontrando a su paso y al segundo siguiente lo deja donde estaba porque no lo ha encontrado digno de admiración.

Lo observo con paciencia mientras espero sentado cerca de la mesa de té. Sé que madre no tardará en pedirle a Nana, la elfina doméstica, un servicio de bocadillos y bebidas. Tras unos segundos el suave puft seguido del olor inconfundible de mi té favorito me distraen del invasivo andar de Blaise. -¿Te había dicho que eres un metomentodo?- Le pregunto, mientras me distraigo con el suave aroma de la taza llena del único líquido rojizo que puedo beber a las 6 de la mañana.

-Si, muchas veces. Pero no en el último mes.- Notando los bocadillos se deja caer en el sillón y con rapidez pesca uno de los bollitos glaseados de la pequeña torre de charolas que llevan bisquets de chocolate, galletas y trozos de pan para acompañar con mermelada.

Tras el primer sorbo de té caliente, estoy listo para cualquier "chisme" que mi mejor amigo haya decidido venir a compartir. Con Blaise, bien puede ser la cosa más absurda o la noticia más devastadora. - ¿Y bien? ¿Cuáles son esos chismes?-

Me observa mientras mastica su segundo bollito. Sé que le encanta jugar a la diva, tomar su lugar en la primera fila para observar la reacción de la gente tras escuchar lo que sea que vaya a decir. En resumen, un cabrón cotilla de lo peor.

-Ha llegado hasta estos bellos oídos- dice pausadamente mientras continúa masticando y traga- el rumor de que cierta bruja muy interesante y hermosa - pausa totalmente innecesaria- se coge a cierto cabrón hijo de puta involucrado en la ansiada reconstrucción del mundo mágico. - dice por fin y me observa detenidamente con esos grandes ojos negros capaces de captar la más minima duda, ansiedad o temor. Es una suerte que lo haya tenido a mi lado por años enteros en el colegio y que sea casi inmune a sus trucos baratos.

Como si aquello me aburriera brutalmente tomo un sorbo de té y como si no fuera suficiente información para tentar mi curiosidad, muevo la mano instándolo a seguir mientras trago.

-Hermione Granger y Bastian Faure.- concluye.

Aquello me saca por completo de balance. Me atraganto con mi propio té y toso buscando algo de aire y una servilleta para limpiar el líquido que he derramado sobre la bata de noche. Cuando logro encontrar la compostura, vuelvo a prestarle atención. Sostiene una taza de té en la mano izquierda mientras que el dedo índice de la derecha gira acompasado de una cucharilla plateada que golpea a cada tanto las paredes de la taza. Su postura relajada y su mirada astuta me recuerdan a la verdadera serpiente escurridiza que sé que es, esperando su turno para atacar. Me pongo alerta de inmediato.

-¿De quién has escuchado eso?- pregunto.

-Una fuente confiable- me asegura rodando los ojos. - ¿He de suponer que no sabías nada? Últimamente ves a tu sangre sucia favorita muy a menudo. ¿O no?

- ¿Mi favorita?- repito, - Mucho cuidado con lo que dices por ahí Zabini.

- Tu favorita Malfoy, -Dice, dejando a un lado la cucharilla y bebiendo por fin.

Lo miro con la cara más aburrida que puedo, me pica la curiosidad pero no puedo dejar que lo adivine, al más mínimo atisbo de interés lo sabrá, e irá a contarlo al mundo entero como el vil cotilla que es.

-No niego que "tu chisme" ha sido momentáneamente interesante, pero Blaise si has venido solo por eso me temo que has perdido tu toque amigo. Volar de tan lejos solo para decirme con quién se acuesta Granger, es demasiado.

No contesta nada, el silencio se extiende a más de un sorbo y me obligo a mirarlo desconcertado.

-Granger, he. - Dice con una sonrisa burlona escondida tras su taza de té. -En los siete años que viví contigo en el colegio jamás escuché que la llamarás por su apellido.

¡Mierda! Me castigo mentalmente y me obligo a pensar rápido- Y qué esperabas si tengo que verla una vez a la semana en esas estúpidas juntas del ministerio. ¿Se supone que la siga llamando "sangre sucia" mientras gasto parte de mi fortuna intentando recuperar algo de honor?

-Bueno en eso tienes razón.- Dice, sopesando mi explicación más para sí que conmigo.

-¿De cuando acá te interesan los líos de faldas del imbécil de Faure?- Cruzo los dedos para que funcione esta distracción.

-Faure no me importa en lo más mínimo, no es interesante en lo absoluto.- dice mientras rueda los ojos dramáticamente. Al menos por primera vez en el día estamos de acuerdo- Es el Harry Potter mejorado y adinerado de Francia. ¿Por qué habría de importarme? Pero la sangre sucia, bueno esa sí que ha dado de qué hablar desde el año pasado, es el chisme de moda.

-¿A qué te refieres?

-Supongo que no te enteraste. Fue en la misma época en que tu padre falleció. Sangre Sucia salía con comadreja Weasley y todo parecía ir viento en popa. Pero de la noche a la mañana, a él se le empezó a ver con Lavender Brown y pocos meses después bum! ya tenían su primer hijo. A nadie le cuadraron las fechas, al menos a mí no, si ese niño es de él y es obvio que sí por su inconfundible cabecilla de zanahoria y esa cara, comadreja engañaba a la sangre sucia casi desde el inicio de su relación.

-¡Vaya, vaya! Supongo que podemos decir que el trío de oro está acabado.

-En definitiva. Pero si me preguntas esa bofetada le ha sentado de maravilla a la sangre sucia. Un poco de humildad para empezar y un maravilloso cambio de look para resaltar sus atributos bien guardados, y voila! Tenemos una bien cogible y vulnerable bruja en busca de venganza. Debo confesar que por un momento pensé que podrías ser ese cabrón afortunado, ya que bueno también estás dentro del triángulo dorado de la reconstrucción.- Me mira con una ceja levantada- pero es claro que Faure es el maldito suertudo. Es perfecto para ella. - Afirma con total convicción y tengo que cerrar la boca con tanta fuerza que siento los dientes rechinar.

-Que brillante deducción Blaise- le digo, casi en un gruñido con los dientes bien apretados. Tengo que controlarme, no debo echarlo a perder. - Espero que sea una razón basada en nuestra amistad y no que me menosprecies ante el imbécil de Faure.

-¡Claro que no! Bueno, si es más rico que tú, y tiene una inmejorable reputación, pero no, esa no es la razón.

Miro mi taza de té con un gran recelo. Estoy en grave peligro de hacer algo estúpido si el imbécil no cambia de tema.

-Yo conozco tu gusto para las mujeres y ciertamente nunca te he visto involucrado con ninguna sangre sucia, por muy buena que estuviera. ¿Te acuerdas de Nora?, la de los pechos enormes de ese bar en Suecia. Apuesto a que ningún hombre la había rechazado hasta que te conoció Draco.

Sacudo la cabeza recordando a la bruja de grandes y suculentos pechos. Que difícil había sido llamarla asquerosa sangre sucia viendole… los ojos, y más difícil aún controlar su gran erección bajo la mesa del bar. Por otro lado, suerte que aquello formara un precedente de faldas delante de su amigo o vería los bien cerrados puños que me guardo al cruzar los brazos para no estamparlos en su horrible cara. -¿Y qué te hace pensar en Faure y no ese inepto director de St. Mungo? Ése que el otro día salió en el periodico con ella.

-¿Bromeas? Qué otra cosa buscaría sino lo opuesto a comadreja Weasley. Es rico y con clase, muy inteligente, se dice que tanto como ella. Auror y jugador de quidditch profesional. Defensor de las más absurdas causas perdidas y miembro de la noble asociación de investigación y cooperación internacional para brindar tecnología muggle al mundo mágico. Asociación que por cierto, creó la sangre sucia. Y está esto- de su abrigo saca un doblado periódico fechado dos días atrás, sabía de antemano qué nota había captado su interés- ¿Quién más podría ser? - añade- Sangre sucia está por entrar a la casi realeza francesa. De mi te acuerdas.

Tomo el periódico y lo extiendo, no sin cierto recelo porque sé lo que veré. La nota de El Profeta que mostraba al ministro, a Granger, a Faure y a él mismo siendo reconocidos por su "importante labor". Había escrito la autora del artículo sin ahondar en detalles de dicha labor, porque claro, sólo yo sabía que la muy estúpida había pasado el tiempo dibujando cierto demiguise y no había puesto atención en lo absoluto.

-¿Y todo eso lo sabes por una foto? - Inquisitivo e intentando meterle duda le muestro la foto del periódico que ya había visto. Justo la que capta la mano de Faure en la cintura de Granger mientras se deshace en sonrisas y saludos al público.

-¡Esa no, imbécil! Quien no le pondría una mano encima a la sangre sucia si se vé así. Es más, yo se la hubiera puesto en… - Sin poder contenerme le miro queriéndolo matar, ojalá pudiera hacer magia involuntaria como cuando era niño, aunque fuera solo una vez.

Lo veo dudar, y me obligo a recapacitar en lo que estoy haciendo. -¿De cuanto acá vienes y me llamas imbécil?, ¡tu pedazo de idiota!

-Desde que somos amigos… - Me mira sin entender y esta vez no sé qué contestarle. - ¿Te encuentras bien? - Insiste

Suspiro y aprovecho el momento para cerrar los ojos y controlarme un poco- Sí, es solo que llevo semanas sin dormir bien. Este asunto con las minas es algo estresante.

-Entiendo. Por qué no vas a la página 10, a la sección de sociales. Verás a qué me refiero. - Aturdido, hago lo que me pide. Yo mismo leí ese periódico aquella tarde, pasé a otros temas importantes sin mirar siquiera la sección de sociales. Llevaba tiempo que ni su madre ni él lo hacían, ya que constantemente solían encontrar insultos y bromas dirigidos a la familia Malfoy.

Al llegar a la página marcada con el número 10, una fotografía pequeña y poco insignificante en el margen superior izquierdo mostraba a Granger y a Faure en un restaurante del centro, tomando una copa de vino y hablando animadamente. El título rezaba, "Un minuto de silencio por el soltero que acabamos de perder".

-¿Lo ves?- insisté Blaise, y lo veo. Pero me niego a decirlo en voz alta. La mirada de Faure tan intensa y la sonrisa tan natural y coqueta que Granger le devuelve. A ojos de todos esos dos tienen algo, o lo tendrán, y a mi cada vez me hierve más la sangre al recordar que es demasiado lista, tan lista que en lugar de contrato me dió su estúpida tarjeta mágica en donde casualmente olvidó mencionar una cláusula de exclusividad.

-Me estás fastidiando Blaise.- Le digo mientras aviento el periódico a la chimenea. - Sé que te encantan los chismes pero es tan temprano que agotas mi paciencia demasiado rápido.

-Pero antes estas cosas te animaban, y es tu sangre sucia favorita la que te encanta moles… -

Sin poder evitarlo me paro de un brinco y me dirijo a él con todo el desprecio y coraje del que soy capaz de contener - ¡Granger, Zabini! ¡Se llama Granger y mejor llámala así porque si de tanto escucharte termino diciéndole "sangre sucia" te arrepentirás! Ahora al grano, ¿para qué has venido? Porque si no tienes nada mejor que decir te puedes largar.-

El silencio se apodera del espacio, en esos segundos solo se escucha mi respiración agitada y se que me he extralimitado. Pocas veces le he hablado así a mi mejor amigo y no creo que sea una buena idea continuar. Si Blaise presiona un poco más, lo terminará sabiendo. Y aunque sé que se enterará tarde o temprano, no quiero que sea ahora. No quiero a Granger en su morbosa cabeza si puedo evitarlo. No la quiero en la cabeza de nadie más, es mía por los próximos meses y ya.

-Tu madre me escribió en la madrugada, me pidió que viniera a verte de inmediato. Está preocupada, dice que el trabajo te absorbe gran parte del día, empiezas a tomar de más y parece que cuando por fin duermes, tienes pesadillas. Ella piensa que la… muerte de tu padre te está afectando.

No sé qué decirle, en segundos a mi cuerpo le ha caído un balde de agua helada y mi cabeza ha recibido un gran golpe, uno fuerte que no he sido capaz de ver venir. Una punzada de dolor en la frente me advierte de una próxima migraña. Me sobo el puente de la nariz aunque solo sea para hacer algo porque en realidad no ayuda en nada. -Mi madre, ¿te escribió?

-Lo hizo, debes preocuparle en serio. - me dice.

Y entonces caigo en la cuenta de que esta mañana ella misma recibió a Blaise, no lo hizo la elfina doméstica, lo hizo ella personalmente porque lo esperaba. Incluso estaba cambiada y arreglada, lista para ser una buena anfitriona enviando té y bollos mientras él mismo seguía en pijama y bata.

-Se que es absurdo que nos pongamos a hablar de tu padre Draco, no somos esa clase de amigos que se cuentan lo que de verdad importa. Más bien somos de la clase de cabrones que esperamos en silencio a que el otro cuente algo, y luego si es suficientemente importante vamos a contárselo a Pansy ó a Theo para que ellos hagan algo, porque bueno… somos terribles para consolarnos. Entonces, ¿hay algo que quieras decirme?

Tras varios segundos me replanteo si debo o no contarle algo, lo que sea funcionaria, por ejemplo el sueño de anoche. Pero caigo en la cuenta de que solo sería una excusa. Contar mi lío con Granger también lo sería.

- Nada.- respondo por fin- Al menos nada que pueda decirte ahora. ¿Por qué no me cuentas mejor algo más? Otra cosa que no involucre a Granger o al imbécil de Faure.

-En realidad no hay mucho más que contar, el mundo mágico se ha vuelto terriblemente aburrido. - dice, mientras me observa acabar el té de un solo trago- Oh sí, tuve que pasarme ayer por las minas. Hice una inspección de seguridad ficticia.

- ¿Y eso por qué? Yo acabo de hacer una hace apenas unos días. Y de haber encontrado algo pendiente te habría dicho para que le dieras seguimiento.

-Dije ficticia, en realidad no hay nada de qué preocuparse, la seguridad no tiene ningún problema, fue solo precaución. Verás, cierta noche me pasé por el bar del Espectro, ¿ya sabes cuál no?

-Blaise… - exasperación total, verdaderamente se está ganando una paliza.- sabes de sobra que lo tiene sentenciado por el ministerio y ¿aún así sigues metiéndote en terrenos de artes sospechosas?

-Sí, sí ya sé, no me pongas esa cara. No fui como yo mismo. Invertí mucho tiempo en una poción multijugos y aunque sí fui con el afán de embriagarme y divertirme, no lo hice. Me senté a jugar naipes con unos duendes y una cosa horrible que casi puedo jurar era una arpía. La verdad es que esa noche no tenía suerte, me estaban dejando limpio, pero asumo que el montón de galones sobre la mesa y el alcohol les aflojó la lengua a los duendes. No dejaba de presumir que pronto serían ricos, dueños de incontables pilas de oro y mármol mágico. Me dió mala espina, la única mina de mármol mágico en Gran Bretaña, pues es la tuya. Por eso hice la inspección.

-¿Y qué encontraste?

-Nada, mi resultado fue el mismo que tu informe. Pero sí noté a los duendes raros, muy… cooperativos diría yo.

-Bueno son duendes, son volubles. No me extrañaría si en otra revisión se volvieran reacios a contestar.

-Será mejor que nos mantengamos alerta, eres el dueño y yo el administrador. Pero ellos son quienes trabajan la mina. Y sabemos de antemano que no se distinguen por su juego limpio cuando algo les interesa.

Ciertamente Blaise tiene razón en sospechar. Una cosa más sobre la que debo estar pendiente. Reclinado la cabeza hacia atrás observo el techo de majestuosas volutas y adornos labrados en madera. Cuán lejos estoy de aquellos años en donde el estrés se iba cuando el pergamino pasaba a las manos del profesor. ¿Cómo es que se las arreglaba padre? Siempre se veía tan compuesto y feliz.

Cierro los ojos y siento el cansancio venir a mi, Blaise no parece tener nada más que decir.