Harry sintió que su cuerpo se llenaba de vergüenza. Se había estado portando como un idiota, completamente centrado en sí mismo. Hermione era una de las personas más importantes de su vida, la única amiga que se había mantenido siempre a su lado sin importar qué y él estaba actuando como un imbécil, un macho.

— Lo siento, lo siento mucho. —dijo él, a punto de apartarse, pero Hermione le tomó la mano y lo detuvo. Harry la miro de reojo, ella aún tenía un ojo tapado con la otra mano.

— No mires. —le pidió con un hilo de voz.

Harry sintió el pánico apoderarse de él, ¿Acaso la estaba obligando a hacer algo que no quería y no se había dado cuenta?
Giró la cabeza hacia un lado y se quedó quieto, sin saber qué hacer. Su corazón latía en su cabeza y el calor que sentía en el cuerpo lo hacía sentir aún peor. Hermione estaba temblando ligeramente y él no sabía si era por el frío de la habitación en medio del invierno, por la vergüenza o por miedo. Miedo hacia él.

Hermione tenía un nudo en la garganta. Lo estaba arruinando, era primera vez que un hombre se fijaba en ella y ahora estaba haciendo una escena. Harry intentó bajarse, pero ella lo sostuvo para que no lo hiciera.

— Hermione no entiendo qué…

— Yo tampoco. —le confesó ella.

Harry sintió que todo a su alrededor se volvía irreal. La situación lo sobrepasaba. Se sentía un cerdo al tener una erección en medio de la angustia de su amiga que estaba comenzando a llorar, y no poder evitar mirar de reojo cómo su pecho subía y bajaba con su respiración agitada. Se sentía atrapado con lo que creía que debía hacer, con lo que pensaba qué quería y con lo que su cuerpo le estaba pidiendo.

Hermione incapaz de hablar, víctima de una inseguridad y tristeza terrible que no sabía de donde había salido, solo atinó a indicar con un gesto que quería que continuara.

Él asintió, nervioso. Se acomodó para volver al roce, pero ella negó con la cabeza. Estaba francamente confundido. Hermione abrió más las piernas y está vez, él entendió claramente lo que le estaba pidiendo.

—Pero…

— Perdón. — susurró ella, avergonzada, moviéndose ligeramente como buscando huir.

Harry la detuvo suavemente esta vez, verla con los ojos brillantes por las lágrimas había activado su instinto protector, su deseo de hacerla sentir segura. Él entendía lo que estaba sintiendo: él lo había sentido hacía poco, la ambigüedad entre sentirse deseado y de saber que lo que estaban haciendo no estaba bien.

— Hermione, eres muy bonita. —dijo torpemente, con ternura.

Ella se sonrojó. Y se rio breve y nerviosamente, casi inaudiblemente, sin saber cómo reaccionar ante eso.

— Si tú quieres yo también. —le dijo Harry— Pero si no quieres, yo tampoco.

Hermione asintió, incapaz de hablar.

— Siempre podemos fingir que hoy no ocurrió, si eso deseas. No tienes que decidir nada ahora. —intentó tranquilizarla— bueno, excepto si…tú sabes…porque ya se está —tosió— bajando. —dijo rojo de la vergüenza.

Hermione se sonrojó también y se reincorporó, presa de una determinación inminente, guiando a Harry a recostarse en la cama. El no cuestionó nada y se dejó guiar por ella, quien se sentó encima de él. Ella respiró hondo y sin darle tiempo a la vergüenza, se quitó la chaqueta y la blusa de un solo movimiento, quedándose en su ropa interior. Harry la miró sin poder creer lo que estaba viendo. Hermione se acercó para besarlo, colocando las manos de su amigo sobre su sujetador.

— Hermione, voy a…

— Espera. —interrumpió ella, apoyando su frente en la de él. Tragó saliva, temblorosa— hazlo.

Harry asintió suavemente. Con torpeza, la levantó un poco y la ayudó acomodarse. Evitó mirarla, como ella le había pedido y con mucho cuidado, cumplió con su petición.

Hermione se aferró a su hombro con fuerza y clavó sus uñas a su espalda. Él sintió su cuerpo estremecerse al escuchar el pequeño jadeo ahogado que salió de sus labios.

— Lo siento. —dijo el, más nervioso que nunca. — ¿Duele mucho?

Hermione negó, pero las lágrimas cayendo de sus ojos decían otra cosa.

— Molesta. —resopló.

Harry se quedó quieto, esperando que ella bajara a su ritmo.

— Podemos detenernos si…

Hermione se tomó eso como un desafío y continuó descendiendo. Harry sentía que el calor en su cuerpo se volvía insoportable. Era una sensación tan intensa, que le parecía irreal. No sabía si iba a poder aguantar mucho más.

Él quería detenerse por el bien de Hermione, pero sabía que su orgullo se vería gravemente mermado si no la dejaba seguir hasta el final, por lo que buscó hacer algo por ella de manera en que se pudiera sentir mejor. Intentó soltar su sujetador, pero su inexperiencia no le permitió hacerlo. Frustrado y cautivo del deseo, simplemente empujó la prenda hacia abajo. La expresión de sorpresa y placer en el rosto de Harry al verla, despertó algo en Hermione, un instinto que no sabía que tenía. El roce de su piel contra la de él hizo que Harry terminara de perder el control, la besó con brusquedad propia de su descoordinación.
La sensación del final lo golpeó con tanta fuerza que apenas pudo sostenerse. Sus manos se aferraron a los hombros de Hermione, impidiéndole moverse más. Ella sonrió levemente al saber que ella había sido la que había provocado eso en él. Y así como comenzó, terminó.

La vergüenza volvió con fuerza casi de manera inmediata, envolviéndolos a ambos. Se quedaron en silencio, respirando agitadamente sin saber qué decir. Hermione se cubrió el pecho con la blusa que había quedado a su lado y Harry se echó hacia atrás para que ella pudiera moverse con más facilidad. Se vistieron en un silencio incómodo, evitando mirarse.

Cuando salieron de la Casa de los gritos, el aire frío los golpeó como un balde de agua helada. La vida seguía andando afuera de aquellas paredes. Caminaron en dirección a Hogwarts sin hablar, con una distancia extraña entre ellos.

En el camino se encontraron con Padma y Lavender, quienes no notaron a Harry bajo su capa, pero sí vieron la expresión en la cara de Hermione.

— ¿Estás bien? —preguntó Padma, preocupada.

— ¿Cómo va a estar bien si Ron y Harry no se hablan? —intervino Lavender.

— Ven, vamos a tomar algo —dijo Padma tirando de Hermione sin darle opción a negarse.

Harry se quedó atrás, viendo cómo se alejaba. No sabía si seguirla o no, sin embargo, decidió hacerlo para no dejarla sola en un momento que él consideraba, era frágil para ella. Se sentó en una mesa cercana, lo suficientemente lejos para no oír su conversación, pero la distancia no evitaba que pudiera verla con claridad. Era incapaz de dejar de mirarla. No podía dejar de pensar en lo que había pasado y en lo que se escondía debajo de su uniforme.

Esa noche, al llegar a la sala común, cada uno subió a su respectivo dormitorio sin despedirse.

Harry se acostó en su cama, mirando hacia el techo, sin poder borrar su cara de felicidad por un momento. Se sentía una persona terrible por estar contento por lo que había pasado, ¡No podía evitarlo! Se sentía bien, aunque muy, muy cansado. Y muy, muy, muy culpable por otro lado. Decidió ir a ducharse, no merecía esa cara de alegría después de lo que había hecho a Hermione y Sirius lo estaría esperando en unas pocas horas. No sabía cómo iba a vivir con lo que había pasado.

Hermione se fue directamente a la ducha, en donde sonrió para sí misma. Había una parte muy emocionante con respecto a lo que había sucedido, pero…por otro lado…la culpa y la vergüenza subían por su cuerpo y la sensación de placer que tenía en su privacidad se convirtió rápidamente en asco. ¿Qué iba a pensar Harry de ella ahora? Tomó el jabón y se bañó una, dos, tres veces, pero aún así no era suficiente para devolver el tiempo.

Ambos intentaron borrar la sensación de la piel del otro de la suya, pero sabían que jamás podrían olvidar esa noche.

Nuevamente lamentó si la censura quedó un poco rara.