-Xiaomao.- la boticaria levantó la vista de sus quehaceres para observar a Suiren.- ¿Podrías ir a despertar al joven maestro y ayudarle a cambiarse?

Bufó. No por la petición de la anciana, sino porque le parecía tonto que un hombre adulto necesitase ser asistido en cualquiera de sus necesidades. Accedió a la petición de la anciana tomando la ropa que le había preparado y salió de la cocina. Caminó por los pasillos exteriores de la casa, viendo como el sol empezaba a asomarse.

Nunca lograrían entenderse en ese tema. Él era perfectamente capaz de alistarse el mismo y prepararse, no era necesario que necesitase la ayuda de nadie para cualquier cosa. Aunque ella como una simple plebeya nunca comprendería.

Había acudido allí aquella mañana antes de ir a trabajar. Suiren le había pedido el día anterior algunas medicinas porque Chue se había sentido indispuesta. Por lo que Maomao, le dijo que se las entregaría por la mañana antes de ir a trabajar. Tras llegar a la casa de Jinshi, de manera natural empezó a ayudar a la cuidadora y a suplir un poco el papel de Chue.

Aunque sabía que la anciana se encargaba de despertar siempre al joven maestro, en esta ocasión había aprovechado la oportunidad y la había mandado a ella.

-Jinshi-sa…- empezó a pronunciar cuando ingresó en la habitación que tenía un ligero olor a sándalo.

-Estoy despierto. Dile a Suiren que me preparé el desayuno. Ahora iré.- su voz sonaba grave, supuso que por encontrarse recién levantado. Le miró un tanto molesta, estaba totalmente acurrucado entre las sábanas, como un niño que no se quería levantar de la cama.

Dejó la muda de ropa en la pequeña mesa que había en los aposentos de Jinshi. Después, se acercó a las ventanas para abrirlas y ventilar la habitación. Aun después de todo eso, Jinshi no había hecho ni un esfuerzo por levantarse de la cama.

¿Estará enfermo?

Le costaba levantarse sí, pero siempre solía despertarse y levantarse sin problema. Solía salir de la habitación con los ojos medio cerrados y bostezando sin taparse la boca.

-Jinshi-sama…- le nombró de nuevo, pero no pudo continuar hablando.

-Ya te he dicho que estoy despierto.- su voz sonó opacada al provenir del interior de las mantas.

-Suiren-sama me ha dicho que le ayudé a cambiarse.- Maomao no lo notó, pero Jinshi se tensó debajo de las sábanas.

-P-puedo hacerlo yo solo.- incluso sin verla por las sábanas, sabía que la boticaria le miraba con una expresión escéptica.- Tuve que aprender a hacerlo por mí mismo.

Después de todo, eran contadas las personas que podían ver su cuerpo desnudo. Ella siendo una de ellas. Era por eso que no entendía su reacción tan reticente a levantarse. Empezó a preocuparse.

No le gustaba la incertidumbre ni teorizar sin pruebas, así que, con paso firme se acercó a la cama de Jinshi y le arrebató la sábana con fuerza. El príncipe no se esperaba esa acción de la boticaria y no pudo hacer nada por impedirla. La reacción de Maomao pasó por abrir los ojos en exceso y después su boca. Era cierto, Jinshi estaba despierto.

Y su rana también.

Es una reacción normal del cuerpo. Además, de que era algo totalmente sano y signo de que su anatomía era funcional. Era algo que había escuchado, no había visto por razones obvias, pero sabía del tema. Después de todo había crecido en el rokushoukan. Era habitual que a veces los hombres se despertasen de esa manera. Su sangre se acumulaba ahí y…

Era normal, pero para ella también era algo nuevo. Sentía sus mejillas arder y su vista pasó de esa zona del cuerpo de Jinshi a su rostro, tan sonrojado como el de ella.

-Ya te había dicho que estaba despierto…- murmuró un tanto molesto y avergonzado mientras se tapaba esa zona tan vergonzosa con la sábana.

Por su parte, no escuchó las palabras de Jinshi, Maomao se encontraba muda y su mente deambulaba por el recuerdo que tuvo del día de la caza. Ese día había tocado su rana con su propia mano, sin quererlo se había hecho una idea de su tamaño, pero ahora… Sus ojos bajaron a su propia mano y la cerró un poco, recordando el tamaño de ese día y comparándolo con lo que acababa de ver.

Parecía que no era solo decente su tamaño.

-¡Deja de pensar en eso y vete!- al verla tan pensativa, Jinshi sabía qué era lo que estaba cruzando su mente.

El príncipe se echó el pelo que tenía en su cara hacia atrás. Sentía mucho calor, por la situación, su estado y la vergüenza. Cuando le había ocurrido situaciones así, se había aliviado él mismo, pero con ella allí no podría hacer nada mientras no se fuese.

Miró a su pareja, la había puesto en una situación incómoda y vergonzosa para ella también. Después de esa noche en aquella misma situación donde ella se había mostrado dispuesta a tener relaciones con él y él la había rechazado, no habían vuelto a tocar el tema abiertamente. Ella sí sabía las consecuencias y estaba preparada, lo había estado desde que había aceptado sus sentimientos por Jinshi.

-Maomao.- la llamó suavemente sacándola de sus pensamientos.- Ve al comedor. En un rato iré yo.

-Otra vez lo mismo.-pensó Maomao.

Era totalmente consciente que Jinshi, cuando aparentaba ser un eunuco en el palacio interior se tomaba un té que mermaba sus capacidades masculinas. Y tras eso, e incluso sabía de qué él solía contenerse bastante con ella. Era normal, sabía que los hombres solían anhelar mucho ese momento y a veces no podían controlar sus impulsos hormonales. Ella, en cambio, sentía más curiosidad que otra cosa sobre ese tema.

Había escuchado todo tipo de cosas de sus hermanas mayores. En el burdel, ese tema que era un tabú en otros lugares se hablaba con total normalidad. Desde posturas, lo que se sentía, habilidades, etc.

Estaba bastante instruida, después de todo, la vieja madame había insistido en que se formase como kamuro aun cuando ella quería ser boticaria como su padre. Era por eso, que también sabía que no era necesario culminar el acto para saciar el apetito de un hombre en ese estado.

Jinshi esperaba por demasiadas cosas: que su rana bajase y se relajase, que Maomao se marchase de su habitación y que Suiren no se decidiera entrar en su habitación buscándoles. Estaba tan ensimismado y avergonzado que no podía mirar a Maomao a la cara, es por eso que no notó cuando ella se acercó a él y unió sus labios con los suyos.

Sus pequeñas manos se afianzaron en su cara, atrayéndole hacia a ella para besarlos. Se encontró la cara de su pareja con los ojos cerrados besándole con dulzura, a lo que él solo pudo imitarla y acabó bajando sus párpados para concentrarse en los labios de la joven. Se sentía nervioso, levantó sus manos sin saber muy bien qué hacer con ellas y finalmente puso una tras su espalda y otra en su cintura, acercándola a él.

Poco a poco, ese beso dulce que había empezado Maomao subió el nivel, introduciendo su lengua en la boca de Jinshi, que la recibió torpemente. Sabía qué hacer y cómo moverse en su cavidad bucal, mientras el príncipe la correspondía cómo podía.

Estaba tan concentrado en el beso, que no pudo evitar dar un sobresalto cuando notó su mano derecha, aquella que debía estar en su cara, sobre…

-Maomao, no…- intentó detenerla, pero le acalló con sus labios.

Cerró los ojos con fuerza, tensándose cuando su mano se metía entre su ropa y se encontraba con su miembro. Inconscientemente, la atrajo más hacia a él, abrazándose a ella. Su mano recorrió la longitud y su forma, apretando al final la punta. Cuando conoció el tamaño, lo agarró con su mano y empezó a moverla lentamente.

-Mmmm…- contuvo un gemido Jinshi contra su boca.

Fue subiendo poco a poco la velocidad, notando como cada vez se inquietaba más y contenía sus movimientos. Hasta que finalmente llegó un momento en el que no pudo continuar con el beso y lo rompió para gemir abiertamente. Escondió su rostro sonrojado en el cuello de Maomao mientras ella seguía proporcionándole placer.

-¿No es suficiente con mi mano?- pensó la boticaria cuando aun cuando sus movimientos eran rápidos, el príncipe no conseguía acabar.-¿Lo estaré haciendo mal?

Rápidamente, eliminó esa opción ante las reacciones de Jinshi quien gemía contra su cuello. Se separó de él, quitando incluso su mano de su miembro. Jinshi por fin respiró tranquilo e incluso iba a regañar a Maomao por aquello, pero se quedó sin aliento cuando notó de nuevo como acariciaba su rana, aunque estaba vez era con su lengua.

Apretó las sábanas fuertemente con las manos. Mientras sus ojos se abrían sorprendidos cuando la vieron acomodarse mejor para seguir lamiendo su miembro. Pasaba su lengua de arriba abajo, de manera lenta y tortuosa para él. La tenía entre sus piernas, con los ojos cerrados degustando aquella parte de él y por su parte solo podía gemir de manera inocente dejándose hacer. Ni siquiera le salían las palabras de su boca para detenerla.

Aunque no es que quisiera que se detuviese.

Se mordió el labio cuando finalmente se introdujo su miembro en su boca. Se movía más lenta que cuando lo hacía con su mano, pero había multiplicado el placer.

-Maomao, yo…- ni siquiera pudo terminar la frase, su cuerpo se había adelantado.

No le importó, estaba preparada para aquello. Contuvo todo su disparo en su boca para después tragárselo frente a los ojos atónitos de Jinshi. Se levantó de la cama y agarró una de las jarras de agua que había en la habitación por si el príncipe tenía sed, bebió un poco, enjuagó su boca y luego escupió el agua a través de la ventana.

-Jinshi-sama, si no se da prisa, llegará tarde al trabajo.- y tras hacer la típica reverencia salió de la habitación, dejando a Zuigetsu aturdido y desorientado.

¿Qué acaba de suceder?

Aquel día fue un completo sufrimiento para Jinshi. Después de ese momento íntimo entre ellos, se pasó todo el día pensando y rememorando aquello. Una y otra vez.

-¿Se encuentra bien, príncipe de la luna?- le preguntó Basen al volver a verle perdido en sus pensamientos. Incluso Baryou quien se encontraba tras la cortina que le separaba del despacho de Jinshi se asomó para cerciorarse de su estado.- ¿Quiere que llame a la boticaria?

Sintió una corriente eléctrica pasar a través de su columna.

-No, no es necesario.- incluso levantó un poco la voz al decirlo mientras su rostro se sonrojaba.

No sabía cómo mirar de nuevo a la joven sin rememorar aquello.

Pero, aunque había disfrutado de aquello, mucho tenía que decir, estaba molesto. Él había sido el único que había recibido placer, ni siquiera se preocupó de proporcionarle placer a ella. Y lo peor era que ella no esperaba nada, solo quería satisfacerlo.

Maomao ya le había demostrado que sabía mucho sobre el tema, tanto de forma teórica como práctica. Después de todo ella misma se había encargado de instruir a las concubinas de alto rango y tras ese banquete le demostró sus habilidades bucales en un beso que él mismo empezó, pero que terminó sucumbiendo ante ella.

Frente a ella, él era un joven inexperto y virgen que solo dando un tímido y casto beso ya se sonrojaba. Había entrado al palacio interior como eunuco bastante joven y, aunque el mismo emperador le había dicho que podía tomar a cualquier mujer de allí menos a las concubinas de alto rango, nunca había intimado con ninguna.

No había tocado nunca a una mujer. Nunca había encontrado a nadie que llamase su atención más que su objetivo de obtener un nombre y desligarse de la línea de sucesión.

Hasta que la encontró a ella.

Y la situación que había sucedido en sus aposentos ese día le había recordado que la boticaria era más consciente que él de su jerarquía. Ella no había buscado placer, solo aliviarle y complacerlo. Lo hizo casi de forma autómata. Y él no quería que ella viese así su relación. Él quería que desease aquello tanto como él, que le buscase porque quería ese toque tanto como él. No porque fuese su trabajo complacerlo en la cama.

-Basen.- el joven respondió inmediatamente.- Manda un comunicado. Dile a Maomao que la espero para cenar esta noche en mi casa.

El soldado del clan Ma se sorprendió. Incluso él sabía lo que significaba aquello. Que una joven acudiera a la casa de un hombre en la noche, solo podía significar una cosa.

Regresó a su hogar antes de lo que solía hacerlo. Suiren ya estaba al corriente de todo y estaba preparando comida y haciendo sus propios preparativos. Jinshi suspiró al encontrarse comida afrodisíaca y que aumentaban el vigor.

-Esperaré a Maomao en mis aposentos. Cuando llegué dile que se dirija allí.

-¿Quiere que le lleve la cena a su habitación?- preguntó de forma cauta la mujer.

-No, debo hablar con ella antes de cenar.

La anciana se conformó con eso. Se dio un baño y se cambió de ropa. El sol ya estaba cayendo y sabía que Maomao no tardaría en aparecer. Tomó asiento en su cama y se cruzó de brazos, esperando de forma paciente. O no tanto, pues su dedo se movía con su habitual tic nervioso.

Los ligeros toques en la puerta llamaron su atención, desconcertándole un poco. La hizo pasar y la boticaria apareció ante él aparentemente tranquila. Tras unos saludos formales, Jinshi rompió el silencio.

-¿Sabes para qué te he hecho venir, Maomao?

Maomao no era estúpida. Sabía lo que significaba que un hombre y una mujer se reuniesen por la noche a solas en la habitación de él.

-Sí, ya he hecho los preparativos pertinentes.- y eso solo le molestó aún más.

Ella parecía ir siempre por delante de él, cuando él solo parecía perseguirla. Aquellos preparativos sabía que eran los té abortivos y demás herramientas que preparó la última vez.

Se levantó de la cama, poniendo su 1.80 de altura frente a los 1.50 de Maomao. Por alguna razón, la boticaria se sintió levemente intimidada. En esta ocasión, fue Jinshi quien se agachó sobre ella y empezó el beso. La joven no supo en que momento se encontró apresada entre la pared y el cuerpo de Jinshi.

Parecía que el príncipe de la luna había dejado de lado su timidez y ahora introducía su lengua en su boca mientras sus manos recorrían su cuerpo. La tomó de la nuca para tener más acceso a su boca, a lo que Maomao accedió con gusto. Le recordaba al beso que habían compartido tras aquel banquete para buscarle consorte en esos jardines. Sin embargo, en esta ocasión el príncipe no se estaba mostrando dócil e inocente.

Se separó de sus labios, instantes que ambos aprovecharon para respirar y mirarse a los ojos. Maomao vio la vista de Jinshi nublada por el deseo o más bien como si fuese un animal salvaje que quisiera devorarla. No obstante, aun con esa mirada de hambre voraz se sentía tranquila, después de todo estaba con él.

Su mano empezó a abrir la parte de arriba de su ropa para luego dejar que cayese al suelo, dejando ver su cuello y su hombro, mientras su pecho seguía tapado por su ropa interior. Pasó su lengua por su cuello para luego clavar sus dientes. No como había hecho en anteriores ocasiones, sino de manera repetida dejando pequeñas marcas de su mordida.

Por alguna razón, Maomao se empezaba a sentir un tanto mareada. Sentía un creciente calor en su interior. El beso, esos mordiscos en su cuello, el aliento húmedo sobre su piel, sus manos tocando su cuerpo, el aroma de Jinshi y su miembro apretado contra sí, la hacía sentirse rara. No obstante, recordó las palabras de su hermana.

No podía dejar que el cliente, en este caso Jinshi, tomase el control.

Tomó un poco de distancia con él, volviendo a besarlo, cosa que él respondió con el mismo entusiasmo de la joven. Sin embargo, cuando notó que quería tocar esa parte de su anatomía de nuevo con sus manos, las agarró y las separó de él. Maomao miró a Jinshi sorprendida, sin entender la situación.

-No.- dijo de forma tajante mientras la miraba directamente a sus ojos azules, tan cerca que hasta sus narices se rozaban.-En esta ocasión, yo voy a ser quien te va a complacer a ti.

Maomao le respondió con una mirada confusa, recibiendo de nuevo sus labios. Cuando cerró los ojos notó como Jinshi la tomaba en sus brazos y la recostaba en la cama, colocándose sobre ella. Esa posición le recordaba cuando supo que no era un eunuco, cuando se colocó sobre ella y le miró con aquella mirada seria y dolorosa. Pero en aquella ocasión todo era distinto, ella había aceptado sus sentimientos por él y quería que sucediera aquello.

Jinshi sacó los brazos de las mangas, dejando caer la parte de su túnica que cubría su torso, dejando ver su cuerpo musculado, mientras seguía amarrado a su cintura. Se tumbó sobre ella, buscando sus labios de nuevo en un pequeño beso y luego ir descendiendo por su cuello. Dejaba besos húmedos por su cuello y por sus hombros, Maomao tragó saliva cuando notó que intentaba deshacer el listón en su cuello que mantenía su ropa interior que ocultaba su pecho.

Se quiso tapar cuando se lo quitó, pero él fue más rápido y la sujetó las manos con una de las suyas sobre su cabeza. Cerró los ojos un tanto avergonzada, sabía que su cuerpo no podía competir con el de otras concubinas más voluptuosas que ella. Al notar que no soltaba sus manos ni realizaba otra acción, abrió sus ojos para encontrarse a Zuigetsu sonrojado observando con deleite su cuerpo.

-Jinshi-sama…

Al decir su nombre, reaccionó y atacó su pecho. Tuvo la consideración de soltarle las manos las cuales fueron instintivamente a la cabeza de Jinshi enredándose en su pelo, quien ahora estaba succionando uno de sus pezones, notando como se endurecía. Lo apretaba entre sus dientes mientras sus dedos estimulaban el otro.

Cuando la escuchó soltar un gemido solo le incentivo a seguir, pero se detuvo cuando el siguiente que escuchó fue ahogado. Subió su vista hasta la cara de ella, encontrándosela con el cabello un poco desordenado y una mano en su boca. Rápidamente, agarró esa mano para separarla de su boca.

-No.- le susurró de forma autoritaria.-Quiero escucharte gemir.

-Pero…- sus ojos se deslizaron hasta la puerta, temiendo que alguien les escuchase.

-Solo necesitas pensar en mí. No toleraré que pienses en nadie más en este momento, Maomao.

Unió de nuevo sus labios para después bajar a su pecho para seguir dejando marcas como las de su cuello. Tenía la necesidad de marcarla como suya, de su propiedad. No se detuvo en su pecho, fue bajando por su abdomen, pasando por su ombligo hasta llegar a su falda, de la cual se deshizo junto a su ropa interior.

Al tenerla totalmente desnuda sobre él, exhaló su aliento, totalmente sin palabras. Llevó su mano hasta esa parte desconocida para él y empezó a tocarla.

-Que estés tan mojada es buena señal, ¿no?- Maomao solo asintió.

Pasó dos de sus dedos por la entrada, los movió de arriba abajo sin entrar. Solo con eso, Maomao se retorció un poco. Metió sus dedos tímidamente en ella, viendo cómo se mordía el labio el cual rápidamente soltó. Los movió un poco, entraban y salían de ella con facilidad.

-Dime dónde se siente bien, Maomao.

A su pesar, aunque quisiera darle placer, era totalmente inexperto aún. Quería que le guiase para no hacerle daño y que disfrutase de ese momento tanto como él.

-Aquí…- señaló un pequeño el pequeño botón que había sobre la entrada donde él estaba metiendo sus dedos.

Los observo con curiosidad y luego se agachó para lamerlo. Eso tomó de sorpresa a la boticaria quien gimió más alto de lo esperado. Jinshi tenía las piernas de Maomao sobre sus hombros mientras dos de sus dedos la estimulaban y su lengua jugaba con la parte que le había indicado.

-¿Quieres continuar?- se puso de rodillas y Maomao no respondió, por lo menos no con palabras. Sus manos le ayudaron a desanudar su kimono dejándole igual de desnudo que ella.

Se puso sobre ella, pegando su torso con su pecho y besándola apasionadamente. Maomao recibía sus labios y le respondía con la misma intensidad, sobresaltándose un poco cuando notó la rana de Jinshi frotándose contra su intimidad.

-¿Te has tomado el té?- ella solo asintió.

-También he traído el intestino de…

-No pienso ponerme eso. Quiero sentirte completamente y hacerte mía.

No tuvo nada que objetar, abrazó su cuello para volver a atraerlo hacia a ella y besarle. Compartieron un par de besos más, mientras las caderas de ambos buscaban el roce con más frecuencia. Jinshi se incorporó un poco, tomando su miembro y dirigiéndolo a la entrada de Maomao. Buscó la aprobación en sus ojos y cuando la tuvo, su miembro comenzó a adentrarse dentro de ella.

La vio cerrar los ojos mientras apretaba los labios con fuerza, cuando estuvo totalmente dentro de ella se detuvo.

-¿Estás bien? ¿Quieres que pare?- se encontró la negativa de ella mientras una tímida lágrima surcaba su mejilla. No tardó en secarla con su pulgar y acariciarle la mejilla.

-Puede continuar, Jinshi-sama.

Obedeció, entrando y saliendo lo más cuidadosamente y despacio que podía. Se movía contra su cuerpo de manera medida, esperando que el cuerpo de Maomao se acostumbrase a él. Solo pudo besarla para distraerla del dolor. Sonrió cuando durante el beso ella dejó soltar un gemido. Aquello era buena señal.

La respiración de Maomao se volvió jadeante y sus caderas que durante la penetración habían estado quietas ahora empezaban a moverse al mismo ritmo que las suyas. Él en ese momento se sentía dichoso y completo. Durante tanto tiempo deseó aquello que le parecía un sueño irreal.

-Jinshi-sama…

Ante ese gemido con su nombre solo pudo acelerar el ritmo, agarrando las caderas de Maomao para balancearse sobre su cuerpo y adentrarse profundamente en ella. Él también la llamaba entre gemidos, ambos mirándose mientras se amaban, sin poder apartar la mirada del otro.

Jinshi notó que el tiempo en aquel placentero paraíso estaba por terminar, por lo que con su pulgar buscó el lugar que Maomao antes le había indicado para tocarlo mientras seguía con las penetraciones. La boticaria solo pudo gemir más fuerte y más seguido, clavando sus uñas en su espalda, hasta que el príncipe de la luna sintió como su interior la apretaba con fuerza haciendo que él terminase justo después de ella. Soltó toda su semilla en su interior, cayendo exhausto sobre ella quien se encontraba en el mismo estado.

Los delgados brazos de la chica de ojos azules abrazaron su cabeza mientras que ambos en silencio intentaban recuperar el aliento. Maomao sintió como Jinshi besaba su cabeza mientras su respiración se relajaba.

Pero un sonido les sorprendió a ambos.

Jinshi levantó su cabeza para buscar los ojos de Maomao, quien se había quedado inmóvil tras el rugido de su estómago pidiendo alimento. Una pequeña risotada salió de los labios del príncipe de la luna.

-Perdona, te he invitado a cenar y no me he molestado en ofrecerte nada.- le dijo con un tono un tanto juguetón. A Maomao se sintió más tranquila cuando notó aquella expresión feliz en la cara del príncipe.- Quédate aquí, le diré a Suiren que nos traiga algo de cenar.

Al ponerse en pie y darle la espalda a la boticaria pudo notar los arañazos que había dejado en su piel. No pudo seguir observándolos porque Jinshi se puso rápidamente el kimino que traía cuando ella había venido.

-Jinshi-sama.- le llamó antes de que saliese de la habitación. Al mirarla se la encontró tapada con una de las sábanas y una expresión que no descifró.- ¿Podría ir a tomar un baño? Además, creo que debería cambiar las sábanas.

Su dedo índice le hizo mirar hacia la mancha de sangre, pequeña pero notoria en la tela blanca. Jinshi la miró espantado.

-¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Te he hecho daño?!- la agarró de los hombros y sus ojos violetas la miraron con preocupación.

-Cálmese, es normal que la primera vez de una mujer sangre.- le quiso tranquilizar cuando empezó a hablar de llamar a un médico. Aun así, aunque se había relajado su mirada se veía con culpa.- Estoy bien.

Estaba todo lo bien que podía estar. No sentía dolor, pero si cierta incomodidad después de que su cuerpo hubiese tratado por primera vez con el tamaño de la rana de Jinshi.

La abrazó contra su pecho, a lo que ella solo pudo corresponder el gesto. Puede que lo hiciese para tranquilizarla a ella, o por él mismo. Pero se enterneció. Al separarse, besó con cariño su frente.

-Escúchame, le diré a Suiren que te prepare un baño, ropa para dormir y lo que tú quieras para cenar.-su pulgar se movió por su mejilla.

-No hace falta que me preparé ropa para dormir.- agarró la mano de Jinshi, pero no la movió de su mejilla.

-¿Qué te apetece cenar?- ignoró por completo lo que acababa de decir la boticaria. Maomao supo que él ya había decidido que dormiría allí esa noche.

-Cualquier cosa está bien.

Se separó de ella y esta vez sí salió de su habitación. Su primera parada fue el baño para bañarse rápidamente, al salir vio que tenía preparada ya una muda de ropa limpia. Después sus pasos le dirigieron hacia la cocina, donde Suiren ya tenía preparada en una bandeja la cena de ambos.

-Como vuestra "conversación" se ha alargado más de lo esperado, he mantenido vuestra cena sobre el fuego.- un notorio sonrojo subió hasta las mejillas de Jinshi.- También le he preparado a Maomao un baño y he cambiado las sábanas de su cama.

Jinshi agradeció mentalmente que su cuidadora fuese tan diligente e inteligente. Tomó la bandeja en sus manos para llevarla a su habitación.

-Príncipe de la luna.- llamó la atención de su joven maestro que la miró a la espera de que siguiese hablando.- Me agradaría mucho poder cuidar a un pequeño príncipe o a una princesa en unos años.

No tuvo respuesta, pero Suiren vio cómo su nieto salía avergonzado de la habitación con la bandeja en las manos. La mujer empezó a limpiar los utensilios que había usado para preparar la cena, pidiendo a los dioses que la situación de esos dos jóvenes no fuese como la de su hija. Deseando que pudiesen estar juntos siempre, aun cuando su situación era tan complicada.

Al llegar a su habitación, Jinshi soltó un sonoro suspiro y después se dio cuenta que su cuidadora había puesto incienso nuevo además de preparar la cama de nuevo para ellos con sábanas limpias. Dejó la bandeja a su lado cuando se sentó en la cama, Maomao no tardaría en regresar y ambos podrían empezar a cenar.

Tal y como vaticinó, la boticaria apareció tras unos minutos más tarde, con su ropa de dormir y con el cabello ligeramente húmedo. Sus ojos azules brillaron levemente cuando vio la bandeja de comida esperando por ella.

Cuando se acercó a la cama, la sentó entre sus piernas, pegando su espalda a su pecho, mientras ella tomaba el bol de arroz y empezaba a comer. No le importó no tener su atención, rodeó su cintura y olió el aroma de su cabello.

-Jinshi-sama, debería comer algo.

-No me importaría comerte a ti.- Maomao notó los dientes de Jinshi de nuevo en su cuello.

-Jinshi-sama, debe comer y descansar, sino se pondrá enfermo.- acercó sus palillos a la boca de Jinshi con un poco de arroz el cual devoró mientras apoyaba su barbilla en su hombro.

No le hubiese importado un segundo asalto, pero ser alimentado por su Maomao mientras la abrazaba y después dormir con ella era un plan que no iba a desaprovechar.

Pues este es el one-shot número 3. La longitud de los capítulos irá variando. Algunos serán más largos y otros más cortitos. En este momento tengo ya otros 7 capítulos terminados y listos para subir. (Esto es lo que pasa cuando tengo un poco de tiempo libre y tengo una nueva obsesión por una pareja.) Algunos serían más dramáticos, otros más ligeros, etc.

Los iré subiendo poco a poco mientras voy escribiendo más. Esta es la primera escena spicy que escribo sobre ellos y quería que fuese sobre su primera vez. (Aunque no la última…)

El Jinmao es sin ninguna duda la pareja que más complicado me está resultando escribir, pero también está siendo la que más disfruto. La personalidad de Maomao es bastante peculiar e intento que se apegue todo lo posible a la historia original y todo el arco político de Jinshi también está siendo un desafío.

Espero que os haya gustado y que me dejéis vuestras impresiones. Nos vemos pronto.