ERO

KAGOME

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—¿Estarás disponible la próxima semana? —creo que he conseguido que mi voz suene firme a lo largo de aquella corta frase, ésta contiene tanto un anhelo como el temor a ver ese mismo anhelo roto.

—Puede —tu respuesta es simple. No es un sí y tampoco un no. Es tal y como somos y hemos sido, eso me da cierta tranquilidad y a la vez me llena de decepción.

—Bien.

¿Alguna vez seremos otra cosa?

Descansas boca abajo en la cama y yo estoy montada sobre tu cintura y enredo las hebras de tu pelo en mis dedos. Haces un suave sonido que parece mostrar que el toque te gusta.

—Sigue —pides con la voz adormilada y yo no puedo evitar el pellizco que noto en el corazón y la necesidad involuntaria de complacerte.

Desenredo los largos mechones de tu pelo platinado, los deslizo entre mis dedos y los recorro con delicada lentitud, del mismo modo que transito los momentos junto a ti. Y cuando toco las puntas, y éstas caen de mi mano, el vacío se hace tan potente que necesito volver a tocarte. Así, una y otra vez.

Tu respiración se ha vuelto suave y rítmica, podría pensar que te has dormido, aunque jamás lo haces cuando estamos juntos. Aun así, me convenzo que es verdad y acerco mi mano con sigilo hasta tu espalda desnuda respondiendo al deseo apabullante de tocarte y acariciar más allá de lo que el ansia por el contacto físico puede pedir.

Mis dedos se mantienen quietos, paralizados ante la sensación de tocar tu piel del modo en que quiero hacerlo. La pasión que me motiva es diferente en este momento y creo que la mejor ruta para soslayar esto que siento es la huida. Todo el cuerpo se me ha tensionado sólo ante la idea de tocar tu espalda y desear que ese toque haga una diferencia en el modo en que nos tratamos.

—Kagome —musitas mi nombre.

Contengo la respiración y espero para saber si es en medio de tu sueño que surge mi nombre. Cierro los dedos creando un puño que llevo hacia mi pecho como si en él pudiese conservar todos mis anhelos.

—¿Estás bien? —vuelves a hablar, suelto el aire en una exhalación que es incapaz de esconder mi decepción. Luego sonrío con ironía ante mi propio sentir.

—Y si no lo estoy ¿Me harás sentir mejor? —me atrevo a declarar, notando el miedo que aquella confesión velada me pone en el cuerpo.

El silencio llena la habitación en un instante. Yo observo el inamovible gesto de tu cara. Abres los ojos y a continuación comienzas a girar el torso entre mis piernas y me alzas y me mueves, hasta que me aprisionas hacia un lado de la cama.

—Deja que lo intente —murmuras sobre mi boca antes de besarme.

Ni tú, ni yo, diremos nada más esta noche.

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N/A

Aquí está el drabble que acompaña al de INUYASHA de esta misma serie. Me ha gustado plasmar la idea de dos personas que no se atreven a confesarse. Desde luego el miedo es el antagonista del amor.

Espero que les gustase. Ya me contarán en los comentarios.

Besos

Anyara