Las calles del hanamachi parecían tan animadas como siempre. El bullicio y la gente llenaban el ambiente y por alguna razón, ese día ese jaleo al que debería estar acostumbrada le estaba dando dolor de cabeza.
Se levantó del suelo y cerró la ventana de la pequeña botica, la habitación que tenía alquilada en el Rokushoukan, para mitigar un poco aquel ruido. Se detuvo unos instantes a observar el cielo, azul y radiante, típico de aquel día de primavera, para después sellar la ventana. Aquel cielo le recordaba al de aquel día y no era un día que quisiese recordar.
Volvió a su lugar, sentada en el suelo frente a la pequeña mesa, y sin prisa comenzó a escribir los síntomas y el remedio que le había asignado al último cliente. Le gustaba llevar un pequeño control de las medicinas que proporcionaba para mismos casos para medir la eficacia de éstos.
Cuando terminó, cerró el libro y empezó a ordenar un poco la pequeña mesa. Ella no era desordenada, le gustaba mantener el orden, en especial en su mesa de trabajo, pero ella no era la única que usaba esa mesa. Guardó las agujas, las navajas y los bisturís en una caja la cual luego anudó con fuerza, puso el historial médico en una pila de libros a su lado y luego empezó a guardar las piezas de Xiangqi que había desperdigadas. Sin saber por qué empezó a juguetear con una de las piezas, la reina, haciendo rodar la pieza por la mesa.
La puerta se abrió un poco, la boticaria levantó un poco su cabeza y se encontró a una de las kamuro del burdel.
-Nee-chan, ha venido otro cliente.- la avisó, Maomao guardó las piezas de aquel juego de mesa.– Y además…- la kamuro le tendió una caja de madera.
Maomao suspiró, agarró la caja y le dijo a la niña que hiciese pasar al cliente. De manera distraída abrió la caja observando, como siempre, la abundante cantidad de dinero. La cual ni quería ni necesitaba.
No podía quejarse. No debía quejarse. Esa ahora era su vida, después de todo, esa era la vida que siempre había querido: ser boticaria como su padre. Pero por alguna razón, aquel dolor de cabeza le hacía recordar a sus días en el palacio interior y al día en el que se marchó de allí. Los días que pasó junto la concubina Gyokuyou-sama siendo su catadora, los ratos que pasaba hablando con Xiolan, a Suiren-sama, a Gaoshun-sama y a todos los demás.
Y también a él.
Pero, aunque estaba contenta con su vida actual y con las personas que tenía a su alrededor. Había crecido mucho como boticaria, teniendo conocimientos médicos bastante avanzados por el tiempo que pasó estudiando como ayudante médico y por las enseñanzas de su padre. Y ahora, por fin desempeñaba su puesto lejos del palacio imperial.
Y también lejos de él.
….
El regreso del príncipe de la luna había sido algo que causó mucho ruido en el palacio imperial. El emperador había recibido a su hijo mayor y heredero al trono entre honores. Tras su revelación como hijo de la anterior concubina pura e hijo del aquel entonces príncipe heredero, Jinshi, o mejor dicho Zuigetsu, no pudo huir de su destino.
El emperador le mandó al extranjero para curtirse y educarse, viajando antes de encerrarse en el palacio. Ah-Duo intentó ayudarles, tanto a su hijo como a Maomao, ofreciéndoles su ayuda para que escapasen juntos y que Yue escapase del trono. No obstante, aunque Jinshi se lo ofreció a su pareja, Maomao se negó. Ocultándose ella misma y sus razones de Jinshi.
Y por fin, tras casi cinco años lejos de su patria, Ka Zuigetsu volvía a su hogar. Lo primero que hizo cuando pisó el palacio imperial fue acudir a la audiencia del emperador, quien le esperaba en la sala del trono, sentado solitario y altivo en su lugar, mientras los altos cargos políticos y militares agacharon la cabeza con su paso. Caminó por la mullida alfombra y cuando estuvo a escasos metros de su padre, se agachó e hincó su rodilla.
-Ya he regresado, emperador.
Aquel hombre que pasaba ya los cuarenta años, con bastantes canas en su pelo y un aspecto cansado, se acarició la barba mientras observaba al joven de casi treinta años.
-Me complace verte después de tantos años, hijo mío.- una sonrisa se formó en su rostro observando al príncipe de la luna y cariño.
El emperador sabía del cambio que realizó su concubina, Ah-duo, y que el que en ese entonces era su hermano era en realidad su hijo. Él deseaba que le sucediera y se hiciera con el cargo. Por eso odió perder esa partida en la que se apostó que Zuigetsu entraría en el palacio interior como el cuidador de su jardín, siendo un eunuco.
También sabía que Ah-duo estaba firmemente en contra de que su hijo fuese el emperador, pues sabía que no era lo que deseaba. Pero, aunque sabía que negaba el puesto, Zuigetsu no podía negar que llevaba la sangre del Clan Ka y debía asumir su rol.
Intercambiaron algunas palabras más y tras eso, el emperador se levantó de su asiento y desapareció. Ya tendrían tiempo de hablar a solas de su viaje y de su futuro. Tras esa pequeña audiencia, habría un banquete para celebrar su regreso.
Algunos cargos políticos, amistosos y otros no tanto, se acercaron a él para presentarles sus respetos. Después de todo, él era quien tenía más posibilidades de ser el próximo emperador.
-Vaya, vaya.- escuchó Jinshi tras de él. No le hizo falta girarse para saber a quién pertenecía esa voz.- Pensaba que nunca te atreverías a volver por aquí.
El comentario del estratega fue mordaz y un tanto envenenado. Detrás de su padre, apareció Lahan quien le ofreció una sonrisa a Jinshi.
-Gran estratega, es un placer volver a verle.- el príncipe de la luna mostró una sonrisa contenida, después de todo nunca se había llevado del todo bien con Lakan.
El líder del clan La torció el gesto y apartó la vista de él.
-Los cobardes siempre llegan tarde.
Basen iba a arremeter contra él, pero Jinshi le detuvo. El príncipe de la luna mantuvo un semblante serio, los años habían pasado contaba ya con 28 años y sus rasgos habían madurado. Seguía siendo un hombre hermoso, ni el tiempo ni la cicatriz que surcaba su mejilla derecha habían mermado su belleza.
Pero no solo había madurado en apariencia, sino también mental. Había tratado con bastantes políticos en el extranjero y estaba acostumbrado a comentarios maliciosos.
-¿De verdad soy yo el cobarde?- preguntó con tono serio y duro el hijo del emperador.
-Créeme, sé bien reconocer a un cobarde cuando lo veo.- Jinshi iba a contestarle, pero Lakan siguió hablando.- Solo espero que tras cinco años no se atreva a molestar la calma del clan La.
Y tras eso se marchó. El clan La era un clan poderoso, gracias a Lakan quien había ascendido aún más ante los ojos del emperador y había ganado incluso más poder político y por Luomen quien se había instaurado de nuevo como médico en el palacio e incluso médico del emperador.
Hace tan solo unos años, el Clan La le apoyaba a él, siendo la primera vez que ese clan tan peculiar de posicionaba en una facción. Y también era el clan donde estaba…
No quiso pensar más. Debía prepararse para el banquete que habría en su honor. Odiaba esos banquetes tan ostentosos y tan hipócritas, donde tendría que sentarse hablar y beber con personas que aprovecharían cualquier oportunidad para apuñalarlo por la espalda o envenenarlo.
Al pensar en eso no pudo evitar que un recuerdo molesto apareciese. O más bien alguien volviese a su mente. Movió sus hombros con cansancio, tendría que buscarse una catadora en la que pudiese confiar.
Una catadora que no le volviese a traicionar.
….
Flash back
-Esto… Está envenenado.- la cara de Suiren palideció cuando escuchó a la boticaria.
Maomao rápidamente se obligó a vomitar todo lo que tenía en su estómago. No era un veneno demasiado fuerte, porque entonces lo habría descubierto solo con olerlo, sino que era uno lento y que poco a poco mostraba su poder.
Fue una suerte que la charla con Suiren enfriase un poco su comida y eso había hecho que el veneno apareciese lentamente. Si se hubiese tomado su cena caliente, puede que ya estuviese muerta.
Se deslizó hasta el suelo, sentándose y llevándose las manos a la cara. Sentía su lengua entumecida y como un sudor frío recorría su cuerpo. En otros casos hubiese disfrutado ese momento y de ese veneno, pero ahora…
-Xiaomao…- levantó su cara enfrentándose a la cara preocupada de Suiren quien le ofrecía un vaso de agua. Lo tomó, pero no bebió de él.- Xiaomao, yo no…
-Lo sé. Estoy… Estoy bien, Suiren-sama.- la anciana sabía que lo decía para tranquilizarla. Veía la expresión preocupada de la joven.
Ahora que tantas cosas habían salido a la luz; su relación con Jinshi y su verdadera identidad como hijo y no como hermano del emperador, Maomao se había ganado más enemigos de los que pudiese saber.
Tras los acontecimientos en la región de I-Sei y tras saber que Jinshi era el legítimo heredero al trono por delante de los hijos de la emperatriz Gyokuyou y la concubina Lihua, había ganado bastante apoyo político. Incluso el clan La, quien no se habían posicionado en ninguna facción ahora apoyaban al hombre de la cicatriz en la mejilla. Y no era solo Jinshi, ella al ser su pareja, o su concubina como la veían, era una amenaza.
En ese instante, había tres grandes facciones; los que apoyaban a los hijos de la emperatriz Gyokuyou, los que apoyaban a los hijos de la concubina Lihua que parecían mejor acogidos que los hijos de la emperatriz por tener un cabello oscuro y la facción de Zuigetsu.
Si Jinshi tenía un heredero, eso solo afianzaría su puesto como sucesor del emperador ante sus medio hermanos que aún eran muy jóvenes. Eliminarla a ella, era eliminar a la posible futura madre de ese heredero.
La oferta de Ah-Duo era tentadora. Pero lo sabía. Sabía que intentar escapar solo pondría más dianas en su espalda y en la de Jinshi. Sería bastante sencillo para altos cargos políticos y su amplia red de inteligencia ubicarles y darles caza, poniendo sus vidas en peligro.
-Suiren-sama.- llamó la atención de la mujer que se había asustado ante el silencio de la joven.-Usted es la aliada de Jinshi-sama, ¿verdad?
-Así es, lo he sido desde que nació y lo seguiré siendo hasta mi último día.- Maomao sonrió, después de todo era su abuela materna, era normal que quisiese proteger a su nieto.
Mostró una pequeña sonrisa. Jinshi necesitaba a todos los aliados posibles y se alegraba que Suiren estuviese junto a él. Le pidió a la anciana un poco de papel y tinta, la cual recibió en escasos minutos y empezó a escribir.
O eso le hubiese gustado. No sabía qué escribir ni cómo expresara aquello. Suiren desapareció de la habitación, excusándose diciendo que haría té, dejándola sola frente al papel. Se obligó a dejar de dudar y agarró el pincel con fuerza, pasando la punta por el papel escribiendo aquello. Palabras dolorosas que no quería escribir. Un enorme malestar se instaló en su vientre, no sabía si era por el veneno o por escribir aquello o por otra razón.
Al finalizar, dejó el pincel sobre la mesa y observó la carta que había escrito. Su mente corría a tanta velocidad que la sentía en blanco, no era capaz de pensar en nada o quizás es que estaba pensando en tantas cosas que no podía centrarse en ninguna.
Por su mente pasaron todos los momentos que vivió junto a Jinshi; cuando le conoció, cuando iba al pabellón jade para buscarla, la caza, cuando fue a rescatarla del clan Shi, el banquete, el viaje a la región de I-Sei, cuando se marcó con el símbolo de la emperatriz Gyokuyou en el costado, todas las veces que le curó, cómo se preocupaba de ella, cuando buscaba cualquier excusa para verla, cuando la amaba por las noches…
Su rostro se mostraba estoico y puede que incluso sin emoción, pero sus ojos parecían más sinceros que ella, dejando caer toda la tristeza que sentía en esas lágrimas. Iba a renunciar al hombre que amaba porque era la única opción que tenía para garantizar su seguridad.
Debía acogerse a la oferta del emperador, Jinshi debería ir al extranjero y así salir del huracán político durante un tiempo. Y sabía que lo único que la ataba allí era ella. Aunque la hubiese acompañado en otras ocasiones, ella no podía irse durante tanto tiempo de allí, además de que…
-Xiaomao.- la dulce voz de Suiren llamó su atención. Se secó las lágrimas y vio como la mujer colocaba un humeante vaso frente a ella.
-Suiren-sama, ¿podría darle esta carta a Jinshi-sama?
La anciana miró el papel cuidadosamente doblado que le ofrecía.
-¿Estás segura?
-Esta es la mejor opción para garantizar nuestra seguridad. Jinshi-sama irá al extranjero, se olvidará de mí y asumirá el puesto de emperador. Así es como debía haber sido.
Solo esperaba que cuando fuese emperador descansase bien y que no trabajase demasiado.
-Está bien.- cuando soltó la carta supo que era un paso del que no podría retroceder.
-Me iré a casa antes de que regrese. Encontrarme con él ahora sería incómodo.
Un tanto tambaleante, se levantó de la mesa y caminó hacia la puerta.
-Xiaomao, puede que tanto mi hija como yo seamos aliadas del príncipe de la luna, pero eso no quita que seamos también tus aliadas. Te ofreceremos nuestra ayuda para…
-No necesito vuestra ayuda, Suiren-sama.- dijo tajante Maomao. No quería seguir teniendo relación con ellas o con alguien del palacio imperial. No quería tener nada que pudiera recordarle a Jinshi.
Que hipócrita era.
Se arrepintió un poco del tono duro y un tanto brusco que usó.
-Lo siento mucho, Suiren-sama, pero esto es una despedida.- la mujer mayor cerró los ojos con pesar.- ¿Podría darle las gracias a Chue-san?
Esa última frase hizo que el corazón de Suiren se llenase de calma.
-Espero que atesores bien ese regalo que te hizo Chue.
-Por supuesto, lo cuidaré bien.
Fin del flash back
Suiren no pudo evitar recordar ese día cuando volvió a ver su nieto, quien la saludó con una sonrisa. Se sentó en uno de los asientos y le sirvió un poco de sake, observaba hacia los lados buscando a la persona que le había hecho llamar después del banquete.
Jinshi estaba cansado del viaje, de la audiencia y del banquete y tras hacerle llamar para hablar con él, ¿llegaba tarde?
-Pareces decepcionado. ¿No estás contento de haber vuelto?- como siempre, Ah-duo, su madre, entró en la habitación con una sonrisa confiada y vistiendo su típica ropa de mercader, más para hombres que para mujeres.
-Me invitas a tomar sake y luego me haces esperar.- dijo Jinshi moviendo el pequeño vaso en su mano para girar el líquido.
-Tú has sido quien me ha hecho esperar casi cinco años para volver a verte.- ella en cambio bebió directamente de la botella y no del vaso que Suiren había preparado para ella.
-¿Ha sido tanto tiempo?- comentó el príncipe de manera distraída.
El tiempo parecía haber perdido importancia para él, después de todo ya no ansiaba ver ni esperar la visita de nadie. Ese tiempo solo había hecho que se volviese un tanto rencoroso, los años no habían cerrado aquella herida.
Después de todo no había tenido a nadie para sanarle.
Sus días pasaban de forma rutinaria; estudiaba, se reunía con políticos y entrenaba con Basen. Día tras día. Todos los días eran iguales. Aquellos días no tenían ningún color.
No había nada que desease.
Nadie a quien quisiese volver a ver.
Se repetía eso día tras día, intentando creer esa mentira. Intentando olvidarla. Intentando entender esa dichosa carta que leía cada noche, aunque se la supiera de memoria, solo para observar su caligrafía y sentirse un poco más cerca de ella.
Había prohibido hablar de ella. No había sabido nada más. Solo esa carta.
-Te lo dije cuando te fuiste, el mundo no ha acabado porque una mujer se haya ido.
Zuigetsu endureció el gesto. Con brusquedad dejó su vaso sobre la mesa.
Era cierto, el mundo no había acabado tras separarse de ella. Ni siquiera había muerto. Pero su mundo se tornó de un tono grisáceo y triste que le hacía enfurecer.
-Si ese es el tema del que querías hablar, me voy.- su madre no se alteró ante su tono ni cuando se levantó para irse.
-Deja de huir, Yue.- ella era la única que le llamaba así.- Si quieres verla, sabes dónde encontrarla.
No siguió escuchando, cerró tras de sí con un portazo y caminó por los pasillos de aquel palacio seguido rápidamente por Basen. ¿Él? ¿Un cobarde que huía? Él no había sido quien se había ido dejando solo una carta.
Esa noche no durmió. Ni siquiera cómo las noches de los últimos años que más que dormir parecía únicamente cerrar los ojos. No quería dormir, no quería soñar con ella. Se negaba a dormir y a levantarse con los ojos enrojecidos y con la almohada mojada.
Para su desgracia, le hizo caso a su madre. Tras terminar el trabajo más urgente, tras el mediodía se montó en un carro acompañado por su fiel guardaespaldas y se dirigió a Hanamachi. Durante el camino fue ensimismado, recordando de nuevo aquella noche.
Flash back
-Jinshi-sama…- escuchar su nombre dicho de aquella forma solo hacía que su corazón se acelerase.
La envolvió entre sus brazos, enterrando su nariz en su pelo mientras ella ocultaba su rostro en su cuello. Alumbrados únicamente por una tímida vela, Maomao se hallaba sentada sobre Jinshi mientras movía su cuerpo contra el suyo.
-Maomao…
Con cuidado, Jinshi la tumbó en la cama quedándose él sobre ella. Agarró la mano de ella, y la puso sobre su cabeza. Sus dedos se entrelazaron. Siguió moviéndose junto a ella, sus miradas no se apartaban, estaban fijas en los ojos del otro y ambos rostros sonrojados.
No tardaron mucho en acabar, pero no se separaron. Jinshi la abrazó con fuerza contra su pecho y allí ella encontró su lugar.
-Eres solo mía, Maomao.
Fin del flash back
Esa había sido la última noche que habían estado juntos y también la última noche que la había visto. A la mañana siguiente se fue a trabajar y al volver Suiren le dijo que se había ido y le dio la carta. Atesoraba esa noche.
Tras recibir aquella carta de Maomao, para él hubiese sido muy sencillo ir a buscarla y obligarla a permanecer junto a él. Ella sabía muy bien la jerarquía que había entre ellos y la respetaba. Pero también sabían ambos que él nunca la obligaría a hacer algo que no quisiese, ya fuese dejar de ser boticaria o estar junto a él si no era lo que quería.
Aquel ambiente festivo y ruidoso hace unos años le alegraba y le hacía emocionarse, después de todo era una señal previa de que la vería. Ahora, solo le hacía incomodarse y que una molesta sensación se adueñase de su estómago.
¿Podría encarar a Maomao?
¿Podría si quiera pedirle explicaciones?
¿Quería explicaciones?
Basen no decía nada, simplemente miraba a su maestro preocupado y siendo incapaz de brindarle palabras de consuelo. Le hizo una señal al chofer para que detuviese el carro a unos metros de la entrada del Rokushoukan, el cual seguía siendo tan animado y tan demandando como siempre aun cuando había cambiado de madame. Aquel enorme edificio le traía nostálgicos recuerdos que había atesorado durante mucho tiempo.
Frente a la puerta había dos enormes filas de clientes, una kamuro barriendo la entrada con tranquilidad e incluso en una de las paredes principales había un pequeño niño jugando a patear una pelota. Nada parecía haber cambiado, o eso era lo que deseaba. Anhelaba entrar allí como siempre, ir a la pequeña botica de Maomao y charlar con ella e incluso dormirse en su regazo.
-Príncipe de la luna.- Basen llamó su atención, su cara le preguntaba que iba a hacer. Una pregunta a la que no tenía respuesta.
No quería entrar y encararla. No quería verla. Pero tampoco quería huir de nuevo.
Como usualmente hacia cuando iba al burdel, se tapó la cara. Llamaría la atención sí, pero su cara y su cicatriz lo haría aún más. Pasó al lado de la fila de personas las cuales iban a importunarle, pero Basen les detuvo para que no molestasen a su maestro.
Jinshi se detuvo frente a la mesa donde la madame recibía a los clientes. La mujer al verle le sonrió tras soltar humo por su pipa.
-Vaya, esperaba volver a verle… Hace cinco años.- respondió un tanto mordaz Joka.
El príncipe de la luna no dijo nada mientras mantenía la mirada a esa mujer.
-Quiero verla. ¿Dónde está?- sus palabras fueron tajantes, pero Joka no retrocedió.
-Lo siento mucho, señor, pero solo atiende a clientes y nuestra kusuriya está muy ocupada.- el humo volvió a salir de su boca.- Le pido que se vaya de mi local.
Jinshi no emitió palabra alguna, se giró y camino hacia la puerta. Cuando estuvo al lado de Basen, agarró la espada que tenía su guardaespaldas en su cintura y la desenfundó. Joka se sorprendió. ¿Acaso iba a amenazarla con un arma?
Zuigetsu con fuerza empuñó el arma y cortó su brazo. Aquel líquido carmesí empezó a brotar sin control manchando la alfombra de la recepción.
-Necesito ver a vuestra kusuriya.- dijo levantando su brazo mostrándole la herida a Joka quien sonrió.- No creo que sea bueno que yo muriese desangrado sin recibir asistencia médica en su local, ¿o me equivoco?
Joka dejó su pipa sobre la mesa y se giró para encarar a las dos kamuro que estaban con ella para ayudarla. Las niñas estaban sorprendidas ante el acto de ese hombre y les costó reaccionar cuando la madame les habló.
-Avisa a Maomao que tiene un cliente y tú…- la niña esperó que Joka hablase.- prepara un té para nuestro invitado. No creo que sea bueno que nuestra "prosperidad" se viese afectada por él.
La niña entendió y rápidamente asintió. Ambas chicas se fueron delante de la vista de Jinshi.
-No creo que haya que indicarle el camino, ¿no es así?
Ante esa invitación empezó a andar. Conocía el camino de sobra, pero por alguna razón sus pies se sentían más pesados que antes. Junto a sus pasos, las gotas de sangre caían en el suelo, manchándolo y dejando un reguero de sangre. Se detuvo frente a la puerta de madera, siendo incapaz de moverse y de abrirla.
Sentía su mano fría y como su sangre caliente caía desde sus dedos hasta el suelo, con un sonido continuo. Sus pies no se movían, no le respondían y solo tenía el impulso de huir.
-A ese paso, le dará una lipotimia. Así que entre para que pueda ver su herida.- fue a través de la puerta, pero fue la primera vez que escuchó la voz de Maomao tras esos años.
Alegría, nostalgia, tristeza y después ira. Pasó por todos esos estados, pero al final el sentimiento que se mantuvo fue el de nostalgia y calma.
No se molestó en llamar, después de todo, ella ya sabía que estaba allí. Entró a la pequeña botica, la cual no había cambiado mucho. Seguía llena de libros y ese inconfundible olor a medicina y ella como siempre sentada sobre un cojín frente a esa pequeña mesa.
Le hizo un gesto para que se sentase en un cojín que había al lado de ella mientras ella sacaba los utensilios para tratarle. Ambos rehuían su mirada, ella centrada en desinfectar la aguja que usaría y él mirando a través de la ventana cerrada.
Jinshi notó como ella agarraba su brazo y cortaba la manga de la ropa. Empezó a desinfectar y limpiar la herida que se extendía por todo su antebrazo izquierdo y mientras hacía eso, por primera vez en mucho tiempo, volvió a ver la cara de la persona que tanto había amado. Tenía el cabello un poco más largo y su rostro se había vuelto más femenino. Aun estando sentada, se dio cuenta que seguía siendo tan bajita para él como lo era antes, aunque su cuerpo había madurado durante esos años.
Aunque hubo algo que le llamó la atención.
-Sigues pintándote las pecas.
-Creo recordar que alguien me instó a hacerlo.- ahí Jinshi recordó cuando le ordenó que se siguiera pintando las pecas tras su compra como cortesana.- Ahora no se mueva.
Sintió como la aguja entraba en su piel de manera firme y cuidadosa. A Jinshi siempre le había gustado verla trabajar, con esa mirada concentrada y esos movimientos cuidados.
-Parece cansado, Jinshi-sama. ¿No duerme bien?
-Llevo sin dormir bien cinco años.- respondió con un tono herido.
Al tenerla ahí frente a él solo pudo pensar que ya no estaba a su lado. Aun estando tan cerca que podía tocarla, la distancia que les separaba era enorme. Y durante esos años se hizo una pregunta que no tenía respuesta y que siempre le había molestado.
-¿Cómo se llama?
Ante la pregunta, Maomao se detuvo durante un momento para después seguir cosiéndole. Maomao siguió manteniendo un semblante sereno.
-¿De quién habla, Jinshi-sama?- preguntó ella de manera distraída mientras seguía trabajando.
-Sabes bien de quien te hablo.- Maomao por alguna razón sentía los latidos de sus corazón tan fuertes que retumbaban en su cabeza.- ¿Cómo se llama él?
La boticaria no respondió, siguió trabajando. Intentando acelerar el ritmo para cesar aquella conversación cuanto antes. Se había mentalizado durante esos años por si volvía a verlo, pero seguía sin estar preparada.
-Te he hecho una pregunta, Maomao.- endureció el tono siendo demandante. No iba a desperdiciar la oportunidad que tenía ahora que había tomado el valor de verla.
La aguja volvió a salir de la carne de Jinshi, Maomao la agarró y notó como temblaba antes de volver a introducirla. Era inútil ocultarlo si ya lo sabía.
-Xingye.
Apuntó el nombre en su cabeza, mandaría a buscar toda la información que hubiese sobre él y después le sumiría en lo más profundo de la desesperación por haberle separado de su gata.
Al terminar, dejó la aguja apoyada en la mesa y tomó las vendas que había preparado. Iba a proceder a tapar la herida cuando Jinshi agarró su muñeca con su mano, con fuerza y ahí fue cuando por primera vez en tanto tiempo sus miradas se cruzaron.
Todo el odio y el rencor que había acumulado por esa carta durante esos largos años desaparecieron cuando se sumergió en esos ojos azules. Fue como tomar un respiró tras estar tanto tiempo bajó la desesperación, encontrando calma y encontrándose a sí mismo.
Por su parte, Maomao contuvo la respiración al volver a verle. Tan cerca y tan real. No era otro sueño o un recuerdo pasado. Estaba frente a ella mirándola con los mismos ojos y con el mismo cariño que recordaba.
La mano izquierda de Jinshi subió hasta su mejilla, era doloroso moverla, pero le dolía más no poder tocarla ahora que la volvía a tener a su alcance. Sin poder evitarlo ni querer controlarlo, sus rostros se fueron acercando lentamente. Sentía la respiración del otro, fueron cerrando los ojos anhelando ese momento…
Ambos necesitaban ese toque.
Pero fue interrumpido por el sonido apresurado de un par de pasos. Se separaron y ambos miraron hacia la puerta y cómo ésta se abría de golpe dejando ver a Joka acompañada de un infante. O más bien Joka intentando detenerle.
-Lo siento, Maomao no he podido detenerle.- se disculpó Joka agarrando al niño del brazo ahora que se había detenido para abrir la puerta.
Maomao suspiró, ya no tenía sentido ocultarlo.
-No te preocupes, Joka-nee-chan.- tranquilizó a su hermana que la miraba preocupada.
Finalmente, el niño se zafó del agarre de la madame y corrió a los brazos de Maomao. Joka miró a la boticaria y con una mirada de Maomao la entendió y cerró la puerta. Ahora tendría que enfrentar sus miedos.
Jinshi estaba molesto y aturdido. La inesperada llegada de ese niño había interrumpido su reencuentro con Maomao y ahora le miraba desde sus brazos con una expresión molesta. Tan molesta como la que tenía él.
Aquella interrupción había agitado de nuevo el dolor que había sentido durante esos años. Y más al ver a ese niño. Tendría unos cuatro años, con el pelo del mismo color que Maomao y mirándole con la misma expresión con la que la boticaria le miraba en sus días en el pabellón jade cuando le hacía una petición. Mirándole como si fuese un insecto.
El niño se aferraba a la boticaria, con cariño y protección, midiendo los movimientos de Jinshi.
-No puedes entrar en las habitaciones de esa manera.- Maomao le regañó con un tono firme que el niño pareció ignorar al estar centrado en el príncipe de la luna.-Xingye.
El niño respondió a la boticaria, mientras Jinshi abría la boca un poco sorprendido y desorientado. Sus ojos estaban desorbitados mirando la escena y las piezas estaban encajando de una manera que no le estaba gustando. Si lo que estaba imaginando era cierto, no solo había sido un cobarde, sino que también había sido un estúpido.
-¿Él…? – empezó a hablar mientras le señalaba con el dedo.-¿Él es Xingye?
Maomao le miró sin entender. ¿A qué se refería? Él mismo le había preguntado por él, ¿no? Ella había asumido que al preguntar por él sabía de su existencia.
-¡Soy Xingye del clan La!- respondió con tono orgulloso mientras le miraba desde los brazos de su madre.
Ante eso Maomao suspiró, aunque ella renegaba bastante del clan La, el niño estaba bastante encariñado con su abuelo con quien a veces jugaba a juegos de mesa. Y también el estratega le había hecho entender que provenía de un clan muy poderoso. Aunque en realidad era fruto de dos clanes muy poderosos.
-Xingye, te tengo dicho que no puedes entrar aquí cuando estoy trabajando.- el niño miró a su madre con una expresión un poco entristecida por el regaño.
-Pero… Pero había mucha sangre y me dijeron que un hombre extraño te estaba buscando…- se intentó defender el pequeño.
-No te preocupes, ve con Joka-nee-chan.- le entregó un pequeño bol con las piezas de Xiangqi.
Con paso lento, con las piezas en sus manos y mirando hacia atrás un tanto preocupado, el pequeño abandonó la botica dejándoles de nuevo solos.
Por alguna razón, Jinshi sentía la boca seca, las manos frías y sus ojos no podían apartar los ojos de ella. Maomao estaba sentada con la mirada fija en él, esperando que hablase. Una carcajada salió de sus labios.
-No es cierto, ¿verdad?- preguntó con una sonrisa fingida. Aquello no podía ser cierto.
-Lo es. Pensé que ya lo sabía, después de todo ha preguntado por él…
-¡Pensé que me habías dejado por otra persona!- por alguna razón que no supo alzó la voz cuando se levantó. Se llevó una mano a la cara y se sacudió el pelo.- Te estabas cuidando…
Maomao apretó los labios.
-Sí, me estaba cuidando. Y esto es mi culpa. Chue-san se ofreció a comprar por mí las hierbas y a hacerme el té cuando yo estaba demasiado ocupada con aquella epidemia. Cambió las hierbas y… Me quedé embarazada. Pensé en decírselo, pero intentaron envenenarme, por lo que mi primer impulso fue el de proteger al bebé y marcharme.
Tenía todo el derecho de enfadarse. Por la carta, por la mentira, por haberle ocultado a su hijo durante esos años… Aguantaría cualquier cosa; que la insultase, que la exiliase, que la golpease… Solo deseaba que no le quitara a su hijo.
-Pensaba que te habías ido con alguien más…
Jinshi no sabía ni qué decir ni qué hacer. Todos tenían razón, había sido un cobarde. Debería haberla buscado y pedirle explicaciones. Pero tenía tanto miedo. Miedo de verla enamorada de alguien más. Verla en los brazos de otro hombre después de haberla reclamado como suya.
-Yo siempre fui leal a Jinshi-sama.- esos ojos azules le miraron con tanto intensidad que el príncipe de la luna se sintió pequeño.- Me disculpo por habérselo ocultado, Jinshi-sama. Pero por favor…- la vio agacharse en una súplica, poniendo sus manos en el suelo y luego su cabeza.- No me separe de mi hijo.
Tenía tantas preguntas y ninguna parecía tener respuesta.
¿Desde cuándo sabía qué estaba embarazada?
¿Quién había intentado envenenarla?
¿Cuánta gente sabía de la existencia de Xingye?
Pero en ese momento solo podía hacer una cosa.
Maomao sintió cómo la obligaba a levantarse y esta vez sus labios sí se encontraron con los suyos. Recibió el beso con sorpresa y aturdimiento, pero no pudo resistirse a responderle. Volvía a sentirse en aquel lugar donde se sentía calmada y sabía que pertenecía: los brazos de Jinshi. Se aferró a su ropa, en un intento de que no se alejase de ella.
El beso fue aumentando de intensidad y poco a poco la ropa les fue estorbando. No sería la primera vez que lo harían en aquella pequeña botica, pero sí sería la primera vez que lo harían tras haberse anhelado durante tanto tiempo.
Jinshi tenía mucho que pensar y con lo que lidiar. Con su rango, con sus enemigos, con esos cinco años que estuvo alejado de ellos. Pero tenía una cosa clara:
No volvería a separarse de su familia y la protegería a costa de su vida.
…
Hacía tiempo que no me pasaba por aquí y esta vez traigo un one-shot de Kusuriya no hitorigoto. Sabéis que escribo pequeños one-shots de los animes o series de los que estoy enganchada en ese momento. Por eso prefiero escribir one-shot a historias que en un futuro podría dejar inacabadas.
Tengo muchas ganas de escribir sobre Maomao y Jinshi y seguramente traiga más one-shot que no tienen por que seguir la misma historia. Espero que os haya gustado y que estéis disfrutando el anime, el manga y la novela ligera tanto como yo.
Hanamachi: es el nombre en japonés del barrio del placer o del barrio rojo. La verdad es que prefería ponerlo en japonés que en español.
Rokushoukan: nombre en japonés de la casa Verdigris, burdel donde trabajaban Mei mei, Joka y Pairin y también lugar donde nació Maomao.
Kamuro: son niñas de unos diez años que son las aprendices de las cortesanas. Maomao también fue Kamuro en su momento.
Kusuriya: boticaria.
Xiangqi: nombre en chino del shogi, juego de mesa parecido al ajedrez que juega Lakan.
Xingye: es el nombre del hijo de Maomao y Jinshi. Lo tomé del comic the imposible fanchild de Spatziline, recomendadísimo. Si no recuerdo mal, cuando busqué el significado del nombre significaba prosperidad.
