ATRIBUCIONES


Ella atribuía su desmayo al estrés más que al golpe, su mente se había agobiado demasiado al pensar en cómo lidiar con la situación que simplemente tomó la decisión de apagarse por algunos minutos o incluso horas; aún no había hecho el intento de averiguarlo, lo único que sabía es que se encontraba nuevamente en la cama y tenía una especie de venda en la cabeza.

Se apoyó en sus manos para sentarse y arrastrar su cuerpo hacía la parte superior de la cama, su cabello suelto se deslizó por sus hombros, era de su habitual rubio platinado; eso significaba que no traía consigo el amuleto, parpadeó un par de veces intentando acostumbrarse a su entorno y despertar por completo. La luz de la habitación estaba encendida, pero parecía ser temprano aún, su mirada se enfocó nuevamente en el mechón de cabello que aún descansaba sobre su hombro derecho y se percató de su piel expuesta, bajó la mirada rápidamente hacia su torso y fue cuando cayó en cuenta de que tan sólo se encontraba vistiendo el fondo, pero no había rastro de su vestido.

Con lentitud llevó sus manos a su pecho, mientras trataba de no pensar en cómo es que había terminado en ropa interior ni en quien era el responsable de aquello, afortunadamente, sus peligrosos pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Hans; se escuchó algo lejana, quizá provenía desde la puerta principal de los aposentos.

—¡He dicho que ella está descansando! — exclamó el pelirrojo.

La puerta principal fue azotada con fuerza sobresaltándola, los sonidos que siguieron fueron los de diferentes voces hablando al mismo tiempo; lo cual en conjunto sólo se oían como un montón de balbuceos, también le pareció escuchar al menos algo o a alguien golpeando la pared, seguido de varios pasos que parecían dirigirse de manera apresurada hasta dónde ella estaba, a penas tuvo tiempo suficiente para jalar de las sábanas para cubrirse para cuando la puerta se abrió de golpe, lo que la hizo soltar un gritillo debido a la impresión.

— ¡Oh! — exclamó Zackary desviando su mirada tan pronto cómo se dió cuenta de la vestimenta de la Reina — ¡Lo-lo lamento, no pretendía…! — balbuceó el Príncipe avergonzado.

—¿Cómo se te ocurre entrar así? — le reprendió Emmerich a sus espaldas.

—¡Los dos, fuera! — Gritó Hans intentando jalarlos a ambos para sacarlos de la recámara, el Senador por su parte no opuso resistencia y se apartó por cuenta propia, mientras que Zackary permaneció firme en su lugar.

—Y-yo…nos-otros — siguió intentando hablar, pero seguía sin ser capaz de formular una oración completa — de verdad, no era nuestra in-intención ve-verla así — aquello sin duda fue un lamentable intento de disculpa — solamente queriamos asegurarnos de que usted se encontrara bien.

—Agradezco su preocupación, creo que solo fue un golpe sin importancia — dijo ella sin dejar de aferrarse a las sábanas — Estoy bien — aseguró.

—Bueno, ya consiguieron lo que querían, ahora deberían irse de inmediato — insistió con firmeza — como dije, ella necesita descansar — les miró con enojo — Al menos esto servirá para que todos dejen de lado esa tonta idea de que ella está detrás de todos estos ataques — dijo el pelirrojo sintiéndose cansado de la situación.

—Sí…— el castaño utilizó un tono de voz que denotaba que algo malo estaba ocurriendo — …sobre eso…

— ¿Qué ocurre? — preguntó la mujer.

—Quizá no sea conveniente preocuparla con ese tema por el momento — intervino Emmerich con una mirada de advertencia hacia su amigo — Ya escuchaste al Príncipe Hans, es importante que la Reina descanse, después de todo, un golpe en la cabeza no es algo sin cuidado.

—Príncipe Zackary — dijo la rubia dirigiéndose al mencionado — ¿Pasó algo que yo necesite saber?

—Elsa, estoy seguro de que sea lo que sea, puede esperar — habló Hans antes de entrar por completo a la habitación y acercarse a la cama.

Elsa enfocó su mirada en los otros dos hombres presentes y pudo notar que se encontraban algo incómodos al ser testigos de una escena que se prestaba para más de un mal entendido, aunque claro, a Hans no parecía importarle que ese par creyera que ambos mantenían algo más que una amistad.

—Preferiría que salieran de mi habitación si no es mucha molestia — pidió — todos ustedes — dejó en claro que tampoco quería que Hans permaneciera allí —. No sé qué es lo que está ocurriendo y estaré encantada de escuchar lo que cualquiera de ustedes quiera decirme, pero no será aquí ni en este preciso instante.

—Els…

—Salgan de aquí — repitió con más firmeza en su voz, impidiendo que Hans terminase la oración — solo denme un par de minutos y tendremos una conversación en la oficina; un lugar más adecuado ¿No les parece? — ninguno de los tres hombres insistió, aunque por la mirada de Hans era evidente que él no deseaba apartarse de ella.

Una vez sola, hizo a un lado las sábanas y con ayuda de sus poderes creó un elegante vestido, ya que a pesar de que se había abstenido de hacer uso de su magia durante todo ese tiempo, creía poco importante seguir actuando como si estos simplemente hubiesen desaparecido. Se acercó al tocador para cepillar su cabello y recogerlo en una coleta (algo poco habitual en ella), se aseguró de ponerse al menos un poco de labial para evitar tener un aspecto descuidado y se tomó un tiempo para respirar antes de afrontar la realidad que aguardaba por ella fuera de aquella recámara.


Mientras tanto en la oficina, Ostein era incapaz de ignorar la mucha tensión que invadía el ambiente, el Príncipe Hans permanecía de pie con la mirada fija en el Príncipe de Wyvernhold, se le notaba molesto por el atrevimiento del castaño al haber irrumpido en la habitación de Elsa. El Príncipe Zackary por su parte estaba sentado en el sofá de manera despreocupada.

En el caso del Senador de Hyrule, él también se encontraba sentado en el sofá junto a su amigo, al igual que Hans; el señor Neumann estaba demasiado tenso, y a su vez, también miraba con reproche a su amigo.

Lo que hacía la situación aún más incómoda era el hecho de que nadie hablaba o emitía sonido alguno, Ostein tan sólo deseaba que Elsa apareciera pronto para que aquello terminase lo antes posible.

—Estoy seguro que las intenciones del Príncipe Zackary no eran incomodar a la Reina Elsa — dijo Emmerich —, de ninguno de los dos, ciertamente. — agregó — Es sólo que él estuvo con ella esta mañana, justo antes de que ocurriera el ataque y se preocupó muchísimo por ella, intenté que fuera lo más paciente posible, pero en de verdad quería saber si ella se encontraba sana y salva.

—A-así es — dijo el otro — Sé que fui muy imprudente al entrar de esa manera y no debí hacerlo, pero necesitaba estar seguro de que no le había ocurrido nada malo.

— Ella pudo haber muerto — decirlo en voz alta lo volvió algo más real y aterrador — Ni siquiera ha tenido tiempo para asimilar lo que ocurrió y ustedes dos se aparecen aquí para agobiarla con malas noticias, porque supongo que lo que piensan decirle no es precisamente algo bueno — la mirada del pelirrojo se posó nuevamente sobre el castaño.

Antes de que la situación se tornara "fea", Elsa ingresó a la oficina, fue entonces que Ostein sintió que podía respirar, ya que no había manera en que la rubia fuese a permitir que aquellos sujetos iniciaran un escándalo que la comprometiera aún más.

—Caballeros — saludó la Reina antes de tomar asiento en una silla que Ostein acababa de acercarle. Analizó un poco el panorama, intentando identificar algún indicio de algún problema o desacuerdo, para finalmente mirar a su asistente, sabiendo que Ostein no perdería la oportunidad para hacerle saber si algo estaba ocurriendo o no. — Antes que nada, les agradezco nuevamente que se preocupen por mi bienestar, y que hayan venido para asegurarse de que yo esté bien — quizá era extraño que aún estaba dirigiendo su vista hacia el jóven.

Ostein hizo algunas cuantas señas que trataban de comunicarle que en efecto, existía alguna clase de descontento entre Hans y los otros dos.

—En cuanto me enteré de este nuevo ataque y Zackary me comentó que usted se encontraba en el lugar, me preocupé por usted. — habló Emmerich — Créame que ambos lo hicimos, usted resultó herida y entiendo completamente que necesite recuperarse, intenté que Zackary fuera más paciente, pero es algo…testarudo.

—¡Hey! — se quejó su amigo.

—¿Hubo más heridos? — preguntó ella, temiendo que este altercado hubiese cobrado alguna víctima.

—Ninguno que lamentar — respondió el Senador — lo cierto es que los pocos afectados sufrieron heridas superficiales y sin importancia.

—Había muchas personas en los jardínes — comentó ella, era cierto y le era difícil de creer que aquello fuera cierto, le preocupaba que todos ellos hubiesen acordado mentirle para no agobiarla — ¿De verdad…nadie…?

—Elsa, creo que tu fuiste la única persona que quedó inconsciente — le hizo saber el pelirrojo — los demás si acaso tendrán un par de moretones, pero lo único que sufrió daños graves fue el jardín.

—Supongo que esas son buenas noticias — aunque no pudo evitar entristecerse debido a que jamás tuvo tiempo de recorrer por completo el ahora destruido lugar —, pero tenía la impresión de que lo que tenían que decirme se trataba de algo terrible.

—Bueno Elsa, tal parece que no es así — era obvio que el sureño quería deshacerse de Zack y Emmerich inmediatamente — pero como dije, al menos ahora que tu resultaste afectada, dejarán de señalarte como la responsable de los ataques y quizá podrías dejar Berlín sin problemas.

—Justo sobre eso es de lo que tal vez deberíamos hablar — allí estaba de nuevo aquel tono de voz que Zackary había utilizado hacía un momento —. Escuché a varias personas diciendo que estaban casi seguros que ustedes dos fueron los responsables de este último ataque y seguramente de los dos anteriores también.

— ¡¿Qué?! — exclamó Hans furioso — Deben estar mintiendo, seguramente ustedes dos están inventando todo esto, ¿Quién nos asegura que ustedes no son los responsables?

—No comprendo el porque creerían que nosotros mismos nos pusimos en peligro — habló ella — Si nosotros hubiéramos sabido que una bomba estallaría en los jardínes, lo lógico hubiese sido que estuviéramos alejados de allí.

—Algunos creen que el Príncipe Hans sabía que la bomba estallaría en el lugar y en ese momento, por eso estaba tan alterado y desesperado de sacarla de allí — explicó Emmerich —. Sé que hay muchos rumores acerca de la…relación — pronunció dudoso al no estar seguro sobre si era la manera correcta de traer a colación — que existe entre ustedes, pero dejando de lado toda la clase de tonterías que se dicen, hay algo que es cierto, los dos tienen un hijo — dijo — y es claro que ninguno de ustedes permitiría que algo malo le ocurriera al otro.

— ¿Y por qué yo atacaría a la república? — preguntó Hans — ¿Qué podría obtener yo de eso?

—No lo sé, pero también está claro que las personas están demasiado alteradas como para pensar con claridad, tan sólo esperan poder terminar con esto pronto y no sé si estarán dispuestos a permanecer tranquilos esperando a que una investigación que aún no da ningún resultados concluya — respondió el pelinegro — quieren hacer pagar a alguien, y están a punto de intentar hacer justicia por mano propia si las autoridades correspondientes no atrapan al culpable en los próximos días.

—Si acaso han encontrado alguna pista sobre quién podría ser el culpable, es información sumamente confidencial que no se nos ha revelado — dijo Elsa — pero en general, lo único que tienen contra de cualquiera de nosotros son solo rumores.

—La cosa con los rumores es que son ciertos hasta que se demuestre lo contrario — la inoportuna intervención de Ostein no fue del agrado de la Reina — ¡Sabe que tengo razón!

—Buscarán cualquier razón que les sea suficiente para justificar el porqué alguien atentaría en contra de la república y por el momento el hecho de que Las Islas del Sur no se hayan aliado a la república les parece motivo suficiente para señalarlo a usted como el culpable — dijo Zackary.

—Quizá Las Islas del Sur no sean parte de la república, pero tampoco han mostrado alguna clase de apoyo hacia los Separatistas — mencionó el pelirrojo irritado.

—Eso no les será suficiente para dejar de lado sus sospechas. —aseguró Emmerich — A estas alturas, para la mayoría si no apoyas activamente a la República, estas en su contra.

—Eso es ridículo — se cruzó de brazos — ¡Toda esta situación es ridícula!

—Créame, también me parece que todos están siendo irracionales al señalarlos a ustedes como los culpables — Zackary hizo unos cuantos movimientos con sus manos que parecieron no comunicar nada en concreto —tan sólo tuvieron la mala fortuna de estar allí en el momento menos indicado.

—Quizá no fue un accidente o alguna simple coincidencia — el comentario de Elsa sorprendió a todos; incluso a ella misma en cierta manera, puesto que pensó que simplemente había murmurado y no esperaba que todos lograsen escucharla — Sé que no sabemos con certeza las intenciones detrás de estos ataques, pero tal parece que el responsable intenta hacerme ver culpable de una manera u otra, y es posible que esa bomba fuese colocada allí desde un principio y tan sólo esperaban que yo estuviera allí para activarla.

—Es una buena teoría, pero seguimos sin tener una idea del por qué — Zackary juntó las palmas de sus manos y las llevó a la altura de su boca — Es decir, si la idea fuera deshacerse de la Reina de las Nieves, ¿Por qué no asesinarla durante este último ataque?

Elsa bajó ligeramente la mirada y frunció el ceño intentando imaginar que pudiera traer entre manos la persona detrás de todos esos ataques. Todo le parecía tan confuso y no comprendía el fin de todo eso.

—Usualmente los separatistas han sido más directos, creo que en todas las ocasiones en que nos hemos enfrentado a ellos han dejado muy en claro cuáles eran sus planes, sin embargo esta vez, todo se siente como un gran enigma — la rubia le daba varias vueltas en su mente a todo lo que había pasado desde su llegada a Alemania, intentando identificar algo que hubiese pasado por alto — Y es extraño que alguien esté haciendo todo esto sin ser descubierto.

—Tomando en cuenta que en el pasado han fracasado varias veces al combatir a la República, no es extraño que los Separatistas opten por un nuevo modus operandi — señaló Emmerich — y si en efecto uno de los aliados a la república es un espía separatista, eso le daría completa libertad para recorrer este lugar sin levantar sospechas.

La explicación del señor Neumann no pareció ser suficiente para ella, lo cierto es que para Elsa resultaba muy extraño. La seguridad en efecto había sido aumentada y era más estricta en comparación a la primera ocasión en que estuvo en Berlín, desde su llegada había sido testigo de cómo los guardias se aseguraron de que todos los que ingresaban al edificio no trajeran consigo algo que atentara la seguridad de todos, sin mencionar que desde el ataque en el muelle se dió la órden de mejorar aún más la seguridad.

A la Reina de pronto le cruzó por la mente la idea de que quizá la persona detrás de todo, era alguien con mucho poder dentro del Senado de la República, algo que le pareció sumamente aterrador y en caso de que ella estuviera en lo correcto, era demasiado arriesgado comunicarle esa teoría a alguien más, si esa persona conocía ese lugar a la perfección, era posible que al igual que en su castillo en Arendelle; el edificio tuviese corredores secretos que sólo unos cuantos conocían, era posible que los estuvieran vigilando y escuchando en ese momento.

—Yo…no me estoy sintiendo bien — dijo de pronto, provocando que Hans se preocupara y se acercara a ella para revisar que su herida no estuviese sangrando nuevamente — Gracias por venir a informarnos de lo que estaba ocurriendo, pero creo que es mejor que se vayan.

—Ya la escucharon — Hans miró con reproche a Emmerich y Zackary — ella necesita descansar y no es momento para que ustedes la preocupen con todo esto — afortunadamente, los dos hombres no se opusieron ni demoraron mucho tiempo en ponerse de pie para después disculparse nuevamente por molestarla y desearle que se recuperara pronto, para luego salir del lugar.

Por su parte el pelirrojo empezó a palpar el rostro de la mujer para verificar que no tuviera fiebre, mientras le preguntaba si le dolía algo.

—Si te duele mucho la cabeza, el médico te recetó un medicamento en caso de que…

—No hace falta — lo interrumpió — lo cierto es que quería que se fueran — admitió, provocando que el pelirrojo soltara una pequeña carcajada — ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? — preguntó.

—Casi un par de horas — respondió Hans — ¿Segura que te sientes bien? ¿No quieres que Ostein te consiga un té al menos? — ella aceptó la oferta, sabiendo que ese hombre no dejaría de insistir.

Con un movimiento de cabeza, el Príncipe le pidió al muchacho que fuera a pedir que le prepararan un té a Elsa, y claro, ahora estaba aún más preocupado por la seguridad de Elsa así que creía necesario que alguien de su completa confianza supervisara la preparación de la bebida y la trajera personalmente; Ostein creía lo mismo.

— ¿Quieres que te lleve a tu recámara o prefieres hacerlo tú misma? — preguntó el pelirrojo.

—Estoy bien, no es necesario que me lleves en brazos o algo por el estilo — se levantó para dejar en claro que no requería de su ayuda — ¿Hablaste con Andy? — quiso saber.

—No — ella suspiró aliviada — lo cierto es que estaba por hacerlo cuando esos dos aparecieron.

—Bien, quisiera que no le dijéramos nada sobre esto — soltó la rubia, provocando que él la mirase con confusión y desacuerdo — confía en mí — la rubia lo tomó de las manos — tengo un presentimiento, así que preferiría dejar a Andy fuera de esto por el momento.

—Sabes que confío plenamente en ti y haría cualquier cosa que tu me pidieras — Hans apretó ligeramente sus manos — pero Elsa, lo que estás diciendo es…

—Sé que Andy no merece que le oculte esta información, y comprendo que tu pienses que estoy actuando como una loca al pedirte esto — volvió a hablar ella —, pero…por favor — pidió — no creo que sea prudente hablar sobre esto — miró a su alrededor como una paranoica — y sé que mereces una mejor explicación, pero por ahora sólo puedo decirte que tengo un mal presentimiento sobre esto.

— ¿Y no es mejor que Andy esté al tanto de lo que está sucediendo? — preguntó él — Elsa, él podría ir consiguiendo ayuda en caso de que… — ella soltó sus manos, tan sólo para colocar sus brazos alrededor de su cuello, acercando a ella abrazandolo y hundiendo su rostro en el cuello del pelirrojo; algo que lo tomó desprevenido, sus manos temblaron un poco debatiéndose entre si debía estrecharla contra su cuerpo o no hacer nada y simplemente esperar a que ella se apartara de él. Elsa acercó sus labios a la oreja del hombre.

—Creo que eso es justo lo que quieren que haga — murmuró en voz muy baja, asegurándose de que únicamente él podría escucharla. Permaneció un poco más abrazandolo, antes de separarse de él y simplemente dedicarle una sonrisa — ¿Podrías pedirle a Ostein que lleve el té a mi habitación? Creo que hay un par de temas de los cuales me gustaría discutir con él — Hans asintió con la cabeza.


Dentro de los aposentos de Hyrule, Emmerich y Zackary se encontraban conversando. El Príncipe se había recostado en el suelo, simplemente recargando su cabeza en un cojín que había arrojado allí previamente, mientras que el Senador caminaba en círculos con una de sus manos aferrada a su mentón.

—Si sigues caminando así terminarás por hacer un agujero en el suelo —comentó el castaño.

—No digas tonterías, eso no es posible — se detuvo un par de segundos sólo para mirarlo de manera juzgadora, aunque el otro no se inmutó —. Es sólo que sigo pensando en todo este asunto de la Reina de Arendelle…

—Es bonita ¿Verdad? — la sonrisa traviesa de Zack por poco lo sacaba de quicio, ya que él estaba intentando de hablar de un tema serio, mientras que su amigo parecía solo querer relajarse e intercambiar chismes como si fueran un par de chicas atravesando la adolescencia — No pretendas ser el correcto e intachable Senador Emmerich Jasper Neumann de Hyrule conmigo, Emma — le apuntó con su dedo índice.

—¿Emma? — repitió con disgusto — Será mejor que no vuelvas a llamarme de esa manera.

—Ya pensaré en un mejor apodo — prometió sin darle mayor importancia — pero no cambies el tema Emma — el pelinegro puso los ojos en blanco — sé que también la viste.

—Me parece que ella estaba en camisón, así que deja de actuar como si la hubieses visto desnuda — dijo Emmerich sin mostrar emoción alguna.

—Yo no dije nada sobre ella estando desvestida — rió el Príncipe — me parece que quien se esta imaginando cosas de más eres tú — bromeó — yo estaba pensando más en el hecho de que se ve muy bien con el cabello suelto, pero si tu prefieres fantasear con sus pechos o algo por el estilo, está bien.

—No estaba pensando en ella de esa manera — aseguró cruzándose de brazos — ¡Estaba pensando en algo serio!

—¿Dices que no quieres algo casual con ella, entonces? — Las orbes avellana de Emmerich lo miraron con severidad — Te estoy molestando solamente, ya lo sabes — intentó aligerar el ambiente — pero — se arriesgó a tocar nuevamente el tema — debes admitir que la Reina Elsa es bonita.

—¿De repente estás enamorado de ella? — preguntó el pelinegro.

—No, únicamente te estoy comentando que es muy bella — respondió con calma — ¿O acaso tu tienes estándares más altos? — preguntó — Si es así, eso explica porque sigues soltero.

—Tú tampoco te has casado.

—Eres mayor que yo — usó aquello como una defensa o justificación.

—Por cinco años solamente, no exageres. — se sintió algo frustrado al caer en cuenta de que había permitido que Zackary desviara demasiado el tema de la conversación — Escucha, sé lo que estás intentando hacer.

—No tengo ni la menor idea de que es lo que tu piensas que yo intento hacer — dijo Zack — Sólo esperaba tener una conversación casual con mi amigo sobre mujeres lindas.

—Te conozco lo suficiente como para saber que tiendes a evadir temas serios o que te asustan — comentó el mayor —, así que por favor, será mejor que cambies de tema antes de que termines diciendo algún comentario subido de tono sobre Elsa de Arendelle.

—Insisto en que yo sólo dije que era bonita, tu eres quién de inmediato se imaginó escenarios de esa índole — se negó a perder la oportunidad de mencionarlo, pero Emmerich no dió su brazo a torcer, así que sin ver alguna otra salida el castaño se resignó a que tendría que ceder —. Fue algo… — ni siquiera era capaz de encontrar la palabra adecuada para describir lo que deseaba expresar — … es sólo que, unos minutos antes estábamos conversando…creo que incluso ella hizo un par de comentarios graciosos — dijo — y de pronto…— guardó silencio de manera repentina, y apretó los labios con fuerza —...lo que dijo el Príncipe Hans es verdad; ella pudo haber muerto.

Emmerich bajó la mirada, siendo incapaz de encontrar las palabras adecuadas para al menos reconfortar a su amigo, era claro que la situación en Berlín se había tornado significativamente más delicada y peligrosa para todos, pero en especial para la Reina de Arendelle. Las personas solían temerle y aprovechaban cualquier motivo para acusarla de algún crimen que justificara el odio que sentían hacía ella; resultaba obvio que la culparan de los recientes ataques para finalmente tener una razón válida para deshacerse de ella.

—Debemos estar alerta — dijo finalmente — hemos pasado mucho tiempo aquí encerrados, ha habido más de un atentado, al inicio se suponía que nos mantendrían aquí encerrados para protegernos del peligro, pero una vez que se supo que la persona detrás del primer ataque está entre nosotros, era cuestión de tiempo para que todo se volviera un completo caos.

—Ninguno está a salvo aquí dentro — habló Zack — no sé si sólo una persona está detrás de todo este desastre o si se trata de un gran grupo de traidores, pero creo que la mayoría sólo desea volver a casa a salvo y claro, que atrapen al responsable — suspiró — han sido ya demasiados ataques, las investigaciones no están dando resultados y todos están aterrados; las personas suelen no tomar las mejores decisiones cuanto tienen miedo y esto será…tenemos que salir de aquí cuanto antes o habrá una masacre.

—Imagino que eso es justo lo que los separatistas querían desde un inicio.

—Ya ni siquiera creo que podamos estar seguros de que todo esto es obra de los separatistas — era algo difícil de siquiera considerar, el que los separatistas estuviesen detrás de aquellos eventos era lo único de lo cual todos parecían estar seguros desde un inicio era de la implicación de aquel grupo, así que decir que en esta ocasión ellos no habían participado en los ataques, sería admitir que de hecho; no tenían ni una pista de a qué o quién se estaban enfrentando y eso sin duda alguna, era aterrador.