Campamento I
—¡Apresúrate Dylan! ¡Solo faltas tú! —gritó Delilah desde cerca del autobús.
La casa se encontraba vacía, algo raro en verdad, sin embargo, el autobús esperando afuera estaba lleno hasta casi estallar, todos los cachorros dentro estaban listos para partir, y solo Dylan quien trastabillaba con sus maletas faltaba por subir.
—Ya voy, solo tengo que. ¡Woaaahhh!
¡PUUUM!
Una de sus maletas se le cayó y todo se desperdigó en el suelo.
—Ains —Delilah suspiró—. Esto tomará un tiempo, Dolly ayuda a tu hermano por favor —Dijo mientras entraba al autobús intentando tranquilizar a los cachorros.
Desde la parte de atrás, entremedio de una pared sólida de manchas, la cabeza de la dálmata se asomó, siendo aplastada por los demás cachorros al instante.
—¡Nghhhaa! Si claro, no hay problema —Soltó con algo de sarcasmo mientras se deslizaba forzadamente a través de todos sus hermanos; finalmente cuando logró zafarse cayó al suelo y rodó fuera del vehículo, aterrizando al lado de su hermano—. ¡Fuaaa! Esto sería más fácil si no lleváramos tantas cosas —Exclamó la dálmata mientras ayudaba a Dylan con sus maletas.
—¡¿Y perderme de una noche despejada?! —exclamó mientras guardaba sus mapas estelares—. Olvídalo.
—Vamos Dyl, solo es una semana, empacaste como si nos fuéramos un mes completo —La dálmata termino de guardar la maleta de su hermano y la cargó al vehículo.
Ambos hermanos subieron al autobús y se codearon para encontrar un lugar, ya todo listo el vehículo arrancó, y la casa se perdió en el horizonte detrás.
Las horas pasaron y el camino se volvió más amplio y despejado, los alrededores se hacían menos urbanos. Dentro del vehículo unos cachorros iban jugando y correteando mientras otros iban espiando por la ventana hacia el paisaje. De entre esos tanto Dolly como su a veces insoportable hermano Dylan veían embelesados el paisaje.
Después de un tiempo de viaje tuvieron que hacer una parada técnica, así es, todos hicieron fila y escogieron un buen árbol, tomaron algo de aire, estiraron sus músculos y se volvieron al autobús.
Unas cuantas horas más pasaron y finalmente a lo lejos la familia empezó a ver su destino.
Habían elegido un parque campamento para pasar la semana, había mucho que podrían hacer, Dough y Delilah sabían que aquí podrían tener un poco más de descanso, había un lago, mesas de picnic, un bosque cercano y otras cosas más, pero principalmente habían venido por las tiendas rentables, la experiencia de estar en un campamento principalmente.
Habiendo llegado la familia, bajaron sus maletas, se procuraron un buen lugar y empezaron a disfrutar de sus actividades.
Da Vinci estaba correteando detrás de un frisbee de unos turistas, Dj y Delgado estaban atracando el comedor junto a más de sus hermanos, mientras Dante Flotaba tranquilamente sobre un inflable en el lago.
—Aaahhh... —suspiró placentera mente el dálmata quien disfrutaba de los rayos del sol. Ahí yacía, flotaba en el centro con suma serenidad y lentitud.
El dálmata profeta estaba tan relajado, que nunca pudo advertir a tiempo, que una sombra se deslizaba debajo de la superficie del lago, se movía de manera escurridiza con las más hostiles intenciones; estaba cerca del dálmata y este aún no presentía su más que pronto destino. Se acercaba más, y más, a una velocidad vertiginosa.
Dante vio a lo lejos como uno de sus hermanos lo saludaba en la orilla, por desgracia por la distancia no pudo ver su rostro ni escuchar su advertencia, así que simplemente le devolvió el saludo, y volvió a relajarse; esa sombra estaba ya por debajo de Dante y de la nada, la superficie del agua se rompió, salieron de ella dos pequeñas cachorras, Dizzy y Dee Dee saltaron hacia Dante y lo tiraron al lago, Dante se sobresaltó y asustó por la sorpresa repentina; ambas gemelas se desbarataban a risas mientras le arrojaban más agua a su cara; el otro dálmata les empezó a seguir el juego e incluso participó.
Sip, definitivamente todos se estaban divirtiendo.
Dolly logró, a la fecha los demás no saben cómo, convencer a su hermano a jugar a escalar los árboles. Ambos se quedaron atorados un par de veces en una rama alta, pero ambas veces los rescató Dough.
El día así transcurrió, lento pero lleno de actividad, el atardecer se había levantado en el cielo y finalmente todos los dálmatas habían regresado con sus padres, está vez dormirían en cabañas, había humanos en la cabaña de al lado, pero estos estaban afuera, preparando snacks en una noche finalmente cayó, la mayoría de dálmatas estaban dormitando dentro de la cabaña, se acercaba la media noche y finalmente Dylan había bajado del techo para ver estrellas. Cuando estaba en la puerta de la cabaña logró observar a Dolly y unos cuantos cachorros más en la esquina observando a los humanos en su fogata;Dolly se quedó al principio babeando por uno de esos snacks, planeaba robar uno tan pronto como se distrajeran, pero luego de un tiempo en que los humanos contaban anécdotas y chistes a la luz de su fogata, los dálmatas se quedaron, escuchando con atención.
—¿Que están haciendo?
—Shhhh… —Le callaron tanto Dolly como los otros cachorros sin siquiera voltear a verlo.
—¿ah…? —Dylan confundido se asomó junto a ellos.
La fogata había ido muriendo conforme la noche entraba, así que los humanos finalmente decidieron retirarse a su cabaña a descansar, levantaron todo y dejaron la ya moribunda fogata vací en ese momento, cuando la puerta de la cabaña humana se cerró, los cachorros rodearon la fogata y Dolly intentó avivarla añadiendo un par de leños, sin embargo, la llama en lugar de volver a subir decreció, casi desapareció.
—¿¡En serio!? ¿Estaban esperando que los humanos se metieran?
—Queríamos quedarnos un rato contando historias, como ellos —respondió un cachorro mientras le hacía ojos tristes a Dylan.
—¡Maldición! —Dolly intentaba soplar para avivar la fogata, pero está seguía sin subir.
—¡Eres una tonta! —La regañó Dylan, la quitó y con un palo removió los troncos—. Estás ahogando el fuego, este necesita respirar antes de que le pongas mucho volumen que consumir —Luego de eso el fuego empezaba a crecer un poco más, y lentamente recobraba fuerza y calor.
Dolly entonces le propuso quedarse y contar historias junto a ellos, pero Dylan rechazó; estaba a punto de doblar hacia su cabaña, pero su hermana lo retó.
—¿Acaso le temes a la oscuridad, cachorro?
—¿Qué? —El dálmata volteó—. ¡Por supuesto que no!
—Vamos Dyl, sé que no podrías aguantar ni una historia.
Eso desencadenó un poco de terquedad en el dálmata, el cual regresó y se sentóenfrente de su hermana del otro lado de la fogata.
—De acuerdo, también debo asegurarme de que estén a salvo —declaró Dylan.
—Gracias hermano, no sabríamos que hacer sin ti —le respondió Dolly sarcásticamente con una sonrisa.
Todos los cachorros despiertos ya estaban alrededor de la fogata, unos cuantos asaban malvaviscos y unos más se calentaban las patas en la fogata, no era de extrañar pues la media noche había llegado, la luna se alzaba por lo alto y se escuchaba un aullido que lentamente se perdía en la espesura de los bosques...
¡Auuuuuuuuu...!
