Capítulo 38 No lo pensé.

Nunca es tarde

para pedir perdón.

Nunca es tarde

para comenzar otra vez.

Nunca es tardez-

para decir me equivoqué.

Azucena.

Las despedidas nunca me han gustado después de la compra que fue una mentira Julián vino corriendo detrás de nosotros, su desesperación de que no me fuera con Ezio me dolió un poco pero la decisión estaba tomada, solo le dije adiós y le di un abrazo y me fui por el resto de mis cosas al burdel todo estaba algo silencioso muy extraño para ya ser de noche pero nunca imagine encontrarme con las chicas en fila algunas llorosas y otras mirándome con expresiones tristes todas estaban a excepción de Alfredo el no estaba en ningún lado eso me entristeció.

-Linda no sabes cuanto te extrañaremos por aquí- Carlota inicio las despedidas tenia lagrimas en sus ojos y un envoltorio en su mano -Llévate esto para que no nos olvides- y de pronto todas las chicas ya estaban rodeándome y abrazándome.

-Cuídate mucho –

-Visítanos de vez en cuando por favor-

-No hagas cosas extrañas- todas sus frases eran reconfortantes y estuve a punto de decir que no me iría pero debía hacerlo estarían bien sin tantos peligros mas que clientes desastrosos.

-Esta bien chicas debe irse antes de pase algo- Paola las quito encima de mi y se acerco siempre tan linda y con una sonrisa tierna

-Muchas gracias Paola por cuidarme estos dos años- le dije bajo sin muchas palabras

-Gracias a ti niña, por cuidar de las chicas y hacernos la vida un poco más fácil –

-No hay de que, tal vez vuelva cuando las cosas estén más calmadas-

-No lo hagas linda...no eres feliz con esta vida busca lo que si te haga feliz y por cierto aquí esta lo ultimo que encontramos- no sé cómo la conversación paso a esto, medio solo una libreta pequeña sabia que es lo que había ahi, pero lo revisare en otro lado.

-No pensé ser tan obvia –

-Eres como un libro abierto tienes que ponerte primero linda asi que cuídate por favor- y terminando me abrazo ¿Cómo pueden leerme tan bien?. Ella solo beso mi frente y se alejo y oh...Melinda estaba ahí sin mostrar expresión como siempre era una niña mas analítica que nada

-Melinda..-

-No-

-¿No?- me acerque a ella y la vi bien sus cejas arrugadas

-No te despidas...no quiero eso- y como todos me abrazo muy fuerte y por un largo rato

-No iba a hacerlo, es un hasta luego mientras tanto espero que sigas estudiando deje lecciones las suficientes para que empieces solo no seas una loca como yo- sus lindos ojos y esa bonita cara me dejaban indefensa.

-Esta bien solo no te olvides de mi ¿De acuerdo? –

-No lo hare- y como fue la ultima mire alrededor pero no había señales de él que triste, me despedí de todas una ultima vez y con algunos obsequios partimos a las afueras de la ciudad por fortuna no tuvimos contratiempos mire a lo lejos y aunque todavía era algo oscuro se veía mas claro al horizonte, deje que Ezio arreglara mi caballo y el suyo pero lo que no me espere fue a Alfredo con sus cosas empacadas y con un caballo igual listo.

-¡Alfredo!-

-¿No creerás que te dejaría sola o si?- fue lindo eso -Andando antes de que vengan mas problemas- dijo sin problemas ya arriba del caballo

-Este tipo no me agrada nada- Dijo Ezio ayudándome a subir al caballo

-Lo hará te lo aseguro- y comenzamos a avanzar alejándonos de esta ciudad que fue mi hogar por mucho tiempo.

.

Tenía tiempo que no estaba en un caballo y claro era todo nuevo y también era la primera vez estando muy lejos de Florencia sus campos verdes que la rodeaban eran hermosos todo estaba tranquilo como para dormir en ellos a lo lejos veía casas con personas cultivando sus tierras y los niños jugando simplemente magnífico pero...

-¿Hasta cuando piensas seguirnos?-

-Eso no es de tu incumbencia- Ezio y Alfredo seguían peleando por tonterías no podía creerlo desde hace horas que salimos y estos dos seguían peleando ya no sabía si se llevaban bien o no pero era mejor ignorarlos estaba cansada por lo de noche de que me comprarían y me llevarían para convertirme en esposa más lejos de la verdad pero en fin debía decir algo para no levantar sospechas de mi huida asi de repentina aunque decían que el que me compro y pago mis deudas fue aquel joven que conocí Julián que siempre visitaba el bar claro deseaba su felicidad aun me sentía incomoda por rechazarlo dándole solo un adiós pero el merece a una mujer que lo haga feliz en todo momento con ese último recordatorio comencé a cerrar los ojos escuchando las aves e insectos del campo haciendo que comenzará a darme sueño las noches de desvelo comenzaban a cobrar fractura en mí.

No se cuánto estuve dormida es mas no senti el momento en que me dormir pero al sentir dos manos en mi cintura me invadió un miedo que sin querer lance el golpe a esa persona dándole con todo pero eso causo que me hiciera hacia atrás perdiendo el equilibrio y cayendo del caballo me prepare para el impacto pero unos brazos me sostuvieron

-¡Te dije que se despertaría...un poco más y ella termina en el suelo imbécil!- la voz enojada de Ezio me impresionó estaba cargada de ira y que decir de esa mirada asesina tiene suerte Alfredo que no matara inocentes.

-Es tu culpa-

-¡¿Cómo sería mi culpa...- ya no soportaba más gritos y peleas así que interrumpí a Ezio tapando su boca con mis manos deteniendo todo tipo de insultos.

-Basta de tantos gritos y peleas – les dije un poco molesta por toda esta situación

-Pero...-

-Dije ¡Basta!- calle a Alfredo que quería seguir peleando -Ahora...¿Dónde estamos ?- no tenia mucho que desperté y estaba confundida la vista no me ayudaba mucho

-Estamos en la Villa Auditore Monteriggioni- me dijo Ezio cuando se libro de mis manos y no pude evitar mirar a todos lados, ¡Era el lugar mas esperado que queria ver!

-¡Enserio!-

-Si, asi es flor ¿Qué te parece?- mire los muros algo desgastados a lo lejos veía los edificios muy maltratados y no podía creerlo era magníficos.

-Me parece una ruina total- dijo Alfredo con fastidio pero al verlo vi que su labio estaba roto al parecer si le di muy duro

-Lo siento Alfredo-

-No necesitas discúlpate linda- me dijo tratando de tranquilizarme -Nadie pidió tu opinión idiota, mi hermana lo administra y vamos mejorando- le dijo pasando de él.

-Pues que pésimo trabajo- otra vez comenzaban a pelear

-Pues para mi es fabuloso- le dije y comenzamos a caminar aunque Ezio no me bajo en ningún momento, tenía vergüenza pero al entrar se fue la vergüenza para ver la emoción, si es ciertos los edificio la mayoría estaban en muy mal estado pero la herrería estaba en su máximo esplendor y mire a la derecha y estaba ahí el medico del lugar atendiendo a las personas que pasaban...las personas

-¡Buongiorno messer Ezio!- saludaban viéndome en sus brazos deteniéndose un poco y susurrando comenzaba a ponerme incomoda

-¡Messer Ezio ¿Podría...? Mejor después- las personas le pedían favores mientras el seguía caminando conmigo en brazos hasta que llegamos a las escaleras

-¿Sabes podrías dejar que camine? Tal vez mi peso ya te canse- le dije en broma pero solo arrugo su frente

-Jamás podría cansarme tu peso- en otro tiempo el hubiera contestado diferente pero ahora solo me dejo aquí sin respuesta hasta llegar al final de las escaleras, que extrañamente estaba vacío casi todo, el campo de entrenamiento estaba vacío era raro, siguió caminando hasta que llegamos arriba donde estaba la villa, aun tenia mucha naturaleza y en sus ventanas había maderas cubriéndolas, pero extrañamente el lugar se sentia cálido.

-¿Ahora si podrías bajarme? Por favor-

-Claro aunque no es problema el que te lleve hasta dentro- dijo como si nada pasara

-No, no, no yo puedo- le dije acomodando mi ropa ya mas tranquila mirando el lugar todo estaba bien exactamente como en el juego -¿Siempre es asi de tranquilo?- le pregunte mirando a todos lados

-No, también me sorprende-

-¡Messer Ezio!- un grito llamo nuestra atención viendo de donde provenía era una joven encantadora de cabello negro y mirada risueña pero al llegar frente nuestro se me quedo mirando demasiado raro muy intenso -¡Oh refugiados, deje le aviso a la señora Auditore!- su voz risueña indicaba alguien amable pero esos ojos verdes que me vieron senti que era alguien muy engañosa.

-Marcelina espera...-Ezio no le dio tiempo de decir más cuando la mujer salió corriendo al interior de la casa

-Excelente ¿Aun estás segura de esto linda? – Alfredo me dijo pareciera que el tenía razón y un dolor en mi pecho comenzaba a formarse.

-Zusu...- que ambos me miraran con una expresión rara Ezio con cara preocupada y Alfredo igual preocupada y con algo de molestia por su ceño fruncido.

-Yo..- trate de decir algo pero no sabía nada no había nada en mi cabeza y al darme la vuelta por un segundo quise huir quise escapar de esta sensación que comenzaba a paralizarme por completo pero la voz de alguien me paralizo por fin lo que queria evitar.

-Ezio hijo mío me alegro que hayas vuelto a salvo- papá estaba aquí nunca le volví a responder una carta es más le pedí que dejara de mandarlas -...Pero si es- noto mi presencia lo se por su tono de voz y me hizo sentirme mas nerviosa de lo que ya comenzaba a estar.

-Ezio que bueno que has llegado-

-Hermano ayúdame con algo-

-Hijo que alegría verte de nuevo-

-Por un segundo pensé que no volverías- las risas y los comentarios de una buena bienvenida eran emocionantes, este tipo de bienvenidas eran cálidas pero la verdad no queria estar aquí, papá me cubría eso estaba seguro con decisión y mucho miedo me di la vuelta y ahí estaba el con una fuerte presencia unos ojos serios y amables pero sin una gran parte de su brazo, vi como los demás se acercaron notando mi presencia y la alegría se quedó en silencio desvaneciéndose por completo sus caras de asombro y sorpresa era lo que estaba en ellos y yo bueno yo estaba asustada por como reaccionarían, Ezio no lo hizo bien pero ¿Ellos? Ya no ni se que pensar viéndolos tan diferentes y casi iguales a la vez.

Vi como cambiaron sus rostros a algo in descifrable no quería verlos les mentí, los engañe no han sabido nada de mi por dos años, lo último que saben es que los engañe los vendí todo eso me volvían loca y ansiosa tuve que desviar la mirada no queria que me vieran no quería mostrar mi cara.

-Pequeña- escuche a Mamá decir casi en un susurro de lo que alcance a ver trato de acercarse haciendo que instintivamente diera un paso atrás sintiendo una mano evitar que me alejara mas no se de quien.

-¡TU!- pero antes de hacer algo ya tenía a Claudia frente mío y sin esperarlo recibí una cachetada tan fuerte de ella volteando mi cara ...lo sabía ella me odiaba -¡¡¿COMÓ PUDISTE HACERNOS ESTO?!!- me grito casi en la cara ella ya estaba casi tan alta como yo eso la hacía más intimidante y a pesar del dolor de mi mejilla no quise verla no me atreví de levantar el rostro mis ojos comenzaban a irritarse.

-¡Claudia para..!- escuche decir a Federico pero no se por quien fue detenido

-¡NO! ¡Todos lo pensamos ¿Qué diablos tenías en la cabeza para no mandar ni una maldita carta?!- vi como apretó sus manos tan fuerte -...Pensamos lo peor...pensé que habías muerto que nada de lo que vivimos te importo...pensé que ya no nos querías...No tienes ni idea cuanto te extrañe- su voz de alterada estaba quebrada, después de que dijo eso levante la vista al fin encontrándome con los ojos de Claudia llenos de lágrimas con la frente arrugada y los labios temblando verla asi me dejo muda más de lo que ya estaba

-Yo...yo no sabía- trate de decir pero Claudia se acercó más a mí.

-¡Prometiste estar siempre conmigo!- me grito más fuerte para antes de moverme me apretó con sus brazos casi sacándome el aire y sus lágrimas comenzaron a mojarme contagiándome soltando las lágrimas que ya tenía retenidas y correspondiendo su abrazo sollozando junto a ella, la extrañe tanto también y el dolor que se instalo en mi pecho comenzaba a desaparecer solo un poco.

-No sabes cuanto lo siento- le dije apretándola un poco más la culpa de pensar que ellos me olvidarían y seguirían viviendo como si nada pero estaba totalmente equivocada les cause un daño más grande todo este tiempo me equivoque.

-¡Nunca...oye bien...nunca te vuelvas a ir o esta vez no te lo perdonare!- solo pude asentir a su petición las lágrimas y los leves gimoteos que salían de mi me impidieron contestar.

-Vamos hablemos adentro de la casa- nos dijeron mientras nos separaban y nos guiaban dentro de casa, no preste atención de quien estaba a mi alrededor o quien nos seguían mis ojos pesaban y solo miraba el suelo viendo el camino de piedra para pasar a uno pulido realmente estábamos en la villa.

-¿Por qué no pasamos a el estudio?- sugirió mamá guiándonos de nuevo a una habitación mostrada en el juego solo que más diferente ya que en ella había una gran mesa con varias sillas y cómodos muebles tipo sillón. -Toma asiento florecilla- me indico mamá en el mas grande me senté con cuidado y de pronto Federico y un cambiado Petruccio se sentaron cada uno a mi lado abrezándome

-Me alegra verte hermana- la voz de Petruccio si que cambio solo fueron dos años pero dejo de lado sus rasgos infantiles y aunque no era tan alto como sus hermanos pero al menos creció bien.

-También me alegra verlos...-mire a todos y me detuve en papá y su clara falta de brazo y volvía la culpa que tenía.

-Hey tranquila esto...valió la pena con tal de verte bien- Papá de inmediato me dijo alzando mi cara para que lo viera si que supo leer mis atormentados pensamientos no pude evitarlo mas y lo abrace tan fuerte algo que no pude hacer desde hace mas de dos años.

-¿No te volverás a ir? Flor- Federico de repente interrumpió el momento con una pregunta muy incómoda ¿Me iría? La respuesta era no, tuve cosas que pensar y una de ellas es que las cosas comenzaron a cambiar como el hecho de que toda la familia estaba viva asi que ese podría ser un problema a futuro.

-¿Te iras? ¡Pero acabas de llegar! - Claudia me separó de papa viéndome enojada demasiado enojada había olvidado cuanto miedo daba.

-No...no me iré a menos que...no quieran que me quede- les dije ganando miradas raras, creo que dije algo malo.