CAPITULO 3

El aire dentro de la casa se volvió más pesado con la presencia de Butch. La tensión entre él y Brick era evidente, aunque ninguno de los dos se apresuraba a dar explicaciones. Blossom lo notó de inmediato: Butch no solía ser tan territorial sin razón. Había algo más en juego aquí, algo que no estaba viendo del todo.

—¿Desde cuándo te importa lo que hago, Butch? —preguntó el pelirrojo, con una sonrisa burlona mientras se apoyaba contra el sofá con total desinterés.

Butch apretó la mandíbula. Sus ojos verdes brillaban con un ligero destello de frustración. No respondió de inmediato, y Blossom, que siempre había sido perceptiva, se cruzó de brazos, estudiándolo.

—Solo me sorprende verte por aquí. No es como si te importara Townsville… o la gente que vive aquí. —Butch escupió las palabras con una mezcla de resentimiento y algo más que Blossom no pudo identificar del todo.

Brick rió bajo.

—Oh, ya veo. —Sus ojos rojos se entrecerraron con diversión al captar lo que realmente estaba pasando. Se inclinó un poco hacia adelante, como si estuviera disfrutando cada segundo del malestar del chico—. ¿Te molesta que haya venido a ver a Blossom?

Blossom sintió un escalofrío recorrer su espalda. ¿Verla? ¿Desde cuándo Brick tenía interés en verla?

—No empieces con tus juegos, Brick. —Butch dio un paso adelante, sus músculos tensándose. No parecía simplemente irritado; parecía celoso.

Blossom frunció el ceño.

—Espera… —dijo de repente, girando la cabeza hacia el moreno—. ¿Tú y yo tenemos algo que ver en esto?

Butch desvió la mirada, su mandíbula apretada con fuerza. Blossom lo conocía lo suficiente para saber que estaba tratando de ocultar algo, pero lo que no entendía era por qué.

Brick soltó un suspiro exagerado y se levantó del sofá, caminando lentamente hasta quedar frente a Butch. Era más alto que él, y aunque ambos tenían personalidades intensas, Brick tenía una forma especial de hacer que todos se sintieran incómodos.

—Déjame adivinar. ¿Tienes una especie de interés en Blossom y ahora te molesta que yo esté aquí? —Su sonrisa se ensanchó con burla—. Qué predecible.

Butch se tensó aún más, pero no negó nada. La pelirroja sintió su corazón acelerarse por un momento. ¿Desde cuándo Butch tenía algún sentimiento por ella? Solo eran amigos… No, simplemente era que Brick malentendia la buena amistad que había entre ellos, claramente.

—Tienes una forma muy conveniente de hacerte el importante, Brick. —Butch escupió las palabras con veneno.

—No es que tenga que hacerme el importante. Soy importante. Y tú lo sabes. —Brick sonrió con suficiencia, pero su tono tenía una profundidad más oscura—. Pero lo que más me divierte es verte así. No me digas que te tomaste enserio el jueguito con ella.

La chica sintió un calor subirle a las mejillas. ¿Jueguito?

—Basta, los dos. —dijo ella con tono seco, harta de ser tratada como un simple peón en su intercambio de egos.

Brick la miró por un momento, sus ojos rojos brillando con intensidad.

—¿Qué? ¿No me digas que también tienes un problemita conmigo? —su tono era burlón, pero había algo más en su voz, algo personal.

Blossom sintió un nudo en el estómago. ¿Desde cuándo se habían llevado tan mal?

Pero la verdad era que su relación siempre había sido un desastre.

El pasado entre ellos no era simple.

Cuando sus padres los obligaron a convivir bajo el mismo techo tras el matrimonio del Profesor con la madre del pelirrojo, Blossom y Brick nunca lograron adaptarse a la idea de ser una familia. Desde el primer momento, él hizo todo lo posible por hacerle la vida imposible. Y ella, con su orgullo inquebrantable, no se dejó someter.

Pero había más.

Hubo un momento en el que se acercaron demasiado.

Tal vez por el roce constante, tal vez porque sus personalidades eran demasiado similares en ciertos aspectos. Pero hubo una época en la que las peleas cesaron por un breve período… y lo que las reemplazó fue algo mucho más peligroso.

Un roce de miradas que duraba demasiado.

Un reto lanzado con palabras que contenía algo más que rivalidad.

Una tensión latente, como si ambos supieran que estaban cruzando una línea que nunca debieron cruzar.

Y entonces todo se rompió.

Brick, con su orgullo y arrogancia, se alejó antes de que algo pasara. Y Blossom, con su terquedad y principios, fingió que nada había cambiado.

Pero en algún punto, se habían lastimado mutuamente.

Y ahora estaban aquí, años después, volviendo a repetir la misma historia.

—No me hagas reír, Blossom. —Brick dijo de repente, sacándola de sus pensamientos—. No tienes idea de lo que quieres.

La sangre le hirvió ante su arrogancia.

—¿Y tú sí? —disparó ella.

Brick la miró de una forma que la dejó sin aliento por un segundo. Como si la desafiara a comprobarlo.

Butch, harto de la conversación, se interpuso entre ellos.

—No sé qué demonios estás haciendo aquí, pero no pienso dejar que sigas jugando con ella.

Brick sonrió, disfrutando del espectáculo.

—No soy yo quien está jugando. Pero adelante, sigue creyéndote su protector, a ver cuánto te dura.

Blossom sintió un escalofrío. ¿Qué significaba eso?

Pero no tuvo tiempo de preguntar, porque Brick ya estaba tomando su chaqueta y caminando hacia la puerta.

—Nos vemos luego, hermanita. —dijo con tono burlón, aunque en su mirada había algo más. Algo que la inquietó más de lo que quería admitir.

Cuando la puerta se cerró detrás de él, el moreno se quedó allí, todavía tenso.

Blossom suspiró.

—¿Me vas a decir qué demonios fue todo eso?

Él evitó su mirada, pero finalmente, con voz baja, respondió:

—Solo… no dejes que te arrastre con él otra vez.

La pelirroja sintió su corazón dar un vuelco. Otra vez.

Ahora sabía que con el regreso de Brick todo, por algún motivo, se había complicado de nuevo y que estos días con él merodeando iban a ser una auténtica tortura.

Tal vez.