-Amiga ¿crees que Adrien se encuentre bien?

Le pregunto Alya por teléfono más tarde, cuando las dos hablaban por teléfono.

-No lo sé Alya, quizá debí llevarlo al hospital.

Marinette, apenada recordaba el miedo que sintió llevándolo inconsciente en sus brazos. Ni siquiera había tenido tiempo de "revisar" la habitación de Adrien antes de que despertara.

- También estoy preocupada por ChatNoir, no apareció durante la batalla con el akuma y tampoco respondió a mis mensajes.

-Tal vez está enojado, chica. Recuerda que estas últimas peleas ha estado raro.

-Ay, noo. Debo hablar con mi gatito y asegurarme de que esté bien también.

-Espera... dijiste... ¿tu gatito?

La chica empezó a reír al darse cuenta de que Marinette sentía por su compañero de batallas algo más que camaradería.

Sonrojada hasta la raíz del cabello, la guardiana intentó explicarle a su mejor amiga que no pasaba nada, que ella estaba sólo preocupada por Adrien, pero las palabras murieron en su garganta cuando se dió cuenta de que no era así. Su amigo parecía estar bien cuando despertó, pero su compañero de batallas no había dado señales de vida; eso la preocupaba más.

-Ya, no te preocupes tanto, igual y estaba por ahí haciéndole ojitos a alguna chica vestida de rojo.

Ambas rieron después de eso, pero la sombra de duda no abandonó el rostro de Marinette.

Debía hablar pronto con su gatito.


-Vamos cachorro, eres un gato, eres EL GATO NEGRO, no cualquier gato. Y los gatos amamos las cajas.

Le decía Plagg a un asustado Adrien, que se encontraba en posición de meditación dentro de una caja de cartón del tamaño de un refrigerador pequeño.

-Lo intento Plagg, pero es tan pequeño aquí. Sé que si abro los ojos no podré respirar.

El kwami voló alrededor de la caja pensando y optó por cambiar de táctica.

- Imagina que no es sólo una caja con paredes de cartón. Imagina que son los brazos de alguien amado que intenta protegerte del miedo y de la soledad que sientes.

En la cabeza de Adrien, la imagen se formó sorpresivamente rápido. Sin embargo, no era el esperado rostro de su madre el que percibió en su mente. Ni siquiera era la fuerte e intrépida Ladybug. Era el rostro sonriente de Marinette, su amiga.

-Ma ma Marinette!

dijo el rubio, bastante sorprendido.


Marinette caminaba por su habitación, con el teléfono rojo en el oído, intentando dejar más mensajes en el buzón de ese gato travieso que seguía sin contestar.

-Vamos Gatito, contesta...

Después de timbrar varias veces, saltó el buzón de voz.

-ChatNoir, estoy preocupada por ti, por favor contestame en cuento escuches este mensaje.

Un golpe en el techo, llamó la atención de la guardiana, que inmediatamente guardo el teléfono rojo y dió un empujoncito a Ways que estaba sobre eso escritorio para que se escondiera en la caja de los Miraculous.

Cautelosa, subió la trampilla y salió al techo. Aún así, la repentina aparición de ChatNoir la hizo llevarse las manos a la boca para evitar un grito de susto.

-ChatNoir, que haces aquí?

Preguntó un tanto alarmada, olvidando por un momento que ella misma lo había estado llamando las últimas horas.

- Hola Prrrncess. Disculpa, no pretendí asustarte. Pero necesito tu ayuda en un asunto.

Intrigada Marinette, se acercó al héroe de París y fue entonces que notó que cargaba consigo una enorme caja de cartón.


-Gatito, ¿ahora sí puedes explicarme porque necesito vigilarte mientras estás dentro de esa caja?

- Aún no Princesa, dijo el felino desde dentro de la caja.

Quizás fuera por el cartón que lo rodeaba, pero su voz llegaba hasta Marinette un poco ahogada.

La chica se apresuró a abrir la caja para asegurarse que tenía el aire suficiente, pero se detuvo al escucharlo.

-No, por favor, no abras la caja, pero por favor, sigue hablando.

- Si no puedo abrirla, entonces déjame hacer algo.

Fue a su caja de costura, de la que sacó una perforadora de tela y armada con ella, abrió unos orificios a los lados de la caja, dónde calculaba que podía entrar más aire a la caja de su gatito.

- Muy bien princesa, creo que ahora sí arreglaste este transportador de gatos.

La alegre risa de Chat la hizo reír a ella tambien y olvidar la preocupación que la había afectado toda la tarde.