El día era nublado, pero había una brisa tranquila que recorría los pasillos de los apartamentos Addison. El viejo edificio parecía observar con curiosidad a la nueva familia que se mudaba en ese momento. Zentaly Mena, bajó del auto familiar con un par de audífonos colgando de su cuello y una mirada indiferente, vestida con una habitual combinación de ropa oscura y desgastada, nisiquiera se molesto en arreglar su cabello. Su hermano mayor, estaba ocupado descargando cajas mientras miraba repetidamente su reloj.

Zenta, observó hacía el edificio con una mezcla de desdén y resignación. «Un lugar perfecto para desaparecer», pensó mientras se colgaba una mochila al hombro y se dirigía al lado de su hermano mayor.

Era un lugar que nisiquiera ella había tenido tiempo de conocer bien, tampoco había mucho que pudiera hacer por su familia en ese momento, y la distancia entre su hogar y la hospitalización de su hermano menor la hacía sentir que la vida continuaba cada vez de manera mas desesperanzadora.

Brenner, siempre apurado y controlando la situación, no perdió tiempo en dejar todo listo antes de irse de vuelta al trabajo, con una expresión que mostraba más frustración que alegría por el cambio. Le dió unas rápidas instrucciones a su hermana antes de marcharse, y con un rápido «no me tardo» desapareció de su vista. Zeta, ahora sola con sus pensamientos y cosas, se dispuso a organizar lo que pudiera del departamento.

Afortunadamente vivían en el primer piso, y los muebles ya estaban adentro, facilitando su trabajo, pero las cajas que había que mover todavía le parecían una tarea interminable.

Tomó a su pequeña gata y caminó al que sería su nuevo hogar, puso las llaves para abrir la puerta pero esta ya venía abierta.

—…¿Hola?— Se adentró lentamente buscando a alguien que no tardó en responder.

—Hola, cariño, por aquí.— Siguió a la voz proveniente del cuarto de baño, encontrándose a una mujer castaña y de overol —Oh, me alegro que hayas llegado, bienvenida, querida. Descuida, no tardaré mucho, solo unos cuantos ajustes y el departamento quedará perfecto para ustedes.—

—Ah, sí…no sé preocupe, gracias.— Dió su respuesta precisa sin sonar descortés.

Una sonrisa cálida se formó en los labios de la señora antes de volver a su trabajo.

Zentaly, era naturalmente distante, pero no le gustaba ser grosera, aunque existían momentos en los que parecía ser insolente con sus palabras sin querer.

Dejó a su gata descansando en la cama de su nuevo cuarto y regresó afuera por las cajas, pensando en el camino cómo podría hacer que fuera rápido el ir y venir.

Aceptaba su debilidad, así como lo mucho que la dejaba en desventaja en la mayor parte de los aspectos de su vida, abrazó una caja buscando una forma cómoda de poder llevarla por su peso, suspiró antes de levantarlo y la voz tras ella la hizo brincar por su repentina aparición.

—¿Necesitas ayuda con eso?— Al voltear, vió a un chico alto de cabello marrón mirándola con un poco de gracia.

—G-gracias, pero no es necesario.—

—Lo que tú digas.— Y sin importarle su respuesta, tomó con facilidad la caja para llevarla al departamento. —Lindo parche. Soy Larry, mi mamá está arreglando las cosas de tu casa, ¿La 105, verdad?, saludos.—

—...Un placer.— Respondió a su presentación mientras él se alejaba, y se sintió un poco aturdida por tan repentina interacción. Sin nada por hacer prosiguió con su cometido.

—Bueno, parece que ahora somos compañeros de mudanza. ¿Tienes muchos hermanos...?— Hizo una pausa en donde se preguntaba por el nombre de la chica.

—Zeta.— Dijo —Dos. Un hermano mayor, y otro menor. Lo suficiente para volver a alguien loco.—

Johnson la miró de reojo. Esa dureza en ella que no parecía ser solo parte de su actitud, sino algo que ya venía de un lugar más profundo.

—Bienvenida al caos, entonces. Aquí nunca te vas a aburrir. Tal vez.— Ella no respondió, pero su mente quedó atrapada en la palabra «bienvenida». Era la primera vez en mucho tiempo que alguien no le trataba con juicio o indiferencia desde el primer segundo.

—Aquí está bien.— Señaló la mesa de la cocina, dejando la caja sobre ella. —Más tarde me encargaré de sacar las cosas, gracias.— Él asintió e imitó su acción volviendo afuera por otra carga.

—Tampoco eres de por aquí, ¿cierto?— Apuntó a su propia boca dando a entender que no se refería a la ciudad, pues el acento marcado de la chica no pasaba desapercibido.

—Es correcto.—

—¿México?—

—Mjm.—

—Genial, no lo hablas nada mal. ¿Entonces, es tuyo todo esto?— Preguntó, apuntando las cajas.

—La mayoría. Las demás cosas son de mis hermanos, pero soy yo quien mantiene el orden.—

—Entonces tú eres la que manda aquí, ¿eh?— Comentó con una sonrisa burlona.

—Sí no fuera así, este lugar ya sería un desastre.— Dijo Zeta sin vacilar, lanzando una mirada un tanto rencorosa hacia la caja con las cosas de su hermano mayor no presente.

Larry resopló una risa mientras caminaba hacia el edificio con más cajas. Había algo en ella que le recordaba un poco a sí mismo.

—¿Estás emocionada de mudarte aquí?— Preguntó mientras ambos llevaban otra caja juntos.

—Digamos que no vine aquí buscando felicidad.— Un tono seco, pero no hostil.

—¡Vaya!— exclamó Larry desde adelante. —Este lugar debe ser más deprimente de lo que pensaba si vienes sin expectativas.—

Zeta lo miró con una mezcla de exasperación y diversión.—Solo estoy... buscando algo diferente.—

—Bueno, eso seguro lo vas a encontrar aquí.— Bajando su caja al suelo de la cocina —Este lugar está lleno de sorpresas.—

La chica arqueó una ceja, claramente incrédula.

—¿Qué clase de "sorpresas"?—

—Ya lo verás.— Respondió marcando un tono enigmático.

Ella se permitió una leve sonrisa, aunque rápidamente regresó a su semblante serio. No estaba acostumbrada a lidiar con gente tan abierta desde el principio, y aún no estaba segura de cómo sentirse al respecto.

Lisa Johnson, sonrió con calidez desde el umbral de la puerta.—¿Todo bien con la mudanza?—

—Todo en orden, muchas gracias.— Respondió Zentaly, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una leve sensación de alivio al recibir esa amabilidad.

Fueron un par de horas que les tomo bajar las cosas, pero lo habían logrado.

Madre e hijo comenzaron a conversar entre sí, dejando a la niña en un espacio aparte para que tomara sus decisiones sin presiones. Fue entonces cuando se dió cuenta de que la situación no era tan mala como esperaba. Podía quedarse y conocerlos un poco, sin importar cuán solitaria se sentía en su interior.

La charla se fue alargando mientras todos ayudaban con la llegada, hasta que al final, se dió cuenta de que había sido un buen cambio, al menos por esa tarde, no tuvo que enfrentar todo sola, y tal vez, al final, ese día resultó ser una experiencia agradable.

—Sí llegas a necesitar algo no dudes en llamar, cariño.— Lisa terminó de recoger sus cosas y se dirigía a la puerta del departamento junto a su muchacho.

—Sí, está bien. Se lo agradezco mucho señora, Johnson.— Le sonrió una última vez antes de retirarse. Mientras tanto, Larry hizo un ademán con su mano como despedida que ella respondería de la misma manera.

«No fue tan malo después de todo.» pensó Zeta para sí misma mostrando una tímida sonrisita.


Esa noche, mientras acomodaba sus cosas en silencio, Zentaly, tomó un par de tijeras y sin ningún tipo de cuidado, cortó su cabello hasta la altura de su barbilla. Vaya patético intento de desprenderse de algo. De su antigua vida, de sus miedos.

Era un nuevo comienzo, aunque aún no estaba segura de si valía la pena aprovecharlo.

—Hija de la ver...— Brenner ahogó sus propias palabras al ver a la mañana siguiente el cambio de su hermana.