-Esta es una adaptación de la serie "House of the Dragon" y del libro "Fuego & Sangre" de George R.R. Martin, más específicamente el arco conocido como "La Danza de Dragones". Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, mas los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidades, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Mad Woman" de Taylor Swift para Sakura, "Unholy" de Sam Smith para Sasuke, "Smells Like Teen Spirit" de Saint Mesa para Baru, "Darkside" de Neoni para Hanan, "Good Luck, Babe!" de Chappell Roan para Ino, "Die With A Smile" de Bruno Mars & Lady Gaga para Sasuke & Sakura, y "Black Out Days" de Phantogram para el contexto del capitulo.

1-Diálogos en cursiva para "Alto Valyrio".

2-Breves textos en cursiva para pensamientos.

3-Texto con dialogo en cursiva par flashbacks


Bosques Reales, Desembarco del Rey

Como había pretendido, Sasuke regresó a Desembarco del Rey sin regresar a la Última Tormenta…no podía dejar de pensar en Yuudai, el niño al que había matado, recordaba como Vaghar había mordido a Arrax hasta destrozarlo, el príncipe tuerto sabía que habría consecuencias y graves por lo que había hecho, ¿Debía decir la verdad a su familia? Se enterarían tarde o temprano y mejor que lo supieran de él, pero muchos creerían que lo había hecho a propósito y no que había perdido el control de su dragón, porque ello le había parecer débil. Como si se trata de un vuelo cotidiano, Vaghar aterrizó en los bosques reales como siempre, con sus garras clavándose a la tierra, y aunque estaba acostumbrado a montar sobre el viejo dragón, no por primera vez Sasuke se maravilló por su tamaño, agradeciendo en silencio cuando Vaghar elevó una de sus alas como improvisada escalera para ayudarle a descender, él sujetándose de la escalera unida a la silla de montar para bajar…mas, en su mente volvía a escuchar los rugidos de Arrax y el eco de la tormenta, ¿Lo olvidaría alguna vez? Era un hombre recién prometido y a la vez un asesino de parientes, y él no iba a culpar a Vaghar, porque sabía que era única y enteramente su responsabilidad, Vaghar era su dragón y él había querido muerto a Yuudai, aunque se negase a admitirlo; Sasuke rodeó a Vaghar y acarició su hocico mientras escuchaba el eco de caballos, eran los guardias de la Fortaleza Roja que acudían a escoltarlo, pero él apenas y reparó en ello, quitándose uno de los guantes y acariciando las escamas del viejo dragón, que ronroneó como si se disculpara por haberle fallado…él que había fallado había sido él, Vaghar solo había seguido sus instintos y pensamientos.

—Alteza, la reina viuda desea hablar con usted— informó el guardia al frente de la comitiva.

—La veré más tarde, deseo cambiarme primero— negó Sasuke, sintiendo como si la sangre en sus manos lo delatara como asesino.

—Ella ha solicitado— contrarió el guardia, si es que el príncipe no había entendido.

—¡La veré después!— insistió el príncipe tuerto, alzando la voz

Los guardias se sobresaltaron e inclinaron la cabeza con respeto, era raro que el príncipe Sasuke perdiera el temperamento y demostrase su ira, normalmente eso solo sucedía con el ahora rey, a quien solo había dirigido respeto desde su ascensión al trono, Sasuke sabía que se estaba delatando a sí mismo y respiró profundo para mantener la calma, escuchando a Vaghar gruñir, el viejo dragón no quería que lo molestaran—nunca había soportado verlo sufrir—y él lo apreció, acariciando una última vez las escamas de Vaghar a modo de despedida antes de volver a colocarse el guante y dirigir sus pasos hacia su caballo, sin decir nada a los guardias. Sasuke no se molestó en galopar el mismo ritmo que los guardias, ellos ya lo alcanzarían, todo lo que hizo fue presionar al caballo a galopar lo más rápido posible hasta llegar a la Fortaleza Roja, bajando de este y entregándolo a uno de los mozos de cuadra, subiendo las escaleras hacia el interior, no rindiéndole cuentas a nadie y dirigiéndose hacia sus aposentos, rogando en silencio que Sakura no estuviera cerca, porque si la veía se desmoronaría por completo; le ordenó a los sirvientes que le prepararan el baño, pero ni aun sumergiéndose en la bañera consiguió sentir que la sangre desaparecía, lo perseguía la muerte de Yuudai, mas tuvo que salir de la bañera y cambiarse de ropa, la verdad no podía esperar. Ni siquiera pareció tolerar su propio reflejo, intercambiando una mirada con sir Sai al abandonar su habitación y quien lo escoltó hasta el despachó de su abuelo como lord Mano, llamando en su nombre primero y luego abriéndole la puerta al escuchar un "adelante", dejándolo por su cuenta, y fue peor para Sasuke encontrar a su madre al interior.

Nadie lo dijo, pero Sasuke supuso que debía verse igual que Vaghar ahora, el viejo dragón tenía sangre en sus patas y colmillos desde los días de la Conquista, y ahora él también, sangre inocente, no del todo, pero inocente; ahora debía parecer más una bestia que un dragón, más vicioso, codicioso y destructivo que el fuego. Su madre estaba sentada ante el escritorio del Lord Mano, con las manos cruzadas sobre su regazo, portaba un elegante vestido de seda esmeralda de cuello alto y en V con dobladillo, cerrado por seis botones de oro desde el escote al vientre, con los lados del corpiño, las mangas superiores—abiertas como lienzos, revelando unas mangas inferiores y ceñidas a las muñecas—y la falda superior abierta en A repletos de bordados dorados con el emblema de la casa Haruno, con su largo cabello rosado recogido tras su nuca y resaltando una corona de oro y esmeraldas a juego con unos largos pendientes y la guirnalda alrededor de su cuello. Fue descorazonador para Sasuke ante las expresiones de suma alegría en los rostros de su madre y abuelo, pero tuvo que decirles la verdad y ver como la alegría daba paso a la angustia e incredulidad, principalmente proveniente de su madre qué murmuró una plegaria mientras su abuelo le daba la espalda, ambos no podían creer como toda la ventaja de la cual habían gozado ahora se volvía contra ellos, y todo por un error cometido por él, voluntaria o involuntariamente, eso no importaba. ¿Qué se podía hacer? Yuudai estaba muerto y lo estaría para siempre, nada lo devolvería a la vida y remediaría lo que él había hecho, y con seguridad ninguna excusa calmaría a Izumi que ahora les haría la guerra por venganza, todos lo sabían.

—¿En qué estabas pensando?— cuestionó Hanan, levantándose de su asiento y no pudiendo creer lo que su hijo había hecho.

—Maté al enemigo, uno de los bastardos de la pretendiente, que avergonzaron a nuestra casa, nuestra sangre y legado— mintió Sasuke, no pudiendo decir que aquello había escapado de su control, no queriendo parecer débil.

—¡Has destruido toda la ventaja que teníamos!— condenó Kizashi, volteando a enfrentarlo. —Perdiste un ojo, pero ¿Cómo pudiste ser tan ciego?— cuestionó, mas Sasuke le sostuvo la mirada sin dejarse intimidar. —Nada hará que Izumi se arrodille ahora, esta será su excusa para la guerra, y otros la verán como justificada— su posición ahora era débil por el crimen que él había cometido.

—¡Era tu sobrino!, ¡Tu sangre!— la reina viuda sollozo, no pudiendo asimilar el crimen de su hijo favorito. —Te convertiste en un asesino de parientes…Que la Madre nos ayude— oró en voz alta, siendo demasiado para cualquiera.

—Has comenzado una guerra, ¿Entiendes?— acusó el Haruno, pues ahora más que nunca aquello era una realidad, una que habían buscado evitar.

El príncipe tuerto no respondió a aquellos reproches y acusaciones, por primera vez en su vida se quedó sin palabras, pero nadie supo que era por el terror que sentía por la venganza que quizás caería sobre sus hijos o sobre Sakura, y entonces no se lo perdonaría nunca; también le dolió ver a su madre, con lágrimas en los ojos, él siempre había hecho todo lo posible por hacerla sentir orgullosa, él era quien siempre seguía sus consejos, y ahora era el motivo de su sufrimiento. Desde la época de los Primeros Hombres, existía una maldición de que aquel que matara a su propia sangre, hermano, sobrino, tío, hijo o lo que fuera, tendría una muerte horrible, Sasuke no creía en maldiciones ni nada parecido, por lo que no sabía que sucedería con él ahora, lo único que lo preocupaba era que algo pudiera ocurrirle a Daisuke, Sarada o Sakura, nunca había huido del destino, creía que este podía cambiarse y esta vez no fue diferente, no iba a huir. No había nada más que decir de lo ocurrido, por lo que Sasuke se retiró en silencio, ahora debía informar a su hermano el rey, y Hanan lo observó desconcertada a la par que asustada, habiendo creído conocer a su hijo, pero se había equivocado, porque ahora su hijo amado había arruinado cualquier posibilidad de paz y había hecho de la guerra una realidad. Asombrosamente, cuando Sasuke acudió a informar a Baru de lo ocurrido, su hermano lo envolvió en un abrazo y lo felicitó, estaba orgulloso y de inmediato ordenó que se hicieran planes para una celebración, el rey estaba agradecido de que alguien no tuviera miedo de ensuciarse las manos para asegurar su permanencia en el trono, pero ello no hizo que Sasuke se sintiera mejor, solo más miserable.

Era un asesino de parientes.


Ajena a lo que sucedía dentro de la Fortaleza Roja, Sakura esbozó una sonrisa mientras veía a sus hijos sentados junto a la chimenea, Daisuke leyendo en voz alta—queriendo practicar por las felicitaciones que recibía de sus tutores—y Sarada corrigiéndolo cuando se equivocaba, mas la reina se distrajo con las crepitantes llamas de la chimenea, pensando; Baru la había llamado toda esa semana, todas las noches, solo cogían una vez y al final ella siempre estaba insatisfecha, pero era extraño tener por esposo a un hombre al que no podía amar, seguía sintiéndose como una violación, pero ella intentaba disfrutarlo, ¿Era tan extraño?, ¿Qué otra opción tenía? La reina portaba un vestido malva claro de escote corazón, con falda de velo y mangas acampanadas y traslúcidas que casi llegaban a cubrirle las manos, encima una chaqueta gris claro de escote en V ligeramente más bajo, cortas mangas ceñidas hasta los codos y cerrada desde el escote a la altura del vientre por tres botones de diamante y falda abierta en A, repleta de bordados plateados y con diamantes engarzados para replicar mariposas y libélulas, sus largos rizos rosados estaban peinados en una trenza cintillo y caían tras su espalda, haciendo resaltar la corona de plata y amatistas sobre su cabeza en forma de mariposas, a juego con unos pendientes en forma de lágrima y la elegante guirnalda alrededor su cuello que emulaba libélulas. Ocupada hasta ese momento, Ino finalmente ingresó en los aposentos de la reina cuando sir Arsen le abrió las puertas, acercándose con sumo respeto a su reina que parecía sumergida en sus propios pensamientos mientras Hinata y Tenten bordaban en silencio y sentadas en los divanes contiguos.

—Majestad— nombró Ino, sentándose en el diván a su lado y regresándola a la realidad. —El príncipe Sasuke regresó, ya se reunió con la reina viuda y lord Mano— informó, sabiendo que aquel era un tema delicado.

—Espero que su viaje haya sido provechoso— comentó Sakura únicamente, intentando parecer indiferente.

—Aparentemente hubo un incidente— informó la Yamanaka en voz baja. —Dicen que el príncipe Yuudai está muerto— agregó, informada por sus contactos.

—¿Qué?— la reina alzó la mirada con sorpresa, paralizada al escuchar aquello.

—El príncipe Sasuke aparentemente se vio forzado a matarlo sobre los cielos de Bastión de Tormentas, justo antes de regresar— especificó la rubia, siendo todo cuanto sabía.

Nuevamente, lo que le producía un gran dolor, Sakura comprendió que otra de sus visiones se había cumplido y ella no había podido hacer nada para evitarlo, sujetándose la falda del vestido para levantarse de su asiento y dejando el libro que había estado leyendo en su lugar, dirigiéndose hacía una de las paredes en que había dibujado, señal ante la que Ino se sujetó la falda y corrió a la habitación privada en busca del tintero y pincel con los que regresó, acercándose a su reina que tomó el pincel y tachó uno de los dibujos que había hecho. Sencilla en su aspecto general, Ino portaba un vestido de seda malva suave—en honor a Dreamfire, como su reina—, de profundo escote en V hasta la altura de su vientre, sin mangas sino que anudado en la nuca y dejando expuesta su espalda salvo por los listones que lo anudaban, con profundos cortes lados y que revelaban la capa de encaje de igual color debajo, muy sugerente, falda que se arremolinaba a su andar y ceñido a su figura por un cinturón de escamas de plata en forma de dragón entrelazado con rosas, y su largo cabello rubio recogido en una coleta alta con trenzas entretejidas para despejar su rostro. En el dibujo que la reina tachó, se veía a un dragón con las fauces abiertas y un chico o niño cayendo de estás al mar, envuelto en sangre, entonces Sakura no había comprendido lo que representaba su visión, solo había tenido claras las palabras "agua dulce y sangre", no había imaginado que el agua sería la de Bastión de Tormentas y que la sangre pertenecía a su sobrino…ver lo que sucedería y no entenderlo lo suficiente para no poder cambiarlo le destrozaba el corazón y más saber que Sasuke era responsable de ello, porque vio ratas rondar a sus hijos.

—Agua dulce y sangre, otra visión que se cumple— suspiró Sakura regresando a la realidad. —Esto no me produce ninguna satisfacción, prever lo que pasará y no poder evitarlo es horrible— admitió con la voz quebrada. —Me pregunto qué pasará ahora— medito, devolviendo el pincel a su amiga.

—Al parecer, el rey va a organizar un banquete en su honor, para esta noche— informó Ino, siguiendo a la reina que regresó a su asiento, —y ha invitado a los grandes lores que estuvieron presentes en su coronación— y que aún no habían partido a sus dominios.

—No es nada prudente— suspiró la reina, volviendo a sentarse, —pero mi esposo no es conocido por su prudencia— obvió, alargando una de sus manos para acariciar el cabello de su hijo Daisuke, quien se abrazó a su falda.

—¿Asistirá al banquete?— consultó la Yamanaka, corriendo a regresar el tintero y pincel a la habitación privada.

—¿Tengo otra opción?— cuestionó la Uchiha en voz alta. —Lo soportaré; observaré como mi esposo sonríe, felicitaré a mi hermano por su compromiso y entretendré a la corte— enumeró, estresada ante la sola idea. —Asegúrate de elegir el mejor vestido, por favor, no debemos dar nada de qué hablar— encomendó a su amiga mientras le hacía cosquillas a Daisuke que río encantado.

—Por supuesto, Majestad— asintió la rubia, volviendo a sentarse a su lado.

Ella no era el tipo de persona que pensaba en complacer a la corte con su aspecto general, minucias como esa jamás le habían importado, —ya habían pasado casi tres semanas desde la coronación de Baru—, pero eran las primeras semanas y quería complacer a Baru que en los últimos días encontraba cualquier excusa para visitarla durante el día antes de acudir a sus reuniones con el Consejo, incluso habían cenado juntos por las tardes, él acudía para jugar con Daisuke y Sarada, estaba tratando desesperadamente de ser un buen padre y le conmovía el corazón. Aunque su frustración sexual la hacía parecer amargada más de lo que quisiera—la necesidad de un orgasmo la tenía de mal humor—, Sakura deseaba que su hermano continuase feliz, los asuntos de estado le eran molestos, pero él realmente estaba dando lo mejor de sí por ser un buen rey, y ella seguía deseando herir a Sasuke por abandonarla y comprometerse con Mirai Sarutobi, seguramente él también se sentía mal por haber matado a Yuudai, pero por primera vez a ella no le importó, solo podía pensar en su dolor, estaba siendo egoísta y no le molesto serlo. Siempre exigente, Sarada también se sujetó de su falda para llamar su atención, a ella no le gustaba que la trataran diferente por ser una niña y Sakura siempre era ecuánime con sus hijos, riendo y entornando los ojos antes de indicarles que subieran a su regazo, aun sosteniendo el libro y procediendo a leerles en voz alta, ella misma queriendo distraerse de sus visiones, del miedo que en las noches recientes la hacía permanecer junto a sus camas, temiendo que algo o alguien los atacara y no dejando se soñar con ratas…


—¡Reverencien a sus Majestades!, ¡Baru "El Magnánimo" y su esposa la reina Sakura!— anunció sir Sakon, siguiendo los pasos de la pareja real.

El Gran Salón de la Fortaleza Roja—adornado con el estandarte verde y el dragón de tres cabeza de un brillante dorado—bullía de alegría y ruido por parte de los cientos de invitados al banquete, lores, damas y caballeros por igual, todos ocupando sus lugares a las mesas cuando sir Sakon anunció a la pareja real, refiriendo al rey como Baru "El Magnánimo" como la plebe lo estaba llamando por su generosidad al recibir a las gente en sus audiencias, y nadie protestó, sonriendo a la pareja cuando ingresó en el salón. No por primera vez, todas las miradas se centraron en el rey, tan elegante y llamativo como siempre, muchos se preguntaban qué habilidoso sastre bordaba sus jubones, únicos en la corte; portaba un elegante jubón de seda y terciopelo esmeralda de cuello alto y cerrado, bordado gruesamente en todo el pecho para replicar a su dragón Sunfire, con ligeros dragones en las hombreras y en las mangas superiores que se abrían como lienzos desde los hombros, las mangas inferiores eran lisas, pero también bordadas en los codos y muñecas, y el mismo bordado se replicaba en el dobladillo del faldón abierto en A bajo el vientre, ceñido a su cuerpo por un fajín esmeralda con un broche en que emulaba la cabeza de su dragón, pantalones verde oscuro y botas de cuero, con la corona del Conquistador en su cabeza y los rubíes reluciendo ante la luz, la digna imagen de un rey. El atractivo del joven rey era incuestionable, las damas se ruborizaron nada más verlo, pero en esta oportunidad los ojos de los caballeros, casados o solteros, no pudieron evitar concentrarse también en la reina Sakura, que caminaba tomada de la mano con su esposo, viéndose muy bien juntos.

La reina siempre reservada era una visión para muchos, ataviada en un exquisito vestido de seda esmeralda, estampado con bordados ligeramente más oscuros para replicar a su dragona, Dreamfire, de hombros caídos y profundo escote en V casi hasta la altura del vientre, anudado por escamas doradas y mostrando una generosa porción de piel por diminuta que fuera, nadie sabía que Ino le había ceñido el vestido hasta que fuera casi una segunda piel y le costase respirar, de ahí que su cintura pareciera tan estrecha, las mangas eran ceñidas hasta los codos donde se dividían en dos; las superiores acampanadas y las inferiores ceñidas a las muñecas con bordados dorados, y la falda se arremolinaba a su andar, su largo cuello relucía con una guirnalda de oro y esmeraldas, y su largo cabello rosado estaba recogido en un complejo matiz de trenzas para que sus rizos cayeran tras su espalda, y la corona real reposaba sobre su cabeza, con las perlas enmarcando su rostro y haciéndola parecer más alta. Si había existido una ocasión en que la reina hubiera intentado hacer alarde de su apariencia era ese, tanto que muchos se quedaron sin habla, los primeros en salir de su estupor fueron los presentes miembros de la familia Haruno y que se levantaron de la mesa en señal de respeto, ante lo que el resto no tardó en unirse, todos reverenciando a la pareja real que por fin se acercó a la mesa donde aguardaban el Lord Mano, su madre la reina viuda Hanan igualmente elegante, y por último su hermano Sasuke a quien ella no había visto desde antes de su partida…fue difícil, pero Sakura se esforzó por parecer estoica al verlo, no quería darle el placer de comprender cuán profundamente la había herido.

—Felicidades, hermano, escuché que lady Mirai es encantadora— celebró Sakura con una fingida sonrisa. —Estoy segura de que será una excelente esposa— solo lo decía por educación, en realidad la odiaba a ella, y a él por traicionarla.

Su dolor no había cesado, buscar la felicidad junto a Baru y su relación amena en los días transcurridos no arreglaba años de disgustos y tristezas, Baru era su hermano y lo amaba como tal, eso no quería decir que lo amara como esposo, y Sakura no pudo evitar recorrer distraídamente con la mirada a Sasuke, tanto para corroborar que estaba ileso, como porque, lo quisiera o no, lo había extrañado; claramente Sasuke se había visto forzado a vestir bien por las apariencias, luciendo un jubón de cuero verde oscuro—casi negro—de cuello alto y cerrado, con ligeras hombreras que hacían parecer más ancha su espalda, forrado en terciopelo en el centro del pecho así como en las muñecas y decorado por siete hebillas plateadas entrelazadas con los botones, con faldón abierto en A bajo el vientre, pantalones negros y botas de cuero. Nada más ver entrar a Sakura en el salón, vestida de esa forma, hizo que Sasuke sintiera que todo había cambiado drásticamente desde su partida, porque la conocía lo suficiente para saber que ella jamás usaría algo así, no algo tan…extravagante ni de color verde, ella detestaba usar códigos de vestimenta en banquetes, siempre prefería usar malva, morado o lavanda, ¿Por qué lo estaba haciendo ahora? También lo inquietó su cercanía con Baru, con quien de hecho intercambió una sonrisa antes de ocupar su lugar a la mesa y como los demás procedieron a hacer, en tanto su hermano permanecía de pie para abrir el banquete con un discurso. El príncipe tuerto no pudo evitar fruncir ligeramente el ceño al reparar en que su hermana no portaba el collar que él le había obsequiado, cuando ella le había prometido que siempre lo llevaría.

—Nobles damas y lores, les agradezco su presencia— habló el rey, permitiendo a todos tomar asiento. —Esta noche celebramos otra nueva semana como su rey y la primera derrota del bando enemigo con la muerte del príncipe Yuudai a manos de mi hermano sobre Bastión de Tormentas, la verdadera sangre de dragón— anunció, aunque todos ya se habían enterado por los rumores. —La pretendiente me ha escrito para amenazarme, ella cree que el trono le pertenece por derecho, por una absurda promesa hecha antes de que yo naciera siquiera. Sin embargo, en su lecho de muerte, el rey Tajima me nombró su sucesor y se examinó cada precedente para coronarme, por lo que el trono es mío por derecho— espetó, en caso de que alguien tuviera dudas. —Envié términos para negociar con su hermana, pero ella los rechazó, por lo que hemos de responder con la guerra. Pero no teman; venceremos— su reclamó era legítimo, era un hecho.

A diferencia de su padre, dado a banquetes, torneos y eventos sociales, el fuerte de Baru no era la oratoria y todos lo sabían, por lo que los nobles aplaudieron ante sus esfuerzos, convencidos de que el rey velaría por ellos, de que los cuatro dragones del bando verde—Sunfire, Dreamfire, Vaghar y Tessarion en Oldtown—vencerían, y queriendo disfrutar de esta racha de victorias diplomáticas y callando sus murmullos sobre la muerte del príncipe Yuudai, creyendo que era un sacrificio necesario para lograr someter a la pretendiente a los deseos del rey. Tan pronto como el rey tomó asiento a la mesa, aparentemente satisfecho por el recibimiento de su improvisado discurso, Sakura acercó su rostro y lo besó en la mejilla, por un lado lo hizo porque su hermano necesitaba cada recompensa o demostración de afecto para sentirse fuerte—ella lo entendía—y lo confirmó al verlo sonreírle, pero también porque la corte y cualquier espía necesitaba verlos como una pareja unida, fuerte, para que ningún enemigos intentase separarlos ni ninguna dama ambiciosa que aspirara a ganar el favor del rey. Los sirvientes pronto procedieron a servir el banquete sobre las mesas al mismo tiempo que los músicos tocaban los instrumentos, amenizando el ambiente, y con ello la sonrisa del joven rey no hizo más que crecer, que comió y bebió gustoso, todo sonrisas y alegría, pero a su lado su esposa apenas y probaba la comida, jugando con esta en su plato y sin apetito, aunque puede que el apretado calce de su vestido le quitase los deseos de comer, mientras en paralelo y sentado junto a su hermano el rey, Sasuke tampoco tuvo deseos de comer, jugando también con la comida y dando un escaso trago a su copa de vino.

—No has bebido casi nada, hermano— se quejó Baru, observando a su hermano menor.

—Tú bebes por mí, bebes más que un pirata Braavosi— obvió Sasuke con falso tono bromista, careciendo de ánimo.

—Bebo lo que debo— corrigió el rey, alzando su copa y ante lo que su copero la rellenó en el acto. —¿Para qué ser rey si no puedes vivir como tal?— cuestionó, disfrutando de la vida por ello. —¡Vamos, bebe! He organizado este banquete en tu honor, tienes que disfrutar de ello— Sasuke dio otro trago a su copa solo para complacerle. —Dime, ¿A cuál de las hermanas Sarutobi elegiste?, ¿A la más bella?— preguntó, interesado por la prometida de su hermano. —Debes traerla a la corte, quiero conocerla— dudaba que fuera su tipo, pero sería su cuñada un día.

Sentada junto a su esposo, fue imposible para Sakura no escuchar sus palabras y la sola alusión de Mirai Sarutobi hizo que tuviera deseos de vomitar, pero que disimuló cubriéndose los labios, deseando salir de ahí, mas sabiendo que debía quedarse un par de horas para no detonar habladurías, dando un trago a su copa de aguamiel y tratando de olvidarse de los problemas con la ingesta de alcohol y que la afectaba rápido por su costumbre a no consumirlo, su abuelo Kizashi pareció darse cuenta y la instó a sonreír, lo que ella hizo solo por cumplir. Sasuke pensó en bufar ante las palabras de Baru, aburrido, pero solo pudo concentrar su mirada en Sakura, quien fuera de su felicitación por su compromiso, ni siquiera parecía reparar en su existencia, lo que le oprimió el corazón, ella estaba molesta y él deseaba disculparse, pero no sabía cómo empezar si ella ni siquiera volteaba a verlo; su madre Hanan estaba sentada a su lado, pero no le dirigió la palabra, como si hubiera un vacío entre ambos, claramente ella continuaba perpleja por lo ocurrido, por el actuar de su hijo favorito, siempre tan reservado, religioso y protector de su familia como ella, con él no luchaba por conectarse en contraste de como pasaba con Sakura y sus intereses inusuales, o con Kagen siempre lleno de energía, mientras que Baru siempre parecía estar demasiado borracho como para poner atención. El rey continuó riendo y vitoreando a quienes bailaban, bebiendo copa tras copa de vino, fresco como una lechuza, mientras los sirvientes iban y venían con bandejas repletas de comida como carnes, verduras, frutas muy coloridas, vinos exquisitos para abastecer a la familia real, ajenos a la tensión entre ellos.

La noche sería muy larga.


Las horas transcurrieron, pero las celebraciones parecieron no llegar a su fin, menos cuando el propio rey se unió a los bailes y cotilleos en compañía de sus amigos Ren, Takeshi y Jiro que siempre estaban cerca y con quienes solían hacer desafíos de beber o que simplemente escuchaban sus historias y aventuras en los burdeles, la misma reina viuda Hanan se levantó de la mesa y acercó a donde se encontraban sus parientes Haruno, lo que también hizo su padre el lord Mano, dejando finalmente a la reina y al príncipe a solas en la mesa. Advirtiendo desde hace mucho la incomodidad de su reina, Ino se acercó a la mesa y le preguntó por encima del hombro si deseaba retirarse, ante lo que Sakura contestó un "pronto", ella misma deseaba irse a dormir y esa noche había probado ser demasiado para ella, mas con los desesperados deseos de llorar que tenía y que había apagado con varias copas de aguamiel…esperaba no levantarse tambaleando de esa mesa. Los platos seguían acumulándose sobre la mesa, los crustáceos, las especias, peces y guisados fueron magníficos, pero Sakura finalmente hizo a un lado el plato del que apenas había probado bocado, no teniendo apetito, lo que no pasó desapercibido para Sasuke, él mismo apenas y había probado la comida, pese a que Baru lo hubiera devorado todo, celebrando por cualquiera de ellos. La exhibición de boato por parte de la corte tampoco ayudaba, todos congregados y balanceándose al ritmo de la música en un mosaico de vestidos de múltiples colores, plumas y el brillo de gemas preciosas, arremolinándose por la sala, cautivando al público con cada movimiento, pero todo en lo que ambos pensaban era en salir de ahí.

—No llevas tu collar— señaló Sasuke por fin, rompiendo con el tenso silencio.

—No tengo porque hacerlo— contestó Sakura, mordiéndose distraídamente las cutículas y sin voltear a verlo.

—Sabes que, si por mí fuera, habría elegido otra novia— aseguró el príncipe tuerto en voz baja para que nadie salvo ella lo escuchase.

—Por supuesto, a menudo no conseguimos lo que queremos en la vida— reflexionó la reina en voz alta, viendo a su hermano apartar la mirada. —Deja de fruncir el ceño, esto no es un castigo, estoy segura de que disfrutarás mucho de su compañía— desdeñó, sin sentir empatía por su situación.

—Sakura, nada entre nosotros tiene porque cambiar— aseguró él con voz suave, no deseando que ella se alejara por lo que había sido una mera obligación para él.

—Todo ha cambiado— protestó ella con voz cortante, no soportando oírlo más.

Fue solo para enfatizar, pero Sakura volvió el rostro en dirección a Sasuke, queriendo dejarle claro que ella no iba a ceder en su posición ni hablar del tema, pero ello coincidió con que su hermano la observara con aquella intensidad que siempre podía desarmarla, se veía igual que siempre, como un dragón malhumorado a punto de atrapar a su presa, nada había cambiado en ese aspecto, pero también había algo diferente, ella vio las emociones bailar en su iris ónix, parecía un criminal ante una diosa, como si fuera a desplomarse en cualquier momento…Sakura no quiso retractarse de sus palabras, pero estuvo a punto de hacerlo al ver lo roto que él realmente estaba, lo que sea que hubiera ocurrido le había destrozado el corazón tanto o más que a ella. Casi la hizo dudar, casi, porque ella de igual modo se levantó de la mesa y apartó la mirada de él; sujetándose la falda para no tropezar, acompañada por sus doncellas Hinata e Ino, la reina acercó sus pasos a su esposo y le susurró que pensaba retirarse, lo que este consintió de inmediato, informándole que no sabía a qué hora se iría a dormir y que por ende no la llamaría esa noche. En cuanto vio a Sakura acercar su rostro al de Baru para besarlo en la mejilla, Sasuke sintió su sangre hervir, tuvo deseos de golpear a su hermano, pero también—y aunque no tuviera derecho—quiso pedir una explicación a Sakura, ¿Cuándo se habían vuelto tan cercanos? El príncipe tuerto no dudó en levantarse de la mesa tras los pasos de su hermana, necesitando hablar con ella, excusándose con su hermano y siguiéndola a una prudente distancia. Sakura se sujetó de la pared fuera del salón, sintiéndose ligeramente mareada por el aguamiel consumida, más de tres copas, lo que inquietó a su Guardia consagrado y sus doncellas.

—¿Se siente bien, Majestad?— consultó Ino, intercambiando una mirada con Hinata.

—Sí, solo algo sofocada— obvió Sakura, señalando su ceñido vestido.

—¿Puedo ofrecerle mi brazo, Majestad?— sugirió sir Arsen, instándola a sujetarse de él.

—Gracias, sir Arsen— apreció la reina con una genuina sonrisa ante su gesto.

Cuando sir Arsen había reemplazado a sir Raido Namiashi—anterior Comandante de la Guardia Real—como su caballero consagrado, Sakura se había sentido insegura o extraña junto a un hombre tan joven, pues había tenido trece años igual que ella, pero asombrosamente los había hecho muy unidos, a veces invitaba a sir Arsen a cenar con ella y sus doncellas o con sus propios hijos y había aprendido a verlo como un amigo, además era un caballero muy guapo y las damas se encontraban susurrando o sonrojándose por él, y ella podía sentirse orgullosa por tener a un hombre tan guapo como protector, sujetándose gustosa de su brazo y sabiendo que la protegería, además de a sus doncellas y que siguieron sus pasos hacia sus aposentos. Siguiendo los pasos de su hermana, pero a una distancia prudente, Sasuke pudo ver como Sakura se sujetaba del brazo de su guardia real, sir Arsen Konohagakure, para caminar, ambos muy juntos uno del otro, Sasuke no pudo evitar encerrar los ojos al considerar que el guardia real se estaba tomando demasiadas libertades con su hermana y reina a quien debería proteger, viendo la mirada en sus ojos y que ni su hermana ni sus doncellas parecieron advertir, no era de mero respeto sino de veneración, y todo empeoró cuando vio a Sakura sonreírle de esa forma que esclavizaría a cualquier hombre a su servicio, como a él mismo. El trayecto hasta los aposentos de su hermana—junto a los suyos, fue largo, pero los celos de Sasuke no disminuyeron mientras veía a su hermana detenerse junto a las puertas, todo en lo que él podía pensar era en matar a ese hombre a golpes, cortarle el cuello y dárselo de comer a Vaghar, ¿Por qué tantos hombres eran tan cercanos a su hermana?

—¿Se siente mejor, Majestad?— consultó sir Arsen mientras caminaban.

—Sí, quizás haya bebido demasiado vino— asintió Sakura, agradecida por su ayuda.

—¿Muy añejo?— bromeó el Konohagakure, haciendo reír a su reina.

—Eso parece— asintió la Uchiha, no pudiendo negarlo. —Qué vergüenza, ¿En qué concepto tiene ahora a su reina, sir Arsen?— inquirió, avergonzada de su estado.

—En el que siempre la he tenido— sosegó él, viéndola los ojos. —Como la mujer más encantadora de los Siete Reinos— agregó, conteniendo el aliento por temor a ofenderla.

—Y que hoy está un poco mareada— añadió la reina, más relajada debido al alcohol en su sistema. —Muchas gracias por acompañarme, sir— apreció mientras sus doncellas abrían las puertas e ingresaban primero. —Que tenga buena noche— deseó con una sonrisa.

—Y usted, Majestad— secundó el guardia real, reverenciándola mientras ella ingresaba en la habitación.

No por primera vez, Arsen calló sus deseos de decir más, su veneración por una joven mujer a la que había jurado servir cuando ella era niña y él mismo un niño, enviado a Desembarco del Rey por la tradición elegante de "rehenes reales" que era lo que poseían los reyes de Poniente por parte de los hijos de casas nobles, como la suya, la casa Konohagakure que era súbdita de la casa Sarutobi, que regía Bastión de Tormentas, él había sido el menor de doce hermanos y dejado a su suerte, no había vuelto a ver a su familia ni les había escrito desde su infancia, y se había unido a la Guardia Real. Por deseo propio, buscando una razón para vivir, había encontrado ello en proteger a la ahora reina de los Siete Reinos, pero ni en sus sueños más locos Arsen había creído que se enamoraría de la mujer a quien había jurado servir, ella que lo iluminaba todo con su dulce sonrisa, que siempre tenía palabras amables y que era la dama más noble a quien él pudiera servir, siempre suspirando como ahora en que la vio desaparecer por las puertas y que se encargó de cerrar, esbozando una sonrisa y montando guardia como siempre se sentía orgulloso, no molestándose por las horas perdida de sueño o el cansancio al final del día, su reina siempre valía la pena; no podía tener esposa, no podía tener hijos, no podía tener tierras ni nada de acuerdo al juramento de la Guardia Real, pero nada importaba con tal de proteger a la dueña de su corazón. Sasuke observó todo ocultó desde la esquina del pasillo, antes de finalmente dirigirse a sus aposentos, pretendiendo que nada de lo que había visto lo había afectado, con sir Sai abriéndole puerta y él ingresando para cruzar hacia la puerta secreta e ir a los aposentos de su hermana, pero no quería hacer una escena de celos, primero necesitaba calmarse…


El momento en que la reina pudo despojarse de tan ceñido vestido se sintió como el cielo, ¡Por fin podía volver a respirar! De hecho, tuvo algo de apetito, agradeciendo que Tenten se hubiera adelantado a sus pensamientos y pedido un plato de galletas con que la recibió, y de las que ella disfrutó mientras Hinata y Ino la ayudaban a desvestirse, una quitándole la ropa y la otra ayudándola a colocarse el camisón. La prenda era de un opaco esmeralda, de escote V, ceñido favorecedoramente a su figura por un ligero fajín, con mangas holgadas que se ceñían en las muñecas y hombreras de encaje, como el que adornaba la falda de velo, y se sintió todavía más aliviada cuando Hinata desarmó las trenzas que recogían su cabello, ella sentándose frente al tocador y dejando que la Uzumaki pasara el peine por sus rizos rosados en tanto Ino terminaba de quitarle las joyas y las regresaba a su lugar, moviéndose velozmente por la habitación. Hasta entonces paseándose nerviosamente en su habitación privada, Sasuke se sintió lo suficientemente tranquilo para por fin dirigirse hacia la puerta secreta que conectaba sus aposentos con los de su hermana, sabiendo que era el único momento en que podrían hablar y cruzando la escasa distancia por el oscuro corredor, abriendo la puerta y sobresaltando ligeramente a las doncellas de su hermana que estaban terminando de prepararla para irse a la cama; Sakura lo observó a través del reflejo de su tocador, pero no dio otra señal de que supiera de su presencia, parecía ignorarlo y claramente su ira por primera vez era larga, él nunca la había visto tan molesta, pero eso no lo disuadió, sino que cerró la puerta a su espalda y se quedó, necesitaban hablar.

—Pueden irse— informó la reina a sus doncellas, despidiéndolas y asintiendo cuando Ino encontró su mirada con la suya solo para estar segura y retirarse tranquila, cerrando las puertas tras de sí. —Deberías irte a la cama y prepararte para tu boda con tu prometida— señaló mientras se levantaba de su tocador y pasaba junto a él.

—Sakura, no lo hice por deseo propio y lo sabes— señaló el príncipe tuerto en voz alta, siguiéndola con la mirada mientras ella rodeaba la cama. —Soy parte de esta dinastía tanto como Baru y tú, y he de cumplir con mi deber…— intentó explicar mientras ella abría la cama, tensándose como un arco al oírlo.

—¡No me hables de deber!, ¡Sé cuál es mi deber!— interrumpió Sakura, alzando la voz con furia. —He estado cumpliendo con mi deber durante toda mi maldita vida, pero tú puedes ir a donde quieras, coger con quien quieras, ¡Y yo estoy aquí cuidando de mis hijos!— comparó, no molestándole si alguien la escuchaba. —Fui una tonta al pensar que significaba algo más para ti que una oportunidad de ganar la corona— condenó, acercando sus pasos hasta estar frente a él.

—¿Por qué crees que me incline cuando coronaban al inútil de Baru?— cuestionó Sasuke, también alzando la voz ante su acusación. —Lo hice porque te amo, porque tú eres la reina, la única a la que sirvo verdaderamente— no ansiaba la corona, el poder ni nada, solo ansiaba pasar el resto de su vida junto a ella.

—Sabes que no quería ser la reina, y ello en nada ha cambiado— protestó ella, siendo la misma persona que hace menos de un mes. —Para ustedes los hombres coger es algo divertido, emocionante y que despierta sus deseos, en tanto las mujeres solo podemos...abrir las piernas y dejarlos hacer lo que quieran— tembló al recordar las noches compartidas con Baru, y no fue de placer, —y aquellas que intentan hacer lo mismo que los hombres son mal vistas y motivo de maledicencias, como nuestra hermana— entendía un poco a Izumi y sus deseos de igualdad.

—¿Baru te...?— él se quedó helado al comprender lo que había ocurrido en su ausencia.

—Nuestra madre quiere otro nieto ahora que Baru es rey, y con mayor razón ahora que nuestra hermana perdió al hijo que esperaba— contestó ella con voz pétrea. —Para los hombres coger es divertido, placentero...pues para mí no lo es, dejar que Baru me folle apenas es soportable— no había satisfacción, era un deber molesto y que solo cumplía porque amaba a su hermano. —Espero que tu futura esposa te complazca, desflorarla te resultara placentero. Espero que sea virgen— deseó secamente, dándole la espalda para ocultar sus lágrimas.

Algo con respecto a lo que Sakura siempre se sentiría inferior era su primera vez con Sasuke, ella no había querido que su primera vez fuera a la fuerza y con Baru, ni siquiera había podido resistirse a que él la tomara porque era su esposo, ella comprendía cuál era su deber y se había sometido a ello, pero siempre sentiría que estaba sucia, que no era diferente a cualquier golfa, puta o cortesana de los burdeles, porque se había entregado a alguien más aunque no lo hubiera deseado, y ahora se sentía inferior a esta Mirai Sarutobi, porque ella tenía algo que entregarle a Sasuke, algo que ella nunca había podido darle, ¿Cómo no sentirse inferior a una mujer joven, bella, virgen? Ella siempre tenía el temor de que, así como Baru se cansaba de ella y frecuentaba a otras—lo que no le afectaba—, Sasuke un día también se cansara de ella y deseara a otra, y ahora sus inseguridades habían llegado a su punto álgido. De inmediato, Sasuke entendió el sentido en las palabras de Sakura, ella se estaba insultando a sí misma, creía ser inferior a Mirai, pero era justo lo contrario, ella era maravillosa como nada más en el mundo y esa…otra mujer con la que se había comprometido no era siquiera una brisa, su hermana era la reina dragón, su diosa valyria, nadie podría ocupar su lugar y Sasuke no dudo en acercarse para envolverla con sus brazos en un abrazo, contra el que ella luchó, tratando de separarse, pero él no se lo permitió, porque ambos necesitaban ese abrazo y permitió a Sakura romper en llanto, cansándose de luchar contra él, y Sasuke se sintió como el peor hombre del mundo al escuchar sus sollozos, susurrando para calmarla, rodeándola para acunar su rostro y verla a los ojos.

—Sakura, nada tiene que cambiar entre nosotros— prometió el príncipe tuerto, viéndola a los ojos y tratando de tranquilizarla.

—¿Cómo puedes decir eso ahora? Vas a casarte— protestó la reina, luchando de nueva cuenta por liberarse de su abrazo. —¿Planeas convertirme en tu zorra personal?— cuestionó, negándose a vivir ese destino.

—Claro que no, porque eres mi esposa, te amo— aclaró Sasuke, acunando su rostro entre sus manos y sin apartar la mirada de la suya. —Solo estoy comprometido, jamás tuve la intención de casarme, ni lo haré en un futuro. No quiero casarme con nadie más; te amo a ti, eres lo que siempre he querido o deseado y eso nunca va a cambiar— juró, porque lo decía muy en serio. —Tú me perteneces tanto como yo te pertenezco a ti, y ninguna corona o juramento puede separarnos— le había jurado su amor, se había entregado a ella y era su esposo como ella era su esposa. —Veré el mundo arder en llamas antes de que alguien te aparte de mi lado— aseguró, pegando su frente a la suya.

—Tengo miedo, no quiero perderte, no lo soportaría— admitió Sakura con la voz quebrada, rozando su nariz contra la suya. —Pensar que ames a otra me mata por dentro— le había roto el corazón pensar que él dejara de amarla.

—Jamás amaré a otra que no seas tú, te lo juro— confirmó él, enfocando su iris ónix completamente en ella como prueba de sus palabras.

Ella era la razón de su vida, no podría ser feliz ni aferrarse a nada de no ser por ella, jamás dejaría de amarla y desearla, todos aquellos días lejos de ella habían sido una tortura y más el saber que le había causado dolor y sufrimiento; Sasuke y Sakura se vieron a los ojos y ninguno fue capaz de saber quién inició el beso en que se fundieron desesperadamente, con profundidad, envolviendo su lengua a la del otro, ebrios de deseo por el otro, pero—al menos en el caso de Sasuke—atentos a las reacciones del otro, no queriendo hacer nada que el otro no quisiera. Lo deseaba, lo amaba, era una locura y ello no iba a eliminar sus inseguridades de golpe, pero todo en lo que Sakura pudo concentrarse fue en aquel beso, jadeando para recuperar el aliento cuando este se rompió, gimiendo y arqueando mientras sentía los labios de Sasuke deslizarse por su cuello, sus manos descendiendo por sus hombros hacia su cintura, amasando sus pechos y alzando su falda con una de sus manos mientras la hacía retroceder hacia la cama, recargando su espalda contra uno de los postes. Después de tantos días dejando que Baru la cogiera a placer, sin obtener una satisfacción real, se sintió infinitamente bien para Sakura volver a sentir el tacto de Sasuke, experto en cada parte de su cuerpo, no tratándola como alguien frágil, sino como una mujer real a quien deseaba hacerle el amor, porque ella era un dragón como él, aunque los demás se negaran en verlo o aceptarlo; reclamando nuevamente los labios de su hermana tras recuperar el aliento, Sasuke gimió el envolver su lengua contra la suya mientras penetraba en su interior con sus dedos, sintiéndola arquearse contra él y mecer sus caderas hacía sus dedos.

Sakura le quitó apresuradamente el parche que cubría su ojo izquierdo, un instante antes de que Sasuke retirase sus dedos de su interior y, bajo su sorprendida mirada, se arrodillara frente a ella y sumergiera bajo su falda, situando sus piernas sobre sus hombros y devorando su sexo con hambre, habiéndola extrañado como nada más en el mundo, estaba loco de deseo por ella y deseaba saciarse; la reina echó la cabeza hacía atrás y gimió ante cada roce de la lengua de su hermano contra los labios de su sexo, descendiendo sus manos para jugar con su sedoso cabello azabache, halando de este y acercándolo hacia sí, meciendo sus caderas al encuentro de sus labios y lengua, succionándola suavemente. Las manos de Sasuke no pudieron quedarse quietas y sosteniendo los muslos de su hermana, que pronto se envolvieron alrededor de su cuello, permitiéndole a él ascender su tacto y amasar sus pechos a manos llenas, gruñendo ante la perfecta forma de su cuerpo y con el que él tanto había soñado, sabía y sentía que ella estaba a punto de alcanzar el orgasmo y él no cesó en devorarla con sus labios y lengua hasta escuchar que sus gemidos subían de tono, sabía que ella había estado tan frustrada como él, porque nadie podía hacerlos sentir como ambos se sentían juntos. Sintiendo la espalda adolorida por la posición, Sakura se dejó caer sobre el colchón, con el rostro de Sasuke aún enterrado entre sus piernas, mas ella no quiso callarse, tantos días insatisfecha estaban sacando lo peor de ella que gimió fuertemente, persiguiendo el orgasmo que solo él podía darle, se sentía demasiado intensó y ella verdaderamente sintió la tensión estallar entre sus piernas de golpe.

Relamiéndose los labios ante el sabor de su hermana en su lengua, Sasuke lentamente salió debajo de su falda y se sentó a su lado sobre el colchón, inclinándose para besarla y sintiendo la lengua de Sakura envolviéndose inmediatamente contra la suya, como si estuviera ansiosa por sentir su sabor mientras él la ayudaba a quitarse el camisón, ella moviendo su manos torpemente por su pecho para desabrocharle el jubón y que él la ayudó a arrojar al suelo, recostándose encima de ella que abrió sus piernas y las acomodó a cada lado de su cuerpo. Sintiendo a Sasuke acunar su rostro entre sus manos, no supo si interpretarlo como una disculpa o una señal más de lo mucho que la amaba, siempre viéndola a los ojos con esa mirada tan suave y con la que no veía a nadie más, haciéndola sonreír realmente por primera vez en días, le resultaba extraño ahora sentirse tan insegura frente a él, viendo en su iris ónix una mezcla de excitación y el mismo amor que ella tantas veces había visto, y aunque ella no estaba frente a un espejo podía adivinar que tenía la misma mirada. Aprovechando la ventaja de sus piernas alrededor de las caderas de su hermano, y lo concentrado que este estaba en ella, Sakura logró invertir las posiciones y montarse a horcajadas encima de su regazo, Sasuke situó sus manos sobre sus caderas e intentó cambiar las posiciones, pero ella se lo impidió, recargando sus manos sobre sus hombros, quitándole la camisa por encima de la cabeza y queriendo tener el control esa vez, queriendo perseguir la satisfacción que tanto le habían negado esa semana, deslizando sus manos a los pantalones de él y que le desabrochó, bajándolos lo suficiente para exponer su miembro.

Viendo a los ojos a Sasuke en todo momento, Sakura levantó las caderas y lentamente se dejó caer sobre el miembro de su hermano, apreciando cada reacción en los ojos de su hermano en todo momento hasta que ella misma tuvo que cerrar los ojos a causa del placer al sentirlo completamente en su interior, alzando sus manos para jugar con su cabello y meciendo sus caderas contra las suyas, habiendo extrañado el placer que solo él podía darle, haciéndola sentir tan llena y satisfecha aunque aún no le hubiera dado un orgasmo completo luego de devorarla con sus labios. Sasuke gimió roncamente, observando maravillado a su hermana encima suyo, disfrutando de estar en su estrecho interior, una sensación tan familiar, extraña y al mismo tiempo que nunca dejaba de ser única para él, que buscó saborearla en plenitud, alzando sus manos hacia las anchas caderas de su hermana y que sintió mecerse contra las suyas, él moviéndolas al encuentro de las suyas, retirándose para volver a embestir pese a estar debajo de ella. Gimiendo mientras mecía sus caderas contra las de su hermano, Sakura se inclinó hacia adelante, presionando sus pechos contra su torso, sabiendo cuánto le gustaba eso a su hermano, a la par que buscando algo de lo que asirse ante cada una de sus embestidas que se sentían tan profundas, arqueándose contra él y sintiendo la tensión acumular entre sus piernas, pero ahora también queriendo sentirlo desmoronarse a él en su interior, ansiando su semilla y sentir que llenaba su vientre, queriendo llevar desesperadamente un hijo suyo. Sus gemidos dulces y melodiosos eran la sinfonía más hermosa para Sasuke, quien no podía apartar la mirada de ella.

Antes que Sakura pudiera darse cuenta, sintió su espalda sobre el colchón de la cama y Sasuke encima suyo, ambos frente a frente y con sus respiración mezclándose mientras su hermano se inclinaba para reclamar sus labios, recorriendo el interior de su boca con su lengua y no cesando de penetrar en su interior, persiguiendo el orgasmo que ella también sentía a punto de llegar, ambos gimiendo contra los labios del otro en medio del beso, sintiendo las manos de su hermano ascender de sus caderas por su cintura para amasar sus pechos, envolviendo sus brazos alrededor de ella en un cálido abrazo. Sasuke deslizó sus manos por la espalda de su hermana, acercándola más hacia sí, presionando su miembro tan profundamente como le era posible, sintiéndola arquearse contra él, persiguiendo el mismo placer, deseando tener cada parte de ella, orgulloso de que otros—quien fuera, sir Arsen, Baru o hasta el enemigo—desearan a la mujer más hermosa sobre los Siete Reinos y el mundo conocido, su diosa Valyria, pero nada elevaba más su orgullo que ser la causa de sus perfectos gemidos, siempre tan encantadores, como el eco de sus cuerpos moviéndose juntos y que solo lo hizo embestir más intensamente contra su interior, más rápido, más rudo, sintiendo las uñas de Sakura contra su espalda, marcándolo como suyo, el dolor más agradable sobre la tierra, como el firme tacto sobre sus caderas y que sabía le dejarían moretones. El momento era demasiado perfecto para ser verdad, parecía irreal, todo se sentía como siempre debería ser, nadie podía quitarles lo que tenían, porque ambos se habían entregado el uno al otro, no los habían obligado, ellos habían entregado su vida y existencia al otro.

Todo lo que Sasuke podía desear, más que a ella, era el poder de cambiar su situación, de tener el control de todo cuanto los rodeaba, la capacidad de actuar sin consecuencias, lo mínimo que merecía, pero había entregado su suerte a los dioses de Valyria hacía tiempo, porque en tanto su amor fuera un secreto, su Daisuke podría ser rey, su hijo estaría a salvo y eso lo era todo para ambos, por él y por Sarada harían el sacrificio que fuera preciso. Sasuke enterró su rostro contra el valle de los pechos de su hermana y que acarició con fascinación, la misma fascinación con que siempre examinaba su cuerpo, toda ella siendo la encarnación del amor que se tenían, el amor que había dado origen a sus hijos, por eso para él no había mujer más perfecta sobre los Siete Reinos y el mundo conocido, porque ella lo había dado por hacerlo feliz y a cambio él le retribuía con su vida, su corazón, su alma y todo lo que era, porque la amaría siempre. Para Sasuke no había nada mejor que eso, estar con la mujer que amaba, tocar su cuerpo, hacerla suya, sentir su piel, verla a los ojos, escuchar sus gemidos, acariciar su cabello, sentir sus perfectos pechos contra su torso, sin que hubiera espacio entre ambos, con el sudor cubriendo sus pieles, sabiéndose suyo, su esposo, su valzȳrys; para Sakura no había nada mejor que estar con el hombre que amaba, sentir sus músculos bajo su tacto al ascender por su espalda, sus hombros y brazos, sentir como la hacía suya, ver su iris ónix completamente concentrado en ella, escuchar sus roncos gemidos y jadeos entrelazados con su nombre, sentir su cabello contra sus manos, su torso contra sus pechos, sabiéndose completamente suya, su esposa, su ābrazȳrys.

—Te amo, eres la razón de mi vida— aseguró Sasuke viéndola a los ojos. —Nunca lo olvides— pidió, con la voz agitada. —Tú eres mía y yo soy tuyo— así sería siempre.

—Mío, solo mío— asintió Sakura, envolviendo firmemente sus piernas alrededor de sus caderas. —Te amo tanto— pronunció, pegando su frente a la suya. —Te amo…— reiteró, besando sus labios y envolviendo su lengua contra la suya.

El beso fue breve y Sakura acunó el rostro de Sasuke entre sus manos, deseando desesperadamente verlo a los ojos mientras ambos alcanzaban el clímax, queriendo convencerse de que él decía la verdad, que él era completamente suyo y que ninguna otra mujer podría verlo desmoronarse como solo lo hacía con ella, porque ella era la única que sabía cómo complacerlo, la única a la que él desearía, porque ella había despertado al dragón en su interior y ambos se pertenecían el uno al otro. El clímax fue brusco, rápido e intenso, ambos gimiendo contra los labios del otro y escasos centímetros separando sus rostros, viéndose a los ojos, Sakura sintiendo su interior contraerse alrededor de su miembro y Sasuke derramándose en su estrecho interior, una vista extrañamente hermosa para ambos que descendieron sus miradas hacia el lugar en que se encontraban estrechamente unidos. Cuando ambos volvieron a abrir los ojos, se vieron intensamente, con aquella ternura que jamás tenía fin, la lujuria y el deseo se habían atenuado hasta convertirse en brasas ardientes, continuaban ahí, pero nada como aquella mirada y en que, unidos, Sasuke sostuvo una de sus manos contra las suyas y la guio hacia su pecho, sobre su corazón, llevándola a sus labios y besando el dorso con reverencia, sin apartar su mirada de la suya. Ambos se abrazaron, envolviendo sus brazos alrededor del otro, aun íntimamente unidos, protegidos por las puertas cerradas de aquella habitación, amándose y negándose a que nada ni nadie los separara, Sakura sepultando temporalmente sus inseguridades y Sasuke olvidándose completamente de que había una guerra que librar, aunque fuera por ese momento.

Los dragones danzaban, los dragones se amaban.


Su corazón se sentía en calma, el fuego que había parecido quemarla desde dentro como el incandescente calor de un dragón ahora no era tan irritante, continuaba latente en su interior dándole fortaleza para algo que ni siquiera entendía, pero Sakura se sentía plena otra vez, gimió de placer al sentir a Sasuke abrazándola por la espalda, recorriendo su nuca con sus labios mientras sus manos ansiosas remarcaban cada parte de su anatomía como suya y ella se dejó acariciar intencionalmente, elevaba su orgullo como mujer que un hombre la deseara tanto, que tuviera aquel tacto experto para complacerla como nadie más podía, porque vivía dedicado a ella, y aunque fuera una locura ella quería creer que su compromiso podía romperse, se negaba a dejar de amarlo. Podrían haberse quedado así para siempre, la posición era simplemente perfecta, ambos desnudos entre las sábanas e ignorando todo fuera de aquella habitación, mas Sasuke no protestó cuando Sakura se removió en sus brazos y se giró para que ambos se vieran a los ojos, acunando su rostro entre sus manos y acercándose para besarle la frente, luego la cicatriz sobre su ojo izquierdo y por último sus labios, no con pasión sino con delicadeza y firmeza a la vez, tan suya como siempre sino es que más, parte de su alma. Sin embargo, lo tomó desprevenido el momento en que Sakura envolvió sus brazos alrededor de sus hombros y espalda, como si fuera Dreamfire y alargara sus alas para protegerlo, ella era su refugió, y antes de darse cuenta Sasuke volvió a sentirse vulnerable, no quería decirle lo que había hecho…aunque ella ya lo sabía, no podía ocultárselo más, pero continuaba sintiéndose como un asesino e indigno de ella.

—Lo maté— admitió el príncipe tuerto con casi un hilo de voz. —A Yuudai— añadió en caso de que ella no lo entendiera.

—¿Qué fue lo que sucedió?— preguntó la reina, queriendo oír la verdad de él.

—Él llegó a Bastión de Tormentas y nos encontramos. Le exigí que me entregara su ojo izquierdo, como pago por el mío— resumió Sasuke con la mirada perdida. —Lo dejé ir, en apariencia, pero luego lo perseguí— resumió lo mejor posible, con voz temblorosa. —Fue un accidente, de verdad, solo quería vengarme de Yuudai, asustarlo, no debía morir— la desesperación surcaba sus rasgos, desesperada justificación. —Debes creerme— rogó buscando su mirada y temblando.

—Te creo— aseguró Sakura, tanto porque era así como porque confiaba en él.

La idea de que controlamos a los dragones es una ilusión, son un poder con el que el hombre nunca debió interferir, uno que llevó a Valyria a la perdición, y si no recordamos nuestras historias, ellos harán lo mismo con nosotros, un Uchiha debe entender eso para poder ser rey o reina; Sasuke recordó las únicas palabras que había recibido de su padre tras convertirse en jinete de Vaghar, cuando habían regresado de Driftmark, las únicas palabras de aliento o afecto paternal en su vida, entonces había creído que su padre hablaba con sobreprotección, él nunca había tenido un dragón…pero sí que lo había tenido, al mismo Balerion, hermano mayor de Vaghar y el mayor dragón conocido en la historia de Poniente, un dragón que únicamente había sido demasiado viejo y solo había volado una vez con él, ojala Sasuke lo hubiera entendido entonces, pero su arrogancia lo había cegado. Ahora que todo había pasado, que ambos volvían a pertenecerse y que no permitirían que nadie los separara, Sakura se sintió culpable por su trató hostil y resentido para con su hermano a quien ahora rememoró como su inocente hermano favorito de doce años que había perdido su ojo izquierdo, aquel niño inocente a quien ella había amado desde su infancia, que solía montar tras ella en Dreamfire, llenó de inocencia, esperanza y de corazón puro; claro que había un agudo contraste con el hombre en que se había convertido, salvaje, impredecible, temerario y arrojado, mas ella continuaba viéndolo como el niño del que se había enamorado y le destrozaba el corazón lo devastado que estaba por lo ocurrido en Bastión de Tormentas, y lo peor es que ella no sabía qué hacer o decir para ayudarlo.

—Tal vez no murió por tu mano, tal vez solo cayó— intentó consolar Sakura, esperando que ello aliviará un poco la carga sobre sus hombros.

—Vi a Vaghar destrozarlo y a Arrax, está muerto— negó Sasuke apartando la mirada, sabiendo que la verdad era inalterable.

—¿Lo sabe nuestra madre?— consultó ella, no sabiendo cual había sido su reacción.

—Ella y el abuelo se pasaron una hora gritándome cuando regrese, me llamaron "Asesino de Parientes"— asintió él con un suspiro entre cansado y frustrado.

—Fueron demasiado duros— contrarió la reina con una opinión muy diferente. —No fue tu culpa, perdiste el control, no lo hiciste a propósito— intentó convencerse de eso, mas sabía que un dragón no actuaba si su jinete no lo deseaba.

—Pero la gente no lo sabrá— obvió el príncipe tuerto, apretando fuertemente los puños, aterrado. —No importa lo que pasó o no pasó, soy débil, no pude controlar a Vaghar, no debí ser tan arrogante— criticó duramente, comprendiendo mejor que nadie que el control a un dragón era solo una ilusión.

Todo lo que Sakura pudo hacer fue asentir en silencio, recordaba las palabras de su padre igual que Sasuke, ella había estado a su lado cuando él las había pronunciado, las escasas ocasiones en que su padre había reparado en la existencia de ambos, solo cuando ambos habían obtenido un dragón—primero ella al volverse jinete de Dreamfire y luego Sasuke al convertirse en jinete de Vaghar—, pero mientras que Sasuke se había concentrado en perfeccionar el Alto Valyrio y aprender a ser el mejor usando la espada así como peleando, ella había dedicado su tiempo a estudiar los relatos y crónicas de los Maestres de Poniente y veía un matiz de lo ocurrido que su hermano no. Estaba afirmando ser débil, algo que él jamás haría delante de nadie, ni siquiera de su madre a quien tanto amaba, o de su abuelo cuyas órdenes había seguido al pie de la letra durante su estadía en Bastión de Tormentas, mucho menos de Baru que siempre era tan arrogante y se burlaba a su costa—llevaba años sin hacerlo, años en que Sasuke había podido vivir tranquilo—, pero Sakura no era como el resto de las personas, ella simplemente acarició sus hombros y cabello amorosamente, sin dejar de abrazarlo, ella siempre era tan comprensiva, ella siempre era capaz de ponerse en su lugar y hacer que se esfumaran sus preocupaciones…sin embargo, Sasuke notó su mirada perdida en la nada de la habitación, no sabía si ella estaba teniendo una visión en ese momento o si estaba pensando, pero su expresión hizo que Sasuke sintiera temor, lo desesperó la idea de que ella pensara que había matado a Yuudai intencionadamente, lo aterró que ella lo viera como un monstruo y se alejara de él.

—No me abandones— rogó Sasuke, regresando a su hermana a la realidad. —Soy el monstruo que siempre soñaron que sería— todos pensaban en él como un asesino, un monstruo, y no quería que ella pensara así también.

—No eres un monstruo, eres un dragón— corrigió Sakura, acunando su rostro entre sus manos y sosteniéndole la mirada. —Y yo también lo soy— comparó con una tierna sonrisa para alejar sus preocupaciones.

—¿Me perdonas?— inquirió él, pues su perdón era todo cuanto necesitaba.

—Claro que te perdonó, mi amor— contestó ella sin dudarlo, no teniendo que pensarlo.

Esas eran las palabras precisas que Sasuke necesitaba escuchar, suspirando aliviado, pegando su frente a la de su hermana y rozando su nariz contra la suya, besando sus labios y envolviendo sus brazos a su alrededor, Sakura y él siempre se habían entendido, con el resto de las personas el simple hecho de existir podía parecer un intrincado duelo, ambos siempre a la defensiva con todos quienes los rodeaban y subestimaban, rodeados de intrigas y traiciones en la peligrosa Fortaleza Roja, pero no juntos, estando juntos había paz, ella era su paz. Sin desvanecer su expresión pensativa, Sakura continuó jugando con el sedoso cabello azabache de su hermano entre sus manos, todo estaba perdonado, estaban en la peor situación posible y ella no iba a volver más insoportable la situación con sus celos e inseguridades, pero no le dijo a Sasuke que la palabra "perdón" no era por complacerle, sino por la visión que tuvo; volvía a ver las ratas rondar a sus hijos, pero ahora veía que ello era consecuencia de la muerte de Yuudai, él traería la desgracia sobre sus hijos y ella necesitaba perdonarlo ahora que no lo odiaba por ello, porque no sabía si podría hacerlo en el futuro. Hace mucho tiempo Sakura había entendido que los dragones sentían lo mismo que sus jinetes, incluso si estos no querían admitirlo, como cuando Dreamfire había sufrido y rugido en el Foso de Dragones mientras ella daba a luz, o como sollozaba cuando ella sentía dolor…Vaghar había matado a Yuudai porque Sasuke había querido hacerlo, y eso la asustó, aunque se esforzó en no demostrarlo, ¿De qué cosas podía ser capaz su hermano? Ella desechó esa pregunta, porque no quería aceptar que Sasuke tenía oscuridad en su corazón…


Una Semana Después

Ahora parecía un lejano recuerdo para Sakura como todo parecía haber estado mal para ella hacía una semana; los días continuaron pasando cargados de tedio y obligaciones como siempre, audiencias reales, cenas, debates…la reina entornó los ojos de solo pensarlo, aliviada de dejar gran parte de esas obligaciones o minucias a su madre la reina viuda, ¿Por qué no podía unirse a las reuniones del Consejo y ayudar? No había podido manifestar su deseo a su madre por temor a ser ignorada, se lo había manifestado a su abuelo, quien solo había dicho; "¿Para qué?". Sentada frente a su tocador a esa hora de la noche, la luna elevándose luego de que el sol desapareciera en el horizonte, Sakura dirigió una sonrisa a la sirvienta que se retiró tras encender las velas para iluminar la estancia; la reina vestía un holgado camisón malva de escote en V, estampado en dragones lila claro—claramente en honor a Dreamfire—, cerrado por tres botones desde el escote al vientre, cubriendo holgadamente su figura, de mangas acampanadas que casi le cubrían las manos, con sus largos rizos rosados siendo soltados del molesto peinado por Hinata que se dedicó a peinarla. Los únicos momentos felices que la reina tenía últimamente eran las horas de juego con sus hijos, sus horas de ocio bordando los jubones de Baru o las visitas de Sasuke y que se estaban reservando para las noches desde el anunció de su compromiso, un formalismo preciso para no levantar habladurías y ella lo entendía; la reina alzó la mirada hacia el umbral de su habitación al ver a Ino ingresar, indicándole a Hinata que podía retirarse, lo que esta no dudo en hacer mientras la Yamanaka la reemplazaba en su labor.

—Majestad— saludó Ino al dedicarse a peinar los rizos de su reina. —Me encontré con el príncipe Sasuke en el pasillo— mencionó, sintiendo la mirada de su reina a través del reflejo del espejo. —Se disculpa, pero cree regresar muy tarde— informó, temiendo que ello la pusiera triste.

—Descuida, ya me lo había comentado— sosegó Sakura con una ligera sonrisa. —Ahora que realmente hay una guerra, es necesario que el patrulle la ciudad con Vaghar, por el bien de todos— Sasuke se lo había informado desde el primer día. —Lo hace por ellos— agregó, aludiendo a sus hijos durmientes en la habitación contigua.

Desde que Sasuke había regresado de Bastión de Tormentas, muchos cambios habían tenido lugar en la Fortaleza Roja o dentro del mismo Desembarco del Rey, la guerra era ahora una realidad aunque Izumi aún no se hubiera atrevido a atacarlos y Vaghar era más necesario que nunca, de ahí que Sasuke no pudiera visitarla durante el día como antes, ya que debía patrullar la ciudad varias veces al día; primero por la mañana, luego al medio día y finalmente durante la noche por alrededor de una hora, en caso de que un individuo no deseado intentase atacar, y naturalmente su hermano se tomaba su labor muy en serio, asumiendo la responsabilidad de lo ocurrido con Yuudai, lo que tranquilizaba su corazón. Claro que desearía que Sasuke estuviera a su lado, lo deseaba permanentemente, pero también entendía la situación en que se hallaban y cuanto era necesario para brindar seguridad a todos en Desembarco del Rey, y su concentración en su hermano no la distrajo del semblante de Ino y que observó a través del reflejo del espejo, sabía que su amiga estaba preocupada, Ino siempre sonaba cortante y parecía desagradable, murmurando entre dientes, aún recordaba como la Septa Shizune—su mentora durante su adolescencia—la había regañado por no concentrarse en estudiar en contraste con las demás doncellas que habían crecido acompañándola, Hinata y Tenten de quienes se había vuelto igualmente inseparable. Terminando de peinar los sedosos rizos de su reina y amiga, la Yamanaka regresó el peine a su lugar en el tocador, jugando con los ligeros cabellos que quedaban en el peine y que se acercó para arrojar al fuego, temblando mientras su reina se erguía y volteaba a verla.

—Tengo miedo, Majestad— admitió Ino, exponiendo su vulnerabilidad por primera vez. —Si hay una guerra, eso nos afectará a todos— obvió, no queriendo parecer débil.

—Yo también tengo miedo, porque se levantará reino contra reino, y los dragones caerán del cielo, solo habrá sangre y fuego— previno Sakura, habiéndolo visto muchas veces en sus visiones. —Pero, hasta que eso suceda, debemos sobrevivir, y te prometo que te protegeré con mi dragón— sosegó con una ligera sonrisa.

—Todo lo que quiero es que ambas crucemos el mar estrecho y comamos pastel— protestó la Yamanaka haciendo un puchero y teniendo un panorama muy ameno en mente.

—Ya lo haremos, un día— asintió la Uchiha, completamente de acuerdo con la idea.

Era egoísta, pero el único deseo que Ino tenía era subir al lomo de Dreamfire—pese a tenerle temor, o más bien un muy sincero respeto, pues nunca se había atrevido a acariciarla pese a que su reina le asegurara que no la atacaría—, volar sobre su lomo, ver las maravillas que había más allá del Mar Estrecho, más allá de donde los mapas llegaban, y comer pastel hasta que les doliera el estómago de tanto reír, ¿Por qué la vida no podía ser así de simple?, ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado ahora que eran adultas? Ella ya estaba liberada de grandes preocupaciones fuera de su servicio a la reina, su esposo no le hacía caso—gracias a los Siete por ello—y no tenía hijos, por lo que podía dedicar su vida a lo que le placiera e irse a la cama con quien quisiera, pero no dejaba de temer que esta guerra destruyera todo lo que le importaba y dañara a su amiga a quien tanto admiraba y apreciaba. Empatizando con las preocupaciones de su amiga, Sakura alargó una de sus manos para entrelazarla con la de la Yamanaka, que mantuvo su puchero a modo de desafío mientras la reverenciaba y se retiraba tras cumplir con su jornada dedicada a ella, sabiendo que Hinata y Tenten dormirían en la sala contigua y que ella podía irse a dormir tranquila; sonriendo ante los modales característicos de su amiga, Sakura se acomodó el cabello y escote del camisón mientras se daba una última mirada al espejo, queriendo verse lo mejor posible cuando Sasuke llegase, porque ella sabía que no la dejaría esperando, no cuando ambos no habían podido separarse ni una sola noche desde su regreso, no cuando dependían el uno del otro más que del aire, no teniendo idea si algo intentaría separarlos otra vez.

La espera valdría la pena.


Mientras el tiempo pasaba, Sakura pensó recostarse sobre la cama y esperar, pero probablemente se quedaría dormida, por lo que se paseó por la habitación, acercándose de vez en vez hacia la ventana para ver el exterior, distinguiendo la sombra del viejo dragón rondando Desembarco del Rey, pero no pudiendo advertir a Sasuke sobre el lomo de Vaghar, acercando sus pasos hacia la cama y observándose ante el espejo hasta que finalmente sintió pasos en la estancia contigua, la sala, tras lo que se acomodó los rizos y el escote, situándose junto a la cama y esperando hasta que las puertas se abrieron. La mirada de Sasuke se concentró en su hermana, la última vez que la había visto había sido esa mañana, al abandonar su cama y regresar a sus aposentos, había tratado de permanecer a su lado lo más posible, pero el resto del día se la había pasado pensando en ella y sus hijos—a quienes revisó, esbozando una sonrisa ladina al verlos dormir en sus camas, antes de dirigirse hacia la habitación privada de su hermana—, pero ahora no tenía que extrañarla porque ella estaba delante de él y lo dejaba sin aliento lo hermosa que era, el camisón que vestía era holgado, pero él podía anticipar cada curva de su cuerpo a través de la ropa, cerrando las puertas a su espalda y acercándose veloz a ella. Sakura se arqueó contra el tacto de su hermano nada más sentir que acunaba su rostro entre sus manos, inclinándose para besar sus labios salvajemente, recorriendo inmediatamente el interior de su boca con su lengua, mientras sus manos se deslizaban por su cuerpo para acariciarla lujuriosamente a través de la ropa en tanto ella luchaba por desabrocharle el jubón y lo arrojaba al suelo.

—Sabía que vendrías— suspiró Sakura, rompiendo el beso para recuperar el aliento.

—Siempre— asintió Sasuke con una sonrisa ladina, volviendo a reclamar sus labios, recorriendo vorazmente el interior de su boca con su lengua.

El príncipe tuerto envolvió sus brazos alrededor de la cintura de su hermana, haciéndola retroceder hacia la cama sobre la cual la recostó, presionando su cuerpo contra el suyo, quitándose la camisa por encima de la cabeza, sin dejar de besar sus labios y envolviendo su lengua contra la suya, sonriendo ladinamente al sentir sus desesperados deseos por gemir siendo ahogados por su boca mientras él se acomodaba entre sus piernas, quitándose las botas en medio del beso y los pantalones, intentando recuperar todas las horas que habían pasado separados, una eternidad para ambos. Sasuke rompió el beso para recuperar el aliento al igual que su hermana, deslizando sus labios por su cuello y halando del escote del camisón para que este resbalara y expusiera sus hombros, así como sus perfectos pechos y que se centró en devorar, deslizando su otra mano entre sus piernas bajo la falda del camisón, sintiéndola arquearse y mecer sus caderas contra sus dedos y que penetraron en su interior. Meciendo sus caderas hacia los dedos de su hermano, Sakura se dejó hacer dócilmente mientras Sasuke sujetaba la falda de su camisón y se lo quitaba por encima de la cabeza, recostándose encima de ella sobre la cama, en tanto la reina abría las piernas para permitirle acomodarse encima suyo, ansiando desesperadamente que la hiciera suya, gimiendo descaradamente mientras sentía sus manos recorrer su cuerpo, trazando sus curvas. Ambos se fundieron en un beso igual de desesperado que el primero compartido esa noche, envolviendo sus lenguas entre sí mientras él se acomodaba entre sus piernas y embestía de golpe en su interior, ella teniendo que separarse para gemir, no necesitando que él la preparase más para recibirlo, lo deseaba demasiado.

Sasuke suspiró de satisfacción pura, habiendo deseando ser uno solo con su hermosa reina durante todo el día, pero ya no tenía que fantasear más con ello, hundiéndose profundamente en su interior, presionando sus caderas contra las suyas, su miembro llenándola completamente, sin dejar ninguna parte de ti sin tocar, retirándose lentamente para volver a embestir, recibiendo a cambio un melodioso gemido de Sakura entrelazado con su nombre. Las primeras embestidas fueron lentas, Sasuke siempre deseaba disfrutar de cada sensación al hacerla suya, como la primera vez, jamás era apasionado ni destemplado, siempre calculaba todo para hacerla sentir el mayor placer posible, alzando sus manos por su anatomía para amasar sus pechos, ante lo que ella se arqueó contra sus caderas, mordiéndose el labio inferior cada vez que deseaba gritar, deslizando sus manos por sus hombros y espalda hacia sus caderas, tratando de atraerlo lo más posible a ella, sintiendo el miembro de su hermano rozar un punto en su interior que la hacía desear gritar desesperadamente. La reina no dudó en abrir más las piernas para que embistiera más fuerte, lo que él no dudo en hacer, reclamando sus labios con profundidad, disfrutando como nada más el sentirlo encima suyo, tan pesado y cálido, haciéndola sentir segura, recorriendo sus músculos con sus manos, envolviendo sus lengua contra la suya y gimiendo su nombre que deseaba gritar, sintiendo su nombre emanar de sus labios…la satisfacía tanto poder afectarlo tanto, volver loco de deseo a este hombre temido por tanto la hacía sentir como la diosa que él le decía que era, rompiendo el beso para recuperar el aliento y verlo a los ojos.

—Te extrañé todo el día, no pude dejar de pensar en ti— suspiró Sasuke, sin dejar de verla mientras embestía contra su interior.

—Ni yo en ti— gimió Sakura, meciendo sus caderas contra las suyas. —Te deseo— admitió, libre de cualquier pudor y deseando saberse suya desesperadamente.

—Traes paz a mis sentidos— el príncipe tuerto inclinó su rostro sobre el suyo, sus labios tocándose. —Te amo— siempre se lo decía y siempre se sentía como la primera vez.

—Te amo— secundó la reina, no queriendo que lo olvidara nunca.

Las embestidas de Sasuke se hicieron más rápidas y bruscas, sentía el clímax cerca al igual que Sakura, reteniendo sus caderas entre sus manos y buscando llegar más profundo en su interior, viendo sus preciosos pechos rebotar ante cada una de sus embestidas, el placer era desquiciante, tanto que Sakura tuvo que romper el beso; halando fuertemente de las sabanas y gimiendo en voz alta ante cada embestida, sintiendo que iba a correrse en cualquier momento, sintiendo sus manos amasando sus pechos, jadeando desesperadamente, sintiendo la tensión aumentar entre sus piernas. Sakura creyó tener un orgasmo en ese mismo momento, sintiendo otro aún mayor gestarse mientras Sasuke no dejaba de hacerla suya, mas cambiando la posición para que sus piernas estuvieran al costado de sus caderas, tomándola desde atrás, sentía su respiración justo contra su oído y sentía sus manos amasar sus pechos ampliamente…se sentía tan suya, y no quería que eso terminara nunca. Esa posición prolongaba más el placer de ambos, Sasuke la eligió por ello, pero también porque la visión de los pechos de su hermana contra sus brazos era sublime, toda ella lo hacía estremecer, inclinándose para lamer el sudor de su cuello, amasando sus pechos, viendo su miembro desaparecer entre sus piernas, deslizando una de sus manos para acelerar su segundo orgasmo, queriendo verla desmoronarse por su causa como él ya se derrumbaba, sintiendo su miembro llegar de alguna manera más profundamente en su interior, encendiendo cada terminación nerviosa con un placer cegador…mas, el ligero eco de pasos fuera de la habitación lo puso nervioso e hizo que detuviera sus embestidas de golpe.

—¿Hay alguien afuera?— preguntó Sasuke en un suspiro, preocupado de que alguien los descubriera y tuviera que alejarse de ella para siempre.

—Hinata y Tenten montan guardia como siempre— sosegó Sakura con la voz agitada. —Tranquilo— le acarició la mejilla, quitándole el parche en el proceso. —La noche es nuestra— nadie los encontraría, sus doncellas siempre se encargaban de ello.

Sintiendo su temor calmarse paulatinamente, Sasuke asintió frenéticamente ante las palabras de su hermosa reina, retomando el ritmo de sus profundas embestidas, recibiendo a cambio un fuerte gemido con su nombre, sintiendo las caderas de su hermana mecerse perfectamente contra las suyas, sus dedos acariciando su perfecto sexo para llevarla al clímax, escuchando sus melodiosos gemidos subir de tono, sintiéndola estremecer entre sus brazos mientras el placer zumbaba a través de ambos como uno solo. Sakura haló de las sabanas con todas sus fuerzas, no importándole romperlas o tensar sus nudillos hasta el límite, con sus melodiosos gemidos siendo verdaderos cantos de sirena que acercaron a su hermano más y más al orgasmo, ambos buscando el rostro del otro y fundiéndose en un nuevo beso, tanto porque lo deseaban como para amortiguar sus gemidos que los llevaban a afirmar cuánto placer provocaban en el otro. El placer no hizo más que acumularse ante lo estrechamente unidos que se encontraban, de forma constante antes de estallar, y el segundo clímax fue el doble de intenso que el primero para Sakura, y solo pareció prolongarse mientras sentía a Sasuke embestir dos o tres veces más antes de derramarse satisfactoriamente en su interior, reclamándola como suya, haciéndola cerrar los ojos y gemir mientras sus lenguas se envolvían una contra la otra, Sasuke cerrando los ojos con fuerza y gimiendo contra los labios de su hermana, suspirando al romper el beso para respirar, besando el costado de su cuello y escuchándola jadear su nombre mientras la abrazaba. No dejaría que nada los separara otra vez, no importaba lo que tuviera que hacer…


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "Avatar: Guerra de Bandos", luego "Vesprada" y por último "El Sentir de un Uchiha" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su constante apoyo, consejo y asesoría en cada nuevo proyecto), a Karen Yareli (dedicándole esta historia por ser la primera persona en aprobar la historia), a Isabel Vazquez (agradeciendo su apoyo y hermosas palabras, dedicándole esta historia como agradecimiento), así como a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos, bendiciones y hasta la próxima.

Personajes; Bando Verde:

-Sakura Uchiha como Helaena Targaryen (20 años) -Sasuke Uchiha como Aemon Targaryen (19 años)

-Baru Uchiha como Aegon II Targaryen (22 años) -Kagen Uchiha como Daeron Targaryen (16 años)

-Daisuke Uchiha como Jaehaerys Targaryen (5 años) -Sarada Uchiha como Jaehaera Targaryen (5 años)

-Hanan Haruno como Alicent Hightower (43 años) -Kizashi Haruno como Otto Hightower

-Ino Yamanaka como Fernande Tyrell (20 años) -Hinata Uzumaki como Alyssa Lannister (personaje original)

-Tenten Namiashi como Daena Westerling (personaje original) -Mirai Sarutobi como Floris Baratheon -Asuma Sarutobi como Borros Baratheon

Personajes; Bando Negro:

-Izumi Uchiha como Rhaenyra Targaryen (34 años) -Itachi Uchiha como Daemon Targaryen (50 años)

-Naori Uchiha como Rhaenys Targaryen (60 años) -Yuudai Senju como Lucerys Velaryon

-Ryoko Uchiha como Rhaena Targaryen (14 años) -Junichi Senju como Jacaerys Velaryon (15 años)

Guardias Reales:

-Kakashi Hatake como Ser Criston Cole (44 años) -Arsen Konohagakure como Willis Fell (guardia de la princesa Sakura)

-Sakon Otogakure como Arryk Cargyll (guardia del príncipe Baru) -Sai Shimura como Richard Thorne (guardia del príncipe Sasuke)

-Ukon Otogakure como Erryk Cargyll (guardia de la princesa Izumi) -Kotetsu Hagane como Steffon Darklyn (guardia del bando negro)

Reacción, Banquete & Reconciliación: El capitulo continua inmediatamente tras el cierre del capitulo anterior, Sasuke regresa a Desembarco del Rey tras dejar Bastión de Tormentas y enfrenta la reacción por la noticia de la muerte de Yuudai, por lo que los diálogos que comparte con su madre y abuelo son una transcripción de los diálogos originales del libro "Fuego & Sangre", también el banquete que se celebra con ocasión de la muerte de Yuudai, orquestado por Baru quien aprueba todo aquello que le permita continuar en el Trono. En la serie "House of the Dragon" comenzó a llamarse al rey "El Magnánimo", lo que yo mantengo en esta versión, especificando como lo ve la gente hasta ahora, Sakura también continua teniendo visiones sobre sus hijos y las ratas, algo que cobrara muchísima importancia con los acontecimientos por venir; también, es igualmente importante la oscuridad que ella reconoce en Sasuke, aunque este tampoco entiende las implicaciones que tiene su actuar y lo que esto traerá. Sakura se reconcilia con Sasuke por su promesa de amor incondicional, así como el hecho de que él pretende romper su compromiso con Mirai, pues solo esta comprometido con ella por la alianza importante que representa la casa Sarutobi y no porque pretenda casarse realmente, eso jamás; recordemos, por capítulos anteriores, que Sasuke y Sakura están casados—él desde los trece y ella desde los catorce—según el antiguo rito Valyrio de sangre. Ya para el final del capitulo, es claro que ambos dejaron atrás el tema, y es infinitamente más importante permanecer juntos que continuar enfrentados.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3