De nuevo el terror congeló el cuerpo entero de Marinette. Intentando no dar señales del pánico que sentía, giro hacia mejor amiga.
-¿Cha... ChatNoir?
-Si, confiesa chica ¿acaso te pusiste de acuerdo con "tu gatito" para traer a Adrien?
-¿ChatNoir trajo a Adrien? -preguntó La guardiana con aspecto desorientado, para inmediatamente rectificar- Si, si, ChatNoir lo trajo porque estaba en la calle y era más rápido dejarlo aquí que llevarlo a su casa.
-¡Ay pobre muchacho! -intervino Sabine, que terminaba de aplicar la medicina china sobre la frente del modelo- ¿Cómo te golpeaste Adrien?
-Yo... salí de casa para venir a ver a mi l... a Mari. Como salí sin pedir permiso, corrí hacia acá, pero tropecé y supongo que me golpeé en el proceso.
Dijo el muchacho, mirando a su Lady a los ojos.
La señora Cheng notó la mirada que ese par compartía, como diciéndose mil cosas y juntó las manos en un gesto de emoción.
Alya, igual de emocionada, tomó una fotografía de ese par mirándose a los ojos.
-Esto debe verlo Nino también.
Agregó cuando vio a su amiga ruborizarse porque Adrien se acercó y tomó su mano para besarla levemente.
Los padres de Marinette les sirvieron una deliciosa cena y le pidieron a Adrien que avisara a Nathaly dónde se encontraba.
Su padre se encontraba lejos de París, ya que se había marchado a Tokio a un evento de moda al medio día. Nadie considero imprescindible avisarle.
Cuando la limosina conducida por su guardaespaldas llegó a la panadería Adrien llevaba una sonrisa en el rostro y una canasta con delicioso pan recién hecho.
Se detuvo en la puerta para despedirse de Mari, diciéndole al oído.
-Nos vemos en un rato milady.
Luego le dió un breve beso en los labios antes de alejarse con su enorme sonrisa.
