Unos días después
Las cosas con el matrimonio entre Lincoln y Ronnie han ido de maravilla. Si bien tienen sus peleas, como las que tenían cuando eran unos niños, siempre han sabido como manejar la situación.
Ahora que ya dieron el paso más importante en sus vidas, aún les faltaba algo. Si no fuera así, no estarían sentados en la mesa del comedor, cada uno mostrando expresiones de estrés.
—¿Cuántas veces tengo que decirte?... Es mejor que te quedes en casa mientras yo trabajo.
Si con agarrarle la mano para tranquilizarla había funcionado, pues, se equivocó.
—Y cuántas veces debo decirte que no haré tal cosa, Lincoln.
—Pero...
—Ningún pero. Estoy embarazada, no enferma. Voy a salir a conseguir trabajo, y ni tú ni nadie me lo impedirá.
Molesta, salió de la casa, golpeando la puerta de un solo portazo. No tuvo tiempo de llevar sus cosas en caso de una emergencia. Ni un abrigo para el frío que se estaba presentando en ese entonces.
Lincoln bufó mientras la veía marcharse. Tal vez Ronnie tenga razón pero, en todo caso, siempre ha sido terca. ¿Acaso le costaba un poco entender que él solo quería ayudarla? Si. Es obvio que no está enferma, ni se siente enferma, pero mejor prevenir que lamentar. Después de todo, él solo pensaba en que ella y su bebé estuviesen bien.
—Solo espero que no busque algo pesado.
Quería salir, intentar alcanzarla para hablarlo sin la necesidad de discutir, pero es mejor dejar que las cosas se calmen un poco.
Ronnie Anne caminaba a paso firme y abrazándose a sí misma mientras tiritaba un poco del frío. Vaya estúpida por no haber traído consigo algo para cubrirse. Igual eso era lo de menos, ahora solo pensaba en lo que pasó hace unos momentos.
—Ese perdedor no cree que soy capaz de buscar trabajo solo porque estoy embarazada, ¿pero qué le pasa? —pateó una lata de gaseosa con fuerza que espantó a unas palomas y luego suspiró— No importa, haré que se trague sus propias palabras. Le demostraré a ese torpe que puedo hacerlo y que se equivoca.
Ronnie seguía caminando por el centro comercial viendo si las tiendas buscaban personal. Incluso había comprado un periódico, el cual leería más adelante. Los clasificados también podrían ayudarla. Pero mientras más buscaba, menos encontraba. O todas las ofertas ya estaban ocupadas o en su defecto, la rechazaban por su hermosa condición.
En su desespero, se sienta en una de las bancas del mall y le echa un vistazo al periódico.
—Veamos ¿mesera? no, ¿cajera? tal vez —lo encierra en un círculo con un crayón rojo que había pedido prestado— Um, vaya... ¿Qué es esto? "Se busca niñera", bueno solo he cuidado de Carlitos, a CJ aunque él sabe cuidarse solo. Oh y a Bobby también lo he cuidado... así que no creo que sea tan complicado.
Pero justo antes de que pudiera encerrarlo, notó algo particular en esa oferta. No había ningún número de teléfono, nada para comunicarse. Tampoco había alguna dirección para ir directamente hasta allá.
—Es una broma. ¿Cómo se supone que consiga este trabajo si no hay a quién llamar?
Sus manos querían arrugar el periódico, sin embargo, notó unos cuantos puntos debajo de aquella oferta. Entrecerró los ojos y acercándose un poco, se dio cuenta que eran las letras más pequeñas que jamás había visto en su vida.
Ni con ponerse unos lentes le bastaba.
—Disculpe señor, ¿tiene alguna lupa o algo para poder ver? —le pregunto a un señor que vendía cachivaches. Para su mala suerte el hombre no pudo darle una lupa, en lugar de eso, le dio una botella vacía color blanco transparente— Esto me servirá, gracias.
Volvió a la banca y asomó su ojo a la boquilla de la botella. Ahora se veía mucho mejor.
"Si deseas saber más sobre el puesto de trabajo como niñera, te estaré esperando en Flip's a las 3:00 p.m. Y para que te sea más fácil ubicarme, estaré usando un sombrero de paja con una flor como adorno".
Mal momento para no haber llevado consigo su celular para ver la hora. Pero ya verá cómo se las arregla. ¿Una flor como adorno? De seguro es madre soltera y por eso necesita de alguien que cuide de su hijo o hijos.
Sin pensarlo se dirigió donde Flip. Afortunadamente no le quedaba muy lejos si se iba caminando.
Flip's. El lugar seguía siendo el mismo, salvo por unos pocos arreglos. El dueño, bueno, no ha cambiado nada en lo absoluto, solo que ahora cuenta con más personal y su cabello rojo seguía siendo el mismo. Sus empleados eran jóvenes que usaban camisetas rojas más unos gafetes con sus respectivos nombres, jeans o los pantalones que quisieran usar, tenis negros con blanco y gorras de color rojo con el logo estampado en estas.
La puerta del local se abrió dando paso a Ronnie. No le sorprendió ver el interior, pues era una clienta que pasaba con frecuencia. Solo un chico de cabello rojo con el peinado más peculiar se le acercó.
—¿Vienes por un batido Flip o para huir de Lincoln?
—Tal vez la segunda opción Rusty. La verdad... espero a alguien, o más bien, busco a alguien.
Rusty enarcó una ceja y Ronnie le contó todo lo que pasó con ese mensaje en el diario. También le contó sobre la pequeña discusión que tuvo con Lincoln sobre la idea de que ella buscará algún trabajo.
—Bueno, quizá no sepa mucho de matrimonios, mucho menos sobre embarazos pero... no sé, creo que Lincoln tiene razón —Ronnie con los ojos abiertos lo miraba mal— No. No me mal entiendas. Sé que puedes hacer muchas cosas, lo he visto con mis propios ojos. Pero... ah, ¿cómo decirlo?
—No le des tantas vueltas y dilo.
—Bien te lo pondré de esta forma... ¿No crees que Lincoln intenta cuidarte?
—Puedo cuidarme sola —contraatacó ya molesta con el pelirrojo.
—Demuéstralo.
La conversación o lo que fuese que estuviese pasando hubiera seguido, de no ser porque Ronnie puso su vista en algo que llamó su atención. Una mujer con sombrero de paja y una flor como adorno.
Sin duda era ella, la que dejó el mensaje en el periódico.
Ignorando a Rusty se le acercó con bastante cautela y curiosidad. La mujer como estaba de espaldas, no se había percatado que alguien se acercaba.
Pero no fue hasta que Ronnie le tocara el hombro, invitándole a que se diera vuelta. Y así pasó. Hubiera esperado a una mujer un poco más grande, pero jamás se imaginó que la que publicó este anuncio tuviese la misma edad o tal vez, un poco menos que eso: De piel morena clara y cabello castaño rojizo ondulado, y usaba una camiseta vino con un pantalón gris y zapatillas blancas.
—Vaya eres muy joven —dijo Ronnie al ver a la dueña del sombrero.
—Eso lo oigo muy seguido.
La chica hizo un ademán y ambas se sentaron.
Ronnie Anne no evitó verla con detenimiento. Si bien usaba ropa sacada de un basurero, algo la inquietaba... ¿Por qué usaba lentes de sol? Eso no tenía mucho sentido. No era verano como para usar esos lentes.
—Entiendo que si me buscas es porque quieres el trabajo como niñera.
—Pero antes —decidió interrumpirla—, ¿cómo es eso de que no pongas ningún dato para comunicarse? ¿Qué clase de persona hace eso?
—La verdad, no quiero que él sepa que estoy haciendo esto —murmuró con voz baja, aun así, Ronnie Anne la escuchó.
—A ver explíquese.
No pensaba ser brusca, ni mucho menos grosera con la mujer. Solo lo supo en cuanto ella agacha la cabeza, el gorro la tapaba en gran parte, también noto sus manos temblar un poco, no era por el frío sino por otra cosa, pero ¿qué?
—Lo siento.
—Está bien, no pasa nada. Sé que te debo esa y otras explicaciones, pero es mejor empezar por el principio, veras.
Con el nudo en la garganta, la mujer cuenta el infierno que se vive en su casa: Su esposo golpeándola a ella y a sus hijas sin razón; ebrio o sobrio, no hay día en que no las lastime, ya sea física o mentalmente, además de eso le dijo que últimamente ha abusado de la más pequeña de sus hijas. Ronnie no asimilaba cada palabra que oía, negó varias veces y con su mano pidió que callara.
—No sigas... Fue suficiente —murmuró con pesadez.
No pudo evitar imaginarse a su tonto perdedor haciéndole eso a sus hijos, pero luego pensó que era imposible. Conocía a Lincoln y él sería incapaz de hacer algo como eso, ni estando pasado de copas golpearía a sus pequeños, mucho menos le haría daño a ella misma.
—Así que quieres que yo cuide de tus niñas, mientras vas a trabajar sin que tu marido se entere.
La mujer asiente.
—Si no es mucho pedir —le dice—. Ah pero debe ser en las tardes, ya lo dijiste mi esposo no debe saberlo.
Ronnie se puso la mano en su barbilla. Sin duda era la oportunidad perfecta de demostrarle a Lincoln que podía hacer las cosas, aún en su estado de embarazo. Además el trabajo no le resultaba tan complicado, solo debía cuidar de dos niñas.
—Bien, lo haré.
—Oh muchas gracias, este... ¿Cómo dijiste que te llamabas?
—Ronnie Anne Santia —calló y se mordió un poco la lengua—, quise decir Ronnie Anne Loud.
—Amelia Grayson.
Luego de presentarse, ambas se quedaron un rato más en la tienda para conocerse un poco mejor. Si supieran lo sorprendida y maravillada que quedó Ronnie Anne al saber que a Daphne, la hija mayor le gusta mucho el K-pop; si Sid estuviera escuchando, ya hubiera pegado el grito en el cielo. Por su parte, Ronnie le contó un poco de su vida, su mudanza a la ciudad y su regreso a Royal Woods, su relación con Lincoln que paso de la rivalidad a un matrimonio, y así pasaron la tarde mientras disfrutaban de esos exquisitos batidos Flip y unas cuantas donas.
—Oh cielos —Amelia se levanta rápido de su asiento—, ya es tarde y tengo que volver.
—Entiendo, yo también debería volver.
Amelia quería pagarle a Flip por lo que pidieron pero Ronnie le insistió en que ella pagaría. La mujer no tuvo de otra, dejó que Ronnie pagará los batidos y las donas, solo con la condición de que ella invitaría para la próxima. Al salir se despidieron con un ligero apretón de manos y se fueron por caminos distintos en direcciones opuestas, Ronnie se limitó en caminar tranquilamente mientras que Amelia empezó a correr.
Al llegar a casa, no se dio cuenta de que cierto peliblanco la estaba esperando. Pudo notar que su mirada reflejaba molestia pero al mismo tiempo preocupación, pero Ronnie no estaba de humor para discutir.
—¿Dónde estuviste?
—Para que te digo si no estas de acuerdo en que yo trabaje —le dio un empujón con su hombro— y quítate, que estoy cansada y quiero dormir.
Subió las escaleras pero no fue directamente a la habitación principal sino al de huéspedes, el cual estaba casi vacío, no había nada excepto una cama pequeña, una mesa de noche con su lámpara y un televisor pequeño. Y como no quería ser interrumpida, cerró la puerta con llave y se dejó caer en la cama hasta que poco a poco se fue quedando dormida.
Despertó en medio de la noche, sus párpados seguían cansados pero no lograba cerrarlos, vio una silueta parada al frente suyo. Era muy extraño, pues recuerda haber cerrado la puerta con llave y la habitación se encuentra en un segundo piso como para que pudiese entrar por la ventana, que también estaba cerrada.
—¿Lincoln? —la silueta no dijo nada y eso molestó un poco a la morena—. Déjate de tonterías y dime que quieres.
La figura se acercó, dejando ver un Lincoln demasiado diferente. Ojos rojos de tanto llorar, un hilo de moco escurría del orificio derecho de su nariz, y lo más impactante era su cara enrojecida. Ronnie no sabía qué pensar al verlo así, ni tampoco supo cómo reaccionar al sentir las manos de Lincoln presionando su cuello.
—L-Lincoln... ¿Qué... ha-haces?
—Eres una mentirosa —le agarra con fuerza de los brazos—. YO CONFIÉ EN TI.
—No entiendo de lo que hablas.
—Sabes perfectamente de lo que hablo —la tumbo de la cama y ella solo se quejó al sentir el suelo, Lincoln sin pensarlo la tomó por fuerza de los cachetes haciendo que Ronnie desviase un poco la mirada—. Mírame —la apretaba más fuerte— mírame a los ojos y dime que esto no es mentira.
Ver así a Lincoln le causaba extrañeza y temor. Nunca lo había visto de esa forma, definitivamente ese no era su Lincoln, pero ¿qué caso tiene defenderse?, lo haría si no fuera por la vida de su hijo.
Su hijo, pensar en él o en ella la hizo recapacitar. Al demonio. Lo defendería a como dé lugar, no le importaba si al final quedaba con raspones o un ojo morado.
En contados segundos, Ronnie con un poco de fuerza alejó a Lincoln de una patada en su estómago. Luego de recuperar el poco aire que había perdido y levantarse, se quedó en su lugar, sin esperar lo inesperado. Su estómago le apretaba, le dolía como no tenía idea.
—Mi bebé... —al llevar su mano al vientre nota como ese líquido rojo y espeso ha manchado su ropa y sus manos, asustada casi se desmaya, por fortuna tuvo de donde agarrarse.
El peliblanco no hizo nada para ayudarla, nada para socorrer a su esposa. No hubo reacción de su parte, ni corrió en círculos desesperado como lo haría cualquier ser que se alarma por todo. En vez de eso, avanzó hacia ella quien protegía un poco su vientre. «Lincoln, por favor llama una ambulancia», eso fue lo que oyó, lo que entendió al leer los labios de Ronnie pues el poco aire no le permitía hablar con naturalidad, él solo vio y se alejó ante la mirada estupefacta de Ronnie Anne.
—No es mi problema —murmuró en voz un poco alta y audible—. No te ayudaré con algo que... no es mío.
Ronnie Anne no tenía fuerzas para gritarle, tampoco las tenía para moverse. Se acabó, no podia hacer nada para detenerlo.
—Dile la verdad.
—No puedo —se abrazaba a sí misma.
—Por tu culpa, Bobby me abandonó y ya no quiere saber más de mi.
No entendía qué estaba haciendo Lori en el cuarto, pero al verla estaba incluso peor que Lincoln, una mujer completamente irreconocible. Su cabello rubio había perdido su brillo y ahora se veía en una tonalidad opaca, sus ojos ¿estaban maquillados? no, solo eran bolsas que colgaban de sus párpados y su ropa, sucia y rota en algunas partes.
—¿Qué? no Lori.
—Mamá —vio una silueta pequeña y no se podía distinguir si era niño o niña— ¿Quién es mi papi?
—Es Lincoln, mi cielo.
La pequeña sombra negó y señaló algo que se estaba acercando.
—No, él es mi papá.
Ahí estaba él, un hombre que en su mirada no expresaba ni un solo sentimiento. Ronnie no evitó ponerse aún más nerviosa. Se suponía que era una chica ruda, que no le temía a nada. Pero la sola presencia de aquel sujeto, la debilitaba.
No, no podía ser posible.
—Lista para otro round —habló con una voz de mil demonios—. Dicen que el segundo es mejor que el primero.
La chica simplemente no pudo más con eso, no quería estar así. Sintió el peso del hombre que estaba sin nada de ropa sobre su cuerpo. La morena intentaba forcejear, pero era inútil, inútil como esa vez donde su vida dio un cambio.
—Prepárate, lo vas a disfrutar tanto como yo.
La oscuridad se hizo presente, al igual que el silencio.
—¡No!
Se llevó una mano al pecho, sus respiraciones poco a poco se iban regulando, «solo fue un sueño» se dijo a sí misma mientras se sentaba al borde de la cama, su vista se nubló por unos segundos y espero a que aclararse para ver el reloj.
4:00 a.m
Soltó un suspiro, después de eso ya no pegaría el ojo hasta la mañana siguiente. El sueño o pesadilla se veía más que real, Ronnie tenía miedo, miedo de lo que pudiera hacerle Lincoln si se llega a enterar de la verdad. Pero no solo eso, le temía un poco más a ese sujeto. Esa voz le decía que debía hablarle a Lincoln, contarle las cosas por las cuales tuvo que pasar. El solo pensarlo le generaba una horrible sensación, no soportaría si su pesadilla se llegase a cumplir, además no quería verse débil ante los ojos de su perdedor. Quería ser fuerte sin importar qué, o al menos debía fingir que lo era.
—Descuida mi vida.
Era la primera vez que le hablaba a su bebé con tanta tranquilidad y ternura. Ni en sus más locos planes estaba la idea de ser madre, siempre quiso ser de esas personas libres sin tener que cargar con la responsabilidad de cuidar de alguien más que no sea de sí misma. Pero las cosas pasan por algo, que incluso la sola idea de abortar o de dejar al niño o niña en una canasta frente a la puerta de alguna casa rica la carcomía por dentro. Esos pensamientos fueron desechados pues la misma Ronnie al igual que su hermano fueron educados a hacer lo correcto a pesar de haber crecido en una familia casi rota con padres divorciados.
¿Divorcio? Al pensar en la palabra, Ronnie Anne se secó la frente llena de sudor. No había pensado en eso, su perdedor podría pedírselo en cualquier momento si se entera, así que de alguna u otra forma debía estar lista, por ahora estaría dispuesta en pasar más tiempo con él.
—Ronnie —se asustó un poco pero solo era Lincoln golpeando la puerta repetidamente—. ¿Ronnie, estás bien? te oí gritar.
—Estoy bien, solo tuve una pesadilla.
«Horrible, maldita y asquerosa»
No quería salir o sabía que Lincoln la vería en ese estado. Por ahora quería evitarlo a toda costa, pero era consciente en que Lincoln no se iba a ir de la puerta, tomó un respiro profundo y abrió un poco la puerta. Desafortunadamente ahí estaba esperándola, al final no le quedó de otra y salió del cuarto con algo de nerviosismo. En especial al saber el bombardeo de preguntas que ya se le venían encima.
—Acabo de hacer el desayuno, hice huevos revueltos con tocino a un lado como tanto te gusta.
Ronnie asintió pero no se dirigió a la cocina sino al baño. Ni tuvo el coraje de agradecerle al peliblanco ni de decirle buenos días perdedor como solía hacer, una vez en el baño se quito la pijama pero tuvo la duda en quitarse o no la ropa interior, sus manos le estaban temblando al pasarlas por su espalda para desabrochar el sostén.
—Quítatelo.
Esa voz, no podía estarle pasando esto. No a ella.
—¡No! —rápidamente quitó sus manos de ahí.
Lo mismo le estaba pasando cuando puso sus manos alrededor de su ropa interior de abajo, la horrible voz le decía que se lo bajara, pero Ronnie Anne negaba y murmuraba que se detuviera. Al final tuvo que lavarse sin estar completamente desnuda, aun así no dejaba de sentirse nerviosa pero sobre todo asquerosa al pasar sus manos por todo el cuerpo, sin dejar de imaginarse a ese sujeto que le cambió la vida.
Hasta ahora es el chapter más largo que he hecho, más de tres mil palabras. Me merezco un aplauso :"D (ok no)
Ya sabemos que le paso a Ronnie Anne, claro que a mi no me sorprende, lo tenia pensado desde que comenzó el fic jejeje.
Y para terminar, decirles que el Lunes es mi cumpleaños por si quieren felicitarme, un año más vieja XD
Les mando un beso donde más les guste. Bye!
