Rook
Sentada en la silla, con Harding y Neve delante, Rook pensó que era un momento extraño en su vida que recordaría probablemente incluso de anciana. Sobre todo, porque si apartaba la mirada hacia un lado, la Inquisidora estaba de pie al lado de las estanterías, leyendo concentrada uno de los libros que había sacado de ellas, expectante de la información que podría obtener de Solas a través de ellos, casi como si fuese una sustancia adictiva para ella.
Si hace un año le hubieran dicho que iba a conocer a una de las personas más importantes de todo Thedas, por no decir la más importante, quizás y solo quizás se hubiera reído en su cara. A carcajadas. Y enseñándole el dedo de en medio.
Ahora, ya no le hacía tanta gracia. ¿Que sería lo próximo, conocer al Demonio de Vyrantium? se preguntó, con una sonrisa ladeada.
Ya claro. Y ella era la mismísima Mythal en persona. Ja.
Delante suya, Neve soltó un suspiro grave, mientras se acomodaba en el sillón que había alrededor de la mesa y alcanzaba el té que había preparado antes, tras encontrar la cocina.
—Hemos conseguido detener el ritual —comentó, casi más para sí misma que para los demás, mientras movía el líquido de la taza.
Harding miró a la Inquisidora por un momento con el ceño fruncido, como si algo le molestase, pero asintió y se giró hacia ellas, atenta a sus palabras.
—Pero Varric pagó el precio— dijo, su cabeza agachándose por la tristeza. Rook apretó sus manos, que había entrelazado, pero negó hacia la enana.
—Oye. Varric conocía los riesgos, al igual que todos nosotros. Decidió hablar con Solas, y pasó lo que pasó. No es culpa de nadie —la tranquilizó Rook, aunque en su interior seguía culpándose a sí misma.
Torció el gesto, intentando quitarse esos pensamientos de encima. No era tiempo para autocompadecerse. El equipo la necesitaba al cien por cien y ella no iba a dar menos de eso. Además, con Varric fuera de juego, (tanto que ni tan siquiera podía acudir a estas reuniones), alguien tenía que asumir el mandato. Y Rook empezaba a sospechar que le tocaba a ella.
—Aun así, ahora Solas no está y nosotras sí estamos aquí, en este extraño lugar—siguió la enana, señalando a su alrededor.
—El Faro —susurró Lavellan, mientras pasaba una página. El astrolabio parpadeó por un momento, como si reconociese su propio nombre.
Quizás este sitio estaba vivo, de alguna manera. Y no la extrañaría para nada, se dijo la pelirrosa, con curiosidad.
—Cierto, Solas lo llamó así— asintió Rook, pensativa, intentando detectar algo de magia en la estancia tras ese pensamiento tan curioso. Neve alzó las cejas ante sus palabras, mientras tomaba un sorbo del té que sostenía en las manos.
—¿Ah sí? ¿Cuándo? —preguntó, sospechosa. Rook frunció el ceño, aun mirando el astrolabio, que giraba, lentamente.
Es verdad. Aún no les había dicho nada de su encuentro con Solas. Y con Lavellan, aunque ella no lo supiese en ese momento.
—Tuve…un sueño con Solas—empezó, sus amigas abriendo los ojos de la sorpresa al escucharla. Rook volvió a apretar sus manos entrelazadas, agachando la vista—. Invadió mis sueños cuando estaba K.O., solo para quejarse de que habíamos arruinado su ritual —soltó una risa, algo divertida—. Elfo pretencioso.
—Debes tener cuidado, Rook. Solas puede matar a la gente en los sueños. Es un mago Soñador. Casi que has tenido suerte de pillarlo de buenas —Harding la amedrentó, preocupada.
Lavellan hizo un gesto con la cabeza, girándola levemente hacia Harding. Rook lo tomó como que era cierto.
—No hay que preocuparse. Fue porque sangré un poco en donde se realizó el ritual y, con eso, me conectó a él— hizo un gesto con la mano, moviéndola de un lado a otro—. Aun así, parece que está encerrado en esa especie de prisión. No puede hacerme daño.
—Como no, un mago usando magia de sangre para controlar tu mente —comentó con burla Neve, demostrando una vez más su enemistad hacia los venatori.
—Salvo que no es un mago, Neve, sino que es un Dios élfico —la corrigió Harding, frunciendo el ceño a su lado.
—Organizar un ritual no te convierte en Dios— la contradijo a su vez Neve, cruzándose de brazos y pasando una pierna por encima de la otra, mientras la movía en el aire, inconscientemente.
— ¿Y convertir a los demás en piedra te parece ya motivo suficiente para elevarlo de categoría, o aún se queda algo corto? — le discutió a su vez Lavellan, defendiendo a la enana y apartando por un momento su mirada del libro para clavarla en Neve con seriedad. La detective le sostuvo la mirada, pero no pudo evitar tragar saliva, lentamente.
Rook apoyó su barbilla en una de sus manos, mirando el intercambio de palabras entre ellas. Desde luego, la Inquisidora era experta en la intimidación. Y no dudaba en ejercer ese don, si hacía falta.
—Sea lo que sea, — interrumpió Rook dedicándoles una mirada severa a las dos, callándolas—, en términos de poder, bien podría ser un Dios contra nosotros. Por mucho que queramos ponernos a su nivel, va a ser un poco difícil, teniendo en cuenta la delantera de años que nos lleva.
Harding apretó la taza que tenía entre las manos ante ese dato tan aterrador, pero inspiró, sacando una valentía de dentro suya, que hizo sonreír a Rook.
—Bueno, pero igualmente, hemos detenido el ritual. Estamos a salvo ¿no? —preguntó, mirando a todas por igual. Rook se echó hacia detrás, apoyando la espada en el respaldar de la silla.
—No, por desgracia. Según Solas, tenía atrapadas a dos entidades élficas que se han escapado al fastidiar el ritual. Y amistosas precisamente no son —les informó, viendo como el gesto de la detective y de la enana se torcían con algo de miedo. Neve se puso pálida por momentos, pero habló con un susurro bajo.
—Entonces, esas dos presencias que vimos…
—Elgar'nan y Ghilan' nain. — Lavellan soltó la bomba, como quién no quiere la cosa, con un dulce acento élfico que contrastaba con la gravedad de la noticia. Rook le dedicó una mala mirada, mientras se tapaba el rostro con la mano, suspirando.
¿Y esta elfa era la que se encargaba de una institución tan grande?
—Exactamente —dijo entre dientes Rook, mientras se frotaba el rostro, cansada—. Dos entidades élficas y muy cabreadas, contra los que Fen'Harel se rebeló hace milenios—soltó otro suspiro—. Me inclino a pensar que son peores que Solas incluso, por muy mal que nos caiga ahora mismo.
Lavellan la observó en silencio durante unos segundos. Su pelo cayó, tapándole parte del rostro, dejando solo uno de eso ojos misteriosos a la vista.
—Ya te informo yo con seguridad: son peligrosos. Muy peligrosos—se apartó el pelo de la cara, colocándoselo detrás de la oreja. Pasó otra página del libro, con aspecto despreocupado, pero con seriedad en su rostro, mientras volvía a desviar la vista a las páginas, moviendo rápidamente las pupilas mientras leía. Rook se inclinó hacia delante, apoyando una mano en la mesa central ante esa información que había dicho Lavellan y que ya medio se había sospechado, tras la reacción de Solas en su sueño.
El Lobo Terrible sabía actuar, desde luego, pero el miedo se había asomado en su mirada varias veces, mientras le había hablado. Y Rook había tomado nota minuciosamente de ese hecho.
—Entonces, ellos son nuestros próximos objetivos. Al final, es culpa nuestra que se hayan escapado— Rook les informó, haciendo un gesto de x con el dedo, dando énfasis a sus palabras.
—Tenemos que enfrentarlos cuanto antes— Harding se incorporó, alterada, pero en acuerdo con ella—. Sobre todo antes de que puedan hacer más daño a nadie.
—Sin saber ni siquiera cómo son, eso es un suicidio— le discutió Neve. Entonces, emitió un gruñido de dolor, agarrándose la cabeza. Rook no pudo evitar la preocupación que se alzó en su pecho ante el dolor de la detective, pero decidió no mencionar nada de momento, volviendo al punto principal.
—En esto estoy de acuerdo con Neve—asintió hacia la maga, en acuerdo—. Debemos investigar primero cómo combatirlos, mínimo. Al final, son dioses. No podemos enfrentarlos sin un plan.
—¿Y qué hacemos entonces? ¿Nos quedamos de brazos cruzados? — le rebatió Harding, preocupada. Rook negó con un dedo, volviendo a apoyarse en el respaldar de la silla.
—Claro que no. Vamos a volver a los bosques de Arlathan. Allí empezó el ritual y quizás, allí averigüemos algo de provecho. Algo que puede que hayamos dejado atrás, sin darnos cuenta.
Lavellan cerró el libro con un golpe ruidoso, de repente. Lo colocó en la estantería de nuevo y se dirigió a la enfermería, no sin antes mirarla con una mirada decidida.
—Voy a cambiarme para prepararme para irnos —murmuró, asintiendo hacia Rook.
Entonces, desapareció por las escaleras en silencio, como una sombra. Quiénes se quedaron en la mesa se miraron, mutuamente, intentando averiguar si algo había molestado a la Inquisidora. Viendo que no se les ocurría nada, Neve señaló hacia las escaleras que bajaban.
—Por ahí podemos ir al Eluvian porque el que vinimos. Quizás nos devuelva al bosque.
Se levantaron, dispuestas a buscar las respuestas donde hicieran falta.
