Capítulo 17: Con el Padre parte 2
-Samael es suficiente… Sal del agua- llamó a su pequeño desde la orilla de la laguna, escucho su quejido antes de que nadara hasta él.
-Pero Padreee- Trato de manipularlo con los ojos como suele ver que hace su hermana, él simplemente sonrió y lo sacó del agua levantándolo por debajo de las axilas. Emitió un suave quejido por el descontento "¿Porque con ella funciona?" se cuestionó entrecerrando los ojos.
-No Samael, es suficiente- hizo aparecer una gran toalla blanca y una nueva túnica 'igual' a la que tiene puesta -Desvístete para poder secarte-
La cara blanca del menor cambió a dorada -¡¿Aquiiiiiiii?!- Miro a todos lados.
-Samael no hay nadie… No puedes quedarte con esa ropa mojada- Habló amablemente a su altura extendiendo la toalla.
El menor apretó los labios molesto pero aún así obedeció, no arruinara por un mal comportamiento este día. Deslizó la túnica por sus hombros hasta el suelo, inmediatamente su Padre lo cubrió con la gran toalla, la frotó en su cabello y cuerpo -Padre, yo puedo secarme-
-¿Estás seguro?... Pero si eres un bebé-
-No soy un bebé- Eso realmente lo ofendió, le mostró siete dedos -Ya tengo ocho décadas-
Su progenitor levantó las cejas de la izquierda -Levantaste siete dedos solamente-
El menor ladeo la cabeza y miró sus manos, contó los dedos en su mente -¡Cierto!- mostró sus ocho dedos con determinación.
-Sigues siendo un bebé Samael- La cara de su pequeño le causó gracia, inflo sus cachetes ofendido y a la vez lo miraba con enojo. Eso le gustaba de los menores, no temían interactuar con él de esa forma y nunca lo reconocerá pero a veces le gusta molestarlos a propósito sutilmente sólo para ver sus divertidas expresiones -Ya, ya- Palmeo su cabeza divertido -Si no te apresuras alguien puede aparecer y verte desnudo-
-¡¿Quééééé?!... ¡Nooo!- rápidamente se secó y estiró los brazos hacia su Padre -¡La ropa!... ¡La ropa!- Él sonrió de forma extraña antes de entregársela, rápidamente se la colocó y se dio cuenta porque sonreía, las mangas erán demasiado largas, frunció el ceño mientras las observaba -Las mangas son muy largas- comentó entrecerrando los ojos, no es precisamente la primera vez que su Padre le hace eso.
-¿Eso crees?- preguntó fingiendo sorpresa acariciando la cabeza de su pequeño, el menor extendió sus brazos y los movió hacia los lados, sobraban casi 20 cm de tela -Son detalles sin importancia mi estrellita brillante- Antes de que su hijo reclame verbalmente, lo levantó y sentó por detrás de su cuello con las piernas colgando en sus hombros, avanzó con él -Tranquilo Samael- Afirmó sus manos -Ya que estamos aquí… ¿Te parece si visitamos a Chispita?-
Eso cambió totalmente su humor y le hizo olvidar las mangas largas -¡Genial!... ¿Podré montarlo nuevamente?... Por favoooooor-
Pensó un momento -De acuerdo, pero no sólo… Aún eres muy pequeño-
-Pero… Ya tengo ocho- Murmuró.
-Samael tener ocho décadas significa que eres pequeño aún- Le explicó con suavidad -Además está es la segunda vez que lo montaras… Tu hermano (Refiriéndose a Miguel) aún no lo monta y es una década mayor, Salael tampoco lo ha hecho- No lo vio pero podía percibir su sonrisa traviesa -Debes prometer que será un secreto, igual que la vez anterior- Le pidió/exigió al pensar brevemente en las consecuencias si sus otros dos hijos menores se enteran.
-No te preocupes Padre, no les diré nada nuevamente- Curvo sus labios, siempre puede pedirle a su hermana que vea lo que hizo en su mente, "Esa es una venganza perfecta por estas mangas" sabe que su hermana es la debilidad de su Padre y no soporta ver su cara de decepción o desaprobación.
Camino con su pequeño sobre sus hombros recorriendo con tranquilidad el bosque, Samael que iba observando todo desde la altura que le proporcionaba su padre vio a lo lejos a su hermana recostada boca abajo entre la hierba con sus pergaminos y lápices, posiblemente dibujando las flores que tiene al frente. Sonrió y tocó con suavidad la cabeza de su progenitor para que le preste atención.
-¿Qué Sucede mi estrellita brillante?-
-Ahí- Apuntó en dirección a la menor -Mi hermana está dibujando- susurro -Podríamos hacer esas criaturas que dibuje- Estaba emocionado -Será una linda sorpresa… ¿No crees?-
Al Padre celestial le encantó la idea -Me parece bien- respondió en voz baja. Bajo con cuidado y delicadeza a su retoño, se agacho hasta su altura, dobló las mangas del menor -Haremos los mismo que con las otras criaturas mi pequeño, pero esta vez haremos muchas más-
-Sí-
-Debes concentrarte y seguirme- su hijo asintió cerrando los ojos para concentrar su magia de creación en las manos, visualizó esas pequeñas criaturas aladas de múltiples colores. Ambos se sincronizaron, la luz que se originó en sus palmas poco a poco se transformó adquiriendo la forma deseada cientos de ellas emergieron con hermosas alas de colores vibrantes. Ambos se miraron satisfechos, realmente eran hermosas, con el suave movimiento de su mano el gran creador les ordenó volar hasta su pequeña.
Salael estaba dibujando las flores que tenía al frente, una pequeña y hermosa criatura alada que no había visto nunca se posó en ella -¿Y tú?... ¿Eres nueva?- sus ojos brillaron de emoción, dejó su pergamino y lápices de lado. Estiró su pequeño dedo, la pequeña criatura voló y se posó en el -¡Eres hermosa!- sonrió mientras la observaba más de cerca. Muchas más volaron a su alrededor -Wooooo- Se levantó.
-¡¿Te gustan?!-
Ella dio un pequeño grito, con el corazón a mil -Samy… No hagas eso- con la mano en su pecho comenzó a regular su respiración.
-Lo siento- Se disculpó con premura -No deseaba asustarte- La abrazó con ternura.
Ella correspondió al abrazo -Ohh… esta bien hermano, beso su mejilla-
Sonrió -¿Te gustan? las idée para ti hermana-
-¿De verdad?- ahora volaban alrededor de ambos.
-Si… te vimos aquí así que aprovechamos de hacerlas con Padre- Apuntó detrás de ella.
Ella se giró, al verlo sonrió nerviosa -¡Hola Padre!-
-Hola mi pequeña estrellita- Bajo a su altura y la brazo.
-Estas criaturas son muy lindas… Gracias a los dos-
-No solo son lindas hermanita- tomó su mano -Ellas también polinizan las flores-
-¡Eso es genial Samy!- Ambos se sonrieron.
-Por cierto Salael- su tono era más serio, ella se tenso un poco y lo miró algo nerviosa -No deberías estar aquí sola y lo sabes-
-Je je- La habían descubierto, mala casualidad. Desde el incidente con los hongos, cuando les permitieron volver a salir del castillo a ella y a su hermano Samael les asignaron un guardia para recorrer el reino celestial a pesar de que ahora está cercado. Si no salían con alguno de sus hermanos mayores, debían salir con el guardia.
-Salael… ¿Dónde está tu guardia?- Silencio -¿Tú hermano sabe que estás aquí?- otro silencio, la vio jugar con sus manitas, suspiro con cansancio. Se sentó en la hierba -Vengan los dos- ambos se acercaron tímidamente, sentó a cada uno en una pierna distinta -Esto es para ambos… No deben salir solos-
-Pero Padre…- la menor trató de rebatir.
-No Salael… no es negociable… Sé que ambos se escabullen de sus guardias cada vez que pueden y no debe volver a ocurrir- escucho un quejido de ambos- Es por la seguridad de ambos-
-Pero Padre… No es justo… Sólo nosotros tenemos guardias- Reclamo Samael.
-Así es… Mike es libre de movilizarse sin uno-
-No se supone que ahora con esas rejas y escudos es un lugar seguro… ¿Por qué debemos tener guardias?- Ambos hablaron a la vez y lo miraron fijamente.
Masajeo sus sienes -Ya hemos tenido esta conversación- Suspiro con cansancio -Saben que Ro fue quien puso esos hongos y quería llegar hasta ustedes- ellos arrugaron la frente -No me arriesgare a que los dañe o se lo lleve- acarició sus mejillas -Desde que Miguel se enteró del incidente ha crecido mucho más y se ha fortalecido, ahora es tan alto como Rafael y mucho más fuerte que Camael, sólo sus tres hermanos mayores por el momento lo superan… y… a diferencia de ustedes, él no recorre el reino, va directo a los cuarteles o a terminar sus lecciones-
-Peroooo…- Trataron de decir ambos, su Padre levantó su mano.
-Hay dos opciones… Salen con el guardia que se les asignó o con alguno de sus hermanos… O… Les prohíbo salir del castillo… ¿Que eligen-
Ambos se miraron, la respuesta era obvia -Salir acompañados-
Los acercó más a él -Ya que esa es su decisión… El siguiente que desobedezca será castigado, por una semana no podrá salir… Hablo en serio- Antes de que reclamen los abrazo -No puedo permitir que les pase algo… son mis pequeñas estrellitas… no podría soportarlo-
Ciertamente no comprenden porque les pasaría algo, sinceramente creían que tanto su Padre como hermanos exageran, pero qué alternativas tienen -No volverá a ocurrir- Prometieron ambos.
-Eso espero… Salael- Ella se tensó -La siguiente vez, ya sabes, estarás castigada una semana-
-Sí Padre- Sonrió nerviosa, se salvó -Por cierto… ¿Qué hacen aquí?-
-¡Padre prometió que hoy montaré a Chispita!- Levantó sus brazos emocionado, sintió la mirada de él en su nuca, había dicho sin intención lo que no debía -¡Oh!- sonrió nervioso -Lo siento-
Fue como un puñal esa traición, trago saliva y observó a su pequeña esperando algún reclamo o una expresión acusadora, antes de que ella reaccione prefirió agregar -Fue una idea improvisada… Ya que estás aquí deberías acompañarnos-
Ella sonrió con sus ojitos brillantes de emoción -¡Me encantaría!- Lo abrazo -Gracias papá- eso lo derritió.
-De nada mi pequeña- Los abrazo a ambos y los elevó, uno en cada brazo ya que aún son lo suficientemente pequeños para ser llevados así.
'Chispita' es un pegaso plateado, nombrado así por su hijo Azrael hace miles de años cuando era un niño al ser su favorito. Al llegar al sector de los pegasos lo llamó con un silbido, voló hasta ellos dócilmente.
-¡Chispita!- Ambos corrieron para acariciarlo.
-Tengan cuidado- les advirtió, si bien es el más dócil, sigue siendo una criatura no domesticada y libre -Quédense atrás mientras lo preparo-
Ambos obedecieron, cuando les dio la espalda, Samael le indicó a su hermana que acerque su oído con una sonrisa traviesa -Después podemos jactarnos de esto frente a Mike- Le susurro, eso la hizo sonreír de la misma forma antes de asentir.
-Samy-
-¿Eh?-
-¿Por qué tus mangas son tan largas?- preguntó tomando una de ellas confundida.
Su hermano infló los cachetes con el ceño fruncido en dirección al culpable.
-Bien mis pequeños está todo listo… ¿Eh?- La mirada de ambos lo desconcertó -¿Qué sucede?- Su pequeña colocó sus manos en la cadera con el ceño fruncido y una postura de indignación, dio unos pasos adelante, eso no era buena señal.
-Padre- Su tierna y suave voz estaba mezclada con enfado, Samael sonrió con satisfacción detrás de ella -¿Por qué mi hermano tiene las mangas de su túnica tan largas?-
Doble traición de parte de su estrellita brillante -Yo… fue un… eh… error mi pequeña estrellita- sonrió nervioso.
-Arreglalo Padre… No puedes dejarlo así- le exigió con los brazos cruzados.
Trago saliva -Por supuesto… por supuesto- Se acercó a su hijo y en segundos las dejó del largo adecuado -Listo-
-¡Gracias Padre!- Sonrió burlesco, su hermana inmediatamente lo abrazó.
-De nada- se agachó resignado y los tomó a ambos en sus brazos -Bien mis pequeños… esto haremos- Camino con ellos hasta Chispita -Samael tu te sentaras al frente, luego Salael y yo al final- Ambos asintieron -Yo dirigiré las riendas, ustedes observarán y cuando estemos en un lugar seguro permitiré que ustedes lo hagan por turnos-
Ambos estaban muy emocionados -¡Sí Padre!-
Se sentaron como les indicó, el padre celestial tomó las riendas procurando afirmar bien a sus pequeños, el pegaso galopo unos metros antes de expandir sus brillantes alas y volar.
A pesar de que ambos ya pueden volar hasta ciertos lugares sin supervisión, estaban asombrados, lo podía ver en sus ojos. Sonrió satisfecho, abrió un portal y cruzaron para llegar al vasto universo.
-Woooooo- Emitieron ambos admirando las estrellas.
Samael giró su cabeza hasta él -Gracias por traernos Padre… Esto es hermoso- Finalizó con una sonrisa y brillando suavemente.
-De nada mi pequeño- Tomo sus manos y las dejo en las riendas -Samael nos llevarás tú- Su pequeño asintió.
No era tan fácil como lo hacía ver su Padre, pero en pocos minutos se acostumbró. Guió al pegaso hasta el conjunto de unas estrellas y ahí estaba, una nebulosa de colores azules y verdes -Hermoso- susurró, sintió que su hermana asiente y se aferraba más a él. Se detuvo a una distancia prudente para admirarla.
Ambos estaban maravillados, sin hablar, casi no parpadeaban.
"Es cierto… hace unos meses ambos se escaparon para ver una" pensó el creador mientras los observaba, sinceramente a él no le asombraba en lo absoluto pero permanecieron ahí hasta que sintió el peso frío de su pequeña despreocupado sobre él, se había dormido y no sólo ella. Ambos se habían dormido con una sonrisa en sus rostros. Sonrió.
Abrió un portal directo al sector de los pegasos, ya era de noche, en el espacio el tiempo transcurre distinto, no era de extrañar que se hubiesen dormido. Bajo con ambos dormidos en sus brazos, liberó a Chispita y los llevó a ambos de regreso al castillo. Los dejó en su cama y con un chasquido cambió sus túnicas por pijamas -Buenas noches mis dulces estrellitas- beso sus frentes y los dejó dormir en su habitación.
