Hola, gracias por estar aquí. Después de mucho tiempo, he publicado la historia. Así que, hagamos de cuenta que la anterior, 'Prófugos de Lugunica', no existe y solo esta versión cuenta. Dejaré la otra publicada para recordar siempre el error que cometí.

Ahora, para que quede claro, los personajes importantes aparecerán, en el capítulo 5 o 6; no estoy seguro. Esta historia será mucho más larga que la anterior que se quedó en 70.000 palabras y esta tendrá más de 100,000.

Sin nada más que agregar, ¡disfruta de la lectura! Este es como un prólogo de la historia. Pienso que debo subir los capítulos poco a poco en lugar de hacerlo de una vez, así que será así. Esperen capítulos cada dos semanas, si es que a alguien le llega a interesar esto, lo cual dudo.

Una chica Estaba sentada en una caravana, tenía un pelo largo, liso y plateado que le llegaba hasta las caderas. Lleva una rosa blanca con una cinta morada y delgada en forma de lazo al lado derecho de su cabello, y un broche en forma de mariposa blanca en la parte izquierda de su flequillo.

Sus pestañas son negras y sus ojos púrpuras con pupilas puntiagudas de color azul. Viste un conjunto blanco y morado, junto con un collar que tiene un cristal azul. Era nada menos que la heroína principal, Emilia.

la caravana avanzaba tirado por un dragon de tierra, recorriendo un camino polvoriento. Había estado viajando durante dos días y se sentía visiblemente aburrida.

Sola en la cabina, reflexionaba sobre si había tomado la decisión correcta al ir sola con Otto Suwen, el actual ministro de asuntos internos, quien dirigía los dragones.

De alguna manera, extrañaba las ocurrencias de Subaru y sabía que, si él estuviera allí, no se aburriría ni un momento; él no lo permitiría. Habían pasado siete meses desde los sucesos en el santuario, y la derrota de el gran conejo y gracias al apoyo conjunto de todos, en especial de Subaru ella supero las pruebas y liberar el sello de el santuario. Desde entonces, los días se habían vuelto más tranquilos.

Después de recuperar sus recuerdos y enfrentarse a su pasado, se sentía más confiada y poderosa, habiendo mejorado notablemente en varios aspectos al enfrentar su pasado.

A pesar de su aburrimiento, se sentía inquieta y miraba una carta que se encontraba en su mano, preguntándose por qué había recibido una inesperada convocatoria del consejo de los sabios.

La carta solo decía que era una reunión y nada más; no daba explicaciones sobre el porqué, lo cual aumentaba su inquietud. Nunca antes la habían convocado sin una razón aparente, y siendo esta la primera vez, era normal que se sintiera así.

La convocatoria del consejo de los sabios era inesperada y no podía evitar preguntarse qué podría ser tan importante como para requerir su presencia. Se preguntaba si estaría relacionado con su papel como candidata a la Corona de Lugunica o si sería algo más.

Varios interrogantes se agolpaban en su mente. Y pensar era lo único que podía hacer mientras se acercaban a la capital de Lugunica.

Se preguntaba si era algo serio, si todas las otras candidatas habían sido convocadas o solo ella, o si acaso algo malo estaba sucediendo en la capital, tal vez se precipitaban las elecciones, o peor aún, Volcanica se había rebelado y ahora quería aniquilar a todos.

Emilia sacudió la cabeza rápidamente; le parecía absurdo que traicionara al reino después de tantos años sin parecer tener nada en contra de Lugunica, y por la Selección Real probablemente esté esperando a que la próxima gobernante esté presente antes de actuar.

Él era un ser que probablemente casi nadie comprende y parece no tener nada en contra de nadie, aun si la mayor parte de la familia real había muerto hace tiempo y no había roto el pacto. Justo ahora, eso sería terrible para ella y para todos. O si fuera diferente se preguntó qué haría con su vida si llegara a perder la selección real.

Miro afuera de la ventana, pensando si llega perder las elecciones: "¿qué haría después?" Se preguntó Emilia cuando estaba sola. Siempre tenía muchas cosas en mente y nunca pensó realmente en eso. Quería pensar que estaba en igualdad de condiciones con las otras candidatas y que no estaba en desventaja por ser medio elfa.

La facción de Emilia logró notables éxitos, como la derrota de la Ballena y de la Pereza. Aunque la facción de Crusch fue la que lideró la ofensiva contra la Ballena, la propia Crusch declaró públicamente la contribución de Natsuki Subaru en la derrota de la gran Mabestia.

También las otras facciones colaboraron en la derrota de la Pereza, pero en gran medida fue gracias a la contribución y ayuda de Subaru.

Ambos logros atrajeron inmediatamente la atención del público hacia Emilia, quien anteriormente había sido considerada como un personaje de relleno dentro de las elecciones.

Por eso la opinión de las personas sobre ella había mejorado, pero le preocupaba que no fuera suficiente para ganar. Aunque faltaba mucho tiempo antes de que la próxima Gobernante fuera elegida, le angustiaba que, por su condición, pudiera perder miserablemente.

--¿Roswaal... ¿Él realmente rompería los lazos conmigo? ¿Tendría que regresar al bosque y vivir como una ermitaña?

A Emilia le dio un escalofrío en la espalda al pensar en eso. Vivir sola en el bosque de Elior, no lo decía abiertamente, se había acostumbrado a la vida de lujo en la mansión principal de la familia Mathers. Volver a comer nueces para sobrevivir le provocaba escalofríos; y vivir en soledad de nuevo, sin Puck, lo consideraba un castigo.

Emilia se rió en voz baja después de pensar en eso durante varios minutos. Subaru probablemente se pondría frente a la puerta y no la dejaría irse, o amenazarían a Roswaal para que se quedara, o lo agarrarían a golpes. Sabía lo intensos que eran algunos de su campamento.

Roswaal no se encontraba en una posición de hacer algo por su sello maldito en contra de ella o del campamento. Aquellos que saben lo que él hizo, si el reino se entera de las acciones de Roswaal, dañaría su reputación y probablemente la de su familia, o tal vez alguna figura importante iría a darle caza si es que se considera peligroso a alguien como Roswaal.

El cual no parecía importarle mucho el resultado de las elecciones, parece convencido de que Emilia ganaría, aunque su propia cabeza rodara después de que ella fuera Reina. Cree que cumplirá sus objetivos antes de ser juzgado abiertamente por todos.

Y si dado el caso de que Emilia no llegaba a ser reina, Roswaal simplemente tendría que seguir apoyándolos, incluso si sus planes no salen como él quiere.

En cambio Emilia se había encariñado con todos; alejarse de ellos no era algo que quisiera hacer, especialmente de Subaru.

Si llegara a perder las elecciones, buscaría otra manera de descongelarlos. Renunciar no era una opción que Emilia considerara en ese momento. Aun así, si no salía victoriosa, su deseo de erradicar el racismo de los humanos hacia los semihumanos seguiría intacto. Aunque sin el título de Gobernante sería cuatro veces más complicado lograrlo, contar con alguien tan decidido como Subaru a su lado había influido notablemente en su forma de pensar.

Se recostó en el asiento y miró el techo de la caravana con sus grandes ojos amatistas al tener muchas cosas en mente no podía adivinar el porqué de ese inesperado llamado. Y al enfrentar la perspectiva de tomar la palabra, Emilia sentía una creciente ansiedad en su interior, temiendo que no lo haga bien, pero manteniendo la esperanza de un desenlace favorable.

-¡Emilia-sama estamos cerca de llegar a la capital!

Los pensamientos de Emilia fueron interrumpidos por escuchar la voz de Otto.

Otto tiene el pelo gris que le enmarca el rostro y le cae justo por debajo de la barbilla. Tiene ojos azules brillantes y penetrantes y un tono de piel claro. está vestido de verde, lleva un guardarropa verde con cinturón, así como una capucha verde oscuro, sostenida por un lazo rojo. También lleva una ushanka verde, decorada con una pluma blanca. Su sombrero está bordeado de oro y ahora era alguien importante dentro del campamento de Emilia.

Emilia giró la mirada hacia donde escuchó la voz para ver a Otto, que la observaba desde la pequeña ventana delantera de la caravana.

-Ah... sí, gracias por avisarme, Otto-kun. Se sintió como una eternidad... ¿Pasa algo? Tu rostro.

Emilia habló en tono relajado, pero al notar la mirada de Otto, que parecía estar visiblemente preocupado por algo, se sintió algo agitada. No pudo evitar preguntarle si ocurría algo; era propio de ella preocuparse cuando alguien estaba preocupado, y el hecho de que el viaje hubiera transcurrido en silencio durante todo el tiempo la hizo cuestionar esto.

-¿Mi rostro? ¡¿T-tengo algo en la cara?!

Otto se acarició la cara de manera ansiosa, sin lograr comprender del todo lo que Emilia intentaba expresar. Ella soltó una risita suave; en ocasiones, él lograba ser incluso más despistado que Subaru sin darse cuenta de ello, pero esto no le resta valor, ya que es realmente hábil en temas de burocracia.

Emilia se aclaró la garganta, ya poniéndose un poco más seria, pero por la acción de Otto no podía estarlo completamente.

-¡No, no, no! No tienes nada en la cara, simplemente pareces estar preocupado por algo.

Otto dejó de tocarse la cara y se rió avergonzado. Había estado bastante distraído desde ese viaje. No era algo que quisiera, a veces, cuando estaba trabajando. Subaru solía estar de humor para hacer chistes, y casi siempre terminaba en lo mismo: se ponía a gritar cómicamente enojado o, algunas veces, todos se ponían de acuerdo para decir algo que no comprendía, pero que le parecía ofensivo.

A la vez su enojo era comprensible; casi se la pasaba todo el tiempo en un escritorio, sentado frente a una montaña de papeles, lo cual eventualmente ponía de mal humor a cualquier persona con razonamiento común.

Como ahora era su vida y se sentía importante, se sentía bien con su trabajo actual, y el hecho de que tiene a cierta persona con cara de payaso homosexual en su mira le ayudaba a soportar su nuevo trabajo que era mucho mejor que convertirse en exclavo.

Emilia, aún expectante ante su respuesta, esperó a que dejara de estar tan incómodo, cruzando sus manos sobre sus muslos con confianza, en un gesto elegante.

-Ehem... s-si perdón algunas veces soy algo obvio... Emilia-sama... ¿no considera que esto es un poco insólito? No sé cómo explicarlo, de todos modos, ¿no siente que algo está mal con todo esto?

Otto se aclaro la garganta antes de hablar no se había dado cuenta que habia sido demasiado obvio con sus expresión, se sintió en ese momento un poco desalentado, pero ya que Emilia pregunto el no podía evitar decir lo que le preocupaba.

Aunque no había dicho nada específico Emilia sabía a lo que se refería, la carta, la inesperada llamada de parte del consejo para que valla a la capital. Se sentía algo aliviada de que no fuera la única que consideraba ese llamado algo extraño.

-Si Otto-kun siento que algo está mal con este imprevisto llamado... cuando leí la carta me sentí un poco inquieta.

Otto miró al frente antes de responderle a Emilia. Por seguridad, no tenía en sus planes salirse del camino; ya parecía haber experimentado un accidente antes, tal vez hace unos años cuando aún era un joven comerciante.

-Si se siente insegura con este viaje, ¿por qué no dejó que Natsuki-san la acompañara? No quiero parecer entrometido; usted es la que manda aquí.

Emilia no respondió. Se quedó pensando un tiempo en la pregunta de Otto: ¿por qué había ido sola? Otto no contaba como compañía. Emilia sabía que ahora él era su caballero, y que el hecho de que no le hubiera dejado ir parecía que su título era solo una decoración.

Sin embargo, había algo más. Eran cosas que Emilia tenía en mente. El hecho de que, si llegaba a ganar las elecciones, tendría que pasar menos tiempo con él y sabía que eso sería doloroso. Quería, más pronto que tarde, hacer algunas cosas sola, ser independiente y agradecer el buen corazón de Subaru, pero quería sentir que podía hacer algo importante sin necesitar la ayuda de nadie más.

Aún así después de haberlo pensado mejor durante todo el viaje, sintió que había sido algo egoísta. Su corazón la traicionaba por haberlo dejado atrás; no quería que la confianza que tenían entre los dos se rompiera.

Cerró los ojos y se recostó más en su asiento. Se prometió a sí misma recompensar a Subaru después, y si había algún otro viaje, sí dejaría que su caballero la acompañara. Él era alguien muy importante para ella, el que le hizo sentir muchas cosas como: agradecimiento, confianza, cariño, respeto, frustración, duda, preocupación, dependencia emocional, amor, etc...

-No tengo una respuesta clara. Otto-kun, Subaru puede ser alguien impulsivo en algunas cosas, aunque ha madurado bastante desde que nos conocimos. Asi que por esta vez decidía que quiero hacer esto sola, y bien quiero que Ram y Subaru se reconcilien.

Le dio un poco de vergüenza decir las razones, así que expresó la verdad de manera ambigua. Una de las razones por las que Subaru no fue con ellos fue porque se peleó con Ram.

Recordó ese momento como si hubiera sido hace dos días, lo cual, de hecho, fue hace dos días.

-¡Emilia-tan! ¡Déjame ir! No comprendo por qué no quieres que te acompañe a la capital.

-Subaru... Ya te lo dije, solo va a ser una reunión con el Consejo, no es necesario que vayas.

Subaru y Emilia se encontraban caminando por uno de los largos pasillos de la casa principal de la familia Mathers. Subaru, por lo que parecía, estaba insistiendo en ir a la capital debido a la reciente carta que recibió Emilia del Consejo de Sabios.

La carta solo mencionaba que se trataba de una reunión y nada más; una aburrida reunión. Aún así, Subaru estaba detrás de ella, quien partiría dentro de una hora. Como quería ir a donde fuera, se pasó todo el día insistiendo para ver si la dejaba ir, como un niño dándole razones a su mamá para que le comprara ese juguete de edición limitada con tracción 4x4 y dos turbomotores todoterreno, que atraviesa el lodo, la nieve y pasa por agua-

Por razones que desconocía Subaru, Emilia no parecía caer ante sus encantos, aunque lo había hecho antes. Parecía que la decisión de ir sola, 'Otro no cuenta como compañía', ya estaba tomada, y parecía que se iba a quedar sin su dosis de sonrisas de Emilia por un tiempo, lo cual era terrible.

Emilia, ya un poco irritada, intentaba mantener la calma ante la tenacidad de su caballero, lo cual era difícil, ya que Subaru no parecía entender que el camino de dependencia mutua podría afectar su futuro como gobernadora.

-¿Eso qué tiene? Me portaré bien... ¿O acaso aún recuerdas lo que pasó aquella vez con Julius y la Selección Real?

-Claro que lo recuerdo, fue un poco ignominioso, sin embargo, eso no tiene nada que ver con lo que pasa ahora.

-¿Quién diablos dice 'ignominioso' hoy en día?

-Subaru...

-Lo siento... Tú prosigue.

Emilia hizo un pequeño puchero mientras se cruzaba de brazos. Aunque el espectáculo era bastante tierno, desafortunadamente Subaru no pudo verlo por estar detrás de ella.

Subaru se maldijo por no poder apreciar a Emilia molesta, pero rápidamente cambió de pensamientos, ya que se había desviado del tema por el lenguaje desactualizado de Emilia, y supo que molestarla en ese momento disminuiría sus posibilidades de que ella desistiera de su decisión de irse sin él a la capital.

-Subaru, verás, es difícil explicarlo. Por esta vez quiero hacer algo por mi cuenta, quiero que lo entiendas.

-Soy tu caballero, Emilia. Si tuviera que ir hasta el fin del mundo, te acompañaría. Bien si así lo quieres... prometo protegerte por el sol, las estrellas, los espíritus, el mundo y el orgullo... Y por mi padre y mi madre, juro que te protegeré. Cumpliré tus deseos. ¡Mi nombre es Natsuki Subaru! Y Emilia... soy tu caballero.

Subaru dijo esas palabras con orgullo y determinación en su voz. Él era bueno con sus palabras; incluso parecía que, si estuviera ante una multitud enfurecida, triste o desalentada, solo con sus palabras podría ser la esperanza de todos.

Emilia detuvo su camino al reconocer las palabras que estaba diciendo Subaru, las cuales claramente dieron en el blanco del corazón de Emilia.

El se refería a el día donde fue nombrado caballero de Emilia no mucho después de los eventos del santuario, claramente Subaru quería recordarle ese día el recordarle lo importante de ese día en el corazón de el y de Emilia.

Emilia mostró vacilación en su rostro, a pesar de que en su corazón había una sensación extraña que la hacía sentir que no estaría bien dejar a su caballero en la mansión mientras ella se marchaba sin él, aunque pareciera ser solo una simple reunión.

Se preguntó si realmente estaba bien depender de Subaru, a pesar de que él ya le había dado una respuesta antes; probablemente diría lo mismo si ella le planteara esa cuestión nuevamente, como lo hizo cuando fue nombrado caballero. Estaba indecisa sobre qué decisión tomar: permitir que Subaru fuera con ella o seguir negándose.

Y su corazón parecía ganar la batalla en la decisión, y Emilia parecía realmente querer ir a la Capital junto a él, aunque su pensamiento lógico le decía que este camino de dependencia no estaba bien. Su corazón le recordaba las palabras de Subaru y lo mucho que él la ayudó a seguir adelante.

-Y-yo... déjame pensarlo un poco.

Emilia siguió su camino, mientras Subaru la seguía por detrás con una sonrisa en su rostro. Se sintió confiado cuando Emilia se detuvo por unos momentos y por el leve tartamudeo que llegó a escuchar.

El se permitió conocer mucho mejor a Emilia en estos últimos meses y sabía lo importante que era para ella su existencia. Sabía que, mientras más le deba a él, será muy difícil que se separen. Él pensaba en grande detrás de Emilia, sintiéndose afortunado por el cuero que se comera, aún si faltan años para eso. Sabía que el esfuerzo de hoy sería la recompensa de mañana e intentaba pensar que las muertes que tuvo que soportar tendrían su debida recompensa.

Los dos llegaron a la escalera que dirigia al primer piso de la mansión, Emilia ya estaba apunto de finalmente dejar que Subaru la acompañase a ese viaje al final de ese pequeño paseo.

Mientras bajaban las escaleras, la mente de Subaru estaba en otros lugares, sintiéndose en su mejor momento "Prime", acompañado de una poderosa loli de 400 años, un poco tsundere, Beatrice. El poderosísimo tigre toño Garfield, que era tan fuerte que podía derrotar a un ejército de gatitos (sarcasmo). El no menos importante Otto, que tenía aires de furro y siempre parecía estar en una fiesta privada. El simpático, pero importante payaso Roswaal, que siempre parecía estar planeando algo. La oni rosada, hermana no sanguínea de Subaru, Ram, que siempre parecía dispuesta a darle un golpe en la cabeza. La hermana del tigre toño, más madura pero más débil, Frederica. La loli sirvienta de la mansión, que si se sabía la de trabajar, a diferencia de esta generación, Petra. La bella durmiente oni de pelo azul que nadie recuerda, excepto Subaru: 'Rem'. Y no menos importante, la medio elfa con aires de inseguridad y realmente bastante inocente para su edad, de la que a Subaru le gustan, Emilia.

Y así se completa el campamento de Emilia, todos con sus defectos pero importantes a su manera, y Subaru lo sabía. Sin embargo, como tenía la mente en otros lados, no se dio cuenta de que estaban bajando las escaleras; en resumen, estaba distraído.

Al mismo tiempo, la hermosa sirvienta Ram, con gustos terribles, estaba subiendo las escaleras.

Ram es de baja estatura, delgada y de piel blanca. Tiene el cabello de color rosado, recto y corto. Lleva el flequillo recto, pero deja al descubierto su ojo derecho, que es rojo. Además, lleva una diadema negra con flores blancas y un broche de cintas violetas en forma de flor. Viste su conjunto habitual de sirvienta blanco y negro.

Probablemente, ella esté realizando sus labores de sirvienta, y en medio del camino se detuvo para hacer una reverencia al ver a Emilia bajar las escaleras, la cual saludó a Ram con una sonrisa.

Subaru se encontraba tan sumido en sus pensamientos que olvidó que estaba bajando las escaleras. Fue como si su cerebro hubiera decidido que las escaleras eran en realidad una superficie plana y segura. Hasta que, por supuesto, su cuerpo recordó que no era así y comenzó a caer. En un intento desesperado por no convertirse en una mancha en el piso, Subaru extendió sus brazos y agarró a la primera persona que encontró, que resultó ser Ram. La oni rosada lo miró con confusión, como si estuviera pensando: "¿Qué diablos está haciendo este idiota?".

Subaru, en su momento de pánico, pensó que Ram, siendo una oni, sería lo suficientemente fuerte como para sostener su peso. Así que se agarró de ella con todas sus fuerzas, sin darse cuenta de que Ram no esperaba esa jugada y también perdió el equilibrio. Juntos, los dos comenzaron a caer por las escaleras, girando y dando vueltas como una pareja de bailarines de ballet enloquecidos. Finalmente, aterrizaron en el piso de la mansión con un fuerte golpe, formando una especie de cruz humana, con Ram encima de Subaru, aplastándolo.

Aturdida y molesta, miró de reojo a Subaru con una expresión que decía: "Te voy a arrancar las piernas". Subaru, por su parte, se encontraba mareado y confundido, pensando que quizás había sido una mala idea agarrarse de Ram.

-Jajaja, deberían dejar de ser tan torpes.

En ese momento, Emilia, que estaba observando la escena desde arriba, no pudo evitar reírse a carcajadas por lo divertido de la escena; las caídas graciosas eran lo mejor.

Aunque Emilia se encontraba animada, Ram estaba molesta por el hecho de que se estaban burlando de ella por culpa de Subaru. Ella se puso encima de él, a punto de darle un par de golpes; no quería matarlo, solo iba a darle una "dosis de cariño" con sus puños.

La mirada de Ram era intensa, y Subaru podía sentir su respiración caliente en su cara. "Esto es todo culpa tuya", le dijo Ram, su voz baja y amenazante.

Subaru, ahora totalmente consciente de su situación, abrió los ojos y vio a Ram suspendida sobre él, lista para darle un golpe. La escena era tan intensa que parecía sacada de una película de acción, pero en realidad era solo Ram intentando romperle el osico... de nuevo.

-¡E-espera! ¡Espera! ¡Ram, fue un accidente, no me pegues! Solo... Uh... ¡Intentaba hacer un ejercicio de equilibrio! ¡Sí, eso es! ¡Un ejercicio de equilibrio muy... muy... inestable!

Ram lo miró con una expresión de incredulidad, su tono tranquilo contrastando con la furia que ardía en sus ojos.

-Eres malo con las excusas, Barusu. Descuida, al tercer golpe no sentirás nada.

Subaru, desesperado, llamó a Emilia en su ayuda.

-¡Emilia! ¡Yo te elijo, ayúdame! ¡Por favor, no me dejes morir en las garras de esta oni asesina!

Emilia, que había estado riendo a carcajadas en la planta superior, dejó de reírse al escuchar el llamado de ayuda de Subaru. Bajó las escaleras corriendo, su espíritu altruista se activo al ver a Ram a punto de pegarle a Subaru.

-¡Ram, espera! ¡No lo mates! ¡Fue un accidente! ¡ además, es mi caballero... más o menos!

Ram se detuvo, su puño suspendido en el aire, y miró a Emilia con una expresión de fastidio.

-¿Por qué tiene que intervenir, Emilia-sama? ¡Esta cosa es un peligro para la sociedad!

Emilia sonrió y se acercó a Ram.

-¡Oh, Ram! ¡Tú sabes que Subaru no es tan malo! Es solo un poco... torpe

Subaru, que había estado observando la escena con alivio, se sintió un poco ofendido.

-¡Hey! ¡No soy torpe! Soy solo... creativo en mi forma de caer

Ram miró de mala gana a Subaru y se levantó sacudiendo su falda con molestia. Gracias a Emilia, Subaru se salvó de Ram.

-Con su permiso.

Ram se retiró sin decir nada más. Subaru sabía que, por su tono, no quería que nadie la molestara por el resto del día, la semana o el mes.

-Creo que se desazonó un poco.

-¿Quién dice desazonó hoy en día?

-Ahh... deberías disculparte con Ram.

Emilia suspiro y después dijo en un tono suave que deberia disculparse. Había sido una gran caída, pero fue culpa de Subaru por estar distraído.

-Espera, cuando Ram está molesta, lo está por un buen tiempo, a no ser que Roswaal le diga que deje de estarlo.

-Por eso te tienes que quedar. No quiero regresar y que los dos estén peleándose.

-A veces creo que siempre está de mal humor conmigo.

-Subaru, yo no creo eso. Ella solo es un poco compleja; seguro que te aprecia mucho.

Emilia le extendió la mano con una sonrisa para ayudarlo a levantarse, y Subaru no pudo evitar sentirse alegre y afortunado por ser alguien cercano a Emilia.

-Está bien esta bien, si Emilia-tan desea que me reconcilie con Ram, lo aceptaré.

Tomó la mano de Emilia y se arrodilló frente a ella, mientras la miraba con una sonrisa que conquista los corazones de brujas, lolis, onis, dragones y medio elfas. Emilia se sorprendió ante el gesto de Subaru, y sus mejillas se sonrojaron antes de sonreír felizmente.

-Te lo dejo en tus manos, mi caballero.

Emilia no pudo evitar sonreír al recordar ese momento. A veces, Subaru era un poco torpe y eso terminó molestando a Ram. Así que Emilia terminó pidiéndole a Subaru que se quedara, lo cual, para sorpresa de todos, aceptó rápidamente. Si no hubiera sido por su torpeza, probablemente estaría aquí ahora.

-Ya veo... o ¿ya escucho? Supongo que es razonable: una candidata al trono debe ser alguien independiente para este tipo de cosas. Espera, ¿Natsuki-san y Ram están peleados? Qué extraño, siempre parecen estarlo.

Emilia asintió; aunque Otto tenía la mirada en otra parte, estaba aliviada de que él entendiera su punto.

-Sí, los dos tuvieron un accidente por Subaru... a veces Ram puede parecer siempre estar exasperada con Subaru, pero esta vez tiene una razón para estarlo.

-Entonces eso está arreglado sin embargo no cree que una carta del consejo es algo... No sé cómo decirlo ¿peculiar?, no la carta en si, el echo de que no explicarán la razón es un poco inquietante.

Emilia puso una expresión más seria en su cara. Sentía una sensación extraña en su corazón desde que recibió la carta, pero intentaba pensar que no era nada preocupante.

-Opino lo mismo. Es extraño la manera en la que llamaron, debe ser algo de suma importancia. Y bien siento un poco de recelo, no lo niego... siento estamos siendo paranoicos.

-Solo asegúrese de estar alerta Emilia-sama, si pasa algo yo me encargaré de informarlo.

Emilia, bajo la cabeza un poco triste, se sentía mal por el hecho de que todavía había personas que aborrecen su presencia en el mundo. Ser similar a una bruja le había traído problemas a Emilia desde siempre, y solo esperaba que eso no trajera malas noticias para su campamento; solo esperaba eso.

En si ya no había vuelta atrás; estaban prácticamente en las puertas de la capital, y darse la vuelta ahora y volver a casa no era una opción que Emilia estuviera considerando. Sería una falta de respeto, y ahora sí estaría fuera de las elecciones.

Solo tenía esperanzas en que no sean malas noticias o sea algo que no pueda arreglar y si fueran así llamaría a la artillería pesada "Subaru y Roswaal" para que vengan a ayudar a solucionarlo. -- Emilia se levantó de su asiento y se acercó a la ventana de la caravana, mirando hacia fuera mientras la ciudad de Lugunica se revelaba ante sus ojos. La capital era un lugar bullicioso y lleno de vida, con personas de todas las razas y clases sociales caminando por las calles empedradas. Emilia podía ver el Palacio Real en la distancia, su imponente estructura dominando el paisaje urbano.

Mientras la caravana se acercaba a la entrada de la ciudad, Emilia pudo sentir una creciente sensación de nerviosismo en su estómago. No sabía porque tal vez el reunirse ella sola por está ves la hacía sentir de esa manera.

La caravana se detuvo frente a un área donde podía ser aparcada. Otto tuvo que ir a dejar los dragones en los establos y, como no estaba invitado a la reunión, Emilia tenía que entrar sola al palacio. Ella siguió su camino hasta que llegó a las puertas del lugar, donde mostró su insignia a los guardias y le permitieron entrar.

Había un caballero en la entrada que parecía estar esperando su llegada. En un gesto cortés, dio una pequeña reverencia y le pidió que lo siguiera. Emilia supuso que, como hacía tiempo que no estaba en el palacio, se preocuparon por si se perdía, así que asintió y comenzó a seguirlo.

Mientras caminaban por los pasillos, Emilia no podía evitar sentirse un poco abrumada por la opulencia y la majestuosidad del Palacio. Era un lugar que siempre la había intimidado un poco, pero sabía que tenía que mantener la calma y la confianza si quería que esta reunión salga bien.

Finalmente, llegaron a la amplia sala que anteriormente había sido el escenario de el espectáculo protagonizado por Subaru. El caballero, abrió una de las grandes puertas y se hizo a un lado, permitiendo que ella entrara. Ella, en agradecimiento, murmuró unas palabras de gratitud por haberla guiado hasta ese lugar. Una vez dentro, comenzó a caminar unos metros, avanzando con cuidado hasta encontrar una distancia que le resultara cómoda y adecuada.

Los dos únicos miembros del consejo estaban allí eran Miklotov McMahon y Bordeaux Zellgef, junto a varios caballeros de la guardia real.

Ella observó detenidamente todo el entorno a su alrededor y se dio cuenta de que el lugar parecía estar preparado para llevar a cabo algún tipo de juicio. Había diversos objetos y elementos que sugerían que sería usado para tal fin. Sin embargo, como ella nunca había estado en una situación parecida, decidió no darle demasiada importancia a lo que estaba viendo.

A la vez dió cuenta que la habitación estaba en silencio un silencio absoluto, y una tensión palpable flotaba en el aire, haciendo que se sintiera incómoda. Los rostros serios de los presentes parecían esculturas de piedra, sin una sola expresión que delatara sus pensamientos. La atmósfera era pesada, y resultaba ciertamente extraño para Emilia, aunque suponía que era debido a un tema importante que debían tratar con ella.

Aún así la preocupación la estaba invadiendo y inconscientemente tragó saliva, mientras estaba esforzándose por mostrarse lo más natural y segura posible en su postura. Mientras lo hacía, sus ojos recorrían rápidamente a todos los presentes en la habitación. Su mirada se detuvo en el centro, donde se encontró con los ojos serenos pero penetrantes de los dos ancianos, Miklotov y Bordeaux. Sus miradas parecía atravesarla y analizarla con tal profundidad que aumentaba su sensación de incomodidad. El silencio en el ambiente era abrumador, y Emilia sintió que era casi una obligación romper esa tensión, aunque fuera solo para aliviar la presión en el entorno.

Ella inclinó su cabeza hacia adelante en una reverencia respetuosa, manteniendo su espalda recta y una postura elegante.

-No hace falta que te presentes, todos sabemos quién eres, iremos directamente al grano.

Antes de que ella tuviera la oportunidad de pronunciar siquiera una palabra, fue interrumpida por la voz distante y fría de Bordeaux. La brusquedad en su tono la ofendió y la tomó por sorpresa, pero logró mantener una actitud digna y serena. A pesar de la ligera irritación que le causaba la rudeza de el viejo, se esforzó por no permitir que su rostro revelara ningún indicio de su descontento.

-Bien... por lo que observo, las otras candidatas no están aquí, así que supongo que este es un asunto que solo desean discutir conmigo.

Expresó en un tono grave, entrecerrando ligeramente los ojos como si buscara validar sus propias palabras. Al notar un leve asentimiento por parte de Miktolov, una oleada de preocupación la invadió; se preguntaba si había hecho algo mal para ser la única de las otras cuatro candidatas en el Palacio Real y más pronto que tarde recibirá la respuesta.

-Ya que estás aquí, seré lo más breve posible. Al haber entrado en el salón real, aceptas los términos del juicio que se impuso en tu contra. Los cargos asociados a lo que se te acusa son: ser parte del culto de la bruja o ser la bruja en sí, genocidio masivo de una aldea a las afueras de la capital, y congelar todo un lago, lo cual afectó las ventas en un 2% del sector pesquero y, por ende, impactó la economía de cualquier sector, lo que afecta la economía del Reino, lo cual también es un delito.

-¡La corte de justicia a comenzado la seción!

De repente, el lugar empezó a llenarse de individuos con un aspecto refinado, pertenecientes a la más alta nobleza. Sin embargo, junto a ellos también se encontraban personas de apariencia más sencilla. Algunas de estas últimas mostraban signos de haber pasado por situaciones difíciles; sus rostros presentaban un aspecto desmejorado y perturbado. Entre la multitud, había quienes carecían de extremidades y otros cuyos rostros estaban cubiertos de vendas, evidenciando heridas. Algunos mostraban marcas visibles de congelación, como si hubieran estado expuestos a condiciones extremas. En medio de todo este panorama, se podían escuchar sollozos aislados de dolor y sufrimiento. Todos, en silencio, se acomodaron en una larga fila de asientos.

-¿Qué...?

Pronunció con voz temblorosa, mientras giraba su cabeza con asombro e incredulidad. Su mirada se deslizó por la fila de asientos, abrumada ante la multitud de personas que ocupaban la sala. Recorría la fila de asientos y se detuvo en las personas con heridas, sintiéndose triste y abrumada. Cada rostro se sentía como un juicio, y pronto comenzó a experimentar una sensación de mareo, acompañada de un leve malestar en el estómago.

Podía percibir las miradas de los presentes, impregnadas de desconfianza y hostilidad, lo que incrementaba su ansiedad. El palpitar acelerado de su corazón le confirmaba que esto no era un mal sueño; todo lo que estaba viviendo era real, había un juicio en su contra.

Las personas comenzaron a murmurar y a abuchear a Emilia. Algunas de ellas, visiblemente indignadas, no pudieron contenerse y se pusieron de pie, lanzando insultos y acusaciones.

-¡Bruja! ¡Asesina!

-¡Deberías ser quemada en una hoguera!

-¡Es un monstruo! ¡No merece vivir!

-¡Ella es la asesina! ¡Mató a mi esposa!

Emilia se sintió humillada y degradada por las palabras crueles y hirientes que se le dirigían. Cada insulto era como una cuchillada en su corazón, y se sintió como si estuviera siendo despedazada por la multitud.

Su autoestima y su confianza se derrumbaron, como si no fuera digna de amor o respeto, y sus ojos se pusieron ligeramente brillosos, como si quisieran llorar.

Bordeaux golpeó un martillo en la mesa varias veces, intentando restaurar el orden en la sala.

-¡Basta! ¡No se permiten insultos en esta corte! Se trata de un juicio, no de un linchamiento.

Las personas se callaron, aunque había algunos murmullos y susurros claramente insultando a Emilia; el lugar se encontraba relativamente en silencio.

De repente, un hombre alto y delgado, de rostro pálido y cansado, se levantó de su puesto, alzó su mano pidiendo tomar la palabra. Miktolov lo miró y asintió con la cabeza, permitiéndoselo. Se aclaró la garganta antes de hablar.

-Es un gusto estar en este juicio. Me llamo Taro Petrov, y considero que este juicio no tiene sentido. Todos reconocen a la acusada como la que hizo esas cosas terribles, así que considero que la ejecución inmediata es la condena justa para un ser del mal como ella.

La sala estalló en murmullos y gritos de aprobación, con algunas personas asintiendo con la cabeza y otras gritando ¡Ejecución! ¡Ejecución!. Emilia se puso pálida y su mirada se dirigió hacia Taro con una mezcla de sorpresa y dolor.

Bordeaux golpeó su martillo en la mesa para restaurar el orden.

-¡Silencio! Señor Petrov, gracias por su opinión, pero este tribunal debe seguir el debido proceso y considerar todas las pruebas antes de emitir un veredicto.

Taro se inclinó ligeramente, pero su expresión no cambió.

-Entiendo; sin embargo, creo que es importante recordar que la acusada no se está defendiendo, probablemente porque no tenga nada que decir en su defensa. Considero que ya hay suficientes pruebas y, por la gravedad de lo que hizo, la muerte es la mejor opción.

-Entiendo su punto; pero ella aún sigue siendo una candidata al trono. Antes de dar una sentencia, debe ser juzgada como es debido. Por favor, tome asiento.

Taro se inclinó nuevamente y se sentó en su asiento; su expresión parecía impasible. La sala se quedó en silencio, esperando a que continuaran con el juicio.

Miktolov miró a Emilia con una expresión seria.

-Es cierto que la acusada es una candidata al trono, pero eso no la exime de responsabilidad por sus acciones. Sin embargo, también es cierto que debe ser juzgada de acuerdo con la ley y con el debido proceso.

Hizo una pausa y miró a los presentes en la sala.

-Continuaremos con el juicio; primero comenzaremos con los testigos antes de que la acusada pueda defenderse. El próximo testigo es...

Miktolov miró sus notas y llamó al siguiente testigo.

-Mei Shinoda, por favor, acérquese al estrado.

Mei se levantó de su asiento con un paso lento y cabizbajo. Es una chica delgada y de estatura media, con cabello verde oscuro que cae en mechones desordenados sobre sus hombros. Su rostro es ovalado y pálido, tiene una nariz pequeña y labios finos que siempre parecen fruncidos, como si estuviera triste. Su ojo izquierdo es marrón oscuro, mientras que su ojo derecho está cubierto por una venda blanca. Por su apariencia, había algo en Mei que atraía la atención: una sensación de vulnerabilidad y tristeza que parece emanar de ella.

Al llegar al estrado se sentó en la silla que se le indico mirando hacia abajo evitando hacer contacto visual con las otras personas.

-Eres de las sobreviventes de el genocidio en el pueblo, si es muy difícil para ti podemos omitir tu testimonio.

Hablo Bordeaux, en tono suave ya que consideraba que la chica parecía bastante perturbada como para poder hablar como testigo en contra de Emilia.

Mei nego ligeramente con la cabeza sin levantar su cabeza del suelo, su voz apenas audible cuando hablo.

-No... No es necesario quiero hablar quiero que se sepa lo que pasó.

-Bien te prometo que sera rápido ¿Puedes contarnos lo que pasó ese día en el pueblo?

Comenzó a hablar con una voz temblorosa, y en su tono parecía costarle mucho decir lo que pasó.

-Ese día era un día soleado... mi mamá estaba haciendo una tarta para mi cumpleaños. Iba a ser un día tranquilo... hasta que se escuchó un estruendo afuera. G-gritos de dolor y ataques resonaron en la calle... snif.

Mei se detuvo, su respiración agitada. Se abrazó a sí misma, como si tratara de contener el dolor que amenazaba con desbordarla.

-Mi madre salió a ver qué pasaba... me dijo que me escondiera. Pero... no regresó. Me quedé dentro de un armario, tenía demasiado miedo para salir. Afuera, no paraban de gritar y pedir clemencia... hasta que se detuvo. Pensé que todo había terminado... hasta que alguien abrió la puerta... snif.

Mei se estremeció al recordar el momento. Su voz se redujo a un susurro.

-Pensé que era mi mamá... pero... pero... pero... era ella. Es-estaba llena de sa-sa-sangre... tenía una estaca en su mano. Tenía una sonrisa asquerosa en su rostro... como si estuviera orgullosa de lo que había hecho... snif. No pude moverme... tenía demasiado miedo. Era aterrador y se acercó a mi... ¿Y-ya puedo terminar aquí?

Mei se derrumbó en sollozos, mientras su cuerpo estaba temblando. La sala se quedó en silencio, con todos los presentes mirando a Mei con una mezcla de tristeza y empatía.

-¡No... No es así!.- Emilia rompió su silencio con un voz firme y un poco temblorosa.- ¡yo no sería capaz de hacerle daño a alguien! ¡menos a personas inocentes!

-Por favor mantenga silencio deje que todos los testigos hablen, y usted podrá defenderse después.

-S-si...

El juicio se desarrollaba con creciente tensión, a medida que se presentaban más y más testigos que relataban los horrores vividos. Cada una de estas personas portaba las secuelas de la brutalidad sufrida: algunos mostraban heridas visibles, mientras que otros habían perdido extremidades, lo que evidenciaba la violencia desatada durante la masacre.

Cada relato era desgarrador; los sobrevivientes describían cómo fueron sometidos a torturas inimaginables. Relataban que sus extremidades eran sometidas a temperaturas extremas hasta quedar heladas, para después ser amputadas de manera cruel. Además, narraban las escenas desgarradoras en las que algunos de ellos fueron obligados a presenciar el asesinato de sus propios seres queridos, un espectáculo que aumentaba la rabia y el dolor entre los presentes. En ese ambiente de desesperación, hubo momentos en que algunos casi se lanzaban contra Emilia, abrumados por la ira y la impotencia, los cuales tenían que ser detenidos por los caballeros. Al final, el desgarrador espectáculo del juicio dejó claro que solo habían sobrevivido 15 personas tras la masacre en el pueblo.

Miktolov se puso de pie, abandonando su silla con un movimiento rápido. Dirigió su mirada hacia Emilia, y en su expresión no había ni una pizca de compasión. Sus ojos, fríos, transmitían una severidad que no dejaba lugar a dudas: la observaba como si se tratara de una criminal. Su rostro, imperturbable y austero, revelaba que no había espacio ni para la empatía ni para el perdón.

-Despues de escuchar los testimonios de los testigos, es hora de que presentes tu defensa que tienes que decir a tu favor.

Después de cinco largas horas de testimonios, en las que todos apuntaban a Emilia como la principal culpable, llegó el instante en el que debía presentar su defensa. Una mezcla de ira y tristeza la envolvía, consumiéndola poco a poco mientras intentaba comprender las razones detrás de aquellas acusaciones. Se sentía desamparada, sin nadie a su lado que le ofreciera apoyo en ese momento. Sin embargo, a pesar de la desesperación que la invadía y el peso de la injusticia que recaía sobre ella, Emilia estaba decidida a no permitir que la humillaran de esa manera.

-No lo entiendo...

-Podria hablar en voz alta.

-Yo... ¡No lo comprendo! ¡Me juzgan sin conocerme! ¡Siempre me miran con desprecio! ¡Siempre...! ¡Siempre...! ¡Siempre...! ¡Siempre! ¡Me ven como una bruja solo por cómo luzco! ¡Me discriminan por ser medio elfa! ¡No me llamo Satella, me llamo Emilia! ¡Soy una medio elfa de pelo plateado! Entiendo que me juzguen por ser medio elfa y por parecerse a la bruja, pero... ¡no voy a dejar que eso limite mi potencial!

Ella estalló en una explosión emocional, con lágrimas de frustración brotando de su rostro. Había estado reprimiéndose durante tanto tiempo que ya no pudo aguantar más. Con un grito, lanzó esas palabras al aire, mientras una expresión de firmeza y determinación se dibujaba en su rostro, una mirada que reflejaba la inocencia de su alma. La sala quedó en un absoluto silencio, atónita ante la súbita manifestación de emociones de Emilia. Su mirada parecía desafiar a todos los que estaban presentes, instándolos a reconocer y creer en su inocencia.

Miktolov se recostó en su silla, mostrando una expresión grave, aunque en sus ojos brillaba un destello de interés que no pasaba desapercibido. A su lado, Bordeaux mantenía una actitud escéptica; ambos parecían concentrados en observar detenidamente la reacción de Emilia, como si esa reacción hablara más que sus propias palabras.

Mientras tanto, la multitud que ocupaba la sala comenzó a murmurar. Algunas personas, visiblemente inseguras, empezaron a cuestionar la culpabilidad de Emilia, mostrando signos de duda en sus rostros. Sin embargo, otras continuaban firmes en su convicción de que ella era la responsable de la masacre y de los otros crímenes.

En ese momento, una figura se levantó de su asiento en la parte posterior de la sala. Era Taro el Se acercó al frente de la sala, su mirada fija al frente.

-Permítanme presentar una evidencia que está directamente relacionada con los acontecimientos ocurridos en el pueblo. Esta evidencia señala de manera contundente a este ser de la oscuridad, que intenta, con sus lágrimas de cocodrilo, engañar a todos y despertar compasión. ¿Me lo permite, Señor Miklotov?

Miktolov intercambio palabras en voz baja con Bordeaux, debatiendo si debían o no aceptar la prueba de Taro. Mientras tanto, Emilia observaba a Taro con una mirada cargada de desprecio, un resentimiento que no había experimentado desde la muerte de madre Fortuna.

-Puedes mostrar tu evidencia, pero asegúrate de que sea relevante y que no sea una siempre táctica para manipular la corte.

-Muchas gracias.- dió una pequeña reverencia y se volteo a todos los presentes.- ¡Todos saben que la cosa que está aquí es una candidata al trono! ¡No... Me equivoco! ¡Una asesina! ¡Alguien que disfruta del dolor ajeno!.- dijo en voz alta para que todos lo escuchen sacando una insignia de una pequeña bolsa.- ¡está insignia es de ella estaba en los echos del crimen! ¡Hasta extravió algo tan importante como esto! simplemente desagradable...

-¡Eso es mentira yo tengo mi insignia aquí!.- ella la busco en su vestimenta y un sudor frío recorrio su cara al no encontrarla.- ¿Que...? N-no no está...

La sala se quedó en silencio, con todos los presentes mirando a Emilia con sorpresa y escepticismo. Taro sonrió con una sonrisa cínica, como si hubiera esperado que Emilia reaccionara de esa manera.

-¿Ah, no está?.- dijo Taro, su voz llena de ironía.- ¿Y qué pasó con ella, entonces? ¿La perdiste en el lugar del crimen, tal vez?"

Emilia se puso pálida, su rostro lleno de confusión y miedo.

-No... no sé qué pasó con ella.- dijo, su voz temblando.- la tenía aquí, en mi vestido... pero ahora no está...

-Marcella por favor, examina la insignia que Taro presentó y determina su autenticidad.

Una mujer que estaba en una esquina en silencio, con ojeras en los ojos de cabello amarillo y liso se acercó a Taro y miro de cerca la insignia por unos segundos.

-Esta insignia.- dio un pequeño bozteso.- es... auténtica

-¿Autentica? ¿Estás segura Marcella?

-Si... muy segura, la insignia lleva el sello de la familia real y la artesanía... es excepcional, no cabe duda de ello.- cerró los ojos un momento, casi durmiéndose, antes de recomponerse rápidamente.- es auténtica.

-Lo comprendo, ya he visto lo suficiente.- dijo, dirigiendo su mirada hacia Bordeaux. Ambos intercambiaron un ligero asentimiento y se pusieron de pie al mismo tiempo, alejándose de las sillas en las que estaban sentados.- dado el caso y las evidencias que incriminan de manera directa a la acusada, se decidirá su descarte como candidata. Será mediante el voto del público que se determinará si corresponde una ejecución o un destierro del Reino.

La multitud comenzó a murmurar mientras se iniciaba la votación. Taro tenía una sonrisa burlesca en su rostro, mientras que Emilia mostraba una expresión perdida. ¿Ejecución? ¿Destierro? Ambos eran terribles, y su cerebro no quería procesar esa información; todo el futuro que tenía por delante parecía desmoronarse poco a poco.

Pasaron unos insufribles 30 minutos mientras se reunían los votos, hasta que finalmente se terminaron de contar y era hora de que se diera el veredicto final. Las personas estaban expectantes, esperando los resultados finales.

-Después de una cuidadosa revisión y conteo de los votos, hemos llegado a la conclusión de este juicio...

Emilia cerró los ojos, incapaz de soportar la idea de escuchar lo que iba a suceder con ella.

-Por mayoría de votos, se dictó ejecución para la acusada. Debido a la gravedad de los delitos que cometió, se le otorgará un día de gracia y, a la primera hora de la mañana, será la ejecución. Cierro esta sesión.

Dijo Bordeaux con voz fría mientras se retiraba de la sala junto a Miklotov.

La sala se quedó en silencio, como si el tiempo se hubiera detenido. Emilia abrió los ojos y su mirada se encontró con la de Marcella, que parecía sentir una profunda pena por ella. La expresión de Emilia era de shock y desesperación, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar. Taro, por otro lado, no pudo contener su risa y se tapó la boca con la mano, como si estuviera disfrutando del espectáculo. Su sonrisa era cruel y triunfante, y parecía gozar del sufrimiento de Emilia.

Unos guardias desenvainaron sus espadas, mientras varios caballeros se acercaban lentamente, mostrando miedo y desconfianza, como si se tratara de un animal rabioso. Probablemente, la conducirían al calabozo correspondiente del Palacio, destinado a aquellos que habían cometido delitos muy graves, y le aguardaba una prolongada condena.

Ella miró a su alrededor y alzó sus brazos para atacar con su magia, pero al observar el entorno, supo que si atacaba, le estaría dando la razón a Taro. Bajó sus brazos; ni aunque la trataran como una criminal, sería capaz de lastimar a alguien. La determinación de Emilia era admirable. A pesar de estar rodeada de enemigos y enfrentar una condena a muerte, no estaba dispuesta a perder el control y herir a alguien inocente. Su magia era poderosa, pero también representaba una parte de ella que no quería utilizar para hacer daño a otros.

Su mirada se encontró con la de Taro, y por un momento, pareció que estaban conectados por una corriente de energía. Taro sonrió de nuevo, pero esta vez, su sonrisa parecía menos triunfante y más... curiosa.

Los guardias y caballeros se acercaron a Emilia, rodeándola con sus espadas. La joven no se resistió, sabiendo que no tenía más opciones.

-¡Esperen!

Marcella se acercó con pasos apresurados y cansados a los caballeros y guardias que ya la iban a llevar al calabozo.

-¿Sucede algo, Marcella-sama?.- dijo uno de los caballeros en tono amable.

-Se olvidan del collar mágico... ehhh... del collar que evita que pueda usar magia. Solo es para asegurarme de que no escape.

La escena se detuvo por un momento mientras Marcella se acercaba a Emilia con el collar mágico. Los guardias y caballeros se miraron entre sí, como si estuvieran preguntándose por qué no habían pensado en eso antes.

Marcella se acercó a Emilia y le puso el collar alrededor del cuello. La gema morada en el centro del collar comenzó a brillar suavemente y se apretó alrededor de su cuello por sí sola. Emilia sintió una extraña sensación de debilidad en su magia, como si estuviera siendo presionada por algo.

Emilia sintió pánico mientras intentaba mover sus manos, pero no pudo sentir la energía mágica que normalmente fluía a través de ella. Era como si el collar estuviera bloqueando su conexión con la magia. Los guardias y caballeros se miraron entre sí, satisfechos de que el collar estuviera funcionando como se esperaba. Marcella, por su parte, parecía tener una expresión más compleja, como si estuviera luchando con sus propios sentimientos y de repente se acercó mucho a Emilia, aparentando que estaba ajustando el collar.

-Usa esto cuando puedas.- susurró Marcella cerca del oído de Emilia y puso algo detrás de su cuello.

Emilia intentó mirar hacia atrás; se sentía frío, pero sabía que si se movía mucho se caería, así que decidió no hacer demasiados movimientos. Nadie parecía darse cuenta, y los guardias y caballeros que la seguían de cerca empezaron a llevarla al calabozo.

Emilia fue arrojada de manera abrupta al suelo del calabozo. Con reflejos rápidos, logró posicionar sus manos para suavizar el impacto, evitando así que su falda se ensuciara en gran medida con la mugre del suelo. Sin embargo, a pesar de su intento por proteger su vestimenta, las medias que llevaban un diseño que llegaba más arriba de sus rodillas quedaron manchadas con la tierra del suelo.

Mantenía la vista fija en el suelo, apretando los puños con fuerza, reprimiendo el deseo de vengarse de los guardias que, a sus espaldas, se reían burlonamente mientras se alejaban de la celda. Poco a poco, la risa de aquellos hombres fue desvaneciéndose, y el ambiente se tornó en un profundo silencio que envolvía el lugar. Su corazón latía con fuerza, y aunque su cuerpo estaba inmóvil, y sentía como una ola de frustración y rabia la invadía por dentro.

Se quedó en esa posición un momento hasta que gateó hasta una esquina relativamente limpia y se sentó en el suelo mientras se abrazaba a sí misma, reflexionando sobre la situación en la que se encontraba en ese momento.

En un intento por distraerse, recordó que había algo en su cuello. Consciente de esa sensación, ella llevó su mano hacia la nuca, buscando tocar aquello que había quedado allí. Al mover sus dedos, comenzó a sentir un objeto pequeño y delgado. Con curiosidad, lo sacó y, al examinarlo más de cerca, se dio cuenta de que era una ganzúa: una herramienta sencilla, pero muy útil, especialmente diseñada para abrir cerraduras.

Recordó las palabras de Marcella, y una sonrisa irónica apareció en su rostro. Agradecía en el fondo de su corazón que hubiera alguien que sintiera empatía por ella en ese momento, pero al mismo tiempo, se daba cuenta de que no sabía nada sobre cerraduras y, aún peor, no tenía idea de cómo abrirlas utilizando una ganzúa. Esa realidad la llevó a sentirse desanimada; decidió dejar esos pensamientos a un lado, pues la presión de la situación había afectado notablemente su estado de ánimo. La frustración y el estrés se apoderaban de ella, y carecía de las ganas necesarias para intentar hacer algo al respecto.

Miro a su alrededor, observando la apariencia de la celda. Las paredes eran de piedra, frías y húmedas, y sentía cómo el frío se filtraba, enfriando su espalda. Sin embargo, eso no le concernía, ya que era casi inmune a las bajas temperaturas. El suelo estaba hecho de tierra compactada, cubierto por una delgada capa de polvo que parecía haber permanecido intacta durante años. La celda carecía de ventanas, lo que hacía que la oscuridad la envolviera casi por completo. La única fuente de iluminación provenía de la puerta, que estaba construida con gruesas barras de hierro. Una antigua cerradura, que parecía igual de robusta, mantenía la puerta firmemente cerrada, asegurando que permaneciera prisionera en aquel lugar sombrío.

Miro más a la derecha y dio un pequeño brinco del susto al ver a alguien a solo 2 metros de ella. Él jugaba con una piedra y ella se le quedó viendo con algo de temor y confusión, ya que no podía distinguir su aspecto debido a la oscuridad de la celda y porque ya no tenía magia con la cual defenderse. Sin embargo, sabía que si intentaba hacerle daño, aún contaba con sus piernas. Recordó que había leído que cierto lugar era muy sensible y que cualquier golpe fuerte dejaría a cualquier hombre en el suelo.

La persona desconocida parecía ignorar la presencia de Emilia y estaba sumido en sus propios pensamientos, mientras lanzaba la piedra hacia arriba para atraparla y volver a impulsarla, repitiendo la acción una y otra vez. Emilia continuó observando a la persona desconocida, intentando entender qué estaba haciendo y qué intenciones tenía.

De repente, la persona se detuvo y miró hacia arriba, como si hubiera escuchado algo. Emilia se quedó inmóvil, conteniendo la respiración, esperando a ver qué haría la persona. Pero después de un momento, la persona volvió a mirar hacia abajo y reanudó su juego con la piedra.

Seguía jugando con la piedra, y Emilia comenzó a sentir una creciente impaciencia. La estaban ignorando; no es que le importara que un desconocido la ignorara, pero en verdad le estaba comenzando a molestar cómo jugaba con la piedra una y otra vez.

-Hola... Ehh... tipo de aspecto tenebroso... ¿podrías dejar de hacer eso?

Su voz salió un poco nerviosa; no estaba acostumbrada a tratar con criminales, suponiendo que el que estaba en esa celda junto a ella lo era. Esperó su respuesta, pero él seguía en lo suyo, sin parecer haber escuchado lo que le dijo Emilia. Ella se sintió ofendida, era de mala educación no responder a una persona.

Entonces tomó una piedra que encontró en el piso y se la tiró con suavidad. No era algo que normalmente haría, pero intentaba distraer su mente de cualquier manera para no recordar la difícil situación que estaba pasando.

La piedra cayó "suavemente" en su cabeza, lo que lo hizo soltar un quejido de dolor y girar su cara hacia Emilia. Aunque su rostro no se podía ver, parecía enojado.

-¡Oye! Que mi...- su mirada pasó de enojo a asombro.- ¿Una mujer?

Ella lo miró confundida y algo divertida por su reacción y por su tono de voz. Se sintió un poco más segura, ya que no era la voz de un viejo, sino de alguien joven.

Él se puso de pie mientras se sacudía la ropa. En la oscuridad, parecía un poco nervioso hasta que se levantó y se movió del lugar oscuro; pareció darse cuenta de que estaba en un lugar sombrío y se trasladó a la parte iluminada de la celda, pareciendo apresurado. Finalmente, Emilia pudo ver su apariencia.

Tenía Una camiseta y pantalones de algodón simples y desgastados estaba algo flaco pero sin llegar a la desnutrición, aunque al lado de Emilia se notaba mucho su estado físico, tenía un cabello de color azul oscuro, casi negro, que caía en mechones desordenados sobre su frente. Su cabello era lo suficientemente largo como para que pudiera apartarlo de su rostro, pero lo suficientemente corto como para que no le cayera sobre los hombros. El color azul oscuro de su cabello era tan intenso que parecía tener un brillo casi iridiscente en la oscuridad de la celda.

Sus ojos eran de un color ámbar intenso, con un tono cálido y dorado que parecía brillar desde dentro. La forma de sus ojos era almendrada, con una curva suave y elegante que se ajustaba perfectamente a la forma de su rostro. La iris de sus ojos era de un color ámbar claro en el centro, que se oscurecía gradualmente hacia el borde, creando un efecto de profundidad y dimensión. Las pupilas de sus ojos eran pequeñas y redondas, y parecían brillar con una luz interior que era casi hipnótica.

Su piel era un poco pálida y tenía rasgos que eran difíciles de no ver y sorprenderse un montón de cicatrices en su rostro y brazos hasta en sus manos. En su rostro, tenía varias cicatrices notables. Una larga cicatriz vertical corría desde su ceja izquierda hasta su mejilla, y otra cicatriz más pequeña se encontraba en la sien derecha.

Una tercera cicatriz, más gruesa y irregular, se extendía desde la nariz hasta la mandíbula, como si alguien hubiera intentado arrancarle la piel de la cara. También tenía una pequeña cicatriz en la comisura de su boca.

En sus brazos, las cicatrices eran aún más prominentes. Tenía una larga cicatriz que corría desde el hombro hasta el codo en su brazo izquierdo, y varias cicatrices más pequeñas en su brazo derecho. Sus antebrazos estaban cubiertos de cicatrices más finas y lineales, como si hubiera sido golpeado o arañado repetidamente.

Ella lo miró impactada; se esperaba cualquier cosa menos a alguien que no parecía mayor que Subaru. Ver tantas cicatrices la hizo querer preguntar qué historia hay detrás de cada una, pero decidió guardar silencio para ser respetuosa. No quería hacer el ambiente incómodo por si eso hacía que él recordara un pasado perturbador.

-Ehem... perdón por no notarte antes. He estado demasiado tiempo aquí, creo que varios meses o años... Es algo complicado y emocionante ver un rostro humano en la misma celda. Ah, es verdad, me llamo Sagi.

Su voz salía emocionada de su boca, que, en contraste con su apariencia, parecía ser más animada de lo que había supuesto realmente.

-Yo...

Emilia tenía un poco de desconfianza en su mirada, pero al verlo tan animado no pudo evitar sentirse calmada; no parecía una mala persona.

-Mi nombre es Emilia. Es un placer conocerte, Sagi-san. Parece que estamos en una situación similar.

-Emilia es un nombre bonito.- su voz se transformó de su tono animado a un tono de tristeza y desgano.- sí... al parecer sí. Aaaahhh... perdón, me siento un poco fatigado.

Él se sentó en el suelo. Era visible, con la poca luz que había dentro, su rostro cansado, con ojeras, intentando sonreír de buena manera, lo cual le resultó imposible.

-¿Estás bien?.- preguntó ella, un poco preocupada, mirando su estado semi-deplorable.

-Sí... no me encuentro en mi mejor momento, ¡pero no estoy tan mal! Creo...

Él intentó levantar el ánimo intentando hablar de buena manera, pero Emilia notó con facilidad que algo no marchaba bien ni en su estado emocional ni en su bienestar físico. Aunque ella no se sentía con fuerzas para animarlo, y es cierto que su condición física era bastante mejor que la de él, en realidad se encontraba en un estado emocional muy parecido al suyo. La razón de su malestar era la certeza de que mañana la ejecutarían. Ella percibía que él estaba en una situación similar, ya que su actitud denotaba una resignación como si aceptara la situación en la que estaba.

La conversación no avanzo ninguno parecía atreverse a hablar, El silencio era casi absoluto, solo interrumpido por el sonido monótono y persistente de un goteo de agua que caía en algún lugar del calabozo. El sonido era como un latido lento y constante, un 'plop-plop-plop' que resonaba en la oscuridad, haciendo que el tiempo pareciera pasar aún más lentamente. El goteo era como una cuenta regresiva, un recordatorio para Emilia de que cada segundo que pasaba la acercaba cada vez más a ese destino que parecía inevitable.

Emilia intentó sacudir la sensación de desesperanza que la invadía. No quería perderse en sus pensamientos y recordar la ejecución. Así que se esforzó por hablar, por mantener la conversación con Sagi.

-Sagi-san tu... ¿Porque estás aquí?

Él volteo la mirada mientras se rascaba un poco nervioso la mejilla para apartarla rápidamente al tocar una de las cicatrices, haciendo una pequeña mueca de dolor que parecía hacerle sufrir, pero rápidamente se recompuso. Esas partes lastimadas de Sagi parecían ser sensibles al tacto.

-Es una razón un poco absurda y solo me recuerda lo injusto que es este reino.

-¿Qué quieres decir con que es injusto?.- preguntó en voz baja y con curiosidad.

-Solo que hay cosas que no están bien con Lugunica, cosas que no deberían pasar pero que ocurren de todos modos -dijo él, su voz parecía estar llena de resentimiento.

-Sí... conozco esa sensación, la sensación de que nada tiene sentido, de que todo es injusto.- dijo, y su voz se volvió empática, sintiendo que podría estar pasando por una situación similar a la suya.- tú... ¿fuiste acusado injustamente?

-¿Cómo sabes?

-Por la forma en que te refieres a Lugunica. Supongo que fue alguna iniquidad.

-¿Inique? Ah... sí, creo que es algo obvio. Y bien, fui acusado... acusado... perdón, es un poco difícil para mí decirlo. N-no quiero que pienses mal de mí ni nada de eso.

-No, no, está bien. Si no quieres decírmelo, no tengo problema con eso, Sagi-san.- dijo de manera amable, sin querer incomodar a la persona que acababa de conocer. Él se recostó en la pared cerca de la puerta y parecía tener una expresión de duda en su rostro, como si se preguntara si estaba bien aceptar la respuesta de Emilia.

-Puedo... puedo referirme a ti como Emilia, ¿no tienes problema con eso?

Emilia sonrió con una ligera curva en sus labios y asintió con la cabeza.

-Claro, Sagi-san. Me parece bien que me llames por mi nombre.

-Bien, entonces no tengo problema en contártelo. Yo... estuve cerca de un carruaje de unos nobles y un barril de cerveza cayó encima de ellos, casi rompiendo el techo. Y, como estaba cerca, rápidamente me señalaron a mí.- su voz se cargó de amargura.- ese barril salió del cielo, no sé de dónde salió, y solo por estar cerca me acusaron de intento de homicidio. Y esa familia noble, casualmente, era una de las más importantes en el comercio de alimentos de toda la capital.- su voz se quebró de rabia y frustración.- ni siquiera me dieron la oportunidad de defenderme. Mi apariencia... mi aspecto pareció ser suficiente para condenarme. Me señalaron como el culpable sin siquiera un juicio. No sé cuánto tiempo estuve aquí, pero sé que no soy la persona que creen que soy.

Emilia escuchó atentamente a Sagi, su expresión cambiando de una sonrisa amable a una mirada de sorpresa y compasión. Sus ojos se ensancharon ligeramente al escuchar la historia de Sagi, y su boca se frunció en una línea fina.

Cuando Sagi terminó de hablar, Emilia se quedó en silencio por un momento, como si estuviera procesando todo lo que había escuchado. Luego, habló con una voz suave y empática.

-Sagi-san, lo siento mucho. No puedo imaginar cómo debió haber sido para ti. Ser acusado de algo que no hiciste, sin siquiera tener la oportunidad de defenderte... es injusto y cruel.- su mirada se encontró con la de Sagi, y Emilia pudo ver la frustración en sus ojos.- pero quiero que sepas que yo te creo. Te creo cuando dices que no eres el culpable.

Él se quedó mirándola sorprendido, como si no creyera las palabras que acababa de escuchar.

-¿Me crees? ¿No... no te da asco o miedo mi apariencia?

-No.- negó suavemente con la cabeza.- tu apariencia no me da miedo ni asco. Siento que tus palabras son honestas y no te juzgo por tu apariencia; sé lo que se siente que te juzguen por ser diferente.- se apartó algunos mechones de cabello de la oreja.- soy una semihumana de pelo plateado y ojos púrpuras; creo que reconoces la descripción.

Sagi parecía unir piezas, y una expresión de asombro y miedo pasó por su rostro al reconocer el aspecto de Emilia, quien instintivamente se pegó a la pared. Emilia solo sonrió tristemente, como si ya hubiera esperado esa reacción.

-La bruja de la envidia.- Suspiró pesadamente, aceptando la realidad de que ese nombre siempre la perseguirá.- Veo que esta conversación termina aquí. Gracias por hablar conmigo... supongo que así será mi último día.

Bajó la cabeza mientras abrazaba sus rodillas, para ocultar el malestar que la consumía y las lágrimas que amenazaban con brotar de su rostro. No quería llorar en ese lugar; la sensación de debilidad la consumía y el dolor en su pecho se iba haciendo cada vez más fuerte, pensando que estaría sola sin un apoyo en el cual confiar ese día, a menos que...

-¡Emilia! Yo... y-yo no tengo miedo, solo que estoy sorprendido de que una semihumana tan hermosa esté en este lugar tan tenebroso y solitario.

Dijo nerviosamente al ver cómo su reacción había tenido un efecto negativo en ella, quien solo enterró más su cabeza en sus piernas, sin querer seguir hablando más con él. Para ella, el solo ver cómo reaccionó ya era razón suficiente para ignorarlo.

Él la miró en silencio, sintiéndose apenado y arrepentido de lo que sucedió. Así que se levantó del suelo, caminó unos pasos y se sentó a su lado, aunque algo rígido al tener la imagen de la bruja en su mente. Emilia se sobresaltó un poco al sentir la presencia de Sagi cerca de ella, y se abrazó más fuerte, como si quisiera protegerse de la mirada de Sagi, esperando que estuviera cargada de desprecio.

-Perdón, fue una acción involuntaria. Sinceramente, no te veo como una bruja; solo la imagen de ella se me vino a la mente. Y bien, no creo que una bruja tan peligrosa y poderosa esté encerrada tan fácilmente en una celda, jaja.- Se rió incomodamente y, al ver cómo Emilia no reaccionaba, se recostó en la pared mientras bajaba la mirada, observando sus propias manos.- En verdad me sentí feliz cuando creíste en mi palabra. Nadie antes quería creerme solo por cómo me veía; fui llenado de prejuicios, pero tú creíste en mi palabra, aun sin tener pruebas que afirmen mi inocencia. Te lo agradezco desde el fondo de mi corazón. Entiendo que ya no querías hablar conmigo; parece que también te juzgaron por cómo te veías. Pero... yo prometo no verte solo a través de las apariencias; solo te veré por cómo me trataste y confiaste en mí. Así que, si no te molesta, ¿podemos comenzar de nuevo?

Emilia se quedó callada y Sagi se quedó pacientemente esperando su respuesta durante varios minutos, pero al ver que ella continuaba en silencio, se levantó de la posición en la que estaba sentado, asumiendo que la conversación había llegado a su fin. Emilia seguía en silencio, con la cabeza baja y el cuerpo encogido. Sagi se dio la vuelta para darle espacio, pero justo cuando estaba a punto de dar un paso, escuchó una voz suave y vacilante detrás de él.

-¿Por qué...?

comenzó Emilia, su voz tan baja que casi fue inaudible. Sagi se detuvo en seco y se dio la vuelta para mirarla. Emilia había levantado la cabeza y lo miraba con una expresión de curiosidad y confusión.

-¿Por qué quieres comenzar de nuevo?.- preguntó ella, y su voz se volvió un poco más fuerte.- ¿Qué es lo que esperas de mí?

Sagi se quedó en silencio por un momento, sorprendido por la pregunta de Emilia. Luego, una suave sonrisa se dibujó en su rostro y se acercó a ella, sentándose a su lado de nuevo.

-No espero nada; solo quiero conocerte más. Fuiste amable conmigo, así que debería hacer lo mismo. Me llamo Sagi, solo Sagi. ¿Y tú?.- le sonrió suavemente, extendiendo su mano en un nuevo intento de presentación y esperando que Emilia aceptara el apretón amigable.

Emilia lo miró con sorpresa; su expresión de curiosidad y confusión se mantenía en su rostro. Luego, lentamente, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Su mirada se fijó en la mano extendida de Sagi, y, después de un momento, ella también extendió su mano.

-Me llamo Emilia solo Emilia.

Expresó con suavidad, con una voz impregnada de una calidez que no había mostrado anteriormente. Su mano se unió a la de Sagi, intercambiando un apretón de manos suave y amistoso. Mientras se estrechaban, Emilia sostuvo la mirada de Sagi, y por un instante, pareció que ambos se comprendían sin necesidad de decir palabra alguna.

-Emilia, no sé si recuerdo bien, pero dijiste algo sobre 'supongo que así será mi último día...'.- dijo, intentando imitar la voz de Emilia, quien se rió un poco por lo gracioso que sonaba.- ey... no me estoy riendo, es en serio. ¿A qué te referías?

Se encontraban jugando un juego de cartas bastante popular en la capital. En unas horas, se permitieron conocerse mejor y llevarse bien.

-No creo que imitar a la otra persona se considere una pregunta seria... ¡mi mago quema tus defensas y mi caballero mata al rey! ¡Gané! -celebró, y Sagi solo miraba con molestia cómo le habían ganado por séptima vez.

-La-la-lastimaste mi orgullo. ¿Cuál es tu truco? Siempre lo jugaba en la celda y pensaba que era el mejor; siempre ganaba.

-Es un juego sencillo, igualmente no te lo revelaré.- dijo, inflando su pecho de orgullo por su estrategia.- ah... ¿contra quién jugabas? Debe ser bastante malo para no ganar ninguna vez.

-Conmigo mismo... ¡N-no me mires así...! Estuve solo... bastante tiempo.

-Es algo bastante triste, siendo sincera; debe ser difícil vivir de esa manera durante tanto tiempo.- dijo, sintiendo pena por el pobre muchacho.

-N-no estoy tan mal. No estoy disfrutando esto; bueno, de hecho, no creo que nadie disfrute estar encerrado en una habitación todo el día. Igualmente, ese no es el punto, estoy bien... ¡¿podrías dejar de verme como si estuvieras viendo un dragón atropellado?!

Emilia soltó varias carcajadas al observar la reacción de Sagi. Su presencia la había animado enormemente, permitiéndole, durante esas sesiones de juego, olvidar por un momento su situación. Ella prefería disfrutar de esos instantes de alegría en lugar de sumergirse en sus propias penas. Aunque Sagi aparentaba estar algo molesto, su expresión facial transmitía lo contrario; una sonrisa iluminaba su rostro mientras contemplaba cómo Emilia se divertía. Esa contradicción entre su expresión y su estado de ánimo hacía que la escena fuera aún más entrañable.

-Ya está bien, tú ganas. -Se aclaró la garganta.- Hablando en serio, ¿a qué te refieres con 'mi último día'? No quiero ser entrometido, pero suena peligroso.

Ella bajó la mirada, comenzando a mezclar las cartas con movimientos nerviosos. Había intentado eludir esa pregunta, pero no tuvo en cuenta que él era persistente cuando se trataba de indagar sobre algo.

-Supongo que no te he dicho por qué estoy aquí.

-Sí, no me lo dijiste... Si no quieres responderme, no tengo proble-

-¡No...! Está bien... Siento que solo intentaba evitarlo; estaría mal guardar algo tan importante.

Emilia entendió su silencio como una señal de que él estaba listo para escuchar todo lo que ella quería decir. Su falta de palabras no significaba que no le importara, sino que era una forma de invitarla a que se sintiera a gusto para compartir sus pensamientos y sentimientos sin ser interrumpida.

Ella tomó una profunda respiración, llenando sus pulmones con aire fresco que le brindó un momento de serenidad. Antes de pronunciar alguna palabra, una ola de duda la envolvió; no se sentía del todo preparada para lo que estaba a punto de compartir. Sin embargo, había una chispa de confianza en su interior, una certeza de que podría decírselo a Sagi sin el miedo de ser juzgada. Aquello era suficiente para motivarla a compartir lo que llevaba guardado.

-Yo también fui acusada. Me acusaron de crímenes que no cometí, me hicieron un juicio del cual ni siquiera sabía... siento que eso fue una trampa; mucha gente me odia por mi apariencia.- su voz se quebró un poco, pero no se detuvo.- Y decidieron por votos mi condena: el exilio o... la e-ejecución... me... me ejecutarán mañana.

Sagi permaneció en silencio, con el rostro pálido y una expresión de incredulidad. Sus ojos se fijaron en Emilia, como si le costara asimilar lo que estaba escuchando. Intentó hablar, abriendo la boca, pero no pronunció palabra alguna.

Se quedó en esa posición, sentado, sumido en un silencio que lo dejaba sin palabras y sin acciones. Su mente estaba en blanco y sentía cierta incomodidad por no saber cómo reaccionar ante la noticia. Si bien no tenía un trato cercano con Emilia, había algo en su expresión que le indicaba que debía ofrecer una respuesta, aunque no sabía cuál. Su silencio se extendió por varios instantes, mientras Emilia lo observaba con una expresión de tristeza y resignación. La tensión en el ambiente era evidente, y el mutismo entre ambos resultaba algo incómodo.

-Emilia.- finalmente Sagi pudo encontrar su voz, aunque fue apenas un susurro, mientras miraba las cartas en su mano.- ¿Jugamos otra ronda?

-¿Eh?.- esbozó, confundida. No se esperaba que él dijera eso, y sin saber qué decir, asintió con la cabeza en silencio.

Sagi tomó todas las cartas también en silencio y comenzó a barajar con una mano para después repartirlas entre los dos y poner en el suelo la más importante: el rey. Emilia tomó las suyas y analizó qué cartas tenía para idear una buena estrategia y matar al rey de Sagi.

-Yo comienzo el primer turno.- dijo Sagi al poner en el suelo la carta.- Lanzo mis arqueros; una lluvia de flechas cae sobre tu rey.

-Eso fue... muy agresivo.- dijo, poniendo en el suelo otra carta frente a la del rey.- protejo a mi rey con los escuderos, evito tu ataque. Tengo otro turno; lanzo a mi mago y uso hechizo de fuego. Gasto 2 de maná; pierdes tus arqueros.

-Uso a los mercenarios, en el siguiente turno atacarán a tu mago.- Sagi apartó a los arqueros, ya sin poder usarlos, y utilizó a los mercenarios, los cuales atacarían a la carta con menos defensa que las de ellos en el siguiente turno.

Emilia, al haber usado a sus escuderos para proteger al rey, ya no podía proteger a su mago, así que utilizó a la armada de caballeros para acercarse al rey de Sagi.

-Mis mercenarios mataron a tu mago, tengo doble turno. Uso al espíritu del agua, y tu armada no puede moverse por 3 turnos. Uso al espíritu del viento y ataco a tus escuderos, creando una brecha por los próximos 3 turnos. Gasto 5 de maná.

Emilia se quedó en silencio, analizando la situación del juego. Su armada de caballeros estaba paralizada y su rey estaba en peligro. Miró a Sagi con una expresión de concentración, intentando pensar en una estrategia para contrarrestar sus movimientos.

-Uso al caballero espiritual, ataco a tu espíritu de agua, ahora es mío. Tengo doble turno y mi armada de caballeros puede moverse en este turno.- Tomó al espíritu de agua y pensó en su siguiente estrategia.- uso a mi espíritu de agua, tus mercenarios no pueden moverse por los próximos 3 turnos. Uso 2 de maná.

-Saco a mi Quimera, vuela hacia el rey y lo ataca; está desprotegido, pierde una vida. Tengo otro turno... mi Quimera vuela hacia el espíritu de agua y lo acaba. Mis mercenarios se pueden mover en el siguiente turno.

-Umm... mi caballero espiritual ataca a tu espíritu del viento, ahora es mío. Tengo otro turno, ataco a tu Quimera con mi espíritu del viento, perdiste a tu Quimera y mis escuderos recuperaron su escudo.

-Uso a mis mercenarios; tu caballero espiritual perdió defensa, en el siguiente turno lo atacarán.

-Mi armada de caballeros llegó a tu rey; lo atacan, pierde una vida. Tengo otro turno, uso a mi hechicera para restaurar la defensa de mi caballero. Los mercenarios no pueden atacarlo.

-Uso a mi... ya perdí, ¿verdad?

Con una suave sonrisa dibujada en su rostro, Sagi pronunció aquellas palabras. Sin embargo, Emilia no dirigía su mirada hacia él; en cambio, sus ojos estaban fijos en sus propias manos, que apretaban con fuerza las cartas que sostenía. La tensión en sus dedos era evidente, como si intentara aferrarse a algo más allá de las cartas que tenía entre sus manos.

Emilia se quedó en silencio por un momento y luego asintió con la cabeza, sin mirarlo.

-Sí... en mi próximo movimiento... iba a usar a mi santo de la espada. -No parecía estar celebrando su victoria; más bien, su voz sonaba triste y frustrada.

-Todavía no... uso a mi caballero y huyo de la batalla junto al rey, aunque se enfrente a la ejecución.

-Eso es trampa, Sagi-san.- alzó su cabeza y miró la expresión en el rostro de Sagi, una expresión que reconoció al instante.

-Solo estoy jugando con estrategia... En realidad, es una buena metáfora para la vida. A veces tenemos que tomar decisiones difíciles y desesperadas para sobrevivir.- su voz se tornó seria y sus ojos se encontraron con los de Emilia, como si quisiera transmitirle un mensaje más allá del juego.- a veces tenemos que huir para protegernos a nosotros mismos.

-Un rey no huye de su destino.- dijo Emilia con cierta melancolía en su voz.

-Tienes razón.- dijo mientras asentía lentamente con la cabeza, y su mirada seguía fija en la de Emilia.- un rey no huye de su destino. Pero, ¿qué pasa cuando el destino es injusto? ¿Qué pasa cuando el rey es condenado a muerte sin haber cometido ningún crimen? ¿No es entonces cuando el rey debe tomar una decisión desesperada para sobrevivir?

-¿Te refieres...?.- dijo, captando hacia dónde quería llegar Sagi, mientras sus ojos se volvían llorosos de la emoción y el asombro.- t-tú...

-Emilia... no te conozco para nada, pero las pocas horas en las que hablamos me han permitido saber que, en cualquier cosa de la que fuiste acusada, eres inocente. Así como creíste en mí, yo creeré en ti, así que permíteme ayudarte a huir de ese destino injusto.

Él se levantó del suelo y extendió su mano, la cual Emilia miró y luego miró a Sagi.

-¿Huir de la capital? Eso... no terminaría siendo peor para ti y para mí. Seríamos enemigos del Reino, de Lugunica.- dijo con inseguridad. Aún así, una chispa de esperanza se encendía en su corazón ante esa idea.

Sagi sonrió suavemente, con una mirada llena de determinación.

-No importa lo que pase después. Lo que importa es que tienes la oportunidad de vivir, de escapar de una muerte injusta. Y yo... yo quiero ayudarte a aprovechar esa oportunidad.

Su mano seguía extendida, esperando a que Emilia la tomara. Su voz se volvió más baja y más intensa.

-No podemos cambiar el pasado, pero podemos intentar cambiar el futuro. Y si eso significa ser enemigos del Reino, entonces... entonces estoy dispuesto a correr ese riesgo.

-N-no sé si pueda hacer esto... no sé si puedo dejar atrás todo lo que conozco.

-No te estoy pidiendo que dejes todo atrás ni que olvides lo que fuiste. Solo te estoy pidiendo la posibilidad de un futuro diferente... un futuro en el que puedas vivir.

Emilia miró la mano extendida de Sagi y luego volvió a mirar su rostro. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras consideraba las palabras de Sagi. La emoción y la determinación en su voz habían tocado algo profundo dentro de ella.

-Sagi...- susurró, con la voz temblando de emoción.- ¿Por qué estás haciendo esto por mí? ¿Por qué estás dispuesto a arriesgarlo todo por alguien que no conoces?

-Porque creo en ti, Emilia. Creo que eres inocente y que mereces una oportunidad para vivir. Y porque... creo que mereces una segunda oportunidad.

Por un momento, pareció que el tiempo se había detenido. La chispa de esperanza en el corazón de Emilia parecía crecer, y su mano se movió lentamente hacia la de Sagi.

Emilia extendió su mano, y Sagi la estrechó con firmeza. Sus ojos se encontraron, y en ese momento, parecía que podían ver directamente al alma del otro. La mirada de Sagi era cálida y llena de empatía, como si quisiera transmitirle que él estaba junto a ella en esto.

La cara de Emilia se iluminó con una sonrisa débil, pero llena de gratitud. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no eran lágrimas de tristeza, sino de alegría y alivio. En ese momento, pareció que Emilia había encontrado un aliado, un amigo que creía en ella y la apoyaba.

En ese instante, todo pareció claro. Sabían que su decisión tendría consecuencias, que su huida los convertiría en prófugos de Lugunica. Pero en ese momento, no importaba. Lo único que realmente importaba era la libertad, la oportunidad de vivir.

La mano de Emilia se apretó aún más en la de Sagi, y él sonrió.

-Vamos.- dijo, con voz baja y decidida.

Y en ese momento, todo comenzó.

Fin del capitulo... --

Y bueno, terminé, jaja, sorprende incluso para mí. 13.959 palabras. Comparando este capítulo con el primero, que tenía 5.000, es mucho más largo y creo que he mejorado bastante la historia. Siento que es mucho mejor de lo que pude haber hecho.

Pero bueno, probablemente el segundo capítulo tenga alrededor de, no sé, 15.000 palabras, ya que quiero darle más sentido a su huida del palacio. Sin nada más que decir, ¡gracias por leer! Si te gustan las cosas largas, esto lo será. ¿Sonó mal?

Adiós y nos vemos en otro capítulo.

Si es que llego a subirlo, claro...