Hola, aquí Tarah nuevamente de regreso con un fanfiction de mi parejita favorita que me tiene muy enamorada. Este fic es de contenido explicito, es la primera vez que me atrevo a escribir algo de este tipo, así que vendría siendo mi primera vez en el tema, también tengo pensado hacer varios caps, pero dependerá de mi tiempo, y de otros factores externos que no puedo manejar, espero que sea de su agrado y puedan disfrutarlo.
Solo amigos.
Capítulo 1.
Los papeles se han invertido ¿eh?
Eran las siete de la noche del viernes, los viernes sagrados de la noche de películas de Okarun y Momo, y esta última se encontraba en el baño de su casa arreglando para recibir a Okarun… su amigo. No importaba por todo lo que habían pasado, ni lo que sentía el uno por el otro, tenían ya veinte años y nunca se habían atrevido a confesarse. Así que seguían siendo simplemente amigos. Momo suspiro frustrada, sin saber si seguirse arreglando para él cambiaría un poco las cosas o seguirían siendo simplemente amigos por toda la eternidad, el timbre sonó en ese entonces y ella termino de aplicar un poco de corrector encima de su crema humectante y bálsamo labial sabor a fresas, antes de bajar.
En la entrada de casa se encontraba Okarun quien la saludaba con una radiante sonrisa.
– Señorita Ayase, está lista para la mejor película del año – menciono emocionado, entrando a la casa y dejando sus zapatos en el recibidor, desde hace cuatros años se han reunido en la casa de uno o del otro para ver películas, primero comenzó como una competencia para tratar de demostrar cual tenía el mejor gusto cinematográfico, al final solo pasaban tiempos juntos compartiendo las películas en estreno y en algunas otras noches solo veían películas antiguas, era divertido y era su rutina, su noche de películas juntos.
– la última película nominada a mejor película resulto ser un desastre – menciono ella, quejándose de la pésima elección de los "expertos".
– hay que tener un poco de fe, señorita Ayase.
Avanzaron rumbo a la cocina, para proseguir con su rutina de la noche, primero preparaban palomitas y bebida de chocolate, antes de subir a la habitación de Ayase.
Ayase nuevamente se sintió un poco decepcionada, Okarun había sido su amigo por cuatro años, y ya no podía negar lo profundamente enamorada que estaba de él, pero el parecía no sentir lo mismo por ella, siempre siendo tan formal, tan él, nunca la llama por su nombre, siempre se diría a ella con ese indirecto "Señorita Ayase", como si nunca pudieran ser más cercanos.
Prepararon las palomitas en silencio, pues Ayase estaba muy callada y Okarun no quería romper su silencio al atreverse a preguntar qué le sucedía, mientras buscaba el frasco de sal, se percató que este estaba en el estante superior, estirándose en toda su altura, no lograba alcanzarlo.
– Déjame hacerlo a mí, Señorita Ayase – dijo Okarun, colocándose detrás de ella y agarrando con facilidad el frasco de sal, Ayase se giró para salir, solo percatándose de lo cerca que se encontraba el cuerpo de Okarun de ella, a esa distancia podía sentir su calor, oler su perfume, mirar la insipiente barba que crecía en su mentón. Entonces también se fijó que necesitaba mirar hacia arriba para encontrarse con sus ojos marrones, unos ojos que habían perdido la redondez infantil para hacerse más afilados, con una mirada más seductora. Su vientre se contrajo.
– ¿Desde cuánto te volviste tan alto? – preguntó Ayase.
Okarun se sonrojo y se separó de ella para entregarle el frasco de sal, en ese momento sus manos se rozaron y las mejillas del chico se tiñeron aún más de rosa.
– Desde hace algún tiempo, señorita Ayase – dijo con nerviosismo. Ayase puso su mano en su barbilla de manera inquisitiva para comenzar a rodearlo, en realidad no lo había notado, pero Okarun a los veinte años de edad era mucho más alto que ella, se paró en toda su altura y aun así quizás solo lograba llegarle a la punta de la nariz, subió su mirada para encontrarse con sus ojos marrones, sus pupilas estaban dilatadas, Okarun veía hacia abajo, hacia ella, no pudo evitar sentir que su corazón latía rápidamente, estaban muy cerca solo porque ella quería medir su altura, su piel comenzó a cosquillear.
Diablos, estaba muy enamorada.
– Señorita Ayase – la voz del chico tembló, y la hizo estremecer – ¿qué está haciendo?
– A penas te alcanzo – dijo la chica, levantando la mano para comparar sus alturas – juraría que también eres más grande – se rio, divertida, dispuesta a burlarse de él cómo lleva haciendo desde que lo conoció – eras un chaparro más bajo que yo, y tan flacucho que una leve brisa podría llevarte… ahora mírate, ¡Wow, estas grande!
– ¡deja de molestarme, Ayase! – su voz sonó tremendamente masculina, nada comparada con la vocecilla infantil que ella guarda en sus recuerdos. ¿Hace cuánto fue que lo vio la última vez? Oh si, fue el viernes pasado. No pudo haber cambiado de una semana a la otra tan repentinamente.
– ¡Oh, Okarun, ya es un niño grande! – ella no se detuvo y siguió caminando alrededor de él – nada más mírate – su mano se levantó para alborotar su cabello, como hacia cada vez que lo molestaba, pero esta vez una de sus fuertes mano se envolvió alrededor de su muñeca deteniendo su avance, Momo se sorprendió y gimió ante el contacto.
Mierda, su mano también era muy grande.
– Tú también has crecido mucho, señorita Ayase – ¿por qué su voz sonaba tan tremendamente sexy?… ¿tan excitante?
Momo tuvo que apretar las piernas por el deseo que le provocaba la sola presencia de ese chico.
– No creas que no lo he notado – prosiguió, su tono cargado de deseo, del mismo que sentía la misma Momo – siempre has sido bonita pero ahora estas mucho más bonita que antes, tu cintura es más estrecha, tus caderas más grandes – las manos de Okarun flotaban sin llegar a tocarla, pero Momo juraría que la estaba tocando, no, ella ansiaba su toque, no podía ser tan intenso verdad, no más que eso, con cada palabra su mano flotaba sobre la parte de su cuerpo mencionada, sin llegar a soltar la muñeca que tenía levantaba sobre su cabeza, el toque de su piel estaba ardiendo – tus pechos también son más grande, señorita Ayase.
Ella aparto la mirada, sin poder sostener esa mirada de lujuria que se había instalado en los ojos del chico.
– d-deja… deja de burlarte de mí – tartamudeó. Juro que no podía encontrar su voz.
– tú fuiste la que empezó.
Momo tiro de su muñeca hasta que se soltó.
– pues que esperabas, el tiempo pasa, ahora soy una mujer…
– Y yo soy un hombre – menciono, como si tuviera que recordárselo, como aquella primera vez que se lo menciono cuando eran adolescentes, queriendo que ella lo viera como tal.
Momo exploto en carcajadas, porque la voz masculina y sexy de Okarun se rompió en el momento en que menciono su afirmación, dando el efecto contrario.
– Oh mi Okarun, es tan tierno, tan pequeño y tan virginal, que desde que te conozco nunca has salido con una chica – empezó, sus risas continuaron y las mejillas del chico ardieron – dudo que sepas como empezar a hablar normalmente con alguna mujer. En estos cuatro años nunca te he visto mostrar interés en una…
Okarun comenzó a subir las escaleras, dejando detrás a Momo, al cuenco de palomitas y a las burlas de la chica, sin embargo ella lo siguió, riéndose y diciéndole todo lo que se le ocurría para tratar de ridiculizarlo y así olvidar su propia vergüenza, tan típico de Momo burlarse de él, pero quizás esta vez se estaba pasando un poco.
– ¿Acaso conoces cuales son las zonas erógenas de una mujer? estoy segura que nunca antes has visto a una desnuda… dígame de haberlo hecho.
En un movimiento rápido, Okarun inmovilizo a Momo contra la pared del pasillo cercano a la habitación de la chica, con las manos sobre su cabeza, presiono todo su cuerpo al de la chica y acerco su boca a su oído donde dijo con la voz más seductora que pudo.
– Créeme que se dónde tocar para que te vuelvas loca, Momo.
Un escalofrió recorrió su cuerpo y se estremeció de anticipación, se moría de ganas de que ese chico le pusiera las manos encima, pero no iba a dar su brazo a torcer y mucho demostrar cuanto deseaba que él la tocara.
– Eres demasiado respetuoso para hacer algo – se aventuró la chica, su voz no fue tan valiente como ella hubiera querido – estoy segura de que no harías nada sin pedirme permiso.
Antes de que terminará su frase, Okarun le libero las manos y Momo pensó que se había enojado, quizás se había pasado un poco al tratar de molestarlo, pero sus pensamientos aún no habían cuajado, cuando el chico la tomo por las nalgas y la levanto obligándola a enredar sus piernas alrededor de su cintura, Momo fue consiente ese momento del bulto entre sus piernas que ahora rozada directamente contra su centro.
Él la dejo en la cama con delicadeza, con sus manos viajando por su cuerpo, primero abandono las curvas de sus nalgas para acariciar la parte posterior de sus muslo para volver a subir desde las rodillas por la parte interna, Momo se sorprendió ante la facilidad con la que abrió las piernas para él, siendo consciente en ese momento del movimiento que había realizado.
– Okarun – él levanto la mirada hacia ella, una mirada afilada llena de lujuria, no vio al niño que había crecido con ella, porque evidentemente ya no era un niño – ¿qué haces?
Oh claro que sabía lo que hacía, pero quería escuchar decirlo.
– Te voy a hacer sentir tan bien que te volverás loca de placer, Momo.
Las mejillas de Momo ardieron con la afirmación, estaba tan nerviosa porque nunca un hombre la había tocado de manera tan íntima, incluso siendo ella la que se estaba burlando de él inicialmente por las mismas razones, su propia inexperiencia la ponía sobre la balanza junto a Okarun.
Su cuerpo temblaba ante la necesidad de sentirlo a él.
Las manos del chico retomaron su camino, subiendo y bajando por sus muslos, cada toque, cada caricia se sentía más caliente, sus manos eran enormes sobre su cuerpo, eso le encantaba a Momo.
– Tienes un cuerpo muy bonito, Momo.
Sus manos siguieron subiendo por su abdomen, hasta llegar a ahuecar sus pechos y balancearlos entre sus manos, para sentir como sus pezones se endurecían bajo la tela y comenzar a jugar con ellos también, apretarlos y hacerlos girar entre sus dedos. Momo no pudo evitar suspirar y gemir ante su toque, estaba ardiendo de deseo, no quería que él se detuviera, no iba a detenerlo.
– Parece que te gusta
La voz de Okarun era tan sexy que la estaba haciendo calentar mil veces más rápido de lo que pensó, sonaba divertido, pero también excitado.
– ¿Quieres que levante tu camisa? – preguntó Okarun, pero sin esperar respuesta afirmativa de ella comenzó a deslizar sus manos bajo la misma, para su fortuna, ella no llevaba sujetador, aunque eso era algo que él ya sabía, en vista de todas las veces que se quedaba a dormir en su casa se había percatado de que se le marcaban los pezones, siguió subiendo sus manos hasta ahuecar sus pechos y jugar con las puntas sensibles, los cuales ya estaban duros, el tacto de piel con piel era tan caliente y excitante que la mano de Momo voló hacia su boca para evitar que sus gemidos sonaran más fuertes.
– Eso te gusta más o… – dijo Okarun, se acomodó mejor sobre ella en la cama para quedar a la altura de su pecho, sosteniendo su peso en sus codos para no aplastarla – ¿qué te gusta más? – pregunto, levantando la camisa para liberar sus pechos. La visión de sus hermosos montes coronados por puntas erectas y rosáceas como frutillas le hizo agua la boca y provoco que su propia excitación latiera en sus pantalones. – Bonito – comenzó, mientras seguía acariciando sus duros pezones contra sus manos ásperas, antes de meterse el pezón en la boca y comenzar a chupar, girándolo entre sus dientes, dándole un leve mordisco, y pasándole la lengua extendida, antes de volver a meterlo en su boca.
La sensación la hizo estremecerse, el calor se encendió entre sus piernas y comenzó a humedecerse, necesitando su atención.
– Okarun – gimió ella.
– ¿Qué? – pregunto él, sin dejarla terminar, comenzando a prestarle la misma atención a su otro pecho, chupando, lamiendo y mordiendo sus pezones hasta que estuvieron rojos y muy muy erectos.
Cuando lo conoció, Momo no esperaba que su pequeño y tímido Nerd se convirtiera en este chico que la tenía presionada contra su cama con la camisa levantada y sus pechos llenos de atenciones, no quería decir que eso no le gustaba, porque por los cielos sí que le gustaba mucho, ella lo quería, lo anhelaba, ella había estado llevando la situación para hacerlo desencadenarse en eso. Pero ahora se había invertido un poco los papeles, con ella paralizada, indefensa, tímida contra la cama mientras el chico controlaba la situación.
Ella no dijo nada más mientras él le deslizaba la camisa y se la quitaba, al tiempo en que se sentaba en la cama, ella pudo notar la tienda de campaña que se había formado en sus pantalones, pero antes de que pudiera reaccionar o decir algo, él la levanto con la facilidad con la que levantaría una pluma y la coloco entre sus piernas, la erección se clavaba en su espalda baja en esa nueva posición y Momo era extremadamente consciente de su cuerpo. Sin perder el tiempo el "tímido" chico tomo el borde sus pantalones de pijama y los bajo con todo y bragas dejándola completamente desnuda para él.
La impresión la hizo gemir, pero no pudo decir nada más porque Okarun enredo su pierna con la de ella obligándola así a mantenerlas siempre abiertas, aunque ella no tenía la más mínima intención de cerrarlas, estaba estupefacta ante el actuar de él, pero le gustaba más que nada. Las manos del joven subieron a sus pechos para apretarlos entre ellas y acariciarlos tan rudamente al mismo tiempo que comenzaba la fricción en la espalda de la chica, sus manos viajaron por todo su cuerpo. Momo no pudo evitar gemir fuertemente y estremecerse con anticipación, sus manos descendían pero antes de que llegaran a su destino, Okarun se detuvo y soltó una carcajada.
– Estás ansiosa, Momo – susurro en su oído y su voz envió una descarga eléctrica por su columna vertebral, hasta su húmeda entrada.
– Eres un idiota – gimió, con las escasas fuerzas de voluntad que tenía, con fingida indignación. Trato de cerrar las piernas, pero la pierna de él enredada fuertemente en la de ella le evitaba realizar tal acción.
– Oh no, yo creo que no podrás hacerlo – entonces su manos siguieron descendiendo, bajando y subiendo nuevamente hasta sus pechos para volver a apretarlos y dejarlos caer – yo creo que esto te gusta mucho, Momo.
Se sonrojo hasta mas no poder, su cara estaba ardiendo, su cuerpo estaba ardiendo, y ella no podía entender como era que él, su otaku virginal e infantil podía hacer todo eso con ella, todo lo que quería, un pensamiento fugaz llego a su mente en el quizás había tenido una relación con alguna otra chica sin que ella lo supiera, y había "aprendido" de ciertos temas, quizás de cosas que no le contaba, al fin y al cabo ellos solo eran amigos. La puntada de celos se hinco en su vientre y se hizo más fuerte.
– O-okaarun – gimió ella, tratando con todas sus fuerzas de apartar sus manos – ya fue suficien… - no pudo terminar porque sus manos había encontrado su entrada y comenzaron a estimular su clítoris en suaves y delicados movimientos circulares que la hicieron gemir y estremecerse en sus brazos, derritiéndose como gelatina en pleno sol del verano.
Estaba tan húmeda que…
– Estás tan húmeda que mis dedos se deslizan fácilmente – oh no, él lo dijo, lo dijo y sonó tan sexy en sus labios que casi se corrió.
El aumento la fricción, sus movimientos se hicieron más rápidos, el cuerpo de la chica templo mientras sus dedos subían y bajaban por su entrada, sin llegar a entrar, solo acariciando superficial pero tan intensamente que ella pensaba que nada podía ser mejor que esa sensación.
Instintivamente trato de cerrar las piernas, pero otra vez él lo evito, aumentado la fuerza con que sostenía su pierna con la de él.
– Oh, no, no vas a huir de mi – dijo, comenzando a lamerle la oreja y a dejarle pequeños y delicados mordisco en el lóbulo, al mismo tiempo que uno de sus dedos se aventuraba a su entrada y su otra mano acariciaba furiosamente su pecho.
Sin poder controlarse más, se dejó arrastrar por la ola de placer que este chico le estaba proporcionando y así romper en gemidos cada vez más ruidosos, que agradeció que su abuela se encontrara fuera de Kamigoe en un exorcismo y no estuviera en casa, y así no pudiera escucharla. Era vergonzoso gemir así, pero ante la situación, no le quedaba otra opción, por otro lado el chico detrás de ella era tan excitante, tan sexy, que le fascinaba que sus manos recorrieran su cuerpo con la pasión de una llama en descontrol. Otro de sus dedos entro en ella, y su gemido fue más fuerte si eso era posible, sus caderas comenzaron a moverse para adecuarse al ritmo que el llevaba, embistiendo con sus dedos a un compás deliciosamente fascinante, el chasquido de sus dedos entrando en su vagina era muy obsceno, eso solamente la excitaba más, su cuerpo estaba empapado en su sudor y la lengua del chico en su cuello solo empeoraba más la situación. Ella sintió el orgasmo gestarse, recorrió su cuerpo como fuego, como descargas eléctricas que la hacían temblar, sus mente se nublo, su vista se volvió oscura, y se corrió con fuerza en los dedos del chico.
– Keeen – gimió. Su nombre sabía a gloria. Su nombre pronunciado por ella era como melodía para sus oídos.
Jadeando se apartó de él, se recostó en la cama y cerro las piernas aun presa de los temblores del clímax, de las delicias del orgasmo, era mil veces mejor que hacerlo sola, nunca se había corrido con esa intensidad, y al verlo, pudo notar como gustosamente se lamia los dedos que estaban empapados en sus jugos.
– Sabes deliciosa, Momo – dijo, mientras se acomodaba entre sus piernas y volvía a abrirlas para él, sus ojos viajaron por todo su cuerpo a través de sus gafas redondas y empañadas, deteniéndose en su palpitante y húmedo coño. Sin perder el tiempo y sin dejarla recuperar, lamio su entrada con toda la longitud de su lengua y ella no pudo evitar el escalofrió que le subió por la columna vertebral. Desesperada y ávidamente el comenzó a comerla, Momo no podía apartar la mirada de su cara hundida entre sus pierna, enterrada en su coño palpitante y necesitado, mientras el chupaba, lamia y mordía. Su lengua se deslizaba entre sus pliegues, luego subía y se dedicaba a chupar con dedicación su clítoris, para darle un pequeño y seductor mordisco que la hacía estremecer.
La chica se aventuró a tomar su cabello entre sus manos, enredándose las suaves hebras entre sus dedos. Su mirada se cruzó en ese entonces, los ojos de él estaba oscurecidos por la lujuria, ella no pudo sostenerle la mirada, era tan intensa que pensaba que podía llegar a atravesarla y mirarle el alma, si el la miraba de esa forma, ella no podría ocultar por mucho tiempo que estaba tan enamorada de él, que frecuentemente fantaseaba con que él le hiciera precisamente eso, ahora estaba allí, cumpliendo sus más secretas fantasías, mientras ella no hacía más que gemir y frotarse desesperada en su boca.
Si el pudiera seguir burlándose ella a estas alturas, posiblemente lo hubiera hecho, pero ya no le importaba, solo quería tomar lo que él estaba dando. Sintió como dos de sus dedos se aventuraba a su entrada, estaba tan mojada que se deslizaron fácilmente en ella, pero aumento todas las sensaciones y ella no pudo evitar girar sus caderas para facilitar el acceso.
– Oh, Ken, esto es tan bueno.
El gimió contra su coño, y la vibración de su gemido la hizo estremecerse. Tiro de su cabello y el volvió a gemir, un sonido gutural que la regresaba a sus instintos más primitivos. No pudo soportar mucho tiempo hasta que el nuevo orgasmo arremetió contra ella como una ola, llevándola ligera hacia la orilla.
Okarun se apartó de ella jadeando, buscando aire, y lamiéndose los labios de una manera que fue extremadamente seductor para la chica. Él se dejó caer contra ella, aun entre sus piernas, con su cabeza reposando en su abdomen mientras ambos recuperaban el aliento, se quedaron en esa posición por unos minutos, con las secuelas del clímax convirtiéndose en un evanescente fantasma.
Momo no dijo nada, principalmente porque no pudo, estaba jadeando en busca de aire, sin dejar de acariciar sus cabellos, las manos de Okarun fuertemente en su costado, trazando círculos en su cintura. Una vez se hubiera desvanecido casi por completo la increíble sensación de placer, Momo sintió que era necesario romper el silencio, las cosas entre ellos podrían volver terriblemente incomodas si no actuaba enseguida, tomando en cuenta que ella se encontraba completamente desnuda mientras él no se había quitado ninguna prenda, y ella se había corrido dos veces por las atenciones de ese chico.
– Okarun… – empezó Momo, pero se vio interrumpida por la temblorosa voz del chico.
– Lo siento mucho, señorita Ayase – él se levantó por completo, tomo una sábana de una silla cercana y cubrió su cuerpo desnudo con la misma. No la miro – No debí haberlo hecho…
– ¿Que estas…?
Él se inclinó ante ella, sin mirarla, ella se sentó en la cama y la sabana se deslizo dejando a la vista a sus pechos, con los pezones enrojecidos y la piel llena de chupetones.
– No fue un acto muy caballeroso de mi parte…
Se sentó junto a ella en la cama para volver a cubrirla con la sabana, por primera vez la miro a los ojos y en su mirada había tanta dulzura, tanta ternura, que no podía haber una relación entre el hombre que le había estando haciendo una mamada y el que se sentaba frente a ella. Su corazón se contrajo y se llenó de dolor.
– te falte el respeto – continuo el, su sonrojo se extendió hasta sus orejas – no debí actuar contigo así, eres muy preciada para mí, pero no pude controlarme y eso no es propio de mí, lo siento tanto, Ayase…
– ¿Te estas arrepintiendo de esto? – ella pregunto, girando su rostro para que no pudiera ver lo afectada que estaba por eso. El la abrazo por detrás.
– No quiero hacerte sentir usada – susurro, contra su hombro, el corazón de Momo no dejaba de latir desbocado, estaba herida. Él la apretó contra su pecho – eres mi amiga y yo perdí el control de mis acciones… Lo sien…
– Ya basta de eso – susurro Momo, al girarse tenía una deslumbrante y falsa sonrisa que no dejaba entrever lo que en verdad sentía – me puedes alcanzar mi ropa. Deberíamos ver la película, ya se está haciendo tarde.
Él se apartó de ella y de forma servicial fue por sus prendas dispersas en la habitación, sus ojos miraban hacia cualquier lado menos a ella, le tendió su ropa cuidadosamente y ella le agradeció con una sonrisa, sin el más mínimo pudor se levantó de las sabanas y se pasó la blusa por encima de la cabeza, tomo solo las bragas y dejo de un lado el short de pijama.
En ningún momento el la miro, se quedó sentado a un lado de la cama haciendo el máximo esfuerzo por no fijarse en ella. Salió de la habitación, y una vez estuvo fuera dejo escapar un suspiro, la felicidad momentánea que le habían dado los orgasmos había desaparecido y había regresado a lo que era antes de todo, a ser solo amigos.
¿Por qué todo era tan difícil con Okarun?
Bajo a la cocina donde habían dejado el cuenco de palomitas y se zampo un puño, estaban frías y gomosas, comenzó a subir nuevamente las escaleras mientras masticaba las palomitas suaves. Al ingresar a la habitación noto como Okarun había acomodado su futon a un lado de su cama en su ausencia, y encendía la tv para poner el DVD de la película que habían elegido para eso.
Continuaban su rutina como si nada hubiera pasado. Y ella le había perdonado tan fácil. Miraron la película en silencio, comiendo a turnos de tazón de palomitas, de vez en cuanto la mirada de Momo se desviaba de reojo hacia él, poniéndose nerviosa y sonrojándose hasta las orejas cuando pensaba lo que acababa de hacerle y como ella no había reaccionado. Tan malo había sido, que él se había arrepentido de todo, y ahora la ignoraba y actuaba como si nada hubiera pasado. Esperaba en realidad que la relación entre ellos no desmejorara después de eso, porque a partir de este momento solo podía tomar dos rumbos, o avanzar como pareja o romper su relación de amistad por completo.
– Señorita Ayase – susurro Okarun, ella levanto la vista hacia él, desde la cama, lo veía desde arriba, sus ojos de ciervo herido la estaban mirando con dulzura – yo quiero que continuemos siempre siendo amigos.
Su corazón se hundió en su pecho. Como podía ser ese el mismo hombre que la había presionado contra la cama hace un momento. Ella no respondió y al poco rato él se quedó profundamente dormido.
¡Gracias por leer! Prometo que regresare por un próximo capitulo.
