Ladies and Gentlemen!

Uff! Tengo en mente este capitulo desde hace algunos capítulos atrás de esta hermosa segunda temporada de este bello anime. Y dije: "¡No me puedo quedar con las ganas, yo también quiero escribir su bello amor!" Y aquí me tienen, aportando mi granito de arena con este bello capitulo. Sin duda, ando inspirada desde este capítulo, espero poder escribir más capítulos tiernos y llenos de amor.

It's time to read!

It's showtime!


Aclaración: Watashi no Shiawase na Kekkon (My Happy Marriage) no me pertenece. Es propiedad de Agitogi, Akumi. Yo solamente pido prestado sus personajes para poder escribir mis historias que se podrán leer a continuación.

Aclaración: Con estas historias no estoy cobrando por ninguna ganancia o regalía. Solo escribo para el entretenimiento de todo público pidiendo permisos al autor. Cualquier aclaración, pueden escribir en los comentarios su opinión al respecto.

Aclaración: Recuerden que esta historia es un fanfic, historias ficticias escritas de fans para fans, algunas cosas pueden cambiar y otras más se pueden agregar. No siempre los personajes contienen las mismas personalidades. Por favor, si no les gusta, abstenerse de comentarios ofensivos y/o negativos.


Un tierno momento a la luz de la luna.

Un dulce beso con sabor a dulce azúcar derretida.

Un corazón acelerado que no dejaba de golpear su pecho hasta el punto en que empezaba a dolerle. No podía evitar preguntarse si la persona frente a ella era capaz de escuchar aquellos fuertes latidos que ensordecía sus oídos.

Tiernas mejillas sonrojadas y el sudor que empezaba acumularse en la palma de sus manos, aunque quizá, no era la única que se sentía de esa manera. Quizá, no solo era su cuerpo el que estaba temblando en ese momento, quizá, era él quien también se sentía de aquella manera avergonzada.

Prefirió no decir nada para evitar romper aquella mágica noche.

Pequeños suspiros que eran capaces de escucharse y que provocaban que se sintiera más nerviosa.

¿Era ella quien estaba haciendo esos ruidos extraños?

Sentía que quería esconder su rostro entre sus manos, pero en la posición en la que se encontraba, realmente sería difícil.

Aquellas grandes y tiernas manos que habían tomado sus manos, ahora se encargaban de acariciar sus mejillas con cierta ternura que era imposible no sentirse tímida y un tanto indefensa. Él, era la única persona que podía poner su mundo entero de cabeza.

"Si aquel momento era un sueño, le gustaría no despertar."

Fue lo que pensó Saimori Miyo en ese momento que su dulce prometido se acercó a ella y le susurro tan dulces palabras que fueron capaces de enloquecer su corazón y hacerle saber que se encontraba despierta, que se encontraba en aquel cruel pero bello mundo.

En cuanto tomo sus manos, en cuanto sus miradas se encontraron y sus labios chocaron con suavidad, pudo jurar que escucho fuegos artificiales en algún lugar de aquel pequeño pueblo donde se encontraban. O quizá, aquellos fuegos artificiales los había escuchado en su cabeza.

No lo sabía, pero aquello, realmente había sonado como algo bonito.

Cerrando sus ojos con suavidad y dejándose llevar por aquellas nuevas emociones que estaba sintiendo. Simplemente se dejó guiar por aquellos labios que no se querían separar de los suyos.

"Me encargare de lo que no puedas hacer. Dejaré en tus manos lo que si puedas. Compensare aquello que no puedas lograr. Así es como quiero vivir la vida contigo. Si nos ayudamos y apoyamos mutuamente, seremos un matrimonio capaz de todo"

Palabras tan dulces como el beso mismo, aun eran capaces de resonar en su cabeza y sentir como sus mejillas se calentaban aún más.

En ese momento, Miyo no solo le estaba entregando el que se conocería como su primer beso, también le estaba dando su corazón en una hermosa charola de plata. Aunque claro, ese ya se lo había entregado desde hace algunos meses, pero saber que estas mismas cálidas manos la tomaban con ternura, sabía muy bien que no sería capaz de lastimarla. No sería capaz de hacerla sufrir. Pues era un bello tesoro del que su amado prometido, Kiyoka Kudo, siempre le recordaba.

Era amada y eso estaba bien.

Oh, ¿Con que así de dulce era el amor?

Era mejor de lo que imaginaba, era mejor de lo que soñaba. Era mejor de lo que escuchaba de aquellas tiernas jóvenes de mejillas sonrojadas y radiantes sonrisas que se encontraba por las calles de la Ciudad Imperial cuando salen a pasear un rato.

¿Se vería así de bonita como todas ellas que hablaban del amor y la felicidad a los cuatro vientos?

Claro que sí, pero era algo que le avergonzaba admitir. Justo como en esa noche que su querido prometido la miraba con ese cariño especial, podía jurar que se veía tan hermosa reflejada en sus ojos, que fue imposible separar su vista de él.

Con que así era como la veía.

"¿Sientes que te apoyo como necesitas?"

Claro, no podía evitar sentir todo tipo de inseguridades a lo desconocido. No es alguien confiada, le cuesta ser abierta a las personas que, en la mayoría de los casos, prefiere quedarse callada o desviar la mirada mientras intenta ser una "esposa" ejemplar. Eran costumbres que adquirió desde niña y que realmente le era difícil salir de su cascaron. Aunque había otras veces en las que quería ser terca, quería ser valiente y correr peligro para ayudar a sus seres queridos.

No podía evitar pensar que, por culpa de sus acciones, le traería problemas a su querido prometido o que quizá, ya no sea capaz de verla con esos ojos que le declamaban amor eterno. No podía evitar sentir miedo a quedarse sola.

Sin poder evitarlo, hizo aquella pregunta sin imaginar que la respuesta misma, sería capaz de enamorarla aun más de lo que podía imaginar.

"Hace ya tiempo que no puedo vivir sin ti. ¿No lo ves?"

Oh dulce prometido.

No debería decir esas palabras que endulzaban sus oídos.

Porque si antes tenía miedo de caer profundamente en el amor y salir herida por culpa del mismo. Ahora era imposible no caer por el mismo y dejarse llevar como la corriente se lleva a los peces o el aire se lleva volando las hojas de los árboles.

Era imposible detenerse, era imposible detener aquel tonto corazón que pedía cada vez más mientras sus labios se mantuvieran unidos por mucho más tiempo.

Su primer beso. Siempre imagino que sería con la persona con la que su padre la obligaría a casar sin amor alguno. No podía evitar desanimarse y suspirar derrotada por aquel horrible destino que ya se encontraba escrito. No podía evitar tener un poco de miedo al creer que se encontraría con una mala persona a su lado.

Pero este presente, era muy diferente. Un mundo lleno de posibilidades, le era permitido soñar y por supuesto, desear. Con su dulce prometido a su lado, ese primer beso fue realmente especial que ahora sentía que le era imposible respirar. Quería separarse para respirar, pero tampoco quería que él se alejara.

Era imposible entender ante los tantos pensamientos que estaba teniendo.

Ese primer beso fue a su persona especial y no se arrepentía de ello. Si puede ser sincera, era algo que deseaba desde hace tiempo, pero siempre eran interrumpidos para dar ese paso importante. Podía entender la frustración de su querido prometido al ser interrumpidos, ahora podía comprender que ella se sentía de esa manera al no poder tocarlo, al no alcanzar aquello que quería con cierta desesperación.

Oh, que avergonzada se sentía al pensar de esa manera.

Al separarse de aquel beso que había sido eterno para ella, se dio cuenta que el único ruido que se podía escuchar, era el de su corazón desesperado. Fue hasta ese momento, en el que sus pies al fin tocaron piso y su prometido, se había enderezado sin perderla de vista.

Perderse en aquellos ojos, provoco que Kiyoka Kudo soltara una pequeña risita.

Quizá, él se encontraba reflejado en sus ojos. Quizá, en ese momento se dio cuenta de la manera en que ella siempre lo miraba. No sabía que era lo que estaba viendo, pero aquella gran sonrisa era lo que le llamaba más la atención.

"La sonrisa de mi esposo, iluminada por la luna, era tan hermosa que olvidé parpadear. Ese momento, que sentí como una eternidad, es un tesoro que me acompañara por siempre"

Fue lo que pensó.

Saimori Miyo soltó una pequeña risita al sentirse cálida bajo la chaqueta de su querido prometido. Una dulce caricia a su mejilla sintió, esa cálida mano que volvía alzar su rostro y aquel bello rostro que la miraba con amor. Era más que suficiente para soltar un pequeño suspiro satisfecha.

Deseaba quedarse a su lado por más tiempo. Pero como había pensado desde un principio, aun sentía un poco de vergüenza ante los ojos de las personas. Aun sentía vergüenza ante los pensamientos que era capaz de tener.

Quizá, fue demasiado obvia al escucharlo soltar una leve risita.

-Creo que es mejor que entremos -Dijo con calma.- Empieza hacer frio, no sería bueno que te resfriaras

Incluso en esa situación, él era capaz de pensar únicamente en ella.

-No tengo frío -Susurró Miyo con vergüenza. Era una suerte que Kiyoka no logro escucharla porque ella desvió su mirada.- Pero, si gusta, podríamos tomar juntos una taza de té, quiero pasar más tiempo con mi prometido

Si Miyo hubiera visto a Kiyoka Kudo en ese momento, se hubiera dado cuenta de la manera en que abrió sus ojos de sorpresa como del suave sonrojo en sus mejillas. Una sonrisa apareció en su rostro, con suavidad, volvió a tomar la mano de su dulce prometida para besar sus nudillos con ternura. Una clara señal de que aceptaba aquella invitación.

-Eso me gustaría

Ver aquella gran sonrisa en el rostro de Miyo, era más que suficiente para sentirse satisfecho. Aquellos ojos que brillaban de felicidad misma, la manera en que lo arrastraba a la puerta para poder entrar juntos mientras le comentaba con suavidad los aperitivos que podían tomar para acompañar su té. A Kiyoka Kudo le encantaba ver como ella se abría a él y al mundo. Era imposible no amarla más de lo que su tonto corazón ya sentía por ella. Era imposible no querer besar aquellos dulces labios como el azúcar una vez más.

Sin duda, se convertirían en una dulce adicción.

Tuvo que desviar la mirada ante sus pensamientos. No, no quería abordarla con tantas cosas.

Solo un paso a la vez era más que suficiente.

Cuando Miyo miro a su querido prometido que le prestaba atención y le respondía a las preguntas que hacía, ella no pudo evitar sonreír con ternura. Ya no tenía miedo del amor, era imposible tenerles miedo a sus sentimientos cuando sabía que eran muy bien correspondidos.

Era amada y eso estaba bien.

Ella era capaz de amar y eso estaba bien.

No hay nada que temer, puede seguir soñando, puede seguir deseando estar a su lado.

Porque tal y como dijo él.

"Hace ya tiempo que no puedo vivir sin ti"

Esas palabras también las podía aplicar ella. Una vida sin Kiyoka Kudo, sin su querido prometido, no es vida.

Además, aún tenía que volver a besar sus dulces labios.

Pues que estos mismos tengan el sabor de azúcar derretida, provocaba que no pudiera dejar de pensar de pensar en aquel bello momento. Tan dulces como su toque, tan cálidos como los brazos que la cobijan.

Si. Este solo es el inicio. Un bello inicio.


¡Muchas gracias por leer!

¡Pero qué bello! Me encantan el cariño que se ve en sus ojos, es demasiado bello y puro para mi horrible alma. ¡Seguiré escribiendo las maravillosas ideas que tengo en mente! Créanme, son varias, aunque me tardare un poco en subir una por una, pero lo hare. Aquí me tendrán por un largo tiempo.

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¡Nos vemos a la próxima!


Atte.: AnZuZu Dragneel

Fecha: Domingo 9 de Febrero de 2025