IZON SHŌ
Kimi ni
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"Adicción, a ti"
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Anexo XXVIII
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InuYasha cerró los ojos y contuvo todo lo posible el siseo de su respiración acelerada. Sentía que el cuerpo le iba a ceder y caería arrodillado en el suelo de madera del pasillo que estaba junto a la puerta de su apartamento.
Nuevamente estamos en esto, nuevamente apurando el tiempo antes de llegar a la estación de tren —ese pensamiento, mezcla de evidencia y molestia, rondaba la mente de InuYasha sin que eso le diese la fuerza suficiente para parar lo que Kagome y él estaban haciendo.
Movió los dedos que permanecían enredados en el pelo oscuro de su compañera. Le acarició la cabeza con cierta delicada intensidad, la que contrastó de inmediato con un nuevo ramalazo de excitación que lo obligó a llenarse los pulmones de aire con la boca abierta. Presionó un poco más la cabeza de ella hacia él y la escuchó ahogarse al paso de un corto instante hasta que la soltó, y Kagome a él. No estaba seguro de cuánto tiempo les quedaba y si hacía lo que deseaba ella no alcanzaría a pasar por la ducha antes de salir. La idea de que Kagome llevara consigo el olor del sexo hasta llegar a Tokyo trajo a su memoria aquel aroma y eso lo excitó aún más. Ya no le fue posible acallar el jadeo que llevaba conteniendo durante los últimos minutos.
—¿Estás bien? —Kagome hizo aquella pregunta entonando en ella la preocupación mezclada con la travesura.
InuYasha la miró, tenía los labios tan malditamente hinchados y rojos que sintió que todo el cuerpo le temblaba ante aquella estimulante imagen.
—No.
Respondió, categórico.
La tomó por los brazos y la guio, sin consideración, para que se pusiera de pie primero y contra la pared después. La posición era óptima, Kagome de espaldas a él mientras InuYasha le subía la falda hasta la cintura en busca de la desnudez suficiente para entrar en ella. La escuchó jadear bajito y entrecortado al punto que parecía tener miedo, aunque no mostró oposición alguna. Él sabía que no era posible que Kagome le temiera, aquello era simplemente una reacción al sexo apresurado y algo salvaje del último momento. En ese instante, y mientras tocaba con los dedos la hendidura de ella entre las piernas, se preguntó si serían estos encuentros, apresurados y densamente calientes que precedían a la separación, una nueva forma de adicción entre ellos. No hubo respuesta a eso, ésta se perdió con el primer resuello que liberaron ambos a la vez en el instante en que InuYasha se posicionó en la entrada húmeda de Kagome y la penetró.
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Continuará.
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N/A
Sólo diré: "Qué conste que yo iba a subir a Kagome al tren!"
Como muchas veces digo, los personajes saben la dirección que les quiero dar, pero entremedias ellos dan las vueltas que se les antojan.
Gracias por leer y comentar. Nos leemos en el siguiente.
Anyara
