El sonido de la lluvia más que relajarla para dormir, la estaba estresando. Una lluvia pesada y ruidosa acompañada de algún relámpago que azotaba el cielo e iluminaba la habitación. No temía las tormentas, pero sí la estaban molestando para dormir.

Se giró en la cama y se acurrucó entre las sábanas. No podía negar que aquella cama era mullida, suave y cálida. Mucho más que cualquier cama en la que había descansado antes. Pero por supuesto, aquella no era su cama.

Al girarse se puso cara a cara con el dueño de la cama, quien a diferencia de ella sí estaba dormido. Aunque la boticaria no podía decir que durmiese con tranquilidad. Se movía entre sueños y de vez en cuando le veía apretar el ceño.

-¿Vuelve a tener otra pesadilla?- se preguntó mientras le observaba.

Desde que conoció a Jinshi había aprendido que no era el eunuco despreocupado que huía de su trabajo para molestarla. Sus días eran bastantes ocupados como príncipe de la luna y sus noches solían ser así, inquietas y nerviosas. Le costaba dormir y tener un sueño reparador. Además, con todo el trabajo que tenía, los informes que se le acumulaban sobre el escritorio y todas las demandas de los altos cargos que tenía que revisar personalmente, no tenía demasiado tiempo para descansar.

Su mano salió de las mantas y fue directa a su mejilla, acariciándola con suavidad. Ese toque pareció relajarlo un poco, pero no lo suficiente. Maomao se acercó hasta a él y abrazó su cabeza contra su pecho, los brazos de Jinshi la rodearon como un acto reflejo y le escuchó soltar un suspiro de alivio. Los actos de la boticaria no cesaron ahí, acarició su pelo y le habló con voz susurrante para calmarlo. Tal y como haría con un niño.

Hasta dormido le daba problemas.

Para su suerte, los nerviosos movimientos de Jinshi pararon y ahora le tenía pegado a ella impidiendo que se alejase. No era que le molestase dormir abrazada a él, pero no le gustaba estar maniatada y casi sin poder moverse. Intentó alejarse un poco de él, pero le era imposible, la tenía bien agarrada.

Por el movimiento, el joven murmuró algo entre sueños que la hizo detenerse. Ahora fue ella quien suspiró. Pensó en sus prioridades, ella al día siguiente no tenía que trabajar, en general tenía un día tranquilo mientras que él mañana tenía algunas reuniones bastante importantes y tediosas. Ella podría levantarse más tarde y descansar cuando él se fuera. Además, por su rango, el descanso de él era más importante y prioritario que el suyo propio.

-Supongo que esta noche tampoco dormiré.- ese pensamiento cruzó su mente con pesar mientras apoyaba su mejilla en la cabeza de Jinshi.

-Maomao…

Levantó una de sus cejas, entre sorprendida y un pelín enfadada. Ahora tenía el descaro de llamarla en sueños. No le dio más importancia e intentó ponerse cómoda para dormitar un poco hasta que Suiren les viniese a despertar.

Para su mala suerte, cuando por fin había conciliado el sueño, la anciana apareció, abriendo la puerta y cerrándola tras de sí para que le frío no invadiera la habitación.

-Joven maestro, Xiaomao, es hora de despertar.- como siempre, les habló con voz calmada y dulce.

Una calma que precedía a la tormenta según Maomao, pues sabía que la anciana era de temer.

El primero es despertarse fue Jinshi, quien se sentó en la cama y empezó a bostezar mientras estiraba sus brazos. Maomao por su parte se tapó con las sábanas para que la luz no la molestase.

-Maomao, ¿te encuentras mal? ¿Tienes naúseas?- le preguntó su pareja mientras la anciana se acercaba a ella, pero Jinshi al estar más cerca fue más rápido y le arrebató las mantas de la cara para verla.

-¿Xiaomao?- esta vez fue Suiren quien habló.

-Lo habitual.- respondió a ambos finalmente la boticaria llevándose las manos a la cara.

Dos meses, ese era el tiempo que se había estimado que tenía de embarazo. Hacía ya un tiempo que ella y el príncipe de la luna eran pareja, una relación que habían llevado en estricto secreto y que solo sabía las personas más cercanas a ellos.

Se veían con cierta regularidad, cuando sus agendas se lo permitían. Tanto el trabajo de Maomao como las responsabilidades de Zuigetsu en ocasiones interferían con sus visitas, pero no había sido un impedimento para ellos. Era algo que Maomao solía llevar mejor que Jinshi, quien incluso en ocasiones mandaba a llamar a Maomao con cualquier excusa sobre su salud.

-¿Has podido dormir bien?- se quitó las manos de sus ojos cuando notó la mano de Jinshi sobre su vientre.

Ese gesto la calmó un poco, pero su cara preocupada ciertamente la molestó levemente. Él se encontraba fresco tras dormir toda la noche tranquilo mientras ella tenía una jaqueca y un malestar que supuso que la acompañaría por el resto del día.

-El bebé no me ha dejado dormir.- con pesar, finalmente se sentó en la cama.

-Oh, ¿con solo dos meses ya te está molestando para dormir?- se notaba el tono preocupado y sorprendido en su voz. Cuando ella estuvo embarazada de Ah-duo también tuvo dificultades para dormir, pero ya en los últimos meses.

-No este bebé, sino ese bebé.- terminó señalando a Jinshi quien se indignó al tener el dedo índice de Maomao apuntándole.

El ofendido príncipe de la luna iba a contestarle, pero al ver cómo intentaba levantarse entre tambaleos su pequeño enfado desapareció para dejar paso a la preocupación. Con rapidez se puso en pie y envolvió a Maomao entre sus brazos, levantándola y llevándola con cuidado.

Podía ser un príncipe mimado y consentido, infantil en ocasiones, pues le habían tratado entre algodones durante toda su vida y siempre había tenido mucha gente para servirlo y que no le faltase nada. No obstante, su preocupación por la boticaria era exagerada y rozaba incluso la locura, más ahora en su estado.

-¿Necesitas ir al baño?- le preguntó mientras empezaba a andar.

-No, me gustaría un poco de sopa para desayunar. No creo que pueda comer algo más sólido sin vomitarlo.- apoyó su cabeza en el pecho de Jinshi y cerró los ojos mientras la llevaban al comedor.

Con todas sus fuerzas deseó que ese malestar matutino desapareciese cuanto antes. La llevó hasta la habitación donde solían comer, aquella con una pequeña mesa y varios asientos. Jinshi se agachó con cuidado y dejó a Maomao en una de las sillas con delicadeza mientras él se posicionaba un tanto alejado de ella.

Suiren no tardó en aparecer con una bandeja repleta de platos. Maomao no pudo evitar contener una arcada cuando vio la comida. O más bien cuando la olió. Jinshi se alejó un poco más de ella para poder comer, pero por su entrenada nariz, alejarse un poco no servía. Por lo que al final tuvo que sentarse en la otra punta de la habitación mientras Suiren le llevaba su bol de arroz.

La boticaria sonrió al ver la escena, la anciana le instaba a alejarse de ella para desayunar y Jinshi, como un niño, le hacía caso mientras refunfuñaba. La mujer mayor siempre le había tenido mucho cariño a la joven, y no se molestaba en ocultarlo, pero desde que supo de su embarazo incluso en ocasiones ponía su bienestar por delante de su joven maestro.

-Te he traído una sopa de verduras, muy ligera, para que te siente bien.

Además del plato lleno de sopa, puso a su lado un bol lleno de arroz. Supuso que era por si le apetecía comer algo más sólido. Sus ojos azules miraron con cierto asco la sopa de verduras, era consciente que era muy probable que acabase vomitando la comida.

Hubiese sido más feliz si hubiese sido veneno.

-Me siento exiliado de mi propia casa.- el comentario de Jinshi llegó a los oídos de las dos féminas mientras se metía un trozo de pescado en la boca.

-Si le molesta la situación, puedo irme a casa y…- lo dijo sin malicia, pero a Jinshi le alteró demasiado.

-No te moverás de aquí, Maomao.- sentenció bastante serio.

La joven entendía su alteración, la situación política era bastante complicada y muy tensa. Había quien apoyaba a Jinshi y quien se oponía a él. Si supieran que estaba embarazada de él, no dudarían en atentar contra su vida y la del futuro hijo o hija de Ka Zuigetsu. Aquella casa tenía bastante vigilancia y Jinshi, Suiren y los miembros del clan Ma tenían la tranquilidad que no ocurriría nada bajo ese techo.

Y, además, estaba bastante cómoda en aquella casa.

Se llevó una cucharada de la sopa mientras pensaba. Sin quererlo, había dificultado el escenario de Jinshi. Sin haber obtenido aún un nombre para poder desligarse de la línea de sucesión si ahora tenía un heredero solo le pondría a la vista de todos como un candidato más apto frente a sus medio hermanos.

Además, también estaba el hecho de que el emperador y la emperatriz Gyokuyou aceptasen a su hijo o hija como hijo legítimo de Zuigetsu. Si el emperador no aceptaba que fuese hijo suyo, podría traerle a ella algunos problemas e incluso la muerte por intentar engañar al príncipe de la luna.

Sabía que el emperador quería abiertamente a Jinshi como su sucesor ante los hijos pelirrojos de la emperatriz y la consorte Lihua, y que él les aceptaría, pero ahora no estaba tan segura de sí lo aceptaría la emperatriz. Sin quererlo, había hecho exactamente lo que Hongniang le había amenazado con que no hiciese.

Convertirse en una enemiga de la emperatriz Gyokuyou.

Ni ella ni Jinshi querían el trono. Ella quería ser médico, o por lo menos poder desempeñar un cargo similar ya que las mujeres no pueden ser médicos. Y Jinshi no quería un lugar tan solitario como era el trono imperial, su objetivo era tener un nombre y ser un consejero del emperador. Ni él quería ser emperador ni ella su emperatriz.

Jinshi salió de la habitación mientras ella seguía comiendo lentamente su ropa. Tan lentamente que volvió a aparecer el príncipe de la luna vestido con su ropa habitual y preparado para afrontar el día.

Como ya era rutinario desde que supo de su embarazo, antes de irse, se agachó para quedar más cerca del vientre de la boticaria. Con cuidado y delicadeza, subió la camisa blanca que usaba Maomao para dormir, mientras ella seguía desayunando casi sin prestarle atención. Pasó con delicadeza sus dedos por su barriga, plana aún, y, como siempre, Maomao le vio esbozar esa sonrisa tierna que solía dedicarle tanto a ella.

-Cuida de tu madre y no le des muchos problemas.- le susurró siendo escuchado únicamente por su pareja. – Suiren, vigílala para que se porte bien.

Maomao ante eso resopló con hastío. "Portarse bien" era sinónimo de que no hiciese experimentos. Entendía perfectamente que sus experimentos con venenos estaban fuera de cuestión, pero aun así podría experimentar en su brazo izquierdo.

Jinshi siempre la había cuidado y protegido, pero ahora era otro nivel. Después de todo, ahora tenía que cuidarla no solo a ella. Tras despedirse, Zuigetsu, acompañado de Basen, se marchó en un carro tirado por caballos. Con suerte volvería para la hora de la cena.

-¿Y bien?

Suiren no necesitó más para saber qué era lo que le estaba preguntando.

-Ha estado encerrada en sus aposentos casi todo el día. No la he dejado salir demasiado por temor a que se resfriara. Ha estado leyendo y durmiendo la mayor parte del día.

-Bien.- sus ojos obsidianas miraron la tímida hoja de té que se había colado en su vaso.

Después de las reuniones, había acudido a hablar con el emperador. A instarle que le diese un nombre y que le dejase su libertad. La negativa del emperador solo le hizo sentirse más tenso. Maomao contaba con algo más de dos meses, aunque su padre Luomen venía a su casa para examinarla y que todo estuviese bien, era cuestión de tiempo que se supiera que el príncipe de la luna esperaba un hijo. Un hijo de una mujer que no era su consorte. Y más aun siendo la hija del estratega Lakan y, técnicamente, la princesa del clan La.

Cuando el emperador se enterase que iba a ser padre, solo apretaría más la soga en su cuello y no le dejaría marchar. Y, a decir verdad, también temía la reacción del estratega del monóculo. No estaba seguro de que le hiciese ilusión saber que había embarazado a su hija sin ser su consorte oficial o su esposa.

No, aunque fuese su esposa no estaría feliz con la noticia.

Era una situación complicada y lo peor es que era contrarreloj, Maomao podría esconderse todo el tiempo que quisiera en su casa, pero tarde o temprano se sabría. Aunque… Una sonrisa se formó en sus labios, aun con todo eso, nada podía quitarle la alegría o lo emocionado que estaba con ese embarazo.

Se despidió de Suiren, quien empezó a recoger la taza de té que había usado. Salió al pasillo y se dirigió a su habitación, entró con cuidado de no hacer ruido. Su abuela había dejado encendido un pequeño brasero con ascuas para que calentase la estancia y para que la futura madre no pasase frío.

La encontró acurrucada entre las sábanas, con un par de libros esparcidos por la cama e incluso estaba abrazando uno de ellos. Los agarró y los colocó en el suelo al lado de la cama. Con delicadeza, se introdujo en la cama y les tapó bien a ambos con las sábanas. Maomao se movió un poco, pero siguió soñando con tranquilidad.

Jinshi se acercó a ella, pegando la espalda de Maomao contra su pecho mientras la abrazaba. Esa noche sería él quien se encargaría de velar sus sueños.

….

Obviamente este one-shot y el anterior no van enlazados. Podría escribir un fic entero sobre alguna historia que tuviese pensada sobre ellos, pero siempre me he decantado por la opción de los one-shots, para así, cuando quisiese dejar de escribir no dejase ninguna historia inconclusa.

Este es el capítulo 2, espero que os haya gustado. Tengo escritos y totalmente terminados otros 3, uno de ellos un tanto picante… Los iré subiendo poco a poco e iré escribiendo más mientras tanto. He tenido unos días de descanso del trabajo y los he aprovechado para escribir sobre ellos.

Espero que os haya gustado y que me dejéis vuestras impresiones en los comentarios. Hasta pronto!