Fideos

Poco había pasado desde la derrota de Tai Lung. El cielo estrellado relucía esa noche y brindaba una paz abrumadora que se cernía sobre el Valle de La Paz. En el Palacio de Jade, templo sagrado del kung fu . Recidían los maestros más respetados de la provincia , los cinco furiosos y con ellos el recién proclamado Guerrero Dragón.

En la cocina del palacio el humilde panda aún preparaba comida para sus nuevos amigos, podría haberse establecido como un maestro respetable, pero eso no quitaba en el panda la dulzura y humildad que siempre lo habían caracterizado.

Habían en la mesa cuatro puestos ocupados, por el maestro Mantis, el Maestro Mono, el Maestro Grulla y la maestra Víbora. Sus caras eran expectantes y sonrientes.

—Definitivamente la mejor hora del día es cenar los fideos de Po — exclamó Mantis alegre. Los demás lo acompañaron con un asentimiento de cabeza y una sonrisa .

Mientras terminaba de picar los vegetales de espalda a los cinco, el panda esbozó una sonrisa , típica de él. Se sentía aún más unido a sus compañeros , sentía que ya eran amigos y era algo que todavía no terminaba de procesar, es decir los cinco furiosos ¡Sus amigos! Era el sueño de toda su vida y por fin se hacía realidad.

—¡Sale una orden de fideos! —canturreó alegre el panda mientras servía cinco humeantes tazas de tallarines en caldo para él y sus amigos .

Sentado en la mesa , no pudo evitar dirigir la mirada a la silla vacía. Una sombra de tristeza atravesó su rostro. La Maestra Tigresa era quien hacía falta.

Los demás furiosos comían ávidamente y estaban bastante entretenidos — y probablemente acostumbrados— como para extrañar la presencia de la felina. Todos en la cocina sabían que lo más seguro es que se hubiera se había quedado entrenando un tiempo extra, nada extraño en ella.

Po había aprendido a conocerla mejor en este poco tiempo de convivencia, era muy observador en lo que se trataba de ella. Quizás demasiado.

En los entrenamientos había notado cómo cuando intentaba algo nuevo desenvainaba sus garras instintivamente y apenas lo notaba arrugaba su nariz y volvía a retraerlas. Había notado como era la última en dormir pues la luz de su habitación no se apagaba si no hasta un rato después que todas las demás e inclusive había notado que en las noches de tormenta dormía con una vela encendida , se preguntaba si tal vez tendría miedo a las tormentas, pero se reía inclusive de pensarlo , esa chica era temeraria y valiente. Estas cosas y muchas más eran anotaciones mentales que había hecho el panda, parecía más atento a ella que a los demás furiosos e inclusive esta manera de observarla le había dado cierta ventaja en los combates contra ella , claro que,no estaba ni cerca de poder vencerla , al menos no de momento.

Ella por su parte le mostraba más respeto e inclusive algo de agrado. Era difícil saberlo por su forma de ser, sin embargo se notaba que tenía pequeños cambios con el nuevo integrante del palacio de jade. Pero a pesar de esto , Po no había logrado que la felina probara su comida. Tenía claro que en un principio era una cuestión de orgullo , sin embargo se preguntaba porque ahora que eran más cercanos no le provocaba el probar sus fideos, claro está que , él nunca le había ofrecido un plato a la felina rayada, quizás le daba algo de vergüenza intentarlo y arriesgarse a ser rechazado.

Poco a poco la mesa se fue vaciando, cada uno de los guerreros emprendían camino a sus habitaciones y se despedían con amabilidad de sus compañeros . Pero Po , inmerso en sus pensamientos no fue consciente de esto hasta que se dio cuenta que había quedado solo en la inmensidad de la cocina… se levantó pesadamente de su asiento de madera sosteniendo con agilidad los cinco platos que quedaban en la mesa, los equilibraba perfectamente en sus brazosdebido a la costumbre que había adquirido en el restaurante de su padre ,pero su cabeza estaba ida, como aún procesando todo lo que estaba en su mente . Quizás , solo quizás si le ofreciera un plato de fideos a Tigresa las cosas podrían mejorar.

Se acercó al lavabo y dejó caer el agua sobre los trastes , salpicándose levemente la piel del pecho con el agua fría. Estaba tan disociado que no notó los suaves pasos en el pasillo.

—Pareces necesitar algo de ayuda—habló la voz de nada menos que la Maestra Tigresa.

Po , asustado al no haberla escuchado abrió sin querer un poco más la llave salpicándose de agua. La maestra hizo una media sonrisa mientras se acercaba al panda para ayudarlo con los trastes.

—Ma-Maestra Tigresa — tartamudeo el panda — No te escuché llegar

—Puedo darme cuenta —dijo ella con su habitual tono serio mientras enjabonaba con cuidado uno de los platos. Allí Po tomó nota mental de un nuevo. Tomaba los platos con suma delicadeza entre sus dedos, casi como si un mal contacto pudieran romper el plato en pedacitos , de hecho no lo dudaba, la maestra era conocida por su fuerza y no dudaba que pudiera romper ese plato con mucha facilidad, pero un serpentear de su cola le indicaba que no lo tomaba tan arbitrariamente, cuidaba sus movimientos , cuidaba la fuerza con la que tomaba aquel frágil objeto. Era como si cada movimiento de la felina fuera cuidadosa y metículosamente planeado.

El silencio en el ambiente comenzaba a pesar y sentirse levemente incómodo. Así que Po decidió tratar de llevar a cabo una conversación con Tigresa.

—No has cenado ¿ah? — Le preguntó tímidamente el panda. ¿Era en serio? ¿Solo podía pensar en comida? ¿Era lo mejor que tenía para charlar?

—No —Respondió ella secamente. Quizás demasiado pues al darse cuenta de esto agregó— Creo que llegué un poco tarde

Po vio su oportunidad de estrechar la relación con la maestra del estilo Tigre.

—¿Qui-Quieres que te prepare algo de comer? —Le preguntó el panda tartamudeando. Para él sería más que un honor cocinarle a la maestra Tigresa. Su idola.

—No tengo hambre en realidad — Contestó ella con su seriedad característica . Pero no contaba con que un sonido en su estómago le jugaría una mala pasada. El panda sonrió victorioso mientras ella agachaba la cabeza ligeramente molesta por la traición de su propio cuerpo.

—Eso suena como a que si…—Dijo el panda cuidadosamente de no sonar burlón, no quería arruinarlo. —Te puedo preparar una rica sopa de fideos … si te parece

Ella no respondió de inmediato, de echo planeaba negarse, como siempre. Pero ya había recibido una advertencia de su amiga Víbora de que debía ser un poco más amable con el panda. Si bien era cierto que ya no quería saltarle a la yugular, no se acostumbraba del todo a su presencia y ella era una chica de rutina, estaba acostumbrada a lo que estaba y ya. Era nuevo para ella tener al panda en el palacio. Po la observaba expectante con los ojos verdes brillantes , como los de un cachorro. Ella asintió lentamente con la cabeza .

—Muy bien, maestra Tigresa, estás a punto de probar los mejores fideos que hayas comido en tu vida. Pero antes, tengo que hacer la pregunta más importante…—dijo el panda con entusiasmo inclinándose hacia ella con un tono de dramatismo en su voz—¿Cómo te gustan?

La felina que había permanecido recostada contra la pared con los brazos cruzados desde que habían terminado de lavar los trastes,lo observo con curiosidad . Arqueó levemente una ceja y habló.

—Me gusta la comida picante — respondió ella

Po se quedó un momento procesando la respuesta , no respondió de inmediato y se limitó a poner los fideos en el caldo para que se comenzaran a cocinar.

—¡Oh! Sí, claro, picantes. ¡Por supuesto! — murmuró , y en un tono más bajo habló para sí mismo —¿Cómo no lo vi venir? Tigresa, fuerte, feroz… tenía que ser picante.

Ella estaba expectante. Se preguntaba si había sido una buena idea. Podía simplemente haber comido algo de tofu y ya está . Pero ya se había metido en esto, ya era muy tarde para arrepentirse.

Luego de unos minutos , el panda tomó un pequeño cuenco con ají rojo triturado y, con entusiasmo, comenzó a espolvorearlo sobre los fideos. Luego, para asegurarse de que fuera lo suficientemente picante, añadió un poco más. Y un poco más. Y… bueno, ya que estaba , un poco más.

—Esto es lo que llamo fideos con actitud — dijo sonriente el panda observando a la maestra aún seria .

Algo nervioso pasó sus manos por su propio rostro , sin embargo no notó que habían aun restos de ají en sus manos, hasta un momento donde por fin reaccionó, demasiado tarde.

—Oh no— murmuró el panda

Luego de un momento de silencio los ojos de Po se abrieron como platos para dar paso a sus gritos

—AHHHH! ¡ME ESTÁ QUEMANDO LOS OJOS!

Tigresa observaba la escena con una mezcla de incredulidad y burla. No podía creer que ese panda siguiera siendo tan torpe, pero probablemente era parte de su propia naturaleza. Pudo ver como tropezaba con torpeza y arrojaba el cucharon al suelo de la cocina mientras . La tigresa se acercó lentamente al panda que parpadeaba frenéticamente .

—Panda, ¿es en serio? — le preguntó ella aún incrédula

—¡NO VEO NADA! ¡ME VOY A QUEDAR CIEGO!

Tigresa suspiro, sin poder ocultar una media sonrisa burlona y con la agilidad característica de la maestra tomó un paño húmedo del mesón. Se inclinó hacia el panda , ahora sentado en el piso quejándose como un cachorro.

La felina acercó su mano con suavidad, generando un serpentear involuntario de su cola. Y coloco el paño húmedo sobre los ojos del panda , pasándolo con delicadeza .

—Cielos, deja de moverte panda —farfulló ella algo molesta . Era como tratar con un niño.

El panda obedeció, casi que inmediatamente en un reflejo, desde que llegó se había limitado a obedecer a la felina en la mayoría de cosas, después de todo era la que tenía más experiencia de los cinco. Sus ojos aún ardían , pero podía sentir otra clase de sensación abrasadora por su cuerpo al solo sentir el toque de la felina, podía sentir su corazón a acelerarse y su respiración entrecortarse.

Después de unos minutos aun con gotas de agua resbalando de su rostro, parpadeó lentamente mientras la sensación de ardor en sus ojos comenzaba a desvanecerse. Respiró profundamente para abrir los ojos en su totalidad .

Al principio su vista era algo borrosa y difusa, sin embargo a medida que se acostumbraba de nuevo a la luz notó que lo primero que podía observar eran los ojos de Tigresa brillando bajo la tenue luz de la cocina, un rojo carmín intenso, como brasas encendidas. Su corazón se aceleró aun más y sintió un leve rubor invadiendo sus mejillas mientras internamente rezaba para que ella no lo notara. No podía evitar ignorar el ambiente caótico de la cocina, el ardor de sus ojos, e incluso los fideos. Solo estaban ellos dos , a escasos centímetros de distancia.

Tigresa aún sostenía el paño húmedo en su pata derecha, lo observaba con una mezcla de diversión y quizás , solo quizás, algo de preocupación.

—Wow—susurró el panda

Tigresa enarcó una ceja sin apartarse aún. Su expresión siempre serena , aunque sus ojos reflajaban una calidéz que no solía verse a menudo.

—¿Qué? ¿Sigues viendo borroso? — preguntó ella

—No, en realidad ya veo con más claridad— respondió el panda aun embobado en sus ojos.

Por un momento el silencio se instauró entre los dos, pero esta vez no era incómodo. Po sentía el palpitar de su propio corazón acelerado mientras aún no desviaba la mirada de los ojos de ella, pudo ver en ellos una chispa, como si se suavizaran aún más, no con la intensidad que estaba acostumbrado a ver en la guerrera si no con algo más…sutil, algo más amigable.

Tigresa pareció darse cuenta de la cercanía y decidió romper el contacto, se levantó sacudiendo la cabeza levemente y volvió a su postura firme.

—Bien, supongo que ya no hay excusa para que no termines los fideos— le dijo con una media sonrisa y cruzándose de brazos.

Po volvió a parpadear, tardó un segundo en reaccionar.

—Oh, los fideos, Si, claro… eh …los fideos—dijo mientras se levantaba con torpeza. Se giró rápidamente hacia la estufa dándole la espalda a la felina ocultando el calor en sus mejillas. Por un momento, solo por un instante, Po se atrevió a observar de reojo a la maestra, quien seguía de brazos cruzados pero con una expresión más relajada. Sentía que algo había cambiado, no sabía con certeza qué era, algo pequeño, pero importante.

Terminó de picar algo de verdura que vació en el cuenco con los fideos picantes para la maestra…y ¿porque no? también sirvió una porción para él. Un plato de fideos nunca caía mal.

La maestra del estilo tigre tomó asiento en la pequeña mesa de madera de la cocina y Po sirvió ambos cuencos, sentándose de modo que quedara frente a ella. Quería ver su rostro.

Tigresa levantó los palillos y enrredó unos cuantos fideos entre ellos, observándolos por un momento antes de llevárselos a la boca. Po, la miraba con nerviosismo y expectación, esperando su reacción. Cuando ella dio el primer bocado cerró los ojos ligeramente , saboreando la mezcla de especias y el toque picante.

Pero mientras el sabor se asentaba en su paladar, algo más despertó en su mente. Un recuerdo.


POV de Tigresa:

—¡Gracias cinco furiosos! — Gritaba la multitud celebrando entre vítores y música festiva.

La primera misión del equipo que el maestro Shifu—el mejor maestro de kung fu de China y discípulo de Oogway—habíasido todo un éxito. La batalla se había llevado a cabo en el Rio Sollozante, el cual pasaba por los límites del Valle de la Paz. Un ejército donde los guerreros eran superados mil a uno. Pero comandados por la líder del grupo, la Maestra Tigresa, había logrado superar la adversidad, siempre persistentes, siempre trabajando en equipo, siempre firmes y radicales. El pueblo los había recibido como héroes por primera vez y era, por supuesto, un motivo de celebración.

Ella iba detrás de sus compañeros, tenía una herida en su costado izquierdo pero apenas y la notaba, sus compañeros estaban ilesos y eso para ella era lo más importante. Se sentía bien, sentía que podía lograr el orgullo del maestro Shifu al haber liderado esa exitosa misión. Vivía, comía y luchaba constantemente por el orgullo de quien ella consideraba su padre, pese a que él no la considerara su hija. Habían sido años difíciles, donde ella solo pretendía volverse más y más fuerte, perfeccionar su estilo hasta que sobrepasara el tope.

Debía ser paciente y disciplinada; y la misión de ese día le había dado un pequeño avance en sus objetivos. Caminaba entre la multitud , asintiendo de vez en cuando a modo de agradecimiento por los cumplidos de los habitantes del valle de la paz. Hasta que encontraron de frente a su maestro. Ella fue la primera en hincarse de rodillas y apretar su puño contra su palma en señal de respeto, sus compañeros casi que automáticamente la siguieron.

Ella cerró los ojos, esperando las palabras del panda rojo.

—Bien hecho estudiantes — Les dijo a secas el maestro Shifu. Los observaba detenidamente a cada uno de ellos, todos parecían en perfectas condiciones, salvo la maestra del estilo Tigre , no se le veía precisamente mal, de hecho se le veía casi perfectamente , solo al observarla con detenimiento se podría vislumbrar la sangre seca en su costado izquierdo, parecía una herida de flecha o quizás un rasguño, al parecer nada serio.

—Tigresa— la llamó su maestro. Ella abrió los ojos, brillantes y expectantes. Caminó lentamente hacia su maestro.

—Maestro —dijo hincándose de nuevo.

El panda rojo se sintió tentado a decirle que había hecho un buen trabajo liderando y cuidado al equipo, incluso se sintió impulsado a preocuparse por su herida. Sin embargo una imagen de Tai Lung atacando el Valle cruzó por su mente, su hijo había sido así por sus cumplidos, por llenar su cabeza de ilusiones y hacer crecer su ego. No permitiría eso dos veces.

—Debes revisar tu técnica— Le dijo seriamente el maestro , mientras que con un bastón señalaba el costado de ella.

—Si ,maestro —Respondió ella con su habitual respeto cerrando los ojos.

El panda rojo no dijo nada más y comenzó a conversar con los aldeanos cercanos, en particular con un ganso de edad madura.

Los ojos de la felina de escasos diecisiete años se abrieron , la luz de sus pupilas se apagó y por ellos cruzó un atisbo de decepción. El maestro siempre tenía razón, si bien había recibido esa herida protegiendo al maestro Grulla de un ataque, lo cierto es que debió ser más pulcra y no tuvo mucho cuidado, no planeó, fue instintiva.

Debía mejorar.


POV de Po:

El primer guerrero que Po visualizó fue al maestro Grulla que había llegado en primer lugar surcando los cielos, seguido respectivamente del Maestro Mono, el Maestro Mantis, la Maestra Víbora y por último su intrépida líder, la Maestra Tigresa.

Para ese entonces Po tendría unos escasos dieciocho años de edad, pero desde la presentación que presenció hace un año de los cinco furiosos había quedado encantado con el equipo…claro que , él había sido el primero en verlos en acción, aquella noche de verano —con apenas dieciséis años—cuando recogía rábanos para el restaurante de su padre y vio a la maestra Tigresa descubrir su propio estilo y por primera vez luchar con los que ahora eran sus compañeros de equipo. Pero no podía olvidar la presentación pública del equipo, particularmente por las miradas que intercambió con cierta felina, era la primera vez que la saludaba y con torpeza terminó manchándose la cara de comida provocando una sonrisa en la estudiante del maestro Shifu… haría lo que fuera por ver esa sonrisa de nuevo.

A Po se le ocurrió una idea, corrió con su padre para consultarle e increíblemente obtuvo su aprobación, invitarían a los guerreros a comer en el restaurante de su padre como agradecimiento por proteger el Valle de la Paz… más bien como una excusa para poder verlos más de cerca. Pero sin importar la razón, su padre ya se encontraba hablando con el maestro Shifu para permitir que sus estudiantes pasaran al restaurante, después de todo para el ganso era publicidad gratuita.

Tras unas cuantas negativas del panda rojo alegando el honor y responsabilidad que tenían sus estudiantes con el Valle, el señor Ping logró convencer al maestro de permitir a su equipo almorzar en el restaurante.

Pese a haber venido tras el grupo, la Maestra Tigresa sorpresivamente fue la primera en cruzar el umbral de la puerta. Po no podía dejar de mirarla con ojos encantados. Era perfecta, simplemente hermosa. Iba a la cabeza del grupo y parecía que desfilara con sus delicados pero firmes compañeros la seguían de cerca , inclinando la cabeza a modo de saludo y agradecimiento a los aldeanos.

Sin embargo Po, notó algo en ella. Ya no sonreía. Pese al ambiente festivo la felina mantenía un semblante duro y serio. ¿Cuánto había cambiado en un año? ¿Por qué?. Se le veía más firme, con su cabeza siempre en alto, y aunque era amable con los aldeanos , no era cercana, parecía que hubiera construido una especie de barrera.

El panda dejó sus pensamientos de lado, tenía que atender a los héroes. Aunque su padre ya se había hecho cargo de tomar los pedidos de los guerreros y prácticamente lo azotaba con el cucharón de madera para que lo acompañase a cocinar.

En unos breves minutos, Po salía de la cocina con cinco platos humeantes de fideos del señor Ping. El restaurante estaba a reventar pues los aldeanos del Valle vieron a los furiosos entrar en él,lo cual dificultaba al panda pasar entre las mesas llenas de clientes. Sin embargo con un perfecto equilibrio desarrollado en sus años de práctica en el restaurante llevaba la comida de los guerreros en sus brazos.

—Wow, los cinco furiosos— fue lo primero que atinó a decir cuando se encontró en la mesa. Sus manos sudaban y sentía que le daría un ataque cardiaco. Eran sus héroes. Por un momento tuvo toda la intención de pedir sus autógrafos , pero decidió no molestarles.

Dirigió una sonrisa a los guerreros que todos amablemente devolvieron…todos menos una.

—A ver cuatro platos de fideos especiales de ingrediente secreto, unos bollos de toffu y …¿Para quién es el picante? — preguntó animadamente el panda.

La mesa se silenció por un momento cuando una voz en el extremo habló.

—Esa es para mi— dijo Tigresa, no lo miró por más de dos segundos, pero fue suficiente para acelerar aún más el pobre corazón del panda. No sabía si lo había reconocido o no, lo más probable era que no. Sin embargo guardaba la esperanza de ver un sus ojos ese brillo que vió hace un año.

—Aquí tiene…Maestra Tigresa—murmuró el panda. Y aunque pareciera mentira, ella lo miró de nuevo , con sus alucinantes ojos color fuego .El corazón del panda parecía estallar , sus pupilas se dilataron ocultando levemente el color verde de sus propios ojos y un suspiro vago abandonó su garganta con solo verla. Ella realizó un asentimiento con la cabeza y pudo jurar , por un instante que una muy leve sonrisa curvó sus labios.

Se dio media vuelta luego de obtener un gracias colectivo de los guerreros del kung fu. Pero verla a ella, verla sonreír , eso era todo lo que necesitaba, se sentía como una fiebre, como si se quemara en vida


POV de Tigresa

El zumbido de los pensamientos en su cabeza era implacable. Una y otra vez repasaba la escena en su mente, como si al repetirla pudiera deshacer el error. Su ataque, su defensa. La decisión de moverse.

Se había interpuesto entre el golpe y Grulla sin pensarlo, y ahora su costado dolía con cada respiración. Pero podría haberlo evitado.

Cerró los ojos un momento, su mandíbula tensa. Otro error.

¡Mierda!

No era suficiente. Nunca era suficiente.

Si su primer gran misión terminaba con un fallo como ese, significaba que debía entrenar más, corregir cada mínima imperfección. Hasta que sus reflejos fueran infalibles. Hasta que ni siquiera tuviera que pensar.

Su mirada se había quedado clavada en la mesa, viendo sin ver. Pero entonces, una voz ajena la sacó de su ensimismamiento.

—¿De quién es la comida picante?

Parpadeó y alzó la mirada con lentitud.

—Esa es para mí —dijo, aún con la mente a medias en sus pensamientos.

Y fue entonces cuando los vio.

Ojos verde jade, grandes y brillantes, cálidos de una forma que no supo describir. Tigresa sintió un extraño eco en su memoria. ¿Dónde los había visto antes?

No podía decir que reconocía el rostro, pero algo en esa mirada le resultaba familiar. O no la mirada en sí, sino la sensación que evocaba.

Confianza. Seguridad.

Un latido retumbó fuerte en su pecho. No desbocado, no alarmante, pero lo suficiente para que se diera cuenta.

—Aquí tiene… Maestra Tigresa —murmuró el panda, ofreciéndole su plato con una leve inclinación de cabeza.

Tigresa asintió con la cabeza y, sin pensarlo, esbozó una sonrisa. Pequeña. Apenas una sombra de expresión. Pero ahí estaba.

No supo por qué lo hizo. Tal vez fue por la amabilidad en la voz del panda, o porque su presencia no le resultaba intrusiva. O tal vez, porque en ese breve instante, la sensación de error e insuficiencia dejó de pesarle tanto.

Pero la conciencia la golpeó de inmediato, así que bajó la mirada y se reprendió en silencio.

Po se retiró, y ella tomó los palillos, enfocándose en la comida. Los fideos enredados y el caldo humeante frente a ella.

No es que tuviera una dieta estricta, pero en el palacio casi siempre comía tofu. Le gustaba, sí, pero era lo único que conocía.

Acercó el cuenco y respiró hondo. El aroma a especias flotó hasta su nariz, penetrante y reconfortante a la vez.

Picante.

Siempre le había gustado el picante, desde que tenía memoria. Y cuanto más fuerte, mejor.

Tomó un bocado.

El calor invadió su lengua de inmediato, expandiéndose por su boca en un hormigueo familiar. Bajó por su garganta en un leve ardor que la hizo cerrar los ojos un instante. Una sensación tan intensa y viva que hizo desaparecer todo lo demás.

Y sonrió. Su sonrisa, pequeña, pero sincera.

En ese momento, no estaba pensando en la misión. Ni en sus errores. Ni en lo que debía hacer mejor.

Solo estaba ahí, disfrutando.

Sin saberlo, por primera vez en mucho tiempo.


La primera vez que probó aquellos fideos había estado sumida en la frustración, atormentada por su error en la misión. Había sentido que debía ser más, que debía hacer las cosas mejor, que lo que era no bastaba. Pero en medio de ese torbellino de autocrítica, aquella sopa picante se había deslizado en su paladar y, contra toda expectativa, la hizo sentir bien.

No lo entendió en ese momento.

Pero ahora, con los años y la distancia, lo veía con claridad.

Porque en ese mismo instante también lo había visto a él.

Po.

Recordó la sorpresa de haber encontrado aquella mirada verde jade, llena de una amabilidad que la descolocó sin razón aparente. Recordó la forma en que su corazón reaccionó, no de forma desbocada, pero sí con un cambio que no pudo ignorar.

Y ahora estaba aquí, en el presente, con el mismo plato de fideos frente a ella y Po sentado al otro lado de la mesa, devorando su comida con esa expresión de satisfacción absoluta que siempre lograba arrancarle una sonrisa.

Una sonrisa que esta vez no reprimió.

Porque, sin darse cuenta, esa sensación de calidez ya no venía solo de la sopa.

Vino de él.

Vino de la confianza con la que ahora hablaban.

Vino de la forma en que podía compartir una simple comida sin sentir la necesidad de probar su valía.

Po había estado en su vida tanto tiempo y apenas podía recordarlo. Pero siempre había estado allí, admirándola, apoyándola, adorándola. Algo dentro de ella sabía que, desde aquella primera mirada, él ya había comenzado a cambiarla.

Se quedó mirándolo unos segundos, lo suficiente para notar cada pequeño detalle: la forma en que devoraba los fideos con entusiasmo infantil, la manera en que sus ojos se entrecerraban de pura satisfacción con cada bocado, cómo su risa quedaba atrapada entre sorbos de caldo humeante. Era tan él.

Y, sin darse cuenta, su sonrisa permaneció.

Po levantó la vista en ese instante y sus orejas se movieron con leve inquietud al notar su mirada fija en él. Parpadeó, desconcertado, como si tratara de descifrar qué había de diferente en ella.

—¿Tengo algo en la cara? —preguntó con sincera preocupación, interrumpiendo su festín para pasar la manga por su hocico. Tal vez había vuelto a regar la comida, o, peor, quizá tenía otro bigote de fideos.

Tigresa negó con la cabeza, aún con esa expresión suave, aún con ese pequeño brillo en sus ojos que ella misma no entendía del todo.

Pero no deshizo su sonrisa.

No esta vez.

Po frunció ligeramente el ceño, inclinando la cabeza mientras la observaba. Había algo diferente en ella.

No era común verla así, relajada, con una sonrisa que no era arrogante ni desafiante, sino algo más… cálido.

—Entonces… ¿qué es? —preguntó con un tono más suave, aún curioso—. ¿Por qué sonríes?

Tigresa se quedó en silencio un instante, bajando la mirada hacia sus palillos, girándolos entre los dedos. Ni siquiera se había dado cuenta de que sonreía.

—No lo sé… —murmuró al principio, pero en cuanto el sabor picante aún persistente en su lengua le hizo cosquillas en la garganta, supo que sí lo sabía.

Se mojó los labios antes de volver a hablar.

—Es… este sabor —dijo finalmente, levantando un poco su cuenco como si eso explicara todo.

Po arqueó una ceja, sin estar del todo convencido.

—¿Los fideos? —preguntó, y luego sonrió con orgullo—. ¡Bueno, claro! Son los mejores del Valle.

Tigresa rodó los ojos con diversión, pero no lo corrigió. Él no entendía. O tal vez sí, pero no del todo.

—Me recuerdan algo —admitió, con la voz más baja, como si de pronto el calor del cuenco entre sus manos fuera más reconfortante de lo que debía ser—. Algo que… no sé cómo describir.

Po ladeó la cabeza, apoyando un brazo sobre la mesa mientras la observaba con atención.

—¿Algo bueno? —preguntó con curiosidad genuina.

Ella inspiró lentamente. Sí. Algo bueno.

Algo que le traía un calor distinto al de la sopa. Algo que no venía solo del picante, sino de la calidez de un recuerdo.

Y de él.

No lo dijo en voz alta, pero Po pareció conformarse con la expresión en su rostro.

—Sí… algo bueno —repitió finalmente, sin darse cuenta de que, una vez más, sonreía.

Tomó otro bocado. El picante volvió a envolver su lengua.

Y Tigresa supo que nunca había sentido tanto confort en un plato de fideos como en ese momento.


¡Hola! Sé qu habrán unos pocos que se pregunten ¿por qué no ha actualizado "Sueños"? calma, esta en proceso el capítulo, pero ya saben que cuando la inspiración llega hay que aprovecharla. Espero que les guste este oneshoot. Me encantaría, amaría y me motivaría demasiado que me comentaran algo, lo que sea jaja me encantaría poder leerlos.

Un abrazo

ps. La inspiración me llego luego de ver un corto en el perfil de @Moro_993 en tik tok. Les super recomiendo este perfil si aman el TiPo! Es increible