Adrien estaba feliz, tenía entre sus brazos a la chica de sus sueños. Y no sólo la abrazaba, sus dulces labios estaban en pleno contacto con los suyos. En un beso que ella había comenzado.

Nada podría mejorar este momento.

Entonces, ella trastabilló durante el beso e iba a una caída segura. Cómo podía su princesa tropezar estando inmóvil era un misterio para él. Uso su agilidad para sujetarla, pero uno de sus pequeños pies le hizo tropezar a él, haciéndolo caer sobre ella.

Afortunadamente ambos cayeron sobre la cama, así que no hubo daño alguno que lamentar.

Las risas de los kwamis los contagiaron y el modelo pudo sentir la risa sacudiendo a su princesa debajo de él.

Esperen un momento.

Volvió a mirarla a los ojos, consiente de la posición en la que se encontraban, él encima de ella tumbados en la cama. El saltó tremendo que dio fue tan rápido que recordó a un gato cayendo al agua.

Ambos se miraron sonrojados, un poco agitados por la risa y la sorpresa y se sonrieron con complicidad.

-¿Quieres salir a la terraza por un poco de aire?

-Claro Gatito, me encantaría.

Tomó su mano y subieron.

-Qui.. quiero decirte Gatito que... yo.. estoy sorprendida. Por... por tu identidad. Pero también quiero decirte que me alegro mucho que seas tú.

Dijo Marinette, sin soltar su mano, mientras de acercaba un poco a ChatNoir que se había recargado en la baranda.

-Adoro escuchar eso princesa, y te aseguro que tu alegría me hace feliz. Me gustaría pedirte algo. Cierra los ojos, por favor.

Ella obedeció, nerviosa porque él soltó su mano.

-Ya puedes abrirlos.

La guardiana vio a ChatNoir arrodillado frente a ella, sosteniendo una hermosa rosa roja.

-Mi Lady, mi princesa. Sé que te gusta alguien más desde hace tiempo, pero este gato te ama con todo su corazón ¿quieres ser mi novia?

Lo jaló hacia ella para abrazarlo, con lágrimas en los ojos. Lo sujetó fuertemente entre sus brazos y lo hizo bajar un poco la cabeza para hablar en su oído.

-Te amo Adrien, mi gatito. El chico que me gusta eres tú. Siempre has sido tú.