El silencio era abrumador en la sala de operaciones, interrumpido solo por el sonido de los instrumentos quirúrgicos chocando levemente entre sí. La atmósfera era tensa, cargada de preocupación. Yukino, con el rostro endurecido, trabajaba con manos temblorosas mientras cerraba la herida de Sensei, aplicando puntos apresurados con sus conocimientos médicos limitados. Una gota de sudor se deslizó por su frente, pero no desvió la mirada ni un segundo.
—...Kurumi, Niko... ata a esa chica y amordázala... no quiero que nuestro escape se vea interrumpido —ordenó Yukino, sin apartar la vista de la herida abierta. Su voz era calmada, pero firme, casi como si intentara ocultar el creciente pánico que comenzaba a asentarse.
—...Entendido, capitán... —respondió Kurumi al instante, tomando una cuerda improvisada del botiquín de emergencia y lanzándole una mirada seria a Niko. Ambas se movieron con precisión, avanzando hacia la chica inconsciente en el rincón de la sala. Niko se encargó de amordazarla mientras Kurumi aseguraba sus brazos y piernas, todo en completo silencio, salvo por el ocasional crujir de las ataduras apretándose.
En ese momento, Otogi, que había salido para preparar el transporte, activó su radio desde las afueras del hospital. Su respiración era rápida y entrecortada, casi como si intentara calmarse tras haber visto algo alarmante.
—...Líder, tenemos muchos obstáculos... —informó Otogi con voz tensa. Desde su posición, podía observar el caos que reinaba frente al hospital. Las luces intermitentes de los vehículos del equipo Prefectos iluminaban la escena, y los gritos de los estudiantes de la Academia Kronos detenidos resonaban en el aire.
—¡OYE, NO PUEDEN HACERNOS ESTO! ¡TENEMOS DERECHOS! —gritó una estudiante de Kronos, esposada junto a un grupo reducido que ya estaba siendo subido a una camioneta blindada por las Prefectos Mob-chan.
Iori, normalmente fría y precisa en sus acciones, mostraba ahora un rostro endurecido por la frustración. Cerrar este tipo de incidentes con el mínimo de violencia siempre era su objetivo, pero esta vez era diferente. Sensei estaba herido, y la preocupación por su estado pesaba demasiado en sus decisiones.
—...Es mejor que lo manejemos nosotras en lugar de que nuestra líder intervenga... deberían estar agradecidos —dijo Iori con brusquedad, cerrando la puerta de la camioneta tras asegurarse de que todo estuviera bajo control.
En ese momento, Ako se acercó, bajando su arma y observando el desorden con una mezcla de alivio y cautela. Su papel de coordinadora estaba dando frutos, y las Prefectos Mob-chan habían contenido la situación sin mayores incidentes.
—...Muy bien, la mayoría de los estudiantes de Kronos están esparcidos... al menos logramos resolver esto sin mucha violencia —comentó Ako, limpiándose el sudor de la frente mientras se giraba para dar nuevas órdenes.
Sin embargo, su mirada se detuvo al ver cómo una patrulla de la Academia Valkyrie llegaba al lugar. De la patrulla descendió una figura imponente, siendo nada más y nada menos que directora de la academia de polícia, Valkyrie.
Seguido de 5 patrullas de policías detrás suyo.
El corazón de Ako dio un vuelco al reconocer a la mujer que salía con paso decidido del vehículo.
—...Un momento... ¿no es...? —empezó a decir Chinatsu, pero Ako la interrumpió rápidamente, su tono ahora era más sombrío y tenso.
—...Es la directora de la Academia Valkyrie, Kanna Ogata. Su presencia no tranquiliza para nada en el hospital... esa mujer... —Ako tragó saliva
— puede ser igual de fuerte que nuestra líder…-El nombre resonó en la mente de las otras Prefectos, haciendo que se miraran entre sí con evidente incomodidad.
Chinatsu y Iori, aunque curtidas en combate, sabían que enfrentarse a alguien del calibre de Kanna Ogata no era algo que debían tomar a la ligera.
Mientras tanto, Otogi, que ya había notado la llegada de Kanna, abrió rápidamente su libreta donde había anotado información sobre las chicas más fuertes de Kivotos, incluyendo amenazas potenciales. Con un gesto rápido, volvió a activar su radio.
—...Líder... tenemos problemas..."Perro Loco" de la Academia Valkyrie acaba de entrar en escena... —informó Otogi, intentando mantener la calma mientras sus ojos recorrían los alrededores, buscando rutas de escape alternativas.
Otogi hizo una pausa, mirando nuevamente el hospital lleno de figuras poderosas, desde Prefectos hasta fuerzas externas. Continuó con un tono aún más grave:
—Ya de por sí, tenemos demasiadas personas poderosas dentro del hospital... apenas salgamos, nos van a cazar.
Con Yukino
La sala de operaciones se había convertido en un improvisado centro de escape. Serina, atada y amordazada, yacía en el suelo con el halo ligeramente opaco, un testigo impotente de lo que ocurría a su alrededor.
Las tres chicas del Fox Platoon se movían con precisión casi militar, organizándose mientras revisaban los detalles del plan. Sensei, aunque más estable gracias a la respuesta rápida del escuadrón, seguía profundamente sedado, tendido en una camilla portátil.
Niko, quien había estado a cargo de estabilizar a Sensei, aún tenía rastros de sangre en las manos, pero su rostro permanecía imperturbable, enfocado en los últimos preparativos. Sus conocimientos médicos, aunque básicos, habían sido suficientes para evitar lo peor. Mientras tanto, la radio seguía emitiendo reportes esporádicos del caos fuera del hospital.
Yukino, con gesto grave, escuchó las palabras de Otogi desde el otro lado de la línea:
—...Con que "Perro Loco" también... —murmuró para sí misma, reflexionando un momento antes de responder. Tomó un respiro y alzó la voz con autoridad.
—El plan no ha cambiado. Seguiremos como acordamos. Otogi, saca la artillería pesada.
Al cerrar la comunicación, giró hacia Niko y Kurumi, quienes también habían escuchado el informe.
—...Kurumi, ¿tienes los detonadores C4 y el lanzagranadas preparados? —preguntó Yukino mientras empezaba a colocarse un uniforme médico limpio, imitando la indumentaria de los asistentes de Serina.
—Sí, todo listo, líder —respondió Kurumi con firmeza, sacando un pequeño detonador y pasándoselo a Yukino mientras se colocaba una mascarilla quirúrgica.
Yukino asintió con satisfacción, ajustando la peluca que cubría su distintivo cabello.
—...Bien, nos vamos. Yo haré lo mío... —dijo, sacando su teléfono para completar un último paso: realizar un pago por adelantado a un pequeño grupo de mercenarias leales al Fox Platoon. La transacción se completó con un simple "confirmado" en la pantalla.
Niko observó de reojo, su voz baja pero firme.
—...No tendremos mucho tiempo. Debemos movernos ahora.
Todas se vistieron rápidamente con uniformes de enfermeras para facilitar el escape, ocultando sus verdaderas identidades. Mientras tanto, Serina, apenas recuperando la conciencia después del golpe recibido, observaba con el rabillo del ojo cómo el Fox Platoon se retiraba, llevándose a Sensei en la camilla.
—S-Sensei... —susurró débilmente, tratando de arrastrarse por el suelo. Sin embargo, sus extremidades apenas respondían. Todo lo que podía hacer era mirar impotente mientras el escuadrón desaparecía por la puerta.
Con Otogi
En el exterior, Otogi abandonó el asiento del conductor de la camioneta y se dirigió al compartimiento trasero. Allí, una impresionante colección de armas de fuego y equipo táctico estaba ordenadamente dispuesta. Las luces tenues del compartimiento iluminaban su rostro mientras revisaba cada arma con precisión mecánica.
—...A la orden, líder... —murmuró para sí misma mientras se ponía un traje blindado negro con refuerzos adicionales. El casco, con una calavera blanca estampada en el frente, cubría casi todo su rostro, dejando solo un aire intimidante a su alrededor.
El entrenamiento que el Fox Platoon había recibido en los últimos dos años era evidente. Lo que alguna vez fue un escuadrón de élite de la SRT ahora era un grupo independiente, endurecido por misiones extremas y equipado para enfrentar incluso a las estudiantes más poderosas de Kivotos.
Otogi, con un rifle de asalto en mano, recordó con orgullo los logros de su equipo, incluido el haber capturado a Wakamo Kosaka, conocida como "el zorro de la calamidad".
—...No importa quién esté en nuestro camino... —murmuró mientras terminaba de prepararse. Otogi sabía que su lealtad a Sensei no tenía límites, y eso era lo único que importaba.
Con Saori
Mientras tanto, en las afueras del hospital, Saori se había apartado de la confusión para encontrar un momento de soledad. Se detuvo en un rincón oscuro, lejos de las luces y el bullicio, y dejó que las lágrimas fluyeran libremente.
—...Sensei... —susurró, su voz rota por el dolor. No importaba cuánto intentara convencerse de que todo estaría bien; la imagen de Sensei alejándose de ella, asustado, no dejaba de atormentarla.
Unas pisadas suaves se acercaron a ella. Al levantar la mirada, Saori vio a Atsuko, acompañada por Hiyori y Misaki. La expresión compasiva de Atsuko fue suficiente para hacerla sollozar aún más fuerte.
—Sacchan... está bien... —dijo Atsuko en un tono tranquilizador, arrodillándose frente a Saori para abrazarla. Colocó la cabeza de Saori contra su pecho, acariciándole el cabello suavemente.
—...Saori-nee, por favor, ya no llores... o empezaré a llorar también... —dijo Hiyori, sus propios ojos brillando con lágrimas contenidas mientras observaba a su hermana mayor en ese estado.
—...Atsuko... chicas... —susurró Saori, tratando de contener sus sollozos mientras se aferraba al uniforme de Atsuko.
Atsuko no dijo nada más, simplemente sostuvo a Saori mientras esta dejaba salir su tristeza. Después de unos momentos, Misaki, que había permanecido en silencio hasta ahora, habló con su habitual tono inexpresivo, aunque esta vez había un matiz de duda en su voz.
—...Líder... ¿tan mal estaba Sensei? ¿Tan mal como para que saliera corriendo...?...La pregunta de Misaki quedó flotando en el aire, su peso cayendo sobre las tres chicas como una losa. Atsuko y Hiyori intercambiaron miradas, mientras Saori, aún temblando, bajó la cabeza sin poder responder.
Saori apenas pudo asentir, como si cualquier palabra más extensa se atascara en su garganta. Finalmente, logró articular con un hilo de voz:
—…Papá no… Sensei me tiene miedo… y seguro nos tiene miedo a todas nosotras… Vi sus ojos… vi cómo me suplicaba por su vida… ya no es aquel Sensei que conocimos… —susurró con la voz quebrada, como si el simple acto de recordar la mirada de horror de Sensei la asfixiara lentamente.
El silencio que siguió fue opresivo. Aunque Sensei logró recuperarse contra todo pronóstico, la relación entre ellos había quedado destrozada, irreparable, como un cristal hecho añicos. Era evidente para todas que convivir con Sensei en esas circunstancias sería un tormento constante, tanto para él como para ellas. La imagen de Sensei viviendo con miedo perpetuo, incapaz de mirarlas a los ojos, se grabó en sus mentes como una herida abierta.
Misaki, cruzada de brazos y con la mirada perdida, apenas pudo responder:
—…Entiendo… —murmuró, pero sus ojos delataban un dolor profundo, un sufrimiento que no podía ocultar tras su fachada de frialdad.
Hiyori, con las mejillas aún húmedas por las lágrimas, apretó los puños con fuerza. Quería ser fuerte, por su familia, por las personas que amaba. Mientras tanto, Atsuko permanecía en silencio, con una tristeza que parecía más densa con cada segundo que pasaba. Su mano temblorosa se posó sobre el anillo que llevaba en su dedo, acariciándolo como si fuera lo único que la conectara con tiempos mejores.
—…Ya veo… —susurró Atsuko con voz temblorosa—. Es triste lo que pasó con Sensei… creo… creo que, por su bien y por el nuestro, deberíamos alejarnos de él. Dejar que otras personas lo cuiden… Es doloroso, lo sé… pero será mejor para todas… Podemos protegerlo desde la sombra.
Mientras decía esto, limpió suavemente las lágrimas de Saori con los dedos, obligándola a cerrar los ojos. Era un gesto cálido, aunque insuficiente para borrar el dolor. Saori evocó en su mente los buenos momentos con Sensei: sus caricias, sus palabras de ánimo, los regalos inesperados, las cenas llenas de risas. Todo aquello se sentía tan lejano ahora, como un sueño del que había despertado demasiado rápido.
Incluso Atsuko, la más serena de todas, dejó escapar una lágrima mientras observaba el único regalo que Sensei le había dado.
—…Atsuko… gracias… —murmuró Saori, con una voz que apenas era audible.
Misaki, sin embargo, parecía incapaz de compartir ese momento de consuelo. Su mirada inexpresiva se desvió hacia las ventanas del hospital, donde notó un movimiento inusual. Sus ojos se entrecerraron al distinguir múltiples camionetas blindadas rodeando el edificio.
—…Líder… tenemos problemas… —dijo con evidente disgusto, su tono cargado de irritación.
El grupo apenas tuvo tiempo de reaccionar. Saori sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando, detrás de Atsuko, una figura grande y amenazante se movió rápidamente. Un golpe repentino con un bastón estuvo a punto de alcanzarlas, pero Saori logró atrapar a Atsuko y retroceder justo a tiempo.
Hiyori y Misaki siguieron su ejemplo, saltando hacia atrás para tomar distancia, mientras sus ojos se dirigían al agresor que ahora se revelaba frente a ellas.
—…Nada mal… malditos criminales… tienen buenos reflejos… pero la próxima vez me aseguraré de que no escapen… —gruñó Kanna, con una vena marcada en su mejilla y una expresión de rabia contenida. Su figura irradiaba una hostilidad que parecía tangible. En una mano sostenía un bastón extensible, y en la otra, una pistola lista para disparar.
—…Perro loco de Valkyrie… —murmuró Saori con una mezcla de frustración y desprecio, mientras sujetaba con fuerza a Atsuko en sus brazos.
—…No es solo ella… —añadió Misaki, visiblemente exasperada. Su tono reflejaba tanto cansancio como hastío al notar que, además de Kanna, el escuadrón Arius ahora estaba rodeado por un grupo de Mob-chan de Valkyrie, lideradas por Konoka y Kirino.
—…Los tenemos rodeados, terroristas. Vamos, intenten resistir, los reto… —declaró Konoka con una mirada encendida de enojo mientras cargaba su escopeta, con una postura amenazante.
Kirino, a su lado, también sostenía su arma con fuerza, sus manos temblaban ligeramente de rabia mientras gritaba:—¡Ustedes… ustedes lastimaron a Sensei! No se van a salir con la suya…-exclamó Kirino manteniendo fuerte el agarré de su revolver.
—…¿Qué está pasando aquí? ¡No hemos hecho nada malo! —exclamó Saori, con su voz y mirada llenas de hostilidad.
Las palabras de Saori parecieron ser la chispa que encendió aún más la furia de Kanna. Cada frase que salía de su boca solo parecía echar leña al fuego.
—…¿Oh, en serio? —respondió Kanna con un tono gélido, antes de sacar su celular y mostrar un video. La pantalla reveló una grabación que dejó a todas congeladas en el sitio.
El video mostraba a Sensei herido, escapando como podía de Saori y las demás. Los sonidos de disparos y golpes resonaban con crudeza, como un eco insoportable en los oídos de Saori. Su rostro palideció, y trató de bloquear los recuerdos que ese video traía consigo, pero era inútil.
Hiyori temblaba de pies a cabeza, mientras que Misaki, con la mandíbula apretada, ahora miraba a Kanna con una hostilidad evidente.
—…Apaga eso… —amenazó Misaki con frialdad, aunque Kanna ni siquiera parpadeó.
—…Tengo que dar las gracias a Chihiro, de la Academia Millennium, por hackear las cámaras de seguridad frente al refugio y seguir sus pistas… La sangre de Sensei está fuertemente arraigada a ti, Joumae Saori… ¿Todavía tienes ese cuchillo que le cortó los dedos a Sensei?..—preguntó Kanna, su voz cargada de veneno mientras el video llegaba a la parte más impactante: la escena donde Sensei perdía los dedos.
La reacción de Misaki fue instantánea. Su autocontrol se rompió, y con un grito de furia, se lanzó hacia Kanna, empuñando un cuchillo con la intención de acabar con ella.
—¡APAGA ESO! —exclamó con una rabia que no podía contener.
—¡Misaki, no! —gritó Saori, pero era demasiado tarde. Misaki ya había lanzado una estocada directa a la cabeza de Kanna, quien, con movimientos calculados y precisos, logró atrapar la mano de Misaki con facilidad.
Un golpe seco impactó en el estómago de Misaki, quien soltó un gemido de dolor antes de desplomarse al suelo, sujetándose el abdomen con ambas manos mientras tosía saliva. Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando los Mob-chan de Valkyrie, liderados por Kirino, se abalanzaron sobre ella, inmovilizándola y asegurándose las esposas con brusquedad.
A unos metros, Konoka ya había acorralado a Hiyori, quien, pese a su resistencia, no pudo evitar ser sometida. Sus movimientos estaban limitados, y su desesperación era palpable mientras observaba a Saori y Atsuko, quienes aún permanecían de pie, ahora frente a Kanna, Kirino y el resto del escuadrón Valkyrie.
Cambio de escena: sala de espera del hospital.
Hina permanecía sentada en su silla, con la mirada fija en la taza de café que sostenía en sus manos. Las lágrimas habían dejado de fluir hacía un buen rato, agotándose después de una larga tormenta de emociones. Sin embargo, el vacío que ahora sentía era peor que el dolor mismo. Sus pensamientos se repetían en un eco constante:
"Atrás… no me toque, monstruo..."
Esas palabras resonaban en su mente como un veneno. Cada sílaba dicha por Sensei había sido un golpe que no podía evitar revivir una y otra vez. Para sus enemigos, siempre había sido un monstruo: una guerrera perfecta, imparable, y peligrosa. Pero escucharlo de los labios de Sensei, alguien a quien había jurado proteger y en quien confiaba plenamente, era devastador.
"Así es como me ve ahora…" –susurró para sí misma, sus ojos perdidos en el reflejo distorsionado en el líquido oscuro de la taza.
Ahora la imagen que tiene sensei de ella era la de un monstruo que fácilmente podía matarlo cuanto quisieras fue la que le dolió mucho a Hina
Hina quedó mirando a las únicas que quedó en el hospital, Miro a Misono Mika de Trinity, aun no salía del shock por lo que sucedió en aquel cuarto, el miedo de sensei a Mika fue un golpe muy duro para la princesa de Trinity y solamente Seia estaba para Mika dando un abrazo silenciosa pero reconfortante junto a Nagisa quien daba órdenes a unos estudiantes de Trinity
Miro a Azusa quien era llevada dormida por Hanako con Koharu y Hifumi siendo la última en dejar el regalo para sensei para su pronta recuperación, se veía triste pero tenía que ser fuerte para ayudar a su amiga
Saori Joumae y su grupo ni se encontraba en esto momento, parece que no soportó ver a Sensei en este estado y se fueron ….tan triste….frágil y destruido tanto físico y mental
Mine interrumpió sus pensamientos al acercarse, visiblemente agotada tras haber lidiado con estudiantes de Kronos que intentaban infiltrarse al hospital.
"¿Serina-sempai aún no ha salido?" –preguntó Hanae, quien acompañaba a Mine.
"No, todavía está con Sensei, tratando sus heridas…" –respondió Hina, sin apartar la vista de su café.
El ambiente en la sala de espera era tenso, como si el aire estuviera cargado con una sensación de inminente tragedia. Entonces, la puerta del área de urgencias se abrió de golpe, y Serina apareció arrastrándose por el suelo, con la boca amordazada y sangre corriendo por su cabeza.
"¡Serina! ¿Qué pasó?" –exclamó Mine, corriendo hacia ella para ayudarla a levantarse.
-...pero que….que significa esto…-Exclamó Hina mientras Hanae y Mine ayudan a a Serina a levantarse
Con rapidez, le retiraron la cinta de la boca, y las palabras de Serina hicieron que el mundo pareciera detenerse:
"¡SENSEI FUE SECUESTRADO!"
El impacto de la revelación despertó a Mika del shock emocional en el que había estado sumida. Su mirada, ahora llena de confusión y rabia, se cruzó con la de Hina, quien también parecía estar procesando la gravedad de la situación.
"¿Qué dijiste? ¿Sensei fue qué?" –preguntó Mika, levantándose de un salto mientras Serina miraba al ascensor cerca de la entrada del hospital.
"¡Son ellas! ¡No son enfermeras! ¡Se están llevando a Sensei!" –gritó Serina, señalando hacia un ascensor cercano que acababa de abrirse.
Dentro del ascensor, Yukino, Niko y Kurumi empujaban una camilla donde Sensei yacía inconsciente, con una máscara de gas en el rostro. Al escuchar el grito de Serina, Yukino miró a las demás con frialdad.
"Chicas, máscaras. Ya nos vieron…" –ordenó Yukino mientras se colocaban máscaras de gas. En su mano, llevaba un pequeño detonador.
"Será un viaje ruidoso, Sensei…" –dijo Niko en voz baja, con una mezcla de ternura y preocupación, ajustando la máscara en el rostro de Sensei dormido.
Hina y Mika reaccionaron de inmediato, lanzándose hacia las intrusas con furia. Sin embargo, Yukino mantuvo su calma, observándolas con una sonrisa mientras su pulgar presionaba un botón del detonador.
Click.
Un instante después, una luz cegadora llenó el espacio, envolviendo a Hina, Mika y todos los presentes en la sala. La explosión resonó con fuerza, pero no fue el típico estallido de una bomba destructiva. En su lugar, el aire se impregnó de un gas brillante que atacó directamente los halos de Hina y Mika, desestabilizándolos. Ambas se desplomaron al suelo, sujetándose las cabezas con evidente dolor mientras sus halos emitían destellos incontrolables.
"Una bomba anti-halo…" –susurró Mine, horrorizada mientras trataba de protegerse y asistir a las afectadas.
Yukino, Niko y Kurumi aprovecharon la confusión para escapar con Sensei, dejando atrás el caos. El plan había sido ejecutado a la perfección.
Mientras Yukino miró un bolso lleno de c4 y granadas…sacó el seguro de la Granada y lo tiró al bolso para luego arrojar ese bolso bombas contra todas
Con Saori
Saori estaba golpeada, pero se mantenía consciente. Las chicas de su grupo estaban a su lado, esposadas, mientras Kanna permanecía de pie frente a ellas, con los brazos cruzados y la mirada llena de odio. Una línea de sangre bajaba por la comisura de sus labios, testimonio de la feroz batalla reciente.
Iori y Ako estaban cerca, observando en silencio. Ambas habían sido testigos del estilo de combate de Kanna: agresivo, casi suicida. Había sido brutal, pero efectivo, logrando derrotar tanto a Saori como a Atsuko.
—¿Realmente era necesario esto, directora Ogata? —preguntó Ako con seriedad, tratando de contener su enojo—. Esas chicas son familiares de Sensei…
—¿Familiares? —la voz de Kanna explotó con furia—. ¿Llamas familiares a quienes le disparan en el estómago y luego dicen que lo sienten? ¿En qué mundo de fantasía vives?
La mirada de Ako se desvió, incapaz de refutar las palabras de Kanna.
—Tal vez Sensei las haya perdonado —continuó Kanna, su voz cargada de desprecio—, pero yo no. En el momento en que intentaron matarlo, se convirtieron en el enemigo número uno de Kivotos. La única razón por la que no hice algo antes fue porque Sensei me lo suplicó aun cuando le hablé del peligro que representan…
Hiyori trató de no escucharlas mientras Saori miro a Kanna con hostilidad
—Nos esforzamos cada día para ganarnos la confianza de Sensei, para ser sus estudiantes de confianza —dijo Kanna, cada palabra cargada de rabia—, y ustedes simplemente intentaron arrebatarle la vida. Y ahora viven en su apartamento, actuando como una familia feliz.
Gruñó, interrumpiéndose mientras lanzaba unas copias de papeles al suelo. Eran documentos de adopción.
La sala cayó en un silencio opresivo. Entonces, Misaki rompió a reír, con una burla amarga en su voz.
—¿Te parece gracioso? —gruñó Kanna, claramente perdiendo la paciencia.
—Un poco —respondió Misaki con frialdad—. Usas esto como excusa para arrestarnos... pero todos sabemos que no es más que celos.
Kanna no pudo contenerse más. Su puño conectó con la mandíbula de Misaki, haciendo que escupiera sangre. Sin embargo, la mirada de Misaki no cambió. Seguía desafiante.
—¡Hija de p...! —Kanna levantó el puño de nuevo, pero Saori intervino.
—Basta. Nos rendimos —dijo con voz firme, aunque derrotada. Sus palabras detuvieron a Kanna—. Lo que hice en el pasado no tiene perdón... pero no metas a mi equipo en esto. Yo soy la culpable de todo. Cargaré con la responsabilidad.
—Oh, no, no, no —Kanna negó con una sonrisa irónica—. Tú y tu grupo de terroristas llevaron el atentado a Sensei a otro nivel.
Se giró hacia Konoka, quien se acercaba con un pequeño conservador.
—Aquí tienes, jefa —dijo Konoka, entregando el recipiente.
Kanna se agachó frente a las chicas y abrió la tapa.
-...-...mira bien lo que acabo de encontrar…-gruñe Kanna sacando una bolsa, en su interior sacó una bolsa con dos dedos humanos conservados en hielo. El aire se llenó de tensión.
Hiyori vomitó al instante.
—¡Buarghhhh! —no pudo contenerse y cerró los ojos con fuerza, incapaz de soportar la visión.Misaki apartó la mirada, aterrorizada, incluso la más calmada del grupo Atsuko estaba observando con horror, Saori apretó los dientes mientras respiraba fuertemente al ver esos dedos, amargos recuerdos lleno su cabeza.
Pero Kanna la agarró del cabello de Misaki y la obligó a mirar esos dedos.
—¡Míralos bien, terrorista! —gruñó Kanna—. ¡Esto es lo que le hicieron a Sensei! ¡Esto es culpa de ustedes!
Misaki temblaba de rabia y dolor, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.
—¡BASTA, BASTA! ¡TE MATARÉ, PERRA! ¡TE MATARÉ! —gritó Misaki, furiosa, llena de una incontrolables furia y tristeza.
Kanna, ignorando sus gritos, metió la bolsa de vuelta en el conservador y lo entregó a Kirino.
-...fue un error que Sensei los adoptarán….esta vez me aseguraré de que esten en el agujero mas profundo que encuentre….ustedes nunca veran a sensei nunca más -Gruñe Kanna con frialdad
En ese momento, una explosión resonó en la entrada del hospital, atrayendo la atención de todos.
—¿Qué demonios fue eso? —exclamó Iori, alarmada, mirando hacia el humo que comenzaba a llenar el área.
—¡No, Hina está adentro! —gritó Ako, preocupada.
Entre el humo, Saori logró distinguir a tres figuras. Llevaban a Sensei en una camilla, inconsciente y con una máscara de gas. Sus movimientos eran rápidos y coordinados, dirigiéndose hacia un camión negro que esperaba cerca.
—¡Alto ahí! ¡Suelten a Sensei! —Kirino intentó acercarse, pero antes de que pudiera hacerlo, cuatro camionetas negras se detuvieron bruscamente. Las puertas se abrieron, y mercenarias armadas comenzaron a disparar, obligando al grupo Valkyrie y Prefect Team a retroceder.
—¡Maldición! —gritó Konoka, buscando refugio detrás de una patrulla.
El caos reinaba. Iori, con reflejos sobrehumanos, esquivaba los disparos mientras retrocedía. Kanna, junto al resto del equipo Prefect, buscaba cubrirse mientras Chinatsu gritaba órdenes.
—¡Esperen, no disparen! —exclamó Chinatsu—. ¡Sensei está en el fuego cruzado! Tenemos que sacarlo primero.
Iori apretó los dientes con frustración mientras esquivaba los disparos.
El caos se intensificaba, y Sensei seguía en manos de sus captoras.
Saori, aún esposado en el banco de la plaza, sintió la impotencia consumirlo.
Los ecos del caos a su alrededor eran ensordecedores, y con el poco movimiento que tenía, trató de cubrirse del peligro que se acercaba. Misaki, con la rabia destellando en sus ojos, no dudó en abalanzarse contra una Valkyrie Mob-chan, tomándola por la espalda con una fuerza desbordada por su ira. La dejó inconsciente con una precisión despiadada y, con manos temblorosas pero decididas, tomó la llave que liberaría a su líder.
Con Fox Platoon
En un lugar no muy lejano, Yukino, junto a las demás, se desprendió de su disfraz de enfermera, dejando atrás toda pretensión. Ahora estaba equipada con una nueva y mejorada indumentaria militar que le otorgaba una presencia imponente. Su semblante reflejaba concentración y urgencia. Niko, a su lado, tomó los auriculares y los colocó en el oído del Sensei, aislándolo de los estruendos que amenazaban con hundir la moral de cualquiera.
—Deprisa… la JTF y el resto de las fuerzas vendrán pronto… Los escombros no podrán detener a esos monstruos por mucho tiempo —dijo Yukino, apretando con fuerza su nueva ametralladora pesada. Su voz era firme, pero su mirada delataba preocupación.
Al otro lado, los mercenarias contratados por el Fox Platoon luchaban con todo para distraer a las fuerzas prefectas, pero Kanna, como un torbellino de furia, avanzaba.
—¡Ustedes… están MUERTAS! —gritó con un rugido casi inhumano. Su halo brillaba con intensidad, convirtiéndola en un objetivo prácticamente invulnerable a los disparos. Blandía su bastón extensible como si fuese una extensión de su propia rabia. Uno por uno, derribaba a los mercenarias, dejando un rastro de caos mientras sus ojos estaban fijos en Yukino y las demás.
Yukino no perdió tiempo. Su voz resonó como un comando claro y cortante:
—Otogi…..-...Ordenó Yukino con frialdad
Otogi, que estaba tendida boca abajo sobre la camioneta, con su rifle apuntando, respondió con una calma profesional.
—Munición especial, explosiva... Listo.
El disparo de Otogi fue perfecto, impactando en el pecho de Kanna. La explosión fue contenida pero devastadora, enviando a Kanna volando hacia atrás, estrellándose contra una patrulla cercana.
—¡Directora! —exclamó Kirino, horrorizada, mientras corría hacia su compañera. Konoka, rápida de reflejos, arrebató un escudo a una Valkyrie Mob-chan para protegerse mientras intentaba acercarse a su amiga herida.
Mientras tanto, Yukino se movía como una sombra en el caos, disparando con precisión contra las patrullas y vehículos enemigos. Cada bala obligaba a las Valkyries a retroceder. Incluso un helicóptero que intentó reforzar la zona se vio incapaz de descender, hostigado por los ataques del Fox Platoon.
Una patrulla de Valkyrie intentó embestir a Yukino, pero Kurumi apareció de repente, bloqueando los disparos con un escudo y contraatacando con un lanzagranadas. La explosión destrozó el vehículo, obligando a las estudiantes a abandonar el coche en llamas.
En medio del caos, Niko acariciaba con delicadeza la frente vendada de Sensei, protegiéndolo como si fuese su todo. Una estudiante de Kronos, escondida entre los escombros, sacó su celular para grabar el pandemonio que se desplegaba frente a ella.
Iori, luchando ferozmente con su arma contundente, logró derribar a varios mercenarias, pero Yukino comenzó a disparar en su dirección, obligándola a cubrirse detrás de una camioneta blindada junto a Ako y Chinatsu.
—¡Maldición! No puedo acercarme para sacar a Sensei. ¿Quiénes demonios son estas chicas? —gritó Iori, frustrada.
—No lo sé, pero Sensei es su objetivo. Tenemos que contactar a Pandemonium Society... ¡Necesitamos refuerzos! ¡Esto es una guerra! —respondió Ako, con la voz quebrada por la tensión, mientras observaba cómo Kurumi lanzaba otra granada que destrozaba más vehículos enemigos.
El caos se intensificó. Un disparo impactó cerca de Kurumi, empujándola hacia atrás.
-...Kurumi, esta bien?..-decía Yukino sin dejar de disparar contra las patrullas que intentaron avanzar pero fracasada.
-...Tenemos una francotiradora enemiga…-decia Kurumi mirando en el techo de una tienda a una Valkyrie mob-chan con un rifle.
Obviamente Niko la vio, con una mirada llena de determinación, levantó un lanzacohetes.
—Niko… lanzacohete —ordenó Yukino sin perder el ritmo de sus disparos.
Niko asintió y, con un movimiento rápido, cargó el arma y disparó,
-...Mierda…..-obligando a una francotiradora Valkyrie a abandonar su posición mientras una explosión arrasaba con una tienda cercana.
Con Kanna
—¡Kanna, despierta! ¡Pronto te sacaremos de aquí! —dijo Konoka con desesperación, intentando sostenerla.
—Directora, por favor resista… —susurró Kirino, sus manos temblorosas por la falta de munición.
Kanna, herida pero furiosa, levantó la cabeza. La ira en sus ojos era inhumana.
—¡Llama a Millennium! ¡Que envíen a Mikamo Neru y al CC ahora mismo! ¡Esas criminales… SON MÍAS!
Konoka asentía, suspiró mientras sacaba su celular.
Con Saori
Atsuko, liberando finalmente a Saori, le habló con urgencia:
—¡Sacchan, tenemos que regresar a nuestro escondite! ¡Nuestras armas están allí!
Pero Saori negó con la cabeza, apretando los dientes mientras tomaba su pistola.
—Ustedes vayan… Yo tengo algo que hacer….-dijo Saori quien el momento en que Atsuko la liberó, se apresuró.
—¡Líder! —exclamó Misaki, pero Atsuko la detuvo, apretando los puños con frustración.
—No podemos hacer nada… Vámonos —murmuró, con la voz teñida de impotencia.
Saori, en un acto de desesperación, comenzó a disparar contra Kurumi y Yukino, aunque sus balas apenas lograban atravesar los nuevos escudos y equipamiento de ambas, aún no lograban causarle daño pero si su atención
—Joumae Saori… Dice que fue adoptada junto a su equipo por Sensei —dijo Yukino con frialdad, observándola con ojos calculadores.
—Sí… y que le disparó una bala a Sensei… —añadió Kurumi, con un tono tranquilo, para luego la expresión era mucha furia desatada
—¡SE MERECE UNA BALA EN LA CABEZA! —gritó Kurumi, disparando su lanzagranadas con furia. Saori apenas logró esquivarlo, pero la explosión la lanzó contra una ventana de una tienda.
-...AHHHHHHHHHH MUERE MUERE MUERE!!!!!...-Kurumi, ciega de ira, dejó su lanzagranadas para tomar su ametralladora, avanzando junto a Yukino mientras disparaban sin tregua hacia la tienda.
Tal como Kanna había dicho: en Kivotos, no había una sola chica que no guardara rencor contra Saori y el Arius Squad por el atentado contra Sensei durante el incidente del tratado de Edén.
Fox Platoon no era la excepción.
Saori se movió rápidamente, buscando cobertura detrás de una mesa mientras las balas surcaban el aire a su alrededor. La adrenalina bombeaba en su cuerpo, y su respiración era pesada mientras el caos reinaba.
—¡Chicas, chicas… no tenemos tiempo! —exclamó Otogi con un tono urgente, dejando a un lado su rifle de francotirador. Ahora, con una ametralladora en las manos, descargaba ráfagas de fuego mientras los refuerzos de Valkyrie y los prefectos comenzaban a abrumar a los mercenarias.
El sonido ensordecedor de un muro colapsando se alzó sobre el caos. La pared del hospital se derrumbó con un estruendo atronador tras recibir un puñetazo devastador. Otogi, que hasta entonces mantenía una actitud firme, sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La hostilidad que emanaba de las dos figuras que emergían de los escombros era casi tangible, como si el aire mismo hubiese cambiado.
Dos siluetas.
Mika, con su halo rodeado por un aura roja que irradiaba furia contenida, avanzó junto a Hina Sorasaki, cuyos ojos brillaban con una intensidad carmesí. La ira era evidente en sus gestos y miradas.
Las más fuertes de Trinity y Gehenna habían llegado.
Hina observó a Otogi y Niko con una expresión que mezclaba enojo y desprecio. Su mandíbula estaba tan apretada que sus dientes rechinaban.
—¿Ustedes…? —murmuró Hina, con una voz baja y amenazante, mientras su mirada ardía de odio.
—¡ENTRÉGANOS A SENSEI! —gritó Mika, incapaz de contener su rabia. Sus puños se alzaron, y con un golpe devastador, destruyó los escombros frente a ella, reduciéndolos a polvo.
El terror comenzó a apoderarse de las mercenarias.
—¡Mierda… Sorasaki Hina y Misono Mika! ¡Corran! —gritó uno de ellas, abandonando la batalla en un intento desesperado de escapar.
El miedo era palpable.
Serina y las demás chicas comenzaron a salir de entre los escombros, heridas pero determinadas. Nagisa, con Seia herida en sus brazos, miró a una estudiante de Trinity con una mezcla de desesperación y furia.
—¡Llamen a la JTF! ¡TRAIGAN A TSURUGI! ¡NO PERMITAN QUE ELLAS SE SALGAN CON LA SUYA! —gritó Nagisa, su voz temblorosa de la ira y furia.
.
—¡Entendido, mi señora! —respondió la estudiante de Trinity Mob-chan, claramente asustada mientras corría para cumplir la orden.
Entre el caos, Yukino dejó de disparar hacia la tienda donde se encontraba Saori. Con los ojos fijos en los vehículos cercanos a Mika y Hina, una idea cruzó su mente.
—Perdimos tiempo… pero no importa. Aún queda una última carga… —pensó Yukino mientras su dedo presionaba un botón.
Click.
En un instante, los vehículos cercanos a Mika y Hina explotaron. Las llamas y la onda expansiva envolvieron a las dos guerreras más fuertes de Kivotos. Aunque sus auras y habilidades las protegieron de un daño mayor, el impacto fue suficiente para aturdirlas, dejando un breve pero crucial margen de segundos.
Esos segundos fueron todo lo que Fox Platoon necesitó.
Otogi tomó el volante del vehículo, y las demás se subieron apresuradamente.
—¡Acelera! —gritó Yukino, y la camioneta rugió mientras se alejaba a toda velocidad.
Saori, que había salido tambaleándose de la tienda, observó impotente cómo la camioneta desaparecía en la distancia. Su corazón se hundió al ver que su objetivo escapaba.
—No… no… ¡No! —exclamó Saori, levantando su arma y disparando desesperadamente contra el vehículo que ya estaba fuera de su alcance.
Pero era inútil.
La camioneta ya había desaparecido, y con ella, la oportunidad de redimirse.
—No… —susurró Saori, con la voz rota. Sus piernas fallaron, y cayó de rodillas al suelo, rodeada por la destrucción que ella misma no había podido detener. Lágrimas comenzaron a correr por su rostro mientras la realidad la golpeaba con fuerza.
—¡ARGHHHHHHHHHHHHHHH! —gritó con todas sus fuerzas, liberando su frustración, su enojo y su impotencia en un alarido desgarrador que se mezcló con el eco de la batalla y el olor a pólvora en el aire.
Saori quedó allí, sola, envuelta en su dolor, rodeada por los escombros y el caos, mientras el mundo parecía desmoronarse a su alrededor.
Cambio de escena
Problem solver 68 edificio
-...uhee~...Sensei porque no queda a dormir un rato más conmigo…ese oji-san no quiere que te lastimé…-decia una chica de cabello rosa quien tenía una mirada soñoliento…se veía que no dormía muy bien por las ojeras
Quien estaba en el regazo de una chica de cabello rojo con cuernos, una Gehenner…..Una era una estudiante de tercer año, Takanashi y otra una forajido y jefa de Problem Solver 68, Rikuhachima Aru
(Hieee)...-Aru no no podía hacer nada dado que estaba vestida con traje negro con corbata, a los ojos de Hoshino, Aru era Sensei, si, Hoshino no estaba bien de la cabeza
Su uniforme estaba con manchas de sangre seca, en la pared cercana estaba el escudo de Yume, Iron horas cubiertas de sangre
-...Sabes sensei..se que quieres ser un forajido duro para ser genial….pero no tiene porque demostrar nada a nadie…así que te quedará aquí conmigo…..porque afuera es peligroso…y tu eres demasiado frágil como cristal…no quiero perderte…..-Decía Hoshino un poco triste abrazando más a Aru
-...p-pero…pero….es mi modo de vida….no puede…..hice!!!...-Aru chilla asustada ya que la expresión de Hoshino era peligroso
-...uhee realmente quiere que rompas las rodillas para que entienda?...-amenazó Hoshino haciendo callar a Aru
-...no te preocupes Sensei….este oji-san es la más fuerte de todos….te protegeré…-decía Hoshino feliz para dormir en el regazo de una asustada Aru
En la puerta estaba Haruka y Mutsuki observando todos el desarrollo
-...Kufufu Aru-chan…si que eres bastante popular~...tiene a las más fuerte de Abydos trabajando con nosotros…-Decía Mutsuki divertidas
-...Como es de esperar de Aru-sama…..-exclamó Haruka como siempre maravillada por las hazaña de Aru.
Mientras que Kayoko, bueno…estaba limpiando su arma….ver a su jefa vestirse de Sensei le traía recuerdos amargos
-...N-No se que esta pasando…..y porque te lastima…..pero…pero seré el héroe de papá….prometo papá que te salvaré y seré el héroe de papá….-Decía el niño revelando esos hermosos ojos azules lleno de determinación y vida
[DISPARO]
Solo para que Kayoko disparará fríamente a la cabeza de niño manchando la pantalla con sangre, sensei estaba en shock…….
[DISPARO DISPARO DISPARO DISPARO]
Kayoko ya no soportó enzó a vaciar su pistola de balas disparando al cadáver del hijo de sensei con mucho odio
Rápidamente Kayoko despertó y se tocó su cara…en su dedo estaba el anillo que Sensei le dio, el solo recordar esto no hacia más qué tener las ganas de vomitar
Los ojos de Kayoko estaba llenas de arrepentimientos
-...uhhhh que es eso…algo sale del escudo de Hoshino-san…-Dijo Haruka viendo como en la parte más escondida del escudo cayó en el suelo
Un ojo
Un ojo de Sensei
Si, Takanashi Hoshino había arrancado el ojo a su sensei
