42. La verdadera Libertad, parte II
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Disclaimer: Los personajes que se desmiembran o cambian de personalidad a lo largo de la historia pertenecen a la obra del célebre Mangaka Hiro Mashima. Este Fanfiction está basado en una serie derivada y secuela de su Manga principal Fairy Tail, llamada Fairy Tail: 100 Years Quest. Contiene varios hechos canónicos dentro de la obra. No obstante, varios personajes, personalidades, habilidades y escenarios puede que estén fuera de este.
ADVERTENCIA DE CONTENIDO ADULTO. Ojo que lo anuncio desde ya. Sólo mayores de 18 años.
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Era inconcebible y absurdo, pero la posibilidad estaba sobre la mesa. Y con todo lo que había visto en su larga vida, Ophis había aprendido que en muchas ocasiones, aquello que se cree absurdo e imposible es precisamente el mecanismo causal de la verdad buscada.
Aún así era difícil de creer.
El sol de la mañana bañaba la altiplanicie con una luz suave, difuminando las cicatrices del enfrentamiento de la víspera. El aire estaba fresco, y el silencio solo se rompía por las voces de Natsu y Happy, enredados en una discusión que parecía no tener fin. Happy agitaba la ocarina en el aire, gesticulando con frustración mientras intentaba, una vez más, convencer a Natsu de aceptar el instrumento. Natsu, como siempre, mantenía su postura firme, rechazándola con la misma terquedad inquebrantable que Ophis ya le conocía como un aspecto fundamental de su personalidad.
Ophis, sentada cerca pero sin participar, los observaba con la indiferencia de alguien que, aparentemente, no tenía interés en intervenir. Sin embargo, su mente trabajaba a una velocidad vertiginosa. Contemplaba a Natsu, ya no interesada en la discusión de la ocarina, sino por una idea escandalosa que ahora tenía toda su atención y curiosidad: ¿podría ser que Natsu simplemente no supiera cómo se reproducen los humanos?
La idea le parecía ridícula, pero la acumulación de pistas la hacía difícil de ignorar. Natsu había crecido bajo la tutela de Igneel, un dragón, apartado de las dinámicas humanas básicas. Su perspectiva estaba moldeada por una infancia única, más cercana a la de una bestia que a la de un hombre. Incluso en sus años posteriores, rodeado por humanos, Natsu había mostrado una desconexión casi total con las cuestiones más fundamentales de su especie.
Ophis no podía dejar de preguntarse si Happy tampoco lo sabía. La misma terquedad que mostraba el Exceed en su intento de convencer a Natsu parecía alimentada más por una idealización romántica de lo que representaba la ocarina que por un verdadero entendimiento de lo que significaba. Si ninguno de los dos comprendía la conexión biológica entre madre e hijo, aquello explicaría mucho. Quizás incluso explicaba la inmunidad de Natsu a la magia de Larcade. ¿Cómo podría sucumbir a algo que nunca había experimentado, ni siquiera en sus formas más elementales?
Mientras contemplaba esta posibilidad, una ligera sonrisa irónica cruzó su rostro. Había pasado siglos acumulando conocimiento, enfrentándose a amenazas que retaban la lógica misma, pero esta simple ignorancia humana parecía un desafío aún más confuso y fascinante.
Sin embargo, a diferencia de lo que cualquiera podría opinar de este interés de su parte, Ophis no se hacía estos planteamientos motivada por una curiosidad morbosa, sino por un propósito mucho más elevado.
«… ¿acaso es posible que él sea como yo?… Libre… » La sola idea le causó un escalofrío de emoción.
Ophis le había expresado en más de una ocasión que no podía llegar a respetarle nunca, ni tratarle con dignidad porque no le veía ni nunca le vería como un igual. Aquello no era una simple muestra de arrogancia, sino una declaración fundamentada en su propia percepción del mundo. Desde el momento en que lo conoció, había considerado a Natsu un ser inferior, un hombre-niño impulsado por emociones triviales y decisiones carentes de lógica. Su disposición inicial a entenderle, aunque distante, había sido moderadamente amable, incluso tolerante. Había reconocido en él una chispa de valor y determinación que, si bien primitiva, podría tener utilidad en su gran plan y hacer su compañía "soportable".
Para Ophis, tolerar a Natsu no era una cuestión de respeto, sino de necesidad. Y aunque no lo considerara un igual, no podía negar que su don para abrir los orbes eran la diferencia entre el éxito y el fracaso en su propio viaje.
Pero esa tenue tolerancia desapareció rápidamente. El momento crucial llegó cuando Natsu tomó la decisión de sacrificarlo todo por salvar a Lucy Heartfilia. Para Ophis, aquello fue el colmo de la debilidad humana. Había visto esa clase de irracionalidad demasiadas veces, en hombres y dragones maldecidos, y siempre terminaba de la misma manera: Tragedia y fracaso. En lugar de admirar su sacrificio, Ophis lo interpretó como una confirmación de su falta de juicio, de su incapacidad para pensar más allá de sus emociones básicas.
Eso le decepcionó profundamente y estropeó la relación desde el primer momento. Por eso ella mostró con ellos su faceta más fría, más distante y más cruel. Las interacciones que antes eran marcadas por una leve pero perceptible curiosidad, ahora estaban teñidas de una impaciencia apenas disimulada. Cada error de Natsu, cada muestra de su carácter impulsivo, no hacía más que reforzar en la dragona su percepción de que él no era digno de su respeto. No como guerrero, no como aliado, y ciertamente no como igual.
El que él le salvara la vida ante la lanza justiciera de Hyrum y las fauces mortales de Samael no había hecho mucho por mejorar la relación, sino que apenas logró devolverla al estado previo al incidente de Joya. Ophis era nuevamente tolerante y accesible, siempre y cuando esos dos tontos no sobrepasasen los márgenes de su paciencia.
Eso fue sólo hasta ayer. Hoy, Ophis se encuentra considerando algo que nunca había admitido siquiera como posibilidad. Una chispa de comprensión surgió en su mente, algo que desafió su percepción inicial. ¿Y si, después de todo, existía un único aspecto en el que Natsu y ella pudieran ser iguales?
La idea era tan desconcertante como fascinante, y Ophis se permitió explorarla en silencio, entrelazando los hechos que había observado. Ambos eran inmunes a la magia de Larcade, inmunes al placer más allá de lo que cualquier criatura viviente debería ser capaz. Este no era un detalle menor; era algo que definía su naturaleza. Para Ophis, la ausencia de esas distracciones físicas y emocionales no era una debilidad, sino una fortaleza, un sello de su individualidad, de su verdadera libertad.
En ese momento, Ophis vio algo más en Natsu: Una mente que, aunque primitiva y caótica, no estaba corrompida por deseos externos. Él, al igual que ella, parecía ser dueño de su voluntad, libre de las cadenas que atan a tantos otros. Esto lo hacía diferente, único, y por primera vez, Ophis sintió que podía respetarlo, aunque fuera en ese único aspecto.
No era la fuerza, ni el honor, ni siquiera su determinación lo que despertaba este respeto; era su aparente pureza. Una pureza que no era sinónimo de inocencia, sino de una independencia absoluta de los placeres de la carne, de las manipulaciones de impulsos primarios. Una mente, al menos en ese aspecto, tan inquebrantable como la de un dragón puro.
Y en esa igualdad compartida, por pequeña y específica que fuera, Ophis encontró algo digno de respeto. Por más patético que pudiera ser en otros aspectos, Natsu Dragneel tenía un núcleo de fortaleza que pocos poseían. Y eso, pensó Ophis con una leve inclinación de su cabeza, era suficiente para otorgarle un atisbo de dignidad que jamás antes habría considerado.
Cerca de media mañana, cuando se acercaron al primer poblado importante en mucho tiempo, Ophis confrontó a Natsu sobre su condición. Fue completamente aleatorio. Ya dejada de lado la discusión por la ocarina, la charla viró hacia la nostalgia por el hogar. Una pausa para descansar de la marcha en la que Happy comentó por enésima vez como Natsu tenía algunas cosas en común con Gray, haciendo enojar a su amigo…
—Tenías razón. Parece que tenemos algunas cosas en común tú y yo, después de todo…—Muy propio de su estilo impredecible, Ophis fue directamente al grano.
Natsu parpadeó, desorientado por el cambio abrupto en la conversación. Había estado distraído, mirando el camino mientras Happy seguía con su monólogo, pero ahora toda su atención estaba en Ophis.
—¿De qué hablas ahora? —preguntó con desinterés, cruzándose de brazos.
—De ti. Y de lo que eres —respondió Ophis con una mirada penetrante que hacía que incluso Happy se sintiera incómodo—. Eres libre, igual que yo…
Natsu se aproximó más, sin apartar ni un momento los ojos del rostro de Ophis. Era difícil seguir su línea de pensamiento; ella siempre había funcionado de un modo extraño e indirecto.
—Habla claro. No te entiendo.
Ophis mantuvo su mirada fija en Natsu, sus ojos brillaban con un tinte de curiosidad inusual, mezclado con algo más que él no supo identificar. Una pausa estratégica precedió su explicación, como si las palabras que estaba a punto de pronunciar fueran una revelación importante.
—Eres ignorante, eso no es un secreto —empezó Ophis con su habitual tono frío, pero esta vez, había una seriedad inusual en su voz—. Sin embargo, lo que ocurrió ayer, en ese campo de batalla, demuestra que tu ignorancia puede no ser la única razón de tu inmunidad. Lo que hiciste al romper el capullo de luz en el que te atrapó ese sujeto no tiene explicación lógica.
Natsu frunció el ceño, confuso y algo molesto por la manera críptica de Ophis de abordar el tema.
—¿A dónde quieres llegar? —preguntó, cruzándose de brazos, claramente cansado de sus rodeos.
—Esa magia no era un simple ataque psíquico. —continuó ella, su voz adoptando un tono más claro—. Era una con la capacidad de forzar el descubrimiento del placer carnal, una fuerza capaz de romper las mentes y cuerpos de cualquiera, incluso de seres extraordinarios. Ese hechizo atrapó al gato, y su efecto fue inmediato y devastador. Pero tú… tú no sólo sobreviviste. Saliste intacto. No sudaste, no temblaste, no caíste. Incluso cuando tus sentidos fueron inundados con sensaciones diseñadas para despertar tus bajos instintos (si es que los tienes), no reaccionaste.
Natsu retrocedió un paso, parpadeando sorprendido. No estaba acostumbrado a que Ophis hablara de él con tanta intensidad, mucho menos con algo que podría interpretarse como… ¿admiración?
—¿Y eso qué?—preguntó, todavía a la defensiva—. Supongo que soy más fuerte que Happy. Siempre lo he sido.
Happy protestó con un "¡Oye!", pero fue ignorado por ambos. La vergüenza lo invadió al recordar la experiencia.
—No es sólo cuestión de fuerza, Dragneel—replicó Ophis, esta vez estirándose levemente hacia él, como si intentara que sus palabras llegaran directamente a su conciencia—. No es natural. Ningún ser humano, ninguna criatura viva, debería ser capaz de resistir eso sin algún tipo de conexión previa o entendimiento de lo que representa. Sin embargo, tú lo hiciste. Y no porque seas fuerte, sino porque, tal vez, no tienes la capacidad de comprender el placer carnal en absoluto…
—¿Qué es eso del "placer carnal"?—preguntó Natsu, intrigado.
—Son los llamados "placeres de la carne", relacionados con el goce físico.—Natsu negó con la cabeza, aún más confundido. Ophis frunció el ceño mientras buscaba simplificar palabras. —El placer en sí, es una sensación agradable, como comer estando hambriento, dormir justo cuando estás agotado. —Ophis explicó—En términos muy simplificados, el placer carnal, o "placer sexual" es una sensación de disfrute físico que se produce como resultado de la estimulación física de los sentidos, tanto por la interacción con otros seres vivos como experimentando con tu propio cuerpo… Ya sabes, "cosas de sexo".
—Ah, eso…—Natsu rodó la vista a un lado con desdén—Recuerdo que todo el mundo en el gremio perdió la cabeza hace unos años con eso. Yo nunca entendía nada y por eso todos me trataban como tonto… —admitió con algo de resentimiento en su voz—Fué muy extraño. Justo después de que todos empezaron a cumplir ¿14, 15?, sólo recuerdo que de repente todos hablaban de "sexo aquello", "él/ella es tan sexy"... de repente todos querían espiar en el baño de las niñas; y por un tiempo, de repente, por alguna razón, todas ellas se vestían con poca ropa igual que Lucy.—él lo relataba de una forma tan tranquila y fría que desconcertó a Happy y confirmó las sospechas de Ophis. —Nunca me pareció algo interesante. Demasiado complicado. ¿El sexo es importante?
La confirmación fue un golpe contundente para ambos oyentes, aunque cada uno lo experimentó de maneras diferentes. Para Ophis, fue la catarsis de una sospecha largamente gestada. Sus análisis previos, sus observaciones minuciosas, todo apuntaba a esta revelación. Sin embargo, escuchar a Natsu exponer su desconexión con una honestidad tan indiferente y casi infantil le resultó fascinante, casi como descubrir una rareza en la naturaleza que desafiaba toda lógica.
Por otro lado, Happy quedó completamente anonadado, con la mandíbula casi tocando el suelo. Había tenido momentos en el pasado en los que la ignorancia de Natsu le había llevado a considerar la posibilidad de que su amigo no entendiera en absoluto qué era el sexo, pero siempre descartaba la idea por lo absurda y ridícula que sonaba; después de todo, estaba seguro de que al menos Natsu sabía, igual que él, que los huevos de los que nacía la gente tenían que venir de algún lado… Ahora, enfrentado a esta realidad, la incredulidad y la confusión se mezclaban en su mente como un remolino. El colmo de la ignorancia de Natsu no era simplemente cómico, sino profundamente desconcertante.
Para Happy, era como descubrir que Natsu había vivido toda su vida en otro planeta.
Las caras de sus compañeros pusieron aún más incómodo a Natsu, al sentir que ahora lo miraban de la misma manera que Larcade en plena batalla…
—¿Nunca te has "tocado"?—Ophis le preguntó directamente. Su falta de tacto era total. —¿Nunca has oído a nadie hablar acerca de "Fornicar", "Lustricar" o "Amancebarse"?
—¿"Amance-qué"?—Happy agitó la cabeza antes de corregir a Ophis.—Ya nadie usa esas palabras para referirse al sexo.
—¿En serio? Supongo que estoy algo desactualizada. ¿Cómo se le dice ahora entonces?
—Ahora se le dice "Coger" o, "Follar", o simplemente "tener sexo"…
Quizá Happy no era el más adecuado para orientar en la utilización de definiciones coloquiales para referirse al acto reproductivo de forma respetuosa y racional, pero era suficiente para que los resquicios de memoria de Natsu se activasen, conectasen puntos y le permitiesen darse cuenta cuan desconectado y descontextualizado había estado por tantos años, tantos años al margen de una conversación que era la vida misma.
Natsu recuerda las confusas palabras de doble sentido que tantas veces no comprendió en su adolescencia.
—Y… ¿Se siente, ya sabes, "bien", "rico"?—Natsu preguntó en forma tonta.
—Supongo. —Ophis respondió—No tengo idea, nunca lo he sentido. Pero esa es la idea. Supuestamente, como con cualquier otra clase de placer, resulta embriagador para las mentes débiles.
—¿Mentes débiles?...—Natsu levantó una ceja.
—Oye, oye… Detente allí—Happy se dirigió a Ophis, sin temor a interrumpirle.—Hablas del placer como si fuera algo malo.
—Malo no. El bien y el mal sólo son puntos de vista, pero el placer es perjudicial. Irracional, degradante, ignominioso, ruidoso, pasajero...
Ophis y Happy se enredaron en una intensa discusión, no con gritos ni exclamaciones, sino con argumentos. Muchos de los que Happy usaba eran simples y poco sólidos, pero igualmente se enfrentó a una Ophis que no dejaba de insistir en su idea de que el placer carnal era sinónimo de la perdición del alma y la mente.
—¡No puedes decir que es perjudicial solo porque no lo entiendes! El placer es algo natural, algo que todos pueden disfrutar… —Happy contratacó.
—Natural, sí. Pero no todo lo natural es digno de elogio. También es natural que las bestias se devoren entre sí. ¿Eso lo convierte en algo admirable? El placer carnal es una distracción, una pérdida de tiempo para quienes aspiran a algo más elevado.
—¡No es una distracción! ¡Es… es una conexión! Algo que compartes con alguien especial… O al menos, eso es lo que Lisanna dice. —Happy nunca había oído a Lucy hablar del tema. Ella siempre se sonrojaba y evadía estos temas, por lo que su mayor referencia era Lisanna.
—¿"Especial"? ¿Cómo puede ser especial algo que cualquiera puede experimentar y olvidar en cuestión de momentos? Es efímero, vacío. Una conexión que depende de impulsos biológicos no es más que una ilusión creada por mentes débiles.
—¡No es una ilusión! ¡Es algo real, algo que puede hacer que las personas sean felices!
—La felicidad obtenida de lo efímero no es verdadera felicidad. Es un respiro antes de volver al vacío. Quienes dependen de tales placeres no son libres, están esclavizados por sus propios deseos.
—¿Y qué hay de Natsu entonces?—Happy señaló a su amigo con el dedo—Si es "libre" como dices, ¿por qué no parece más feliz? ¡Quizá no ha probado eso porque no sabe lo que se pierde!
—Quizá porque aún no comprende que su libertad es su mayor fortaleza. O tal vez… porque no la merece.
Natsu se sentía ajeno e impersonal a la discusión que Ophis y Happy mantenían, una profunda sensación de incomodidad le embargó mientras los pensamientos se arremolinaban en su mente, hecha un caos de confusión y duda.
Apenas estaba terminando de procesar el odio de Larcade y ahora Ophis le lanzaba este nuevo golpe, brutal y directo a su propia identidad.
—¿Y tú?... —Natsu se dirigió a Ophis una vez más—¿De verdad no puedes, ya sabes, sentir "placer"…
Ophis negó con la cabeza en un gesto solemne y orgulloso. —Al estar libre del deseo de la carne, puedo estar segura que mis decisiones son completamente mías. Yo mando sobre mi carne, no mi carne sobre mí. Lo mismo es contigo.—Ophis lo dijo como si ya fuera un hecho irrefutable.
—Yo… ¿No puedo? ¿No puedo sentirlo?—a Natsu le temblaron los labios al hablar, su garganta llena de un miedo que se notó. Ophis se molestó por ello. Únicamente toleraba el miedo en sus enemigos y dado que Natsu no entraba en esa categoría, el sentir la peste del miedo emanando de él le irritó bastante…
—No te atormentes con eso. El placer sexual es sólo un subproducto—Ophis le respondió en forma tranquilizadora, pero falsa. —Un derivado, un resultado de la compulsión biológica que impulsa a los humanos a procrear. No dura mucho, pero golpea fuerte, lo suficiente para hacerte hacer estupideces… Si no tienes cuidado, la serpiente que te cuelga entre las piernas puede envenenarte la cabeza.—Esta vez Ophis escogió un enfoque aún más vulgar, buscando que la mente inmadura de Natsu comprendiera, pero en su lugar sólo recibió una perenne mirada de confusión, seguida de una rápida bajada de cabeza hacia su propia entrepierna, cómo si de verdad creyera en la existencia de una serpiente literal allí.
«Pero por supuesto, ¿Cómo va a entender si de principio estamos olvidando lo más importante?» Ophis dejó escapar un largo suspiro, más cargado de frustración que de agotamiento, mientras se daba cuenta de algo fundamental: hasta ahora, todo lo que habían dicho sobre el placer carnal y su relación con la reproducción había sido planteado en términos abstractos y subjetivos, como si Natsu tuviera siquiera una base mínima para comprender de qué estaban hablando.
Pero la realidad era mucho más cruda: no sólo desconocía el placer, sino que también parecía ignorar los fundamentos más básicos…
—Oye, ¿Sabes de dónde vienen los bebés?—Ophis habló en los términos más sencillos que pudo. —¿Sabes cómo se hacen?
—¡Por supuesto, no soy tonto!—dijo Natsu, sintiéndose ofendido—Nacen de huevos, como todos. Una chica pone un huevo y así nace…
—Obvio, yo nací de uno también, igual que todos…—Happy secundó la afirmación con toda seguridad. —Claro que Lisanna no puso mi huevo, pero mi mamá Exceed debió hacerlo y luego Natsu me encontró en el bosque.
Ophis levantó una ceja ligeramente y ladeó su cabeza hacia Happy. —Mmm, ahora veo el problema…
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La revelación y la exposición de todas sus verdades salió todo lo bien que se podía esperar.
El impacto en ambos fue poderoso y con notorias afectaciones, pero no las que Ophis esperaba.
Ophis pasó casi una hora impartiendo una lección que no había anticipado dar jamás, detallando el mecanismo biológico mediante el cual los humanos se reproducen. Comenzó desde lo más elemental, describiendo los órganos implicados, las diferencias entre hombres y mujeres, y cómo la unión física de sus cuerpos daba lugar a la creación de nueva vida. Todo lo explicó con una frialdad académica y una precisión casi quirúrgica, dejando de lado cualquier referencia innecesaria o emocional. Su tono era solemne, casi clínico, mientras describía cómo los impulsos biológicos dirigían a los humanos hacia ese acto que llamaban "sexo".
La estimulación, la auto-estimulación, la penetración, la fecundación. Cada morboso detalle fue copiosamente explicado por Ophis.
El primero en reaccionar fue Happy. En un inicio, el Exceed escuchó con un aire de desinterés y condescendencia, porque él ya sabía perfectamente como había venido al mundo—y cómo de placentero debía ser el acto reproductivo—, o al menos sabía cómo su especie lo hacía. Sabía que las niñas follaban y luego de eso ponían huevos. Por eso su sorpresa fué mayúscula cuando Ophis le reveló que los huevos no eran la única manera en la que los seres vivos venían al mundo…
—Entonces… ¿Las niñas humanas no ponen huevos después de follar?—Happy preguntó incrédulo.
—Claro que no, tonto…—Ophis le corrigió—Pero no te culpo por pensarlo; ciertamente, el oviparismo tiene muchas ventajas evolutivas por sobre el viviparismo.
—¿Y los perros?... ¿Y las vacas?... ¿Y los…
—¡¿Tengo que enseñarte la maldita diferencia entre los mamíferos y otros animales?!—Ophis le gritó.
—Perdón, no era mi intención…
Happy se sintió como un verdadero tonto al descubrir el tamaño de su ignorancia. Rápidamente esta sensación fue sustituida por la preocupación y el horror al darse cuenta que Natsu ni siquiera poseía el poco conocimiento que él sí tenía. Lo vió claramente impreso en el rictus desesperado de su amigo, que seguía en silencio, paralizado por la incredulidad y el desconcierto.
A medida que Ophis explicaba cómo este acto estaba, al menos en teoría, intrínsecamente relacionado con los placeres sensuales, notó un cambio sutil en el ambiente. La incomodidad de Natsu no era solo una reacción al contenido explícito de la lección, sino también una resistencia visceral a aceptar que algo tan extraño y "morboso", desde su perspectiva, pudiera ser una parte fundamental de lo que significaba ser humano.
Al principio, Ophis evitó complicarle las cosas con matices de realidad, donde en muchas ocasiones, las más, el propio acto se realizaba por la mera búsqueda del placer sexual y no la procreación; pronto se da cuenta que hay un poco de conocimiento del tema en la hueca cabeza de Natsu, una pista sutil, como una única pincelada bien hecha en un cuadro horriblemente pintado…
—¿Ya sabías lo que era la pornografía?... Debiste haber empezado por ahí, así no habríamos perdido tiempo en explicar desde el principio. —le reprochó Ophis.
—Lo siento… no pensé que habláramos de lo mismo… O qué sirviera para sentir placer…—Natsu respondió con vergüenza.
—¿Para qué pensabas que servía?
—No sé, ya sabes, algo divertido, para reír un poco…
—¿Reir? No te entiendo.
—Como cuando espías en el baño de las niñas y ves lo gracioso que son las niñas debajo de la ropa: "Oh, mira qué gorda está"... "Tiene un trasero enorme, apuesto que puede usarlo para detener una carreta"... "Tiene demasiado pelo ahí".
La reacción de Ophis fue un levantamiento lento y deliberado de una ceja y un ligero cambio en su rictus para disimular una sonrisa de satisfacción, unos gestos que, en ella, era tan emocionales cómo podía permitirse. Aquí no había una simple ignorancia cultural o una inocencia obstinada. Era algo más profundo, más perturbador. Hasta el hombre más reservado, más ingenuo o infantil, debería haber sentido en algún momento de su pubertad el ineludible llamado de la carne. Era un impulso primario, una marca casi universal de la humanidad, algo que los separaba de las criaturas puramente racionales o sobrenaturales. Pero Natsu… Natsu no era simplemente inmune; parecía incapaz de comprender siquiera el concepto en toda su magnitud. Para Ophis, esto era la confirmación definitiva: Natsu era, al igual que ella, Libre. Ello le llenó de una profunda satisfacción y admiración que nunca creyó poder sentir hacia otro ser vivo.
—Fascinante…—Ophis concluyó.
Happy, por otro lado, experimentaba una reacción completamente diferente. Donde Ophis veía un fenómeno fascinante, admirable y un rompecabezas digno de análisis, Happy sentía un nudo de miedo formarse en su pecho. La revelación de hasta dónde llegaba la desconexión de Natsu le resultaba aterradora. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Habían crecido juntos, compartido momentos de alegría y peligro, y nunca había notado nada fuera de lo común. Ahora, al pensar en lo que esto significaría para Natsu cuando regresaran a casa, cuando volviera a ver a Lucy o a cualquier otra persona que se preocupara por él, la preocupación lo consumía.
¿Cómo afectaría esto su relación con Lucy? ¿Con todos los demás en el gremio? Happy no podía evitar imaginar las miradas de confusión y rechazo que recibiría si llegara a expresar esta falta de entendimiento en voz alta. La ignorancia y la incapacidad de Natsu sobre algo tan básico no era solo una rareza; era un obstáculo, una barrera invisible que lo separaba de las conexiones humanas más fundamentales. Y Happy, por primera vez, sintió miedo de que las continuas acusaciones de Ophis y otros tantos se hicieran realidad: "Él no es humano. Es un demonio".
—¡Vamos Natsu, usa la cabeza e intenta recordar!—Happy chilló—Hace años, cuando todos en el gremio tenían 14 o 15… ¿Seguro que nunca te ha gustado nadie? ¿Ninguna niña?
Él negó con la cabeza.
Happy se desesperó y empezó a explorar otras opciones, alguna que mantuviera a su amigo dentro de la humanidad, aún a costa de ser un poco diferente a lo normativo. La alternativa era que quizá la falta de deseo sexual de Natsu hacia las mujeres era porque sus deseos estuvieren orientados al otro género. Happy estaba dispuesto a aceptar que a su amigo "se le mojaba la canoa" si eso significaba que seguiría siendo humano.
Por contradictorio que parezca, Ophis estaba considerando una línea de pensamiento similar, pero por razones opuestas a las de Happy: Ophis quería confirmar que Natsu fuera realmente libre y que su falta de atracción al género femenino fuera más que una simple desviación de la heterosexualidad normativa.
Quizá Ophis se había emocionado demasiado pronto y debía cerciorarse que las cosas fueran realmente como había especulado en un comienzo; sería mucho peor que en lugar de frígido, Natsu fuera en verdad un depravado en potencia, un desviado reprimido…
—Entonces, ¿Nunca has deseado el cuerpo de ninguna otra persona?—Ophis se metió en la discusión una vez más.
—¿"Desear" el cuerpo de alguien más?—Natsu contestó.
—Si. Desear el cuerpo de otra persona, desear hacerle las cosas "placenteras" y "reproductivas" que te expliqué hace un momento. —Ophis habló—Desear tocarlo, manosearlo, tenerlo cerca tuyo, desear penetrarlo y someterlo… No necesariamente el de una mujer.
—No, creo que no…—replicó Natsu—rrr.. mmm… —Natsu hacía varias muecas y gestos reflexivos. Su cara hacía notar que estaba pensando con mucho esfuerzo, buscando la respuesta—... ¿Es algo parecido a "querer casarse"?—Natsu volvió a preguntar.
—No, pero supongo que puede llevar a eso, al final…—Ophis dijo.
—Entonces, ¿Gajeel y Levy se casaron porque "desean sus cuerpos" mutuamente?—Natsu reflexionó—Supongo que es como dijiste, el cuerpo de Gajeel es grande y el de Levy es pequeño. El cuerpo de Gajeel debe poder "penetrar y someter" al de Levy con mucha facilidad…
«… Dios santo… ¡Él es tan ignorante de tantas cosas!... ¿Cómo va a vivir el resto de su vida?... » A Happy le temblaba la boca del temor, miedo por el futuro de su amigo.
—Yo no sé quienes son "Gajeel y Levy"—Ophis se quejó.
—Oh, disculpa. —Natsu hizo una pausa—Son dos amigos que se "casaron" hace poco.
—Estás confundiendo las cosas. El matrimonio es un compromiso, no necesariamente relacionado con el placer, y el placer carnal tampoco se relaciona estrictamente con la amistad. —Natsu puso un gesto aún más confuso y Ophis decidió simplificar más—Dejemos eso para después, ¿Quieres?, ahora concéntrate en lo importante. ¿Nunca, y digo, NUNCA antes has "deseado" a ninguna persona?
—No, no que yo recuerde… es más, antes de la boda de ellos dos, yo nunca antes había visto ni sentido algo igual…—Natsu admitió con un poco de vergüenza.—Pero respondiendo a lo primero que dijiste: Yo NUNCA he deseado el cuerpo de ninguna chica.
—Bien. Entonces, si no te atraen las mujeres —Ophis le preguntó, siempre con tono frío—¿Te gustan los hombres entonces? ¿Deseas el cuerpo de otros hombres?
Happy se sonrojó cuando Ophis lo dijo en voz alta. La idea volvió a dar vueltas en su cabeza. Sería raro y quizá a otros en el gremio les costaría acostumbrarse a la idea, pero si era lo que Natsu lo hacía feliz, debía aceptarse… "Otros en el gremio"; Happy siguió desarrollando la de línea de pensamiento y se percató de una posible falla importante en su teoría, una que quizá invalidaría también la posible homosexualidad de Natsu:
—Ahora que lo pienso bien… No lo sé, no creo que a Natsu le guste "batear para el otro equipo". —dijo Happy, reflexionando un poco—Porque con Gray, ya se habría notado hace mucho… Con lo exhibicionsita que es él, definitivamente Natsu se habría sentido atraído. No sería la primera vez. En el pasado, recuerdo una o dos veces en las que Gray provocó esa clase de malentendidos con otros hombres gracias a su desnudez.—Happy reconoció— En el gremio también siempre estuvo rodeado de otros hombres pero… Tú que dices, Natsu, aquí nadie te juzga, ¿Te gustan los hombres?
Natsu mantenía su expresión de confusión, pero se puso serio para responder. —NO. Hombres nunca. Tampoco mujeres… nada de eso.
Ophis asimiló la nueva información rápidamente. Al confirmar que tampoco otros seres de su mismo género le traían, Ophis decidió que era hora de subir a palabras mayores e investigar si Natsu era un desviado, un depravado sexual reprimido. En su mente empezó a listar todos los placeres epicúreos que conocía de nombre y descripción, las prácticas más depravadas y decadentes en las que había visto caer a la humanidad a lo largo de los siglos, todo para formular las preguntas correctas.
Se dio cuenta de que no podía abordar este tema con sutilezas. Las preguntas debían ser directas y firmes, incluso a riesgo de incomodar o confundir aún más a Natsu. Era mejor enfrentarlo con brutalidad y precisión que correr el riesgo de malinterpretar sus respuestas. Después de todo, cualquier atisbo de duda o contradicción en sus palabras podría ser un indicio de que había algo más profundo escondido en su mente…
—Mmm, ya veo. Entonces, hazme el siguiente favor: Visualiza, intenta imaginar el acto sexual en tu cabeza, tal y como te lo he explicado. ¿Estás listo?
Natsu obedeció e hizo el esfuerzo mental, un par de momentos después, estaba listo—Si.
—Muy bien, concentrado en eso, responde a las siguientes preguntas: Si no te atraen ni los hombres ni las mujeres ¿Te gustan los animales quizá?—Ophis dijo—¿Te gustaría que te asfixien en el momento del acto sexual? ¿Qué te vomiten encima?... ¿Has sentido atracción por los cadáveres recién muertos?... ¿Los excrementos?
La lista siguió y siguió. Ophis listó en voz alta las prácticas más depravadas y decadentes que conocía, aquellas que había observado durante siglos y que representaban los extremos del hedonismo humano. Desde la lujuria más básica hasta los placeres más oscuros y prohibidos, repasó un catálogo de actos que, aunque abominables, eran inconfundibles signos de los deseos más bajos de la humanidad.
A Happy no le hizo ninguna gracia cuando Ophis empezó a nombrar las parafilias y desviaciones más depravadas del manual, considerando una ofensa el sólo sugerir que Natsu tuviera tales inclinaciones…
—¡ALTO! ¡Sé que él es raro, pero te aseguro que no le gustan esas cosas horribles!—gritó Happy, con las mejillas coloradas y señalando a Natsu.
Un breve pero incómodo silencio se impuso. Happy pensó que quizá Ophis habría abrumado la mente del jóven con tanta depravación numerada, o quizá, aún peor, Natsu sentía escalofríos de vergüenza al descubrir que sí sentía atracción por alguna de esas cosas horribles. Para suerte de todos, sólo se trataba de la primera opción.
Natsu finalmente estalló tras unos momentos incómodos—¡Yo-yo no soy raro!...—Natsu elevó la voz en protesta contra Happy, algo temblorosa—Yo soy normal, el resto de las personas son los raros…
—El estar loco no te hace el único cuerdo del planeta…—Ophis replicó. —¿Y bien, te gusta alguna de las cosas que mencioné?
—¡POR SUPUESTO QUE NO, NO ME GUSTA NINGUNA DE ESAS COSAS HORRIBLES!
Happy respiró aliviado. Ophis no le tomó importancia a su estallido de cólera avergonzada; Natsu tenía las mejillas coloradas y le tomó un tiempo hacer que sus humores volviesen a su cauce.
—Tiene que haber una manera de ver si de verdad él es, ya sabes… frígido…—Happy habló con temor en su voz. Natsu se quedó muy callado; en el fondo, la preocupación también lo carcomía, pero prefería no manifestarlo.
—¿Quieres comprobarlo?—Ophis dijo—Conozco una forma de hacerlo… no es barata, pero quizá valga la pena, sólo para cerciorarnos…
Ambos amigos torcieron sus caras con algo de desconcierto, pero sólo Natsu se quedó con esa expresión. Rápidamente Happy comprendió a qué se refería Ophis.
—¡¿Quieres llevarlo a un " Barrio rojo"?!
—Exactamente.
—¡NO!—Happy chilló mientras hacía señales de rechazo con ambos brazos—No creo que llevarlo directamente con prostitutas sea una buena idea.
—No sólo con prostitutas mujeres. Prostitutos, Hetairas, esclavas cantoras, relatadores del placer; hay muchas opciones más allá de la mera prostitución convencional. Debemos cubrir todas las opciones para cerciorarnos de que de verdad él es libre igual que yo…
—¡¿Quieres llevarlo a que se lo follen tanto hombres como mujeres?! ¡ESTAS LOCA!—Happy volvió a elevar el tono.
Ophis negó con la cabeza. —No. Por supuesto que no lo mandaría directamente a fornicar con desconocidos. Los estándares higiénicos de esta época son demasiado bajos como para poder llevar un estilo de vida así de libertino.
—Entonces, ¿Qué tienes en mente?—Happy cuestionó.
—Voyeurismo. Observar a esos profesionales del placer hacer lo suyo. "Sólo mirar". Debería bastar.
—¿Quieres llevarlo a ver bailarines desnudistas?—Happy levantó una ceja con duda.
—No, estoy más que segura que él ya ha visto cosas como esa y no le han provocado nada. Yo hablo de verdadero voyeurismo. Si de verdad existe un ápice de deseo en su interior, el observar a otras personas hacer el acto debería ser suficiente para provocar dichas sensaciones en su cuerpo, si es que estas son posibles. El ambiente, los olores, los sonidos derivados, etc. He observado que atestiguar todo eso combinado, suele ser embriagador para muchos hombres. Los machos de su especie suelen ser más visuales.
Happy dudó por un momento. —¿Existen esa clase de lugares donde te dejen "solo mirar"?
—Claro que existen, y entiendo que sea algo desconocido para pueblerinos como ustedes.
—No somos "pueblerinos". Magnolia es una ciudad comercial. —Happy refunfuñó por la ofensa.
—Como sea. —Ophis menospreció—La ciudad a la que nos acercamos es una mucho más grande e importante. —Ophis señaló hacia el horizonte con su dedo—Apuesto a que han de tener cosas mucho mejores y más sofisticadas que simples putas gordas de taberna…
Natsu se había mantenido inexplicablemente callado, extrañamente expectante a cómo esos dos discutían cosas tan importantes para su futuro sin considerar su opinión. Daba igual, él no sabría que responderles…
Dudó un momento, pero incluso él no podía negar que más allá de la curiosidad por saber hasta dónde llegaba su insensibilidad, en realidad tenía la esperanza de que todo fuera un malentendido, de que en el fondo, él sí fuera normal como Lucy, o al menos, lo suficiente para seguir caminando a su lado. —Bien. Quiero hacerlo. Intentemos en la próxima ciudad.
…
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…
Reino de Minstrel. Enero 8, Año X793…
Loorendam era una ciudad de unos 70 000 habitantes, algo más grande que Magnolia pero notablemente más desarrollada. Por lo general, Ophis prefería evitar poblaciones importantes a menos que fuera estrictamente necesario, y esta visita era en parte por ese motivo: Después de su última aventura en el templo del dios Ither y su batalla con Larcade, los mortales que la acompañaban estaban harapientos, desnutridos y con vituallas agotadas. Todo ello reflejado en unas celebraciones de fin de año improvisadas y miserables.
La urbe mezclaba el esplendor de la cultura heredada del viejo imperio con los avances prácticos de la modernidad. Su arquitectura evocaba resquicios de un pasado mucho más glorioso, replicado con el mayor detalle posible: Altos edificios de piedra adornados con frescos y esculturas, calles empedradas que serpenteaban hacia plazas abiertas donde se erigían majestuosas fuentes y catedrales de intrincado diseño gótico. Aquí, la nobleza y el comercio se entrelazaban, y los callejones ocultaban pequeños talleres de artesanos, mientras que las avenidas principales albergaban las grandes mansiones de los ricos mercaderes y las oficinas de algunos de los banqueros más importantes de Minstrel. La ciudad contaba con un avanzado sistema de alcantarillado y agua corriente, lo que la hacía destacar entre muchas otras urbes del continente.
Sin embargo, bajo esa fachada de esplendor cultural y progreso, Loorendam tenía un rostro menos público, conocido sólo por aquellos que supieran buscar en los lugares adecuados. En círculos exclusivos, la ciudad era célebre por su variada y rica industria del placer. No se trataba de simples tabernas o burdeles; Loorendam ofrecía algo mucho más sofisticado. Desde exclusivos clubes de encuentro hasta salones de espectáculos eróticos que rozaban el arte, pasando por templos dedicados a deidades del placer y recintos privados donde se exploraban los límites del deseo humano. Todo estaba diseñado con una mezcla de lujo y discreción, manteniendo la fachada de una ciudad dedicada a las artes y la cultura, mientras en sus entrañas latía un mundo paralelo de hedonismo y decadencia.
—Estás de suerte. —Ophis le anunció a Natsu—Va a ver un evento muy especial esta noche. Uno tan exclusivo y que promete las experiencias más variadas y decadentes, sólo aptas para los poderosos de esta ciudad. O al menos, eso confesó el que me proporcionó las entradas.
Happy leyó los tickets con curiosidad. Desde el primer momento saltó a la vista que no se trataba de un evento convencional. Más que boletos vulgares hechos con papel, estos eran en realidad tarjetas fabricadas con fina plata enchapada, ricamente decorada con terciopelo púrpura. Escrito a mano con tinta perfumada se leía: "Beca Visconti presenta: La Abyssia, una sinfonía de placer sensual ilimitado".
El Exceed entrecerró los ojos y le lanzó una mirada de desconfianza a Ophis. —¿El que te "proporcionó" las entradas tuvo que "confesar"?... —dijo casi con ironía—Por favor, dime que esta vez no le arrancaste un brazo a alguien para conseguirlas…
—Él tiene su brazo, sí, pero no puedo decir lo mismo de su ojo…
—¡Ophis!—Happy protestó.—Dijiste que le pagarías esta experiencia a Natsu con dinero, no con violencia.
—Y esa fue mi intención.—Ophis replicó—Pero aparentemente, este es un evento tan exclusivo que pagar no basta. Aparte de pagar con dinero, sólo puedes entrar con una invitación… además, ¿Qué forma es esa de hablarme?...
Ophis ajustó su puño envuelto en su aura mágica e impuso su castigo sobre Happy, asfixiándole con la marca del contrato en su espalda.—¡Coff-coff!... no era necesario…
Todo lo que restó de la mañana, Ophis la usó para recorrer bazares y mercados, y en un inusual gesto de amabilidad, corrió con todos los gastos de Natsu y Happy usando el pequeño tesoro saqueado de la tumba Ither y las monedas de plata proporcionadas por el "maldito manipulador", al que Ophis tanto despreciaba.
Tanta benevolencia desconcertó mucho a Happy, cuando apenas unos días antes Ophis se había mostrado reacia a dar un sólo centavo para ayudarlos a reponer sus provisiones de viaje o pagar una miserable cena de navidad. Ahora en cambio, desembolsaba importantes sumas para vestir adecuadamente a Natsu, a la usanza local pero manteniendo su estilo: Unos pantalones blancos de fina costura y una camisa negra con grabados dorados, sólo dignas de un noble. Muchos comerciantes se mostraban reticentes a venderles nada, al creer que estaban comprando estatus; pero llegado el momento, el dinero tenía un efecto sedante en ellos, y los que no, se quedaban absolutamente fascinados por la calidad y el material de las botas de dragón negras de Natsu, aquellas que Ophis le había confeccionado con sus propias escamas. El calzado tenía un aura mágica residual que interesaba a propios y extraños e incluso muchos de ellos se habían ofrecido a comprarlos.
Happy sólo podía recordar otra ocasión donde ella había mostrado este gesto: Durante la visita a la gran biblioteca de Jor, justo después de salvarle de morir a manos de Samael. Según lo declarado por Ophis, aquello era un gesto netamente cosmético, destinado a facilitar su camuflaje dentro de lugares tan pomposos como las ciudades visitadas; las pocas veces que Ophis elegía entrar en un centro urbano siempre se trataba de lugares caros, llenos de ricos y sibaritas. Happy asumió que lo de ahora se trataba de lo mismo, y en parte era cierto, el participar en la Abyssia exigía cierto estatus y código de vestimenta, pero secretamente, Ophis empezaba a mostrar sus respetos hacia la condición de Natsu; en su extraña percepción, un ser considerado "su igual", no podía vestir como un pordiosero.
Sin embargo, lejos de mostrarse agradecido o particularmente interesado por los pequeños lujos que Ophis le había concedido, la mente de Natsu divagaba lejos, ansiosa por el evento nocturno.
La Abyssia. El nombre no evocaba nada en Natsu. De todos modos no podía entender nada, porque no tenía idea de qué esperar de un burdel. Había unos cuantos en Magnolia y otros tantos en la vecina Hosenka, pero lo más cercano que había estado de participar en eso fue una misión de buscar a un ladrón oculto en uno de esos locales, durante el día, con los servicios cerrados e inactivos. Al menos hasta donde su mente le permitía recordar.
Más que emocionado por el evento en sí, Natsu estaba ansioso y preocupado por lo que demostraría. El jóven estaba rezando por una prueba de que después de todo, si podía sentir placer. Donde otros hombres acudían a burdeles para saciar deseos bajos, Natsu buscaba esperanza, la esperanza de poder sentir lo que los demás, porque había llegado a la conclusión, con razonamientos más simples claro, que la capacidad de sentir placer era parte fundamental de la experiencia humana, algo muy necesario para conectar con otras personas.
—Y… mis amigos… ¿Tú crees que ellos puedan sentir placer también?—Natsu volvió a insistir con preguntas. Estaban matando lo que quedaba del día en un parque cercano, junto al restaurante donde habían almorzado.
—Si son normales, sí, es casi seguro. —Ophis respondió con indiferencia, sentada estoicamente en la banqueta. Natsu perdía el tiempo tratando de confirmar lo que ya había conjeturado en su hueca cabeza.
—Y… ¿Wendy también?—dijo Natsu.
—Depende. ¿Qué edad tiene?—Ophis preguntó.
—No sé… como 12… ¿13?
—Cumple 15 este año, tonto. —Happy le replicó—Al igual que todos ustedes los dragon-slayers del pasado, no se acuerda de la fecha exacta, pero lo celebramos siempre, el mismo día que se unió al gremio. No lo sabes porque nunca te tomas la molestia de recordar el cumpleaños de nadie…—le reprochó. Natsu sintió el peso de la acusación y se encogió de hombros.
—Entonces es probable que sí. —Ophis continuó—La gente normal tiene la pubertad entre los 10 y 15 años. Si ella es normal, debería poder.
—Incluso Wendy. Incluso Romeo. —Natsu dijo con amargura—Pero ellos son menores que yo…
—Oye, si tú fueras "normal", ya deberías haber empezado hace rato.
—Entonces, ¡¿Hasta Wendy es más adulta que yo?!... que horror…
—Estás confundiendo las cosas. —Ophis le dijo—Sentir placer no es igual a ser adulto. Tal vez sea un indicador importante para los humanos, pero tú no eres uno del todo…
—Basta. Yo soy humano. Yo soy una persona. Y si lo que dices sobre lo de esta noche es verdad, entonces sentiré mucho placer esta noche. ¡Ya verás!
—Si, ya veremos…—Ophis replicó, conteniendo una burla.
Si no podía sentir, si realmente estaba separado de esa experiencia tan fundamental, ¿qué significaría eso para su lugar en el gremio, en su familia?
Su mayor temor era otra "separación", otro "Rhwyg". Igneel le había enseñado esa palabra en el idioma antiguo, y Natsu bautizó con ella al amargo distanciamiento que sufrió de todos mientras sus amigos transitaban por la pubertad, hacía ya tantos años. Ahora comprendió el porqué se había visto tan aislado, porqué no entendía de lo que todos hablaban y cómo eso había hecho que sus amigos actuaran diferente con él, el porqué ellos le habían tratado de repente como si fuera un bicho raro, y por qué eso no había cambiado sino hasta que Lucy se unió al gremio…
En esos años sombríos, salvo por Lisanna y Mirajane, muchas de sus viejas conexiones se habían visto deterioradas por el paso de la pubertad a la adultez. Todos habían madurado mientras él permanecía estancado, sin entender por qué de repente las cosas que solían compartir ya no parecían importarles. De repente había quedado al margen, observado como un tonto, un payaso al que ya no se le tenía paciencia. Seguían siendo sus amigos, seguía siendo parte de la familia, pero no podía recuperar los viejos lazos con la intensidad de antaño.
Fue la llegada de Lucy Heartfilia la que le hizo reconectar, aunque a regañadientes, primero con Gray y Erza, y de allí en adelante, con todas sus viejas amistades. Ella, con su optimismo y su capacidad para unir a las personas, había reparado los lazos que creía perdidos. Ahora, Natsu sentía que todo estaba en riesgo de desmoronarse otra vez.
Todo eso estaba amenazado por esta siniestra cosa, el deseo, el placer, y cómo parecía estar íntimamente relacionada con la adultez, la etapa que seguía en el camino de su generación.
Muchas veces había oído hablar a las chicas del gremio sobre matrimonio, pero nunca como algo serio, sólo bromas y lamentos graciosos. "Ahora nunca podré casarme", "Somos chicas que también quieren casarse", etc.. La amenaza real ahora era clara para él: Si el deseo, el placer y el matrimonio estaban relacionados, significaba que Lucy, todos, estaban en peligro. Su conexión con Lucy estaba amenazada, porque ella sí podía sentir y desear placer, y él no.
No estaba dispuesto a aceptar otro Rhwyg. Si para evitarlo tenía que enfrentarse al abismo de lo desconocido, al infierno de sensaciones que la Abyssia prometía ofrecer, lo haría. No por curiosidad, no por deseo, sino porque necesitaba una respuesta. Necesitaba saber si, después de todo, podía ser como los demás. Si podía sentir lo que ellos sentían. Si había esperanza de que, algún día, pudiera encajar completamente en el mundo que amaba…
«… Muy bien, ¡Concéntrate!… ¡Mucho placer!... lo que sea que sea… » Intentó mentalizarse, sin saber realmente cómo.
Estaba inquieto, moviendo la cabeza sin cesar, poniéndose de pié y volviéndose a sentar, poniendo nervioso también a Happy.
En cierto momento, Natsu se distrajo con una visión que llenó sus ojos al completo. Una mujer jóven, a unos 20 metros de distancia, en la acera de enfrente, cuyo bajo vientre estaba hinchado al punto de lo ridículo, ya que el resto de su cuerpo era inequívocamente más delgado y fino.
—Eso es una…
—Si, eso es una embarazada. —Ophis le interrumpió—Su cría humana está dentro de su cuerpo.
—Es… extraña.
—¿Nunca viste una antes?
—Claro que las he visto antes, pero yo creía que sólo estaban muy gordas… —Natsu confesó, encogiéndose de hombros—me siento estúpido. Quiero decir, debía ser tan obvio, porque ellas huelen muy raro y diferente a la gente normal…
—Es por las hormonas y los cambios en su cuerpo. Sin mencionar que en el último trimestre la cría presiona demasiado contra las vísceras y causa problemas digestivos que no contribuyen a un olor "agradable"
Natsu frunció el ceño, delatando su no entendimiento y su molestia por eso. —¿Qué son las hormonas?
—Dejemos eso para otra ocasión.—replicó Ophis con un gesto cansado, no deseosa de tener que dar más lecciones.
Repentinamente, Happy se sintió observado. Mirando a todas direcciones, descubrió que efectivamente, unas personas les miraban y cuchicheaban. Dos personas hablaban con un guardia en armadura de gambesón. Señalaban a Natsu con el dedo, con una cara muy poco amistosa.
«… Uh-oh, ¿Y ahora qué hiciste, Natsu?… »
El oficial, armado con su lanza al hombro, se les acercó caminando con suavidad. Ophis giró la cabeza y se puso de pie, no en posición amenazante pero lista para reaccionar…
—Oiga, jóven. ¿Usted entró al baño de ese local el día de hoy?—el guardia se dirigió a Natsu y le señaló el restaurante donde habían almorzado pocas horas antes.
—Si, ¿Por qué?
El guardia frunció el ceño con enojo y los miró a los tres. Luego, sacó un talonario de notas prefabricadas y una pluma, anotó un par de cosas y se la entregó a Natsu…—La próxima vez, recuerde que en este país somos decentes.
Happy abrió los ojos como platos, no desconcertado por el hecho de haber sido reconocidos como extranjeros, sinó por el contenido del papel sellado. ¡Era una multa por actos inmorales en público!
—¡¿Natsu, qué demonios?!—Happy exclamó.
Ophis le quitó la nota, leyó, miró a Natsu con reprobación y sacó un par de monedas de plata del bolsillo.
—Discúlpelo por favor, —Ophis habló, sorprendentemente educada. No gritó, no gruñó ni se alteró. Era una suerte que su curiosidad por la condición de Natsu fuera suficiente estímulo para hacerle actuar civilizadamente. —él es "especial", su madre lo dejó caer de cabeza cuando era pequeño…
Natsu la miró con furia. A pesar de comprenderlo, Ophis no dejaría pasar en alto el perjuicio económico causado y se lo cobraría de alguna forma. El guardia tomó el dinero y se fué, no sin antes advertir a Natsu que la próxima vez sería arrestado.
Cuando se quedaron solos de nuevo, Happy se estrelló contra su amigo:
—¡¿Estuviste intentando masturbarte en el baño de ese restaurante?!—Happy chilló en voz quizá demasiado alta.
—Si esta noche sólo voy a mirar, al menos debería intentar saber lo que tengo que hacer llegado el momento, ¿No?—Natsu respondió sin ninguna vergüenza, no sintiendo haber hecho nada malo.
—Comprendo la validez del método del descubrimiento, pero no considero esa conducta apropiada. Es repugnante, si me permites decir. —Ophis habló con frialdad—Y en cuanto a esta noche, no te preocupes, no es necesario preparar nada. Esta noche todos los demás harán el resto; tú sólo debes mirar y concentrarte en las sensaciones. —Ophis respondió con su habitual indiferencia. —Pero te advierto que, —su tono se elevó en uno de amenaza —si empiezas a causarme problemas como este, no seré indulgente contigo.
—Anotado. Esta noche aplicaré eso que dijiste. ¡Me concentraré en ello como si fuera entrenamiento para hacerme más fuerte!
«O en este caso, hacerme "más persona normal"»
Happy no pudo evitar quedarse atónito mientras observaba la peculiar interacción entre Ophis y Natsu. Era como si ambos hablasen un idioma completamente ajeno al suyo, una suerte de dialecto frío y cínico para referirse a un tema que, para la mayoría, estaría cargado de tabúes, emociones o incluso vergüenza. Pero para ellos, era simplemente una acción más, carente de la connotación que Happy entendía como inherente a cualquier conversación sobre el placer y el sexo. Lo que más le desconcertaba no era solo la extraña indiferencia de ambos, sino la afinidad y sintonía con la que parecían manejar el tema, como si compartieran una especie de vacío emocional que les permitía hablar de algo tan íntimo como si discutieran sobre el clima.
«Es tan raro...», pensó Happy, mientras veía a Ophis ajustar su tono al explicarle a Natsu qué era lo que debía hacer, no con simpatía, sino con la precisión metódica de alguien que enseña a un aprendiz una lección de geometría. Y Natsu, por su parte, asentía como si estuviera aprendiendo un truco de combate.
Para ellos parecía una tarea más en una lista de cosas por resolver. Era, en cierto modo, aterrador ver a su amigo encajar tan naturalmente en la perspectiva fría y lógica de Ophis. Era como si ambos pertenecieran a un mundo aparte, donde las cosas que definían a las personas comunes no tenían lugar.
Happy tuvo que dejar a un lado toda su incomodidad para seguir. —Bueno, y… ¿Sentiste algo cuando hiciste "eso" en el baño?
Natsu se encogió de hombros y negó con la cabeza. —Lo intenté, pero no sabía qué hacer. No ocurrió nada, no salió nada. Sólo orina…—dijo decepcionado—Supongo que necesito ver bien cómo se hace para poder repetirlo yo mismo…
—Por favor dime que te lavaste las manos después de tocarte…—Ophis le dijo en tono amenazante. Natsu sólo se rió con burla, provocando una mueca de asco en sus dos compañeros.
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Loorendam. Enero 8, Año X793…
Medianoche.
La llegada de los asistentes a la Abyssia fue un espectáculo en sí mismo. El opulento edificio, ubicado en el corazón del distrito rojo de Loorendam, se erguía como una catedral profana dedicada al hedonismo, con sus paredes decoradas con intrincados relieves de mármol y ventanas adornadas con vidrieras que emitían un suave resplandor púrpura desde el interior. Carruajes lujosos, escoltados por lacayos vestidos con libreas de terciopelo negro, llegaban uno tras otro, dejando a hombres y mujeres envueltos en atuendos de una riqueza y provocación que parecían desafiantes incluso para los estándares de la ciudad. Las calles circundantes estaban iluminadas por faroles que lanzaban una luz cálida y parpadeante, creando un aura casi sobrenatural que parecía hacer vibrar el aire con una promesa de excesos prohibidos.
En el vestíbulo del edificio, los asistentes fueron recibidos por anfitriones vestidos con túnicas ajustadas y máscaras elaboradas que ocultaban sus rostros. Con una elegancia estudiada, les ofrecieron copas de un licor embriagador que, según anunciaron, era el primero de muchos estímulos diseñados para abrir los sentidos. Después de un breve ritual de bienvenida, los invitados fueron conducidos por corredores laberínticos hacia distintas salas, cada una decorada con un lujo temático que evocaba las inclinaciones particulares de sus futuros ocupantes. La primera fase, según sus anfitriones, se trataba de un "aperitivo", una preparación de los sentidos antes de la verdadera experiencia, en la cual los invitados serían divididos en círculos según sus inclinaciones y la compatibilidad de estas.
Los sádicos y los masoquistas eran dirigidos hacia un salón cuyas paredes estaban adornadas con instrumentos de tormento, una cámara acolchada y cálida que parecía envolverlos con su atmósfera acogedora. Los efebófilos y gerontófilos se reunían en un espacio donde se celebraba el contraste de la juventud y la edad con esculturas y cuadros que glorificaban ambos extremos. Natsu no pudo identificar a todos los tipos de desviados que allí se reunían, pero prefirió no indagar en ello, pues le bastó al darse cuenta que los olores de muchas salas vecinas no eran para nada humanos.
Cuando llegó el turno de Natsu y Ophis, fueron guiados a una sala más discreta pero igualmente impresionante, destinada a los voyeuristas y exhibicionistas. El ambiente era una mezcla de intimidad y espectáculo: Las paredes estaban cubiertas con espejos dorados y paneles transparentes que ofrecían vistas parciales a otras áreas del edificio, mientras que en el centro de la sala se erigía una plataforma elevada, rodeada por cortinas de seda que se abrían y cerraban al ritmo de la música suave que llenaba el aire. La iluminación, tenue y sensual, proyectaba sombras evocadoras que parecían bailar al compás de las melodías. Era un espacio diseñado no solo para mirar, sino para invitar a los sentidos a explorar los límites de la curiosidad y el deseo.
Natsu se sentó en un mullido almohadón, rodeado por poco más de una docena de personas, de todas las edades, pero casi todos con el común denominador de su alta alcurnia. Rostros serios y expectantes, cubiertos en algunos casos por máscaras ornamentadas, revelaban una mezcla de curiosidad y experiencia en este tipo de eventos. La mayoría portaba ropas opulentas, con detalles que delataban los mejores talleres de costura de Minstrel. Sin embargo, tres figuras desentonan completamente en este paisaje de decadente sofisticación: Natsu, un hombre joven con ropas visiblemente desgastadas, y Ophis.
Nadie sabía cómo Ophis había conseguido que la dejaran entrar con su aspecto casi infantil, su expresión perpetuamente indiferente y el brazo amputado. Había insistido en que su morral contenía equipo médico para tratar su supuesto brazo recién perdido en caso de emergencia, una explicación que, si bien fue recibida con algo de escepticismo, no fue cuestionada más allá. En realidad, el morral ocultaba a Happy, que permanecía acurrucado en su interior, sofocado y frustrado. Ophis había calculado que los guardias, encargados de supervisar el cumplimiento de las estrictas normas del evento, no cuestionarían un pretexto relacionado con un tratamiento médico. Dado que los Exceed eran prácticamente desconocidos fuera de Fiore, cualquier intento de explicar la presencia de Happy habría sido inútil, y probablemente lo habrían clasificado como una simple mascota, denegándole la entrada. Eventos tan decadentes como este eran mantenidos en el más absoluto secreto, estaba prohibido cualquier artilugio destinado a capturar imágenes del lugar.
Las sillas y almohadones esparcidos por la sala eran un despliegue de creatividad y funcionalidad, diseñados para proporcionar comodidad a cualquier posición que los participantes pudieran requerir durante los actos que pronto se desarrollarían. Desde tronos tallados hasta sillones tantra acolchados, cada asiento parecía adaptarse al gusto de su ocupante, una muestra más del nivel de detalle y lujo con el que estaba construido el lugar. Natsu eligió un almohadón sencillo, incapaz de imaginar cómo la extravagancia de un asiento pudiera influir en lo que iba a suceder.
Ophis, en cambio, eligió uno de los tronos más altos, colocó su morral cuidadosamente a su lado y se reclinó con la elegancia fría que le era característica, observando con atención. Su apariencia destacaba no solo por su falta de esfuerzo para encajar, sino también por el aura de control que emanaba.
El único incómodo allí era Happy. Ni siquiera estando ya dentro de la habitación podría salir de su escondite, pues cada sala contaba con un contingente de guardias eunucos que debían evitar cualquier transgresión a las normas internas y que los pervertidos, embriagados por el placer, no lastimaran a los performantes ni entre ellos mismos.
La tensión en la sala era palpable, una mezcla de anticipación y un extraño silencio que solo rompía el murmullo de conversaciones susurradas. Natsu, sintiendo el peso de las miradas ajenas, no podía evitar moverse inquieto, mientras Happy, oculto en el morral, escuchaba con atención cada sonido, intentando imaginar el ambiente que lo rodeaba. Por su parte, Ophis se mantenía tranquila, sus ojos afilados estudiando a los asistentes, mientras esperaba pacientemente a que comenzara el espectáculo.
—Esto será maravilloso, sin duda. Hay más preparación que la última vez… —El hombre de las ropas desgastadas susurró en voz baja mientras sacaba una libreta de bolsillo. Natsu sintió curiosidad por él.
La sala cayó en completo silencio cuando una mujer mayor, con un porte elegante que hablaba de décadas de experiencia en el oficio, se posicionó en el centro del escenario. Vestía un traje de terciopelo oscuro, decorado con bordados dorados que reflejaban la tenue luz de las lámparas. Su cabello, recogido en un moño apretado, estaba salpicado de canas, y su rostro, aunque marcado por los años, aún mostraba los restos de una gran belleza pasada. Con una voz suave pero firmemente modulada, comenzó a dirigirse a la audiencia.
—Mis queridas majestades y honorables invitados… Bienvenidos al "aperitivo". Como regalo previo a la magnificencia de la Abyssia, esta noche, serán testigos de un espectáculo único, una celebración vívida y real del noble acto de la procreación, el hedonismo puro, y la exaltación de una combinación de ambos. Este es un espacio donde las barreras se desvanecen y los sentidos encuentran su verdadero propósito. Les invito a sumergirse en este viaje sin igual…
La mujer hizo una pausa dramática, recorriendo la sala con la mirada mientras una música tenue y estimulante comenzaba a llenar el aire. Los asistentes parecían contener el aliento, como si estuvieran en la antesala de una experiencia trascendental.
Entonces, los performantes hicieron su entrada. Algunos danzaban con la ligereza de hadas, moviéndose con una gracia hipnótica que capturaba la atención de todos los presentes. Otros caminaban con paso firme y desafiante, irradiando confianza. La diversidad era asombrosa: había mujeres de una belleza deslumbrante y hombres de cuerpos esculpidos con precisión casi divina, pero también había participantes menos agraciados, con cuerpos comunes o incluso marcados por cicatrices y la edad. Estas diferencias en atractivo físico dejaban claro quiénes eran los exhibicionistas que actuaban por deseo propio y quiénes eran los sexoservidores profesionales contratados para la ocasión.
Se mezclaron de muchas maneras. Había parejas de una simetría visual perfecta, pero también otras que desafiaban las expectativas: individuos de belleza extrema compartían el escenario con personas de aspecto sencillo; jóvenes danzaban con ancianos, y parejas del mismo sexo intercambiaban miradas y caricias en medio de los aplausos silenciosos de la audiencia. Un festival con varios tipos de cuerpos y las más variadas tonalidades de piel.
Todos los participantes estaban casi desnudos, cubiertos apenas por diminutas prendas de seda finamente tejidas que no ocultaban nada, sino que acentuaban los contornos de sus cuerpos. Sus pieles brillaban con aceites estimulantes y perfumes caros, aplicados con precisión para agradar a los sentidos sin resultar abrumadores. Los aromas, una mezcla de flores exóticas, maderas especiadas y notas cítricas, flotaban en el aire como un hechizo, buscando atraer y estimular a la audiencia.
Para los sentidos elevados de Ophis y Natsu, el espectáculo era una experiencia completamente diferente. Podían percibir cada fragancia en su composición pura, cada sonido en su tono exacto, cada detalle de los cuerpos frente a ellos. Sin embargo, estas percepciones no lograban mover ni un ápice sus emociones. Para ellos, el escenario era una exhibición técnica, una serie de estímulos perfectamente orquestados que, sin embargo, no conseguían provocarles ninguna reacción. La insensibilidad de ambos era un muro infranqueable
La señal casi imperceptible de la madame fue suficiente para que los performantes entraran en acción, y el festival de placer comenzó con una sincronía impecable. Las parejas en el escenario, cada una con su estilo y dinámica, comenzaron a desvestirse mutuamente, con movimientos deliberados y teatrales. Los tenues suspiros iniciales de la audiencia se mezclaron con el ruido de la seda deslizándose y los gemidos bajos y sugerentes de los participantes, que llenaron el ambiente de una tensión que crecía como un crescendo.
El espectáculo no se apresuró hacia el coito directo. En su lugar, cada pareja exploró los cuerpos del otro en un despliegue de juegos previos cuidadosamente orquestados: Caricias que se volvían más íntimas, besos que recorrían senderos invisibles, manos que se movían con la destreza de artistas esculpiendo sensaciones. Usando sus manos, pies, pezones, bocas y lenguas, mujeres y hombres se daban placer mutuamente con la maestría de quienes entendían que la anticipación era un arte en sí misma. Este preludio de hedonismo se extendió en un espectáculo que parecía durar una eternidad.
Natsu trataba de concentrarse, con los ojos fijos en el escenario mientras las escenas se sucedían frente a él. Ophis no le había mencionado este paso previo al coito en su lección, meramente teórica y orientada a la cuestión reproductiva, por lo que le pareció inquietante ver cómo los genitales de hombres y mujeres no solo podían encajar entre ellos, sino que también se podían estimular usando otras partes del cuerpo. Fue escandaloso observar cómo estas personas encajaban sus bocas y lenguas a los genitales de sus compañeros, un acto que le resultaba difícil de procesar dentro de su limitada perspectiva del contacto físico.
La música, que había comenzado como un acompañamiento suave, disminuyó gradualmente en volumen, permitiendo que los sonidos de los performantes, gemidos entrecortados, respiraciones profundas y el susurro de piel contra piel, ocuparan el espacio sonoro. Los anfitriones usaban magia para potenciar los sonidos naturales y los olores. Era una transición planeada para que los ruidos eróticos sustituyeran completamente a las notas instrumentales, envolviendo a los asistentes en una atmósfera de inmersión sensorial total.
Mientras tanto, los voyeuristas que lo rodeaban comenzaron a transformarse, como si algo en el aire los hubiera tocado de manera directa y profunda. Los gemidos no provenían sólo del escenario; ahora resonaban entre los propios asistentes. Algunos, los más precoces, comenzaron a despojarse de sus ropas con movimientos que parecían ensayados, revelando prendas diseñadas para ser funcionales en este tipo de situaciones: botones que se abrían con facilidad, broches que cedían sin resistencia. Otros empezaron a autoestimularse, con las miradas fijas en el espectáculo o en los cuerpos cercanos.
Natsu sintió cómo la desesperación empezaba a carcomerlo por dentro. Por más que intentaba concentrarse, enfocarse en las escenas explícitas, no lograba sentir nada. Nada en absoluto. Las imágenes que lo rodeaban no despertaban en él ni una chispa de excitación. Todo parecía un cuadro técnico, una demostración plástica y ajena que no conectaba con su interior.
«… ¡Rayos, ¿por qué no pasa nada?! ¡¿Por qué yo no siento nada?!… »
El pensamiento resonaba en su mente como un eco. Miró a su alrededor y vio las caras enrojecidas de los demás asistentes, sus expresiones de placer y deseo, las manos temblorosas buscando alivio propio. Se sintió aún más desconectado, como si fuera un espectador invisible en un mundo al que no pertenecía. Cada segundo que pasaba lo llenaba de mayor frustración y nerviosismo.
El aire en la habitación se volvió denso, saturado de un olor almizclado y etéreo que parecía flotar en cada rincón, envolviendo a los asistentes como un manto invisible. Era una mezcla inconfundible, resultado de la proximidad física, las feromonas liberadas y el sudor de los cuerpos que ahora se movían en el clímax de su propósito. Las parejas, después de prolongados juegos previos, de intensas sesiones de felaciones y cunilingus, finalmente se entregaron al acto sexual completo.
Natsu pudo verlo al fin. Ahora todo tenía sentido, todo lo que Ophis le había explicado. Las palabras que antes le parecían abstractas o incomprensibles cobraban vida en el acto mismo. Los cuerpos, los movimientos, los sonidos: Todo se combinaba en un espectáculo vívido que ilustraba cómo los genitales de hombres y mujeres encajaban entre sí, cumpliendo su función de unión y placer.
La diversidad de los participantes era impactante, ofreciendo un rango de experiencias y estilos que fascinaban a la audiencia. Había parejas jóvenes cuya belleza simétrica y movimientos coordinados eran casi hipnóticos, así como un contraste marcado por otras uniones: Ancianos poseyendo a jovencitas, parejas del mismo sexo explorando las posibilidades más creativas, y cuerpos de tonos de piel variados mezclándose en un contraste casi artístico, como si el escenario hubiera sido pintado con remolinos de leche en café. Las posiciones variaban desde las más básicas y clásicas hasta aquellas que requerían una aptitud física notable, una maestría en las artes amatorias que delataba a los más experimentados.
El espacio era un templo de erotismo, cada movimiento y cada susurro diseñado para atraer y capturar los sentidos. Para cualquier ser humano, el espectáculo sería una experiencia embriagadora, algo que despertaría emociones y deseos profundos. Sin embargo, Natsu seguía sin sentir absolutamente nada. Había prestado atención a cada detalle, esforzándose en comprender, en buscar dentro de sí mismo alguna chispa de excitación que conectara con lo que ocurría frente a él, pero todo era en vano. Para él, aquello seguía siendo una demostración técnica, un manual viviente sin significado personal.
Miró de reojo a Ophis, quien permanecía igual de indiferente. La dragona estaba quieta, sin mostrar ni un ápice de interés más allá del análisis frío y clínico de lo que ocurría. En su rostro no había rastros de incomodidad ni de fascinación, sólo una expresión neutra que reflejaba exactamente lo que Natsu sentía en ese momento: Nada. Ambos eran ajenos al torbellino de placer y deseo que giraba a su alrededor. Para ellos, aquel espectáculo no era más que un recordatorio de su condición.
Cuando las primeras eyaculaciones, tanto masculinas como femeninas añadieron su rastro de lejía a la mezcla de olores, cuando los voyeuristas también empezaron a manchar sus espacios individuales, tanto con sus fluidos eróticos como con sus sudores, Natsu entendió que hace rato que él también debería haberse embriagado de placer, por lo que sin dudarlo más, intentó imitar a sus acompañantes y metió su mano en el pantalón, en un claro intento de obligar a su miembro dormido a levantarse, con tan mala suerte que coincidió con el momento en el que Happy finalmente asomó la cabeza fuera de la bolsa. El Exceed se sonrojó cual tomate al ver a su amigo intentar participar de tanta perversión. Siendo un Exceed, Happy era también inmune a todo el evento, aunque dudaba de haber podido resistirse si en lugar de humanos, hubiese miembros de su especie…
El fracaso pesó fuerte sobre los hombros del dragon-slayer y la cacofonía de gemidos orgásmicos y los primeros gritos de placer realmente fuertes empezaron a irritarle y a enojarle ¿Cómo se atrevían estos presumidos a excitarse tanto cuando él no podía conseguir una miserable erección?. Se llegó finalmente al punto donde los músicos ya habían dejado de tocar por completo.
Natsu no era el único irritado, «… ¡Qué escándalo más molesto! Llevo más de 20 milenios en este mundo y hasta ahora no deja de asquearme esta clase de aquelarre humano… » Ophis pensó con desprecio.
En su incomodidad, Natsu se dió cuenta que él y Ophis no eran los únicos que no participaban. El hombre de las ropas desgastadas tampoco había caído en el hechizo del placer y se mantenía estoico, anotando contínuamente en su libreta de bolsillo…
«… ¿Este tipo tiene el "Fetiche de escribir mientras ve personas coger"?… » Natsu dudó por un momento antes de intentar siquiera hablarle. Su lenguaje corporal era tan obvio que el propio hombre se dió cuenta de que era observado.
Lejos de enojarse, el hombre de la libreta le habló a Natsu con amabilidad:
—No me malinterpretes, no es lo que estás pensando. Sucede que soy novelista erótico y vengo aquí muy seguido, en busca de inspiración para mis escritos…
—¿Eres escritor?—Natsu le preguntó—¡Mi amiga también es escritora!
Natsu elevó la voz demasiado y se ganó una reprimenda de los guaridas eunucos. —¡SSHHHH!, ustedes dos, arruinan el ambiente…
Happy tuvo que volver a meter la cabeza en la bolsa para no ser descubierto. El escritor se rió con suavidad y volvió a hablarle a Natsu en forma susurrante: —¿Es tu primera vez, verdad?. Te sugiero que no olvides las normas de convivencia y te expreses en voz baja…
—Si. Lo siento…—el mago se encogió de hombros.
—No te preocupes. ¿Cómo te llamas?
—Natsu. Natsu Dragneel.
—Mucho gusto, Natsu. Yo soy Lorenzo Bardi.—No se dieron la mano por obvias razones.—Retomando lo de antes, tu amiga, ¿Ella también escribe sobre sexo?
—No, no lo creo… Lucy escribe sobre cosas "normales"...
Natsu y el escritor rompían por completo con el ambiente del lugar. Mientras los voyeuristas se derretían de deseo y los performantes estrellaban sus carnes una y otra vez, los dos varones conversaban de forma normal y despreocupada, uno por frígido y el otro porque presumía un gran autocontrol.
—... Sabes?, es un poco difícil encontrar un lenocinio donde los profesionales hagan su trabajo con tanta calidad estando lejos de la capital…—dijo el escritor—La mayoría de los burdeles de pueblo solo tienen gente que se echa y abre las piernas como un pollo o se pone a cuatro patas de forma rígida como una mesa… —dijo en forma despreciativa—Tengo suerte porque el dueño de este establecimiento es mi amigo. Confía en mí lo suficiente para dejarme estar aquí a pesar de mi baja cuna…
—Ellos… ¿Lo están haciendo "bien"?—Natsu le preguntó con curiosidad, haciendo el esfuerzo de no delatar su frigidez y que ésta sólo pasase como inexperiencia.
—Por supuesto. Míralos detenidamente, esto es casi arte…
Natsu hizo un último esfuerzo por concentrarse e intentar dejarse llevar por el ambiente. No lo consiguió. Seguía sin entender, sin sentir nada, incluso cuando los actos sexuales dejaron cualquer atisbo de moderación y cruzaron el último límite hacia la completa depravación:
Las parejas se deshicieron, empezando a mezclarse unos con otros, de maneras que excedían por mucho las cosas que le había explicado Ophis: Dos hombres penetrando a una sola mujer al mismo tiempo, varios hombres homosexuales organizándose de una forma indecible que sólo pudo asociar a la forma de un vehículo de varios vagones; y algunas parejas revelándose como sádicos y masoquistas, empezando a azotarse entre ellos y añadiendo notas de dolor a las sensaciones placenteras.
Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, feos y hermosos; todos aullaban y gritaban hasta casi desgarrarse las gargantas.
Su fría percepción permitió a Natsu darse cuenta que muchos de los performantes ni siquiera eran los mismos que al principio. Era obvio que ningún afrodisíaco podría hacer al cuerpo humano incansable, pero los voyeuristas, idiotizados por el placer, no se daban cuenta de los reemplazos. Cuando trató de compartir este descubrimiento con Lorenzo, el escritor no respondió. Natsu miró a su lado y se dio cuenta de que Lorenzo había dejado de escribir. Sus ojos estaban cerrados y su cabeza inclinada ligeramente hacia atrás. Por un momento, Natsu pensó que estaba dormido, pero pronto se dio cuenta de que Lorenzo estaba murmurando algo para sí mismo, como en trance. El escritor abrió los ojos y su rostro tenía una expresión extraña, una mezcla de éxtasis contenido y profunda introspección.
—¿Lorenzo?...
—¿Acaso no es maravilloso?—el novelista finalmente habló, con voz emocionada—Todo está justo aquí, lo puro, lo inmundo, la pasión, el dolor… Incluso la vida y la muerte. Muchos filósofos dicen que el placer carnal, la sensación orgásmica y su posterior paz son cómo morir y volver a nacer…—Natsu no entendió una sola palabra. Lorenzo también había perdido su autocontrol, empezando a delirar. Sus manos le temblaban y dejó caer su libreta y su pluma. Natsu casi podía adivinar que Lorenzo quería usarlas para tocarse igual que todos los demás voyeuristas.—Míralos, Natsu… ¡¿Acaso no es maravilloso?!
«… Maldita sea, lo he perdido a él también… » Renegó Natsu. Estaba solo en su insensibilidad, completamente aislado en un mar de emoción desbordada. Volvió a mirar a su alrededor, buscando algo, cualquier cosa que le diera una señal de que todo esto tenía algún sentido, pero lo único que encontró fue de nuevo a Ophis, observando con su habitual indiferencia, tan fría como siempre.
Natsu se arañó sus muslos. La frustración le pesaba más que nunca. Si incluso alguien tan aparentemente lógico como el escritor se había dejado llevar, ¿qué significaba eso para él? ¿Estaba roto de alguna manera que no entendía? ¿Era realmente tan diferente de todos los demás? La duda le consumía, pero no encontraba respuestas, sólo un vacío cada vez más profundo.
Se irritó aún más cuando la sobrecarga de aromas empezó a saturar su sentido del olfato, y no de la manera agradable. Y entre todos esos aromas hubo uno que le causó un escalofrío que le recorrió toda la espina… «¡¿Lucy?!». No era ella, pero el aroma era inconfundible, no al de ella como individuo, sino al acto asociado. Las notas almizcladas y ácidas llenaron su nariz y cerebro, forzándole a viajar a un momento del pasado, uno tan secreto que ni Happy lo sabía. No quería que nadie se enterase jamás, porque una violación de ese calibre a la privacidad de la rubia sería casi imperdonable; en ese momento no entendió, pero intuyó que era mejor no confesarlo nunca y ahora descubrió que tenía razón: Aquella vez, cuando se ocultó debajo de la cama de Lucy para no ser descubierto, el olor que inundó la habitación era del mismo tipo que el ue ahora inundaba la habitación… En esa ocasión, Lucy se estaba dando placer a sí misma.
—¡Glubs!—Natsu tragó nerviosamente, sintiéndose derrotado al confirmar lo que temía: Lucy era normal y también podía sentir placer. Ella podía y él no. Natsu podía sentir un abismo enorme abriéndose entre ellos, uno que amenazaba su amistad.
«Lucy… Gray, Wendy… ¡TODOS!... » pensó, casi como un lamento. El miedo de perderlos, de que su amistad nunca volviera a ser igual, le oprimía el pecho. No podía evitar imaginar lo que pasaría si ellos supieran la verdad. ¿Lo mirarían diferente? ¿Se alejarían también? La idea era insoportable. Más que nunca, deseó poder ser como los demás, deseó poder entender lo que estaba sucediendo a su alrededor, deseó no ser diferente.
Pero no lo era. Y esa verdad era un peso que no sabía cómo soportar.
El joven observó una vez más con desesperación a los seres humanos a su alrededor. Ahora parecían verdaderos animales, revolcándose en sus propias inmundicias, completamente perdidos en el placer. Que no daría él por unirseles, no por deseo, sino por ser capaz de sentir las mismas cosas que Lucy seguramente sí podía.
Pero ni Ophis ni Natsu experimentarían nunca estas sensaciones, a pesar de que sus sentidos aumentados de dragón. Dichos sentidos les permitían sentir, oler y oír cosas que un humano no podría ni imaginar, ¡De poder sentir deseo carnal, el disfrute sería máximo!, pero al no tenerlo, dichos sentidos eran un desperdicio, como si dios le diera cubiertos al que no tiene hambre…
Con sus sentidos mejorados y estando en una habitación tan hacinada, Natsu y Ophis podían oír succión, oler las gotas de sudor recorrer los cuerpos e incluso Ophis podía oler y oír la sangre circular por la venas de los presentes, a los testículos ascender y a las paredes vaginales contraerse para vaciarlos de la preciosa semilla de la vida. Con este poder, podrían escribir todo un tratado sobre sexo con descripciones e impresiones mucho más profundas de lo que las palabras de un simple humano alcanzarían, pero era inútil.
Un sudor frío comenzaba a formarse en la frente de Natsu. No era el calor de la habitación ni la intensidad de las escenas lo que lo hacía sudar, era el miedo. Esta vez fue Ophis quien le miró a él, observándolo con sus ojos de serpiente, indiferente al desenfreno a su alrededor. Natsu finalmente encontró en ella alguien con quien compararse, y aunque eso debería haberle dado algo de consuelo, sólo le reforzó la idea de que algo en él estaba roto, algo que no podía arreglar.
Ante los ojos fríos de Ophis y Natsu, los actos carnales que atestiguaban se veían como una simple consecución de movimientos y cambios de postura corporal. Ellos veían la orgía de la misma forma en la que verían a las personas hacer cualquier acto normal, como hacer ejercicio o simplemente cortar la hierba…
« … Hombre penetrar mujer con ángulo ascendente… Mujer mover cadera en contraposición… Hombre cambiar postura. Mujer cambiar postura… Hombre agitarse y temblar. Mujer responder con agitación fingida y engañar hombre… » Como si contara ovejas para dormirse, Ophis enumeraba uno a uno los movimientos, habiéndose rendido ya hace muchos años a encontrarles algún sentido.
Escondido en la bolsa, Happy se sintió cada vez más incómodo al observar lo que ocurría en la sala. Los voyeuristas estaban perdiendo cualquier vestigio de control, sus cuerpos temblaban de emoción y sus rostros reflejaban una mezcla de ansiedad y desesperación por liberar la tensión acumulada. Incluso el escritor, que inicialmente parecía mantener la compostura, se había abandonado por completo a sus impulsos, entregándose a la autoestimulación sin preocuparse por el decoro.
Happy desvió la mirada hacia Natsu y Ophis. La diferencia entre ellos y el resto de los presentes no podía ser más evidente. Ophis seguía siendo una estatua de serenidad, como si estuviera analizando un fenómeno natural en lugar de un espectáculo hedonista. Pero Natsu era otra historia. Su rostro se había torcido con ira. El ceño fruncido, los dientes apretados y los puños cerrados sobre sus muslos eran signos inconfundibles de su frustración. Happy reconoció esa expresión al instante. Era la misma que Natsu ponía cuando se veía impedido de aprender algo deseado porque le sobrepasaba intelectualmente, cuando la incomprensión lo enfrentaba con su propia ignorancia.
Happy lo había visto antes, como aquella vez que Erza le enseñó a leer o cuando Lisanna intentó que aprendiera a bailar. Pero esta vez era diferente. Esto no era una frustración pasajera; era algo más profundo, más visceral. Algo dentro de Natsu parecía estar luchando, pero no lograba salir a la superficie.
Con cautela, Happy volvió a dirigir su atención al pantalón de Natsu. Buscaba cualquier señal de reacción física, cualquier indicio de que su amigo estaba respondiendo al ambiente de la sala. Pero, al igual que antes, no había nada. Ningún movimiento, ningún cambio. Todo seguía tan inerte como al principio.
Happy cerró los ojos por un momento, intentando procesar lo que estaba viendo. No podía evitar sentir una mezcla de tristeza y preocupación. Natsu estaba atrapado en una lucha que Happy no sabía cómo ayudar a resolver. Y cuanto más tiempo pasaba, más evidente era que esta experiencia, que se suponía debía ser reveladora, sólo estaba aumentando el abismo entre Natsu y el resto del mundo.
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El ambiente en "La Rinascita" era tenso y estaba cargado de voltaje. Cientos de asistentes se agolpaban en las plateas y en los palcos. La intensidad del arte, de la escultura y de los colores sobrecargaban los sentidos de los presentes con su extravagancia. Casi 300 invitados habían regresado del evento "aperitivo", aún semidesnudos, aún envueltos en el aire saturado de fragancias almizcladas y sudores compartidos. Los pervertidos compartían experiencias y el murmullo nervioso de las conversaciones llenaba el teatro subterráneo.
Natsu y Ophis se preguntaban qué clase de experiencia sería la Abyssia como para que el mero aperitivo fuera tan intenso y perverso. No sólo ellos, todos los asistentes temblaban de la emoción y la curiosidad.
Para Natsu, era la última esperanza. "Tranquilo, Natsu. Ellos dijeron que eso sólo era el aperitivo. Apenas era el comienzo, así que de seguro la verdadera Abyssia va a conseguir que sientas placer como las demás personas". Happy se lo había dicho antes de separarse de él. Los guardias descubrieron el bolso y les exigieron sacar al gato a la calle. Sorprendentemente, no les expulsaron a ellos también, lo que decía mucho del alto estatus que les conferían las entradas que Ophis había conseguido. Si bien en un inicio todos los invitados compartieron espacio igualitario en el aperitivo, para el evento principal sí habían lugares designados, estratificados según el precio de cada entrada.
"La Rinascita" había sido construida justo debajo del edificio principal, un teatro fastuoso y lujoso, en el cuál no se habían escatimado recursos.
El auditorio estaba decorado con una amplia gama de colores adornados con ribetes dorados. Elegantes molduras de yeso ornamental separaban las distintas áreas de las paredes en amplios paneles, los cuales lucían una impresionante colección de obras de arte. En cuanto a su magnitud, pocas podían compararse con La Rinascita, ni siquiera en las célebres ciudades de Jor o en los santuarios más renombrados del país de Joya.
La sala se desplegaba ante el escenario en arcos amplios y concéntricos. El suelo de mosaico quedaba oculto bajo los pies de los cientos de asistentes que habían llegado para presenciar tan deslumbrante espectáculo. En los nichos semicirculares a los lados, se exhibían bustos de célebres empresarios que habían patrocinado el proyecto, junto a otras figuras más insólitas: Estatuas de hedonistas libertinos. Entre esas esculturas, se destacaban algunas más extrañas: figuras andróginas de musculatura imponente, con cabezas de toro adornadas con cuernos engastados en joyas.
En la zona posterior se alzaban seis gruesas columnas de mármol que soportaban el peso de la platea superior. A la base de la balconada se colgaron unas jaulas que contenían pájaros cantores de colores chillones, y sus silbidos agónicos se sumaban al estrépito de la orquesta y de la audiencia. Un olor dulzón y almizclado salía flotando de los incensarios que colgaban por doquier, y la atmósfera estaba insoportablemente húmeda.
La expectación aumentaba con cada instante mientras docenas de músicos afinaban sus instrumentos en el foso de orquesta, dispuesto en forma de arco ante el escenario. Los instrumentos eran armatostes desconocidos, combinaban tubos, fuelles y generadores mágicos de Lacryma que emitían sonidos estridentes incluso estando apagados. Estos monstruosos instrumentos resonarían con las conchas y demás superficies abovedadas que formaban la estructura del teatro. Todos estos preparativos fueron hechos para proyectar la música mágica compuesta por Beca Visconti con una intensidad inusitada.
Un conjunto de Lacrymas multicolores y prismas cuidadosamente dispuestos inundaban La Rinascita con un deslumbrante arco iris, proyectando haces de luz en una infinidad de tonos que alcanzaban cada rincón del teatro. Estos destellos iluminaban el brillante terciopelo rojo del telón, adornado con exquisitas bordaduras que representaban mitos decadentes, figuras desnudas y contorsionadas, animales majestuosos y vívidas escenas de batalla.
Ophis notó algo extraño en todo el arte exagerado que cubría el teatro. Cada pintura, cada figura y hasta la forma de ciertas estructuras parecía tener un patrón oculto, signos sobreescritos en un código críptico que le resultaba inquietantemente familiar pero que no podía recordar de donde.
«… quizá sólo sea idea mía… »
En el amplio frontón interior que se extendía sobre el escenario, iluminado por una única luz, estaba la última obra de Beca Visconti: Un retrato de arte abstracto cuyas formas superponían tantas figuras entre sí que era imposible encontrar la verdadera, o siquiera algún sentido al cuadro. Su aspecto terrible, su acabado insoportable y la exageración de sus colores chillones dejaban sin habla a todos los que se fijaban en la obra, aparte de incapacitarlos para pensar nada coherente…
—¡Ungh!… —Ophis sintió un mareo por mirar el cuadro demasiado tiempo. Natsu la imitó y recibió la misma consecuencia.
Uno de los guardias les impulsó a seguir moviéndose. —Señores, por favor tomen sus lugares, que el espectáculo va a comenzar…
Esa mañana, Ophis había conseguido las invitaciones arrebatándoselas a un mayordomo que las llevaba para su señor. El anciano se había mostrado dispuesto a perder un ojo antes que cederlas, y ahora entendían el motivo: Al llegar a sus asientos, descubrieron que se encontraban en el palco con la mejor vista de todo el teatro, conocido como "el Nido del Águila". Su interior resplandecía con frescos dorados y plateados, mientras unas sobrecortinas de satén amarillo colgaban de doseles de encaje. Sobre todo ello destacaba un marco de seda dorada, bañado en la luz de cientos de velas que adornaban una monumental lámpara de araña.
Miraron hacia abajo y allí vieron a Lorenzo. Natsu quiso hacerle una señal pero el hombre no respondió. Los otros asistentes en el nido del águila reprendieron a Natsu por su comportamiento. El selecto grupo allí reunido era incluso más pomposo y sofisticado que el promedio de los invitados, todos ellos completamente vestidos con sus ropas finas, a diferencia de otros tantos de abajo que seguían con la mente afectada por el aperitivo y sin recobrar la decencia para vestirse de nuevo.
En cuanto el anfitrión principal, un Lord corpulento y canoso, llegó al nido del águila junto a ellos y se sentó. Las luces disminuyeron de intensidad. Un brillante foco se centró en el escenario cuando el gran telón se abrió y Beca Visconti hizo su aparición.
El Lord contempló con nerviosismo apenas contenido cómo la compositora de cabello negro cruzaba el escenario y bajaba al foso de la orquesta para ocupar su lugar en el podio del director. Llevaba un vestido escandalosamente transparente de tela carmesí. De aquel delicado material colgaban joyas preciosas que relucían como estrellas. El escote le bajaba desde los hombros hasta la pelvis, y la rotundidad de sus pechos y la ausencia de vello alguno eran claramente visibles debajo.
—¡Magnífico! —gritó el Lord, que se puso a aplaudir, al mismo tiempo que el público, ante la aparición de Beca.
El teatro guardó silencio mientras esperaban la música. Todos contuvieron la respiración mientras el momento de impaciencia se alargaba hasta casi el punto de ruptura. Beca escogió una batuta mágica y dio un par de golpes suaves en el atril antes de desatar los primeros compases de la obertura de Abyssia.
Un tremendo ruido surgió del foso de la orquesta cuando las primeras notas surgieron de los instrumentos musicales desconocidos. El sonido llegó a cada esquina del teatro con su maravillosa instrumentación, con una belleza romántica y con sugerencias de los temas que todavía estaban por llegar. Una melodía que sólo podía percibirse con una simple palabra: perfección.
—¿Sientes algo?—Ophis le cuestionó a Natsu.
Él negó con la cabeza—No. Es sólo… música…
—Yo tampoco… Quizá sólo está empezando…
Ophis frunció el ceño en un rictus de confusión. La melodía estaba demasiado sobrecargada, demasiadas pistas simultáneas, incluso se atrevería a decir, desafinadas. Ella creyó que quizá era sólo cosa suya, pero pronto los demás espectadores en el nido del águila empezaron a cuchichear su decepción por el mediocre espectáculo.
Sin embargo, ninguno de los pomposos de arriba se atrevió a levantarse, porque abajo, la mayoría parecía estar entrando en trance, perdiéndose en las sensaciones epicúreas, haciendo sentir inseguros a los espectadores en el palco de Ophis, quienes no podían creer que ellos, que se consideraban superiores, no pudieran comprender este exquisito manjar.
Abajo, en los asientos menos ventajosos, Lorenzo Bardi se sintió arrastrado en un viaje psicodélico a medida que la música subía y bajaba. Unos sentimientos que jamás había experimentado salieron de las profundidades de su alma mientras los salvajes golpes de tambor y los penetrantes chillidos se abrieron paso entre el público.
Primero quiso echarse a reír, y luego a llorar, para después ser invadido por una furia abrasadora que se disipó tan rápidamente como había llegado, dejando paso a una tristeza profunda. Pero, antes de que pudiera asimilar todo, la música desnudó esas emociones, reemplazándolas con una poderosa euforia. Esta claridad repentina le hizo sentir que todo lo anterior no era más que el preludio de un destino mayor, un plan grandioso que aún esperaba revelarse.
Beca Visconti se movía como poseída en el podio del director, destrozando el aire con la batuta, con el cabello convertido en una estrella fugaz negra que giraba frenéticamente alrededor de su cabeza. Natsu apartó la mirada de la magnífica visión de la mujer y observó al público para presenciar su reacción ante aquella música sublime y estridente. Él no entendía nada, es más, el ruido empezaba a ser realmente molesto, pero quiso comprobar si una vez más, el placer ya había comenzado y él no se estaba dando por enterado:
Incluso a la distancia, distinguió rostros cautivados por el asombro, con los ojos desorbitados ante la magnitud y el esplendor. Los sonidos disonantes se adentraban en cada mente, susurrando a cada alma las emociones intensas que lograban despertar.
«¡Mierda, me lo estoy perdiendo de nuevo!... » Natsu protestó para sus adentros.
Sin embargo, esta vez no todos los asistentes parecían capaces de apreciar la maravilla que tenían el privilegio de escuchar. Lorenzo notó que varios asistentes torcieron sus caras en un gesto de repulsión y se levantaron de sus asientos. Entre esa multitud de desagradecidos, distinguió la esbelta figura del hijo del alcalde, y su rabia creció al verlo liderar a un grupo hacia la salida, apartándose del público.
Lorenzo no fué el único en enfurecerse, y el hijo del alcalde y sus acompañantes fueron atacados con furia descontrolada. Una lluvia de golpes los derribó, y ya en el suelo, fueron pateados y escupidos sin piedad. Sin apenas pausa, el público volvió a centrar su atención en el escenario, y Lorenzo sintió gran orgullo y satisfacción cuando vio a un grandullón arrancar un trozo de su asiento y usarlo para destrozar el cráneo y hacer correr la sangre del político por el piso. Nadie pareció afectado por aquel brote de violencia repentina y sanguinaria, como si aquello hubiese sido la reacción más normal del mundo, pero Lorenzo percibió cómo un oscuro deseo de sangre se propagaba entre los asistentes igual que un virus.
La música estridente cubrió por completo el ruido del primer asesinato para los placos superiores, pero Natsu sintió un escalofrío cuando el inconfundible olor de la sangre recién derramada llegó a su nariz. Asomó su cabeza por la balconada en todas direcciones pero no logró distinguir nada. Se acercó a Ophis con gesto preocupado.—Algo anda mal. ¿No hueles eso?
—¿Oler…
—¡Unnnh!—un gemido colectivo se apoderó del nido del águila cuando el sonido repicó de golpe, un latigazo sónico de altos decibelios que lastimó la audición de todos los presentes, que se tapaban los oídos en un gesto de sufrimiento mientras la música alcanzaba tonos cada vez más altos y desafinados.
Natsu no fue ajeno al dolor, recordando la sensación de la maldición de Lullaby—¡¿Qué clase de música es esta?!
La canción se volvió un río embravecido de caos y notas imposibles que contenían un poder oscuro que hacía brillar las runas y signos ocultos en todo el arte de la habitación; hasta que llegó al primer crescendo estruendoso de su clímax, cuando el telón se alzó por completo en mitad de las sensaciones dramáticas y espectaculares que se habían colado en la mente de todos aquellos dispuestos a oír.
Lorenzo se levantó de su asiento de un salto cuando el repique de la música lo estremeció, pero no de repulsión, sinó de gusto. Unas luces cegadoras destellaron por todo el teatro, y se sintió momentáneamente desorientado cuando una nueva oleada de música surgió de la orquesta, con matices más siniestros y una sensación dolorosa de tragedia inminente. Completamente atrapados por los acordes de esta melodía, los afectados sentían sus mentes débiles invadidas por más sensaciones, más deseos y colores hasta que sus mentes se destrozaron bajo su influencia.
«Natsu, amigo mío, ¡Espero que estés disfrutando esto tanto como yo!» fue uno de los muchos pensamientos erráticos que ahora arremolinaban la mente de Lorenzo.
Pero Natsu estaba haciendo cualquier cosa menos disfrutar. El ruido le aguijoneaba el cerebro con dolor, que para su suerte era meramente físico y libre de las ahora más que obvias energías corruptoras de la canción. Todos los demás privilegiados del nido del águila no lo soportaron más y se levantaron de sus asientos para intentar huir de esta locura, dejando solos a Natsu y Ophis con un par de libertinos ya dementes por el hechizo.
Mientras la poca gente cuerda en los palcos superiores intentaba escapar, la esbelta silueta de Cyrene, la cantante de la Abyssia, apareció en escena. Era la cantante favorita de Lorenzo, y él creía estar preparado para su increíble virtuosidad y poder. Grave error… Con su tono conocido por todos, le sería imposible alcanzar los registros de los monstruosos instrumentos de Beca. Y sin embargo, ella lo consiguió. La energía de su voz de soprano superó los límites de los cinco sentidos, que a Lorenzo le pareció que estaban siendo violados todos a la vez.
Ophis se mantenía firme como una roca, girando únicamente la cabeza, intentando descifrar los glifos ocultos en las obras de arte antes que fuera demasiado tarde. Por su parte, Natsu se esforzaba en ayudar a los dos últimos espectadores, aparte de ellos, que aún permanecían en el Nido del Águila. Intentaba sacarlos del trance que los envolvía, pero sin éxito: Los desafortunados se retorcían en sus asientos, inclinándose hacia adelante y soltando carcajadas descontroladas mientras una oleada de emociones embriagadoras los consumía.
Con las manos en la cabeza, intentaban lidiar con la sobreestimulación, pero el frenesí acabó por vencerlos. En un arrebato de locura, ambos se levantaron y corrieron hacia el balcón, riendo y aullando como poseídos, para finalmente lanzarse al vacío.
Natsu apartó la mirada con asco, aterrorizado por lo que estaba viendo y oyendo. ¿Qué clase de ser era capaz de escuchar una música de poder tan terrible y no perder la cordura? Ningún ser humano debería haber sido expuesto a aquello: El rugido primordial de un dios majestuoso y aterrador, desgarrando el tejido de la realidad mientras luchaba por abrirse paso hacia la existencia.
Un coro se sumó al canto de Cyrene en el escenario, aunque su presencia pasó casi desapercibida. Las voces combinadas con la de la soprano le otorgaron el impulso necesario para alcanzar notas aún más imposibles, que atravesaron las barreras de lo físico y llegaron directamente a lo más profundo de los cerebros de los presentes para violar centros de placer que ni siquiera sabían que poseían.
—¡Ophis! ¡¿Qué está pasando?!—Natsu exclamó.
—Un momento, Dragneel… casi lo tengo…
Natsu miró abajo, y al resto de los palcos, y se quedó mudo ante el horror que se desató frente a sus ojos: Como si el último atisbo de cordura se hubiese consumido, todos los presentes se entregan a una locura colectiva y cometen toda clase de actos horribles. Los amigos se enfrentaron entre sí con puños y dientes. Algunos asistentes cayeron los unos sobre los otros con lujuria, arrancándose las ropas para violar el templo de sus cuerpos y la muchedumbre tumultuosa no tardó en parecerse a una gran bestia herida que se convulsionaba en movimientos agónicos de dolor y deseo.
Aquello no afectaba a todos de igual manera. La sangre empezó a salpicarlo todo cuando las emociones de los guardias eunucos se vieron sobrecargadas por el exceso de sensaciones y se desahogaron del único modo que conocían unos individuos criados como guerreros castrados: Desde el escenario se expandió una orgía de matanza, y la sangre corrió a raudales mientras el poder de la música resonaba por La Rinascita.
Lorenzo casi pierde la razón cuando se dió cuenta que ahora podía "escuchar los colores" y "ver la música" brotar del foso de la orquesta. Las notas resplandecían como destellos luminosos, fluyendo como un río líquido desde los instrumentos. De aquellos artefactos extraños emergía un fuego eléctrico y viscoso que, al transformarse, adoptaba la forma de serpientes líquidas de infinitos colores, ondulando con un carácter enfermizo. La locura y los excesos seguían a la luz, y todos a los que tocaba se entregaban a los placeres más salvajes y siniestros que albergaban en sus almas.
Los músicos de la orquesta tocaban como si sus cuerpos no les pertenecieran, con los rostros distorsionados en muecas de puro terror mientras sus manos se movían frenéticamente sobre los instrumentos. La música los había esclavizado por completo, negándose a tolerar cualquier debilidad en sus ejecutantes que pudiera amenazar su propia existencia. Era una fuerza implacable, decidida a ser creada a cualquier costo.
Lorenzo percibió un matiz de agonía en la voz de su amada Cyrene, lo que le permitió apartar momentáneamente las sensaciones abrumadoras y fijar su mirada en el escenario. Allí, Cyrene ejecutaba una danza frenética y desbordante, mientras los miembros del coro lanzaban aullidos primitivos más dignos de animales que de humanos.
Las extremidades de Cyrene comenzaron a retorcerse y a doblarse de maneras imposibles para un cuerpo humano, y Lorenzo sintió cómo la última fracción de su cordura se desmoronaba al escuchar el espeluznante crujido de sus huesos al quebrarse. Aquel sonido aterrador se mezcló con las innumerables melodías que inundaban el teatro. Con horror, vio que Cyrene estaba muerta, sus ojos vacíos y sin vida. Cada uno de sus huesos se había reducido a polvo, pero, de forma aterradora e incomprensible, la canción seguía emanando desde lo más profundo de su cuerpo descompuesto.
—¡NO, CYRENEEE!
El desgarrador grito de Lorenzo alertó a Natsu y este se desesperó por la inacción ante tanta locura. —¡Ophis, hay que detener esto YA!—gritó con urgencia.
Para total desconcierto de Natsu, Ophis, siempre firme, titubeó.—... Esto… esto no está bien…—tartamudeó. —Nada bien… los glifos… no puede ser…
—¿En serio? ¡No me digas! —respondió Natsu con amarga furia, incapaz de entender cómo el dragón permanecía inmóvil ante el infierno en el que se había convertido La Rinascita. Tenían que luchar para detener aquello, o al menos intentar escapar, pero Ophis seguía sin moverse.
Natsu perdió de vista a Lorenzo en la locura y el frenesí que se habían apoderado por completo del teatro, cuando la corrupción infectó toda la carne: Los fuertes asesinaban a los débiles a golpes, se bebían su sangre, devoraban su carne y arrancaban sus pieles para cubrirse con ellas como si fueran grotescos chales de triunfo.
Sobre el suelo, pegajoso de sangre, cuerpos vivos y muertos se entremezclaban en orgías que temblaban con las energías malignas desatadas desde el escenario. Las más atroces violaciones se producían de forma voluntaria, alimentando el torbellino de horror que consumía cada rincón.
En el centro de esta abominación, Beca Visconti se erguía como una maestra de ceremonias, dirigiendo el caos con una sonrisa de triunfo insana en el rostro. Su mirada, fija en su Lord, quien también había sucumbido a la demencia, revelaba la verdad: Beca sabía que aquello era su obra maestra.
—¡OPHIS!... ¡Ungh!
De pronto, una nota terrorífica atravesó el caos sonoro, golpeando a Natsu como un mazazo y dejándolo aturdido. Frente a él, el cuerpo destrozado de Cyrene comenzó a retorcerse en el aire, con las extremidades extendiéndose y girando de un lado a otro. Era como si una fuerza desconocida hubiera tomado posesión de su carne rota, moldeándola en una nueva y aterradora forma.
Los miembros desgarrados se enderezaron, transformándose en extremidades atléticas y gráciles, mientras la piel adquiría un tono lila pálido, extraño y sobrenatural. El delicado vestido de seda azul que había cubierto a Cyrene se metamorfoseó en un arnés de cuero negro brillante que revelaba la perfección de la nueva carne, suave y sin imperfecciones, que ahora constituía aquel cuerpo renacido a partir del cadáver de la cantante.
Un sonido espeluznante, como el de algo siendo absorbido, llenó el aire alrededor de la figura. Cualquiera que fuera la fuerza invisible que había sostenido a Cyrene en el aire hasta ese momento, finalmente la dejó caer. La criatura en la que se había transformado aterrizó en el centro del escenario con una elegancia felina, como si aquella monstruosidad recién formada estuviera completamente en control de su nueva y aterradora existencia.
«¡¿Qué demonios?!… »
Ophis quedó completamente paralizada cuando vió a la criatura. Su piel ya de por sí lechosa se volvió aún más pálida. Sudor frío circuló por sus sienes desde sus escasas glándulas sudoríparas. A pesar de los desesperados intentos de Natsu por sacarla de su trance, zarandeándola con fuerza, Ophis permanecía como petrificada, incapaz de reaccionar.
Era la primera vez en milenios que veía a uno de estos seres ser invocado. Natsu no podía confirmar si lo que vió en los ojos de su maestra era miedo, pero se le parecía bastante.
Ninguno de los humanos presentes había contemplado jamás algo tan hipnóticamente bello y a la vez tan profundamente perturbador. La criatura tenía una forma femenina desnuda, irradiando una mezcla inconfundible de repulsión y una sensualidad perversa que parecía retorcer el estómago de quienes la miraban. Su cabeza estaba coronada por cabellos que se curvaban como cuernos, y en su rostro ovalado destacaban unos enormes ojos verdes, redondos como platos, acompañados de labios voluptuosos que ocultaban unas fauces repletas de colmillos afilados. Su cuerpo, de una perfección impactante, era ágil y tentador, aunque extraño, con un solo pecho. La piel estaba decorada con intrincados tatuajes y perforaciones metálicas que brillaban bajo las luces. Los brazos terminaban en enormes pinzas de quitina roja, relucientes y húmedas, similares a las de un cangrejo, que prometían ser letales. A pesar de lo grotesco de sus extremidades, la criatura exudaba una seducción inquietante que desafiaba toda lógica. El Lord anfitrión, observándola, sintió una oleada de emoción tan intensa como no había experimentado nunca.
La criatura se desplazaba con una languidez felina, cada movimiento impregnado de una sensualidad oscura y la insinuación de placeres perversos y excesos inimaginables para la mente mortal. El Lord, embelesado, anhelaba entregarse a todos ellos. De repente, la criatura giró su mirada hacia el coro y a los músicos, sus ojos verdes brillando con una intensidad antinatural. Echó la cabeza hacia atrás y emitió un canto de sirena de una belleza irresistible, cargado de melancolía, que hizo que muchos sintieran un impulso irrefrenable de lanzarse desde los palcos para unirse sexualmente a ella. La aterrada orquesta capturó la nota de invocación antes de que se desvaneciera por completo, intensificando su resonancia hasta un clímax ensordecedor. En el escenario, los miembros del coro comenzaron a moverse y retorcerse, replicando los grotescos espasmos que antes había sufrido Cyrene. Los mismos sonidos espeluznantes de huesos rompiéndose llenaron el aire, mientras doce coristas se transforman en nuevas criaturas, tan siniestras y perfectas como la primera.
Los cantores restantes cayeron al suelo, reducidos a cascarones secos, desprovistos de toda vida. Habían servido únicamente como combustible para alimentar la terrible metamorfosis. Las doce criaturas recién formadas saltaron del escenario, uniéndose a la original en un torbellino de pinzas relucientes y aullidos desgarradores. Los demonios se movían con una agilidad escalofriante. Sus letales pinzas acariciaban y desgarraban a partes iguales, y pronto se probarían capaces de abrir arterias y cercenar extremidades con una precisión aterradora…
Pero la agilidad y velocidad de Ophis eran igual de buenas. Natsu no vió el momento en el que su maestra salió de su parálisis y sin decirle ninguna palabra o instrucción, Ophis saltó del palco del nido del águila, y al segundo siguiente ya estaba con el sable de luz desplegado de su único brazo, en trayectoria para matar.
Beca Visconti fué la primera en morir. Una pinza monstruosa la empaló por detrás y le reventó el pecho en un estallido de sangre. Sonrió de placer mientras moría por la maravilla que había creado. Décimas de segundo después, la cabeza de Beca fué separada de su cuerpo por el filo luminoso del sable de Ophis y luego la hoja de energía también seccionó la cabeza del demonio sensual. Ophis los decapitó a ambos en su aterrizaje, con un sólo movimiento.
El resto de las criaturas se lanzó hacia Ophis con ferocidad descontrolada, pero el dragón reaccionó con rapidez. Infló su buche y escupió una bola de fuego azul del tamaño de una habitación, incinerando con ella a toda la orquesta, cuyos infelices miembros siguieron tocando hasta consumirse o hasta que sus instrumentos se destruyeron por el fuego. Los demonios restantes aullaron de furia, desquiciados al ver cómo la fuente de la música que los alimentaba y sostenía era aniquilada. En un instante, el teatro entero pareció temblar con el eco de su rabia y frustración.
Al principio, Natsu creyó que Ophis también había sucumbido a la locura desatada por la Abyssia, pero sus dudas se disiparon al verla enfrentarse con ferocidad a los demonios recién llegados.
—¡Dragneel, destruye el ritual! —gritó Ophis con urgencia—. Las pinturas, las esculturas… ¡TODO debe ser destruido!
Los demonios volvieron a aullar, pero esta vez no con furia. En lugar de enfrentarse a Ophis, las criaturas optaron por huir, esparciéndose por el teatro en un frenesí desesperado para encontrar una salida.
—¡Ninguno debe escapar o no podremos detener esto! —exclamó Ophis, mientras iniciaba su cacería.
Las criaturas, dotadas de una agilidad antinatural, se movían con una velocidad esquiva, obligando a Ophis a perseguirlas incansablemente por todo el recinto. Durante su huída, las bellas criaturas despedazaron a varios humanos con una velocidad y una malicia sensual que el Lord apenas fue capaz de captar.
Por fin la música de Abyssia dejó de sonar cuando todos los músicos cayeron bajo el fuego purificador de Ophis, su ausencia causó pánico, anhelo y dolor entre los que se habían hecho adictos a su magia.
El Lord lanzó un grito en mitad de los restos de la orquesta, ya que la ausencia de música fue igual que un dolor físico en los huesos. Aunque la música había dejado de sonar, La Rinascita seguía siendo un lugar resonante. Las orgías y las muertes continuaron de un modo incesante, pero los gritos de agonía y de éxtasis se convirtieron en aullidos de angustia cuando el final de la música provocó nuevos brotes de locura sangrienta.
El Lord y sus seguidores dementes, reunidos en el foso muerto de la orquesta, iniciaron un frenesí de excesos aún más terrible, transgrediendo todo límite faltante, si quedaba alguno. Ni los cuerpos quemados de los músicos eran sagrados. El Lord anfitrión se distrajo de la violación y empezó a escarbar con las manos entre los restos de los instrumentos musicales destruidos por Ophis…
Natsu vió runas y glifos resplandecientes del mismo color en todo el arte del teatro, ahora perfectamente visibles por tanta depravación: Todo el teatro, desde la más pequeña decoración a las más fastuosas estatuas estaban dispuestos para el ritual demoníaco, que reunía toda esta energía corrupta en la pintura abstracta de Beca, cuyo lienzo temblaba y se estiraba, como si la figura secreta allí representada estuviese peleando por escapar.
Ophis no tuvo que convencerle más de que había que parar esto cuánto antes, así que Natsu inhaló hondo e hinchó sus vías respiratorias con su fuego. Pero antes de animarse a disparar, se detuvo. Era un teatro cerrado, subterráneo, y la concentración de llamas y humo lo convertiría en una trampa mortal, si cabía eso como agravante del infierno de carne que ya era.
Natsu estaba seguro que él y Ophis sobrevivirían, pero no podía decir lo mismo del resto de los invitados que aún quedaban en pie. Ser quemado vivo o asfixiado por humo era una forma agónica y horrible de morir…
—¡¿Dragneel, qué estás esperando?!—Ophis le gritó mientras corría detrás de los monstruos—¡Incendialo todo!
—¡Estamos bajo tierra y hay mucha gente!
—¡Todos ellos ya están más que muertos!
Natsu obedeció a medias y en lugar de escupir fuego, fortaleció sus puños de poder y se lanzó a un frenesí de destrucción contra todo el arte corrupto del lugar. Las esculturas fueron partidas, las molduras y los murales, derretidos por sus manos ardientes. Natsu arañó, golpeó y pateó mientras el lienzo abstracto endemoniado se retorcía con más y más fuerza.
Esto no satisfajo a Ophis, que sentía la impotencia de no poder terminarlo rápido. Un violento estallido de su poder sería suficiente para reducir todo el edificio a cenizas, pero no podía arriesgarse a perder a Natsu.
«¡Tengo que hacerlo todo yo!» Ophis protestó y tras decapitar a la tercera de las trece criaturas, empezó a escupir bolas de fuego en todas direcciones, en un intento de concluir lo que Natsu no se atrevía.
—¡Ophis, detente, lo tengo todo bajo con… ¡Urk!
Natsu gruñó de dolor por una puñalada en la espalda y al girarse se encontró con algunos de los poseídos por la Abyssia, totalmente desquiciados y no dispuestos a permitir que su placer termine.
—¡Estúpidos, estoy tratando de salvarlos!
El fuego azulado de Ophis se transformó en rojizo cuando los materiales inflamables se encendieron, esparciendo más las lllamas y el humo empezó a llenar todo el teatro.
Era una ironía deliciosa que precisamente Natsu y Ophis fueran los únicos poderes intentando acabar con este caos y devolver el orden natural.
Natsu era arañado y acuchillado en todas direcciones, apenas pudiendo esquivar los cortes y se desesperó al no poder convencer a nadie de parar: Ophis seguía matando y quemando, y los humanos a quienes intentaba salvar se le echaron encima, intentado matarle de todas las formas posibles—¡Al infierno con todos ustedes!... ¡Agrh!—Natsu hizo un barrido circular con su pierna, que envío una onda de fuego mortal para la masa humana sobre él. —¡Lorenzo!—Natsu gritó—¡LORENZO, DÓNDE ESTÁS?! ¡Hay que irnos!
Pensó que al menos debía salvarle a él, así que recorrió todo el sitio en su busca. La inmunidad del dragon-slayer a la corrupción de la Abyssia no le protegía de caer en un infierno diferente, el corazón le latía a mil y los vellos de todo su cuerpo estaban erizados. Sangre. Ver tanta sangre correr hacía que la cosa demoníaca en su interior gritara por salir, haciéndole enojar con todo a su alrededor.
«¿Por qué?... ¡¿Por qué está ocurriendo esto?!» Era como si el destino conspirase para enloquecerle, sometiendo sus sentidos a una prueba cada vez peor que la anterior, así había sido desde el año pasado: El descarrilamiento del tren en Giltena, las matanzas injustas de Ophis contra los sacerdotes de Ankhseram, y ahora esto…
Natsu bajó de un salto hacia el foso de la orquesta al ver una silueta familiar y su horror alcanzó cotas nuevas al ver que la orgía de sangre y sexo era peor en ese lugar. El incendio desatado por Ophis empezaba a saturar el aire con humo pero eso no detuvo la depravación, no les importaba el gas monóxido envenenando sus pulmones y siguieron con sus cópulas desenfrenadas, revolcándose en un bacanal de sangre y excrementos.
Tenían las mandíbulas abiertas de par en par, como si estuvieran intentando recrear la música perdida con sus gargantas, las cuales siguieron abriéndose a gritos. Los huesos chasquearon cuando las distendieron igual que serpientes que estuviesen a punto de devorar a su presa. De sus gargantas surgieron unos aullidos repulsivos sin sonido alguno.
En ese bacanal, Natsu encontró finalmente a Lorenzo, desnudo, con la mandíbula igualmente dislocada, lleno de sangre y excrementos, y haciéndole lo indecible a los restos de lo que alguna vez había sido la cantante Cyrene…
—Lorenzo…
—¡Ella es mía!... ¡La señorita Cyrene y su música son mías!—Lorenzo aulló y siguió riendo, sin dejar en paz los restos, completamente perdido en la locura. En su pecho se había escrito unos glifos con sangre y excrementos. Natsu se dió cuenta que los símbolos eran muy similares al lenguaje con el que Igneel le había enseñado. Podía leerlos y ni bien Natsu movió sus labios, los signos empezaron a brillar.
—¡No pronuncies eso! ¡No lo digas!—Ophis le gritó desde la distancia, mientras tenía del cuello a la séptima criatura.
Natsu quiso detenerse, pero se asustó cuando su boca no le hizo caso y se siguió moviendo sola, así como no se les permitió a los músicos detenerse.
"Vynthara-Exorath"
Un líquido viscoso y multicolor se derramó sobre Lorenzo y al subir la vista, Natsu se dió cuenta que estaban justo debajo del lienzo abstracto pintado por Beca, cuyas materias primas se derretían y escurrían como si la criatura allí encerrada hubiera conseguido liberarse al fin.
Los glifos en el pecho de Lorenzo comenzaron a brillar y a expandirse, rápidamente, trazando un círculo perfecto sobre su torso que se abrió en una espiral grotesca de carne desgarrada y vísceras en ebullición. Lorenzo, hasta ese momento consumido por la locura, recobró su lucidez en el instante previo a su destrucción total. Su rostro se contrajo en una máscara de horror puro, y su grito desgarrador resonó en todo el teatro. —¡Aaaaarrrgh!—El horror impreso en la cara de Lorenzo estrujó el corazón de Natsu, paralizandole de hacer nada. El cuerpo se desmoronó como cera fundida, su carne y órganos licuándose para formar un repugnante círculo flotante, con el hueco en su centro convirtiéndose en una ventana al más allá. Del portal emergió un velo de humo lila, que se agitaba como si estuviera vivo, ondulando y expandiéndose con un chillido agudo que perforó los oídos de todos los presentes.
El humo se arremolinó violentamente, llenando el aire con un hedor agrio y almizclado, antes de comenzar a solidificarse. Ante los ojos aterrados de Natsu, la nube se condensó en una forma corpórea. Una figura de carne lila de proporciones monstruosas, casi el triple de su altura. Su piel brillaba como si estuviera cubierta de aceite, y de su torso sobresalían dos pares de brazos. Dos de ellos terminaban en enormes pinzas de cangrejo de un rojo brillante, mientras los otros dos tenían manos humanoides con garras afiladas. Cuernos carmesíes, coronaban su cabeza, y una lengua larga y serpentina emergía de una boca llena de colmillos apretados.
El demonio era inmenso y hacía crujir el mármol de debajo de sus pezuñas. Era un avatar de corrupción arrojado al mundo de los sentidos.
—¡Salve, hermano del Anatema!—El monstruo recién llegado saludó a Natsu, y su voz contenía todo lo repugnante y hermoso en ella: el grito de terror de un niño, el grito de éxtasis de una joven abusada, el jadeo por el dolor del cuchillo del torturador—Nos conocemos al fin…
Los reflejos de Natsu le impulsaron a moverse en posición defensiva, pero tras parpadear un segundo, el demonio desapareció de su vista…
—¡Arhgh!—Natsu aulló cuando una lengua cubierta de pinchos, como la de un jaguar, le repasó dolorosamente por el cuello, haciéndole sangrar un poco.
—... Debo admitir que estoy decepcionado. —Vynthara-Exorath apareció junto a él, sosteniéndolo de forma seductora y repugnante con sus brazos. Los movimientos del demonio eran tan rápidos que cuando Natsu hizo un giro violento para golpearle, el demonio volvió a desaparecer y luego reaparecer parado frente a él.—Tan lento, tan mediocremente débil. ¿En esto desperdició el Anatema el poder que robó de nuestro reino?—dijo con desprecio hiriente, como el que una joven usa para rechazar a un muchacho—Aún así, llevas la repugnancia del gran idiota rojo en tu sangre. Es… ¡Fascinante!—se relamió el sabor de la sangre de Natsu en los labios.—¡Voy a disfrutar destrozando tu carne, quebrando tu mente, violando tu espíritu y devorando tu alma!
—¡Gaaahh!—Natsu se lanzó contra su enemigo—¡Karyū no Tekken! (Puño de Hierro del Dragón de Fuego).
¡CRASH!
Los dos colisionaron. Tenazas contra puños llameantes. La fuerza de ese primer golpe causó una onda de conmoción que elevó la temperatura unos grados en todo el foso de la orquesta. Vynthara-Exorath rompió el contacto primero y apuntó su tenaza libre contra el pecho de Natsu. El demonio quiso volver a sorprenderle con su velocidad, pero esta vez fue Natsu el que desapareció dejando un destello eléctrico, para luego reaparecer a su costado, listo para dar un segundo golpe, que impactó de lleno en el costado del demonio. "Mōdo Raienryū (Modo Dragón de Llamas Eléctricas)"
—¡Ahj… uuuunh!—Vynthara-Exorath gimió no de dolor, sinó de placer—¡Parece que sí valdrá la pena haber venido! ¡Muestrame más, hermano del Anatema! ¡DAME MÁAAAS!
Natsu torció la cara de repulsión y volvió a cargar contra el demonio. Entonces Vynthara-Exorath se movió, blandiendo sus tenazas hacia abajo. Natsu se giró para esquivarlas y contraatacar con un golpe doble, desde ambos puños de fuego que se estrellaron contra las dos tenazas aplastantes del demonio, y el choque resonó como el hielo de la montaña al romperse.
¡CRACK!
Luego, el dragon-slayer se movió de nuevo con velocidad de rayo, rotando para interceptar las cortantes garras del segundo par de manos. Sus llamas de alta temperatura no impidieron que las garras le lastimaran, pero sí devolvieron una parte del daño al demonio en forma de quemaduras, todo antes de volver a propulsarse hacia arriba de nuevo para defenderse de las tenazas rojas…
—¡Nada mal! ¡MUESTRAME MÁS!—el demonio volvió a gemir.
Natsu sentía que Vynthara-Exorath sólo estaba jugando con él, como un cerdo previo al matadero. Su velocidad de rayo era apenas suficiente para seguir el ritmo del demonio, el cuál lanzó una lluvia de golpes y tajos con una rapidez sin igual. Natsu intentaba responder golpeando más duro, pateando más rápido y elevando más la temperatura de su fuego, agotando sus reservas de magia a un ritmo peligroso. Sentía como si su reserva fuera más pequeña, su cuerpo menos incansable que antes. Ya había sentido esta debilidad progresiva desde hace varias batallas y en cada nuevo encuentro era peor…
«¡¿Qué diablos me pasa?!»
Movido por el temor a caer agotado primero, Natsu cargó con fuerza inusitada para dar un golpe cruel más propio de Ophis—¡Karyū no Seibā! (Sable del Dragón de Fuego)...—Blandió su brazo derecho en un arco llameante, veloz y de temperatura abrasadora, y el golpe cercenó limpiamente los dos brazos inferiores del demonio, a la altura del antebrazo y cauterizó los muñones resultantes.
—¡Aaarh!—Vynthara-Exorath volvió a retorcerse de satisfacción—¡Fascinante! En verdad eres inmune a nosotros—le dijo el demonio con un chillido agudo.
—¡Silencio, monstruo!
Natsu y el demonio volvieron a chocar puños y tenazas. Las rojas pinzas cayeron en forma aplastante y por la diferencia de altura, Natsu tuvo que propulsarse para detenerlas con sus puños de fuego. Esta última colisión fue tan fuerte que la onda resultante mandó a volar a varios de los humanos en el foso de la orquesta, que en ningún momento dejaron de realizar sus cópulas sangrientas…
¡CRAAASH!
—¡Nhhh!—Los peores temores de Natsu se confirmaron y de pronto se sintió demasiado cansado para volver a brincar, sus fuerzas le traicionaron, quedándose en su sitio, manteniendo el contacto con el demonio. Instintivamente enterró sus manos ardientes en las quitinosas tenazas, para evitar que Vynthara-Exorath se suelte y contraataque con ventaja, convirtiendo la pelea en un forcejeo, una competencia de vencidas en la que el demonio intentaba aplastar a Natsu desde arriba.
Con sus manos cercenadas, el demonio intentaba usar los muñones para golpear a Natsu, el cual movía su cabeza de un lado al otro para evadir. Los dos usaban cada recurso a su disposición, o al menos cada recurso que su honor de combatientes les permitiese.
—¿No te has dado cuenta, verdad niño?—dijo el demonio con voz seductora.
—¡No sé de qué hablas!... ¡Grr!—respondió entre gruñidos, por el esfuerzo de mantener el duelo de fuerza.
—Mira a tu alrededor. ¡Míralos a ellos!
Natsu giró la cabeza ligeramente, sin distraerse de la lucha, pero vió que los afectados por la onda de choque de su pelea volvían a levantarse para violar y matar. Los sobrevivientes en los palcos también incrementaron la intensidad de sus crímenes. La carne de casi todos ya estaba magullada y marchita pero seguían insistiendo en sus actos profanos, destruyendo sus cuerpos en el proceso. Estaban muy cercanos a consumir su vidas.
—... ¡De verdad no lo sientes, aún estando tan cerca mío! ¡Me ofendes, mocoso!—chilló el demonio con voz sádica—¡Yo soy placer puro, el portador de la lujuria! ¡Soy Vynthara-Exorath, el dionisiaco!
Natsu finalmente comprendió. Aún sin sentirlo, vió sus efectos en el resto de las víctimas del teatro, todos se comportaban como si la magia músical de la Abyssia se hubiese restaurado con la sola presencia de Vynthara-Exorath, ya sin la necesidad de Beca Visconti y su orquesta maldita. Todos sus movimientos debían ser terriblemente seductores, a la vez que repelentes y embriagadores, confusos por las nubes de incienso acre que sus poros exudaban. Natsu levantó la vista, asimilando de forma fría todo el esplendor y la degradación del demonio, todo ello envuelto en la carne pálida, el brillo de la grasa corporal, el olor del deseo y del aborrecimiento.
—¡Frígido, ignorante, insensible, aburrido! ¡Con razón el gran idiota de rojo te quiere de vuelta!—el demonio insultó a Natsu—¡Si no podemos corromper tu cuerpo, me aseguraré de que tu alma sufra el tormento eterno!—La amenaza se estaba haciendo real. Nastu flaqueaba y a cada segundo, el demonio ganaba terreno en el forcejeo. Natsu apelaba a cada gramo de fuerza que le quedaba, hasta hacer su visión borrosa e intermitente.
En uno de esos fotogramas dolorosos, Natsu divisó al Lord anfitrión aparecer justó detrás de Vynthara-Exorath. El hombre tenía la cara deformada, la quijada rota y bajada hasta el pecho, solamente unida por la piel desollada de sus mejillas. Sostenía en sus manos lo que parecía un pedazo de los instrumentos monstruosos de la orquesta, con su Lacryma sónica sobrecargada, como un arma lista para disparar…
«No, ¡Mierda!»
¡WWWHMMMMMM!
Una tremenda explosión de sonido estalló a la espalda del demonio. El cuerpo del Lord explotó en una lluvia de carne y vísceras, destruido por su propio ataque sónico. La descarga rugiente y pirotécnica de energía sónica salió disparada y el impacto golpeó primero al demonio y luego de rebote a Natsu, derribándolo a él pero no a su enemigo. Vynthara-Exorath aullaba de placer.
La explosión sónica arrancó una de las balconadas de la pared con una explosión devastadora. Por el aire llovieron trozos de mármol y de yeso, y el sonido del instrumento provocó aullidos de placer en los invitados corrompidos, muchos de ellos murieron aplastados entre los escombros del derrumbe, que se unió al incendió desatado por Ophis.
Natsu quedó muy aturdido, incapaz de ponerse de pié. La resonante nota baja seguía en su cabeza y sangre brotaba de sus oídos, nariz y boca. Estaba casi sordo y su fisiología de dragón fué lo único que salvó su cabeza de no estallar en pedazos como la del Lord. A su alrededor, unos armónicos discordantes semejantes a aullidos de éxtasis atravesaron a decenas de mortales con una sacudida atronadora, y cada una de las víctimas se estremeció indefensa cuando los huesos se les partieron y la cabeza les estalló bajo aquella descarga de sonido.
—Los nuevos hijos de mi amo, el príncipe del exceso—dijo Vynthara-Exorath—. Qué dulce música hacen antes de morir.— El demonio ya estaba de pié y con su pinza roja en trayectoria para atravesar el pecho de Natsu, el cuál se aterró cuando se dió cuenta del ataque inminente. Él quiso brincar y hacerse a un lado, pero sus piernas le fallaron y apenas pudo tambalearse.
¡SLASH!...
Sin embargo, en el último instante, un destello de luz púrpura cruzó su campo de visión. Un sonido seco y afilado resonó por el teatro mientras la pinza del demonio era cercenada de un tajo limpio. La extremidad cayó al suelo con un ruido sordo, retorciéndose como una criatura agonizante.
Vynthara-Exorath no reaccionó a tiempo y lo siguiente que sintió fué la mano infantil de Ophis atravesarle el pecho desde atrás, en un ataque a traición. Tras terminar de acabar con los trece demonios menores, el dragón acudió en rescate de Natsu.
—¡Aaarh!... ¡Suéltame, maldita!— El demonio rugió y se retorció, pero no murió de inmediato. Ophis tuvo que permanecer trepada a su torso, sosteniéndose de su corazón pulsante con su único brazo, mientras Vynthara-Exorath se sacudía como un toro resistiéndose a ser montado. Su pinza libre giraba y golpeaba a Ophis, quien se tuvo que aguantar el dolor para no soltar al demonio.
Natsu observó fascinado cómo Ophis hizo arder al demonio desde dentro, haciendo recorrer su fuego azul desde su corazón atrapado al resto de su cuerpo, provocando que este expulse vapor y llamas por sus cavidades naturales, cocinándose de adentro para afuera. Vynthara-Exorath finalmente se arrodilló y dejó de moverse, pero antes de exhalar su último aliento, giró su cabeza 180 grados, de forma imposible para cualquier mortal, para enfrentarse cara a cara con Ophis…—¡No has ganado, perra maldita! ¡Si sabes lo que soy, sabes que no puedo morir! ¡Antes o después, será mi maestro quien devore tu poderosa alma!...
Ophis no dijo nada e hizo estallar el corazón del demonio, desterrándolo al fin. Vynthara-Exorath se desplomó a un lado. De forma incomprensible para Natsu, el cuerpo del demonio empezó a evaporarse hasta desaparecer.
—¡Tenemos que irnos ahora!—Ophis le gritó a Natsu con urgencia. Él apenas podía oírle y tomaría un poco de tiempo que sus oídos y su equilibrio volviesen a la normalidad.
Natsu se puso en pié con dificultad y Ophis jaló de él para ayudarle a caminar. El teatro estaba en ruinas, envuelto en llamas y sangre. El dúo recorrió el camino desde el foso de la orquesta a la última salida, bloqueada por Ophis para evitar el escape de cualquier demonio. Mientras ella movía la montaña de escombros y roca ardiente colocada por ella misma, Natsu contempló una última vez el lugar y a los últimos sobrevivientes. Increíblemente, estos seguían inmersos en sus cópulas sangrientas, en sus asesinatos aleatorios, como si la marca de la corrupción los hubiera hecho inmunes al dolor. Muchos de ellos tenían quemaduras de grado superior o la piel morada y necrosada por la falta de aire, envenenado con azufre y monóxido. Y aún así continuaban…
—Déjalos. —Ophis le habló al oído—Ellos ya están perdidos…
Natsu asintió dolorosamente y huyó con Ophis por el boquete. El dragón selló una vez más el agujero y en el último segundo, Ophis creyó oír una última voz femenina arrepentida y desesperada, que suplicaba ayuda desde el interior. Eso no le impidió bloquear la salida.
«Dragneel, ahora estamos a mano por lo de Lullaby…»
…
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…
La noche de Loorendam seguía siendo densa y sofocante, apenas perforada por la luz trémula de las antorchas y las Lacrymas de los equipos de rescate. El edificio principal que escondía La Rinascita subeterránea ardía con furia incontrolable, vomitando columnas de humo negro que se mezclaban con el cielo estrellado, ocultando la luna. Los bomberos, sudorosos y cubiertos de hollín, trabajaban en un silencio tenso para extinguir las llamas, mientras los primeros rescatistas que se habían aventurado hacia los accesos subterráneos regresaban tambaleándose con rostros lívidos, llevando consigo informes que apenas podían articular.
Ophis y Natsu se alejaron lo más que pudieron del edificio, en busca de Happy.
El dragon-slayer ya había recuperado el equilibrio suficiente para caminar por sí mismo, pero seguía medio sordo, por lo que Ophis tenía que hablarle mediante telepatía:
—Me disculpo por lo que pasó. Yo no tenía idea de que esto era en realidad un culto del exceso. Debí haberlo sabido…
Lo último que esperaba Natsu en ese momento era una disculpa por parte de ella, por lo que no supo cómo responder. Su voz sonaba honesta y tranquila, ya toda la preocupación y la angustia que había visto impreso en el semblante de Ophis cuando los demonios aparecieron se había desvanecido por completo.
Pensó también en Lorenzo, lo poco que lo había conocido y la horrible muerte que había sufrido, también en las personas que habían sido tragadas por ese infierno de carne.
—Lorenzo… ¡Abandonamos a todas esas personas allí!
—Ya estaban perdidos. —Ophis replicó—Incluso si hubiera sobrevivido alguien, no podía permitirsele vivir, a nadie que haya estado presente. La marca de la corrupción los manchó para siempre, excepto a nosotros, que somos inmunes al placer…
—Eso no lo sabes. Pudimos salvar a unos cuantos.—musitó Natsu, desanimado para darle la contra.
—Ya salvamos al dueño original de nuestras entradas. Sin ellas era impostque fuera a ese espectáculo.—Ophis afirmó con cinismo—¿No te basta con eso?
Ahora se sentía menos afectado por ello, extrañamente. Era como si su resistencia al horror hubiese aumentado, quizá porque no conocía realmente a nadie de las víctimas o quizá peor, que pasar tanto tiempo con Ophis le estuviese cambiando de alguna manera. Incluso aún peor, que su indiferencia fuera otra consecuencia de su particular condición…
"... ¡Frígido, ignorante, insensible, aburrido!... " El recuerdo fresco de las palabras de Vynthara-Exorath le sabía amargo y premonitorio…
—... Esa cosa me llamó "hermano del Anatema"... ¿Qué significa?—Natsu preguntó—Parecía que me conocía a mí, y que te conocía a tí también…
—Zeref es más conocido de lo que crees, incluso del "otro lado".—Ophis replicó de forma enigmática.
Natsu se frustró por el intento deliberado de Ophis de dejar atrás todo tan frívolamente—Ophis, ¡¿Qué demonios fue todo eso?!
El dragón se detuvo en seco y Natsu también. Ella se mantuvo dándole la espalda y por un momento él creyó que reaccionaría mal. Se equivocó, una vez más.
—No preguntes, no hables de esto nunca más, no le cuentes a nadie sobre las cosas que viste en ese teatro.—Ophis le habló directamente en su mente, con un tono resolutivo e inflexible, incluso más allá de lo habitualmente autoritaria que era su manera de hablar.
—Y las criaturas… los demonios…
—No había nada allí, ¿Entiendes?
—Pero…
—Alto. No eran más que sueños.—Ophis le volvió a detener—No debes preocuparte por ellos, porque la magia de tu mundo es la cura para todos esos males.
Natsu arqueó aún más su rictus de confusión. Recordó vagamente que Ophis le había dicho en una ocasión que el bien y el mal no existían persé, sino que sólo eran un punto de vista. Si eso era cierto, ¿por qué luchaba entonces contra cosas como las que acababan de enfrentar? Si nada de eso existía en verdad, ¿por qué arriesgarse tanto para destruirlo? La contradicción era tan evidente que hasta él, con su mente poco inclinada a reflexiones profundas, podía verla. Para Natsu, el mal era claro: Estaba en la risa de Vynthara-Exorath, en la desesperación de Lorenzo, en los gritos de los que se retorcían en sus últimas agonías. Aunque no entendiera las cosas del todo, sabía que si Ophis había intervenido, era porque algo necesitaba ser detenido.
—¿Te gusta tu mundo, Dragneel? ¿Te gusta que siga siendo así cómo es?—Ophis lanzó algo que lo dejó aún más confundido.
Natsu frunció el ceño, dándole vueltas a las palabras de Ophis. No se veía a sí mismo como un salvador del mundo, ni siquiera quería serlo. Su única misión, la única que siempre le había importado, era proteger a quienes amaba: Sus amigos, su gremio, su familia. Todo lo demás le parecía demasiado grande. Pero cuando Ophis habló de mantener el mundo tal como era, algo en él resonó. No le gustaban los grandes cambios, no le gustaba cuando las cosas que conocía se transformaban en algo desconocido. Había visto lo que eso podía hacer, cómo separaba a las personas, cómo las distanciaba y encontró un extraño alivio al comprender que al parecer, Ophis pensaba igual respecto al cambio.
—Si. Mis amigos viven en él.
—Bien. Si eso es cierto, no me preguntarás nunca más sobre esto. Olvídalo, sácalo de tu memoria y así protegerás el mundo. Cómo te dije, ellos son solo sueños, pesadillas que vencemos cuando las dejamos caer en el olvido…
Natsu asintió con la cabeza y no preguntó nada más.
—Bueno, resuelto eso, hay que encontrar al gato.—Ophis se refirió a Happy y un pensamiento recorrió su mente al recordar al Exceed—Hablando de ese sujeto, él siempre dice que hay que rescatar lo bueno de las malas experiencias, y siendo así, a pesar de todo lo que pasó al final, al menos podemos decir que confirmamos satisfactoriamente y más allá de toda duda lo que vinimos a comprobar…
Ophis se dió la vuelta e hizo algo aún más inquietante: Le sonrió de forma cálida, o al menos lo más cálida que pudo fingir y se acercó a él con un gesto amable.
—Felicidades, Dragneel. —dijo Ophis, extendiendo el brazo para estrechar su mano con la suya—Oficialmente, eres Libre, libre de deseo igual que yo…
Natsu quedó totalmente desconcertado por la actitud de Ophis. No supo cómo reaccionar, así que sólo le correspondió el gesto.
A pesar de la sonrisa y los buenos deseos de Ophis, se sintió más como una condena que como una buena noticia.
…
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…
Loorendam. Enero 9, Año X793…
El sol de la mañana bañaba los restos de Loorendam, y Natsu, Ophis y Happy estaban reunidos en las afueras de la ciudad, listos para retomar su viaje. La atmósfera era tensa, cargada por un silencio incómodo que ninguno de los tres parecía querer romper. Durante toda la noche, Natsu había estado atrapado en un torbellino de pensamientos, sus dudas y temores acechándolo sin descanso. Su falta de deseo, ahora confirmada como absoluta, no sólo era un enigma para él, sino también un abismo que le hacía cuestionarse todo: Su lugar en el mundo, su capacidad para conectar con otros, y, más inquietante aún, su propio futuro. El miedo se arrastraba en su mente como una sombra persistente, haciéndole sentir que, aunque el día había comenzado, la oscuridad aún no se había disipado por completo.
—Quiero preguntarles una última cosa, y quiero que me respondan con la verdad. —Natsu se dirigió a sus dos compañeros de viaje—De verdad sentir placer es… ¿Importante?—Natsu se encogió de hombros, como si tuviera miedo de la respuesta.
—No, no lo es. —Ophis replicó.
—¡Por supuesto que lo es!—Happy la contradijo, metiéndose de nuevo.
Antes que esos dos volvieran a discutir, el joven insistió con la pregunta:
—¿Es importante sentir placer para ser una "persona normal"?... ¿Para ser… humano?
La pregunta estaba cargada de una duda profunda, un temor que nació desde lo más profundo de su ser. Ophis no tuvo piedad, ya estaba harta de andar en círculos, de su interminable duda. Ella disparó de forma contundente:
—Si. Es una parte fundamental de lo que significa ser humano. Tú no lo tienes, así que eso sólo confirma lo que te llevo diciendo desde que nos conocimos: Tú no eres humano, y eso no está mal. Eres algo más elevado, aún con todos tus defectos. Puedes pensar con claridad, mucho más que cualquier otro hombre. Tal vez no lo hayas notado estos años por tu bajo nivel educativo, pero te aseguro que es la sensación más liberadora que puede haber… Ser completamente dueño de ti mismo. Es una bendición.
Natsu tenía sentimientos contradictorios acerca de la tesis de Ophis. Ella había insistido en lo banal e indigno de "pensar con las bolas" como hacían el resto de los hombres, y la idea de ser libre de deseos, dueño de sí mismo, le resultaba tentadoramente racional, especialmente después de la masacre de la Abyssia. Había visto de primera mano cómo el deseo podía corromper, destruir y convertir a personas en monstruos. Era difícil no pensar que tal vez Ophis tenía razón, que ser libre de todo eso era una bendición. Sin embargo, ese mismo pensamiento lo llenaba de un desasosiego profundo.
La voz de Happy, firme y apasionada, intentaba abrirse paso en su mente con una idea opuesta: El placer no era malo, no era un defecto, sino una forma de conectarse, de compartir felicidad con otros. Pero a pesar de los esfuerzos del Exceed, las imágenes de los cuerpos deformados y los rostros desquiciados por la lujuria se superponían a cualquier argumento. Lo que había visto en la Abyssia era una herida en su percepción del placer, un recordatorio constante de lo peligrosos que podían ser esos deseos si se dejaban desbocar.
Natsu sentía el peso de una dualidad imposible. La tesis de Ophis ganaba terreno, llenándolo de una sensación de aislamiento y desconexión que parecía insalvable. Si ser "libre" significaba ser diferente, significaba estar solo, entonces ¿Realmente valía la pena? Sus amigos no eran inmunes al deseo, y si el precio de esta libertad era perder la conexión con ellos, ¿No era en realidad una prisión?
—Siempre supe que había algo diferente en los demás, pero resulta que el raro era yo… ¡No me satisface saberlo!…—Natsu escupió de mal humor.
—¿Qué?, ¿Te molesta no tener deseo?—Ophis levantó una ceja—¿Te pone triste el no poder "pensar con las bolas" como los hombres normales?
—No se trata de eso.—Natsu negó con la cabeza—No puedo extrañar algo que nunca he sentido… sin embargo…
—¿Sin embargo?
—Sin embargo, esto sólo confirma lo que temía—Natsu apretó el puño—Esto es algo que me separa de mis amigos, porque soy diferente a ellos… algún día…
—Si. Algún día, la carne mandará sobre ellos lo suficiente para hacerles elegir un camino que inevitablemente los separará de tí.—sentenció Ophis.
Natsu sintió una punzada en el pecho, la verdad lo hirió profundamente. La conexión que tenía con Lucy, con todos, estaba en peligro. No porque ellos quisieran distanciarse, sino porque él no podía avanzar con ellos hacia la siguiente etapa de sus vidas. «Si no puedo sentir placer… », pensaba Natsu, «¿cómo voy a entender lo que ellos sienten? ¿Cómo voy a estar con ellos, ser parte de su mundo?... »
La idea de que Lucy, algún día, pudiera casarse o formar una familia con alguien más, alguien que sí pudiera comprender esos deseos y esas necesidades de la carne, le atormentaba de una manera que apenas podía describir.
Y aún más, que algún día, Lucy o algún otro amigo caiga víctima de la depravación de algo parecido a la Abyssia. Deseó que existiera una forma de protegerlos de eso…
—¿Cómo se cura la frigidez?—Natsu preguntó, ocultando su desesperación detrás del mal humor.
—No es una enfermedad. Ya te dije que es una bendición…
—Bien. ¿Hay alguna forma de hacerlos frígidos a ellos también? ¿Hay alguna forma de compartir esta "bendición" con mis amigos?
—¡Natsu!—Happy protestó.
Ophis sonrió con burla.
—Dices puras tonterías. Cosas irracionales, producto de la necesidad de satisfacer tus necesidades espirituales a través de la compañía de otros y del temor de que tus cercanos se aparten de tí… Si te sirve de consuelo, eso es MUY humano, —concluyó Ophis—al menos en eso SÍ te pareces a las demás personas…
…
… CONTINUARÁ…
—••—
¡Gracias por leer hasta aquí y no olvides dejar tu Review!
NOTAS DEL CAP
Saludos a todos.
Segundo capítulo de este último arco.
¿Qué puedo decir? Espero no haber traumado a nadie con este cap, pero había que estar seguros de que tan asexual es el Nasho, ¿No? XD
Por años he leído muchos FanFiction que han intentado mostrar cómo Natsu recibe "La Charla". La mayoría lo trata como comedia, así que yo quería contribuir desde una perspectiva diferente.
Me gustaría que fueran honestos al decirme si me pasé de la raya con el contenido explícito de este capítulo.
Este es un tema que ha sido una especie de broma por años, eso de que Natsu era una "ameba", que era asexual, etc. Siento que Mashima no le ha dedicado el tiempo adecuado para desarrollar a sus parejas protagonistas, y en muchos casos, hace a sus protas masculinos demasiado "despistados". Entiendo que no está obligado a hacerlo por tratarse de shonen, pero al menos podría darnos algo como lo que hizo con Haru y Eli en Rave Master. Realmente me decepcionó como abordó el tema en el final de EDENS ZERO, un timeskip vago y ni siquiera nos mostraron bien a la hija XD.
Afortunadamente, en 100 years quest nos dan unos cuantos momentos que pueden sugerir algún tipo de atracción por parte de Natsu, pero también nos brindaron ese infame panel que entierra todas nuestras esperanzas de un desarrollo NaLu pronto… ¿Huevos? ¿Es en serio? :v Hablo del cap 33 de 100 years quest, la parte donde Natsu tiene el flashback de la revelación del embarazo de Levy y se nos confirma que el tipo no tiene idea de cómo se hacen los bebés y que quizá peor, no tiene idea del "método" para producirlos.
De la misma manera, podemos recapitular otros momentos que dejan el asunto a la interpretación:
—Episodio 3 del anime (el libro "porno" de Everlue).
—Capítulo 74 del manga 100 years quest (Natsu manifiesta gusto por los senos de Lucy yokai).
—Episodio 132 del anime (Natsu y Gray fantasean con Lucy y "Michelle", parte del relleno de la saga del cielo estrellado. Francamente no tengo idea si es canon o no).
—La adaptación anime de 100 years quest extendió la escena donde Lucy es desnudada por Kyria para que Natsu se gire a ver y se detalló el panel donde él intenta quitarle la bufanda que usaba como sustituto de bikini (bueno, algo es algo XD).
Bueno, dicho todo esto, les presento mi teoría, plasmada en este humilde fanfiction. ¿Seguirá Natsu siendo asexual? Lo averiguaremos en el siguiente libro. Sólo les hago recuerdo que todos estos eventos narrados ocurren ANTES de 100 years quest, jeje.
¡Espero que nos veamos pronto y gracias por sus reviews!
