Un horror helado recorrió el cuerpo de Marinette, se giró rápidamente aunque su mente lo registró como si fuera a cámara lenta.
-Yo yo yoyo... Alya... Adrien?
Vio a su amiga de pie junto al clóset cuya puerta de había abierto para mostrar un inconsciente Adrien Agreste, que yacía bocabajo en en suelo.
-¡¿Te has vuelto loca Marinette?!
Gritó Alya desesperada, sacudiendo a su amiga.
-Pensé que lo habías llevado a su casa.
-¿Adrien? ¡Adrien!
dijo Mari antes de lanzarse sobre el chico desmayado.
-¡Tikki, agua! Rápido Alya, el botiquín esta en la sala, tráelo por favor. Y ustedes- dijo hablándole a los kwamis- ¿vieron a dónde se fue ChatNoir?
Con la toallita mojada que la kwami había traído, limpió la frente del rubio, que emitió un quejido, mientras Alya abría la trampilla y se encaminaba hacia abajo por el botiquín.
Rápidamente, la guardiana puso uno de sus cojines bajo la cabeza de Adrien y pudo ver el chichón que este tenía en la frente. Exactamente en el mismo sitio donde su Gatito se había golpeado.
-¿Ga... Ga... Gatito?
dijo mientras sostenía su rostro entre las manos.
-Prrrincesa... dónde estamos?
-Seguimos en la casa de Marinette, cachorro,
dijo Plagg tranquilamente saliendo de la camisa de Adrien.
-¡Plagg!
le gritó disgustada Tikki.
-¿Qué? Ella ya se dió cuenta, mírala no puede ni cerrar la boca. Y te apuesto mi reserva de camembert a que él lo supo cuando la besó.
Escuchando con los ojos cerrados Adrien se dió cuenta de que algo estaba mal. Porque su kwami no podía hablar cuando estaba transformando.
Entonces abrió los ojos y se vio que había sido descubierto.
