Muy bien dejando de lado la mansión Malfoy , 10 villas repartidas en toda la Isla Británica, 1 casa pequeña en Francia y una más en Bélgica, creo que por fin he llegado a recopilar la información de todo lo que es medianamente habitable y bueno… legal. Organizar apenas este puñado de información me ha costado toda la mañana, es difícil entender algunas notas hechas a mano sobre cada lugar, pareciera que padre, incluso antes que él mi abuelo Abraxas, clasificó cada lugar de acuerdo a un criterio que aun no me queda claro. Sé que no están por zona o región, no por extensión o dimensiones, no por su plusvalía o valía histórica, no por sus recursos naturales… Quizá después de todo es una muy buena idea visitar cada propiedad y comprobar si son habitables antes de tomar alguna decisión con respecto a la nueva casa de madre. Reclasificarlas en algo medianamente entendible y si terminan siendo una porquería, pues vender el terreno o reconstruir con cualquier otro fin.

Un repiqueteo continuo seguido de algunas pausas me distrae. Me obligo a ponerme en pié, algunos huesos truenan mientras me paro y estiro cada extremidad entumecida por haber estado tanto tiempo sentado, en cuclillas o con las piernas cruzadas en el suelo. Aunque esté alfombrado, sentarse en el piso es totalmente incómodo, es un hábito insulso y molesto que hago sin darme cuenta. A veces cuando estoy demasiado enfocado, simplemente termino así sin reparar en el tiempo hasta que alguien me encuentra y me interrumpe, cómo esa estúpida ave que desde algún lugar de esta habitación está dispuesta a sacarme de quicio.

Busco a mi alrededor para identificar la procedencia del ruido. Por supuesto, todo es un maldito desastre, para dar con la información de las propiedades familiares, he tenido que revisar cada carpeta, pergamino o depósito de papelería vieja y enmohecida de la biblioteca personal de mi padre. Así que ahora regados por todo el piso, sobre los muebles, en el pequeño escritorio y sobre cada superficie lisa que haya en la habitación, hay papeles y pilas de documentos de diversos asuntos priorizados según la urgencia que me parece, deben tener.

De nuevo, el picoteo del ave sobre cristal, esta vez, acompañado de un ulular estrepitoso. De puntillas, intentando no pisar nada, me acerco a una pared tapiada con libros contables amontonados en torres infinitas hasta el techo. En algún lugar detrás de toda esta basura, hay una ventana, estoy seguro. Tras un par de hechizos, algunos libros son colocados con sumo cuidado en una nueva torre cerca de la puerta de entrada, descubriendo la raída cortina de terciopelo rojo que se cae del palo cortinero al más leve tirón de mi mano, dejando a su paso una nube de polvo que me hace toser en seguida.

Un chorro de luz entra a la pequeña biblioteca, iluminando quizá por primera vez en años, los libros contables más cercanos. Es difícil decir cuántos son, pero apuesto que algunos deben ser tan viejos como la misma mansión, aquellos cercanos a la luz muestran en su lomo el año 1720 con grandes letras doradas. Aunque es impresionante, no dejan de ser basura antigua. Tengo que recordar volver a esta habitación para deshacerme de todo. En el cristal de la ventana, que por supuesto está empañado de polvo y mugre, la silueta de una gran lechuza espera. La ventana no parece tener otra función que la de brindar luz, pues no tiene pestillo u otra forma de abrirse, sin más remedio uso la varita para desaparecer el cristal.

El ave, que descansa sobre un asta posadera que no sabía que existía fuera, me mira. Tras aletear y ulular un poco se adentra por el justo hueco de la ventana hacia el interior. Es una lechuza de elegante plumaje marrón y ojos amarillos, aterriza sobre una vieja lámpara de metal en forma de barra plana ubicada en una esquina del escritorio y me extiende la pata. Amarrada a la extremidad del animal, un pequeño bolsillo de cuero del mismo tono que su plumaje, es similar al de las lechuzas repartidoras de periódicos y revistas, sirve para recolectar la paga de lo entregado. Pero esta lechuza no está entregando nada que se requiera pagar. -¿Debo suponer que lo que trae para mí está dentro del bolso? - Reflexiono en voz alta. El ave mueve la cabeza de atrás hacía adelante y vuelve a extender la pata. ¿Me acaba de afirmar?

-¿Es para mí?- El ave repite el mismo movimiento, -¿Debo pagar? - La lechuza entonces mueve la cabeza de lado a lado. Entiendo el mensaje: "No". Debo verme muy estúpido frente a ese animal abriendo mucho los ojos. Es decir, claro que sabía que las lechuzas giran la cabeza en todas direcciones, sobre todo cuando cazan. Pero nunca ví a una tan bien entrenada para usar tal habilidad y comunicarse. Estoy realmente impresionado, jamás debí apodar a Goyle "cerebro de pájaro", claramente es un gran insulto para esta lechuza.

-Okay, ocupo que me presentes a tu dueño. He heredado un torpe búho que rara vez me hace caso, realmente necesito algo mejor.- Le digo, acercándome y comenzando a desabrochar el herraje y la cuerda de cuero que parece totalmente innecesaria para el tamaño de la bolsita. Con índice y pulgar intento agarrar el contenido, y aunque mis dedos tocan un borde puntiagudo soy incapaz de sostener el contenido con solo dos dedos.

¿Pero qué diablos? ¿A quién se le ha ocurrido un encantamiento de expansión en una ridícula bolsita de 5 centímetros? ¡Esa ave es capaz de cargar el doble de su peso con las garras! De inmediato cierta bruja de cabellos y ojos marrones me viene a la mente.

Granger, claro… - qué otra persona estaría a favor de la comodidad de una lechuza. Ya la veía discutir con el encargado del aviario "... y que tal si se cansa y quiere tomar un refrigerio a mitad del camino"... Incluso en su imaginación sonaba graciosa. Sonriendo aflojo más la cuerda de cuero e introduzco la mano entera en el bolsito, mis dedos chocan con un pequeño paquete cuadrado que sostengo y saco con facilidad. Al girarlo buscando al remitente encuentro una pulcra y estilizada letra sobre la cara de la caja que asumo es la que debo abrir, pone: "Para Draco Malfoy, Mansión Malfoy, Wiltshire Inglaterra. De Hermione Granger, Ministerio de Magia, Departamento de Gestión para la Reconstrucción del Londres Mágico y Proyectos Tecnológicos Adjuntos."

Tras desatar el cordel y el papel de envoltura, una pesada carta se me resbala de los dedos y cae al suelo levantando una nubecilla de polvo. Espero que no tenga otro hechizo de expansión porque si se rompe algo me veré obligado a culpar al ave, y es tan lista que sería una pena. La aludida me mira en silencio siguiendo todos y cada uno de mis movimientos, sus amarillos ojos de pronto se entrecierran y me pregunto si intuye la culpa también. ¿Será posible?, pero enseguida estira la pata de nuevo y caigo en la cuenta de que no he vuelto a atar el bolsito, la cuerda de cuero se enreda en sus garras y parece molestarle.

-¡Oh claro! - me apresuro a dejar el paquete, atar de nuevo la cinta de cuero y abrochar el pequeño herraje. La lechuza entonces gira dignamente y emprende vuelo, primero a la ventana y una vez sobre la barra posadera extiende las alas y se pierde rápidamente de vista. Es algo estirada esa lechuza, me pregunto si pertenece a Granger, serían tal para cual. ¿Qué no tenía un gato?.

Recojo la carta del piso y miro por primera vez la extraña caja de cartón duro con la imagen de un raro objeto. Una cinta amarilla atraviesa la imagen con la leyenda. "Prototipo, Propiedad del Ministerio de Magia de Londres.- Copropietarios Hermione Granger y Draco Malfoy"

Por más que la miro no le encuentro sentido en lo absoluto. Tras abrir la caja, entiendo menos aún, tomo el pequeño objeto que cabe en la palma de mi mano pero no adivino lo que hace. Montón de preguntas me llenan la cabeza.

-Muy bien Granger, ¿que te traes esta vez? - Dejando la caja de lado sostengo la pesada carta y me dispongo a abrirla, el sello de cera se desprende en cuanto lo tocan mis dedos. Cuando mínimo 10 páginas de pergaminos bien doblados se encuentran entre mis manos. Pero solamente la primera página tiene la misma caligrafía pulcra y vanidosa del paquete.

Malfoy,

¡Felicidades! Tu trabajo en los días pasados ha sido maravilloso, te complacerá saber que la primera y segunda etapa contemplada para la reconstrucción de los muros de Hogwarts ha sido terminada. Y esta misma mañana otro cargamento arribó para construir la etapa siguiente.

El ministro y la directora del Colegio están por demás felices. Por eso no fue difícil hacer que el ministro en persona te aprobara el uso de uno de los primeros dispositivos móviles para comunicación personal.

Sí, es un aparatejo muggle modificado con magia, por el que debes firmar las formas adjuntas de responsiva y mandarlas de vuelta al ministerio. ¡Aguantate! Pero considero que nuestros asuntos de trabajo lo requerirán y te facilitaran el trabajo enormemente en un futuro cercano. Además, mientras más personas te vean usándolo, más fácil les será ofrecerte un indulto personal si piensan que aceptas el mundo muggle sin complicaciones.

Las instrucciones para que puedas armar y hacer funcionar tu nuevo celular están en las últimas dos páginas. Calculando que recibas esta carta a más tardar el medio día, intentaré llamarte a la una de la tarde. Lo que te da casi una hora para saber cómo ensamblar, y hacer funcionar todo.

Diviértete!

PD. Si no logras armarlo, veámonos por red flu. Tengo algo importante que decirte. Estaré en mi casa a las tres de la tarde.

Hermione.

¿Que si no puedo armarlo? ¿quién cree que soy? ¡Debería recordarle que fui capaz de arreglar un armario evanescente, abrazar al mismísimo señor oscuro y pasar todas mis materias Éxtasis con notas insuperables! Miro el reloj, estoy a quince minutos de la una de la tarde.

Escaneo rápidamente las instrucciones y con más idea de lo que debe hacer el aparato, ensamblo la pila mágica, coloco la tapa y presiono el botón de encendido. La pantalla se enciende con un color amarillento y muestra el logo del ministerio seguido de un extraño zumbido. En seguida realizó el hechizo de conexión al pie de la letra, según las indicaciones los múltiples hechizos y combinaciones de movimientos con la varita le darán al aparato la señal y la "línea" lo que sea que eso signifique. La pantalla destella un poco y cambia a un tono blancuzco algo cegador.

Cuando deja de brillar observo dubitativo el aparato en la palma de mi mano, es como una piedra negra lisa y rectangular que se puede abrir por la mitad. De un lado números y letras en un montón de botones que en teoría podrían comunicarte con otros aparatos similares. En el otro lado, un cristal transparente desde donde sale la luz blancuzca, las instrucciones dicen que ésa es "la pantalla", y en ella, a cada tanto aparece un reloj de arena invertido sobre el que no parece transcurrir el tiempo. A un costado, un único botón que solo prende o apaga el aparato en su totalidad.

Estoy a punto de mirar nuevamente la hoja de las instrucciones para averiguar más de cómo funciona cuando de pronto, el repiqueteo de campanillas escandalosas, provenientes de mi nuevo y recién mejorado aparato muggle me obligan a mirarlo de nuevo. No tengo mucha idea de qué hacer, pero las instrucciones de la pantalla son claras, el botón verde del lado izquierdo comunica y el rojo del lado derecho rechaza. Asumiendo que se trate de Granger presiono el botón verde y espero a que algo suceda.

-¿Hola? Malfoy… - escucho su voz a través del aparato. Mi asombro me obliga a abrir mucho los ojos. ¿Es como una radio personal o algo así?

-Hola, le hablo al aparato algo indeciso mientras lo sostengo a la altura de mi boca y a una distancia prudente como si de un micrófono se tratara.

-Te escucho un poco lejos, ¿puedes poner el celular por el lado de la pantalla en tu oído? En cuanto lo hago me siento muy estúpido, pero al menos la comunicación está establecida y nadie me ha visto hacer el ridículo. - ¿Así está mejor?

-¡Está perfecto! ¡Qué maravilla, estás usando un celular en el mundo mágico, el tercero después del mío!

-¿Quién tiene el primero? -Pregunto mientras me imagino al inepto de Faure sosteniendo uno igual.

-El ministro.

-¡Hum!.- menos mal - y la escucho reír. Si el ministerio replicara su risa y la usara en lugar de esas horribles campanillas quizá el aparato fuera menos desagradable.

-¿Hola? ¿Sigues ahí Malfoy?

-Si, amm, me siento extraño hablando solo con esto pegado a mi oído.

-Te acostumbraras, te aseguro que esto cambia a la vida.

-Aja, - le digo no muy convencido- y de qué es eso de lo qué quieres hablar.

-Ah sí, casi lo olvido. Tendré una fiesta de cumpleaños el próximo viernes en mi casa de Londres muggle. Estás cordialmente invitado. No mejor dicho, estás obligado a ir. La única solicitud es venir vestido de muggle claro.

-¿Tu casa? ¿Con tus padres y tus amigos? ¿Y vestido de muggle? ¿Granger, te has vuelto loca?

- Bueno, solo estarán mis amigos más cercanos. Y solo unos pocos… en realidad no serán tantos… y amm esperaba que te quedaras… ésa noche…

De pronto caigo en la cuenta de lo que en realidad me está pidiendo, ¿a quién no le gusta una buena cogida el día de su cumpleaños? Sonrío, es una suerte que esto solo transmita la voz, sería penoso que viera la felicidad que me ha provocado su petición. - Granger, no tengo ropas muggles… y tampoco me puedo aparecer en tu casa porque no sé dónde vives.

-Justo por eso era una llamada importante. Necesito que nos veamos mañana a las 9am para hacer un par de compras. Por cierto, ¿tienes acceso a dinero muggle? - Añade algo dubitativa, casi podía verla entrecerrando los ojos como esa extraña lechuza marrón suya.

-Tengo acceso a todo el dinero muggle de todos los países europeos. Y si lo pido con suficiente anticipación, puedo conseguir el de cualquier parte del mundo. Me pasaré por Gringotts antes de verte para retirar una considerable suma. ¿Satisfecha?

-Lo estaría aún más si tuvieras una tarjeta de crédito, pero el efectivo funcionará. Ahora bien, mi casa, ya te dije que estaré ahí a las 3 de la tarde. ¿Eres algo lento para captar una invitación?

-No soy lento… - de pronto mis oídos sólo pueden escuchar el sonido de la sangre corriendo y el latido de mi corazón- olvidaste darme la dirección de tu red flu.- añado.

-Te la enviaré por mensaje de texto, debo asegurarme de que sabes usar correctamente tu nuevo celular.

-Bien, entonces a las 3pm- La anticipación de verla de pronto me seca la boca- Asegúrate de tenerla abierta… la chimenea. Me refiero a la chimenea. - y aparentemente también me atonta.

-Sí, la chimenea. También estará abierta Malfoy, tu tranquilo. ¡Hasta pronto!

Un bip que se repite continuamente es todo lo que sigue. Su voz se ha ido pero pareciera que toda la habitación ha cambiado, de pronto el lugar es más cálido y creo que luce mejor con un poco de luz.

Un zumbido proveniente del aparato aún abierto por la mitad y aferrado a mi mano trae consigo un cambio nuevo en la pantalla. El reloj ha desaparecido y se puede leer: "Usted tiene un nuevo mensaje". En las esquinas inferiores hay dos opciones, "leer" e "ignorar".

El que se atreva a ignorar a Hermione Granger, es un estúpido y hombre muerto. "Hampstead Garden Suburb, calle Heathgate número 506" reza el mensaje.

"¿Responder?" Sugiere el aparato, intuitivamente presiono los botones hasta dar con aquel que me permite responderle. Teclear un simple "OK" me ha costado varios intentos y más de 5 minutos, pero se ha enviado con éxito y creo que ya entiendo la técnica.

Miro el reloj atado a mi muñeca, la una y veinte. Será mejor que vaya a bañarme, me tranquilizará un poco los ánimos.

A dos minutos para las dos treinta de la tarde me dirijo al estudio. En mi descenso por las escaleras escucho a madre tararear mientras prepara un jarrón de flores en el vestíbulo. Al percatarse de mi presencia me observa detenidamente de los pies a la cabeza. Han pasado años desde la última vez que hizo eso, pero como acto reflejo de la niñez, me he paralizado en el escalón intermedio hasta que ha terminado su análisis sobre mi apariencia.

-Espera un poco, - dice, como si no estuviera petrificado ya. Cruza los brazos mientras la punta de su varita golpea su boca en un ademán pensativo. Decir que me siento observado e intimidado es poco. En el bolsillo de la chaqueta de dragón llevo mi recién estrenado celular que espero mi madre no conozca pronto para evitarle un susto.

-¿Pasa algo?- pregunto, no muy seguro de querer saber su opinión sobre cualquier cosa que en este momento esté pensando.

- Tras un movimiento de su varita, mis pantalones de fina tela se han vuelto gruesos y más ajustados. El tono que antes era de un color negro uniforme, ahora lleva tintes deslavados en una gama de grises. Pareciera que llevan años de uso, se ven viejos y a la vez no. El corte formal a la cintura ha desaparecido, y en su lugar desciende unos centímetros apenas por encima de mis caderas. La miro sin comprender. Parece satisfecha, pero yo me siento un tanto incómodo.

-A la señorita Granger le gustaras más así- Dice satisfecha- no puedo dar crédito a lo que ha dicho. ¡¿Cómo es que lo sabe todo?! Grita mi cerebro. - Porque irás a verla, ¿no?- añade mi madre.

De pronto caigo en la cuenta de que el imbécil de Zabini debe seguir por algún lado y me apresuro a buscarlo por si está escuchando.

-Está dormido, si lo que te preocupa es que se entere, no lo hará. Tardará un rato en darse cuenta. - Continúa tarareando y arreglando sus flores.

-A tí no te costó trabajo madre, y yo juraba que lo escondía muy bien de tí. -Le digo mientras me uno a ella en el vestíbulo.

- Yo soy tu madre, te he escuchado hablar de esa niña desde que entraste al colegio querido.

Nos miramos, ella con esa sonrisa de autosuficiencia y yo con el ceño fruncido incapaz de comprender su comentario. ¿Es que lo hacía?, jamás hablé de Granger más allá de los insultos, sobre todo frente a padre. Por un momento, rebusco en mi pasado, en los primeros días del colegio cuando la conocí. Me gustaba molestarla sin motivo, apenas un poco más que a Longbottom, incluso hacerle un par de travesuras al día. No es posible que madre sepa eso, ni siquiera Zabini estaba presente cuando lo hacía. Tampoco se lo dije a nadie nunca. Observo a mi madre detenidamente, no sé de qué habla y no me animo a confirmar o negar nada.

-¿Llegarás tarde?- Pregunta sin siquiera verme un poco, levitando el jarrón y haciendo ademán de marcharse.

-Amm no lo sé, no lo creo. - Admito, aún perdido en mis pensamientos.

Da media vuelta dice -¿Le llevas algún regalo?-

-¿Para qué? Su cumpleaños es hasta el viernes. Veo a mi madre girando los ojos en un extraño gesto de exasperación que jamás le había visto hacer.

- A veces olvido cuánto te puedes parecer a Lucius. - dice, mientras continúa su andar acompañada de su jarrón de flores levitando a su lado.

¿Se supone que debo llevarle un regalo? Ahora me carcome la duda. Bueno, cuando uno visita la casa de un amigo por primera vez supongo que es un protocolo plausible. Pero no es un hogar cualquiera, es el de Granger, en mugglelandia… Y yo francamente no sé qué esperar de una casa como esa, ni siquiera tomé la clase de "estudios muggles" en el colegio.

Observo el reloj, 20 a las 3pm. ¿Qué puede serle útil a Granger?

-¡Libros! - Me digo en voz alta, es una come libros, seguro que apreciará una primera edición de algún clásico. -En seguida me pongo a buscar en la biblioteca del estudio algo interesante.

-¿¡Es que no puedes ser más original!?- Escucho a mi madre gritar desde el salón.

-¡Oh por los calzones más holgados de Merlín! ¡No la conozco tanto como crees!- le grito en respuesta.

-¡Entonces busca quien sí la conozca! ¡Caray, no puedo creer que seas mi hijo! - la escucho quejarse a lo lejos.

Bueno, mala idea no es. Me apresuro al escritorio del despacho y garabateo una rápida nota para alguien a quien nunca esperé mandarle siquiera una postal navideña. Para cuando he terminado, tomo un pequeño silbato del escritorio y lo hago funcionar varias veces hasta que el búho pardo aparece en mi ventana. Me mira con fastidio y como siempre, me ignora pero no se aleja. Mientras tomo un par de bocadillos y espero a que termine de picotearlos en el alféizar de la ventana le indico:

-Lleva esto a Harry Potter, en el Valle de Godric.- Y sólo cuando ha terminado hasta la más mínima migaja, el búho emprende el vuelo.

¿Será demasiado descortés si llego a la casa de Granger con las manos vacías? Es que, qué cosa puede gustarle a Granger que no sean libros. - Y en cuanto lo he dicho, la respuesta perfecta se me cruza por la mente. Vuelvo a mirar el reloj en mi muñeca por décima vez en la última hora. 10 a las 3pm. Será una incursión rápida a la cava, no será tan tardado.

Desde el salón principal, Narcisa observa muy pendiente los movimientos que su retoño hace en el estudio. Cuando lo ve desaparecer en un giro rápido y elegante sabe que una buena idea se le ha ocurrido.

- Pues bien,- dice la mujer, regresando su vista al hermoso jarrón de vivas flores- es hora de llevarte al lugar más lúgubre de la mansión.- y suspira pesadamente.

Las llamas verdes se extinguen y me encuentro por primera vez, en el interior de una casa muggle. Granger me espera y en cuanto pongo un pie fuera de la chimenea nos encontramos frente a frente.

-Bienvenido Malfoy.- Nunca la había visto con esas ropas. Ni que sujetara su cabello de esa forma. Lleva un vestido color shedron sin mangas, de tela fresca que oculta cada curva de su cuerpo, pero deja ver unas bien torneadas y tersas pantorrillas. Sus pies parecen estar atados a finas tiras de tela dorada, son por mucho las sandalias más descaradas que le he visto usar a alguien.

-Gracias, te he traído esto.- le extiendo la botella de vino rosado que apresuradamente he tomado de la cava- No sé qué te gusta, pero este es el favorito de mi madre, por eso lo he traído.

- A mí me gusta el vino en general. De hecho lo pondré a enfriar para tomar una copa más tarde, si te parece bien.

Asiento, no me disgusta el vino, es demasiado suave para el estilo de licores que acostumbro tomar, pero lo prefiero al jugo de frutas, al agua o la cerveza. Por primera vez observo detalladamente mi alrededor.

-¿Curioso por saber cómo viven estos mugrientos muggles?- dice.

-Un poco, si- admito, viendo una estancia amplia de techos altos. Aunque pequeña en comparación a la mansión Malfoy, es muy luminosa y da la sensación de ser un lugar más grande. Las paredes, estantes, cortinas y muebles son blancos o una gama similar. Solo destaca un único cuadro negro en toda la habitación. No sabría decir más del estilo, asumo que mi madre simplemente lo calificaría de buen gusto y proporcionado.

-Bueno, mientras te diviertes inspeccionando, iré a poner el vino en hielo. No me gusta demasiado el sabor cuando se enfría tan rápido con magia.

-Aja- le digo sin prestarle la más mínima atención. La escucho reír mientras se aleja.

No puedo evitarlo, la curiosidad es demasiado fuerte porque toda la vida he vivido en el mismo sitio. Aquellas casas de amigos o conocidos que visité eran tan similares a la mía que era aburrido y mortuorio ser invitados a tomar el té.

Pero la casa de Granger, es totalmente diferente y nada igual a cualquier cosa que hubiera imaginado. Está tan llena de luz, en parte gracias a la pared del lado derecho a la chimenea que parece estar hecha solo de vidrio y herrería color blanca, apenas cubierta por vaporosas cortinas en tonos beige. No hay lámparas o candelabros colgando del techo o de ninguna parte, los libros de varios colores están acomodados por tema y repartidos en estanterías amplias a cada lado de la chimenea y sobre la pared contraria que enmarca el solitario cuadro negro.

Los muebles y su orientación me son también una rareza. En el centro de la habitación, una alfombra color hueso, y sobre esta una pequeña mesa de metal dorado que sostiene una placa de delgado mármol blanco. A un costado, dos sillas altas y elegantemente tapizadas en cuero amarfilado, la madera oscura de las patas y los descansabrazos está magníficamente bien trabajada, su padre las envidiaría sin duda. Al costado opuesto de las sillas y apenas en el margen de la alfombra, la sala en forma de L. No me llama la atención el color gris pálido de la tapicería o lo penoso de tener que sentarse entre tantos cojines de diversos tamaños y texturas. La orientación de toda la sala en general es lo que encuentro incomprensible.

-Y bien, ¿te has divertido? .- La siento pararse a un lado de mi, su cuerpo cálido y el aroma a flores suaves casi me distraen.

-¿Por qué la sala parece darle la espalda a la chimenea?- Me atrevo a preguntarle.

-La chimenea fue una adición secundaria a la casa. No la añadimos hasta que descubrí las ventajas de viajar por la red flu. De todos modos, la preferimos así, es más cómodo para ver la televisión.

-¿Qué es la televisión y porque es más importante que mantenerte cálido?.

-Ah pues es eso de ahí.- Dice, señalando el antipático cuadro negro enmarcado por montones de libros. La vuelvo a mirar sin comprender. - De la mesilla de mármol al centro de la sala, toma un alargado objeto gris que había obviado por su insignificancia y mal gusto para ser un centro de mesa. Tras presionar un botón, la luz del cuadro se enciende y los colores se vuelven vivos. Primero, una escena de las montañas galesas en su más verde expresión. Cuando Granger presiona otro botón, la escena cambia y algo de música se escucha en la estancia, una persona toca un solo de batería con un estrepitoso sonido poco desagradable. De pronto la escena vuelve a cambiar, una mujer de unos 40 años ataviada en traje sastre color rosa palo, habla acerca del tráfico en Londres mientras una fotografía animada muestra la escena de cientos de autos formados en línea. Mi cerebro empieza a hacerse una idea de lo que "la televisión" hace. Pero Granger decide que he visto suficiente y apaga el aparato hasta ahora más interesante de la sala. La miro con recelo y ella parece extremadamente divertida.

-Otro día nos sentaremos a explorar la televisión. Hoy tenemos algo diferente que hacer.- dice.

-Bien, asumo que otro día, implica una segunda invitación a tu casa Granger.- Le digo con total franqueza. Reparo por primera vez en sus párpados, lleva un suave tono dorado que brilla sutilmente cuando se mueve. Y sus labios han dejado ese tono carmín por uno más natural y apetecible.

- Tenemos varios meses de reuniones pendientes, claro que volverás a ser invitado. Pero primero, te dará un calor horrible si no te quitas esa chamarra, dámela. - Exige, con la mano extendida- La colgare en el closet de la entrada.

-¿Intentando desnudarme Granger?- Pregunto burlonamente, pero rápidamente me quito la chaqueta y se la paso.

-No parece molestarte Draco.- Dice, tomando mi chaqueta y saliendo de la estancia por unos minutos.

Y ahí está de nuevo mi nombre de pila, un sonido extraño que pone a mis intestinos bailar la conga. Para cuando regresa, lleva en las manos una cubitera pequeña de cristal que guarda la botella que he llevado.

-Si sabes que eres una bruja, ¿no? ¿por qué no solo la levitas?

-Iremos afuera, y tengo vecinos. Sin magia en el jardín, Draco. Por favor.

Y ahí está otra vez mi nombre. Me muerdo la lengua para no hacer ningún comentario ofensivo o pretencioso que me regresen a ser simplemente "Malfoy".

- Por aquí sigueme- me dice - mientras descubre tras una cortina una puerta de cristal que da hacia un jardín de vastas dimensiones muy bien cuidado. Caminamos sobre un sendero de piedra hasta una pérgola justo en el extremo del jardín.

-Tienes una linda casa Gra.. Hermione. - Levanta la vista aturdida por dos segundos.

-Gracias, no esperaba que fuera de tu agrado. Por favor, siéntate.

-Lo es, creo que a mi madre también le gustaría, y si padre viviera aún, te habría hecho una oferta por el juego de sillas de cuero.

- No imagino a tu padre en mi casa.- dice, sacando un descorchador de su bolsillo y comenzando a abrir el vino.

- Yo tampoco, - río- pero estoy seguro de que habría querido esas sillas. - reímos juntos.

- Sabes, creo que es la conversación más larga y más civilizada que hemos tenido desde que te conozco.

-Bueno, no me atrevería a insultarte en tu propia casa si a eso te refieres. Quién sabe qué artilugios mortales demasiado muggles te guardes bajo ese vestido. -

- ¿Pero de qué estás hablando? - sonríe mientras descorcha el vino con un suave pop y sirve dos generosas copas. - No hay mucho que pueda guardar bajo el vestido.

- ¿Quien sabe? Has sacado un sacacorchos del bolsillo, y considerando tu afición al hechizo de expansión mágica podrías sacar una sierra o algo así, y…oh por Merlín,- me tiendo las ropas alarmado- voy desarmado, me he olvidado la varita en la chaqueta.

-¡Muy gracioso Draco!- se lleva la copa a la naríz- Humm, qué olor tan exquisito, algo ácido, como a frambuesa pero también tiene unas notas de fresa silvestre. - Explica con la copa aún a la altura de la nariz y los ojos cerrados.

-Es un vino especial, de las pocas vinícolas francesas pertenecientes a magos. - Le digo sin perder nota de las expresiones que hace. - Incluso, verás como la botella es diferente, parece imitar el contenedor de un perfume, ¿notaste que tiene un corcho con cristal en lugar de solo el clásico de alcornoque?

-Si, lo hice. Muy inusual para una botella de vino. Pareces saber mucho de vinos. ¿Te gustan?- dice, bebiendo un sorbo de su copa.

-No tanto como los licores. - Admito.

Una diminuta gota se forma entre sus labios apretados cuando traga, y la veo relamerse con la lengua para limpiarla. Rápidamente me llevo mi propia copa a los labios para suprimir las horribles ganas de besarla.

- He preparado estas revistas para tí. Son colecciones de ropa muggle de varios lugares que podemos visitar mañana. He pensado que es mejor hacerte ver algunas muestras que hacerte caminar por horas entre diferentes tiendas. Si me dices lo que estás dispuesto a usar, iremos mañana a esa tienda y lo compraremos rápidamente para que pases el menor tiempo entre muggles. ¿Qué te parece?

-No tengo idea de la clase de fiesta que harás, ¿será algo formal? ¿Puedo saber quiénes asistirán? No me siento muy cómodo con todo el mundo, ya sabes que soy la peste negra. ¿Haz considerado que podría aparecerme cuando todos se hayan ido?, así vamos directos a tu habitación a celebrar tu cumpleaños.

-Tentador, pero no Draco- hay alguien con quien necesito que limes asperezas.

-¿No es Faure? ¿O si?- La sola idea me pone tenso, ya lo estoy viendo con su ojo de búho girando en todas direcciones al estilo puro de ojoloco Moody.

-¿Qué, Bastian? No, claro que no. ¿Tienes asuntos pendientes con Bastian?- pregunta

- No me cae bien, es todo. -Levanta una ceja con sorpresa y rápidamente entrecierra los ojos. -¿Puedo saber por qué?

- No, no puedes. Pero hablando del imbécil de Faure… - mi cerebro me obliga a callar de pronto, todo va bien, en media hora podríamos estar cogiéndonos en su habitación, porque echarlo a perder… -

- ¿Si, que hay con él?- insiste.

La miro directo a esos marrones ojos hipnóticos. Ella espera tranquila y paciente con la copa en las manos y los codos recargados sobre el reposabrazos de la silla. No parece molesta, aún no, al menos.

- Dime que no te acuestas con él. - la veo levantar mucho las cejas- Por favor… - añado muy a mi pesar. Parece sopesar sus pensamientos de la misma forma que yo antes de contestarme

- ¿Importaría?

No digo nada de inmediato, en realidad no puedo, ¿Me he petrificado? Pero qué es esto tan incómodo que siento en el pecho y el estómago, me da tantas náuseas. - Sí, para mí sí que importaría.

La veo relajar los hombros pero tomar una posición cautelosa y atenta. - No, no lo hago.

Respiro. No sabía que contenía el aliento pero es un alivio volver a meterle aire a los pulmones.

-¿Puedo saber qué te hizo pensar semejante cosa? - Más que una pregunta parece una demanda hecha con mucho cuidado.

No puedo decirle que ha sido el idiota de Zabini sin explicarle el contexto de la conversación. Pero cuando lo vea, seguro lo mato. - Supongo, que por la forma en la que te mira. Y bueno, también por una nota en el periódico de la sección de sociales. Me hizo pensar que nunca discutimos ciertas reglas importantes de nuestro singular acuerdo personal.

La veo asentir y beber de su copa. Sigue aparentemente tranquila pero mucho más seria que antes. - Entonces, con quién quieres que lime asperezas.- Le pregunto, intentando distraerla.

-Con Harry. ¿De qué reglas importantes hablas?

-¿Con Potter?, no creo que haya nada que limar. Pues cuando mínimo las básicas.

-¿Piensas que años de discusiones se borran de la nada?. Desconozco a qué te refieres con las básicas.

-Las nuestras se borraron en una noche. Comunicación, rutina y exclusividad Granger. - Le enumero con los dedos. Ya está, he dicho la maldita palabrota imperdonable, "exclusividad". Está tan quieta como cualquier estatua de alabastro griego y asumo que de igual forma me encuentro yo.

-No pienso que Harry sea de los que olvidan en una noche, no importa que tan buenos sean tus besos Draco. - Dice por fin.

Bueno hay esperanza, aun soy Draco. Solo por eso le puedo perdonar el comentario de los besos.

-Pero no solo estará él. - añade- También Ginny, su futura esposa. Fred y George Weasley. Creo que George invitó a alguien, pero no estoy segura de a quién. He invitado a Luna Lovegood, pero francamente no sé si asista. Neville también estará, así que espero que guardes tus comentarios mordaces sobre su inteligencia y ¿te acuerdas de Laura? la secretaria del ministro. Bueno, nos hemos hecho buenas amigas, ella también vendrá. Cómo ves es solo una pequeña comitiva pero dudo que quieras pasarte la noche besándolos a todos para limar asperezas. ¿Cierto?

-Muy graciosa Granger, ¿y tus padres, ellos no están invitados?.- Los nervios de conocer a los padres de la chica con la que te acuestas son siempre los peores. Si tengo que presentarme ante el Sr. y la Sra. Granger, espero que sea en circunstancias favorables y con mi varita en la mano lista para un poderoso "Protego".

-Ah, por supuesto. Sería un gran detalle si se aparecieran por aquí, pero no lo creo. Entonces, ¿asumo que debemos discutir sobre comunicación, rutina y amm cual era la otra, exclusividad?

-Asumes bien.

Flexiona los hombros en un ademán sin importancia -Si quieres que lo hablemos lo haremos. Pero explicame primero porque son básicas.

-¿Tengo qué? ¿Es que no son obvias?

Asiente enérgicamente tragando otro sorbo de vino - Debes, recuerda que para mi no son tan obvias, yo solo he tenido un intento de relación fallida mientras que tu parece que has tenido miles bastante exitosas.

Resoplo, esto no me lo esperaba. Pero me obligo a pensar y explicar concisamente.

-Soy mago, no adivino. Tienes que tener la libertad de decirme lo que te gusta y lo que no. Y en general, debes ser capaz de decirme lo que piensas sobre cualquier tema sin que te vayas por las ramas ocultándome cosas o peor aún, mintiéndome. Eso es buena comunicación, y a la larga te vuelve precisa sobre lo que quieres y esperas de mí en la cama.

La rutina no es monotonía, es más bien tiempo establecido en el que tienes y tengo el derecho para interrumpirte de tu cotidiana vida para que podamos coger. De otro modo me voy a aparecer en lugares inapropiados poniéndote en situaciones muy incómodas. Y pudiera gustarte, pero créeme, es mejor si establecemos un horario.

-¿Y la exclusividad? - pregunta cuando pareciera que he terminado mi explicación pero en realidad es porque no logro encontrar la forma adecuada de continuar.

-Esa… es solo una regla que debes aceptar si quieres coger conmigo. Soy posesivo y celoso, si no tengo el control sobre aquello que me pertenece soy agresivo y muy capaz de ir al infierno si con eso consigo lo que quiero. -Intento ser muy claro sobre este punto, necesito que entienda la gravedad de lo que sucedería de lo contrario.

-¿Si sabes que no te pertenezco, cierto?- Su pregunta no es lo que esperaba escuchar.

-¡No en el sentido literal! - Suspiro pesadamente y me llevo las manos al cabello. ¿Cómo rayos hacerle entender lo que llevó años aprendiendo de mí mismo?.- Mira, no quieres una relación. ¡Genial! ¡yo tampoco! Porque eso implica que no esperas que ponga un anillo en tu dedo algún día. Quieres sexo, ¡bien, yo también, me encanta coger! Pero no esperes que me siente a recibir la noticia de que mañana te da la gana ir a coger con alguien más, porque desde que te pusiste en mis manos, eres mía y no te comparto. Cuando el maldito contrato termine y cada uno esté satisfecho con lo suyo, entonces puedes ir y cogerte a Faure, al comadreja, al imbécil de Saint Mungo o a los tres juntos, a mí me dará igual.¿Está claro?

-Haber si lo entendí, regla 1: comunicación: confianza y no mentiras. Regla 2, rutina: tiempo para el sexo. Podemos discutir los horarios, no me opongo, estoy libre los fines de semana. Y regla 3, exclusividad: no salir con nadie más hasta que el contrato termine. ¿Es así de simple?

-Correcto, ¿te parece simple?

-Estas reglas se aplican para ti también. -

-Por supuesto, consideralas las cláusulas inamovibles de nuestro contrato personal. Aplicables a ambos por el tiempo que dure. Si las aceptas, claro.

-Humm. De acuerdo, acepto. - dice simplemente.

- ¿De acuerdo? ¿Así nada más?

-Pues me suena razonable, no se que más decirte. Si ya lo traes por escrito te firmo aquí mismo. ¿Es que esperabas alguna clase de bronca?

-Pues sí, más o menos. Mínimo una especie de ajuste de términos. - Le digo confuso.

-Draco, no me estás pidiendo comunicación, sino confianza, o una rutina, sino tiempo juntos para lo que quiero de ti; sexo. Y con respecto a la exclusividad, ¿cómo podría negarme cuando soy la bruja más cornuda del mundo mágico? Sé que no es una relación cualquiera la que tenemos, pero si es algo muy personal y no quiero involucrar a ninguna tercera parte. En este punto prefiero lidiar con tu estúpida idea de pertenencia antes que volver a sentirme como basura, así que sí estoy de acuerdo Draco Malfoy. Si te hace sentir más tranquilo el tener un contrato por escrito, envíamelo y lo firmaré cuando lo haya revisado.

-Okay…- le respondo tremendamente sorprendido. Merlín sabe que tuvo que haber un par de abogados de por medio y varias semanas de negociación cuando intentaba salir con Pansy. - ¿Algo que quieras agregar? - ofrezco.

-Hummm, - la veo pensar por un par de minutos y finalmente añade- No una regla, más bien una petición. Me gustaría que me llamaras por mi nombre. Eso de Granger, -la veo estremecerse- No me gusta.

-Bien, ¿Estás consciente de que puedes agregar tantas reglas como quieras, verdad? - no puedo evitarlo, siento que me aprovecho de la situación sino le aclaro que puede obtener más con nuestro pequeño acuerdo personal.- Puedes pedirme dinero, joyas, lo que quieras de hecho…

Me gira los ojos algo exasperada - Lo entiendo. Pero con esas reglas me basta, ahora que si tanto le pesa a tu conciencia, porque no añades una cláusula que permita adiciones bajo aprobación mutua.

- Bien, considéralo un hecho.

- Genial, porque no abres esas revistas de ahí. Realmente necesito ver qué cosas te gustan- Dice, sirviendo más vino en ambas copas.

-Francamente no le veo el caso. Recuerda que has prometido decir la verdad por el bien de una buena comunicación. ¿Me dejarías hacer el ridículo comprando algo que no deba para tu fiesta?

-¡Jamás haría eso!. Más bien me preocupa que te sientas abrumado entre tantas personas sin magia, es todo. Además no podría quitarte la ropa si no puedo parar de reír.

-¡Hum!,- bufo- compraré lo que quieras y usaré lo que te plazca. Es tu fiesta y tendrás el gusto de desvestirme si eso quieres.

-Maravilloso, pero ¿no me harás esperar hasta esa noche, o sí?

Su pregunta es una bola en curva que no esperaba, la miro. Tiene una sonrisa coqueta y cruza la pierna bajo mi atenta mirada. Su vestido sube por sus muslos unos centímetros dejando más piel al descubierto.

-¿Qué tan curiosos son tus vecinos?- le pregunto.

-No mucho, pero hay un par de cosas que quiero intentar en el sillón. - Sugiere

Suficiente, abandono mi silla y voy hacia donde está, la tomo de la mano y la incorporo con rapidez. A quien mierda le importan los vecinos, si quieren ver, ¡que miren!. Sujeto su diminuta cintura con ambas manos y la beso. No puedo evitarlo, recorro también su cuello, su espalda y uff, ¡su trasero!, ¡oh que rico es tomarlo con ambas manos y apretarlo!. Un suave gemido se escapa de sus labios y se que mi interior gruñe de placer. ¿Qué cosas querrá hacer? Es un misterio, pero ya lo quiero averiguar.

Sujeto su cintura y la elevo, sus manos en mi cabello y sus piernas enredadas en mi cintura, mis manos en sus piernas y mi pene atrapado en ese estrecho pantalón que se rosa a cada tanto con su trasero mientras camino a toda prisa de vuelta al interior de la casa. Queridos vecinos, el show está por comenzar.