JABÓN.
Apenas llego a la mansión, ya quiero regresar a su casa. El frío estudio me recibe en solitario y la casi nula luz del amanecer no es suficiente para animarme. A través de la ventana puedo ver el nublado y lluvioso día de Wiltshire que me pesa en el ánimo más que nunca.
Al salir de la chimenea me siento en el sillón de cuero negro, el que apenas un par de noches atrás me refugió de esa extraña pesadilla. Está frío, como todo en esta mansión, pero si cierro los ojos, puedo escabullirme y regresar a su habitación. Blanca, como todo en su casa, impoluto como toda ella, lleno de recuerdos felices, como bien pude ver en los cuadros regados aquí y allá de su familia, de sus amigos, de su niñez y de la adolescencia en la que pensé que la conocía. Aún sin querer abrir los ojos, me dejo llevar por el recuerdo de su cálido cuerpo contra el mío, el peso de su mano todavía la siento sobre el pecho. Mi ropa debe llevar parte de su aroma, porque juro por Merlín que la puedo oler como si estuviera aquí. ¿Habrá un hechizo para encapsular esencias? Lo inventaré si no existe.
Qué irónico haber pasado toda la vida siendo instruido para odiar a los muggles y su mundillo, y ahora que me he atrevido a pisar una casa muggle, ésta se vuelve el único lugar lleno de paz y tranquilidad en el que me he sentido bien conmigo mismo en años. Con gusto cambiaría un par de propiedades por la casa de los Granger, que placer apoderarme de su jardín y de sus escandalizados vecinos asomados por las ventanas ante cualquier sonoro ruido. ¿Sería muy atrevimiento si le pido que la próxima vez tengamos sexo en el jardín, bajo el velo de un encantamiento invisible y sin rastros de hechizos de insonoridad? ¿Qué será más divertido?, ¿ver a sus vecinos a través de las ventanas entendiendo lo que no pueden ver, o ver a Hermione aguantando un gemido? Hum, no qué misterio, tendré que convencerla…
¡Merlín, qué enculada me estoy dando con esa sangre sucia! ¿Será el efecto abstinencia? Después de todo llevaba varios meses sin divertirme con una mujer, es normal que mi compañera en turno me tenga tan emocionado si estoy totalmente complacido. ¿O no? Porque de lo contrario, soy víctima de alguna clase de poción lujuriosa o de algún hechizo de atracción de larga duración. Lo que sea que haya sucedido, estoy putamente jodido.
Me recuesto en el sillón con el antebrazo derecho cubriéndome los ojos, solo necesito descansar un poco, a lo mucho una hora antes de alistarme para volver a salir a encontrarme con la insaciable Hermione Granger.
-Draco, ¡Draco despierta! - una conocida voz me llama. Estoy muy cansado, que se vaya a la mierda. - Draco, te estamos esperando para desayunar desde hace un cuarto de hora, ¡anda-mal-nacido!.- Siento golpes en las mejillas pero aun lo puedo ignorar, quiero seguir durmiendo un poco más.
-¡Oh, Sr. Malfoy, buenos días!, Draco está inusualmente TARDE pero ya va en un minuto…
Me paro de un brinco. ¿Estoy tarde? ¡Padre va a matarme!, a fuerza de voluntad permanezco de pie aunque tambaleando un poco. Me obligo a abrir los ojos, la luz del día es ya demasiado brillante, los vuelvo a cerrar sin poder evitarlo. Rápidamente me tallo la cara buscando despejarme y en el proceso acostumbrarme a la luz. Una risita burlona que no pertenece a Lucios hace que por fin abra los ojos. Entonces caigo en la cuenta del error, padre no puede estar aquí en el estudio, de hecho hace tiempo que él ya no está.
-Lo siento amigo, es que no despertabas, tenía que intentarlo.
-Blaise… no lo vuelvas a hacer. - La sensación de haber perdido a mi padre en menos de un minuto debe ser palpable en mi cara adormilada. Blaise parece avergonzado y es una de las cosas más extrañas de ver. - ¿Qué hora es?
-Apenas poco más de las 8 y cuarto. Te estás perdiendo el desayuno.
De pronto siento como si alguien me diera un puñetazo en el estómago, ¡es jodidamente tarde! ¡Me he quedado dormido por más de 3 horas! En cualquier otro momento quizá lo celebraba, pero ahora debo correr-volar-desaparecer como solo los exmortífagos pueden hacerlo. Paso junto a un pasmado Blaise y a través de las puertas del estudio, atino a gritale: - ¡Disculpame con mi madre, saldré toda la mañana!-
-¿Pero que…? - Le escucho decir- Si sabes que esta tarde me voy, ¿verdad? Esperaba que pudiéramos discutir algunos pendientes…
-¡Otro día Blaise, esto es importante!. - le vuelvo a gritar, antes de perderme entre los pasillos de camino a mi habitación.
Aparecer en el Callejón Diagon ha sido un lío, hay mucha más gente de lo habitual y justo hoy que pudiera haber sido útil verlos apartarse de mí , la abarrotada callecita llena de brujas y magos ni siquiera se percata de mí presencia. Me estorban en cada paso que doy, y aunque intento evadir a la mayoría, no puedo evitar dar uno que otro empujón.
Al entrar al blanco edificio de Gringotts reparo en lo diferente que se ve de hace apenas unos meses. Las hileras de mesas llenas de duendes ocupados contando tintineantes galeones, lingotes de oro, y otras joyas con grotescas piedras exóticas ya no están. Un solo escritorio al fondo de la estancia con tres duendes atendiendo una pequeña multitud de gente es todo lo que hay. El espacio resulta inmenso y desolado desde la entrada del edificio.
Al volver la vista atrás, reparó en las instalaciones improvisadas sobre las que no se había hecho algún intento de mejora desde que el dragón atravesó las puertas del edificio, cargando al problemático trío dorado que escapaba de puro milagro. Los duendes hicieron un gran alboroto por el vitral mágico que adornaba los laterales de las puertas metálicas que habían quedado "irreparables" según palabras dichas al Profeta por los mismos. Además, alegaban que fué la obra maestra de un prominente antepasado herrero cuyo trabajo se alabó por generaciones de magos y criaturas mágicas por más de medio siglo. Y pues sí, eran muy bonitos y todo, pero a la fecha no entiendo cómo es que a nadie le pareció prudente discutir que el gran Harry Potter había irrumpido y osado robar una de las 5 cámaras más antiguas y mejor resguardadas del mundo, bueno Potter y Granger, porque dudo que la comadreja haya sido de gran utilidad.
Irreparable, pienso mientras observo el gran agujero de la pared cubierto por lonas y tablas viejas del tipo que encuentras solo en las minas. Una exageración en mi humilde opinión, pero solo Merlin y las últimas guerrillas de duende pueden constatar los grandes berrinches de esas criaturas cuando se proponen algo, y hasta la fecha no está claro si eso es una nueva puerta mágica. Quizá una de mármol que combine con la estancia y que deba pagar yo mismo, por ejemplo.
En cuanto me acerco a los escritorios, veo que hay al meno personas delante de mí. No tengo tiempo que perder, camino como si no no existieran, consciente de cada voz que se molesta al verme saltar la línea. Antes de llegar al frente saco mi llave, una estilizada y muy antigua de reluciente oro con el escudo de la familia en la base. Al llegar al frente, me dirijo al único duende que parece libre en ese momento y espero a que se digne a reconocer mi presencia, tras un par de segundos el anciano duende deja su pluma en el tintero y me mira sobre sus gafas de media luna. Sé que me reconoce como yo lo reconozco a él de toda la vida, fue el banquero de mi padre y recibió cuantiosos regalos por sus siempre atinados servicios. Pero hoy, no hace ninguna señal de cortesía ante el nuevo Sr. Malfoy.
-Me gustaría acceder a mi cámara y solicitar apoyo para cambio de divisas. Necesito dinero muggle en libras esterlinas. - Le digo, al tiempo que presento sobre su escritorio mi llave para su autentificación.
-Muy bien señor Malfoy, si puede sentarse a esperar. - señala una única silla en la esquina más próxima- Alguien vendrá por usted en seguida. Tenga paciencia, sin nuestras usuales medidas de seguridad hay muchos nuevos filtros que debe pasar.
Asiento, tomo mi llave y camino hasta donde me ha indicado. "Nuevos filtros de seguridad". ¡Mierda!, no hay manera de reunirme con Hermione en tiempo, supongo que tendré que enviarle una lechuza. De pronto, caigo en la cuenta de que llevo en el bolsillo un método más eficiente para contactarla. Me apresuro a buscar en el aparato muggle el único número que he guardado hasta ahora y presiono la opción de llamada. Escucho uno, dos, tres suaves tonos de conexión antes de su voz.
-Draco?
-Hermione, me temo que no podré llegar a tiempo. Estoy en Gringotts y los procesos son aún más lentos desde que liberaste a su dragón.
- Oh,- ríe- Bueno es un excelente momento para que actualicen su sistema de seguridad. ¿No crees?
- Si eso piensas es porque no conoces a los duendes. Por qué no te adelantas, podemos vemos directamente en Londres muggle.
- Bien, qué lugares conoces.
- La estación de King Cross, es la única me temo.
- En King Cross entonces. Creo recordar que en la esquina de la entrada sur, hay una pequeña cafetería. Te esperaré ahí. Toma tu tiempo y trae para gastar a lo grande.
- ¿Renovaremos tu guardarropa? Hay algo en lo que quieras que despilfarre mis respectivas herencias ó porque debo llevar recursos a lo grande.
- No es para mí, es para tí. Nunca te he visto usar nada barato y apuesto a que eres una diva que exige sólo lo mejor. Aunque, respecto a mi guardarropa, quizá debamos hacer una visita a Lise Charmel para reponer la lencería que me rompiste ayer.- dice en un tono de voz mucho más bajo.
- Si eso quieres. Tengo trato preferencial en Agent Provocateur. ¿Por qué no vamos también ahí?
-¿Disculpa?
-Es claro que si no quieres quedarte sin ropa interior lo mejor será comprar por adelantado. - Sonrío idiotamente de solo imaginarla en esos atrevidos modelitos de encaje negro traslúcido-
- ¿Por qué tienes trato preferencial en una tienda de chicas?
-Tranquila, llevaré suficiente para gastar a lo grande. Adios.
Tras colgar noto que la gente que aún sigue en espera de ser atendida me observa. Algunas caras claramente enfadadas ya sea por haber sido atendido primero o simplemente por ser yo. Otras, la mayoría, me observan con curiosidad mientras guardo el aparato muggle en el bolsillo. Finalmente reparo en el pequeño duende que me espera y que no deja de observar el bolsillo en el que he guardado el celular. Asumo que intenta determinar si es algo que debe confiscar o no. Sin darle tiempo a decir una palabra siquiera, le entrego mi llave.
-Tengo algo de prisa, ¿podemos ir enseguida a mi bóveda?
El duende asiente y caminamos hacia el fondo del pasillo en donde un diminuto carro nos espera. Tras largos 10 o 15 minutos de eternos traqueteos, y paradas continuas para filtros por demás absurdos de seguridad por fin estoy en mi bóveda.
Paso directamente a la tercera cámara, me dirijo al baúl que guarda los primeros lingotes de oro que produje tras la administración de la mina apenas unos años atrás. Tomo unos cuantos, paso a la caja llena de diamantes sin clasificación y selecciono un par de los más grandes esperando no tengan alguna historia muggle pérdida o rastro de sangre que los identifique. Finalmente lleno de galeones un pequeño cofre, cortesía del duende del carrito, y se lo entrego de vuelta. Los galeones, los quiero en efectivo a libras esterlinas. El oro y los diamantes, transfiérelos a mi cuenta en el banco muggle de siempre. Necesito que sea rápido, ah y que averigüen qué cosa es una tarjeta de crédito y si puedo tener una. El duende asiente.
Estoy por salir cuando un brillo justo tras la puerta principal me distrae. Me paro en seco y camino hasta ahí. Es una sobria llave de tres volutas en la base, tan común y corriente como cualquier otra llave vieja de la mansión. Es apenas más grande que la de la misma bóveda de gringotts pero mucho más pesada, brilla mucho, como si fuera nueva o estuviera recién pulida. Sé que la he visto antes pero se me escapa el dónde, la guardo en el interior de la chaqueta de dragón para revisarla más tarde.
Al salir de Gringotts son casi cuarto a las 10 am. ¡He estado aquí casi una hora! Tendré que pasar por el caldero chorreante, es mucho más rápido para ir al lado muggle y desde ahí la entrada sur de Kings Cross está apenas a unas cuadras. Trato de caminar todo lo rápido que soy capaz, la calle sigue abarrotada y para colmo, algunas tiendas de ropa para chicas anuncian rebajas y ofertas de temporada, lo que genera difíciles cuellos de botella en la ya de por sí diminuta callecita. Me siento aliviado en cuanto veo a pocos metros la entrada del establecimiento, sin pensarlo tomo el picaporte de la puerta y entro dejando atrás el bullicio y la luz del día.
Solo una vez he estado en este lugar, un día que junto a Blaise, me escabullí para comprarle al viejo Tom una botella de Whisky de fuego que metimos de contrabando a Hogwarts. En aquella ocasión, el barecito frente al acceso de Londres muggle estaba tan abarrotado de gente, que el cantinero solo nos prestó atención hasta que agitamos la bolsita de tintineantes galones frente a sus ojos. Pero hoy, un cantinero mucho más joven pule un puñado de vasos con un trapo sucio mientras no deja de observar cada paso que doy en dirección a la salida de Londres muggle.
El establecimiento está medio vacío. Un total contraste con el lío de afuera, quizá porque es la hora de las compras y no la hora feliz. La puerta del acceso al Callejón Diagonal se abre una vez más y me giro solo por curiosidad, un diminuto encapuchado entra al establecimiento, pasa de mí y se acerca a la barra distrayendo al cantinero de mi presencia.
Este es el momento para apresurar el paso, camino entre las primeras mesas casi vacías y otras tantas con apenas un par de personas enfrascadas en su propia conversación. Un mago al fondo del establecimiento lee y una mujer sentada en una solitaria mesilla frente a la puerta de salida parece escribir. De pronto alguien me jala del hombro y, al voltear como acto reflejo, un macizo y tosco puño se estampa contra mí cara haciéndome trastabillar sobre las mesas cercanas.
-¡Maldita escoria inmunda! - grita un borracho con apariencia de vagabundo. Las pequeñas conversaciones se apagan y en su lugar queda un mortífero silencio.- ¡Yo estaba ahí, en tu casa!, era un simple carroñero para sobrevivir… ¡pero tú, tú y tu familia estaban con el señor oscuro!, ¡¿entonces por qué mi familia lo pierde todo, pero tú y tu estúpida madre siguen sin recibir castigo y viviendo como si nada?!- escupe el hombre.
La varita en mi mano fue más rápida que mi propia conciencia, un simple hechizo no verbal y él ya volaba atravesando el lugar para impactarse en la primera cosa sólida que encontrara, mala suerte que esta fuera una gruesa pared de piedra. Un sordo quejido fue lo último que se escuchó mientras el hombre caía al piso y ya no se levantó.
Por un segundo la ira se fue y el temor de haber hecho un daño irreparable me inundó el pecho. Intenté dar paso en su dirección pero algo impactó en mi espalda y me hizo girar listo para otro ataque.
-¡Largo de aquí! ¡Los mortifagos tienen prohibida la entrada a mi negocio!- grita el cantinero. Acto seguido un segundo y tercer huevo salen volando al compás de la varita del hombre que debe ser hijo del viejo Tom. El primero, me impacta de lleno en la sien obligándome a cerrar los ojos, el siguiente, ensucia mi chaqueta justo a la altura del pecho y entonces me llega el nauseabundo olor de lo podrido.
Estoy por replicar cuando el flash de una cámara me aturde. La mujer que escribía en la solitaria mesa aparece sonriente tras volver a guardar su cámara con la leyenda "propiedad de El Profeta", parece muy satisfecha consigo misma y como no, seguro que salgo en la primera página mañana.
-Mejor vete mortío, a nadie le complace tenerte aquí. - dice una bruja bajita desde una mesa a su derecha.
Escurriendo con restos de huevo y con la quijada adolorida me dirijo a la salida. ¡Estúpida gente de mierda! ¿Suponen que fui un mortífago por elección? ¿Cuantos castigos más debo recibir? ¡¿Cuanto más tengo que invertir para que me dejen en paz?!
Caminar con prisa por las casi vacías calles de Londres muggle mientras me quito restos de cascarón de la cara y la ropa, hace que en pocos minutos llegue a la cafetería en donde se supone me espera Hermione.
La mano en el picaporte se congela cuando me observo en el reflejo del cristal, un gran moretón en la mandíbula ya se empieza a formar. El cabello rubio se me pega a la frente en el lado opuesto al moretón, producto del sudor y la clara de huevo, sin mencionar que un hilillo de grotesca yema amarilla me escurre por la mejilla y el cuello. La chamarra está también arruinada. Debería desaparecer y regresar a la mansión, pero tendría que dejarla plantada. Quizá pueda solo verla momentáneamente para darle el dinero y asegurarle que usaré lo que sea que elija. Después de eso desapareceré en el baño, seguro que entiende porque no puedo acompañarla.
Cuando por fin me interno en el pequeño lugar, la poca gente en el interior me mira con desagrado y arruga la naríz. La busco y rápidamente la encuentro en una esquina con un libro en la mano, aunque no parece estar leyendo, para cuando me acerco lo suficiente y ella se percata de mí presencia, yo noto que no está sola. El imbécil de Bastian Faure la acompaña en la mesa y ahora que también me nota se lleva una mano a la boca reprimiendo una carcajada con una pésima actuación.
-Draco, ¿qué te ha ocurrido?
-Disculpa el retraso, tuve un accidente en el camino.- le digo.
- ¡Merlín! ¿Te has peleado con alguien?- dice mientras de un brinco se acerca a mí y yo retrocedo un paso no queriendo que se me acerque. Debo oler a apestoso huevo podrido.
-Y a lo muggle según parrrrece… - añade el idiota de Faure aún entre risas.
- Callete Bastian, es muy descortés reírte de la desgracia ajena.- Dice la castaña rebuscando en su bolso y tomando la varita, observa por detrás a la gente que nos mira y opta por sacar un pañuelo. Pero el imbécil, no se calla.
- ¿De modo que errra a Malfoy a quien esperrrrabas? - Le pregunta.
-Y ahora que ha llegado me temo que debo despedirte. - le dice, pero el muy bestia no intenta ni moverse de su lugar.
- Es obvio que no se puede quedarrr, así que estás librrre. ¿No?
- No, no lo está. - Atino a abrir la boca por fin.- Verás Faure, es demasiado difícil hacer que la increíble Hermione Granger te ponga atención, más aún que te haga una invitación personal. Así que aunque estuviera cubierto de mierda, habría venido. Si me disculpas, tenemos asuntos que atender y no podemos comenzar si no te largas de una buena vez.
- Bueno Malfoy si tan imporrrtante es ¿porr qué no vas a limpiarrrte y rregresas más tarrrde? Acompañarrré a la señorrita Grrrangerrr hasta que vuelvas. De verrras, apestas. Incluso espantas a la gente del local, mirrra. - señala al par de chicas que vi al entrar, que apresuradas atraviesan la puerta con una mano cubriéndose la nariz.
Suspiro, debo verme patético pero no se compara con la horrible humillación que siento al pensar que de hecho tiene razón, después de todo era mi plan al entrar aquí.
-Me temo que no es posible. - Dice de pronto Hermione quien aprovechando una distracción de la camarera saca su varita y rápidamente desaparece el rastro del huevo de mi ropa - Es algo importante lo que debemos hacer hoy. Pero es cierto que debes bañarte, mi casa está cerca, ahora que el local está vacío podemos desaparecernos. Bastian, distrae a la señorita de la caja por favor.
-¿Yo? ¿Por qué yo?
-Suplicabas hace 5 minutos que te dejara invitarme una buena taza de té, ahora puedes hacerlo. Solo ve y paga mi cuenta y de paso distrae a la mujer con tus fascinantes ojos y deslumbrrrantes sonrrrisas. - , le imita rodando un poco los ojos.
-Eso no es justo, ¿pero aceptarrré si prrrometes salirrr conmigo prrronto? Como mañana, porrr ejemplo.
-¡Pero por supuesto que no! - Le digo ya enfadado. - Si eres demasiado lento para captar que me ha invitado a ducharme a su casa, entonces observa- del bolsillo del pantalón saco un fajo de dinero y tomo dos billetes de 50 libras. Los dejo en la mesa, asumo que cubre la bebida de Hermione como los inconveniencias de mi presencia. Bajo la atenta mirada de Faure tomo la cintura de la chica como sólo yo puedo sujetarla. Con gran placer lo veo abrir mucho los ojos por la sorpresa y con un básico movimiento de varita, hago levitar un tarro de leche, solo lo suficiente para dejarlo caer con gran estrépito al piso. La aturdida camarera, distraída por el inconveniente, no se percata cuando en un grácil giro desaparecemos frente a ella.
En un abrir y cerrar de ojos hemos dejado la cafetería de la esquina sur de la estación de Kings Cross y nos hemos aparecido en su casa. La familiar salita con sus muebles dándole la espalda a la chimenea y los cojines de colores siguen en donde los dejamos ayer, revueltos por todas partes como prueba inequívoca de la batalla sexual que nos montamos.
Vuelvo la mirada hacia su cuerpo menudo bien sujeto al mío. Un cálido abrazo para mi, para ella una posición cómoda que evita la despartición. Puedo sentir sus puños bajo la chamarra, colocados en mi espalda baja y apretando con mucha fuerza mi camisa. Su melena color chocolate, adornada por un pasador de oro mate con una leona a galope, es sujetada por mi mano derecha de una manera demasiado protectora.
Al sentir la seguridad de la tierra firme bajo los pies se relaja y de a poco se separa ligeramente para quedarse apenas sostenida a mis codos.
-Se te está haciendo costumbre eso de la desaparición conjunta. Deberías darme alguna palabra clave cuando mínimo. Así podría estar más lista la próxima vez.
-Humm, chocolate. - le digo, distraído por el marrón de su cabello y el olor suave de algo que no puedo reconocer. - Me gusta el chocolate,es una buena palabra para recordar. - la veo asentir afirmativamente, como si con ello guardará automáticamente en su cerebrito de sabelotodo una simple clave que posiblemente jamás usaré.
-Bien- dice- ahora debes irte a bañar, porque de verdad- ríe - apestas… - concluye arrugando la nariz.
Siento el calor subiendo por mi cuerpo, el cuello, las mejillas y finalmente las orejas. Había olvidado por completo que estaba asquerosamente lleno del putrefacto aroma del huevo podrido. La aparto de mí y retrocedo todo lo lejos que puedo sintiendo que debo esconderme en algún lado.
-Tranquilo, hace un rato que mí naríz ya se acostumbró a tu nueva colonia. - la fulmino con la mirada pero continúa riendo mientras habla- Igual debes bañarte porque no nos dejarán entrar a ninguna tienda de lujo o permitirán que te pruebes la ropa ni por todo el dinero del mundo. Así que anda, utiliza el baño de mi habitación. - dice, mientras señala con la mirada las escaleras, que sé, conducen a la segunda planta donde hay una pequeña antesala con puerta a todas las habitaciones de la casa.
- Hay toallas limpias bajo el lavamanos.- Me grita cuando voy a media escalera- Ah y mejor deja tu ropa en el cesto, parece limpia pero huele extraño, te prestaré algo de mi padre.
-Bien, pero conservaré mi ropa interior. No usaré la de tu padre.- le digo apenas audiblemente mientras termino de subir cada escalón con pesadez.
Su aroma me recibe de golpe al abrir la puerta de su habitación, bueno… nuestro aroma, me recuerdo. Sonrío recordando la noche pasada, pero en el proceso me dirijo a la ventana y la abro. Madre tiene razón, el olor del sexo es peligrosamente revelador y añadiré que malditamente embriagante, como el de una pócima sensual. Apenas un poco y ya me tienes duro Granger, no me molestaría para nada despertarme con este afrodisíaco varios días a la semana, de todos modos suelo estar muy activo por las mañanas, mejor si lo aprovecharas.
Camino a la ducha, de veras que la necesito con urgencia. Me voy quitando la ropa con cada paso y por supuesto la dejo en donde se me da la gana, osea en todos lados menos en su precioso cesto. Entro a la ducha con rapidez y cierro la puerta de cristal. Giro el pomo de la llave del agua hacia un término medio y me quedo bajo el chorro del agua sintiendo sus variaciones térmicas, cuando el agua caliente parece predominar cierro los ojos por unos segundos. La sensación es maravillosa, me relaja y a la vez despierta mi cerebro. Caray, no son ni las once de la mañana y ya me siento medio drenado de energía. ¿Es que siempre es así cuando uno va por la vida a lado de Hermione Granger? Si es así no me sorprende el montón de problemas en los que Potter se metía.
Busco a mi alrededor y encuentro los frascos que deben ser del shampoo y el jabón corporal. ¿Mágicos o muggles?- Me pregunto. Abro la tapa del shampoo pero ningún torrente de burbujas escapa del frasco. 100% muggles, me respondo suspirando. Tomo un poco del líquido en la mano y lo froto en mi cabello, al instante un intenso aroma de frutos rojos y de ese algo más que no supe identificar me inundan las fosas nasales. Tras librarme de la abundante espuma y del jabón en los ojos, leo el frasco: "Cherry Almond, para una mayor suavidad y luminosidad. Ingredientes: aceite de cerezo y almendras dulces." Ja! Almendras!, pues bueno oler como ella es mucho mejor que la opción del huevo podrido.
Estoy por coger el frasco del jabón corporal cuando la puerta de cristal de la ducha se abre. La miro con sorpresa.
-No te molesta si me uno, ¿verdad?. Esta mañana me quedé dormida y no pude ducharme.
-¿Por qué habría de molestarme? El óptimo uso de los recursos naturales es algo que me preocupa mucho. - le digo, observando su piel desnuda erizandose a falta de ropa.
Le tiendo la mano y la ayudo a incorporarse en el mojado piso de la ducha. La coloco justo bajo el chorro del agua cálida y la veo haciendo lo mismo que yo hace apenas unos minutos, cerrar los ojos y disfrutar del agua cálida recorriendo su cuerpo.
- ¿Por qué te has sujetado el cabello si vienes a ducharte?- pregunto acariciando la curva de su cintura.
- Porque si lo llevara suelto no podría disfrutar de los besos tan ricos que me das en el cuello - dice., con una voz sensual e hipnótica y un dedo índice señalando el camino que espera que recorra. ¿Y quién soy yo para negarme si me lo pide de esa forma?, apenas poco más que la peste negra robándole buenos momentos a la vida. La arrincono y la escucho exhalar por el frío que seguro su espalda y su gran culo sienten contra la pared, pero la recompenso con ganas cuando la empiezo a besar desde detrás de la oreja y hasta la clavícula. La siento respirar rápido y sé que pronto comenzará a gemir. Sus pezones me reclaman, y cómo dejarlos desatendidos cuando están tan duros como mi entrepierna. Tienen un sabor que no existe en la naturaleza, y una suavidad que amerita solo ser tocada con la lengua. Y ahí está mi nuevo sonido favorito, el que producen sus labios cuando empieza a gemir.
Siento que si no la siento voy a morir, necesito sentirla. Y por sincronización se aferra a mis hombros y atrapo sus piernas en el desesperado brinco que ha dado pidiendo más. Enrosca sus piernas en mi cintura y su cuello me queda a la altura de la boca, sus pechos apenas poco más abajo, pero mi pene está en la justa entrada de su vajina, listo para reclararlo todo. ¡Y merlín que bien se siente! Sus gemidos son como música para mis oidos, se que este momento es crucial porque le gusta sentirlo despacio, la dejo acostumbrarse a la intrusión en su cuerpo y le permito apretarme a su ritmo mientras saboreo cada espacio de su piel. Siento sus piernas tensarse y sus manos jalarme el cabello, viene de a poco, subiendo cada vez más el volumen de su gemidos. Su primer orgasmo en la ducha, qué delicia y cuantos más ya quiero darle. La siento llegar a su propio climax y perder el control. Me ayudo de la pared para poder darle un par de estocadas más lentas y profundas, justo como las que le gustan. Para cuando ha explotado y sus piernas pierden la fuerza la devuelvo al piso y la giro. Es mi turno de disfrutar.
Apenas tiene tiempo para exhalar y sostenerse con ambas manos a la lisa superficie, abro bien sus piernas y la inclino ligeramente para ocuparme de entrar y salir de su vajina cobijado bajo el cálido chorro del agua que a segundos cae sobre su trasero y luego sobre mi pecho. ¡Oh! cómo desean mis bolas meterse también, sentir su calor, llenarla de todo lo que sea capaz de darnos placer. Sin escrúpulos sacudo sus nalgas al compás de cada estocada, a veces la nalgueo y otras solo las abro y aprieto para entrar tanto como puedo, tan rápido como me plazca. Y justo cuando estoy sintiéndome en el paraíso, cuando estoy temblando a punto de correrme, ella se aparta de mi…
-Espera un poco, quiero…
-No.- Dice autoritaria. La miro sin comprender y con algo de reproche, yo le he dado un gran orgasmo y ella ha robado el mío.
- Dejaste tu ropa sucia regada por mi habitación y eso me ha molestado. Tendrás que pagar por ello.
- ¿Disculpa?
Llevándose una mano a la cabellera saca en un rápido desenfunde su varita y en medio segundo me inmoviliza las muñecas. Al compás de su varita, mis brazos se levantan sin que mi propia fuerza sea capaz de resistirse, me siento como si estuviera siendo atado a una cuerda invisible del techo. ¿Es que intenta castigarme? Porque de ninguna manera siento menos ganas de portarme mal. Aunque nuevo el asunto, ya me siento deseoso de que haga lo que sea que se le antoje, nunca nadie se ha atrevido a dominarme y espero con ansias que sea la primera.
Toma un poco de jabón de la botella que no he tocado y la frota sobre una esponja que ni siquiera había visto. Decir que cada poro de mi piel exuda excitación mientras la veo sería un insulto para mi pene que se me mueve como si siguiera enterrándose dentro de ella. Me mira con unos ojos felinos hambrientos, acercándose a mí con su peligrosa esponja en la mano. Para cuando se atreve a tocarme la piel se me eriza y no puedo evitar dejar escapar un gruñido. ¡Mierda es solo jabón! ¡controlate Draco!- me digo mentalemnte.
Pero cada cosa que toca me excita. Me lava la espalda y los ojos se me cierran de placer, pasa la esponja por mi pecho y me estremezco, su mano rosa cada centímetro de mi vientre bajo y empiezo a sentir cada vez menos control. En medio de un trance sexual la veo exprimir la esponja y juntar en las manos abundante espuma, me sonríe y se pone de rodillas. Para cuando me toca y me masajea el pene, ¡Merlin! doy gracias infinitas por estar sostenido de las muñecas porque los pies parecen dejar de sostenerme. La cabeza me da vueltas, sus manos hacen magia masturbándome. ¡Que puta maravillosa mierda es esta y dónde había estado toda mi vida! Me escucho gruñir de placer una y otra vez hasta que un tirón en las muñecas me coloca de vuelta bajo el chorro del agua. La piel está tan sensible que puedo sentir cada gota como una suave caricia en contraste con la pesada espuma que me escurre rápidamente. Otro tirón y esta vez soy yo quien exhala por sentir la fría pared a mi espalda.
-Ahora que estás bien limpio Draco… ensúciame.
Y de pronto su boca le da una cálida sacudida a mi pene. Lo chupa y lo aprieta, lo lame e intenta tragarlo. Sus manos no desatienden mis piernas, mi vientre o mis testículos. Cierro los ojos y dejo que mi cabeza se sostenga contra la pared. Se ha vuelto una maestra de darme placer con la boca. Estoy a nada de correrme, ya me siento temblar incontrolablemente, ya me siento sacudir contra su cara, unos segundos más y estaré noqueado por largos 15 o 20 minutos en donde si le apetece, seguirá haciendo lo que le plazca. La inmovilidad de las manos de pronto desaparece. Las piernas reaccionan sólo por acto reflejo para sostenerme. Entierro las manos en su cabello y me empujo contra su garganta, el mundo se vuelve verde mientras me corro en su boca y sigo sacudiéndome por varios segundos. Soy incapaz de dejar la calidez de su boca, incluso cuando su lengua y sus labios me chupan provocando una descarga eléctrica que sube por la espina dorsal y me ilumina el cerebro con destellos de colores fosforescentes.
Me escucho sisear de una manera extraña y ella ríe, incorporándose. Bien, ya que has aprendido la lección, sal de aquí. Debo ducharme de verdad.
Quiero responderle, sí que quiero, con algo mordaz o con cualquier tontería. Pero la lengua no me responde y mi cerebro sigue entretenido viendo colores. Doy algunos pasos y las piernas me tiemblan, ¡¿pero qué es esto?!, rio mientras a cada paso imagino los primeros pasos de un cervatillo recién nacido.
¡Merlin!, si no deseara tanto tirarme en su cama no habría manera de que me hubiera sacado de la ducha. En cuanto siento las suaves sábanas de su cama no puedo más, pareciera que alguien ha apagado el interruptor que mantenía mi cuerpo encendido, así de pronto, ya me he desconectado y voy de camino a un profundo sueño.
- Draco, despierta… - dice una lejana voz - Draco ya es tarde. - La escucho insistir.
- Vete a la mierda Blaise- atino a responder con algo de dificultad.
- ¿Blaise? ¿Zabini? ¡Bah! Tenemos un día de compras Draco, anda… - siento una mano dándome suaves palmadas en las mejillas, pero me retuerzo y me acuesto del lado contrario abrazando una almohada.
- ¡Draco Malfoy arrastra tu puro trasero azul fuera de la cama! - le escucho gritar, pero lo ignoro. En segundos todo se ha quedado silencioso. Supongo que se ha ido. Estoy por perderme de nuevo en la inconsciencia cuando un calor humano me habla al oído.
-Draco, - susurra- Soy Blaise. - Y mi mente puede ver entre sueños al hijo de puta a unos centímetros de distancia sonriendome como loco.- ¿Me dejas hacerte el amor? - A la pregunta le sigue la humedad de una lengua tocándome el lóbulo de la oreja y enseguida sus dientes mordiendo el mismo sitio.
Blaise esta… y quiere… ¿qué cosa?. Mi lento cerebro de repente se enciende en señal de alarma, me estremezco, abro los ojos y me siento al tiempo que me cubro las orejas con ambas manos. Aún adormilado busco a Blaise en aquel cuarto extraño.
-Lo siento, - dice riendo con la mano en la boca- es que no te levantabas, y de verdad tenemos que salir de compras. - La miro enfurruñado aún con las manos sobre las orejas.
- No fue gracioso Hermione.
- Oh sí que lo fue. - Dice acercándose una vez más a mi. - Te prometo que compraremos solo lo necesario y podrás irte a tu casa y dormir. - Meneo la cabeza y bostezando me tallo los ojos.
-¿no?- pregunta confusa.
- No puedo dormir en la mansión tan bien como lo hago aquí. ¿De verdad es tán importante que compre ropa muggle? Pensé que solo querías ponerle excusas al imbécil de Faure.
- No lo hacía, de verdad es muy importante. Dime, esta mañana que me llamaste, ¿nadie te miró extraño?
Intento hacer memoria pero se me escapa la respuesta. - Creo que la gente estaba molesta y luego se distrajeron con el aparato muggle. - Respondo.
-¡Exacto! Necesito muchas más distracciones Draco, necesito que te dejen de ver como mortífago y más como persona. Y eso solo puedo hacerlo si dejas de vestirte de negro. No sería tan difícil si supieras hacer transformaciones domésticas.
-Hum, te prometo que usaré cualquier cosa que compres. Pero déjame dormir un poco más.- Lloriqueo como todo un crío y me dejo caer de vuelta en la cama, jalando las sábanas más cercanas y cubriendome con ellas.
- Yo te prometo que te dejaré dormir aquí en mi habitación en cuanto hayamos terminado.- me dice, pero me rehúso a contestarle - ¡Por favor Draco!, - desesperada jala las sábanas que me cubren y me golpea con una almohada- ¡hay demasiadas cosas que necesito que pruebes y se que solo las usaras si te da la gana!
Suspiro derrotado y me vuelvo a incorporar. -¿Es que no hay manera de que hagas lo que quiero Granger?.
- ¡Hago lo que necesitas, aun y cuando tú mismo no tienes idea de lo que es!.
-Pues ahora necesito té, mucho té para despertar. Y algo de comer o me quedaré dormido en el primer probador que me hagas entrar. - Le amenazó, aún desde la cama y con los brazos cruzados. Si madre me viera hacer un berrinche de esta manera seguro me desheredaba y luego moría de vergüenza. Suerte que no esté aquí.
Se gira y de la mesilla a su espalda toma una bandeja de cama que coloca entre mis piernas.
-Té oolong de media oxidación, 300 ml de agua, sin azúcar ni leche. Te preparé huevos, alubias, tocino y un poco de salchichas asadas. Acá tienes tostadas, mermelada y mantequilla. La ropa de mi padre está en esa silla. Si no bajas en media hora Draco Malfoy, te juro que jamás volveré a darte sexo oral. ¿Te quedó claro?
Asiento y rápidamente me llevo una tostada a la boca. Algo aterrorizado, la veo salir y cerrar la puerta tras de sí sin decir nada más. Pues sí que sabe lo que necesito.
Saludos:
Querida Valerie Malfoy, ¿debería llevarlos a una zona verde Slytherin o una roja Gryffindor?
A todas las personas que siguen esta historia: agradezco infinitamente el tiempo que se dan para leerla. Espero que les esté gustando y la estén disfrutando tanto como yo al escribirla. No duden en dejar un mensajito para hacerme saber su opinión.
Hasta pronto.
