PARTE 40 Las Águilas y el Dragón

~o~

Lo último que Shamir y Catherine esperaban era presenciar la eclosión del huevo. Al parecer, los cálculos de la Arzobispa no estuvieron tan errados, a Byleth le tomó dos años eclosionar. Un ser, que definitivamente no parecía ser la Byleth que conocían, emergió.

El par de guerreras tuvieron que retroceder un poco cuando la criatura comenzó a moverse. Más grande que un wyvern pero definitivamente mucho más pequeño a comparación de la Furia Blanca.

Un dragón.

Estaban frente a un dragón y las dos apenas podían creerlo.

El dragón tenía la piel de una tonalidad azul ceniza, no podía estirar sus alas en esa estrecha caverna pero claramente eran largas. El dragón abrió la boca y bostezó, dejando ver una hilera de colmillos. Y cuando la criatura finalmente las miró, ambas pudieron reconocer en esas iris draconianas el profundo tono azulado de los ojos de Byleth.

Por si alguna de ellas tenía alguna duda, ahora podían confirmarlo. Byleth se había transformado en un dragón.

"Hey, Byleth, ¿eres tú?" Preguntó Catherine pero sólo para saber si ella podía entenderla.

La criatura estiró su cuello hacia la Galerna y la olfateó un poco, la miraba de manera fija. Abrió el hocico pero sólo un pequeño y profundo gruñido salió.

"En verdad eres tú, Pequeño Demonio", dijo Shamir con una sonrisa. "Mira, tienes un par de lindos cuernos". Se alegraba de ver a la mercenaria libre del huevo, pero por dentro estaba horrorizada ante ese cambio. No sabía qué era lo que Rhea planeaba, pero Byleth estaba de regreso en forma de dragón.

Y dicho dragón se movió a la entrada de la caverna para ver sus alrededores, aunque con eso sólo logró asustar al wyvern que llevó a Catherine y a Shamir ahí. Estas lo notaron.

"Ahí va nuestra montura", Catherine suspiró de gracioso fastidio y volvió su atención a Byleth, que seguía estudiando los alrededores. Ya estaba muy oscuro y sólo se podían ver las luces de las antorchas de los pueblos cercanos.

De pronto, Byleth asomó medio cuerpo por la entrada de la caverna, se aferraba al muro de roca con sus poderosas patas delanteras armadas con largas y filosas garras.

"¡Hey, espera!" Shamir intentó retenerla, ¿pero cómo se suponía que detuviera a tamaño bestia? "Ni siquiera sabes si podrás volar, acabas de salir de un huevo".

"Mejor espera un poco más, ¿sí? No le diremos a Lady Rhea que despertaste", dijo Catherine. No notó que sus palabras sorprendieron a Shamir. "Te puedes lastimar, detente".

Pero Byleth sólo hizo un gracioso gruñido que claramente indicaba desacuerdo. Lo siguiente que pasó fue… Cómico.

Byleth salió por completo de la caverna, quedo con la cabeza colgando pero bien sujeta de la roca mientras extendía sus largas alas y las batía un poco. La Galerna y la arquera intentaron detenerla sujetándola por la cola, pero Byleth simplemente dio un salto y se las llevó con ella. Catherine gritó, Shamir no, pero ambas igualmente miraban con horror como iban en caída libre al fondo de la ladera.

El dragón comenzó a batir sus alas con poderosos movimientos y no tardó en volar antes de golpearse con alguna roca o saliente. Su cola se sacudió con fuerza y logró que sus amigas quedaran sobre su lomo, éstas se sujetaron de donde pudieron.

"¡Casi nos matas!" Reclamó Catherine, aún aterrada. Iba sujeta de la cintura de Shamir con más fuerza de la necesaria.

"Byleth, espera, tenemos que…" Shamir no terminó de decir lo que quería, notó que Byleth iba en dirección oeste. Iba hacia el Imperio. "Byleth, acabas de salir de un huevo, no puedes hablar y no sabemos qué te pasó. Cálmate, por favor", ir sujeta del largo cuello de la criatura que ahora era Byleth le ayudaba a hablarle cerca de la oreja.

Pero Byleth gruñó de nuevo en total desacuerdo.

Catherine bufó. "¡Al menos dejanos en algún lado cerca del Monasterio!"

Byleth volvió a gruñir.

"Creo que dijo que no", musitó Shamir.

"¡Oh, vamos, Byleth! ¿De verdad piensas llevarnos hasta el Imperio?" Preguntó la Galerna, molesta.

"Creo que… Alguien debe hablar por ella", dijo Shamir, comprendiendo por qué Byleth se las llevó. "Si llega sola a Enbarr y se presenta con ésta forma, la van a atacar. Sobre todo si piensa llegar directo al castillo".

Catherine abrió la boca y luego la cerró. "Cierto". Y no que la Emperatriz Edelgard tuviera un buen recuerdo de un dragón, el último que vio le arrebató a Byleth. "De acuerdo, hablaremos por ti, no dejaremos que te conviertan en un lindo alfiletero".

Byleth soltó un pequeño gruñido más agudo, más agradable.

"Bien, nos estamos entendiendo. Si te sientes agotada, toma un descanso", aconsejó Shamir, sintiendo algo de humedad en la piel escamosa de la criatura. Normal cuando acababa de salir de un huevo y ni siquiera se dio el tiempo de tomar algo de aire. "También necesitas un baño o algo".

Todas esas atenciones y detalles para con la mercenaria hicieron que Sothis, que ahora existía dentro de Byleth, se mostrara satisfecha.

"Tienes buenas amistades, Demonio", dijo la Diosa. "Y ellas tienen razón, te estás apresurando mucho".

"Quiero ir a ver a Edelgard, ni siquiera sé en qué Luna o día estamos", respondió mentalmente Byleth.

"Recién saliste del huevo, mocosa, necesitas al menos sentir el sol un par de días para fortalecer tus alas y tu piel", la regañó Sothis.

"Ya hice esperar mucho a mis alumnos", se defendió Byleth.

"Un par de días más no va a matarlos", alegó Sothis.

Hubo silencio unos segundos.

"Siento mis alas pesadas", murmuró la chica.

"¡Te lo dije! ¡Urgh! Además estás volando demasiado rápido". Sothis se alborotó el cabello. "Busca una cueva para descansar. Y mañana quiero que te des un baño de sol y brisa apenas amanezca".

Byleth hizo un sonido afirmativo y voló un rato más antes de encontrar un escondite adecuado. Catherine y Shamir se quedaron con ella. Ya encontrarían alguna excusa para explicar su ausencia.

~o~

Dos años.

Ya habían pasado exactamente dos años desde que Byleth fue arrebatada de sus vidas, fácil de saber porque ese día se graduaban los estudiantes de la Academia de Oficiales. Ya hacía dos años que la Furia Blanca reclamó a Byleth y nadie pudo hacer nada por ayudarla. Edelgard aún sentía el peso de la frustración. Pero ya estaba lista para comenzar con su gran plan.

El Imperio estaba pacificado casi en su totalidad, salvo un puñado de Nobles que en su momento intentaron derrocarla, mismos que fueron detenidos por las armas de sus más cercanos amigos. Los otros que no estaban de acuerdo con ella se mantuvieron callados ante el temor de no amanecer con vida, o simplemente desaparecer sin dejar huella alguna.

Además, a la joven Emperatriz también le dolía la muerte de su padre hacía un par de Lunas. Al menos tuviste la dicha de ver Adrestia en paz antes de partir, padre, pensaba Edelgard para consolarse a sí misma. Oficialmente se había convertido en la última de los Hresvelg y la idea no le incomodaba.

Un suspiro hondo abandonó su cuerpo.

Decidió dar un paseo por los jardines del castillo. Y siendo ella la máxima autoridad del Imperio, siempre estaba acompañada y bien protegida, daba igual que, por sí misma, fuera una guerrera de temer. No descuidó su entrenamiento, tampoco las demás Águilas. Quienes se unieron a ella en su paseo nocturno fueron Dorothea y Petra. La princesa de Brigid recién había llegado de las islas con un mensaje de buenos deseos del Rey, de su abuelo, además de un cargamento de especias y semillas, y un escuadrón de guerreros que Petra pidió y que ella misma comandaría para el conflicto que se avecinaba.

A cambio del apoyo bélico, lo único que pidió el Rey de Brigid en pago fue encarar al hombre que mató a su hijo, a Leopold von Bergliez. Edelgard le comunicó la petición al Conde y éste aceptó, de hecho juró salir con vida de la batalla para poder enfrentar al hombre al que le había arrebatado un hijo.

Petra y Caspar estaban en paz con ese tema, por cierto, a pesar de pasar por algunas semanas de tensión palpable entre ambos.

"Edie, deberías descansar", fue el dulce regaño de la cantante. "Las ojeras no le hacen justicia a tu lindo rostro".

"Digo lo mismo, Edelgard, cansancio hace mal al guerrero, debilita sus brazos y sus ojos", agregó Petra.

"Les aseguro que estoy descansando tanto como mis responsabilidades me lo permiten", respondió la Emperatriz de inmediato. "No quiero tener errores por culpa de la fatiga, pero hay muchas cosas por planear, tampoco quiero que la gente del Imperio quede desamparada durante el conflicto y sea atacada por bandidos y…"

"Edie, respira", la interrumpió la cantante, tapándole la boca.

"Respira hondo, aire fresco de la noche ayuda a aligerar el cuerpo".

Edelgard asintió y respiró profundamente por la nariz un par de veces. Apenas su boca estuvo libre, les sonrió a sus amigas. "Gracias".

"¿Te parece si bebemos un té relajante y te escoltamos a tu cuarto luego de un paseo? Nos preocupas, Edie".

"Me encantaría".

El paseo siguió mientras Petra les seguía platicando sobre cómo iban las cosas en la Isla principal, cómo estaban recibiendo lo prometido en el intercambio comercial. Además, que Dagda recientemente reconociera a Brigid como una nación independiente, en parte gracias a su alianza con Adrestia, tenía a todos los isleños muy contentos. Y siendo la gente de Brigid guerreros por naturaleza, el ser pedidos como apoyo por sus aliados era un gran honor. Además estarían al mando de la princesa Petra.

"Me encantaría ir a Brigid", comentó Dorothea con tono juguetón.

"Yo llevarte cuando guerra terminar", respondió Petra de inmediato. "Quiero ver amanecer contigo, y también las primeras estrellas, quiero contarte las leyendas de mi pueblo, y quiero que escuches nuestras canciones".

Edelgard sonrió por lo bajo al ver a Dorothea sonrojarse de manera intensa, también era lindo verlas tomadas del brazo. Dorothea colgada del fuerte brazo de Petra, desde luego.

"Gracias, Petra querida, será muy…"

Pero la cantante no pudo decir más, Petra se puso en alerta total y cubrió a la Emperatriz y la Cantante mientras se armaba con su arco y apuntaba a los oscuros muros.

Edelgard de inmediato supo de quién se trataba.

"Petra, espera", pidió la Emperatriz en baja voz. "Espera un poco, por favor".

La princesa asintió pero no bajó su arco.

Una flecha metálica se clavó en el césped a unos metros de ellas. Una flecha que Petra de inmediato reconoció.

"Esa flecha…"

"Shamir está aquí", informó Edelgard con visible alivio. Desde que la arquera se comunicaba con ella, les hizo saber solamente a las Águilas que Shamir le estaba dando reportes regulares de Byleth, pero no todos habían sido testigos de la manera en que la mercenaria de Dagda entregaba los mensajes.

Sin embargo…

"Esa flecha no carga ninguna nota", comentó Petra.

Y entonces, una segunda flecha se clavó más adelante de la primera, luego llegó una tercera y varias más, claramente indicando un camino.

"Creo que ella quiere que vayamos para allá", dijo Dorothea.

"Entonces vamos", Edelgard tomó aire. Por alguna razón, su corazón comenzó a latir con fuerza. "Debe tratarse de un asunto muy importante si no lo puso por escrito".

Las tres siguieron el sendero que indicaron las flechas, y recogieron las saetas en el camino, debían devolverlas todas. La Emperatriz y sus amigas salieron del castillo por una de las tantas puertas secretas, no debían alertar a los soldados que resguardaban los muros.

Una flecha más les indicó la dirección a seguir y no tardaron en ver a Shamir salir de entre unos árboles.

"Buenas noches", saludó la arquera con un educado movimiento de cabeza.

"Sir Shamir, buenas noches", saludó Edelgard.

"Es bueno verlas a ustedes también", continuó la seria mercenaria y miró un poco más a Petra. "Saludos, princesa de Brigid. Me alegra saber la buena nueva, parece que nuestras naciones no tendrán problemas a futuro".

"A mi también alegra mucho esa noticia", dijo Petra con una sonrisa. "Gracias".

"Antes de preguntar más, agradezco mucho que me diera noticias de Byleth todo éste tiempo, Sir Shamir", agradeció la princesa, aprovechando que al fin podía hablar con ella.

"No fue nada".

"¿Y qué la trae por aquí, Sir Shamir?" Preguntó Dorothea, curiosa.

"No puedo explicarlo sin que suene raro", dijo Shamir mientras se cruzaba de brazos. "Tengo algo que mostrarles pero les advierto que las tomará por sorpresa. No se asusten, no entren en pánico y sólo escuchen cuando les expliquemos lo que pasó".

Edelgard se sorprendió un poco. "¿Viene con alguien más, Sir Shamir?"

"Sí, pero es alguien de confianza, tienen mi palabra. Síganme, no es lejos".

El grupo de cuatro caminó un corto tramo hasta llegar a un claro entre el bosque oscuro, Podía verse una fogata. Y ya en el claro, las chicas se sorprendieron al ver a la criatura que estaba tumbada junto al fuego.

Eso no era un wyvern, eso era…

"¡Un dragón!" Exclamó Edelgard con sorpresa y por instinto tomó una de las dagas en su cintura.

"Calma", ordenó Catherine con firmeza, saliendo desde detrás del dragón. De inmediato levantó ambas manos. "Estoy aquí en son de paz, sólo estamos ayudando a alguien que quiere volver a donde pertenece".

Dorothea no dejaba de ver al dragón, Petra tampoco, era la primera vez que estaban frente a uno. Imposible confundir a esa criatura con un wyvern. Además tenía un color que fácilmente podía confundirse con el del cielo nocturno.

"Les explicaremos todo", dijo la siempre calmada arquera.

Por su lado, Edelgard guardó el arma y tomó aire para calmarse. "Por favor". Al mirar a la criatura, la Emperatriz notó que ésta le miraba con mucha atención, con un par de enormes ojos que tenían el mismo color que…

Esos ojos…

"¿Recuerdas lo que te informé del huevo?" Preguntó Shamir y la Emperatriz asintió. "El huevo eclosionó y salió esto", dijo y señaló al dragón, que de inmediato levantó la cabeza y comenzó a sacudir su pesada cola con alegría.

"¡¿Qué?!" Preguntaron las tres chicas al mismo tiempo, la sorpresa no les cabía en la cara.

"El dragón es Byleth", confirmó Catherine y enseguida miró a ésta. "Acércate con cuidado, no te emociones mucho o vas a asustarlas".

Byleth se acercó lentamente a sus alumnas, que seguían sin habla.

"Profe Bylie, eres tú…" Dorothea se cubrió la boca con ambas manos. ¿Qué fue lo que Rhea le hizo a la profesora?

Petra abrazaba las flechas con fuerza, tampoco podía creer lo que veía. "Profesora…"

Edelgard fue la que finalmente avanzó a pesar de que el cuerpo le temblaba, pero el temblor se fue apenas sus ojos se clavaron en las draconianas pupilas. Ese color de la noche, ese suave tono azulado… No había error alguno. La Emperatriz se abrazó a la cabeza del dragón con fuerza. "Profesora mía… Volviste, estás aquí al fin…" Su voz se quebró y unas lágrimas escaparon de sus ojos, no pudo contenerlas más. Ese calor era familiar, incluso el aroma. Sí, lo que estaba abrazando era Byleth, su amada profesora.

El dragón gruñó de manera suave, sonaba a un ronroneo bastante cavernoso, y cerró los ojos también, clara señal de que estaba disfrutando del abrazo. Unos segundos después, el cuerpo del dragón brilló en una luz verdosa y, ante todas, Byleth recuperó su cuerpo humano y quedó inconsciente en los brazos de Edelgard. Tenía la misma ropa que el día que se la llevaron. De hecho Byleth lucía limpia y en buenas condiciones. Y de la misma manera, todas notaron con apuro que el color del cabello de la profesora tenía una tonalidad verdosa y clara, muy similar a la de Rhea.

"¿Qué fue lo que te hicieron?" Murmuró Edelgard con la quijada tensa, abrazando el cuerpo de su profesora con firmeza. Sus amigas también se acercaron para revisar a su profesora.

"Byleth despertó hace unos días y salió con esa forma", explicó Catherine. "Nosotras estábamos ahí cuando sucedió".

"Y no le contamos a nadie", aclaró Shamir pero no agregó que fue porque Byleth se las llevó consigo. "Quizá para hoy ya sepan que la caverna está vacía".

"Se los agradezco mucho. Espero que esto no las meta en problemas", dijo Edelgard de inmediato.

"Ya nos las arreglaremos cuando volvamos al Monasterio, ustedes cuiden de ella", Catherine suspiró hondo en señal de cansancio. "Ahora debemos volver a Garreg Mach, nadie sabe que estamos aquí".

"Les daré un par de caballos y provisiones".

"Gracias. Por cierto, devuélvanle esto a Byleth de mi parte", Shamir le entregó a las chicas el arco y las flechas. "Y díganle que el arma me sirvió mucho, que estoy agradecida".

"Nosotras entregar mensaje", Petra fue la que recibió el arma.

"Esperen aquí, por favor, les haré llegar caballos y comida para que puedan regresar a Garreg Mach", Edelgard rápidamente cargó a su profesora en brazos. La sentía tan ligera… Miró a las Caballeros de Seiros. "Les doy mi sincero agradecimiento y… Sólo quiero que sepan que no importa lo que pase a futuro, buscaré la manera de pagarles por esto".

Shamir y Catherine sólo asintieron y vieron cómo las chicas iban de regreso al castillo con algo de prisa. Sus monturas y víveres llegaron de manos de Shez, no las hicieron esperar mucho. Y con los víveres venía una nota en dagdano.

[Reitero mis agradecimientos. Si son presionadas para decir lo que pasó con Byleth, pueden informar que fue en dirección al oeste. No se metan en problemas. Cuando sea el momento, les agradeceré esto como es debido.]

~o~

Sothis en serio estaba sorprendida de ver cómo cuidaban a Byleth. Ellos eran algunos de los alumnos a los que Byleth se aferró durante el encierro. Obviamente la chica que cumplía años el día 22 de la Luna de la Guirnalda era la mismísima Emperatriz de Adrestia. Byleth seguía dormida, muy normal cuando forzó su cuerpo de dragón recién nacido en un largo vuelo desde Garreg Mach hasta la capital del Imperio.

Esas chicas Shamir y Catherine le fueron de total agrado a la Diosa, por cierto.

"No le digas a nadie que estoy contigo, al menos hasta que yo te diga lo contrario", le ordenó Sothis a Byleth poco después de que ambas se liberaran de su encierro. "Y no me cuentes nada del mundo, quiero verlo con mis propios ojos. Y cuando llegue el momento, iremos a ver a la Arzobispa. Yo te protegeré".

Byleth aceptó.

Y ahora Sothis se entretenía viendo a esos jovencitos visitar a Byleth y hablarle a pesar de que ésta aún no despertaba, tomaban su mano y algunos de ellos incluso lloraban de alegría. Sothis frunció el ceño, ellos eran tanto o más jóvenes que el Demonio y, por lo que estuvo escuchando durante el descanso de Byleth, trabajaron mucho para arreglar las cosas en el Imperio. La Emperatriz y sus Águilas Negras.

¿A qué se dedicaban los adultos entonces? Sothis pensaba averiguarlo mientras estuviera con Byleth. Ya después decidiría qué hacer, pero lo que sí estaba en planes era hablar con su hija y saber qué había hecho en los últimos siglos.

Sothis notó, también, que había alguien que trataba de pasar todo el tiempo posible con Byleth: la mismísima Emperatriz. Y esa chica le daba la misma sensación de familiaridad que Byleth pero no entendía por qué. Ya lo averiguaría después.

"Profesora mía, tienes que despertar", pedía Edelgard en baja voz mientras acunaba las manos de Byleth entre las suyas. "Dijiste que me ayudarías". La joven soberana no tardó en reír de manera quebrada. "Tengo un contrato para ti, con suficiente paga para que compres toda la cerveza que tu corazón desee".

Edelgard se recostó contra el pecho de su profesora y cerró los ojos. Le preocupaba que aún no despertara pero al menos Byleth ya estaba ahí, ya estaba de regreso con ellos. Con ella. La joven emperatriz cerró los ojos, disfrutando del cerrado contacto con su profesora.

Y pronto notó algo extraño.

Los latidos que antes la calmaban y que la acompañaban cuando su profesora la abrazaba ahora estaban ausentes y eso la asustó. Puso la palma de su mano cerca de la nariz de Byleth y, sí, estaba respirando correctamente y a un ritmo acompasado, propio del descanso. Su profesora estaba viva pero su corazón no latía.

La Emperatriz mandó a llamar a uno de los Sanadores de la Corte Imperial de inmediato y ésta vez Sothis puso la debida atención. El anciano sanador hizo un chequeo general bajo la atenta supervisión de la Emperatriz y, sin saberlo, de una diosa.

"Su sangre fluye correctamente, tiene un pulso estable pero su corazón no muestra actividad alguna", dijo el hombre, visiblemente sorprendido, y tanto la Emperatriz como la Diosa se alarmaron al escuchar eso. "Sin embargo, está sana, tiene buena temperatura y no hay lesiones internas ni externas".

"Muchas gracias", agradeció Edelgard, un poco más aliviada. Seguramente eso era un síntoma más de lo que sea que Rhea le hizo. "Y, por favor, no mencione nada de esto a nadie".

"Como ordene, Majestad".

Sothis también suspiró de alivio. "Anda, Demonio, despierta, todos te están esperando, por eso tenías prisa por volver, ¡arriba, holgazana!" La animó mientras regresaba al trono y miraba por los ojos de Byleth como quien veía el paisaje por una ventana.

El sanador tenía segundos de haberse ido cuando Byleth comenzó a moverse, Edelgard de inmediato volvió a su lado y tomó una de sus manos.

"¿Dónde estoy?" Preguntó Byleth mientras aclaraba su vista.

"Estás a salvo, profesora mía", respondió Edelgard con una voz cargada de emoción apenas Byleth la miró. "Estás aquí como lo prometiste".

"El… Mi El".

Sin pensarlo, Byleth se sentó de golpe y abrazó a Edelgard con fuerza. Aún sentía su cuerpo entumecido pero no le importaba.

"Byleth", la joven Emperatriz correspondió el abrazo con la misma fuerza mientras sus ojos nuevamente dejaban caer las lágrimas que ella misma creyó perder. "Te eché mucho de menos, estaba tan asustada cuando Rhea te secuestró. Lamento no haber podido ayudarte".

La mercenaria negó y besó la frente y las mejillas de Edelgard. "No pude hacer nada contra ella, es muy fuerte. Ella te hubiera hecho daño. Me alegra que estés a salvo".

Edelgard no pudo hablar más, se quedó aferrada a su profesora mientras lloraba en silencio, mientras sentía esas manos en su cabello y espalda de nuevo. Mientras se sentía protegida una vez más.

"Shamir y los demás me hicieron saber todo lo que has logrado, El", dijo Byleth. "Y no sólo tú, también Dimitri y Claude y… Y yo…" La mercenaria sintió su voz quebrarse. "Perdón por no estar contigo como prometí. Perdóname por dejarte sola… Por estar lejos de todos ustedes. Perdón, Edelgard".

La Emperatriz negó muchas veces. "No fue culpa tuya, Rhea te aprisionó. Tú misma lo acabas de decir, ella fue más fuerte. Lo importante es que ya estás de regreso. Todos se van a poner muy contentos".

Byleth no tardó en sonreír, no soltaba a Edelgard. "Quiero verlos a todos. Has crecido mucho. Y me encanta tu nuevo peinado, te queda bien", dijo la mercenaria apenas tomó distancia para tomarla por los hombros y la apreció mejor. "Y veo que muestras un poco más los brazos. Los guantes negros te sientan bien". Con uno de sus dedos acarició una de las cicatrices que estaban a plena vista.

Edelgard se sonrojó. "Linhardt encontró un viejo hechizo en la biblioteca del castillo, esconde mis cicatrices de aquellos que no las conocían previamente. Sólo las personas más cercanas a mi pueden ver mis cicatrices, los demás no. Y no las escondo porque me avergüencen", aclaró la Emperatriz de inmediato, "sólo no quiero ganarme a la gente con la trágica historia de mi familia, esa es sólo mía. Quiero que me sigan porque creen en mis ideales y en mi batalla por un mundo mejor".

Byleth sonrió y besó la frente de Edelgard. "Buen trabajo, El, estoy muy orgullosa de ti".

La joven Emperatriz no pudo contener unas lágrimas más y volvió a abrazarse de su profesora. Aún era raro verla con ese color de cabello, y ojos, pero seguía teniendo la misma calidez en su mirada y en su voz.

"Voy a compensar mi ausencia, lo prometo, estaré a tu lado, pelearé a tu lado, El".

"Gracias, By".

Byleth intentó besarla en los labios, pero Edelgard la detuvo gentilmente con un par de sus dedos.

"Antes de hacer nada más… Yo… Quiero saber si eres consciente de que te transformaste en un dragón de escamas oscuras".

"Sí, estoy consciente de ello. Soy yo en todo momento, pero el dragón en mi es sólo un recién nacido, así que no puedo controlar del todo ese cuerpo. Es un milagro que no cayera al barranco llevando a Shamir y a Sir Catherine conmigo", comentó la exprofesora de manera jocosa. "Tuve que tomar varios descansos en el camino. Me temo que ese cuerpo justo ahora es más un estorbo que una ayuda".

Edelgard asintió. "Quizá sólo necesites familiarizarte con esa forma, ¿puedes cambiar a tu cuerpo de dragón a voluntad?"

"Creo que este cuarto no es el mejor sitio para poner eso a prueba. ¿Te parece si lo intento afuera?"

"Sí. Y lo último que quiero preguntarte es… Um", Edelgard tomó uno de los mechones del cabello de Byleth y se lo mostró. "¿Has notado que tu cabello cambió de color? Tus ojos también, tienen ésta misma tonalidad".

Eso sí sorprendió a Byleth, soltó a Edelgard para sujetar su propio cabello y verlo mejor. La Emperatriz le acercó un espejo del cajón y la mercenaria se sorprendió al verse reflejada. Estaba un poco desorientada.

"Esto…" Byleth tragó saliva. "Es… Es como si no fuera yo", era como ver a otra persona.

Edelgard negó varias veces y le quitó el espejo para poder tomarla de las manos con cariño. "Eres tú, esto es culpa de lo que Rhea te hizo, esto y tu corazón…"

"¿Mi corazón?"

"No late, profesora mía".

Byleth de inmediato se tocó el pecho y, efectivamente, no había un sólo sonido de latido y eso comenzó a asustarla. Pero antes de que cayera presa del pánico, Sothis intervino.

"Calma, eso es porque estoy dentro de ti. El cambio de color y los latidos de tu corazón, eso es por mi presencia. Pero estás sana", dijo la Diosa con voz severa pero tranquilizante.

Byleth casi juró sentir que Sothis le alborotaba el cabello y eso terminó de calmarla. Tragó saliva y asintió a las palabras de la Diosa.

"Estoy bien", aseguró la mercenaria. "Como dices, esto es por lo que Rhea hizo. Por ahora tendremos que concentrarnos en cualquiera sea el plan que tengas en mente".

Edelgard asintió, seguía preocupada por ella pero al verla calmada una vez más, ella misma terminó de tranquilizarse. "Por ahora me gustaría que vayamos a ver a los demás, todos han estado esperando a que despiertes. Cenaremos juntos y mañana haremos una reunión".

"Oh, cierto", Byleth se puso graciosamente seria. "¿En qué día y Luna estamos?"

"Día 6 de la Luna Arbórea, es el año Imperial 1183", respondió Edelgard de inmediato.

Byleth frunció el ceño… Y enseguida su gesto se iluminó. "Podré darle un regalo a Hubert el día de su cumpleaños y no después. A todos les debo regalos de cumpleaños. ¿No se perdió el pago que me dio la Iglesia? Usaré ese dinero para comprarles regalos a todos. ¿Dónde puedo conseguir café?"

Edelgard abrió la boca, luego la cerró y enseguida se echó a reír. La felicidad le inundaba el pecho. Volvió a abrazar a Byleth, ésta vez por el cuello mientras calmaba sus risas.

"By".

"¿Hm?"

"Bésame".

Y Sothis no tenía muchas ganas de verlas haciendo esas cosas, así que le avisó a Byleth que se echaría una siesta y que la despertara cuando acabara. La Diosa, contrario a todo pronóstico, no gustaba de ser omnipresente y mucho menos vigilar cada acción de sus seguidores.

~o~

La cena era tan escandalosa y animada que parecía más una fiesta que una comida común. El resto de las Águilas Negras se lanzaron sobre su profesora apenas la vieron entrar con Edelgard al comedor del castillo. Sí, aún se referían a ella como "profesora" y Byleth estaba muy a gusto con ese título.

El nuevo color en los ojos y cabello de la mercenaria no los echó atrás, por cierto.

La recibieron con abrazos e incluso besos, con lágrimas también. Bernadetta simplemente no se despegaba de su espalda mientras lloriqueaba como niña pequeña. Byleth también estaba sobrepasada pero no por las muestras de cariño, si no por verlos tan crecidos y tan fuertes a todos. Fueron dos años y se sintieron demasiado largos para la mercenaria.

"Perdón por no estar con ustedes. Los eché de menos", confesó Byleth apenas se calmaron un poco los ánimos y pudo hablar. "Pensar en todos ustedes me ayudó mucho". Sentía la garganta apretada, "los extrañé mucho".

Y eso sólo provocó otro torrente de abrazos. Pero había alguien que se mantenía contra el muro y un poco aprensiva. Byleth le puso atención apenas tuvo oportunidad.

"Kronya".

La joven asesina comenzó a frotar sus propios brazos. "Yo… Ellos me dieron la bienvenida al grupo, dicen que soy un Águila más", murmuró la chica. Algo en la presencia de Byleth era tan intimidante pero a la vez tan relajante… Justo como ese día que la encontraron y ella le dio de comer y de beber.

"¡Hey, eres nuestra amiga y peleas con nosotros, por supuesto que eres un Águila Negra también!" Exclamó Shez, yendo directo hacia ella para animarla a acercarse al grupo.

Byleth miró largamente a la chica y no tardó en sonreír de manera suave. Le dio un cariño en el cabello, tomándola por sorpresa. "Espero no sea tarde para darte la bienvenida a las Águilas Negras. Seré tu profesora también, así que dime cuándo es tu cumpleaños y qué cosas te gustan".

Kronya se sonrojó de manera intensa, ¿por qué esa mano se sentía tan cálida? ¿Por qué esa chica, que no parecía ser mucho mayor que el resto de sus amigos, se sentía como algo más grande y más poderoso?

"Yo… No sé cuándo es mi cumpleaños".

"Oh, entonces te daré regalos más seguido como a Shez", concluyó Byleth y enseguida miró al resto de sus alumnos. "¿Cenamos? Siento que hace años que no como nad". Sí, ese fue un mal chiste.

Y para horror de todos, Kronya se echó a reír.

~o~

Tal como lo prometió, Byleth no hizo mención alguna de Sothis, pero sí explicó que estuvo encerrada en un sitio y a veces era capaz de escuchar las voces de Shamir, de Sir Catherine, de Sir Alois y de Flayn. Incluso Seteth la visitó un par de veces y sólo se disculpaba con ella sin dar más detalles.

Les contó que gracias a ellos estaba al tanto de lo que todos sus alumnos estaban haciendo, incluidos los Ciervos y los Leones.

Y cuando se tomó el asunto de su forma de dragón, todos salieron a uno de los enormes jardines del palacio imperial. La hora era perfecta, nadie podría ver a Byleth entre la oscuridad de esa noche sin luna.

"No estoy segura si puedo cambiar a voluntad", confesó Byleth. "Pero lo intentaré".

"Podrás hacerlo", intervino Sothis con voz aburrida. "Eres un dragón artificial, pero dragón al fin y al cabo".

"¿Artificial?" Preguntó Byleth, confundida con esa palabra.

"Que no eres un dragón real pero funcionas como uno", fue la explicación simple, "sólo cierra los ojos y concéntrate en el fuego que sientes en tus entrañas".

Byleth obedeció. Había un calor en su interior que no la ahogaba pero que tampoco pasaba desapercibido, así que se dejó envolver por ese calor.

Las Águilas Negras vieron con sorpresa como Byleth brillaba en una luz verdosa y tomaba la forma de un dragón de piel oscura. El dragón batió sus alas un poco y se agazapó para que sus alumnos pudieran acercarse.

"Wow, eres cálida, profe Bylie, y tu piel es más suave que la de un wyvern", comentó Dorothea, tocando el lomo de Byleth. Rió al escuchar un suave gruñido por respuesta.

"Eres una criatura magnífica, profesora", dijo Petra con seriedad.

"Seguramente provocarás mucho temor en nuestros enemigos", comentó un satisfecho Hubert.

"¡Oye, no quieras abusar de la situación de Byleth!" Reclamó Monica.

"Calma, calma", intervino Edelgard y fue directo con el dragón, animándose a tocar su lomo también. "Mañana en la junta seguiremos con todos los preparativos que faltan, por ahora debemos descansar y… ¡Woah!"

Byleth empujó a Edelgard a su lomo y batió sus alas con fuerza, tomando altura rápidamente. Edelgard gritó de manera graciosa y se aferró al cuello del dragón.

"¡Byleth!" Y al ver que ambas volaban por el amplio cielo, terminó por relajarse y sonreír. Una emoción casi infantil la embargó. "Sólo un rato, ¿entendido?"

Byleth gruñó en señal de acuerdo.

CONTINUARÁ…