Mena, llegó a los apartamentos Addison hace un par de días atrás. La vida no ha sido muy generosa con ella, y su propósito al llegar a aquel lugar no era seguir aprovechándola. Nockfell, un sitio dónde era una desconocida y su familia estaba más lejos que nunca, un escenario perfecto.

Fue en una de esas ocasiones que salió de su departamento para recoger la correspondencia, se topó con los universitarios del piso de arriba que la reconocieron como la nueva inquilina y, ¿Porque no?, la invitaron a asistir a una de sus tantas fiestas, la más escandalosa hasta ahora.

Zeta, estuvo toda la tarde organizando su departamento y pensando en la invitación, sabía que era algo que ellos hicieron solo por amabilidad, sin más de por medio. Aunque esos eventos no eran de su mayor interés, no podía negar la curiosidad que le generaba poder saber cómo era desde adentro, así que después de reflexionarlo un poco decidió asistir.

Además, aprovecharía que Brenner no estaba cerca y no tenía que pedir permiso para nada.


El reloj marcó la hora de la invitación, esperó 30 minutos más y subió al ascensor.

Llegó, se abrió paso entre la multitud y se quedó de pie junto a la mesa de bocadillos, observando a su alrededor mientras se robaba los aperitivos. Que gran fiesta...

El aire de la fiesta era bullicioso, repleto de risas, música alta y conversaciones superpuestas. Las luces parpadeaban en tonos cálidos, iluminando los rostros de los invitados. Quedándose en su rincón como si estuviera mirando desde fuera de una pecera. No estaba realmente ahí, al menos no de la manera en que lo estaban los demás. Para ella, esta fiesta era solo una experiencia más, algo con lo que llenar ese vacío antes de decir adiós. Nadie parecía prestar atención a la chica nueva y eso estaba bien para ella. Se sentía más cómoda siendo una sombra que una figura bajo los reflectores.

Aquella enorme cicatriz en su lado izquierdo y su oscuro parche, destacaban de forma indeseable en el lugar. Prefería evadir las miradas de la gente y prefería centrarse en los aperitivos, al menos estos no le pedían interactuar. Aunque no podía negar que había algo curioso en observar a los demás. Verlos moverse, hablar, reír, es como sí estuvieran en un mundo completamente distinto al suyo. Preguntándose cómo sería si fuera más valiente, pues cada vez que alguien se acercaba, solo retrocedía guardando silencio. ¿Qué se sentirá tener una vida así?...


En el quinto piso de los apartamentos Addison, Sal Fisher, terminaba de recoger sus cosas tras un intento fallido de contactar a Megan. La desaparición de la niña lo tenía en un estado de inquietud constante, pero Larry, ajeno al tema y con su actitud despreocupada, lo convenció de asistir a la fiesta del piso de arriba. «Necesitas despejarte de tanto, hombre. Además, nunca se sabe, podría ser divertido.», le insistía mientras lo empujaba dentro del ascensor. Aunque resistente, Sal, terminó por acompañarlo.

El ruido lo abrumó por un segundo, la presencia de «Sally Face» no pasó desapercibida. Como era habitual, la gente lo saludaba con curiosidad, unos con cortesía y otros simplemente por costumbre. Larry, se separó de él, gritando algo sobre buscar algo de beber, y Sal, se quedó en medio del lugar, buscando un espacio donde refugiarse del caos.

Entonces, la vió.

Apenas alzó la mirada y ahí estaba ella: una chica junto a la mesa, iluminada momentáneamente con las brillantes luces, con una expresión que parecía gritar que estaba en cualquier parte menos en esa fiesta. Algo en su postura, en cómo se movía con cierta incomodidad, pero al mismo tiempo con una seguridad silenciosa, llamó la atención de Sal al instante. Había algo fascinante en su aura, algo que le mostraba que, al igual que él, ella se encontraba fuera de lugar.

Sal, no pudo apartar la mirada. No sabía por qué, pero algo en su interior empezaba a sentirse, a florecer. Tal vez era la forma en que jugaba distraídamente con un palillo de dientes entre sus dedos o el leve arqueo de su ceja cada vez que alguien pasaba demasiado cerca.

—¿Estás bien, Sal?— Le susurró Larry al notar que su amigo había dejado de prestar atención al resto de la sala.

—Sí… es solo que...— se rascó la nuca, sin saber cómo explicar lo que sentía.— Creo que acabo de ver a alguien...— Larry, siguió la dirección de su mirada y soltó una carcajada.

—Vaya, tienes un gusto interesante...— sonrió con picardía. Se acercó y le dió un codazo cómplice.—Anda, salúdala.—

—¡¿Q-qué?!—

—No me vengas con que no puedes. Solo es una chica, y créeme, te está haciendo ojitos… o bueno, no, pero algo así.— Fisher, bufó nervioso.

—¿Quién es ella?— preguntó, sintiendo un extraño cosquilleo en el pecho.

—La nueva del 105, llegó hace unos días.—

—¿La conoces?—

—Mi mamá y yo le ayudamos con la mudanza.— Hubo un momento de silencio en dónde Sal, no apartó su mirada de ella, Larry, divertido por la escena le dio un empujón en la espalda.

Sal, le lanzó una mirada de reproche, pero lentamente comenzó a caminar hacia ella, tenía el corazón latiendo con fuerza. Para alguien que no solía preocuparse demasiado por impresionar a los demás, en ese momento sentía cada paso como un desafío.

Zeta, ajena a todo esto, acababa de girarse para tomar otro pretzel, cuando de repente, se encontró cara a cara con una máscara. Dió un respingo, dejando caer el palillo que tenía en la mano.

—¡Verga!—

—¡Oh, perdón, no quise asustarte!— dijo Sal, levantando las manos en señal de disculpa, su voz suave pero apurada.

Zentaly, parpadeó varias veces, su corazón latiendo rápido. Había algo en la máscara que la sobresaltaba, era el impacto de algo inesperado que la sacó de su burbuja.

—Vaya manera que tienes de saludar a alguien.— respondió con ironía y reproche, su voz era baja y un poco áspera, como si no estuviera acostumbrada a hablar mucho.

Sal, asintió, intentando calmar su nerviosismo. Había algo en su mirada que lo desconcertaba: una mezcla de cansancio, tristeza y, a pesar de todo, curiosidad.

—L-lo siento no fue mi intención.— retrocedió avergonzado. La chica volvió a su posición inicial para seguir con sus pensamientos, pero Fisher no quería dejar la situación así.

—Esto...S-soy Sal, pero mis amigos me dicen Sally Face.— dijo con una pequeña sonrisa oculta bajo la prótesis.

Zeta, arqueó una ceja, claramente atraída por el apodo. Fue la primera vez esa noche que levantó la mirada, aunque solo fuera un poco.

—Que creativos.— Respondió aún indiferente.

—Sí, algo así. Es una larga historia.— Fue inesperado, pero la respuesta de la chica fue recargarse en la pared tras ella con su mirada expectante en él. Hubo un momento de silencio en dónde Zeta, no despegó su vista de él y empezaba a ponerlo ansioso.

—¿Entonces?— dijo ella, cruzando los brazos— ¿Vas a contarme la larga historia o solo es una excusa para no hablar?— Sal, se rió por lo bajo, algo nervioso. No estaba acostumbrado a que alguien fuera tan directo con él desde el principio. La mayoría evitaba indagar de más en la máscara, pretendiendo saber más de lo que debían. Pero esta chica no parecía pensar demasiado en eso.

—Está bien... Pero luego tú tienes que contarme algo sobre ti, ¿trato?—

—Depende de qué tan buena sea tu historia.— Sal, notó el desafío en su tono y no pudo evitar sonreír por debajo. Le parecía refrescante su actitud honesta.

—Bueno... En realidad es una prótesis, tuve un accidente cuando era niño, es todo.— trataba que su voz sonará tranquila, como si estuviera contando algo cotidiano —Así que llevo esto. Hace que sea más fácil para todos, supongo.—

Sin embargo, la mirada de Zeta, se suavizó al procesar sus palabras, prestó atención por un momento a su cuello y vio el rastro de cicatrices llenos de puntos que apuntaban acumularse en el interior de su rostro, sus hombros antes tensos ahora se dejaron caer un poco, regresando su mirada al chico. No lo miraba con lástima, sino con genuina empatía, con entendimiento.

—¿Fácil para todos... o para ti?— preguntó, inclinando ligeramente la cabeza.

La pregunta lo tomó por sorpresa. La mayoría de la gente simplemente asentía o intentaba cambiar de tema. —Supongo que ambas cosas...— admitió después de pensarlo un momento —A veces es más sencillo no tener que lidiar con las miradas o las preguntas.

Ella asintió, esta vez su voz comenzaba a suavizarse también.

—Pues, por lo que he visto hasta ahora, no pareces alguien que se esconda. Todo el mundo aquí te conoce.—

—Supongo que sí. Pero... bueno, no siempre fue así. Aprendes a lidiar con eso.—

Zeta, lo miró fijamente por un momento, sus ojos estudiándolo. Había algo en la forma en que hablaba, en la serenidad de sus palabras, que la tranquilizaba de una manera extraña.

—Eres valiente, Sally Face.— dijo finalmente, con un pequeño destello de burla en su tono, aunque sus palabras eran sinceras.

Sal, se quedó callado un momento, sin saber cómo responder. No estaba acostumbrado a recibir cumplidos, y mucho menos de alguien como ella, alguien que parecía tener un muro levantado frente al mundo.

—¿Y tú?— dijo, cambiando de tema rápidamente —No te había visto por aquí antes.—

Mena, dio un mordisco al pretzel, que llevaba rato descansando en su mano. —Me mudé hace un par de días. No es exactamente el lugar de mis sueños, pero está... lejos de todo lo demás.—

—¿Eso es algo bueno?— preguntó Sal, con suavidad.

Tardó un momento en responder, y cuando lo hizo, su tono era más bajo.

—Por ahora, sí.—

Sal, no insistió. Algo en su expresión le dijo que había más de lo que estaba diciendo, pero no era el momento de preguntar.

—Bueno, bienvenida a los apartamentos Addison, supongo. Es un lugar... interesante.—

—¿Interesante es una forma bonita de decir «deplorable»? —bromeó ella.

Sal rió, esta vez más relajado. —Tiene su encanto. Además, hay bocadillos gratis en las fiestas. Eso es un punto a favor, ¿no?—

Zeta, se permitió una risa ligera, algo que no había hecho en mucho tiempo. Parecía que desde que había llegado al edificio, se sentía un poco menos sola. Al menos un poco.

—¿Me dirás tu nombre ahora?—

Ella le sonrió con diversión y levantó su vaso como si de una copa elegante se tratara. —Zeta.—


Larry, miraba a la distancia con orgullo la hazaña de su amigo, tal parece que días interesantes estaban por venir...